Lo que sigue fue tomado de "Lima '80", diario de viaje de Germán Montero Alcalá, del periplo que éste, junto a sus dos compañero de universidad, José Manuel Buitrago y Gesualdo Apruzzese, hiciera desde Maracaibo hasta Arequipa (Perú), pasando por un buen número de ciudades, pueblos y lugares de Colombia, Ecuador y Perú en agosto de 1980.

Agosto 20 y 21 de 1980

Lago Titicaca y Puno

19 DE AGOSTO

Cusco. A las seis de la mañana nos despertamos y comenzamos los preparativos para nuestro viaje a Puno a través del altiplano peruano, el tren partiría a las ocho de la mañana. Agustín, el guía que habíamos contratado durante nuestra estadía en la capital incaica, nos recogió y nos llevó hasta el terminal de trenes, una vez allí compramos en los alrededores naranjas y cambures (bananos). Teníamos asientos en primera clase, nos instalamos de una vez y nos despedimos de Agustín con una propina de 500 soles, le dijimos que lo recomendaríamos si algún amigo nuestro viniera a Cusco.

Los puestos eran para cuatro personas, así que faltaba uno, el cual fue ocupado por un muchacho de unos 26 años que tenía un maletín y unos periódicos. El tren salió con un pequeño retraso, pero no mayor a media hora, lo que para los estándares latinoamericanos está dentro de lo normal. Nuestro compañero de viaje no había dicho ninguna palabra por un buen rato, hasta que se quedó dormido sobre el maletín que llevaba. Observamos el Cusco por última vez, vimos la carretera de tierra que también conducía a Puno, los campos sembrados, ganado, etc.

Después de cierto tiempo, le quitamos los periódicos al muchacho (aprovechando que dormía) y nos pusimos a leerlo, fue así como nos dimos cuenta de los acontecimientos en Polonia con Solidaridad, el periódico, bastante alarmista a nuestro parecer mencionaba, incluso, de la posibilidad de una invasión soviética a Polonia. Se despertó el muchacho y nos tomó in fraganti con el periódico en la mano, nos dijo que no importaba y en poco tiempo establecimos una amena conversación con él. Su nombre era César Álvarez y era ingeniero agrónomo, entre tantas cosas que nos dijo, habló sobre el bajo sueldo que reciben los ingenieros en Perú, que uno de sus hermanos estaba trabajando en Brasil y que él había hecho el intento de ir hasta allá, pero las autoridades brasileñas habían puesto muchos obstáculos, al igual que otros países, entre los cuales estaba Venezuela, donde era prácticamente imposible ir, nosotros le explicamos la situación en nuestro país y así se nos fueron las horas. También nos contó que el Dr. Bingham, el descubridor de Machu Picchu, sacó cajones y cajones de oro y todo tipo de joyas, cuestión que estaba prohibida, pero a punta de sobornos, logró llevarse a su país, Estados Unidos, una buena parte del tesoro. Luego de haber sacado bastante, fue que vino a anunciar al mundo su gran descubrimiento, ¿sería esto verdad?, cada quien tiene su versión. El Dr. Bingham estaba financiado por la Universidad de Yale y la National Geographic Society.

Plaza de Armas de Puno

César se encontraba en un viaje de negocios, para montar, junto a un amigo, un negocio con lana de alpaca y llama, para hacer chompas (especie de abrigos) de alta calidad. Le enseñamos las nuestras y nos preguntó cuánto nos habían costado, cuando le dijimos, se puso bravo y nos dijo que nos habían engañado, que eran de lana de llama y que costaban mucho menos, que los nativos se aprovechan mucho de los turistas. Esto es verdad, pero lo mismo ocurre en todo el mundo. Es parte de los retos que deben enfrentar los turistas en cualquier parte, la ignorancia aquí se paga caro. Gesualdo, que junto a su padre tenían una granja en Agua Viva (estado Trujillo) comenzó a hablar de temas agrícolas y así siguieron por bastante tiempo. 

Después del almuerzo, ya nos encontrábamos en pleno altiplano, vimos muchos rebaños de llamas y alpacas. Nos detuvimos (en una de tantas paradas) y unos señores peruanos nos mostraron una montañita como de dos metros de alto, y nos dijeron que era un "volcán naciente", que llevaban años viéndolo crecer y que estaba rodeado de aguas termales. Como el tren se detuvo en ese sitio, José Manuel y Gesualdo se bajaron a verlo de cerca, yo fui con ellos ya que a mi lado se había sentado un señor tan gordo que obstaculizaba la salida y para levantarse tendría que hacer un gran esfuerzo. Según me contó José Manuel, quien regresó muerto de risa, salieron corriendo hasta donde estaba el volcancito, al llegar habían otras personas tomando fotos, parece que a cierta distancia estaba un japonés agachado tomando fotos y de repente, estando así en cuclillas, se le sale un "estornudo anal", durísimo y con remate!.

