CRUZ NEGRA ANARQUISTA
¡DEJEN QUE SE OIGA
LA VOZ DEL PUEBLO!
El 1° de Mayo no es un feriado, no es un día festivo, sino una jornada de resistencia y lucha de los trabajadores, de los sometidos por un sistema capitalista que niega la dignidad humana a millones de personas, salvajemente explotadas como mercancías que se compran, se venden y se desechan cuando ya no sirven. Hoy la burguesía busca ocultar el significado de esta fecha, haciéndola pasar como “día del trabajo”, cuando en realidad en ella se recuerda el crimen cometido sobre un grupo de trabajadores anarquistas, por haberse atrevido a enfrentar al sistema que los sometía. Los partidos de izquierda, por su parte, limitan el significado de los trágicos sucesos a la lucha por la jornada laboral de 8 hs. Los anarquistas decimos que el sentido de la lucha fue mucho más profundo, pues lo que estaba cuestionado sigue estándolo: es el sistema capitalista mismo y todas sus instituciones, los partidos políticos, la autoridad, la policía, la propiedad privada y el Estado.
Breve cronologia de los hechos:
1870-71:
Trabajadores inmigrantes alemanes organizan las primeras secciones de la
Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) en Estados Unidos.
1880:
Se constituye la Federación de Trabajadores de Estados Unidos y Canadá (AFL).
1884:
El IV Congreso de la AFL reunido en Chicago, en octubre de ese año, acuerda
realizar una huelga general el 1° de mayo de 1886 por la jornada de 8 hs.
de trabajo.
1886:
1° de mayo: estalla la huelga general en Chicago y otras ciudades de Estados
Unidos.
4 de mayo: Acto anarquista a favor de la huelga en la fábrica McCormick,
en Chicago; la represión policial deja varios muertos y numerosos heridos.
El mismo día, cuando la policía intenta impedir otro masivo
acto anarquista en Haymarket Square (Chicago), una bomba arrojada por un
manifestante mata varios policías y deja otros heridos; la posterior
represión policial, con armas de fuego, siembra las calles y plazas aledañas
de obreros muertos y heridos.
En los días siguientes se desata una feroz represión contra todo
el movimiento obrero en general y anarquista en particular; se allanan los
locales obreros, se cierran sus imprentas, se secuestran sus publicaciones.
En las razzias se detiene a más de mil personas, que van siendo dejadas
en libertad.
Finalmente se acusa del atentado a ocho militantes anarquistas: los alemanes
Hessois Spies, Michael Schwab, Georges Engel, Adolph Fischer y Louis Lingg,
al inglés Samuel Fielden y los norteamericanos Oscar Neeebe y Albert Parsons.
21 de junio: Comienza el juicio, en Chicago, contra los ocho militantes
anarquistas.
28 de agosto: Los acusados son declarados culpables y sentenciados a morir
en la horca, excepto Neebe, condenado a quince años de prisión. El fallo
es apelado; en la nueva audiencia se les permitió hablar a los condenados,
que aprovecharon la oportunidad para acusar a sus verdugos y hacer una verdadera
reivindicación de sus convicciones.
9 de octubre: Se ratifica la condena a muerte. La movilización obrera mundial
a favor de los sentenciados lleva al gobernador del Estado de Illinois a
conmutar la pena de muerte de Felden y Schwab por la prisión perpetua, pero
la mantuvo para el resto.
10 de noviembre: Lingg se suicida en la celda de la prisión.
11 de noviembre: Spies, Fischer, Engel y Parsons son ahorcados.
1893:
26 de junio: El nuevo gobernador del Estado de Illinois accede a otorgar
el indulto a los tres sobrevivientes que continuaban en prisión, Nieebe,
Fielden y Schwab, ante el clamor de los trabajadores del mundo.
SI SE CALLA EL CANTOR... MEJOR VOLVER
Todo está tan establecido que sorprende que ciertas cosas no sorprendan. El sistema aprende. Saturno devoró a sus hijos para que no lo derroquen como él lo hizo con su padre. Hoy, el poder no devora a sus hijos "desobedientes" en realidad, sino más bien los invita a comer a su mesa y así es como se alimenta de ellos. En la mesa los hijos lo insultan, le cantan en coros, y hasta le cuestionan su autoridad, y el poder, atento, les llena las copas para que no se les sequen las gargantas con tanto "asesino," "cárcel," o "injusto".
El sistema aprehende. Los hijos, por inocencia o astucia, lo nutren.
Lo supuestamente negador se transforma en afirmación y los opuestos se sintetizan en pluralidad democrática. La ley se fortalece y aparece como realidad única.
León Gieco dio un concierto para la Fuerza Aérea en la Antártida. Sus canciones de "protesta" y "denuncia," censuradas muchas por los militares durante la dictadura, fueron ahora calurosamente aplaudidas. Con el nombre y los símbolos de la istitución por detrás, decorando el escenario, no perdió la oportunidad de pedir cárcel para Pinochet. Cuando un periodista apuró definiciones en un reportaje argumentó, entre otras cosas, que en la base militar se realizaban solo actividades científicas. A principios del siglo pasado la policía del Estado argentino fue considerada la primera policía científica del mundo. Huellas digitales y picana eléctrica, ciencia aplicada al servicio de la comunidad. Desde ciertas actitudes y posiciones un juglar por más que se diga contestatario es necesariamente un bufón de la corte.
Cuando algunos integrantes de la agrupación H.I.J.O.S. mostraron sus remeras y cantaron clamando cárcel para Aztis ante éste y el tribunal que lo juzgaba no estaban indicando más que una adhesión, sin duda inconsciente, al asesino, a todo lo que representa a la institución en la que se encontraban y todo lo que ella garantiza. El discurso policiaco se unifica porque el reclamo tiene el mismo carácter. La dominación incorpora todas, o casi todas las voces. Los balidos validan. El poder sé hegemoniza y legitima, y el Estado se potencia porque su costado izquierdo también es constituyente. La democracia es totalitaria porque inunda y capta todos los sectores, hasta los más "independientes," y los verdaderos disidentes son los menos.
