Dos Semanas en China II

Mayo 16

Viaje a Guangzhou (Cantón). En el aeropuerto de Guangzhou. Llegada a Wenzhou. Encuentro con Audrey y Lance.

Miércoles 16 de mayo, el gran día había llegado, mi entrada a China Continental. Me desperté a las 6:00 de la mañana. La claridad matutina me ayudó a salir de la cama. Arreglé la maleta con mucha tranquilidad ya que tenía todavía bastante tiempo para llegar al terminal de bus. A las 8:30 hice mi check out del hotel, tomé un taxi y en pocos minutos estaba en el Wanchai Ferry Pier. El lugar estaba solitario, miré a los alrededores para ver si había algo para desayunar. Con mi maleta y el bolso de tela (donde llevaba el queso palmita para Audrey) no era tan fácil desplazarme. Justo a un lado del estacionamiento (el terminal era un simple aparcamiento) estaba un restaurant, me acerqué, era estilo chino, todo el mundo desayunando sopa y cosas que más bien parecían de almuerzo. ¿No habría un McDonald por allí?. Monté mi maleta en el portamaletas de rueditas y comencé a buscar un sitio para llenar el estómago. A penas al cruzar la esquina, en el mismo centro comercial, encontré un Seven Eleven, un sitio de esos que están abiertos las 24 horas y que venden todo tipo de snacks, refrescos y chucherías. Entré y compré un perrocaliente y un café con leche. Salí de allí (no era buena la atención), y regresé al sitio donde se supone que debía estar el autobús.

Ya eran casi las 10 de la mañana y todavía no se veían señales ni del autobús ni de ningún otro pasajero. Como a las diez llegó una pareja de viejtitos chinos, vi cuando le preguntaban a uno de los de por allí algo que me pareció "¿dónde está el autobús para Guangzhou?". También me animé a preguntar, mostrando el boleto, me hicieron la misma indicación que a los viejitos, así que concluí que ellos también eran pasajeros. Habían unos banquitos bajo una pequeña enramada, me acerqué y les mostré mi boleto, ellos también me mostraron el suyo y comprobamos que todos éramos pasajeros del mismo transporte.

A las diez y veinte de la mañana llegó el esperado vehículo. Era bastante moderno. Aparecieron otros pasajeros, unos ocho. El autobús tenía capacidad para unas 40 personas. Me embarqué, me pidieron el boleto, me colocaron una pequeña calcomanía roja fosforescente de forma ovalada con el número de la unidad y me dieron (como a todos los pasajeros) una botellita de agua mineral cortesía de la casa. El vehículo era bastante cómodo con aire acondicionado. Mis compañeros de viaje eran todos chinos. La asistente de viaje me pidió que le mostrara el pasaporte para comprobar que tenía mi visa para entrar a China Continental, todo en orden. Exactamente a las 10.35 am, tal como estaba estipulado partimos rumbo a Guangzhou (Cantón para los occidentales).

Cruzamos uno de los muchos puentes que unen a la isla de Hong Kong con Kow Loon, nos adentramos en tierra firme, luego de pasar la zona comercial comenzó la zona residencial, seguía siendo al estilo occidental, edificios de apartamentos, algunos grandes otros pequeños. Hicimos una parada y recogimos unos 6 pasajeros más. De pronto apareció el puerto, una cosa gigantesca, miles y miles de containers, grúas, galpones. Me imaginaba los juguetitos de McDonald's embarcándose rumbo a Venezuela.

Según mi mapa estabamos ya en los Nuevos Territorios, íbamos por una autopista y en menos de una hora desde nuestra salida en Wanchai, ya estábamos en la frontera. Yo esperaba una cosa horrible, sucia, llena de gente por todos lados, desordenado. Pero fue todo lo contrario. El bus se estacionó de un lado y mientras lo hacía comenzó a sonar una grabación en cantonés e inglés explicaba que debíamos bajarnos con nuestro equipaje para el control de pasaporte y aduana. Así lo hicimos, traté de acordarme de algunas de las caras de mis compañeros de viaje. Habían como 20 taquillas de atención, los letreros estaban en chino e inglés, había separación para residentes y visitantes. Al principio no me había dado cuenta, esto hizo que llegara de último a cualquiera de las colas para los visitors. Me sellaron la entrada sin ningún problema, no me revisaron la maleta y voilá ya estaba en la verdadera China comunista. Caminé con mis "macundales" (cosas) hasta la salida del edificio, muchísima gente. No veía a mis compañeros, caminé un poco más hacia la derecha, finalmente comencé a ver las calcomanías rojas en las camisas, me aproximé, vi los números y… salvado!. En el lugar habían muchas tiendas, algunas duty free, no compré nada. Llegó el bus, nos montamos y seguimos el viaje. Pero estábamos en tierra de nadie, a los pocos metros, otro edificio: la entrada a China, lo otro fue la salida de Hong Kong. El asunto fue más o menos lo mismo, y ahora sí: China comunista!