El paisaje era sumamente interesante, íbamos por una inmensa llanura, cuando de vez en cuando aparecía una montañita, ésta ya tenía nieve, esto es porque el altiplano está sobre los 3000 metros sobre el nivel del mar. A las dos de la tarde llegamos al punto más alto de todo el recorrido, "La Raya", que se encuentra a más de 4000 metros sobre le nivel del mar. Allí había una estación de tren y en frente estaba el Nevado del Vilcanota. En este punto parece que la cordillera andina se ramifica, por lo que se le llama a este punto, "el Nudo del Vilcanota". Desde hacía tiempo atrás veníamos viendo el Urubamba, cada vez más y más pequeño, hasta el punto de que no creo que tendría más de un metro de ancho. Se nos informó que éste nace en el glaciar del Vilcanota, y a esta montaña la teníamos muy cerca, daban ganas de bajarse, correr y revolcarse en la nieve que contrastaba con el intenso azul del cielo. Estábamos muy cerca del nacimiento de uno de los ríos más largos del mundo: el río Amazonas. Lo que pasa es que en el primer trayecto se llama Urubamba, luego toma el nombre de Ucayali y antes de salir del Perú, Marañón. En la ciudad de Iquitos, ya se le conoce como Amazonas, nombre dado por el conquistador español Francisco de Orellana, quien pensó que por allí vivían las famosas mujeres guerreras de la mitología griega.

Seguimos pues, nuestro camino, dejando atrás a La Raya y el Urubamba. Antes de que se me olvide, quiero contar un incidente que nos ocurrió antes de llegar a La Raya. En una de tantas paradas, entra al tren un vendedor de chompas (siempre entraban al tren vendedores de las mil y una cosas en cada parada, hasta comida!) y cuando llega a nosotros, César le pregunta el precio y si mal no recuerdo eran unos 6 mil soles. César se montó en cólera y le dijo que fuera a robar a otro lado, el vendedor, un muchacho como de 20 años de edad, no le hizo caso e insistió en su venta con nosotros, César, quien de nuevo lo llamó ladrón, le dijo que hiciera el favor de irse de allí, que porque nos veía cara de turistas eso no le daba derecho a robar… él le dijo que era ningún ladrón y que casi no le ganaba nada a las chompas. César le respondió que no lo tratara de engañar a él ya que él trabajaba en el comercio de lana de llamas y alpacas, el otro le dijo "si realmente usted trabaja en esto dígame cuánto cuesta un quintal (o algo parecido) de lana de alpaca", César le respondió rápidamente y parece que lo dijo bien porque el otro no dijo nada. La discusión ya se estaba poniendo fuerte, mucha gente nos estaba mirando, nosotros tratamos de calmar a nuestro amigo, hasta que por fin el vendedor se fue. Realmente César estaba bravo, temí que se fuera a las manos.

Ya oscurecido el día, llegamos a Juliaca, importante ciudad comercial, la cual parece ser también el paraíso de los contrabandistas y traficantes de drogas, especialmente la cocaína. Estuvimos parados un buen rato en Juliaca y luego seguimos para Puno, por fin. Ya como a las siete y cuarto comenzamos a ver unas lucecitas y César nos dijo que es Puno, una vez en la estación todo el mundo quería bajar, parecían desesperados, parecía un pandemonium. Una vez abajo vi a la inmensa cantidad de gente saliendo del tren y me entró el aterrador pensamiento de que nos íbamos a quedar sin hospedaje. César nos ayudó, y alquiló, también para él, una especie de bicicletas que estaban estacionadas por allí para llevar maletas y que conducían unos muchachos. Lo hicimos rápidamente, llegamos al hotel más cercano "El Ferrocarril", ya no habían habitaciones, nos fuimos rápidamente para otro, nada!, continuamos hasta el Hotel Lima, y allí encontramos el ansiado hospedaje. Hice la cola para registrarnos en el hotel, delante de mi estaban unas muchachas cuyas caras me eran familiares, "eché cabeza" hasta que por fin di de quién se trataban, las muchachas del Cusco!. La más pequeña era quien escribió su nombre el registro del hotel y pude leer su nombre "Myriam Torres, 21 años, estudiante". Le dije a José Manuel y a Gesualdo que allí estaban las muchachas que habíamos visto en Cusco pero ellos no le "pararon" al asunto, porque no se acordaban de ellas. Les dije que eran las muchachas que se acercaron a nosotros cuando estábamos en el museo del templo de La Merced en Cusco cuando le estábamos tomando fotos a la Custodia y que un señor nos explicaba el uso del fotómetro, pero nada, no se acordaban de ellas.