Pero una ideología, una posición, es susceptible de ser contemplada e incorporada por el sistema si tiene en germen, o en directa manifestación, elementos comunes, léase la autoridad.
La mesa está servida para los carroñeros y en el deglutir conviven, con lógica y logística, los afines. El próximo show será, supongo, en Campo de Mayo o en el Club de Verano de los empleados del servicio penitenciario. Copa llena para que no se sequen las gargantas.
CHOMSKY Y EL ANARCO-SINDICALISMO VOLVER
Noam Chomsky es el más conocido defensor del anarco-sindicalismo
en el presente. Su notoriedad como crítico de los medios de comunicación
capitalistas y opositor a la política exterior de los Estados Unidos ha
ayudado a dar al movimiento anarco-sindicalista una visibilidad que no habría
tenido de otro modo. Por otra parte, como anarco-sindicalistas, necesitamos
señalar que Chomsky no es un activista en ninguna organización anarco-sindicalista
y que su mirada no siempre representa lo que otros anarco-sindicalistas
piensan.
Yo estuve particularmente insatisfecho con la entrevista que Chomsky dio
a Anarco-syndicalist Review. En la entrevista, Chomsky toma algunas
posiciones que son “no ortodoxas” para nuestro movimiento, por no utilizar
otros calificativos. Estas posiciones son mucho más cercanas a la democracia
social y al marxismo que al anarco-sindicalismo. Chomsky argumenta que el
Estado es una institución pública y democrática, mientras que las corporaciones
capitalista son dictaduras privadas. Por lo tanto, el Estado debería ser
usado como un arma para atacar el poder corporativo y defender los derechos
de los trabajadores y los desvalidos. Chomsky, poco sorprendentemente dado
su análisis del Estado, también ve a los partidos laboristas como una herramienta
para lograr que el Estado se ponga del lado de los trabajadores en vez del
de las corporaciones, aprobando una legislación de seguridad del trabajador,
subiendo el salario mínimo, etc. El anarco-sindicalismo es, para Chomsky,
un buen ideal, pero para algún tiempo en el lejano futuro o para nuestro
tiempo libre cuando no estamos haciendo cosas más prácticas. Mientras tanto,
sugiere que “expandamos el piso de la jaula” con partidismo laborista y
reformas legales.
Noam Chomsky puede tener esta opinión. Hay ciertamente buenas razones para
ser pesimista acerca de las posibilidades del actual movimiento anarco-sindicalista
de tener mucho impacto sobre lo que las corporaciones están haciendo. Hay
tan pocos de nosotros, y los recursos son limitados. ¿Pero es más realista
esperar mucho de un reformismo estratégico, el cual ha sido probado y falló
en conseguir algún éxito duradero? ¿Son los partidos laboristas alrededor
del mundo más efectivos que nosotros? Enfrentémoslo, la izquierda es minúscula
comparada con lo que era sesenta o hasta treinta años atrás, y la disminución
de la izquierda no puede ser achacada a la minoría anarquista o anarco-sindicalista.
Hay una posibilidad entonces, que los anarquistas y anarco-sindicalistas
tenían razón cuando predicaban hace cien años que descansar sobre partidos
políticos y el Estado corrompería el movimiento laborista y lo conduciría
a la derrota.
Hay una razón para que los anarco-sindicalistas defiendan la acción directa:
paros, piquetes masivos, sabotajes, ocupación de edificios y demás, como
medios para ganar demandas inmediatas. Es porque semejantes prácticas no
requieren gremialistas que se unan al Estado y pasen a formar parte de la
burocracia de gobierno. Era una común experiencia que los trabajadores que
se volvían políticos y oficiales de gobierno gradualmente abandonaran objetivos
revolucionarios. Los trabajadores perdieron todo control sobre sus líderes
votados, una vez que estos últimos eran elegidos para ocupar un cargo. Los
líderes laboristas se volvieron “hombres de Estado” y encontraron que tenían
algo en común con los políticos capitalistas del otro lado. Robert Michels,
en su clásico de fin de siglo, Partidos Politicos, describe una
serie de mecanismos de cómo los líderes de partidos de izquierda y sindicatos
se volvían “oligarcas”. Incidentalmente, uno de los mecanismos que Michels
menciona para mantenerse en el poder era para un líder “indispensable” amenazar
con renunciar. Por supuesto, semejante tiro puede salir por la culata. Entonces,
cuando el líder del Partido de los Trabajadores en Brasil menciona su renuncia
a Noam Chomsky, yo sugeriría tomarlo con pinzas.
La contribución más grande de Noam Chomsky a las ideas anarquistas y socialistas
ha sido exponer la manera en que el sistema capitalista “produce consenso”.
Los medios básicamente limitan el aceptable debate sobre políticas de gobierno
aunque la gente esté teóricamente autorizada a expresar y discutir lo que
quieran. Por lo tanto, la gente es mantenida ignorante en los detalles de
lo que está pasando en el mundo, y los cambios que podrían hacerse. De todos
modos, hay otra manera en la que el capitalismo produce consenso, el sistema
político y “democrático”. La política electoral y de proceso legislativo
son también factores que limitan el debate mientras alimentan ilusiones
sobre la libertad de elegir. Si vos, un trabajador, no votás, no podés quejarte
sobre el resultado. Si votás, no té podés quejar porque ya tuviste tu oportunidad.
De cualquier manera, las decisiones reales que tienen el mayor impacto sobre
la mayor parte de la gente son mantenidas tan alejadas del público como
sea posible. Sólo los políticos de carrera y la elite tienen los votos que
realmente cuentan. Democracia real, democracia directa hasta la raíz, federalismo
descentralizado y autogestionado, no es lo ofrecido.