La ciudad fronteriza Shenzhen fue una verdadera sorpresa, nada de pueblos horribles, sucios y polvorientos. Tremenda ciudad Shenzhen, grandes edificios, autopistas, parques. Yo ni siquiera había escuchado hablar de esta ciudad. Al salir de allí comenzó un océano de fábricas, se acabaron los letreros en inglés, todo, absolutamente todo en chino. Las fábricas tenían grandes letreros, pero más grandes eran los números de teléfonos y fax, algunas decían ISO-9001, hasta puede ver una que decía "Calzado Fortuna", así en español. Probablemente sea la planta de alguna compañía española. De vez en cuando aparecían edificios residenciales, de tres o cuatro pisos, algunos viejos, pero eso sí, muchos nuevos y aun muchos más en construcción. También habían canchas de basket entre los edificios. Kilómetros y kilómetros con el mismo paisaje. Pocos carros en la autopista, pero algunos de esos pocos eran buenos carros, hasta me parece recordar uno que otro BMW. Me llamó la atención que al principio de la autopista y por unos cuantos kilómetros, diez o quince, cada 500 metros había un policía a la orilla de la carretera. En la isla que separaba las dos vías de la autopista, como cada dos kilómetros había una especie de bunker que no sabría decir si era una construcción abandonada o que nunca se terminó. A veces entre los claros entre grupos de fábricas aparecían platanales (o bananales), era una zona pantanosa con ríos y puentes. Me recordó la zona del Delta del Nilo entre El Cairo y Alejandría.

Como a las dos de la tarde llegamos a la gigantesca ciudad de Guangzhou (Cantón), no tan moderna como Hong Kong, pero sí mucho mejor de lo que esperaba. Muchos tráfico, gente en bicicletas, en motos, taxis. El destino final del autobús fue el China Hotel, un hotel de cinco estrellas, que si mal no recuerdo es de la cadena Marriot. Todo muy elegante, entré al lobby para averiguar dónde podía comprar el boleto de regreso, costo, horarios, etc. El asunto estaba en el mismo desk y vendían boletos para diversas formas de viaje: bus, avión e incluso barco.

Salí de nuevo y a uno de los bell boys le dije que necesitaba tomar un taxi para el aeropuerto, el llamó a uno y le dijo al taxista mi destino. No pidió propina, qué maravilla!. El taxista para asegurarse me indicó con la mano, haciendo como un avión, que si quería ir al aeropuerto. Comenzó el taxímetro en 15 yuanes, yo sólo tenía 100. Me dijeron que no llegaba a treinta, ojalá. Por primera vez vi a una muchacha como pasajera en una moto y con minifalda, me sorprendió, le comenté eso en inglés al taxista, pero éste no entendía nada.  Ésta era la primera de muchas muchachas (y señoras!) en minifalda que vi, no sólo en moto, sino también en bicicleta.