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El paisaje era sumamente interesante, íbamos por una inmensa llanura, cuando de vez en cuando aparecía una montañita, ésta ya tenía nieve, esto es porque el altiplano está sobre los 3000 metros sobre el nivel del mar. A las dos de la tarde llegamos al punto más alto de todo el recorrido, "La Raya", que se encuentra a más de 4000 metros sobre le nivel del mar. Allí había una estación de tren y en frente estaba el Nevado del Vilcanota. En este punto parece que la cordillera andina se ramifica, por lo que se le llama a este punto, "el Nudo del Vilcanota". Desde hacía tiempo atrás veníamos viendo el Urubamba, cada vez más y más pequeño, 

hasta el punto de que no creo que tendría más de un metro de ancho. Se nos informó que éste nace en el glaciar del Vilcanota, y a esta montaña la teníamos muy cerca, daban ganas de bajarse, correr y revolcarse en la nieve que contrastaba con el intenso azul del cielo. Estábamos muy cerca del nacimiento de uno de los ríos más largos del mundo: el río Amazonas. Lo que pasa es que en el primer trayecto se llama Urubamba, luego toma el nombre de Ucayali y antes de salir del Perú, Marañón. En la ciudad de Iquitos, ya se le conoce como Amazonas, nombre dado por el conquistador español Francisco de Orellana, quien pensó que por allí vivían las famosas mujeres guerreras de la mitología griega.

Seguimos pues, nuestro camino, dejando atrás a La Raya y el Urubamba. Antes de que se me olvide, quiero contar un incidente que nos ocurrió antes de llegar a La Raya. En una de tantas paradas, entra al tren un vendedor de chompas (siempre entraban al tren vendedores de las mil y una cosas en cada parada, hasta comida!) y cuando llega a nosotros, César le pregunta el precio y si mal no recuerdo eran unos 6 mil soles. César se montó en cólera y le dijo que fuera a robar a otro lado, el vendedor, un muchacho como de 20 años de edad, no le hizo caso e insistió en su venta con nosotros, César, quien de nuevo lo llamó ladrón, le dijo que hiciera el favor de irse de allí, que porque nos veía cara de turistas eso no le daba derecho a robar… él le dijo que era ningún ladrón y que casi no le ganaba nada a las chompas. César le respondió que no lo tratara de engañar a él ya que él trabajaba en el comercio de lana de llamas y alpacas, el otro le dijo "si realmente usted trabaja en esto dígame cuánto cuesta un quintal (o algo parecido) de lana de alpaca", César le respondió rápidamente y parece que lo dijo bien porque el otro no dijo nada. La discusión ya se estaba poniendo fuerte, mucha gente nos estaba mirando, nosotros tratamos de calmar a nuestro amigo, hasta que por fin el vendedor se fue. Realmente César estaba bravo, temí que se fuera a las manos.

Ya oscurecido el día, llegamos a Juliaca, importante ciudad comercial, la cual parece ser también el paraíso de los contrabandistas y traficantes de drogas, especialmente la cocaína. Estuvimos parados un buen rato en Juliaca y luego seguimos para Puno, por fin. Ya como a las siete y cuarto comenzamos a ver unas lucecitas y César nos dijo que es Puno, una vez en la estación todo el mundo quería bajar, parecían desesperados, parecía un pandemonium. Una vez abajo vi a la inmensa cantidad de gente saliendo del tren y me entró el aterrador pensamiento de que nos íbamos a quedar sin hospedaje. César nos ayudó, y alquiló, también para él, una especie de bicicletas que estaban estacionadas por allí para llevar maletas y que conducían unos muchachos. Lo hicimos rápidamente, llegamos al hotel más cercano "El Ferrocarril", ya no habían habitaciones, nos fuimos rápidamente para otro, nada!, continuamos hasta el Hotel Lima, y allí encontramos el ansiado hospedaje. Hice la cola para registrarnos en el hotel, delante de mi estaban unas muchachas cuyas caras me eran familiares, "eché cabeza" hasta que por fin di de quién se trataban, las muchachas del Cusco!. La más pequeña era quien escribió su nombre el registro del hotel y pude leer su nombre "Myriam Torres, 21 años, estudiante". Le dije a José Manuel y a Gesualdo que allí estaban las muchachas que habíamos visto en Cusco pero ellos no le "pararon" al asunto, porque no se acordaban de ellas. Les dije que eran las muchachas que se acercaron a nosotros cuando estábamos en el museo del templo de La Merced en Cusco cuando le estábamos tomando fotos a la Custodia y que un señor nos explicaba el uso del fotómetro, pero nada, no se acordaban de ellas.