Ciertamente, han habido ciertas leyes protectoras que la gente común puede
usar, sin embargo, ¿cómo llegaron estas leyes? La mayoría fueron aprobadas
durante tiempos de gran convulsión social, paros, motines, y acción directa
trabajadora de todo tipo. La seguridad social y la administración de salud
de los Estados Unidos fueron creadas en 1971, cuando las protestas anti-guerras,
huelgas relámpago estaban en su pico. Muchos de estos paros eran acerca
de problemas de seguridad en el trabajo que la AFL-CIO ignoraba. La Comisión
Nacional de Relaciones Laborales fue creada en 1935, durante actividades
de un paro masivo de trabajadores, muchas de las cuales eran ilegales y
por fuera de los límites de la AFL. La idea de que estas leyes fueron creadas
por un gobierno iluminado para constreñir el poder de las corporaciones
es absurda. Los trabajadores no estuvieron involucrados en la redacción
de estas leyes. El poder corporativo no terminó, y ha continuado creciendo.
La razón de estas leyes era contener y limitar la lucha trabajadora en canales
aceptables. Lean el preámbulo de la Ley Wagner por ejemplo, la llamada “Carta
Magna” del unionismo en los Estados Unidos. La Ley Wagner fue ideada como
legislación anti-paro y eso es lo que la ley dice. En lugar de paros le
dieron a los trabajadores un mecanismo para votar agentes negociadores oficialmente
reconocidos, la elección NLRB.
Por un corto tiempo después que estas leyes fueron aprobadas los unionistas
hicieron uso exitoso de estas leyes. Desafortunadamente, con el tiempo,
las organizaciones de base que podían organizar el trabajo a desgano, las
sentadas, los paros relámpago*, declinaron. Los abogados de los sindicatos
y los representantes profesionales ocuparon su lugar. Hoy en día más de
la mitad de las elecciones de representantes sindicalistas NLRB se han perdido,
incluso cuando los sindicatos registran elecciones con amplias mayorías.
La dirección empresarial simplemente despide o fuerza fuera de sus empleos
a los que apoyan a los sindicatos. Claro, la mayoría de los despidos son
ilegales, pero los trabajadores enfrentan meses, o inclusos años, de demora
para que la NLRB penalice al empleador. Para entonces la lucha está acabada,
y el empleador alegremente pagará unas pocas miserables multas como precio
de desarticular el sindicato. Entonces, en algunos aspectos, los trabajadores
están peor desde que hay agencias como la NLRB y la OSHA. Al menos sin las
leyes, puede ser posible convencer a los compañeros a tomar los asuntos
en sus propias manos y de tener el trabajo hasta que el empleador atienda
sus problemas. Con las leyes, los trabajadores tienen miedo de tomar alguna
acción, que los puede hacer quedar mal en una corte “neutral”. Así, tenemos
la “producción de consenso” en las relaciones laborales.
Miren los países donde el laborismo más rebelde y revolucionario durante
la última mitad del siglo: Polonia, Corea, Sudáfrica. Estos movimientos
tuvieron que organizarse bajo condiciones represivas, pero fueron mucho
más exitosos que en los países “democráticos”, como en los EE.UU. y Gran
Bretaña durante el mismo período. Entonces, tener una “jaula más grande”
puede no ser tan beneficioso, por lo menos en términos de alcanzar más objetivos
de largo alcance. Si algo ha cambiado la transición a la democracia capitalista
en cada uno de estos países fue en la tendencia a debilitar los sindicatos.
Los líderes sindicalistas se han unido al gobierno, mientras que su burocracia
ha desmovilizado.
Es imposible seguir una política reformista y una revolucionaria al mismo
tiempo, y hacer igualmente bien ambas. La lucha por las demandas inmediatas
puede ser realizada por medio de la acción directa, sin tomar responsabilidad
en las instituciones que uno está buscando abolir. Tomen por ejemplo la
campaña “salario para la vida”. No hay nada malo el luchar por mejores salarios
para los trabajadores más explotados. Es una cuestión de cómo hacerlo. En
el presente la mayoría de las campañas de “salario para la vida” son esfuerzos
reformistas que intentan que los gobiernos locales aprueben ordenanzas requiriendo
que las compañías que contratan para trabajo del gobierno deban pagar a
sus trabajadores un “salario para la vida”. Los trabajadores mismos no están
involucrados, y ningún intento se hace de permitirles organizarse o actuar
por sí mismos. Todo lo hacen los activistas liberales y de los sindicatos
políticos en reuniones del consejo de la ciudad. Incluso si tales ordenanzas
son aprobadas, sólo unos pocos trabajadores realmente se benefician, ya
que la mayoría de los empleadores que pagan los más bajos salarios no tienen
contratos con el gobierno. Una lucha por un “salario para la vida”, si va
ser ganada debe ser peleada en el lugar de la producción, tanto dentro como
a la entrada de los empleadores. Requeriría una lucha de acción directa.
Desafortunadamente, cuando de hecho hablas con aquellos involucrado en las
campañas de “salario para la vida”, están tan orientados hacia la política
y la acción legal que no podés lograr que hagan otra cosa.
Entonces, no hay más alternativas para los sindicalistas revolucionarios
que continuar nuestros esfuerzos para organizarnos en los lugares de trabajo
y llevar adelante campañas de acción directa con nuestros limitados recursos.
Los tiempos no siempre están maduros para tales esfuerzos, pero los tiempos
cambian. En los cincuenta los capitalistas estaban diciendo como habían
conseguido el “fin de la ideología” y que la izquierda estaba muerta. Los
sesenta vieron los movimientos sociales revivir, y la gente empezó a hablar
de posibilidades revolucionarias. Las alas conservadoras y liberales del
capitalismo juntaron sus manos para suavizar esos movimientos en los ochenta
y los noventa. Pero el presente “nuevo orden mundial” no va a durar, tampoco.
Los capitalistas también lo saben. Por eso las corporaciones están compitiendo
por tanto territorio y concesiones como puedan tomar, mientras puedan. Cuando
cambie la marea, el anarquismo y el anarco-sindicalismo atraerá nuevo interés.
Si mientras tanto nos convertimos en socialdemócratas o marxistas, no podremos
ayudar a la próxima generación de trabajadores revolucionarios.
