La doble moral del Cristianismo Ulises Casas El asunto sexual del Presidente de los Estados Unidos Bill Clinton es el reflejo o expresión de una sociedad en decadencia que forma un escándalo para ocultar su propia pobreza moral que, en el caso del capitalismo cristiano- es de doblez e hipocrecía. La doble moral que el cristianismmo instauró en lo que conocemos como el Mundo Occidental, proviene del momento en el que el Emperado romano Constantino se "convirtió" al cristianismo e hizo de dicha religión una institución del Estado, para cubrir su condición de criminal. Los judíos fueron un pueblo que se convirtió en "elegido" de "Dios" a efecto de resistir la agresión de los pueblos que le rodeaban y, al mismo tiempo, imponer su dominio en una área del planeta tierra conocida como Israel desde los tiempos remotos de su existencia histórica. Colonia del Imperio romano, el pueblo judío se encontró enfrentado a esa dominación, como cualquier pueblo que ha sufrido el fenómeno del colonialismo en las diversas etapas de la historia humana. Cuando, después de largos enfrentamientos económicos, políticos, ideológicos y religiosos con el Imperio romano, los judíos se dividen en varios bandos con respecto al supuesto Mesías o "Enviado" de dios y Jesucristo marca una hito histórico en su desarrollo; se genera un movimiento religioso y también político que adquiere el nombre de "cristianos" o seguidores de Jesucristo. Aquí hay que anotar que la existencia de ese personaje es puesta en duda por quienes han profundizado en la historia universal y en particular en la historia de los judíos. La mayor parte de los judíos no lo reconocen como el Mesías esperado, como es bien conocido. En todo caso el cristianismo se convierte en un fenómeno histórico a partir de la conversión de Constantino y el acceso de las jerarquías cristianas al poder político del Imperio, representado, en ese momento en Constantino. Veamos quién era Constantino; según Voltaire, "Constantino Cloro murió en el año 306 en York, cuando los hijos que tuvo de la hija de un césar eran pequeños y no podían pretender el Imperio. Constantino consiguió que le eligieran para ese elevado cargo en York cinco o seis mil soldados alemanes, galos e ingleses. Era inverosímil que pudiera prevalecer esta elección, que se hizo sin el consentimiento del Roma, ni del Senado, ni de los ejércitos; pero Dios le hizo vencer a Majencio, que era el emperador elegido en Roma, y consintió en que se librara de todos los pretendientes; porque como ya sabemos, hizo morir a sus próximos parientes, a su mujer y a su hijo. "No puede dudarse de lo que sobre esto refiere Zósimo. Dice que Constantino, agitado por los remordimientos que le produjeron sus crímenes, preguntó a los pontífices del imperio si podría expiarlos; y ellos le contestaron que no era posible. Verdad es que tampoco había expiación posible para Nerón, y que no se atrevió a asistir a los sagrados misterios de Grecia. Esto no obstante, estaban en uso los tauróbolos, y es difícil de creer que un emperador todopoderoso no encontrara un solo sacerdote que le permitiera hacer sacrificios expiatorios. Quizás es menos creíble todavía que Constantino, preocupado con la guerra, con su ambición y con sus proyectos, y rodeado de aduladores, tuviera tiempo para sentir remordimientos. Zósimo añade que un sacerdote egipcio que vino de España, y que tenía entrada en palacio, le prometió la expiación de todos sus delitos si se consagraba a la religión cristiana. Se presume que ese sacerdotes fue Ozius, obispo de Córdoba. Lo cierto es que Dios reservó a Constantino para que fuera el protector de la Iglesia" (Voltaire - Cartas filosóficas y otros escritos - biblioteca Edaf - Madrid - 1981 - Pag. 188). Las alusiones de Voltaire a los "designios" de dios, hay que tomarlo con beneficio de inventario ya que lo hace en forma sarcástica, como lo hace en todos sus escritos al referirse a cuestiones religiosas. Una vez convertido al cristianismo Constantino, se inicia una era de crímenes y persecusiones por parte del mismo a nombre de la Iglesia contra todos aquellos que habían perseguido a los cristianos y contra todo aquel que pusiera en duda sus dogmas y doctrinas. Constantino institucionalizó el crimen a nombre de la religión que acababa de abrasar y con esa legitimación aumentó su poder a través del crimen. Al situarse la jerarquía cristiana en el poder que venía atacando, se produce un fenómeno particular que consiste en que el discurso religioso a nombre de los "pobres" y en contra de los ricos, que venía pregonando esa jerarquía, entra en contradicción con las condiciones materiales de su existencia, condiciones de riqueza