Dos Semanas en China V |
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| Mayo 22 Visita al centro de Jade, Academia de Medicina Tradicional China, tumbas de la disnastía Ming, la Gran Muralla y la Plaza Tiananmen Martes. Me levanté temprano en la mañana, a las 6:30, mientras me lavé y vestí dieron las siete, el desayuno comenzaba a las 7:30, a las 7:15 estaba en el restaurant del hotel. Ya se encontraban allí los empleados listos para comenzar a servir el desayuno. Entregué mi "ticket", me dieron un plato y fui hasta donde servían la comida, tipo buffet. No se veía muy apetitoso el asunto, habían unos panecitos dulces, otros salados, sopa, "noodles", y por fin huevos fritos, esto último fue lo que pedí, no sólo hoy sino todos los días que allí estuve. Con mi plato me dirigí a una de las mesas, al apenas sentarme se me acercó una de las muchachas que gracias a Dios hablaba inglés bastante bien y me dijo que esas mesas estaban reservadas, y me llevó hasta una de las disponibles. Cuando me senté casi no había nadie, pero al poco tiempo comenzaron a llegar personas y personas, todos chinos, yo era la única persona occidental en el salón. Parecían participantes de un congreso, ya que casi todos tenían consigo unas carpetas todas iguales, y parecían conocidos entre sí. Esto ayudó a sentirme más extranjero, o "cucaracha en baile de gallinas". Algunas personas se sentaron en mi mesa y de nuevo la tortura de escuchar los sonidos bucales de mis co-comensales al comer, así que para terminar el suplicio, traté de comer lo más rápido posible. Después de desayunar, regresé a mi habitación, recogí mis cosas, y me fui hasta el lobby del hotel a esperar a la muchacha del tour. En el ascensor me encontré a una muchacha muy joven que me pareció como de 16 años, chinita, con dos colitas del tipo "crineja", con unos lentecitos de sol modernos y unos pantalocitos muy cortos, muy apropiados para la época calurosa. No le dije nada pero íbamos por el mismo camino. Cuando llegamos al lobby, se me acercó una muchacha como de 25 años, china también y me preguntó en un inglés muy bueno que si yo era el de la habitación 257. Le dije que sí y ella se presentó como mi guía en el tour a la Gran Muralla. Hizo lo mismo con la otra chinita, seríamos compañeros durante el tour. Salimos del hotel y tomamos un taxi, ella lo pagó, y durante el trayecto nos dijo varias veces: "vamos a buscar a otras personas en otros hoteles, no les digan por favor que ustedes pagaron 180 yuanes por el tour, ése es un precio especial para los huéspedes del Grand Skylight Hotel y que para los demás el precio era de 300 yuanes". Mi compañerita de tour no hablaba ni una palabra de inglés, así que nada le pude decir. Llegamos a un hotel de 5 estrellas, allí recogimos a un señor y una señora escoceses, luego me dijeron que eran profesores de una universidad en Edinburgo y que estaban en Beijing por un asunto de la universidad, no parecían ser pareja. Tomamos nuestra "van", y seguimos a dos o tres hoteles más, hasta completar un grupo de una señora holandesa como de 60 años, dos señoras chinas y otros tres chinos más, además de los dos escoceses, la chinita de mi hotel y yo. Tratando de conversar con la chinita logré saber su nombre, era algo así como Wu-yi, pero yo para acordarme le decía "Good Year" como los famosos neumáticos. Rodamos y rodamos en la van a través de las calles y avenidas de Beijing, al pasar por algunos "elevados" veíamos las gigantescas avenidas llenas de autos y bicicletas. La guía nos dijo que en la ciudad existen más de 9 millones de bicicletas. Personalmente me parece un número muy grande, pero lo que sí es cierto es que es realmente impresionante ver tantísimas bicicletas juntas. Íbamos en dirección norte, llevábamos más de media hora de recorrido y todo se veía igual desde el principio, la "capital del norte", que es lo que significa "Beijing", es en verdad una mega-ciudad. Por fin, casi una hora después, comenzamos a ver el campo, y al primer sitio donde nos detuvimos fue un pequeño museo de jade, la famosa piedra verde (también hay de otros colores), donde un guía nos mostraba magníficas obras hechas con dicho material. El salón no era muy grande, pero nos conducía hacia una puerta que al traspasarla nos introducía en un gigantesco salón "full" de todo tipo de adornos hechos de jade, daba risa lo gigantesco del área, no exageraría si digo que era del tamaño de un campo de futbol, con razón la guía nos había dicho que estaríamos allí por media hora. Di unas vueltas por allí, por supuesto no alcancé a ver ni