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Nuestra habitación tenía baño propio, dado que no hacía tantísimo frío, decidimos tomar una ducha. La habitación nos salió por 950 soles cada uno (unos 15 bolívares), más el 10% de impuesto. La poceta (inodoro) no funcionaba bien, tardaba mucho en llenarse, por lo que debíamos tomar agua de la ducha en un potecito y echarla en la poceta, pero cada vez que alguien entraba al baño, tardaba mucho.

Una vez bañaditos salimos a comer algo y a medio conocer la ciudad, cuando llevábamos un par de cuadras se nos acerca un muchachito de unos trece o catorce años vestido con el uniforme escolar y nos dice "ustedes son los venezolanos que mañana se van para Arequipa?", quedamos sorprendidos, y yo hasta me asusté, porque ¿cómo sabía este niño eso?, ¿nos estaría espiando alguien más?, teníamos por regla no decir que éramos venezolanos a menos que fuera una persona de confianza. Entonces le dijimos: "¿y cómo lo sabes?", -"porque el muchacho del hotel me lo dijo", "bueno, sí somos, ¿y?", -"que si quieren yo les puedo comprar los boletos para el tren". La verdad es que nos leyó el pensamiento, porque nos veníamos preguntando cómo haríamos para comprar los boletos, es más lo primero que debimos haber hecho fue comprar los boletos. Al día siguiente, temprano en la mañana debíamos ir a conocer el Lago Titicaca, así que podría ser 

buena idea aceptar la proposición del muchacho. Como se veía de confianza aceptamos su negocio. Nos enseñó unos billetes que tenía guardado en el guante y que eran de personas que le habían dado el dinero para comprar el boleto de tren. José Manuel le preguntó cuánto nos costaría el "favor", y Miguel, que así se llamaba el pequeño comerciante, dijo "lo que ustedes quieran", José Manuel insistió, pero nada!, entonces dijo "Mil soles!", Miguel puso cara de sorpresa y le preguntamos "¿es muy poco?", - "no, no, está bien". Sin embargo le preguntamos "¿no será mucho?", - "no, no, el trato ya se cerró en mil soles!", - "bueno, mañana a las siete de la mañana pasas por el hotel a buscar el dinero".

Le pedimos a Miguel que nos recomendara un restaurant, así fuimos al Ambassador y pedimos lo siguiente: 2 lomos apanados, 1 lomo a la milanesa, 2 tortillas con verduras, 1 té, dos Coca-Colas y 1 pedazo de torta. Todo salió por escasos 1200 soles, 17 bolívares!

Luego de cenar, dimos unas vuelticas por la ciudad y nos fuimos para el hotel, allí hablamos con el muchacho de turno y se ofreció también en comprarnos los boletos para Arequipa. José Manuel de una vez le dio el dinero y cerramos el asunto. ¿Y Miguel? Pregunté yo, ¿qué le vamos a decir mañana?. José dijo que era mucho más confiable darle el dinero al del hotel que a Miguel. Me convenció, pero me dio pena con Miguel. En eso llega un muchacho japonés como de 25 años y pide que lo despierten a las cinco de la mañana ya que tiene que ir a La Paz, Bolivia. Parece que todos los turistas que llegan a Puno siguen para La Paz que está relativamente cerca.

 

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20 DE AGOSTO

Después de un profundo sueño nos despertamos a las siete de la mañana, yo me levanté preocupado por el asunto de Miguel y constantemente le preguntaba a José Manuel qué íbamos a hacer al respecto y José, totalmente 

tranquilo nada respondía, yo pensé que para que se fuera contento tendríamos que darle una buena propina, claro, no los mil soles, pero algo suficiente.

Por fin llegó Miguel y tocó la puerta, " a la porra, llegó Miguel!", lo único que me quedó por hacer fue decirle que le habíamos dado el dinero al muchacho del hotel, que nos perdonara, pero Miguel dijo que eso no importaba ya que él y el hotelero trabajaban en sociedad, tanta preocupación para nada..!

