Dos Semanas en China IV |
| Mayo 20 Paseo en bus por Wenzhou. EL mercado. La casa de té. Domingo. Comenzando igual que el día 19: "Al despertarme me asomé por el balcón y vi" a una gran cantidad de estudiantes en competencias de atletismo (pista y campo), desde mi balcón tenía una vista privilegiada del campo deportivo. Me quedé viendo algunas de las carreras. De fondo tenían música marcial o de estilo "desfile", todo el tiempo. Luego de desayunar, metí en la lavadora la ropa sucia, aprovechando que podía dejar parte de mi equipaje allí, hasta mi regreso de Beijing. Tengo que mencionar a las dos muchachas encargadas del piso 4: Song Lin y Ya Qing (les recuerdo que la "q" se pronuncia como "ch"), de aproximadamente 24 años. Una de ellas, que a mí se me pareció una muchacha de los andes venezolanos (por supuesto con los ojos achinados), era de X'ian y tenía un bebé. Ninguna de las dos hablaba nada de inglés, y como siempre, cuando esto sucedía, les hablaba en español, total, para ellas era lo mismo. De manera que a veces teníamos una conversación chino-español, con un porcentaje de entendimiento de un 10%, y esto gracias a las señas. Tenía un "libro de frases útiles" que a veces ayudaba algo. Les enseñé a decir "hasta luego", lo decían muy bien. Las muchachas trabajaban como hasta las 10 pm y siempre estaban en su escritorio en un extremo del pasillo con su ventilador, sus naipes y libros. En consulta con Audrey decidí ir para Beijing al día siguiente, allí estaría dos días y luego me iría por tren hasta X'ian, el viaje duraba 15 horas, en X'ian estaría otros días y luego regresaría en avión a Wenzhou. Salimos a comprar el pasaje, lo hicimos en una especie de agencia de viajes gubernamental, me hizo recordar a Cuba, esto es un sitio al estilo de los años 60, de techo alto y de paredes "peláaa'as", como diríamos en Maracaibo, es decir, sin ninguna decoración. Traté de comprar el boleto para el vuelo más temprano posible, pero ya estaban llenos los de la mañana, así que el primero disponible para el lunes era como a las 6:25 pm, vuelo CA1540, llegando a la capital china a las 9:00 pm. El boleto costó 1390 yuanes. De allí tomamos el bus de la ruta 40, ya que este bus pasaba por una calle que habían descubierto Audrey y Lance llamada Ma'anchi ("Manchi" es como me dicen en la casa). Algo interesante que pasó en el autobus: cada vez que nos montábamos en un bus, Lance y yo subíamos primero y Audrey de último, no por cosas de machismo, sino porque Audrey es la única que hablaba mandarín, y ella podía preguntar, pedir vuelto, decir que ella pagaba, etc. Bien, como siempre esta vez Lance y yo primero y pasamos frente al chofer sin decir nada e inmediatamente comenzamos a caminar hasta el fondo que es donde habían puestos disponibles, el chofer dice algo en voz alta, pero como no le entendimos nada seguimos tranquilos hasta sentarnos, la gente nos mira, no nos extraña porque siempre nos miran. Luego Audrey, nos dice, después de haber pagado y llegado hasta donde estábamos nosotros, "¿saben lo que dijo el chofer?", ni idea, le contestamos, "Epa, esos dos no han pagado!", claro el tipo se calmó cuando Audrey le dice que ella iba a pagar por todos. El "paseo" en el bus sirvió para conocer algo más de la ciudad, pasamos por la calle Ma'anchi, "allá está, allá está", me dice Audrey, por un mili segundo vi el cartelito, que felizmente estaba también en letras latinas. Creo que se cumplió uno de los mini sueños de Audrey (digo "mini" porque no es tan importante, pero me imagino que cuando la vieron ellos por primera vez dijeron "cuando venga Manchi lo traemos para acá", lo hicieron!). Seguimos y seguimos en el bus, me di cuenta que Wenzhou es una ciudad bien grande. Vimos como el progreso se abre paso entre las cosas viejas, muchas construcciones nuevas siguen su continuo remplazo de las más tradicionales, desde cierto punto de vista da lástima, vi muy pocas "chinas" en Wenzhou. Nos bajamos en un sitio donde vimos buhoneros, Audrey y Lance decían que tenía que comprarme unos lentes de