* El término original que aparece en el texto es wildcat strike que designa
una huelga espontánea, no avalada por el sindicato, y por lo tanto ilegal
para éste último.
Todos deploramos la violencia recíproca. La mayoría de
la gente, lo admita o no, está condicionada por los medios de masa, la Iglesia
y deplora el tipo de violencia que el Estado deplora, y aplaude la violencia
que el Estado practica. Encantadoras señoras de edad, incapaces de trastornar
los sentimientos de un gato sentado en una silla que ellas desean ocupar,
exigen vehementemente que se azote, cuelgue y destripe, a veces incluso
a simples manifestantes. La ley de Lynch no es “anarquía”. Es ese grado
de ley más allá del Estado, al cual puede llevar el pensamiento autoritario.
El Estado mismo puede apelar a las juntas de vigilancia o a los asesinos
fascistas, o dar carta blanca a la policía cuando ve eludida o burlada su
autoridad, o cuando parece que aparato estatal resulta insuficiente. Si
no lo hace así surge la ley de Lynch. Sin embargo, desde las indignadas
ancianos hasta los linchadores y los fascistas, se sentirán moralmente heridos
por el asesinato puesto que los medios de masa no los han preparado para
ello.
Después de la Primera Guerra Mundial, cuando la prensa apenas había cesado
la campaña contra la reincorporación de los objetores de conciencia en sus
puestos, éstos deploraban la violencia de los trabajadores que ocupaban
las fábricas en Italia. Saludaron con alegría la violencia de masa de Mussolini,
y deploraron como violentos los intentos de asesinarlo. Como para el objetor
pacifista de conciencia el criterio era la violencia y no la libertad, los
hombres que trataban de matar a Mussolini estaban “a la misma altura” de
los fascistas -“utilizaban sus mismos métodos”-. Sin embargo, el sentido
común mostraba que quienes estaban más cerca de Mussolini no eran los que
trataban de asesinarlo, sino aquellos que, porque deploraban la violencia,
trataban de tranquilizar a la población y preferían más bien cooperar que
resistir; los que, aunque no eran fascistas, sentían que cualquier cosa
era mejor que la violencia revolucionaria. Con todo, ésta hubiera sido de
carácter individual; la violencia fascista era de masa.
Para nosotros existe, pese a la actitud escéptica y burlona de los pacifistas,
una distinción entre nuestra violencia y la de ellos. Nosotros admiramos
al rebelde que trató de asesinar a Mussolini o a quienes lograron frente
a una multitud encolerizada matar al rey de Italia, al presidente de Francia,
al zar de Rusia. Es posible comprender la acción de un hombre contra un
tirano. Nos resulta imposible percibir un paralelo entre esta violencia
y la que utiliza el Estado: los asesinos de los campos de concentración,
las muertes lentas en Siberia, los asesinatos judiciales, el uso de escuadras
fascistas para eliminar a los oponentes políticos, el pelotón de fusilamiento,
los bombardeos en masa, el uso de métodos de exterminio en gran escala.
Un militar retirado, que puede haber enviado a miles de personas a la muerte,
se sentirá moralmente herido frente a un ejercicio no violento tal como
la ocupación de casas por intrusos, y escribirá a los diarios condenando
ese acto como violencia. Su violencia era legítima, de modo que él no la
considera violenta. Una demostración callejera que obstruyera el paso de
su automóvil no sería legítima. Prorrumpe en invectivas contra la violencia
pero lo que realmente le perturba es la legitimidad. La violencia legítima
es un monopolio del Estado, pues es éste quien dicta las leyes. Al revolucionario
no le resulta posible apartar a la gente de una apatía inducida deliberadamente,
manteniéndose dentro de un marco aceptable para la policía urbana o la prensa
capitalista. Tampoco hay ninguna manera de rebelarse con discreción, de
desafiar la opinión pública peor tratando de no ofender la concepción que
la gente tiene del buen gusto. Ni puede uno cambiar la base económica de
la sociedad con gestos de aprobación por parte de los jueces y magistrados.
El uso de la fuerza es incoherente con la libertad y cuanto más emplea un
régimen la violencia, tanto más represivo es. Sin embargo, la resistencia
a la fuerza es el primer elemento esencial para lograr la libertad, aunque
uno tenga que emplear la violencia para alcanzarla. La violencia practicada
por el Estado es la antítesis de la libertad, porque constituye el medio
por el cual se mantiene el dominio. Si uno sólo puede resistir la imposición
de las órdenes del Estado mediante la violencia, entonces la violencia debe
ser un prerrequisito de la libertad, por más rótulos de ilegitimidad que
se le pongan.
Ningún crimen cometido en la historia de la raza humana puede igualar a
los crímenes de los gobiernos. La gente está tan aterrorizada por el capitalismo
y el Estado, que se halla preparada para creer que las leyes que se le imponen
son necesarias para su propia existencia. Cuando resulta claro que esas
leyes amenazan a la sociedad, se pretende que en la situación hay implicado
algo ilegal. Por ejemplo, enfrentado con la aniquilación de los judíos alemanes,
el constitucionalista no puede soportar tener que admitir que todas las
operaciones, desde la táctica parlamentaria de Hitler en el logro del poder
hasta las leyes aprobadas por el Reichstag y debidamente aplicadas por la
judicaura, fueron en su momento perfectamente constitucionales.
La opinión pública, ese bien comerciable creado por el poder, se impresionaría
ante cualquier acto individual de un revolucionario. Por más despótico que
pudiera ser un tirano (y aunque se tratara de un rival) se verterían lágrimas
por su llorosa esposa y sus afligidos hijos y se pronunciaría una homilía
sobre la futilidad de la violencia. No se diría nada de sus víctimas. Forma
parte de la naturaleza del Estado que las víctimas de los tiranos sean numerosas,
y la del tiranicida una sola, pues el maníaco del poder no puede preocuparse
por quién o qué se atraviesa en su camino. Los escrúpulos son para él una
desventaja, aunque pueda aprovechar los escrúpulos de los demás para su
propia ventaja, cosa que ciertamente hará.