Me arreglé y en poco tiempo ya estaba listo para ir al puerto a pasear por el famoso Lago Titicaca. José Manuel y Gesualdo se estaban tardando mucho, yo no aguantaba más las ganas de salir del cuartico y les dije que los esperaría abajo. Salé a la calle y lo primero que encontré fue a una de esas señoras indígenas que usan como diez faldas (lo que las hace ver muy gordas) y con su sombrerito, estaba vendiendo chompas, se me acerca y con el dejo de por esos lados (rápido y en voz baja) me dice: "señor, señor, cómpreme una chompita, si?", yo le respondí que ya tenía y que no necesitaba otra, pero la señora insistía y no me la podía quitar de encima, total es que le pregunté que en cuánto me la dejaba, pensando en regalársela a uno de mis hermanos, me dijo un precio (no me acuerdo cuánto) pero comencé a regatear hasta que se la compré en treinta bolívares. Regresé al hotel a dejar la chompa y los muchachos aun no habían terminado de arreglarse, de manera pues que volví a bajar y caminandito, caminandito, llegué al puerto. Vi algunos barcos relativamente grandes, algunos eran militares, la mayoría fueron construidos por consorcios ingleses, llevados pieza por pieza en tren y armados a orillas del lago. También estaban allí las célebres lanchitas que pasean a los turistas por las islas flotantes de los uros. Habían allí un grupo de jóvenes españoles con sus morrales discutiendo con un oficial del ejército o algo parecido y un conductor de lanchas, parece que no los querían llevar hasta no sé que isla, me alejé de allí dejándolos con su "rollo", comencé a regresar al hotel y cuando ya llevaba algo de camino, me encuentro a José Manuel y a Gesualdo. Nos devolvemos y comenzamos a buscar una lancha, un conductor se ofrece, aceptamos. El lanchero nos pidió que llenáramos una planilla, pero cuando le dijimos que éramos tres, nos dijo que sólo cabían dos. De pronto nos acordamos que se nos habían terminado los rollos de fotografías y que no podíamos ir así. Nos devolvimos hacia el centro de la ciudad, no encontramos en ninguna parte película para diapositivas (slides), hasta que finalmente los encontramos a 54 bolívares!, en Maracaibo nos costaron 28. En el camino de regreso pasamos por la plaza de toros de Puno, en cada entrada habían colas larguísimas de muchachos y muchachas, eran los que iban a presentar el examen de admisión para la universidad. En eso, vemos a un muchacho que se retira unos cuarenta metros de la fila, y enfrente de todos se pone a orinar..!, si yo le pude ver su perol, todo el mundo pudo hacerlo. Extraño.

De regreso en el puerto escogemos una de las lanchas, el lanchero nos lleva hacia una taquilla donde debemos registrarnos: nacionalidad, número de pasaporte, etc. Como siempre, me ponía a revisar las listas para ver de qué países eran las otras personas, y entre los nombres encontré el de Myriam Torres, las muchachas de Cusco.

Nos montamos en la lancha y en efecto, allí estaba Myriam y su amiga, además de una pareja de italianos y unos turistas franceses. En el barquito cabían diez personas más dos tripulantes.

Por fin a las nueve de la mañana fue que salimos. En las orillas, el lago se ve pantanoso y de poca profundidad, atravesamos varios laberintos de totora, la planta de la cual están hecha las islas flotantes, las casas y los botes típicos del Titicaca. Esta planta es de la misma familia que el papiro egipcio. El agua se veía negra por la poca profundidad, metí la mano en el agua para ver su temperatura y no la pude dejar dentro ni por cinco segundos, muy fría, recuérdese que este lago está a 3812 metros sobre el nivel del mar. La ciudad de Puno iba quedando atrás y ofrecía un hermoso panorama. Pasamos cerca de la isla donde se encuentra el magnífico Hotel del Turistas.

He aquí un extracto del artículo "Titicaca, cuna de la civilización incaica", aparecido en la revista GEOMUNDO de julio de 1977 y escrito por Carlo Peñaherrera y María Julia Casanova: "El lago Titicaca ocupa la parte más baja de la meseta del Collao. Es un lago binacional. Tiene una superficie aproximada de 8.300 kms cuadrados, de los cuales 4.966 están en territorio peruano y 3.304 en Bolivia. Su mayor anchura es de 80 kilómetros…".

"… La totora -planta gramínea que crece en grandes áreas poco profundas del lago- brinda al poblador sus tiernos brotes, que son consumidos como verdura. Además, con sus tallos se construyen los caballitos de totora, que son barcas provistas con velas del mismo material, que surcan airosamente el Titicaca. Con la misma planta, los uros construyen, desde tiempos inmemoriales, sus islas flotantes, donde viven actualmente como sus antepasados, y algunas de esas islas son tan grandes que albergan familias…". "…Titicaca significa roca del puma, la voz titi proviene del lenguaje de los indios aymará, antiguos pobladores de esta zona (anteriores a los incas) y tiene implicaciones felinas. Los indios del altiplano adoraban a los pumas y a los tigres, y los de la zona oriental de Bolivia creían que el hombre que fuese capaz de matar a un jaguar con su lanza, podría convertirse en tigre durante la noche. Esto hace deducir que el nombre aymará Titicaca hace referencia a la isla de la cual el lago toma su nombre. Quizás no es más que una simple coincidencia curiosa que, además, visto desde el aire, tiene la silueta de un puma acechante".

