Antología Poética
Epoca: Caricias (1988)
Contigo se van
Un momento a tu lado
Guayaquil, Abril 22 de 1988
Guayaquil, Febrero 14 de 1988
Hoy vuelan las aves por el invierno,
se van por el cielo a buscar su clima;
mis esperanzas se van al infierno
si tu dulce corazón me lastima...

Se va mi tiempo, se van los momentos
y se quean tristes recuerdos de años;
contigo se mueren mis sentimientos
y sólo me dejas tus desengaños...

Se van todas las hojas con el viento,
se van errantes, secas y sin destino;
te vas borrándome del pensamiento
para dejarme solo en el camino...

Las palabras en el silencio callan,
cual navajas que van hiriendo bocas;
mis versos su fin en el olvido hallan,
los va rompiendo como el mar a rocas...

Se van los dias, mueren con las tardes
y el sol se va ocultando tras el mar;
alma, se apaga la llama donde ardes
para que no puedan verme llorar...
Hay poesías que evocan pasión
poesías, historias de un amor
y poesías que oculta el corazón
en lo más profundo de su dolor.

Hay besos que descubren un cariño
que escondidos desde que uno era niño
apasionan al darlos por entero
a ese amor con un distinto "te quiero".

Hay miradas que queman al rozarlas,
miradas rozando otras miradas;
palabras que alegran al pronunciarlas
e incógnitas que quedan descifradas.

Hay sueños olvidados en la noche,
sueños destrozados por un reproche;
hay aromas que provocan olvidar
aromas que quedaron en el mar.

Hay caricias que son una obra de arte,
caricias que eliminan duda alguna,
caricias que me provocan besarte
bajo un suave y blanco rayo de luna.

Hay momentos, momentos para amar,
momentos para escribir poesía
momentos para mirar y besar,
momentos en los que te acariciaría
y momentos que son para olvidar
errores que murieron con el día.

Disfrutaba vivir siempre apurado
y beberme en un momento la vida
hasta que por mí fuiste querida
y no fui más que un momento a tu lado.
Tu amor y el mío
¡Qué bien me sentía!
Guayaquil, Mayo 23 de 1988
Es tan grande este dulce amor que siento
que no lo consiguen cubrir eclipses
y si es que pienso en ti a cada momento
es por todo aquello que ayer hiciste;
es eterno este loco amor que tengo
que no sé si podré escribir su historia,
sin importarle a nadie si voy o vengo
llevo tus recuerdos en mi memoria;
es tan frágil mi amor que el beso creo,
de un leve desaire lo rompería
o sólo con el frustrado deseo
de que algún día llegues a ser mía;
es de tal distancia mi amor que llega
donde las estrellas no pueden llegar
donde mi corazón ciego te busca
esperando poderte encontrar.
Quisiera dibujarte en una rosa
con todas las caricias que te faltan
pero al no tenerte aquí niña hermosa,
mil sollozos hasta mi pecho saltan...

Pero es tan pequeño el amor que sientes
que un suave suspiro lo haría caer
del pedestal de amigos diferentes
que esperan un poco de tu querer;
es tan efímero el amor que das
que un segundo sería eternidad;
es tan álgido el amor que posees
que hasta el sol se podría congelar;
está tan vacío el amor que encierras
que más lleno se encuentra mi universo,
es por eso que temo que no entiendas
lo que mi amor te dice en este verso...
Guayaquil, Abril 23 de 1988
¡Qué bien!, de maravilla me sentía
al comenzar la ofrenda luminosa
que la luna de entonces le ofrecía
a la diosa que cruel me mataría
con sólo su mirada maliciosa.

¡Qué bien!, muy dulcemente me sentía
bebiendo de sus labios el veneno;
sabía que mi vida perdería
que así mi corazón no duraría
mas yo, como si nada, era sereno.

¡Qué bien!, y cuán extraño me sentía
al escucharle hablar... ¿sería un canto
de sirenas el que a ella me atraía
y que a´esar del tiempo desvaría
a mis vanos sentidos con su encanto?

¡Qué bien!, y como nunca me sentía
cuando estallaba loca su sonrisa
como potro salvaje que corría
y al llegar la noche entristecía
queriendo huir de mí a toda prisa.

¿Qué haré ahora que el sueño ya ha acabado?
¿Quién tal filicidad me traería?
Hoy sin ella me siento abandonado
y roto como trapo mal usado
y que en el fondo de tu alma acabaría.