Llegamos al aeropuerto, al terminal doméstico. Mucha gente, había una especie de mini mercado dentro del aeropuerto, venta de ropa, juguetes, comida, etc. a un lado estaban los sitios para el chequeo de los vuelos. Pregunté en información (algunas personas hablaban inglés) dónde debía registrarme, me indicaron. Estaban chequeando otro vuelo, todavía era muy temprano para mi vuelo, cuya hora de abordaje era las 4:10 y apenas su eran las dos de la tarde. Me quedé cerca para esperar, no habían sillas. Era muy difícil ponerse a leer parado y con tanta gente por allí (en mis viajes siempre  llevo un libro para los muchos momentos de espera, en esta ocasión leía La Aventura del Español en América de Humberto López Morales). Salí a dar unas vueltas por fuera del edificio, calor. Tampoco había bancos para sentarse. Vi a un "no-chino" con morral sentado en la acera. Hice lo mismo, después de unos minutos me cansé, recuérdese que andaba con mi maleta (con rueditas, pero era pesada) y un bolso. Volví a entrar, vi que el restaurant estaba arriba, en un segundo piso. Subí a ver qué tal, se veía muy lujoso, con muchas "mesoneras", y hasta "capitana" muy elegantemente vestidas y maquilladas. Me hicieron señas para que entrara, me dio miedo porque a lo mejor no me alcanzaba con el dinero que tenía. Volví a bajar, lo mismo, qué hacer con las casi dos horas que aun tenía?. Decidí comer, pero para ello debía cambiar algo de dinero, volví a dar vueltas buscando un Money Exchange, no vi ninguno. Pregunté a una de las muchachas de información, me indicaron que en el terminal internacional podría cambiar dinero. Fui, encontré el sitio, cambié otros 50 US$ por si acaso, regresé al terminal doméstico y fui al restaurant. Las mismas muchachas, me trajeron el menú, gracias a Dios, incluía explicación en inglés. Pedí, rogando a Dios que fuera "comestible", algo hecho con puerco. Las mesoneras no hablaban inglés, todo fue por señas. Adicionalmente pedí una Coca Cola. El plato costó 32 yuanes, no me fije en el refresco. Como entrada me trajeron unas semillitas y unas verduritas del tipo pepino en vinagre, en sus respectivos platitos. Sólo me comí las semillas, soy "odiante" del pepino y de cualquier cosa que se le parezca. Llegó el plato principal, albricias!, el puerco en una especie de salsa agridulce, estaba realmente sabroso!. Puff, la pegué!. Además con arroz. No sé por qué en Venezuela en los restaurantes casi cualquier cosa que uno pida, el acompañante es puré de papas o vegetales en lugar de arroz. Al momento de pagar, me di cuenta que la Coca Cola costó la mitad de la comida, es decir, 16 yuanes! bien cara.

Fui al baño a lavarme las manos, al tratar de abrir la llave del lavamanos, los dedos de la mano derecha se me acalambraron, no los pude mover por unos segundos, no le presté mucha atención. Inmediatamente salí del baño con la intención de ir hasta el sitio donde debía registrarme para mi vuelo, bajé por una escalera mecánica, a mitad de camino se me resbaló la maleta y con un movimiento rápido la atrapé, llegué a la planta baja donde me di cuenta que no podía mover ningún dedo de la mano derecha, es como si se hubiesen endurecido los tendones de la mano, entré en pánico, pensé que dado que esta vez fue mucho más severo que en el baño, quizá la parálisis comenzaría a tomarme todo el cuerpo, y hasta la cabeza! Sería una situación horrible, estar en un sitio donde casi nadie habla inglés, con tantísima gente y estar revolcándose en el suelo con un ataque corporal extraño. Me asusté, sin embargo mantuve la calma, traté de mover los dedos, la parálisis duró unos cinco minutos, por fin los pude mover, y la cosa se normalizó.

Habían muy pocas personas en el sitio de chequeo, aun era temprano pero ya estaba disponible la persona que atendía el vuelo CZ3527 de China Southern Airlines con destino a Wenzhou. Menos mal que hablaba inglés, le mostré mi boleto y mi pasaporte, tecleó en la computadora, una y otra vez y me dijo: "wait a minute" (espere un momento), se fue con mi pasaje. ¿Habrá algo malo? pensé, tardó unos tres o cuatro minutos, al regresar le pregunté: "¿algún problema?", me contestó "el boleto no estaba confirmado, pero ya se está arreglado". Seguramente fue un error de la muchacha en Hong Kong, se veía muy insegura en su trabajo. Pero resuelto el problema, seguí mi camino. Pagué los 50 yuanes del impuesto de "Construcción del aeropuerto", pasé por el control de pasajeros, subí por otra escalera, y llegué al gran salón de las puertas, full de personas, parecían hormigas desde arriba. Bajé y ubiqué mi puerta, la 13. Aun no estaba anunciada la salida de mi vuelo, eran ya las 4:00 pm.