y poder en los espacios políticos del imperio. Se produce una doble situación: mientras se vive como ricos se predica contra ellos: se dice una cosa pero se hace otra. Ahí surge la doble moral que siempre ha venido imperando en las sociedades cristianas de Occidente; esto en el terreno de lo religioso, ya que esa doble moral tiene otro sustrato en el espacio de la realidad económica de los pueblos en donde rige el régimen de la propiedad privada sobre los medios de producción pero que no es del caso analizar en este momento. En las anteriores condiciones es que podemos analizar objetivamente el fenómeno político que ha generado la relación sexual que el Presidente de los Estados Unidos ha protagonizado con una mujer que no es su esposa. En efecto, la vida sexual de hombres y mujeres se desenvuelve dentro de condiciones muy variadas y el sexo tiene multiplicidad de manifestaciones en las diversas sociedades y en las diversas etapas de la historia humana. Lo que el Presidente Clinton ha protagonizado ni es nuevo ni es excepcional; todos los hombres y mujeres del mundo ejecutan el sexo como lo ha hecho Clinton y en otras formas que si se publicaran, también consitaría el escándalo de los mismo que lo han hecho con Clinton. Es más, esos que se han escandalizado con la conducta sexual de Clinton son, seguramente, actores sexuales de similares conductas o "peores" si vamos a calificarlas con el criterios de esos nuevos "inquisidores" del sexo. En Norteamérica se ha formado una élite política que utiliza la conducta sexual para encubrir sus aberraciones de todo orden. Así se hizo por parte de Edgar Hoover, director de la CIA, contra el Presidente Kennedy cuando éste tuvo relaciones con la actriz Marilyn Monroe; Hoover, por su parte, era un reconocido homosexual. Nuestro escritor colombiano José María Vargas Vila dijo, acertadamente, que aquellos que hablan de moral son los más inmorales; lo hacen para ocultar, precisamente su inmoralidad. Lo que se critica a Clinton no es su conducta sexual sino el que que se haya conocido públicamente. Sus críticos desearían tener, si es que no las tienen, esa clase de relaciones sexuales. El mundo actual es un mundo signado por una predominancia del sexo, ya sea entre hombre y mujer, ya sea entre parejas del mismo sexo. Y esto no tiene nada de anormal o de escandaloso pues son formas de manifestación del ser humano que si no lesionan los derechos de los demás no tienen porqué ser perseguidas o estigmatizadas. Sin embargo, en el caso de Clinton, son sus enemigos políticos y los "guardianes de la moral cristiana", que es una moral doble los que vienen adelantando contra él un proceso de señalamiento "moralista" para condenarle y sacarlo de la Presidencia de su Nación como si hubiese sido elegido para comportarse sexualmente de otra manera a como lo ha hecho. Es aquí en donde resalta la doble moral de quienes se han erigido en pontífices de la conducta sexual del ciudadano: para ocultar sus vicios y sus intereses inconfesables, arman un escándalo "moralista"; y para lograr una revancha política lo acusan ante la máxima asamblea legislativa de su país y ante su mismo pueblo. Aquí hemos sido precisos en revelar la esencia de los fenómenos económicos, sociales, políticos, ideológicos, filosóficos. Ahora, ante este hecho en la sociedad norteaméricana, manifestamos nuestro criterio al respecto porque consideramos que con ello hacemos claridad a quienes aún siguen siendo objeto de una publicidad hipócrita y falaz que encubre turbios intereses de toda índole. La doble moral ha sido siempre el arma con la cual las religiones sostienen los intereses económicos, sociales, políticos, ideológicos y culturales de sus integrantes. En la Inquisición se perseguía a supuestos herejes para quedarse con sus bienes; los jesuitas instauraron el principio de que "el fin justifica los medios" para incitar al magnicidio y al asesinato de quienes consideraban podían lesionar sus intereses económicos. La conquista de América por parte de la Corona Española, se hizo bajo la insignia de imponer el cristianismo y con ello sacaron el oro y la plata de este continente y, al mismo tiempo, liquidaron a sangre, fuego y cruz nuestras culturas. Esa es la doble moral del cristianismo. Muchos otros ejemplos podemos citar, pero nos haríamos interminables. La sociedad norteamericana es una sociedad mayoritariamente cristiana en sus dos corrientes: la católica y la protestante: Ese hecho es uno elemento importantísimo en su expresión moralista, hipócrita y falaz en sus relaciones sociales y la prédica de sus dirigentes políticos y religiosas que forman una alianza en estos casos. Ulises Casas |