¡Nadie nunca sabrá de esto nada,
que yo fui tuyo y tú fuiste mía!
Romperé el corazón con una espada
en dos y diré adiós querida amada...
¡nadie sabrá lo bien que me sentía!
Nunca sabrá mi corazón
Caricias
Guayaquil, Junio 4 de 1988
Nunca, nunca sabré si hay una barrera
con un sendero a la felicidad
sembrado de bocas de primavera
que den razón a nuestra soledad.

Ni sabré de secretos al oído,
de canto de aves, de ruidos de ranas;
nunca sabré del sol que haya salido
para iluminarme por las mañanas.

No sabré si el mundo es una prisión
donde cumplen penas todos los hombres,
sólo le interesa a mi corazón
que un día quedamente lo nombres...
Guayaquil, Junio 13 de 1988
Esa vez me acariciaste,
me acariciaste en la orilla;
como fuego me besaste
en la boca y la mejilla...
esa vez me acariciaste,
me acariciaste; dormía
y en sueños sentí la brisa
de un pañuelo que caía.

Esa vez me acariciaste
y lo hiciste con pasión
tan profunda que llegaste
a tocarme el corazón...
esa vez me acariciaste
sin motivo, sin razón;
caíste como del cielo,
diste a mi vida color.

Esa vez me acariciaste
e hiciste que mi amor crezca
dependiendo de tu palma;
hiciste que todo sepa
sólo a tus suaves caricias...
te fuiste con la marea
y más no he vuelto a sentir
una caricia como esas.
Bajo el árbol
Guayaquil, Junio 22 de 1988
Hay un hombre bajo el árbol que espera
frondoso de esperanza: solitario.
En sus raíces, años de quimera,
te ha soñado por casi un milenario.

No le importa ni el frío ni el calor,
no ha trazado una ruta qué seguir;
fue cegado por tanto resplandor
y hoy tu sombra desea perseguir.

El fue dueño de reinos y delicias,
hoy en el árbol escarpa un corazón
pues fueron demasiadas las caricias
y dejaron en su alma una ilusión.

Y transcurren las horas lentamente
mas nadie sabe que él se encuentra ahí
y admirado por toda aquella gente
hoy se vuelca su vida para ti.

¡Y cómo se lamenta!,... si lo vieras
al pobre imaginando tu cintura,
¡sí, pobre!,... si esta noche al árbol fueras
haría un beso tuyo una locura...

Ese soy, el que está siempre añorándote
entre las fantasías de mi mente;
al llegar el invierno sigo amándote
y al volver el verano más ferviente.
¿Para qué insistes
Guayaquil, Junio 23 de 1988
¿Para qué insistes en un imposible
corazón?; sabes que no puedo odiar...
si puede haber quien sienta tan horrible
de entre nubes naciste para amar.

Sí, naciste corazón de entre nubes;
cada mañana hacia ellas subes, subes,
juegas con ellas, mas luego, con calma
observas cómo se envejece mi alma,
le da joyas, le cantas alguna canción
precisa para cualquier ocasión
y tomas las tardes de su cintura
o anocheces en alguna aventura.

¿Para qué insistes en una locura
corazón?; sabes, no puedo olvidar
a su amor, su sonrisa, su figura
nacida de entre rosas para amar.

Y creciste corazón entre rosas,
aprendiste caricias cariñosas
que de rojo te fueron a pintar,
espinas no te pudieron tocar
para que nunca estés triste, sombrío;
dilúyete en el alegre rocío
que cae de este hermoso vegetal
y por favor, no cambies para mal.
Dificultad
Guayaquil, Junio 24 de 1988
Difícil superar todo tu adiós
y renunciar a aquello que se siente,
salen tonos amargos de mi voz
y mi vida parece estar ausente.

Una faz de mi mundo se oscurece
pues mis ojos no alcanzan tu fulgor
el vacío de mi alma crece y crece
sólo soy un puñado de dolor.

Difícil pues mi mente no te olvida;
mi corazón sólo por ti palpita
sin cariño su muerte es parecida
a la de un tulipán que se marchita.

Mientras tú con mis sueños más te alejas
y pensar que comía de tus manos
bacilando en tinieblas hoy me dejas
sin gozar de tus encantos sobrehumanos.