sol. Llegamos como a una especie de hospital, las aceras estaban llenas de vendedores, ropa, baratijas, adornos, animalitos como periquitos, perros y canarios. Audrey comenzó a preguntar por los lentes, hubo una señora que pidió unos 5 dólares, me pareció bien, pero Audrey se escandalizó por lo caro. Caminamos y caminamos y finalmente encontramos unos por sólo dos dólares (USD), Lance también se compró unos iguales. Con mi gorrita de béisbol, los zapatos deportivos "Converse" (designed in the USA), mis lentes oscuros y mi cámara, realmente me sentí como el verdadero turista. Le dije a Audrey que quería comprar un estuchito de esos que se colocan en la correa para meter los lentes cuando no los necesitara, vimos otro buhonero y Audrey comenzó a preguntar, mientras tanto Lance y yo nos quedamos viendo a Audrey cómo regateaba con el vendedor, en eso nos vimos rodeados como por unas diez personas curiosas que hicieron un semicírculo para poder ver el espectáculo de unos lauais regateando. Nos pasó varias veces. Mientras Lance y yo, estabamos concentrados viendo el trabajo de Audrey, se me acercó un muchacho tratándome de vender unos binoculares, yo le pedí a mi maestro (Lance) que me dijera qué hacer, Lance, sin apartar la vista de lo que hacía Audrey me dijo, dile buyáo. Así lo hice, pero el tipo insistía, le vuelvo a preguntar a Lance y éste dice "continua, continua", y fue cuando comencé a decir " buyáo, buyáo, buyáo, buyáo ", el vendedor se sonrió y dejó de insistir. Por cierto buyáo significa "no quiero". Finalmente no encontramos el estuche, seguimos caminando, nos compramos unas Cocacolá como le dicen ellos a la Coca Cola (no conocen eso de Coke), Audrey se compró una botella de algo que parecía té, pero sufrió para terminárselo, sabía horrible según ella. No encontrábamos la parada del bus que nos regresaría a la universidad, caminamos de aquí para allá, casi tomamos un taxi, pero a alguien se le ocurrió que podíamos tomar otro bus que nos dejaría cerca. Antes de llegar, fuimos hasta el mercado, o mejor dicho, hasta los alrededores del mercado. Por esas callecitas llenas de buhoneros que con sus kioskitos y tarantines colman las calles de manera tal que es difícil el tránsito automotor circule por tales laberintos. Como normalmente ocurre, estos lugares son de mucho interés en cualquier ciudad del mundo, es aquí donde los nativos compran las cosas del "día a día", todo esto es parte de la verdadera vida. Y así caminando nos topamos con algo que realmente quería ver, la venta de sapos, culebras y lombrices vivas. Los tienen en cajas plásticas y hay muchísimos de ellos, hasta tuve la suerte de ver a una señora comprando ranas, la vendedora ya había matado y quitado la piel a las ranas que la cliente había seleccionado, pude ver cómo le cortaban las patas a los anfibios y luego las metían en su bolsita plástica. Alguien me dijo que éstas no eran ranas ni culebras silvestres, que son animales criados en sitios especiales, para mí era la misma cosa. Nos tomamos varias fotos, a cualquier parte que íbamos se nos quedaban viendo, aun más si nos tomábamos fotos. Regresamos al hotel, almorzamos, vimos una película en la computadora de Lance y Audrey. Descansamos y a las siete de la noche ya nos disponíamos a salir hasta para una casa de té, donde nuestra amiga Chen Xiao Hong nos había invitado. Según me dijo es una tradición invitar a alguien que se va a tomar el te en una de estas casas. Audrey, Warren y yo tomamos un taxi hasta la Wú Fú Lín Chá Zuó, las últimas dos palabras significan "lugar de té". Como es bien sabido, el té es un descubrimiento de esta parte del mundo, y muchos de los idiomas orientales la palabra para té es chá. Por cierto, Lance estaba muy cansado y por eso no vino. En el sitio nos esperaba Chen Xiao Hong, los alrededores eran más o menos como yo me había imaginado China, un tanto oscuro, las calles no muy bien pavimentadas y las casas aunque muy pocas al estilo chino, eran edificios cuadrados con poca imaginación arquitectónica. La fachada externa del Wú Fú