Antología Poética
Epoca: Motivos (1992)
Antesala de dolor
Motivos
Guayaquil, Febrero 19 de 1992
Aquí estoy: en mis cuevas laberínticas
acumulando temas que me abrazan
como se amontonan los días del calendario
cerrando los ojos delirante de los tuyos.

Tú serás feliz, mientras tanto, a mí
me besa una oscuridad doliente en la frente
y las llagas del recuerdo se destrozan
hasta hacerme sangrar tu ausencia.

¿Hasta cuando me faltarán tus manos
haciendo figuras de papel en mis rocas?
Y si nunca más alegras mi frío hogar
¿Cuándo podré olvidarte?

Aquí estoy, aquí me deja tu capricho
entre la nada y lo desconocido
en un lugar sin tiempo ni ruta de salida
y en el centro de un silencio te espero.

¿Qué me dirá: que rime mi dolor?
Se fue el ritmo cadente y es probable
que en la noche agonice todo mi amor
y produzca poemas inefables
Tu nombre
Guayaquil, Marzo 1 de 1992
Te miro insistentemente
cuando el sol, infantil, juega con los misterios
del manglar extinto guayaquileño
y mientras la clorofila reverdece tu vientre
me pregunto:
¿por qué te amo tanto?
y la verdad inclemente se parece a veces
a los andamios andinos de tu arquitectura.
Mis ojos se extravían desasosegados
desde el aluminio frío de tus manos
hasta los horizontes ignotos de tu alma;
irresistiblemente recorro el andarivel
de tu cuerpo nevado con crueldad.
No se acercá a ti
algún algodonero vástago del abandono
ni los algorítmicos movimientos
se interrumpen con mi atrevida presencia.
ajena a la enredadera de mis sueños
me perteneces en la realidad de mis pasos
sobre la arena de Salinas en Octubre,
volátil como la ilusión de una estrella fugaz
y permanente como el transcurrir del mismo tiempo
conejita tímida, transparente de hielo,,
pequeñez nublada,
me mira desde tu madriguera
de madrigales y perlas
me apodero de tus caderas níveas,
me extravío en el páramo de tus pupilas,
vivo en ti como escalando
la inmensidad del Chimborazo
desde los climas tropicales
del litoral.
Como al rostro de un ser querido
que no se volverá a ver más
te rapto en mi mente
para esconderte en la profundidad
de la selva amazónica,
para navegar en tus ríos
y es entonces cuando acaricio
tus gotitas de rocío,
te divido, te analizo, te sintetizo
y nos perdemos en los fulgores matinales
hasta que rompes el encanto
cuando perversamente me preguntas
- ¿Por qué me amas tanto?
y eso, estrellita, es algo
para lo que no encuentro respuesta.
Guayaquil, Abril 6 de 1992
Tu nombre resonó bajo la geografía equinoccial,
un cataclismo acelerador provocó tu presencia
en los peñascos erosionados del Colonche
para remover mil fantasías en noches idílicas y plenilunias
como el reflejo de la cordillera madre en la pupila
del legendario y auténtico chagra;
como la marca tostada en la piel varonil
del padre sol en el cholo pesquero del Manabí,
tus palabras hicieron silvar al viento quimérico
entre las ramas de los ceibos ancestrales,
verdes reyes reinantes sobre mis alcores desérticos
para poblar sus calcinados cuerpos con acuarelas de esperanza,
Así impreganada te llevo a mi destino
(ho, más que nunca, te necesito)
de los ríos de la cuenca del Guayas
(con la fuerza y el arrastre)
y con la ternura de una de sus flores moradas
al atardecer sobre el pórtico.
Encuéntrame allá, al sur, donde se roban nuestras riquezas,
atraviésame el pecho con tus saetas jíbaras
abandóname muy dentro de tus selvas
o emprenderé un viaje hacia los páramos
confundido con el aleteo
de un cóndor majestuosos en las alturas serranas
solitario.
Recogerás ilusiones oníricas y multicolores
como conchas en las playas de las islas fantásticas
y llegaré lento como un galápagos
para dejar mi huella volcánica en el tiempo.
Iníciame en tu génesis: barro y agua,
identidad cerámica, vasija que en mis manos
dejaron dáctiles caricias de amor
pronunciándome tu nombre: tú, tú, tú.
Nombre despertando los brillos fulgores de Abril
que provoca en mí el recuerdo de medio siglo
de traiciones.
Es tu nombre: "un poema de amor".