Porque vuelvas le ruego siempre a Dios
pues para este suplicio no hay salida
difícil superar todo tu adiós
difícil pues mi mente no te olvida.
Un corazón destrozado
Guayaquil, Julio 5 de 1988
Me quejaba de dolor por un querer
le ofrecí y destrozó mi corazón,
si fugó y no lo quiso devolver,
se burló y lo malhirió sin compasión...

Pocas horas más tarde falleció
desangrado yacía el pobre tieso;
del lugar la asesina se marchó
con presteza a otras tierras sin regreso,

y busqué por las noches con amor
por caminos sembrados de pasión
para que pagara este dolor
mas no hallé quien mató mi corazón.

Y sus restos dejé en el cementerio
no después de rezarle una oración.
Preguntaban: ¿por qué tanto misterio
para sólo enterrar a un corazón?

No sabrán que existe una esperanza,
una llama de fuego que en mí está
un amor como niño juega y danza
¡como flor de esos restos nacerá!
Felicidad
Guayaquil, Julio 9 de 1988
¡Qué feliz día cuando brilla el sol
y la noche cuando asiste la luna!
Feliz tú cuando te llega el aroma
perfumado de roja rosa alguna.

¡Qué feliz el paladar que disfruta
ese dulce manjar de los cerezos!
¡Y qué feliz puedo sentirme yo,
sí, yo que soy el dueño de tus besos!
Una palabra
Esperanza
Guayaquil, Julio 10 de 1988
Una corta palabra de tu boca
es suficiente para no dudar
sabría que el cielo está de mi lado
y que todo, todo va a mejorar.

Suento ya el encanto de tus frases,
tus frases entonan un suave arrullo...
una corta palabra de tu boca
solo bastará para hacerme tuyo.

No es sólo pasión, es más que palabra:
es una estrella buscando cariño
escribiendo en tu cielo fantasías
con fuerza de oso y ternura de niño.
Guayaquil, Julio 11 de 1988
Ahora veo sobre mi tejado...
hay cielo que le faltaba a mi esperanza.
Pero hay quien busca contra mi semblanza
el nombre que del papel fue tachado.

Y bella a su silencio le ha contado
que el fin de su eterno dolor avanza
volviéndose a fiera su pasión mansa;
siempre presente en secreto me ha amado.

La busqué en mi jerdín entre las flores
y las ruinas. La busqué en mil amores
y en las huellas de cada paso falso.

La busqué donde sobro y donde calzo
y en cada lágrima que se escapaba
y mi sueño tras de mí se encontraba.
Interrogantes
Guayaquil, Julio 12 de 1988
Agonía
Ya después de correr logré olvidar
a la noche sin luz de mi existencia;
hoy que solo bebo mi adolescencia
me falta el sueño para preguntar:

¿Dónde está ese barco que eché al mar?
¿Cómo es que vive el amor en mi ausencia?
¿Por qué mi alma grita con insistencia
cada emoción que supliqué callar?

¿Quién pinta el alba de un dulce recuerdo?
¿Por qué si más me acerco, más te pierdo?
¿Cuál es la estrella que debo seguir?

¿Necesito sufrir para existir?
El sueño llega tras contar preguntas,
talvez las respuestas me lleguen juntas.
Por una eternidad
Guayaquil, Julio 16 de 1988
Una hora y estoy triste ahora, estoy triste
porque ya hace una hora de mí te fuiste
pues no te puedo tener noche y día
como llevo pegado el amor al alma mía,
como besa el aire a un pájaro en vuelo,
como pinta el celeste al alto cielo,
como viste de risas la alegría,
como llevo pegado el amor al alma mía.

Estoy triste y así seguiré mañana
porque será un largo fin de semana
y no te podré tener noche y día
como llevo pegado el amor al alma mía,
como vive la raíz en el suelo
como que hay azúcar en el corazón
de esos besos tuyos de caramelo,
como viaja por mi mente un mundo de ilusión.

Y triste seguiré al día siguiente
porque sé que para mí no estarás
y esta agonía me vuelve demente,
¡creo que moriré si no te vuelvo a ver más!

Porque tú eres todo mi aire, mi vuelo,
eres raíz, mi dulce, mi alegría,
mi cielo, mi ilusión, mi caramelo
y aquel amor que llevo pegado al alma mía.
Guayaquil, Julio 20 de 1988
Me quedaría mirándote de lejos
sin hablarte por mucho tiempo...