Lín Chá no decía nada de lo que era por dentro. El lugar es muy bonito, arreglado al estilo chino, con grandes cuadros con caligrafía china, adornos, dragones, etc. Subimos por las escaleras hasta un segundo piso, allí a un lado estaba la zona del té, los clientes se sientan en una especie de huecos cuadrados revestido de madera pulida, de donde se sacan también las sillas. En el centro está una mesa de madera con los implementos necesarios para la preparación del té. En estos huecos caben fácilmente sentados ocho personas, dos por cada lado del cuadrado. Apenas nos sentamos en uno de los sitios disponibles, llegó una muchacha local vestida con un vestido chino, de esos largos ceñidos al cuerpo, con un carrito de dulces extraños, cada quien seleccionó una o dos porciones, pero como los colocamos en la mesa, todos probamos todos. Algunos estaban sabrosos. Unos quince minutos después, llegó otra muchacha con igual vestido, se sentó con nosotros y comenzó a preparar el té. Todo lo hacía con un ceremonial y unos ademanes muy refinados. Primero limpió los vasitos con agua caliente, tomando las cosas con unas pinzas de madera, era un vasito mínimo para cada uno, con menos capacidad que una tacita de café. Sacó el té de un recipiente y lo echó en la tetera, al estar listo vertió la infusión en los vasitos, los tapó con otros vasitos y tomándo uno de ellos con una mano, más específicamente con los dedos pulgar e índice, lo volteó con un movimiento rápido, de manera que el té quedó en lo que antes era la tapa. Nos echó té en cada uno de nuestros pequeños vasos, nos los tapó con sendas tapitas y nos invitó a que hiciéramos la maniobra de voltearlos. Fue interesante la cosa, algunos teníamos cierto temor de que se nos fuera a botar, pero nada, cada quien lo logró. La cantidad en los vasitos es tan pequeña que prácticamente en un sorbo nos lo tomamos todo. Pensé en que "tanto trabajo para tomarlo en tan poco tiempo", pero cuando todos terminamos, la anfitriona nos volvió a llenar los vasitos, y así una tercera ronda, y la cuarta casi pensé que ella se iba a quedar con nosotros todo el tiempo, cual geisha, pero no, a la cuarta, se fue y Chen Xiao Hong tomó su lugar. Seguimos conversando y conversando, más rondas y mas rondas. Nos dijo Chen (nunca supe cuál era su nombre de pila, recuérdese que en estos lugares, el apellido se dice primero, así que no sé si es Chen, Xiao o Hong o todo como normalmente le dicen en su casa. Como sabía que se me iban a olvidar, dejé de hacer un esfuerzo en acordarme de los nombres de la gente), bueno sigo, nos dijo Chen que en sitios como estos es donde a veces los hombres de negocio se sientan a discutir, lo mismo que se hace en occidente en los restauranes o barras. Cuando se nos acabó el té de la tetera, Chen tratándose de acordar de toda la ceremonia, hizo nuevamente el té y comenzamos otro juego de rondas. Estuvimos en ese plan como dos horas. Entre tanto se sentaron en el "hueco" al lado nuestro unas personas chinas jóvenes con otro lauái que parecía ser europeo (inglés o francés). En la sala de al lado, justo en la entrada, había una muchacha tocando un instrumento parecido a una cítara india, lo que ayudaba a darle un toque místico al ambiente. Fue todo una experiencia muy interesante. Antes de cerrar este día, quisiera comentar que cada vez que pasábamos por la noche (entre siete y nueve pm) frente a los edificios de la universidad que servían como residencia estudiantil, en la planta baja (como decir el lobby) había siempre un grupo como de treinta personas viendo la televisión, casi siempre en el edificio de los hombres eran juegos de fútbol o de basket, y en el de las mujeres, telenovelas, pero también es cierto que algunas veces los hombres también veían las novelas. Cuando íbamos por las caminerías muchos estudiantes saludaban a Lance, y éste tenía un especial saludo para los vigilantes de la entrada, les daba la mano, les hablaba todo en inglés ¿entendían?, creo que no, pero siempre respondían con saludos similares, moviendo la cabeza y