Una de las cosas que me llamó la atención fue ver que a un extremo del salón había una especie de gran desk y un letrero que decía Irregular flights food distribution point (Punto de distribución de comida para vuelos con problemas), "¿y eso para qué será?", más tarde vería su utilidad.

Las 4:40, según el pasaje esa era la hora de abordaje, pero yo estaba en la puerta 13 y el letrero electrónico no decía nada sobre Wenzhou. Fui hasta la puerta 14 donde habían unos funcionarios del aeropuerto (o de la aerolínea) les mostré mi boleto y me dijeron que esa era la puerta 14, que la puerta 13 estaba al lado, es decir, donde yo había esperado. Regresé, vi algunas personas esperando allí, le pregunté a uno de ellos, no hablaban inglés, casi se asustaron cuando me dirigí a ellos, por fin una muchacha me enseñó su boleto y comprobé que ellos también esperaban el mismo vuelo. Con señas les pregunté qué pasaba, pero tampoco sabían. Fui hasta un stand de información y me dijeron que el vuelo había sido retrasado para las 6:30 pm. Una hora y veinte minutos de retraso!. Me fijé en el Irregular flights food distribution point y estaba lleno de gente, todos aglomerados pidiendo comida. Se la entregaban en una bandejita de aluminio, con un refresco. Me fijé que la comida era pollo, arroz y quizás algo más. Se veía bueno, comprendí entonces la utilidad del food distribution point. Por un momento pensé en reclamar mi comida (había que enseñar el boleto), pero dada la cantidad de gente, el desorden, y que no hacía mucho tiempo que había almorzado, desistí de reclamar mi derecho.

Me puse a ver las tiendas de los alrededores, libros, revistas (todo en chino), frutas, juguetes… Me llamó la atención un localcito donde dos muchachas daban masajes en los pies, en las paredes habían dibujos del cuerpo humano mostrando los puntos de acupuntura. ¿Sería esto "dígitopuntura"?. Me acerqué aun más y vi a dos personas a las que le estaban haciendo el masaje en los pies, eran del tipo indio (de la India). Me dijeron "pasa, pasa… hazte un masaje también", les dije que sólo estaba curioseando, insistieron. "Bueno, sólo para pasar el tiempo". Me preguntaron que de dónde era, uno de ellos nunca había escuchado nada sobre Venezuela, el otro sí. Me preguntaron que de dónde creía que eran ellos y les dije "de la India", "Nooo, somos del país enemigo de la India", "Pakistán" rectifiqué.

Regresé a la puerta 13 a seguir esperando, estaba parado cerca de una papelera, varias personas se acercaron a escupir allí no sin antes hacer el respectivo ruido gutural para recoger el material mucoso. Fue mi primera experiencia esquivando escupitinas, cosa que sería algo normal en toda China.

Pasaban los minutos, hasta que sentí una mano en el hombro que venía de atrás, era uno de los pakistaníes que me dijo "han cambiado de puerta, ahora es la 5". Me fui con ellos, subí unas escaleras, pasillos y llegamos hasta la nueva puerta. Me senté con ellos muy cerca de la entrada. Luego, otro anuncio, ahora es en la puerta 6, estaba detrás, ahora estábamos de último. Le dije a los pakistaníes: "vamos que es la otra puerta", pero ellos prefirieron esperar. Puesto que aquí nadie hace cola, también me sumé al "rebaño", empujando un poquito, por aquí y por allá, finalmente entré, al fin rumbo a Wenzhou!.

El avión estaba completamente lleno, era un avión parecido a un Boeing 727. Sólo vi a ocho personas no chinas, los dos paquistaníes, cuatro que parecían rusos y una pareja de señores (señor y señora) que precían ingleses.

Yo, como siempre, pedí un puesto en el pasillo (19F), mis compañeros de asiento eran dos chinos, quienes, por supuesto, no hablaban ni una palabra de inglés. El vuelo era como de dos horas. Apenas al estabilizarse y entrar en velocidad de crucero, comenzaron los preparativos para la cena. Habían "noodles" y una comida "normal", por supuesto, mi elección fue la comida occidental. A todos les dieron sus "palitos", y a mi tenedor y cuchillo. En este punto comenzó otro de los sufrimientos en este tipo de situación. En el lejano oriente del mundo, la gente come "chasqueando" la comida. Pero bueno, son cuestiones culturales, tenía que aguantarme. El mismo sufrimiento lo tuve cada vez que me monté en un avión en China, y fueron 4 veces.