La profesión acerca de la no violencia que formulan en tiempos de paz todos
los ciudadanos respetables, no debe confundirse con la no violencia idealizada
que sostiene el movimiento pacifista. Incluso en este caso, esta doctrina
contiene algún elemento de hipocresía, pues si pensamos en líderes específicos
del movimiento pacifista declarado, y aún excluyendo a los cuáqueros que
prestan un servicio no combatiente en ocasión de una guerra imperialista,
encontramos que la mayoría de ellos se oponen a todas las guerras hasta
que encuentran una causa que puedan apoyar mediante la guerra. Pero nunca
aceptarán la lucha de clases. El pacífico gandhista, en cambio, puede ser
revolucionario pero es completamente autoritario. Quienes consideran que
la violencia es el peor crimen del Estado -porque lo juzgan todo según su
grado de violencia- pueden tener razón, pero de ello no se deduce en absoluto
que si el Estado pudiera gobernar sin violencia -si la clase dominante pudiera
conquistar sin la fuerza de las armas- esto sería lo mismo que la libertad.
Por el contrario, una clase samurai que pudiera imponer su voluntad mediante
la autoridad moral y la persuasión amable no sería menos autoritaria que
otra que necesitara utilizar la espada o el látigo. Podría ser menos intolerable
vivir bajo el dominio de la primera. Pero no hay ninguna diferencia en lo
que respecta a la compulsión que utilizan, entre un Gandhi y un Mao. Gandhi,
mediante su persuasión moral, podría haber sido el dictador más efectivo.
La madre que dice a sus hijos: “No os castigaré, pero me habéis roto el
corazón”, no es menos matriarcal que aquella que les da unas palmadas en
un arrebato de cólera y luego lo olvida. Aunque haciendo un balance uno
prefiere el yogui al comisario, el primero solo es inocuo mientras no le
hace a uno el lavado de cerebro. Aquellos que mediante la persuasión moral
y la virtud superior pueden inducir las virtudes ejemplificadas mediante
la no violencia, no nos dan libertad. Son nazis-faquires.
Ni el partido ni el ashram -especie de convento fundado por Gandhi con mujeres
a las que adoctrinaba en la no violencia- deberían estar en posición de
asumir el gobierno en caso de derrocamiento de la sociedad capitalista.
Si tuvieran que hacerlo, debería ser una empresa azarosa frente a un pueblo
rebelde. La dictadura tendría que tomar siempre en cuenta el hecho de la
lucha de clases, pero raramente desean hacerlo, a menos que se trate de
tiranías sin atenuantes o que representen a una clase aterrorizada por una
experiencia revolucionaria traumática. Cuando un gobierno admite la existencia
de la lucha de clases, se dice que existe un Estado Policial. La conquista
social, ya no disimulada, se realiza mediante la policía ( o, si no hay
ninguna tradición de burocracia estatal, mediante las fuerzas armadas que
actúan en función policial).
Cuando un Estado ya no necesita admitir este hecho brutal de existencia,
no pro ello cesa de emplear la policía: sin embargo, hace lo posible para
que lo miren con mejores ojos, valiéndose de la persuasión de que dispone
y asignando a la policía algunas tareas útiles para que se ocupe de ellas.
La policía pasa a interesarse por el control del tránsito, por ejemplo,
que por más socialmente útil que pueda ser, difícilmente se le encargue
a una Gestapo recargada de tareas. Es como utilizar al ejército para que
ayude durante las inundaciones.
Cuando el Estado se apoya en la conquista nacional así como en la conquista
social (Francia ocupada, India inglesa) o cuando la conquista social es
de origen reciente y fuerza militar (la España de Franco), resulta esencial
la existencia del Estado policial. Una vez que se ha aceptado en general
el hecho de la conquista social, el Estado trata de persuadir a la comunidad
de que él es parte de un orden natural e incluso de que su origen es divino.
Cuando la Iglesia era el custodio de los valores morales, su función consistía
en persuadir a la sociedad de la legitimidad y divinidad de los gobernantes
soberanos. La neo iglesia, que utiliza los medios de masa y la nueva ciencia
de la sociología y la psicología, ha asumido esta tarea. Nos demuestra que
la rebelión es ilegal e incluso anticuada o que los revolucionarios odian
a sus padres (a diferencia de la familia feliz, como la de los conformistas),
y hasta llegará a probar, si se le da rienda suelta, que los criminales
constituyen un tipo racial o que determinados tipos raciales son criminales.
La desviación de los dogmas del Estado puede aparecer como una forma de
degeneración. Si se les dan fondos suficientes, nos enseñarán a todos cómo
podemos adaptarnos a una sociedad enferma.
Un psicólogo norteamericano ha estudiado los motivos de quienes trataron
de matar a los presidentes de los Estados Unidos. Este tipo de estudio se
está transformando en un nuevo deporte nacional. Ese psicólogo ha llegado
a la conclusión de que se trata de un “deseo de inmortalidad”. Sin dudad
-pero ¿qué se oculta detrás del deseo de ser presidente?-. Muchos asesinos
en cierne encararon su acto “como un golpe de política nacional o de heroísmo
patriótico”. ¿Cómo encaran sus actos los presidentes? Escapó por completo
a la visión del psiquiatra que cuanto más grande es el tirano mayor es la
necesidad de asesinato. Los rebeldes que trataron de matar a dictadores
europeos pueden haber sido menos delincuentes que los pilotos que bombardearon
Alemania e Italia. Estos últimos pueden haber enfocado sus asesinatos como
política nacional y heroísmo patriótico -en ese momento se los alentaba
fuertemente a hacerlo así -.