sonriendo. Mayo 21 Llegada a Beijing. Lunes. Día relativamente tranquilo, Audrey y Lance tenían que ir a sus respectivas clases. Yo desayuné con ellos y regresé a mi habitación. Me puse a leer, a arreglar mi maleta. Audrey me prestó un morral para llevar a Beijing sólo lo necesario, muy buena idea. El plan que Audrey me sugirió fue ir a Beijing por dos días completos, y luego ir en tren hasta X'ian, ciudad muy interesante localizada en el centro de China, es allí donde descubrieron el famosos ejército de terracota. Y es la antesala para aquellos viajeros que se dirigen al Tibet. El viajecito en tren era de 15 horas. Audrey me recomendó mucho ese sitio, y hasta me dijo cuando me vio un poco vacilante: "no te me vayas a hacer el loco con X'ian". Mi temor principal era el asunto de comprar el boleto de tren, buscar hotel en X'ian y luego el avión de nuevo hasta Wenzhou, como dos horas de viaje. Es que Audrey y Lance me hablaron tanto de los sufrimientos en los trenes que para ser sincero tenía cierto temor con todo esto. Luego de arreglar mi habitación, fui a revisar mi correo en internet. Escribí mis reportes y se lo envié a mis familiares y amigos. También revisé los periódicos venezolanos como Panorama, El Universal y El Nacional. Leyendo uno de los diarios de Maracaibo, Panorama, me di cuenta de una extraña casualidad, ese día en Maracaibo le agregaron un "7" a todos los números telefónicos, y ese mismo día en Wenzhou, se hizo lo mismo pero agregando un "8". También supe de los venezolanos que subieron al Everest en la primera expedición venezolana: Martín Echeverría y Marcus Tobías. Les envié un e-mail felilcitándolos. Soy fanático de las expediciones al Everest, he leído 6 libros al respecto. Almorcé con mis amigos, y con Lance vi otra de las películas en la computadora, creo que el nombre era "Cuestión de Honor", con Robert de Niro. A las 5 de la tarde debía de estar en el aeropuerto, los amigos de la FAO me ofrecieron un auto con chofer para llevarme al terminal aéreo, a la 4:30 pm estaba llegando el transporte, Audrey y Lance me acompañaron. A esa hora Audrey tenía clases particulares de Mandarín, la profesora, una muchacha que me pareció estudiante universitaria vino con nosotros en el auto, y Audrey tuvo algo de sus explicaciones allí. El viaje hasta el aeropuerto fue largo, de día las cosas se ven diferentes!. Llegamos al aeropuerto, un aeropuerto provincial, nada del otro mundo. Audrey y Lance se despidieron allí, regresaron de una vez (no podían hacer esperar al chofer). Bueno, quedé solo para mi periplo por la capital china. El asunto fue sencillo, pagué mis 50 yuanes para el "impuesto de construcción del aeropuerto", por cierto esto me lo pidieron en los tres aeropuertos chinos que estuve, no se veía nada en construcción y nadie me supo decir qué era lo que estaban construyendo. Abordé el avión como a las 6:45 pm, salió a las 7:00 pm, a tiempo. El vuelo estaba completo, y lo más interesante era que yo era el único pasajero "no chino". El avión era como un 727 y me preguntaba ¿dirán los mensajes en inglés aun siendo yo el único no-chino?, pero lo hicieron, sentí como si lo hubiesen hecho especialmente para mi. Yo siempre pido el puesto que da al pasillo, esta vez no fue la excepción, mis dos compañeros eran dos señores. Me entró un poco de terror cuando me acordé que estaría comiendo con más de 100 chinos todos juntos y sin posibilidad de escapar, el terror consiste en que en oriente las personas comen con la boca abierta, "chasqueando" la comida. Es una cuestión cultural que choca mucho a los occidentales. Efectivamente, apenas al entrar el avión en velocidad de crucero, comenzaron a repartir la comida. Gracias a Dios la aeromoza medio hablaba inglés, me preguntó que si quería noodles u otra cosa que no entendí, y le dije "not noodles, the other thing", pero ella sólo entendió la palabra "noodles" y eso fue lo que me dio. Pasé mi cena tratando de concentrarme en mi comida para ver si psicológicamente lograba no escuchar el chasquido de mis compañeros comiendo, pero