Ocho y treinta de la noche, el avión toca tierra en el aeropuerto de Wenzhou. Por la ventana veo que es un aeropuerto muy sencillo, de una sola pista. A pesar de haber llegado con más de una hora y media de retraso, estaba seguro de que Audrey no se movería del aeropuerto hasta que llegara, así que en ese particular estaba tranquilo, sin embargo, tenía ansiedad por el encuentro, después de tantos y tantos e-mails. Bajé del avión hasta la pista, seguí a los demás, entramos caminando al terminal y enseguida divisé a Audrey, era fácil, la única no china. Con mucha alegría le dije "lo hice, estoy aquí!". Es increíble lo que hacen las comunicaciones vía internet. Aunque Audrey hacía ya casi un año que había salido de Maracaibo, es como si realmente nunca nos hubiésemos separado.

Audrey me presentó a dos muchachos chinos que estaban con ella y que me fueron a buscar al aeropuerto. Eran de la FAO (Foreign Administrative Office), bajo cuya supervisión estaba mi amiga. Uno de ellos era el Sr. Ma, aun recuerdo su nombre ya que tuve varias veces la oportunidad de visitar su oficina. El otro era un chofer. Ninguno de los dos hablaba inglés y mucho menos español. Había tanto que decir, que aunque traté de ser amable diciéndole algunas palabras en chino que Audrey recién me había enseñado mientras hablábamos en el carro (como "gracias"), hablábamos y hablábamos en español.

El viaje hasta la ciudad era largo, muy oscura la carretera, vimos un accidente de un solo carro, uno muy bueno, un mitsubishi o un BMW, no recuerdo bien. Me llamó la atención lo lujoso del automóvil, Audrey me dijo que aunque China era un país comunista había allí algunas personas con mucho dinero. Wenzhou es una ciudad industrial y comercial. Tardamos como media hora en llegar hasta la Universidad de Medicina de Wenzhou. Aunque con dificultad pude ver algunos de los grandes y nuevos edificios de la ciudad.

Entramos al campus hasta uno de los edificios en la parte posterior. Era el hotel para profesores extranjeros y estudiantes de post-grado. Aunque era un hotel de la universidad, tenía su desk, había que registrarse, mi habitación estaba en el piso 4, justo al lado de la de Audrey y Lance. Ellos tenían dos habitaciones, una el dormitorio y la otra era la oficina y sala de estar, allí tenían su computadora. Adicionalmente había una habitación grande que estaba equipada para cocina. Apareció Lance, el mismo de siempre, alegre y muy servicial. Me mostraron mi habitación, sencilla pero agradable y extraordinariamente diferente a lo que me había imaginado. Yo pensaba que iba a llegar a un pequeño barrio oscuro y húmedo, con pequeñas callecitas, el hotel sería un viejo edificio aunque de estructura occidental, decorado internamente al estilo chino, con puertas de cortinas, dragones por todos lados, baño del tipo letrina, un ventilador de techo que gira lentamente, tal como aparecen en las películas de Tarzán, pero nada de eso. La habitación con un aire acondicinado split de control remoto, televisor de 19" a colores, el baño con bañera y todos los accesorios de los hoteles occidentales: botellitas de champú, gel para la bañarse en bañera y hasta cepillo de dientes. Algo que me llamó la atención fue dos pares de "chancletas" de papel y cartón. Tenía un balconcito, desde el cual en ese momento no se veía nada dada la oscuridad.

Bien, me bañé, me cambié de ropa y a los minutos Lance me llamaba para ir a cenar. Lance es muy buen cocinero, siempre me decía cada vez que le decía que su comida era muy sabrosa: "estudié food technology in Cuba", por supuesto, eso no tiene nada que ver, pero así es Lance!. Cenamos los tres, echando cuentos y cuentos, hicimos un pequeño plan para el día siguiente hasta que el sueño nos venció.

 

Mayo 17

Wenzhou. Con los estudiantes de Audrey y el English Corner.

A eso de las 7 de la mañana ya estaba preparado para disfrutar de un nuevo día en mis vacaciones. Es difícil, al menos para mí, seguir despierto cuando el cuarto está iluminado por la luz solar. Y en China, en esos días, estaba amaneciendo bastante temprano.