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Después de un recorrido como de media hora, llegamos a la primera islita flotante, ya había en ella algunos turistas. Nos bajamos y damos nuestra primera caminata. La isla en efecto, es flotante, pero está varada. Esta isla tenía como unos cien metros de diámetro, en uno de los extremos habían unas chocitas hechas de la misma totora y donde las familias de esa isla vivían. Estaban también atadas a la isla los clásicos barquitos que según GEOMUNDO se llaman "caballitos de totora", como eran los primeros que veía de cerca, no aguanté las ganas de tocarlos, así lo hice y de pronto sale uno de los nativos (un señor bastante mayor) como llamándome la atención, pero lo hacía en aymará, es decir, no entendí nada, pero gracias a los gestos y a la expresión de la cara, que es un lenguaje mucho más internacional que el Esperanto, entendí que no quería que me acercara!. Hacia el centro de la isla, habían unas indias sentadas haciendo artesanías que ellasle venden a los turistas que los visitan, cosas como barquitos, tejidos, etc. Cuando ya nos íbamos, después de diez minutos, se me acerca un niñito a "martillarme", esto es, pedirme "guan dólar, guan dólar" y me agarró por el brazo y no me dejaba caminar, yo lo llevaba arrastrando, le decía que no tenía y entonces me dijo "reloj, reloj", y hasta tuvo las santas "bolas" de quitármelo, yo volviéndomelo a poner casi salí corriendo para evitar que siguiera el "martilleo".

Seguimos caminos y llegamos a otra islita, bastante semejante a la anterior, en ella Gesualdo se compró un barquito de adorno por unos 350 soles, José Manuel y yo también nos antojamos y después de pasar apuros cambiando por sencillo (ya que los indígenas no tenían cambio para los billetes que llevábamos) compramos los nuestros.

Damos otras vueltas y llegamos a la tercera y última de las islitas en que entraríamos, era la más grande y parece que la más importante. Habían muchos turistas, entre ellos unas señoras venezolanas (incluyendo una muchacha que se pintaba los labios de un rojo muy fuerte por lo que la bautizamos como "Bemba colorá"). Una de las señoras estaba muy emocionada con un niñito que le había mostrado unos dibujos que había hecho en la escuela que estaba allí, sí increíble, una escuela! La pude ver, era una casita hecha de latón, pintada de color celeste y tenía un letrero que decía "ESCUELA FLOTANTE ADVENTISTA", se la comieron estos evangélicos!, pues la señora le compró como cuatro dibujitos y casi nos convence a nosotros para que le compremos también. Habían muchas más casitas que en las islas anteriores. Por un costado habían unas ramas o juncos de totora en proceso de secado, éstos deben secarse hasta quedar completamente de color amarillo ocre si se quiere construir cualquier cosa con ellos, ya que de otra forma se pudren.

EL suelo estaba muy flojo, y habían colocados unos juncos verdes a manera de caminito para saber por donde se podía pasar, yo de terco me salí y se me hundió el pie casi hasta la rodilla. Cuando ya nos íbamos, vi algo que parecía una portería de fútbol, y luego vi la otra, no puede ser!, un campo de fútbol aquí. Además se nos dijo que el equipo nacional de Argentina habían jugado aquí con un equipo de indios uros y éstos le ganaron por paliza a los argentinos.

Comenzamos el regreso y a pocos metros de allí nos encontramos con una lanchita llena de turistas italianos que estaba varada, le ayudamos a sacarla y luego de unos minutos lo conseguimos.