nada. Hasta escuché algunos eructos en otras filas. Luego de la cena me puse a estudiar el Lonely Planet China, como siempre, excelente guía de supervivencia para viajeros. Especialmente estudiaba los hoteles recomendados, hice una lista de cuatro hoteles de más o menos 50 USD y lo más cerca posible de la Plaza Tiananmen, los dos con más prioridad era en Haoyuan Binguan y el Tiantan Haoyuan Binguan. Cuando estaba en eso, la persona que estaba a mi lado comienza a ver sin ningún tipo de disimulo el mapa del libro que yo estudiaba. Esperé unos segundos antes de tener alguna reacción, para ver hasta dónde llegaba, pero no aguanté, "este es el mapa de Beijing" le dije en inglés, me contestó algo en chino y le dijo también algo a su compañero, definitivamente no podíamos seguir la conversación por falta de entendimiento, así que fue un intento abortado. El avión llegó a la capital china como a las 9:30 pm, tenía un poco de preocupación porque estaba llegando sin reservación de hotel, lo único que tenía eran esos cuatro nombres del Lonely Planet. El aeropuerto era muchísimo más moderno de lo que esperaba, no tiene (desde el punto de vista de un pasajero lego) nada que envidiarle a los grandes aeropuertos del mundo. Probablemente hayan hecho un esfuerzo en su renovación y mantenimiento debido a que Beijing para ese momento era candidata a ser sede de los juegos olímpicos del 2008. Aunque millones de occidentales han venido a esta ciudad, me sentía como una especie de Marco Polo moderno, conozco muy pocas personas que han venido hasta aquí. A pesar de lo que parece, los venezolanos no son adictos a los viajes. Y aquellos que viajan lo hacen a Miami, Nueva York o España, y eso sí, con todas las comodidades. De manera pues, que por estos lares, son pocos los que han llegado. Luego de tomar mi maleta, me dirigí hacia la salida con la esperanza de encontrar alguna oficina de información turística. Me encontré con un stand que con letras grandes decía Hotel reservations, "ése es el lugar!", pensé. Me dirigí hasta allí, me atendió una jovencita que hablaba un inglés más o menos entendible y le pregunté por los cuatro hoteles me interrumpió diciendo "nosotros no trabajamos con esos hoteles, pero tenemos otros, ¿cómo lo quiere?". Le dije que quería alguno que que costara alrededor de 50 dólares y que estuviera en la zona central de la ciudad, cerca de la plaza Tiananmen. Me mostró dos en un mapa de la ciudad, elegí el más barato de los dos: 52 dólares (el otro era como 54, pero la decisión fue porque me dijo que el más barato era más viejo, pensé que quizá sería más tradicional). Le hice un depósito de 200 yuanes, que me los devolverían en el hotel. Llamó y dijo que tenían una habitación disponible pero a partir de las 11 de la noche. Ya eran las 10 pm, y seguramente para cuando por fin llegara al hotel ya serían las once, así que le dije que estaba bien. Como siempre, digo dos noches nada más (por si acaso). La muchacha me explicó cómo llegar, le dije que me escribiera en Chino en un papel la dirección del hotel, de manera que si le mostrara el papel a un taxi éste no tendría problemas en llevarme hasta allá. Así lo hizo, tuve que confiar en ella. Me dijo que tenía que tomar el bus 21 que estaba en la salida tal, pagara 16 yuanes y me bajara en la última estación, X'idan. De allí debía tomar un taxi que no me iba a cobrar más de 10 yuanes. ¿Lo lograría hacer?, tenía que hacerlo, ya había pagado algo. Comencé a caminar hacia el sitio indicado, pero al dar unos pasos me devolví, quise repreguntar, pero esta vez explicando yo para ver si estaba bien. Había entendido correctamente, con esa seguridad me "lancé a lo hondo de la piscina". Encontré el bus 21, primera victoria!. Me cobraron los 16 yuanes esperados. Sólo quedaba un puesto, tuve suerte. Por supuesto, cuando se es el último en abordar sólo queda el puesto en la "cocina" y además al lado de un gordito. Pregunté en inglés, "is this place free?", el gordito me contestó en un inglés muy bueno, "sí, está libre". Traté de comenzar