Lo primero que hice al despertar, fue asomarme al balcón, justo en frente tenía al campo de fútbol y pista de carreras de atletismo de la universidad, a un lado estaban los edificios residenciales estudiantiles, uno para hombres y otro para mujeres. Un poco más allá estaba la ciudad, dos o tres edificios de más de 20 pisos resaltaban en la silueta urbana.

A las 7:30 am, Lance me estaba llamando para desayunar, tanto Audrey como Lance tenían clases esa mañana, era jueves. Fui hasta la cocina - comedor, donde también estaba Audrey. Me asomé a la ventana que daba a la parte posterior del hotel, la vista ofrecía un pequeño río de aguas negras y en la otra orilla la parte posterior de otros pequeños edificios residenciales (fuera del área universitaria). También pude ver unas callecitas y pequeños edificios de apartamentos que me dieron una visión de los que más o menos yo esperaba de china. En algunas de las ventanas y balcones colgaban las famosas lámparas chinas, de esas rojas que parecen (si es que no lo son) de papel.

El desayuno fue, en lo posible, al estilo occidental. Lance preparó una de sus especialidades culinarias, me había recomendado quedarme en la habitación revisando y escribiendo correos electrónicos. En la habitación, que funcionaba como su estar-oficina, tenían una computadora con acceso a internet. Sin embargo, seguí la sugerencia de Audrey y me fui con ella a acompañarla a sus clases matutinas.

Así caminé con mi amiga hasta los edificios de aulas de la universidad, el aula donde íbamos estaba en un quinto piso, subimos por las escaleras, hay que estar en buena forma física para subir sin quejarse!. El área parecía a un edificio público venezolano, una universidad o un hospital. Como en el cuarto piso nos encontramos con Warren, otro de los profesores extranjeros, colega de Audrey y Lance. Warren es oriundo de Oregon en los Estados Unidos, lleva ya algunos años en China (siete si mal no recuerdo), habla y lee muy bien el mandarín y es estudioso de la cultura china, habiendo viajado por muchos lugares de ese país. Las conversaciones con Warren fueron muy instructivas para mi.

Pero antes de seguir, he aquí algunas palabras sobre Wenzhou. Primero que nada, debo admitir que antes de que Audrey fuera para allá, nunca había escuchado nada sobre esta ciudad. Y hasta pensaba que era un pequeño pueblo en China. La primera alerta fue cuando Audrey me dijo que la ciudad tenía unos dos millones de habitantes. Según datos que he encontrado en internet, Wenzhou tiene algo más de un millón de habitantes pero se le podrían sumar seis millones si se cuentan las ciudades que están bajo la influencia de ésta. Wenzhou, significa "Prefectura caliente", los "wenzhouenses" pronuncian el nombre algo así como "uenchó" aunque otras veces me pareció "venchó". "Prefectura" es algo así como "municipio", es el mismo término que se utiliza en Japón. La ciudad está en la provincia de Zhejiang, según Audrey la provincia es una de las más pequeñas y tiene 57 millones de habitantes. Wenzhou es una ciudad comercial e industrial, definitivamente nada turística. Quizá su principal industria sean los zapatos y la "alunita" (mineral que se usa para la elaboración de fertilizantes). Pero es también un importante puerto en esa región del sudeste chino. Algunos de los grandes edificios que se veían desde las habitaciones del hotel, revelan que la ciudad está en franco progreso.