el 10% de las muestras. Algunas eran muy costosas. Me acerqué a ver a un señor que pintaba por dentro de esferas de cristal, con pinceles especiales, paisajes y animales. Como siempre, al uno mostrar interés en algo, llega un vendedor y no te deja hasta que le compres algo. Le compré una de esas esferas, como de 4 centímetros de diámetro, con una culebra pintada, era un regalo para Katiuska, que dado que nació en 1965 su símbolo es ese animal, ya que ese año fue el año de la culebra. El pintor con un pincel especial escribió el nombre de Katiuska por dentro. La esferita me costó unos 20 dólares americanos. Extraño, pero yo fui el único que compró algo de entre todos mis compañeros. Seguimos camino y nuestra próxima parada fue la Academia de Medicina Tradicional China. Había como una especie de museo de fotos con testimonios sorprendentes de curaciones hechas mediante acupuntura, me acuerdo de unas fotos de Mao Zedong (Mao Tsetung) que al final de su vida estuvo en el instituto sometiéndose a tratamiento. Nos metieron a los diez en un pequeño salón donde habían "mapas" del cuerpo humano mostrando los meridianos de acupuntura. Entra una señora vestida con una bata blanca, al estilo médico y nos da la bienvenida, nos explica (en inglés y chino) qué es la acupuntura y la dígitopuntura, en breves palabras, no mas de 10 minutos de explicación. Luego hace un experimento donde nos pide tomarnos de la mano a los diez, y en las manos de los extremos de la cola, le coloca unos cables por donde pasa una corriente eléctrica de baja intensidad, y se supone que deberíamos sentirla. Yo la sentí, pero mi compañero escocés dijo que no había sentido nada. Creo que la prueba era para explicar que el cuerpo humano es un conductor de corriente. Luego llegó un doctor como de 70 años que sólo hablaba chino, la otra señora traducía, y nos dijo que sólo tocando con sus dedos sitios especiales de nuestros cuerpos él podía saber las condiciones de salud en que nos encontrábamos. Pidió un voluntario, sin pensarlo mucho dije "Yo!". Se acercaron a mi y el doctor me tomó el brazo y como si estuviera tomándome el pulso, me dio su reporte: "Tienes problemas en el hígado, debes beber mucho licor", "pues no, soy abstemio, no bebo nada de licor desde hace por lo menos 14 años", "qué raro, tienes algo en tu hígado", insistió. Le respondí "en 1975 tuve hepatitis", "eso es, de allí el problema", me dijo. La enfermera al preguntarme la edad me dijo "aparentas menos edad". Luego me dice que el doctor opina que mis canas prematuras eran por problemas en los riñones. Y por supuesto luego vino la venta!, para ayudarme con mis problemas ellos vendían unas pastillas muy buenas, y me trajo un catálogo, con 23 productos. El número 3 se llamaba "Bao gan yang wei wan (jie du yi gan wan), píldoras desintoxificadoras y benefactoras del hígado. Me habían dicho tantas cosas, que realmente me dio vergüenza no comprárselas. Cuando les dije que sí, comenzaron a tratarme de vender otras dos, pero les dije que sólo una, especialmente cuando supe que el precio era de casi 60 dólares americanos. Les pagué con mi Master Card. De nuevo fui el único que compró algo, quizás hayan pensado mis compañeros que o yo era un tonto o un millonario a quien no le importaba el dinero. Pero una de las cosas que me ayudó a aceptar la compra fue que en el examen para salir de vacaciones que me hicieron en la compañía donde trabajo, la doctora me dijo lo mismo, que si yo era un bebedor porque tenía el hígado un poco duro. Le dije que me había dado hepatitis y dijo "eso es". Desde hace muchos años siento una presión en esa parte del cuerpo, es una cosa de temporadas y tengo que admitir que me tomé las famosas píldoras todos los días por un mes, y no sé si será psicológico, pero ya casi no siento esa presión. Seguimos camino y llegamos hasta un complejo de tumbas de la dinastía Ming, una de las mas importantes en la historia china. Salvando las distancias, el lugar me recordó un poco al Valle de los Reyes cerca de Luxor en Egipto. Este sitio está al pie de las montaña Tianshou (tian significa "cielo"), ocupan un área de 40 kilómetros cuadrados, están enterrados allí 13 emperadores y 23 emperatrices. Hay muchas estatuas de animales y figuras humanas. La tumba más grande es la del emperador Yongle (1403-1427) y su emperatriz. Este fue el emperador que trasladó la capital de China de Nanjing (capital del sur) a Beijing. También está allí el Salón Ling'en, la estructura de madera más grande de China, hecha completamente de la extraña madera del árbol nanmu phoebes.