Incluso en los días legendarios de Robin Hood, la violencia estaba justificada
una vez reconocida la conquista social. Esta no sólo justifica a los revolucionarios
sino también -en todo caso ante sí mismo- al criminal. ¿Qué es la riqueza
sino los robos acumulados del pasado? ¿Cómo surgen los título y la propiedad
de la tierra? Una vez que se aprecia que la acumulación de la propiedad
se debe al robo, pero que el robo se remonta en el tiempo, es difícil comprender
el argumento de la economía capitalista de que el robo tenga que cesar ahora.
¿Por qué? Porque la ley lo dice. El jugador de pacotilla desea abandonar
el juego porque está ganando. Las sanciones morales que el Estado aplica
a la desobediencia requieren una cantidad de palabras melosas por parte
de la neo iglesia para que resulten convincentes.
Los actuales valores que ahora se describen como burgueses son los establecidos
en tiempos victorianos, e implican una justificación de la subsistencia
del poder tal como hoy existe. La misma ética y moral existían en la Rusia
comunista, aunque no hubiera burguesía en el sentido económico, pues la
reemplaza la economía de los que ejercen el poder. Un exagerado sentimiento
de predestinación, el chauvinismo, el puritanismo sexual y los demás sentimientos
que surgen del poder por una lado, y de la abnegación hacia el Estado por
el otro, son característicos del capitalismo naciente y de la Rusia soviética.
En ambos casos una minoría gobernante estable se yergue triunfante sobre
un Estado exitoso que actúa como fachada de la miseria humana. En ambos
casos se ha vuelto necesaria alguna forma de terror de masa. En la Inglaterra
victoriana era la pobreza, en la Rusia soviética la represión política.
En ambos casos, el único Antídoto, o sea el terror individual, llegó a ser
evidentemente anacrónico debido al éxito de los medios de persuasión. En
uno, tal acción parecía innecesaria debido al “continuo progreso del sufragio”,
y en el otro porque se lo identificó con el “sabotaje capitalista y fascista
contra el socialismo”. La resistencia, en los dos casos, se volvió sombría,
no violenta, resignada.
En toda la historia política hay un sentimiento de que “las cosas pueden
ser malas, pero no hagamos que sean peores”. Esto aumenta a medida que uno
envejece, y se alimenta de la derrota. Es el caso de los argumentos contra
la acción militante, y contra la actitud consistente en considerar a autócratas
individuales responsables de actos de tiranía “por temor al retroceso”.
Afortunadamente, hay una renovada esperanza con cada generación. Desastrosamente
para la humanidad, el Estado está ganando la carrera -sus poderes de destrucción
crecen con mayor velocidad que la fuerzas que se rebelan contra ellos.
El Estado, como conquista institucionalizada, lleva a la destrucción. Aparte
de la discusión filosófica de los fines y los medios, es cosa de sentido
común que las propias acciones deban condicionarse de acuerdo con los propios
fines. Nuestros fines no son la conquista del poder, sino el hacer que los
individuos se sientan responsables de sus acciones. Los enemigos de la libertad
no deben escapar a se responsabilidad porque aleguen que actuaron cumpliendo
órdenes. Cuando se los considera personalmente responsables de sus actos
de violencia, acuden al argumento de que la violencia (si la ejecuta cualquier
otro) es cosa fútil.
El pacifismo cesa de ubicarse en el mismo rango que el bolchevismo y la
anarquía, y hasta que el Estado elige de otra manera, el público está completamente
entregado a la idea de la futilidad de la violencia, aunque la mayor parte
de la violencia contra la cual ese público provoca invectivas, ocurra como
protesta contra el asesinato masivo. A una persona promedio le resulta auténticamente
difícil comprender, frente al condicionamiento de masa, que alguien pueda
oponerse con vehemencia al asesinato masivo y, por esa misma razón, se sienta
tanto más inclinado a formular una protesta violenta. Uno de los autores
de este texto, enfrentado con una corte marcial en España como resultado
de su creencia en la eliminación de los dictadores, descubrió que algunos
de sus amigos y parientes afirmaban auténticamente su inocencia, citando
para ello su conocida oposición al armamento nuclear. “Es un pacifista,
no un terrorista”, decían, y resultaba ineficaz, estando acusado de un delito
capital, tratar de formular la obvia explicación. Uno o dos de ellos sintieron
luego que se los había inducido a error. El otro de los autores de este
escrito, enfrentado con una corte marcial inglesa, fue censurado por su
incoherencia al oponerse al asesinato masivo cuando era notorio que apoyaba
la violencia individual (“y usted no puede negar lo que demuestran sus acciones”).
Les parecía claro que si uno no apoyaba la violencia del Estado, u objetaba
la idea de sacrificarse por la clase dominante, no podía sostener ninguna
otra clase de violencia y probablemente tampoco comer carne. Quienes crean
que esto es una exageración podrán convencerse con la sola lectura de los
imbéciles comentarios formulados en los tribunales contra los objetores
de conciencia.
Extractado del libro Anarquismo y lucha de clases, Stuart Chistie y Albert Meltzer, Proyección, 1971; Bs. As.
Stuart Christie: nacido en Glasgow en
1946, cumplió tres años de una condena a veinte por bandidismo y terrorismo,
impuesta por una corte marcial española, por contrabandear explosivos a
España para una rebelión contra Franco.
Albert Meltzer: nacido en Londres en 1920, consagrado al
anarquismo desde los 15 años, intervino en la huelga de alquileres y en
otras, y en el movimiento en pro de los consejos obreros.
A MORIR DEMOCRÁTICAMENTE VOLVER
Uno abre el diario, quiere abrir la mente, en cambio se
le cierra la garganta y se le endurece el corazón.
Resulta que Rafael López y Carlos Flores, policías condenados por la Represión
de 1995, en Tierra del Fuego, represión en la que fue asesinado Víctor Choque
y baleada en una pierna Norma Mansilla, fueron ascendidos en la jerarquía
policial de esa provincia. Resulta que Felix Polo, el asesino de Víctor
Choque, es un preso VIP y sigue trabajando para la policía.