Regresando al cuento… por fin llegamos al aula, era un salón grande, habían en ese momento entre 40 y 50 alumnos. No sé si es porque ya a los 42 años los estudiantes de los primeros semestres me parecen muy jóvenes, o es que en verdad lo eran o es que los chinos aparentan menos edad de la que realmente tienen, pero todos me parecieron muy "chamitos" (como decimos en Venezuela). Audrey me presentó en inglés a los alumnos, algo así como: "hoy tenemos un visitante de Venezuela, démosle la bienvenida", al principio se oyó como un "guaaaoooo" y luego unos aplausos. Igualmente yo los saludé y me senté en la última fila, pacientemente hasta que Audrey terminara su clase. En una de las paredes del aula había un viejo mapamundi de National Geographic, que según me dijo mi amiga, lo había colocado allí un profesor americano hace algunos años. Los pupitres tenían empotrado un grabador y a un lado tenían sus audífonos y micrófono, era una especie de laboratorio de idiomas. Al ver lo viejo de los aparatos (que me recordaron mucho a los que usábamos en bachillerato en el colegio de los Maristas), me supuse que no funcionaban, pero, oh sorpresa! cuando Audrey dijo "ahora, vamos a oir la cinta en sus grabadores". Al final de la hora de clases, Audrey dice "ahora nuestro amigo de Venezuela nos va a dirigir unas palabras". Puff!, no tenía nada preparado, les hablé un par de minutos sobre Venezuela, por qué estaba yo en China y no sé por qué caí en el tema de Miss Universo. Luego pensé "posiblemente ellos no saben nada de estas cosas capitalistas", creo que les pregunté si sabían algo de esto, no me acuerdo qué me respondieron, lo cierto es que seguí en esto tratando de salir, ¿lo verán como algo bueno o como algo malo?, y para rematar hasta dije que Audrey podría ser una Miss Venezuela! Los cinco minutos que hablé me parecieron eternos, además que nunca había hablado en público en inglés. De todas maneras, me despidieron con un aplauso y varias de los estudiantes se acercaron a mi para preguntarme cosas sobre mi y sobre Venezuela.

De allí sin descansar, nos fuimos hasta otro edificio para la siguiente clase. Esta vez el salón era más amplio, sin embargo con menos alumnos, unos treinta. Se repitió lo mismo de la clase anterior, una pequeña bienvenida y la clase de Audrey. Por supuesto, al final dije unas palabras, pero esta vez estaba preparado. Nada de Miss Venezuela y creo que esa vez la cosa salió mejor. Cuando terminó la clase, una de las muchachas se quedó hablando conmigo, y otros dos o tres escuchaban, al final todos estabamos conversando sobre Venezuela, China, sobre ellos, sobre mi, sobre las clases de inglés. Muy amena la conversación.

Almorzamos con Lance, algo que él había preparado. Luego de descansar un rato fuimos al la oficinas del la FAO, Lance me quería presentar a los jefes. Al llegar nos brindaron te chino. Estaba allí Mr. Ma, el mismo que me había ido a buscar al aeropuerto el día anterior. Le agradecí por todas sus atenciones y él me ofreció una llamada a Venezuela para hablar con mi familia. De nuevo le agradecí, pero le dije que aunque en China eran las 2 de la tarde, en Venezuela eran las 2 de la mañana, todo el mundo durmiendo.

Regresamos a nuestras habitaciones. Me puse a ver un poco de televisión. Aunque todos los canales son del gobierno, hay cierta variedad. Hay como 4 canales "CCTV", uno de ellos de vez en cuando presenta un noticiero en inglés. Los canales tienen comerciales y no son tan aburridos. También hay telenovelas, muchas de ellas son de basadas en un ambiente clásico. Me dijo Lance que lo hacen para que los jóvenes no pierdan el "sentimiento chino" ante tanto bombardeo occidental. Sin embargo, también las hay del tipo moderno.

A eso de las 4 de la tarde salí de la habitación y encontré a Audrey, Lance, Warren y Chon Lin, en la oficina. Esta última era una muchacha como de 22 años, china, que también es profesora de inglés en la universidad. Me reuní con ellos y estuvimos consersando un rato.