Eran ya como las doce del mediodía y estábamos de regreso a Puno. Yo estaba sentado al lado de la muchacha que se llamaba Myriam, no aguanté más y le dije "ustedes llegaron ayer de Cusco?", - "pues sí, ¿cómo lo sabes?, - "porque las vi en Cusco en la iglesia de La Merced y en otros museos, y eso no es todo, nos vinimos en el mismo tren y estamos hospedados en el mismo hotel". Bueno pues, nos presentamos y hablamos sobre muchas cosas… ellas acababan de terminar la carrera de Economía, la otra se llamaba María Cristina, pero le decían Kutty, muy bonitas las dos!, nos tomamos unas fotos y me acuero que Myriam echando broma dice "Venevisión presenta: paseadores en el Titicaca", esto lo dijo porque parece que pasan muchas novelas venezolanas por allá. Les preguntamos cuánto tiempo estarían en Puno y nos dijeron que se irían esa misma noche a Arequipa, exactamente igual que nosotros!. Hasta le habían dado el dinero al mismo muchacho del hotel para que les compraran los boletos. Les preguntamos si irían en la tarde a ver las famosas Chullpas de Sillustani, pero nos dijeron que iban para Juliaca a comprar un abrigo para Kutty.

 

Llegamos al hotel, nos despedimos de las muchachas, dejamos los peroles en el cuarto y salimos a almorzar. Nos metimos en un restaurancito por el centro como a la una de la tarde, me acuerdo que estábamos al lado de la ventana que daba a la calle y cuando estábamos en plena función alimenticia, una familia entera se instaló desde la calle a vernos comer, me sentí molesto, no me gusta que me "velen" la comida, no podíamos hacer nada para evitarlo, José Manuel decía "no les paren bola, no les paren bola…", no sabía si lo hacían en broma o estaban viendo otra cosa, pero al final, lo que me dio fue risa, estuvieron como diez minutos pegados a la ventana. 

Inmediatamente nos fuimos a la Plaza de Armas desde donde salían los busitos para ir a visitar la chullpas de Sillustani. Nos metimos en una oficinita, compramos los boletos y nos dijeron que esperáramos un poco mientras venían más clientes. Mientras intentamos conocer la Catedral de Puno, pero estaba cerrada. Por fin a las dos y media partimos para ver las chullpas. El busito estaba lleno de turistas jóvenes, suizos, franceses y especialmente italianos. Seguimos por una carretera con curvas y un paisaje bastante seco, íbamos ganando altura y se podía ver el Titicaca, estaban allí los grandes totorales que le daban al lago un aspecto de pantano.

Después de 15 ó 20 minutos de viaje se llega a la chullpas. La entrada era una gran escalera que llega hasta las propias chullpas, éstas son monumentos funerarios, tumbas, que tienen la forma de un gran vaso, como de unos 10 ó 15 metros de altura y están rellenos de piedras de río. En la parte inferior tienen una pequeña puertecita por donde supongo, metían a los muertos. Habían unas 15 chullpas en un terreno seco y bastante grande. El lugar termina con un precipicio, desde allí se ve una imponente vista del lago Titicaca, el agua azulísima y unas islas en forma de tepui en frente, donde se dice que también hay chullpas. José Mauel se tomó una foto sentado en una piedra mirando hacia el infinito con este paisaje de fondo.

Recorrimos con toda tranquilidad el lugar, vimos muchas chullpas, Salimos del área, regresamos al busito y nos dirigimos a un pequeño museo en las cercanías. Se encontraban allí expuestas piezas de cerámica encontradas en los alrededores, así como también utensilios y alguno que otro hueso.

Llegamos a Puno, el busito nos dejó en la Plaza de Armas, eran ya las cinco y media de la tarde, ya emprendíamos la búsqueda de un restaurant para cenar, cuando de pronto vemos a un tipo corriendo por las calles y detrás policías persiguiéndolo, mucha gente se aglutinó para ver qué pasaba, nosotros también nos quedamos. Después de unos minutos regresaron los policías con el hombre quien según nos enteramos, era un reo que se había fugado. Finalmente, en una esquina de la plaza, en un puesto de revistas vimos que todos los periódicos hablaban de un terremoto en Ecuador, el cual había ocurrido el día anterior. Nos preocupamos un poco al pensar que yo les había dejado el itinerario de nuestro viaje día por día y ya, habíamos pasado, en mucho, el tiempo en que supuestamente debíamos haber estado en ese país. Además, parece que el terremoto no fue muy fuerte, sin víctimas que lamentar, pregunté en mi casa sobre el asunto al llegar, pero nadie se enteró de lo que había pasado.

A las seis de la tarde fuimos a cenar al Ambassador, me acuerdo que primero fuimos al hotel a buscar los pasajes que ya el muchacho debía habernos comprado, José Manuel y Gesualdo se habían quedado por allí comprando algo, nuestro "agente" no había llegado, las muchachas de lima estaban allí también esperando al mismo "agente", finalmente llega, me lleva al sitio donde teníamos el equipaje, me entrega los boletos y me dice "se los compré intercalados con las muchachas del 30", el tipo, entre boletos y números, me logró sacar unos 1500 soles por el servicio sin que me diera cuenta, ¿cuánto le habría costado a las muchachas?, no me atreví a preguntarles!. Revisé nuestro equipaje y los platicos de cerámica que con tanto cuidado había llevado desde Cusco, estaban vuelto añicos, a pesar de eso así me los llevé y gracias a Dios mi hermano Héctor los pudo reconstruir.