Me quedaría hablándote de cerca
sin tocarte por más tiempo...

Me quedaría tocándote el pecho
sin respirar por mucho más tiempo...

Me quedaría respirando fuerte en tu oreja
sin besarte por más tiempo aún...

Me quedaría besándote en los labios
sin ser tuyo por mucho más tiempo aún...

O sería tuyo mirándote, hablándote,
tocándote, respirando fuerte y besándote
por una eternidad.
Hechizo de amor
Para mi amigo
Guayaquil, Agosto 2 de 1988
Eso es: me ha hechizado este sentimiento
y mis palabras quieren dibujarte
en un campo fantástico, besarte
y obtener de tus labios mi alimento.

Cierro los ojos; por más que lo intento
de mis sueños no consigo quitarte
y al final, dulce aroma, con rozarte
mi pena se confunde con el viento.

Te he de perder, mas la incuria no advierte
que mis manos desean conocerte
desde la piel fecunda de tu vientre

hasta la punta de tus finas cejas,
prende en tu oreja mi arete de quejas.
Deja a mi corazón que en el tuyo entre.
Guayaquil, Agosto 5 de 1988
Este amigo me dio vida en su palma;
carpintero de frase alentadora
tú sí que sabes levantar el alma
como herramienta que trabaja en calma
tú y yo, en cada pena, a cada hora.

Compañero silencioso del viento
tú sí que puedes guardar un secreto;
sin tu ayuda soy un hombre incompleto
confidente de este miedo que ostento.

Marinero de corazones heridos
muy paciente has navegado en mis versos
de amores gigantes como universos
aún latentes en mares perdidos.

Eres puerta abierta a la sutileza
de la esperanza franca que me das
sé que a mi lado por siempre estarás
pues tu nombre resuena en mi cabeza.

Y si hay ocasión a que a riña te incito
tú sí que sabes pelear conmigo.
Tú sí que eres un verdadero amigo
¿dónde están otros si los necesito?
¿Cómo olvidarte?
Poesía de verano
Guayaquil, Agosto 6 de 1988
¿Cómo podría algún día yo olvidarte
si cada vez que miro al cielo
con tus ojitos claros me tropiezo
y no tengo siquiera ni el consuelo
de poder acercarme y darte un beso?

¿Por qué presente estás en cualquier parte?
Si te dijera que ayer me habló un niño,
me di cuenta que extraño tu cariño,
luego en una rosa, lleno de antojos,
imaginé besar tus labios rojos.

Dime: ¿cómo podría olvidarte?
Todo el mundo se mete en mi pasado
¡no quiero recordar lo que perdí!
y cuando al final todos se han callado
ese casual silencio me habla de ti.
Guayaquil, Agosto 10 de 1988
Te soñé como una flor de verano
silvestre pero llena de ternura;
era tan delicada tu cintura
como un tallo apretado por mi mano.

Te encontré dominante como el viento,
pequeña como la realidad
y perfumada cual felicidad
ruborizada por un sentimiento.

Eras el vuelo de una mariposa
al tostarse el sol en sus despedidas
tras las doradas espigas rendidas
al brillo de tu danza majestuosa.

Y era aquel aroma de pasto y tierra
la humedad de noche sobre tu piel
tan provocativa como la miel
y tan destructiva como la guerra.

Como capricho te arrancó mi mano
por sentirte así... sola y tan hermosa
y te amé de manera vanidosa
junto a una poesía de verano.
En el viento de las diez
Guayaquil, Octubre 6 de 1988
Era tuyo
Son las diez y a tu boca aún la siento.
¿Dónde está tu miel boca de mujer?
¡ y cómo me has llegado a enternecer!
mas, ¡qué tontería!, sólo es el viento.