Las 6 de la tarde, hora de la charla. Estaba lloviznando, pensé que esto haría que no muchas personas vinieran, pero, poco a poco fueron llenando las sillas y a la hora indicada teníamos casi lleno el auditorio. Unos cuarenta estudiantes. También estaba Chon Lin. Audrey hizo la presentación de rigor, yo era el invitado para el English Corner de ese día. Comencé a hablar sobre Venezuela. El asunto fue que yo pensé que hablar sobre mi país era tan fácil que no había elaborado un esquema ni plan de charla, que sólo con pararme allí y hablar y hablar sería suficiente. También se me ocurrió que mezclar una mini charla sobre Venezuela y luego otra sobre etimología inglesa no era lo más conveniente, así que decidí cambiar la sesión lingüística por "preguntas y respuestas". De manera que comencé agradeciendo y presentándome, y luego me dispuse a hablar sobre Venezuela. Me di cuenta que estaba un poco desordenado y que esto podía hacer perder la atención de los presentes, especialmente cuando inglés no es el idioma materno ni de ellos ni mío. Entré en pánico al pensar que estaba perdiendo la ilación (cuidado!, "ilación" va sin "h", no tiene nada que ver con "hilo", busquen en el diccionario). Comencé a sudar, y creo que hasta se me notó que estaba nervioso. Así, aunque creo que logré llegar a 20 minutos, pasé, sin pensarlo mucho más a la sesión de preguntas y respuestas. Al solicitar preguntas, nadie se atrevía. Yo había traído conmigo unos 60 billetes venezolanos de baja denominación (5, 10 y 20 bolívares), los había dividido en dos paquetes (para repartir también en la charla del día siguiente con los alumnos de Lance). Y les dije: "para aquellos que pregunten, les tengo un pequeño regalo, un billete venezolano, vale muy poco, pero les puede servir como recuerdo o curiosidad", al apenas terminar de decir esto, muchas manos se levantaron, y comenzó una muy buena conversación entre ellos y yo. Algunos levantaban la mano sin tener una pregunta en mente, ya que al levantarse para formular la pregunta tardaban unos segundos en comenzar. Fue muy divertida esta sesión, las preguntas eran cosas como "qué ciudades de China había visitado", "qué ciudad me gustaba más", les dije que sólo había estado en Hong Kong, y que no podía comparar con nada más ya que en Wenzhou no había salido todavía de la universidad. Sin embargo, me preguntaron esto como tres veces. Cuando les dije que pensaba ir para Beijing dijeron "guaaaoooo", "¿no han ido a Beijing ustedes?", casi todos me respondieron "noooo". Mucho menos habían ido a Hong Kong. Alguien me preguntó por los animales exclusivos de Venezuela. Casualmente tenía en la mesa una postal de un baile folklórico en los Andes (creo) donde las personas se pintan toda la cara de negro… se las enseñé y les dije "esto es un equilatrix", un largo "guaaaaoooo" se oyó en el salón, por supuesto al instante les dije que era una broma, que era un muchacho con la cara pintada (risas). Me preguntaron que cómo se conocía la gente para casarse (cómo se hacían novios), "la universidad es un buen lugar para conocerse", les dije, "¿ustedes no tienen novios o novias aquí?", nadie me respondió, ¿había metido la pata?, les conté cómo era la cosa en Venezuela. Cuando les dije que yo tenía tres hermanos dijeron "guaaaooooo", y cuando les dije que mi papá había tenido once hermanos dijeron "guaaaaaaoooooooooooo", recuérdese la política de "un hijo por familia" que se aplica en China, que ya tiene 1300 millones de habitantes. Hubo otro "guaaooo" cuando les enseñé la foto del Salto Angel. En fin, fue una buena sesión de preguntas y respuestas, que en mi opinión salvó la actividad.

Charla sobre Venezuela a estudiantes de la Universidad de Medicina de Wenzhou

Luego de la charla, tomamos algunas fotos, al principio eran muy serias hasta que les dije que por qué no nos tomábamos una "rochelera" (tuve que explicarle cómo era eso, agitando los brazos, diciendo "eeeeeeh", etc), para mi sorpresa, lo hicieron. Luego algunos estudiantes se quedaron con nosotros para seguir haciendo preguntas. Hubo una que me preguntó sobre mis creencias. Me asusté un poco, no supe cómo responder a esto dado que en China está prohibido la enseñanza religiosa, especialmente si es por parte de extranjeros. Audrey salió al rescate y le dijo que nosotros éramos bahá'ís sin mucha más explicación. Audrey me dijo luego que si ellos preguntan no hay problema.

Después de la cena, le pedí a Audrey que me diera unas vuelticas a pie, por los alrededores de la universidad. Salimos, atravesamos la avenida y nos internamos en una especie de barrio, algo oscuro para mi gusto, de calles estrechas y con buhoneros. Esto sí que me recordó a Cuba. Algunos se nos quedan viendo. Éramos lauais, "extranjeros". Según me explicó Warren, lauai en un principio significaba "diablo viejo" y era la forma como en la antigua China llamaban a los extranjeros. Pero parece que ahora no tiene sentido peyorativo. De regreso por la avenida, entramos a un par de tiendas de CD's piratas, tanto de música como de video. China, el paraíso de las copias piratas.

Regresamos sin novedad a la universidad, y así terminó este día en Wenzhou.

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