Llegaron Gesualdo y José Manuel y después de haberme "regañado" (con toda razón) por haberme dejado engañar por el muchacho de los boletos, salimos a comer. De allí nos fuimos a la estación de tren, donde llegamos a las siete de la noche, encontramos nuestros puestos y en verdad estábamos intercalados con las muchachas del 30, pero como los números iban por fila completa, esto es, saltaba al pasillo, ellas quedaron del otro lado!.

Vimos a todo el mundo entrando con toda clase de abrigos, cobijas y hasta "sleeping bags". No nos impresionó mucho porque en casi todas las ciudades que habíamos ido los nativos se arropaban mucho y nosotros como si nada. Pero luego entendimos por qué la gente iba tan abrigada.

Ya acomodado en el vagón y mientras esperábamos a que el tren emprendiera el viaje, me puse a escribir mis notas de viaje, que desde hace mucho las tenía abandonadas.

A las ocho y media de la noche el tren comenzó a moverse rumbo a Arequipa. Recorrimos con toda tranquilidad el lugar, vimos muchas chullpas, Salimos del área, regresamos al busito y nos dirigimos a un pequeño museo en las cercanías. Se encontraban allí expuestas piezas de cerámica encontradas en los alrededores, así como también utensilios y alguno que otro hueso.

Llegamos a Puno, el busito nos dejó en la Plaza de Armas, eran ya las cinco y media de la tarde, ya emprendíamos la búsqueda de un restaurant para cenar, cuando de pronto vemos a un tipo corriendo por las calles y detrás policías persiguiéndolo, mucha gente se aglutinó para ver qué pasaba, nosotros también nos quedamos. Después de unos minutos regresaron los policías con el hombre quien según nos enteramos, era un reo que se había fugado. Finalmente, en una esquina de la plaza, en un puesto de revistas vimos que todos los periódicos hablaban de un terremoto en Ecuador, el cual había ocurrido el día anterior. Nos preocupamos un poco al

pensar que yo les había dejado el itinerario de nuestro viaje día por día y ya, habíamos pasado, en mucho, el tiempo en que supuestamente debíamos haber estado en ese país. Además, parece que el terremoto no fue muy fuerte, sin víctimas que lamentar, pregunté en mi casa sobre el asunto al llegar, pero nadie se enteró de lo que había pasado.

Chullpa (Sillustana)

A las seis de la tarde fuimos a cenar al Ambassador, me acuerdo que primero fuimos al hotel a buscar los pasajes que ya el muchacho debía habernos comprado, José Manuel y Gesualdo se habían quedado por allí comprando algo, nuestro "agente" no había llegado, las muchachas de lima estaban allí también esperando al mismo "agente", finalmente llega, me lleva al sitio donde teníamos el equipaje, me entrega los boletos y me dice "se los compré intercalados con las muchachas del 30", el tipo, entre boletos y números, me logró sacar unos 1500 soles por el servicio sin que me diera cuenta, ¿cuánto le habría costado a las muchachas?, no me atreví a preguntarles!. Revisé nuestro equipaje y los platicos de cerámica que con tanto cuidado había llevado desde Cusco, estaban vuelto añicos, a pesar de eso así me los llevé y gracias a Dios mi hermano Héctor los pudo reconstruir.

Llegaron Gesualdo y José Manuel y después de haberme "regañado" (con toda razón) por haberme dejado engañar por el muchacho de los boletos, salimos a comer. De allí nos fuimos a la estación de tren, donde llegamos a las siete de la noche, encontramos nuestros puestos y en verdad estábamos intercalados con las muchachas del 30, pero como los números iban por fila completa, esto es, saltaba al pasillo, ellas quedaron del otro lado!.

Vimos a todo el mundo entrando con toda clase de abrigos, cobijas y hasta "sleeping bags". No nos impresionó mucho porque en casi todas las ciudades que habíamos ido los nativos se arropaban mucho y nosotros como si nada. Pero luego entendimos por qué la gente iba tan abrigada.

Ya acomodado en el vagón y mientras esperábamos a que el tren emprendiera el viaje, me puse a escribir mis notas de viaje, que desde hace mucho las tenía abandonadas.

A las ocho y media de la noche el tren comenzó a moverse rumbo a Arequipa.

 

Germán Montero Alcalá
Septiembre 1981

 

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