La noche es triste, no más que el cimiento
de mi voz nombrándote sin querer.
Bésame, bésame hasta amanecer
sin vida. Bésame a cada momento;

que no sea éste viento de las diez
que me parte y seca mi boca a la vez
el que llegue en la noche con tus besos,

tus besos con el tiempo endurecidos;
besos, ayer míos y hoy perdidos
y que en el viento los dejaste presos.
Guayaquil, Octubre 11 de 1988
Era tuyo todo lo que tenía,
eras mi luz, mi sol si sonreías
eras tú mi cristalina alegría
hasta que te alejaste de mis días
y hoy mis pálidas manos
¡qué pena!, ya no son más para ti,
¿qué hay?, ¿qué tienen?... ¡dolor!, dolor de humanos
por las poesías que te escribí
que brillo de lágrimas resultaron;
tenue polvo que un viento se llevó
con las caricias que ellas te entregaron,
violento ciclón que todo arrasó,
y hoy mi boca y mis besos
¡qué pena!, ya no son más para ti,
¿qué pasa?, ¿qué tienen?... quedaron presos
en la noche en que te los ofrecí
que fútiles piedras resultaron
tristes piedras que un viento se llevó
con las delicias que ellas te entregaron,
torrencial río que todo arrasó,
y hoy mi pobre mirada
¡qué pena!, ya no será para ti,
¿qué hay?, ¿qué poseen mis pupilas?... ¡nada!,
ni la mitad de lo que te di;
si una esperanza ni una ilusión
dejaste vacío a mi corazón.
Adiós
En silencio
Guayaquil, Octubre 30 de 1988
He dejado al corazón recordando
solo mientras paseo por la arena;
la luna al fondo de plata y serena
mi último beso se pasa buscando.

¡Qué precario y doloroso fue cuando
en mis brazos te sentí extraña, ajena!
Era la última vez y por mi pena
la melancolía se fue filtrando.

Mis labios rozaron un sabor a hiel
por quererte así y conocerte cruel.
En la última noche tú y yo... los dos

nos miramos en un casual encuentro;
-¡bésala!- gritó mi alma desde dentro
y cobarde sólo te dije adiós.
Guayaquil, Noviembre 10 de 1988
Callarme se ha vuelto tan arriesgado
que corro el gran peligro de perderte
para siempre -¡pero qué mala suerte!-
perderte sin antes haberte amado.

¡Qué injusta es la vida que me ha tocado!
¿Es que no notas lo que hago por verte?
¿No sientes a veces palpitar fuerte
a mi pobre corazón consternado?

Son tus ojos, tu boca, tu presencia
como una sobredosis de impotencia
por tu amor. Pero mi alma enamorada

en su silencio te querrá adorar
pues sabe que el corazón puede hablar
cuando las palabras nos dicen nada.
Suplicio
Soy
Guayaquil, Noviembre 6 de 1988
¡Cuán hermoso sería el caminar contigo
y olvidar la tortura que cruel me está matando
o al brillar un lucero abrazada conmigo
tú soñar lo que yo estuviese soñando!

Si tú me regalaras tan sólo una sonrisa
y suavemente amor me tocaras la mano
sabría que el dolor pronto se haría brisa
que al amarte en mi silencio ya no sería vano.

Si tan sólo entendieras por qué de mi suplicio
compasión no tendría ya más que suplicarte,
si tan sólo me diera tu cariño un indicio
tendría una fortuna entonces al besarte.
Guayaquil, Noviembre 17 de 1988
Soy poeta que busca la ternura en tus ojos
para plasmarla muy quedamente en mi papel
y así gritarle  atodo este mundo que en tu piel
se encuentran las delicias que ansían mis antojos.

Soy viajero de un largo camino equivocado,
llevo en mis manos heridas y una blanca flor,
llevo en el corazón una esperanza y mi amor
para dártelos te busco y nunca te he encontrado.

Soy artista que busca perfección en tu figura,
en la expresión que podría darle a tu semblante;
obsesionado con tal nelleza por delante
veo en ti la mejor modelo de mi escultura.

Y soy vagabundo de la calle y de la ría,
nada tengo, de nada podría ser el dueño,
tan sólo me persigue por las noches un sueño:
encontrarte un día y oírte decir que eres mía.
Rechazo
No me prometas nada
Guayaquil, Noviembre 17 de 1988
¿Por qué me condenas a tu rechazo?
¿Qué culpa puede tener mi cariño
el que sea tan dulce como un niño
que duerme de su madre en su regazo?

¿Es tan absurdo para ti mi abrazo,
tan diminuto para ti mi amor?
¿Es culpable todavía el ardor
de mi equivocado pasado acaso?

¿Te parece tan falsa mi mirada?
¿La crees incierta a toda mi dulzura?
¿Es posible que un mundo de ternura
no llegue a ser en tu corazón nada?