En este tipo de templos (realmente son tumbas), están expuestas reliquias que
pertenecieron a estos personajes, joyas, vestimentas, espadas, etc. Se necesita mucho más
tiempo del que ofrecen en estos "tours" para ver bien el sitio. Por cierto,
cerca de aquí vi unos camellos, los de dos jorobas, porque los que había visto en Egipto
eran todos de una, los que llamamos "dromedarios". Como se sabe, la muralla fue construida en el siglo II a.C., es decir tiene más de 2000 años, es una verdadera obra de ingeniería, pero sobretodo de constancia, esfuerzo y sufrimiento. Tiene unos 6700 kilómetros de longitud, es como ir de Maracaibo hasta Vancouver en Canadá, o a Punta Arenas en Chile o a Senegal en África (todo en línea recta). Se hizo para proteger el territorio chino de los mongoles. Tiene una altura media de 7 metros, con atalayas cada 180 metros y por sus caminerías pueden ir 10 personas o cinco caballos en paralelo.
Habían en el sitio turistas pero no demasiado. Alrededor de la entrada habían muchos kioskitos de venta de souvenirs. Banderas y banderines en la entrada. Era como el umbral de un castillo. Una puerta grandísima, con atalayas a los lados, en ellas habían dos maniquíes o muñecos vestidos como guardias de la época de la dinastía Ming. La puerta principal de Badaling era el punto medio entre dos tramos de quizá un kilómetro cada uno que subían por la montaña. Nos habían dado 1 hora y 20 minutos para la visita a la Gran Muralla. Tomé el tramo izquierdo, nada especial, sólo que mis compañeras chinas habían comenzado a subir por allí. Las escaleras son impresionantes, los escalones no tienen un tamaño fijo, hay escalones bajos y otros muy altos. Llegué hasta la primera atalaya donde me encontré con mis compañeras chinas, los escoceses y la señora holandesa. Allí ella me dijo que tenía 62 años y de alguna forma la chinita de pantalones cortos, 18. Nos tomamos algunas fotos, bajamos de la torre y seguimos subiendo. Comenzó a pegarme la subida, por un momento pensé en no seguir, me acordé de una foto que vi del presidente Chávez trotando por allí, no me podía ganar. Pero lo que en verdad me dio el impulso que necesitba para seguir fue cuando vi a la señora holandesa que ya me estaba alcanzando!, qué clase de humillación que una persona de esa edad esté en mejores condiciones físicas que yo. Las chinitas se habían desprendido, subí y subí, casi ni me fijaba en el paisaje. Habían tramos realmente empinados, el escalada era hasta peligrosona, algunos pasamanos hechos de tubo ayudaban un poco. Cada paso me costaba un mundo, miré hacia atrás, la señora holandesa ya no se veía, pero un momento, la escocesa (como de 50 años) me estaba pisando los talones!, estaba ya casi en lo que parecía la cima, el "asalto final", el "último esfuerzo", la penosa ascención llegaba a su fin el último escalón!, lo había logrado!. Allí estaban las muchachas chinas, así como algunos otros turistas, también se encontraban unos dos o tres kioskos de ventas de souvenirs y refrescos. Me apoyé en la pared, estaba en una de las atalayas, comencé a marearme, las cosas me daban vuelta, me senté en el suelo, seguí mareado, me voy a acostar en el suelo, me acordé de que los chinos escupen en todos lados, ¿habrían escupitinas por allí?, no lo sabía, y tampoco tenía el ánimo para pensar en ello, así que me acosté boca arriba en el suelo, estaba bañado en sudor. Estuve unos segundos con los ojos cerrados, al abrirlos veo a un señor chino riéndose tomándome una foto, quizás le diría a sus amigos " y este es un lauái muerto de cansancio en la Gran Muralla". Luego llegó la señora escocesa que como para darme ánimo me dice "ten cuidado, la bajada es peor". Le había escuchado eso antes de comenzar a subir a la señora holandesa, pero sabía que eso no era verdad. He subido montañas, y aunque los dedos de los pies y las rodillas sufren, la bajada es mucho más descansada que la subida, por lo menos así ha sido en mi experiencia. Las chinitas estaban muertas de la risa, me tomé unas fotos con ellas, otras en solitario, me tomaron la clásica foto con la muralla china que se extiende hacia el infinito.