Resulta que durante los últimos recitales de Los Redondos en river, la policía
(montada, infantería y motorizada) “prevenía cualquier desmán” formando
en una esquina y la gente que se encontraba en ese lugar, era corrida a
palazos, machetazos y balas de goma, sistemáticamente por las inmediaciones
del estadio.
Resulta que en la última manifestación de los camioneros frente al Congreso,
otra vez la policía tuvo una de sus valientes intervenciones, corriendo
a los manifestantes con palazos y balazos de goma y de plomo. Aunque esta
vuelta no la sacaron tan barata.
Nadie se hace cargo de nada.
Ahora parece que la policía está descontrolada y no obedece a ninguna
orden del Ministerio del Interior, eso sí, por las dudas, la devolución
de favores desde el poder político no se hace esperar.
Sin comentarios. Fuego. Tan sólo una palabra que nace en la mente y que
recorre velozmente el cuerpo, hasta instalarse en el corazón. Fuego.
“CARCELRO, PRESENCIA FEROZ, SE NECESITA; PRESENTARSE EN...” VOLVER
Barker es un pequeño pueblo cercano a Tandil (provincia
de Buenos Aires), cuyos 3500 habitantes acaban de consumar una “hazaña”
digna de figurar en el libro de los records posmodernos del siglo XXI.
Por abrumadora mayoría votaron en un plebiscito a favor de la construcción
de una cárcel en el pueblo, no porque estén angustiados por una ola de
criminalidad sin precedentes, sino que desean tener “su” cárcel para incrementar
los escasos puestos de trabajo.
Según cuentan los propios vecinos con alma y vocación de carceleros, la
decadencia económica de Barker comenzó en la década del ‘80, cuando cerró
la fábrica de cemento, principal fuente de trabajo de la región. Lo que
no dijeron es cuándo comenzó la decadencia moral que los llevó a reemplazar
el cemento por los barrotes. Según la particular visión de esta gente,
da lo mismo ser guardiacárcel que albañil para llevar el pan a la mesa.
Según ellos, humillar, degradar, vejar y torturar seres humanos es un
trabajo más, tan útil y honesto como fabricar cemento o caramelos.
Uno de los vecinos, al justificar su voto a favor de la cárcel, da toda
una declaración de principios: “Votamos por el futuro de nosotros mismos”.
Frase premonitoria, si las hay. ¿Sabrá este buen hombre de qué lado de
la reja lo espera ese futuro?
Para terminar, no quiero dejar pasar un detalle que me pareció curioso;
no creo en la predestinación, pero...
El pueblo se llama Barker, palabra que existe en el idioma inglés. Barker
deriva del verbo bark, que significa ladrar. Por su parte, el
adjetivo barker significa gritón; persona que vocifera para vender
algo. Creo que nunca estuvo tan bien elegido el nombre de un pueblo.
¡QUÉ TRABAJO DA LA “AUTORIDAD”! VOLVER
Pedrito, hijo de unos padres laburantes, terminó la secundaria,
luego de repetir un par de años, estuvo trabajando de albañil, eso fue
un par de años, hasta que vino a Buenos Aires a anotarse a la escuela
de marina. Ahí podría tener un futuro seguro, tendría “buena guita,” solo
tenía que bancarse unos meses “bailando al ritmo de los milicos” y listo,
ya quedaría, y luego podría seguir viviendo de eso.
A Jorge le pasó algo similar terminó la secundaria y no sabía que hacer
laburo un tiempo aquí y allá, pero no ganaba lo que él quería y se metió
en la escuela de policías, según comentarios que el había tenido, era
jodido, pero sería cosa de aguantar, a la larga la cosa aflojaría. Lo
tendrían bailando, lo sabía, pero después el sueldo sería bueno, además
de policía no te jodía nadie, “es laburo seguro,” decía.
Manuel, no terminó la secundaria, no podía seguir, vagancia, un par de
enriedos amorosos, que al final no lo dejaban concentrarse para estudiar.
Después de que la vieja se cansó de mantenerlo un año al pedo y parado,
decidió meterse en el servicio militar voluntario.
Estos nombres pueden ser cualquiera en cualquier situación y lugar.
Actualmente llegar a ser policía, soldado u otro de la misma especie está
muy relacionado con el factor económico. El sistema capitalista impone
llegar a eso, fuerza al que no tiene laburo a ser un buchón de cualquier
tipo. Ser la autoridad no está bien visto desde diversos puntos de vista
dentro de la sociedad, ser un ladrón es mucho peor. Ser el tipo que cuida
los intereses de los capitalistas o los intereses del estado, -fusionados
ambos, especialmente en esta época del Estado como empresa- no está mal
visto. “Ser un vigilante de seguridad es un trabajo como cualquiera, hay
que bancárselo”.
Pero creo que el angustioso sistema económico capitalista no es la única
causa que lleva a la gente a convertirse en partes de la autoridad. ¿Predisposiciones
psicológicas quizá? Ser un maltratado por la sociedad durante la niñez
capaz que tenga por consecuencia llegar a grande y querer ser alguien
que se imponga a los demás. Cuando de chico te basurean y sos excluído
de todas partes por alguna razón en especial, o por ninguna, puede ser
que desencadene llegar a querer ser alguien que esté por encima de los
demás. Es el poder, cumplir el ansiado anhelo de poder pisarle la cabeza
a alguien, y de sentir que uno es respetado, al menos por el miedo que
impone el uso de mí “nueve a la cintura” o “mi traje de vigilante”.
Sea como fuere el problema de cada individuo y su niñez se lo dejo a la
psicología y sus diversas ramas, no es algo que me interese, ni tampoco
creo que sea el factor que lleva a alguien en convertirse en el policía,
el soldado, o el agente de cualquier fuerza.
Pienso que la razón más allegada para que a alguien sea buchón es la falta
de huevos, y la ética, más allá de cualquier otro detonante. No se puede
argumentar con que no hay laburo, porque de última uno tiene otras alternativas,
puede bancarse un laburo de quinta, pero con huevos. Tampoco creo que
una infancia de mierda lleve a esto, uno por más sufrido que allá crecido
puede llegar a ser cualquier cosa despues, pero siempre con cabeza.