una conversación, sea lo que sea, había que aprovechar al angloparlante. El muchacho, como de 25 años era chino pero vivía en San Francisco, California. Nació en Beijing pero desde pequeño vive en Estados Unidos, venía de visita. Le pregunté por la estación X'idan y me dice "ah sí, es la última, pero yo me bajo antes, unos amigos me esperan voy para un hotel muy barato. No tienes ningún problema, allí hay muchos taxis". Hablé algo más "small-talk" como dicen en "los estéis" (USA). Llegó la hora de quedarme sin nadie con quien conversar, la mitad de los pasajeros ya se habían bajado. Vale decir que el bus era bastante cómodo, aire acondicionado y muy moderno. Otro mito que se derrumbaba, esperaba una transporte viejo y destartalado. El viaje duró como media hora, pero siempre me pareció estar dentro de la ciudad, pasamos por una avenida muy larga y ancha. Aunque relativamente pocos autos. De pronto la Plaza Tiananmen y la famosa foto de Mao!, esto es Beijing!. Al poco tiempo, llegamos a la última parada: X'idan. Como todos los demás, me bajé del bus. Éramos unas diez personas. No tenía problemas con el equipaje ya que yo sólo tenía el morralito que me había prestado Audrey. Al bajar, la desorientación total, lo peor, sólo había UN taxi y alguien lo tomó primero, todos los demás desaparecieron y quedé yo solo en medio de unos chinos con unos triciclos para llevar pasajeros que me preguntaban incesantemente y varios a la vez, que a cuál hotel iba. Yo les decía "no, necesito un taxi", pero ellos de alguna forma me decían "¿cuál taxi?, aquí ya no hay taxis, sólo nosotros". Y la verdad era esa, no me gustaba mucho la idea de montarme en uno de esos triciclos, hubo uno que insistió, ¿cuál hotel? Y me mostró unos trípticos, miré el papel donde tenía el nombre del hotel al que iba (nunca lo había leído) Grand Skylight Hotel, 45 Beixinhua Street, Xicheng District. Le dije, "un momento, éste es el hotel!", uno de los trípticos correspondía con el nombre. Más confiado le dije, "éste mi hotel, ¿por cuánto me lleva?", me dijo que 10 yuanes. 10 yuanes!, lo mismo que un taxi, pero no habían taxis. Bueno, pensé que si me montaba allí, eso pasaría a ser parte de mi anecdotario, "que cará, vamos a darle!", me dije. Me monté en la parte posterior del triciclo. Recordé que en las películas siempre pasan a los chinos llevando en una especie de carretilla a pasajeros, esta era igual pero en vez de a pie, era con pedales, tipo bicicleta. Comenzamos el recorrido, el señor le daba rápido, había una subidas y me dio cierta vergüenza que me llevaran así, como el "amo" y el "siervo". Me metió por unas calles oscuras y solitarias, ya me estaba asustando, seguramente iba por un atajo. Después de cinco minutos llegamos al hotel, se veía muy lujoso desde afuera. "Puf!, tremendo hotel y yo llegando de esa manera!" fue lo que pensé, pero después supuse que esto probablemente es normal aquí. El hotel tenía incluso un "botones" que baja la maleta y te lleva hasta la recepción. El hotel se veía solitario, ya eran más de las once de la noche. Me registré, la empleada hablaba un inglés muy, muy pobre. El botones otras tantas palabras muy mal pronunciadas, le pedí un mapa de la ciudad mientras me registraban. Me trajo uno que pensé que era regalado, pero me costó 8 yuanes (1 dólar). Leí un letrerito que decía "Tours a la Gran Muralla", le pregunté al muchacho cuándo salían estos viajes y no terminé de preguntarle cuando me puso a alguien en el teléfono, era una muchacha en perfecto inglés. Me dijo que salía al otro día a las ocho de la mañana desde el hotel, le pregunté cuánto costaba y me dijo "180 yuanes (22,5 dólares)", exclamé: "¿Ciento ochenta yuanes?!", ella me dijo "sí, pero incluye almmuerzo!. Ella pensó que me parecía caro, pero mi sorpresa era por lo barato, más aun cuando el paseo es desde la 9 hasta las cinco de la tarde, e incluye no sólo el almuerzo sino también el boleto para entrar en las tumbas de la dinastía Ming y la Gran Muralla. Me preguntó por el número de la habitación, le dije que no lo