El sitio estaba en los 880 metros, y hasta allí podían llegar los turistas, había una cerca de ciclón que impedía el paso. Entre los sovenirs habían como una especie diplomas que certificaban que el comprador había llegado hasta los 880 metros. Algunos eran computarizados, con la foto. Como lo esperaba, la bajada fue mucho más fácil que la subida. Pude ir al mismo ritmo que las chinitas. Al llegar nuevamente al punto de partida, les pregunté si ahora subíamos al tramo derecho (todo por señas), me dijeron un rotundo NO. Yo lo pregunté por broma porque ni acordándome de mil Chávez, o un millón de viejitas subiendo, haría otra vez la terrible ascención. Como todavía teníamos tiempo, me fui a ver a las tienditas de recuerdos que por allí estaban. Me llamó la atención unos budas como de 15 centímetros de alto, y de un material que pareció arcilla, eran un conjunto de tres, pregunté por ellos a la vendedora y me dijo que 50 yuanes, le dije que muy bonitos pero no los iba a comprar, me los dejó en 45, nada. Le compré otras cosas, a las que viendo que se podía pedir rebaja, regatié y en todo me hicieron descuentos, no me pareció caro. Pero ya que parecía que tenían un precio inicial para el regateo, tuve que hacerlo en cada cosa que compré. Entre cosa y cosa, insistían con los budistas, ya iban por 35. Nada, me fui, me monté en el busito, veo a la señora tomando agua mineral, le pregunto dónde la compró y me señala el kioskito de los buditas. Fui hasta allá, pensaron que iba a comprarles los buditas, "no, no quiero una botellita de agua mineral", me la vendieron y cuando comencé a caminar otra vez hacia el busito me dijeron "está bien, última oferta: 20", me devolví y se los compré antes de que se arrepintieran, algo más de 2 dólares por tres estatuillas de Buda en una cajita muy simpática me pareció una real ganga. El regreso fue sin problemas, otra vez Beijing, eran ya las cinco de la tarde, dejamos a todos en sus respectivos hoteles, Wu-Yi y yo fuimos los últimos, nos despedimos y no la vi más. Ya en mi habitación, tomé un baño con agua caliente como de media hora, y descansé un rato viendo la TV para ver si había alguna noticia de Chávez, quien ya debería estar en la capital china. Como a las siete de la noche salí del hotel con la idea de visitar a la Plaza Tiananmen y comer algo (esperaba encontrar algún McDonald's). Tomé la dirección bei (norte) de la Beixianhua Jie (también había una Nanxianhua Jie (nan significa "sur", de allí que Nanjing, sea la "capital del sur"). Esta era la dirección que había tomado el día anterior en la noche, llegué hasta la Xichang'an Jie, ahora más orientado sabía que tenía ir hacia la derecha. Caminé y caminé, la avenida era anchísima, era una de esas avenidas como para hacer los grandes desfiles militares de los países comunistas. Habían edificiones gigantescas, en el otro lado de la avenida estaba el parque Beihai, según los folletos y el Lonely Planet parecía un sitio digno de una visita. Caminé y caminé, en el mapa todo se veía cerca, pero la verdad es que fue a los 20 minutos que por fin divisé la edificación que sirve de entrada a la Ciudad Prohibida y que tiene la enorme foto de Mao. Así que ya estaba en otro de los sitios que siempre quise estar!, inmediatamente vino a mi mente las escenas de la rebelión estudiantil de 1989, especialmente la del estudiante parado frente al tanque de guerra. La plaza Tiananmen, en el verdadero corazón de Beijing, es un lugar muy amplio de 44 hectáreas, lo que la hace la plaza más grande del mundo. Tiene a su alrededor edificios muy importantes como el Gran Salón del Pueblo donde funciona el congreso de la república, el Museo Nacional de Historia China, el Museo de la Revolución Popular China, el Palacio Cultural del Trabajo Popular detrás del cual está la Ciudad Prohibida, hacia el sur, el mausoleo de Mao, y hacia el centro el Monumento a los Héroes del Pueblo.