Si es para mi un sueño el estar contigo
desde el amanecer hasta el ocaso
y no recibo más que tu rechazo,
dime amor: ¿merezco este castigo?
Guayaquil, Noviembre 26 de 1988
No por favor, no me prometas nada
sobre nosotros, es mucho mejor...
bésame y sigue en mis brazos callada;
no lastimes con palabras mi amor.

Hoy cuando sientas en el alma una pena
al intentar saber cuánto te quiero
pregunta y te dirá la luna llena
que es diminuto el universo entero.

Mañana cuando quiera estar conmigo
tu dulce mirada y no te encuentre,
contempla el muñeco que fue testigo
de nuestro amor y abrázalo a tu vientre.

Cuando al mes llegue una sed de desierto
y tu boca te reclame un beso
espérame con el portón abierto
que te daré un millar a mi regreso.

Y al año cuando crea tu corazón
que el tiempo a mi cariño lo mató,
llegará hasta mi oido una canción
diciéndome que todo terminó...

... entonces habrá muerto nuestro amor,
por eso niña no me prometas nada
sobre nosotros, es mucho mejor...
bésame y sigue en mis brazos callada.
¿Llorar?
Guayaquil, Noviembre 21 de 1988
Tu cariño pertenece a otro todo,
¡cuánta pena!... ¿pero por qué llorar?
eso no corazón, de ningún modo,
para otra ocasión será de guardar...

Mientras, viviré de tu caridad
y de tu sonrisa me harás esclavo,
mi mano extenderé con humildad
sin recibir de ti un sólo centavo...

... ¿algo pequeño que me puedas dar?,
puede ser un barquito de papel
que bohemio haya acariciado el mar
o quizá la última gota de miel

que en sueños hubieses olvidado
o talvez una estrella de la noche,
la más turbia que te haya regalado
o un cabello enredado por tu broche.

Pero llegará un día estoy seguro,
que me recuerdes en tu soledad
y notes a mi amor sincero y puro
y podré llorar de felicidad.
El pordiosero
Guayaquil, Diciembre 16 de 1988
De las desventuras más miserables,
de la actitud indiferente de la gente,
bajo el sol opaco de sus ojos:
... por amor a Dios, me dijo un pordiosero;
¡una moneda por amor a Dios!...

Oxido de tapas de alcantarillas era su cuero,
podredumbre de basurero era su aroma,
su mano dura como el pavimento
sus labios apenas los podía mover
y me quedó mirando el infeliz;
quería que me acercara a tanto trapo
y tocara con el frío de una ayora
el corazón de su pobre esperanza.

De las desventuras más miserables
dio la vuelta al mundo y un día
regresó para recordarme que era cristiano...

Tenía cerdas largas por barba y cabello,
el pecho abierto y los pies hinchados
y en el fondo de sus tranparentes pupilas
una lágrima de años
y por sus mejillas morenas corrían
un río de dolor por cada uno
y me quedó mirando el miserable;
quería que me acercara a su repugnante cuerpo
y aliviara con la superficie de un sure
el alma lastimera de su congoja.

De la actitud indiferente de la gente
nació mi vanidad y creció con ella;
dio la vuelta al mundo y un día
regresó para recordarme que era cristiano...
y mis oídos no escucharon,
mis ojos brillantes se cegaron,
mis piernas fuertes no se acercaron
y lo dejé con la mano extendida...
¡por un sucre, por una moneda!
y a mis espaldas escuché una voz seca:
"Vaya con Dios - me dijo- vaya con Dios".

¡Perdóname Cristo!
regresaré como un pordiosero
para mendigar contigo.
Atrás en tus ojos
Guayaquil, Diciembre 9 de 1988
Levantar la mirada esa ocasión
fue un error pues también tú me miraste;
fue irritante el dolor del corazón
al recordar que todo me quitaste.

Fue como volver atrás en tus ojos;
mi sangre reventaba de emoción,
creaban mis sueños tus labios rojos,
conseguir tu amor era mi obseción.

Te disolvías entre mis sentidos:
tu aroma captaba en la brisa,
tus frases aumentaban mis latidos
todo te entregaba al ver tu sonrisa...

... me desarmaba al tocarme tu mano,
deliraba sin duda, mientras tanto
de tu boca me resultaba vano
el escapar de su exquisito encanto.

Y tú que conquistas con sólo un gesto,
que me tienes con sólo desearlo,
¿por qué éste tesoro?... ¿por qué haces esto
si sabes que no volveré a gozarlo?