sabía, "¿qué no lo sabes?", no me lo habían asignado aun, pero apenas dijo eso me dieron mi habitación: 257. Le di una (supongo que buena) propina al botones, quien me acompañó hasta mi habitación, ésta era simple pero suficientemente buena para lo que esperaba. Aire acondicionado, televisor de 19 pulgadas (nada de cable, sólo canales del gobierno: CCTV), un baño sencillo pero con sus jaboncitos, champucitos, enjuagues, etc. en las clásicas botellitas de hotel. Estaba limpio, bañera. Curiosamente, el panel de radio, encendido de luces, las sandalias de papel y cartón, eran exactamente iguales a las del hotel de la universidad en Wenzhou. La habitación tenía dos camas, me pareció bien por el precio. Además incluía desayuno. Me dió la impresión que éste era un hotel más o menos tradicional y que estaban haciendo un esfuerzo por occidentalizarlo. Las toallas estaban vieeejas, con uno que otro huequito. También es curioso que en cada piso (al igual que el hotel de la universidad en Wenzhou), hay un escritorio para el empleado del hotel encargado del piso. Dejé mis cosas y como me habían dicho que estaba cerca de la Plaza Tiananmen, y recordando lo que me había dicho Mireya Hoa cuando llegué a Hong Kong, no aguanté más y me dispuse a ver algo de la ciudad aunque fueran las 11:30 pm. Bajé hasta la recepción con mi mapa, la muchacha que me atendió aun estaba allí, estaba como sacando unas cuentas, le pedí que por favor me indicara en el mapa dónde estaba el hotel (siempre hago esto, por si acaso me pierdo), pero me dijo que no sabía, que no entendía nada, yo insistí, sólo quiero que me indiques donde está el hotel en el mapa, nada "I'm not english" me decía, no puede ser que no me entienda eso, me molestó su actitud, otra muchacha, también empleada del hotel, que estaba viendo la escena, y que no hablaba nada de inglés, me llamó y me indicó lo que quería. Comprobé así que no era cosa de idioma, sino de ganas de ayudar, pensé en poner mi queja por la poca atención prestada. Me llevé la llave y salí del hotel, estudié en el mapa mi situación y dado que el hotel estaba en la propia calle Beixinhua tenía que ir hacia el norte para encontrarme con la avenida Xichan'an Jie, que hacia el oeste me llevaba hacia la Plaza Tiananmen. Pero el problena: ¿hacia dónde es el norte?, ni pensar en preguntar!. Tomé un rumbo aleatorio, como sólo habían dos posibilidades, la probabilidad era 50% de acertar. Comencé a caminar, otra vez por las calles solas y oscuras, me recordó un poquito a la Habana. Nadie en las calles, "aquí hay pena de muerte, estas calles no deben ser peligrosas", era lo que me pasaba por la mente, caminé como tres o cuatro cuadras, tuve que cruzar en un sitio donde no había otra posibilidad, traté de grabarme algunos puntos de referencia para el regreso. Llegué hasta una avenida muy amplia, ¿sería esa la que buscaba?, me aproximé hasta una esquina, había una entrada que parecía como una estación del metro. Ví un letrero que indicaba que esa era la avenida Qianmen Xiadjie, según mi mapa, ésta también podría dar hasta uno de los extremos de la Plaza Tiananmen, pero ¿hacia dónde era el oeste?. Luego de unos minutos de reflexión, preferí regresar y dejar eso para otro día. El regreso no tuvo contratiempos, los puntos de referencia guardados en mis 2K de memoria funcionaron. De nuevo en mi habitación, me duché y prendí el televisor: increíble la sorpresa, lo primero que vi fue unas escenas de los llanos venezolanos, con el Alma Llanera en español y todo!, luego era interrumpido por una persona que quién sabe que estaría diciendo y luego seguían otras estrofas del Alma Llanera y otros paisajes como los Andes y el Salto Ángel (lástima que no salió nada de Maracaibo). Luego colocaron corrido toda la canción. "Estoy protegido por Dios, esta es su señal!", me dije a mí mismo. Probablemente esto se deba a que el presidente Chávez ya llegó a China, pero de todas maneras fue mucha casualidad que encendiera el televisor y lo primero que viera haya sido el segundo himno nacional de Venezuela! |