Ya estaba anocheciendo, había muchas personas en la plaza, casi todas chinas. Habían muchas parejas, familias, gente tomando fotos por todas partes. La foto con la gigantesca cara de Mao al fondo era una de las poses más frecuentes, hasta yo quería tomarme una foto así. Algunas personas volaban sus "cometas" ("petacas" en maracucho), que era una especie de hilera de mini cometas todas en el mismo hilo, parecían dragones voladores. Seguí caminando en dirección sur, hacia donde estaba el magnífico Monumento a los Héroes del Pueblo, es la típica escultura del período soviético, hombres y mujeres trabajando, sembrando, y uno que otro soldado. Muy interesante, y frente a él, la imponente estructura donde está el cuerpo de Mao. En el Lonely Planet leí que le decían el "Maosoleo". Ví las horas de visita, de 8:00 am a 11:00 am, éste sería un lugar obligado para ir al día siguiente.
Me acercaba al final de la plaza, buscando un Mc Donald's para cenar, Warren me había dicho que cerca de la plaza había una copia de esta cadena de restaurantes, cuyo símbolo era una gran "M" amarilla pero al revés, es decir, una "W" igual a la de Mc Donald's. Pensando en eso, y en mi cena, se me acercaron tres jóvenes chinos del tipo universitario. Uno de ellos me saluda y me empieza a "sacar" conversación en un inglés muy bueno, mejor que el mío. Me decía: "nosotros somos estudiantes universitarios que estamos aprendiendo inglés queremos saber si podemos conversar algo contigo para practicar, nosotros somos pobres y tenemos que pagar para practicar, trabajamos como mesoneros en restaurantes para ayudarnos a costear nuestros estudios. De vez en cuando venimos a la plaza para hablar con extranjeros y practicar algo de inglés". De los tres, uno era el "chispa", el que hablaba más, el que parecía ser el líder, otro hablaba pero mucho menos y el tercero no hablaba nada. Como estaba solo, y realmente quería hacer algunas preguntas o simplemente hablar con alguien, les dije que estaba bien. Me preguntaron que si ya había cenado, les dije que casualmente me dirigía a comer. Rápidamente me dijeron: "¿has probado la comida china?". Les dije que no, y me dijeron que ya que ellos también iban a cenar, que sería buena idea ir todos juntos a cenar, que ellos conocían un restaurant de comida china muy bueno por allí cerca y además barato. Me arriesgué, decidí ir a cenar con ellos. Parecían buena gente, salimos de la plaza y nos metimos por unas callecitas oscuras, comencé a sentir un poco de desconfianza, si la cosa está muy lejos me devuelvo. Pero no, luego de un par de minutos llegamos a una esquina donde había un restaurant del tipo de "platos de peltre", se veía que no era para turistas sino para la gente local. Nos sentamos los cuatro en una mesa y me preguntaron qué quería comer, les dije que como no conocía nada que ellos escogieran, sólo que esperaba no comer cosas como perros, ratas, sapos, culebras, etc Muy bien, pidieron la comida y seguimos conversando, una plática del tipo "small-talk" como dicen los americanos. Por fin comienzan a traer los platos, al menos 5 tipos diferentes, mucho para nosotros. Hasta entonces yo pensaba que había tenido mucha suerte al haberme encontrado con estos muchachos que me estaban brindando tan opulenta cena. Pero fue tanta la comida que comencé a sospechar, "¿será que ellos no van a pagar eso?", me dí cuenta que había caído en una trampa cuando de pronto el líder me dice: "nosotros somos muy pobres, venimos del campo, apenas nos podemos sostener con lo que ganamos como mesoneros, y es más, debemos ayudar a nuestros padres ". "Ay papá, el imbécil es el que va a pagar esto, con razón pidieron tanto", pensé. Desde entonces entró en mí un sentimiento de rabia, volví a caer con los estudiantes tal como me pasó en Estambul y casi en El Cairo. "Los pobres estudiantes". Traté de calmarme, no les dije nada y traté de seguir como si nada. No me pude comer todo, además de que habían algunas cosas que no me gustaban. Lo único que hice fue ser más parco en mis palabras, respondiendo sin muchas palabras. De todas maneras en lo más profundo de mi, todavía quedaba una leve esperanza de que ellos serían los que pagaran, o que al menos entre todos. Y para salir de dudas, dije: "Bueno, ya me tengo que ir, es hora de pagar!". "Ah sí, pidamos la cuenta", lo hace, y luego me pregunta "¿cuánto crees que cuesta esto?, aquí es baratísimo". Dado que eran 5 platos, en Venezuela costarían unos 5 mil bolívares cada uno (7 US$), más los refrescos 30 mil bolívares (42 USD). Cuando trajeron la cuenta me dijeron 380 yuanes (47 US$), "puff me estafaron!", menos mal que tenía la cantidad, ya que allí seguramente no aceptarían tarjetas de crédito. Dejamos casi la mitad de la comida. Ellos me preguntaron si yo no tendría problemas en que ellos se la llevaran para desayunar mañana, esperaban la respuesta con ansiedad, cuando les dije que estaba bien, se pusieron muy contentos y pidieron envases de aluminio para llevar. Lo que pienso es que ellos estaban de acuerdo con los del restaurant para cobrar mucho más de lo que en realidad vale, lo digo porque no es posible que el tour de TODO el día, que incluía un almuerzo en un buen restaurant me haya costado 180 yuanes y esta cena en un restaurant de 3era categoría, aunque sea para 4 personas, 380 yuanes. Por otro lado, ellos sabían que estaban pidiendo una cantidad mucho mayor de la que podíamos comer. Bueno, buen provecho. Con poco entusiasmo me despedí de ellos, sintiéndome como un verdadero imbécil. Total, más se perdió en la guerra. Tratando de olvidarme de la trampa en la que había caído, seguí caminando solo por los alrededores, pasé con cierta "desilusión" frente al Mc Donald's, en una de las esquinas me detuve a observar a la gran cantidad de personas que iban y venían por las aceras. Llegué hasta una parada de autobús, había allí una nube de gente y cuando llegó el transporte, que ya tenía gente adentro, todos los que estaban afuera esperando corrieron como las hordas de Gengis Khan a tratar de embarcarse en el bus, fue un tremendo espectáculo, en Maracaibo a veces pasa esto, pero nunca en tal magnitud, no sé cómo el transporte podía moverse con tanto peso encima. Las 10:30 pm, llegó el momento de regresar al hotel, encontré una pasarela subterránea que llega al otro lado de la avenida, la cual dado lo ancho y la cantidad de tráfico es prácticamente imposible atravesarla. Del otro lado estaba la plaza, seguiría el mismo camino por donde vine y todo sería fácil. Bajé las escaleras, vi a algunas personas en el túnel pero en dirección contraria a la mía. Al llegar al extremo, justo a la salida, un policía estaba cerrando el portón del túnel. No había paso, debía encontrar otra vía, me devolví, busqué otro túnel, lo mismo. Me fijé en la plaza y no había nadie, sólo policías. Resulta que la cierran a las 10:30 pm, pánico!, mi camino de regreso pasa por la plaza. Tenía que tomar un plan B (por supuesto, en el peor de los casos tomaba un taxi y ya!). El nuevo plan consistía en llegar hasta la gran avenida por donde vine, la Xichang'an Jie, tomé una de las calles laterales en dirección norte. Muy oscuro por allí, ya no había tanta gente. Al apenas dar mis primeros pasos, una muchacha de estilo "nerd" comenzó a caminar a mi lado. La miré a la cara y ella también me vio, me sonrió, la sentí vacilar un poco y luego me dijo en un inglés muy bueno, "Hello!, where do you come from?" (Hola!, ¿de dónde vienes?), me pareció simpática y le dije: "de Venezuela en Sudamérica", "Oh, Venezuela, bonito país, qué haces por aquí ", siguió con las preguntas normales en este tipo de situación, me preguntó que hacia dónde iba y le dije que a mi hotel, de paso le pregunté si para ir hasta allá estaba bien la ruta que llevaba, me dijo que sí. Luego empezó a decirme que ella era una estudiante de X'ian, que estudiaba arte en una universidad de Beijing. Siguió, "tengo una exposición de caligrafía china muy cerca de allí, ¿tendrías tiempo para ir a verla?", por un momento casi caigo, hasta que dijo las palabras mágicas: "soy una pobre estudiante y me ayudo con las ventas para seguir mis estudios", imposible que caiga dos veces con el mismo cuento de "pobre estudiante" el mismo día. De la forma más amable posible le dije que estaba muy cansado y que sólo quería llegar a mi hotel, insistía e insistía, hasta ofreció brindarme una cerveza, pero nada. Al fin me dejó tranquilo, y seguí mi camino por esas calles oscuras y solitarias. Después de haberme perdido un par de veces, finalmente llegué al hotel como a las 11:30 sano y salvo. |