Llegar a ser parte del aparato represivo estatal o capitalista es no tener
huevos, es no querer bancarselas, es decir yo quiero llegar a ser alguien
pegándole a los demás, haciéndome respetar por los palos que doy, y si
no me tenés respeto te meto un “cachiporrazo en el bocho”.
Es ser un cagón, no te obligan a ser policía, vos sos lo que querés ser
y si no te dejan serlo sé cualquier cosa menos algo tan bajo como alguien
que para ser alguien se deja pisotear y es pisoteado, cosa que le ocurre
a cualquier buchón autoritario.
EL JEFE DEL CUERPO HUMANO VOLVER
Cierto día los órganos del cuerpo humano luchaban por
ser jefes.
Entonces el cerebro dijo:
- Como yo pienso y ordeno, debería ser el jefe.
Pero el corazón dijo:
- Mi función es la más importante, el jefe debería ser yo.
Los pies, a su vez dijeron:
- Como nosotros sostenemos el cuerpo, deberíamos ser jefes.
...y así los pulmones, el hígado, los riñones, todos querían ser jefe.
Hasta que habló el culo y sugirió ser jefe, y entonces los demás
órganos comenzaron a reírse del culo y sus ocurrencias. ¡¡¡Cómo pretendía
ser Jefe!!!
El culo ofendido decidió no funcionar más. Pasaron los días y todos los
órganos comenzaron a sentirse mal, cada día peor. Hasta llegaron a implorarle
al culo que sea jefe. Entonces el culo empezó a cagar... y no le importaba
otra cosa que cagar.
Moraleja...
Para ser jefe no se precisa tener cerebro, ni corazón ni nada sino tener
CULO y saber CAGAR.
SOLFED: NARQUISMO EN GRAN BRETAÑA VOLVER
En marzo de 1994 se conformó en Gran Bretaña la SolFed
o Solidarity Federation (en español Federación de Solidaridad), que es
la sección británica de la AIT y, entre otras, edita la conocida revista
Direct Action. La SolFed consiste en una federación de grupos
y personas individuales a lo largo de Inglaterra, Escocia y Gales cuyo
nivel básico organizativo es el Local. La gente se reúne para formar Locales,
o sea grupos integrantes de la federación, donde la solidaridad se pone
en práctica. Con el tiempo los diferentes grupos se establecerán en algún
lugar como base para ejercer la acción solidaria dentro de la comunidad,
donde se involucran en la problemática comunal y organizan campañas acerca
de un gran número de temas de interés local, siempre dentro del ámbito
de la comunidad y los lugares de trabajo. Entre las problemáticas abordadas
se encuentra la defensa medioambiental, la salud comunal, oposición al
racismo, sexismo y homofobia, y todo aquello que contribuye a mejorar
una mutua calidad de vida. Pero esto es sólo una parte en lo que significa
construir un movimiento de solidaridad.
Todo el trabajo de los grupos se basa en la acción directa. En un nivel
básico se reduce a la divulgación de información a través de folletos
y panfletos, boletines locales y mitines y actividades públicas que despierten
la conciencia y la participación de la comunidad. Con todo, la propaganda
no es la única forma de acción directa que se practica. También es la
presencia física en la defensa y promoción de una mejor calidad de vida.
Y es fundamental a esta acción el tomar conciencia de que el único respaldo
para conseguir estos objetivos proviene de nosotros mismos, manteniéndose
independientes de cualquier tipo de organización o estructura externa.
La Federación de Solidaridad no acepta ningún tipo de liderazgo, guía
o subvención caritativa de gobierno o empresa alguna, y sí en cambio,
complementa el principio de solidaridad con el de la interdependencia
de sus integrantes.
Aquellos miembros de la federación que trabajan en el mismo sector conforman
redes cuyo propósito es promover la solidaridad entre los trabajadores.
Estas redes solidarias también utilizan la acción directa para conseguir
mejores condiciones de trabajo o aumentos de salario y forman la base
de un movimiento laboral completamente nuevo, por fuera y opuesto al sindicalismo
oficial legal, de estructura jerárquica y con intereses político económicos
perjudiciales a los trabajadores. Fundamentalmente, la naturaleza diferente
de estas redes solidarias con el sindicalismo amarillo reside en sus objetivos
y aspiraciones. En la medida que estas redes vayan creciendo, irán poniendo
en práctica la autogestión comunal y de los obreros, y en el futuro ampliando
las posibilidades de acción. Los grupos y redes de solidaridad integrantes
de la federación están asentados en varias ciudades, como es el caso de
Londres, Manchester, Norwich o Sheffield y una docena más de grandes urbes
del territorio.
Los principios y aspiraciones fundamentales de la SolFed son la destrucción
del capitalismo y el Estado, como causantes de la explotación, opresión
y el asesinato de los trabajadores. En su lugar, instaurar una sociedad
basada en la solidaridad, la ayuda mutua y el comunismo libertario, logros
solamente conseguibles por organizaciones revolucionarias de los trabajadores,
manejadas por ellos mismos. La lucha debe abarcar varios frentes, no solo
el económico, incluyendo otras formas típicas de opresión como el racismo
o el sexismo. La acción directa es la herramienta fundamental para combatir
al sistema. Debido a la naturaleza internacional del capitalismo la única
alternativa viable es la solidaridad internacionalista, más allá de las
falsas divisiones de patriotismo y nacionalismo, razón por la cual la
SolFed está afiliada a la Asociación Internacional de los Trabajadores,
cuyos principios comparte.
MUERTE DE UN COMPAÑERO EN PRISIÓN ESPAÑOLA VOLVER
A principios de este pasado mes de marzo, apareció ahorcado
en su celda de Picassent, el compañero preso José Romera “Chuliá”, conocido
también como “el francés”. Romera era una persona muy conocida y apreciada
entre los presos que están pagando las más duras condenas en las prisiones
del Estado español. Después de protagonizar numerosos atracos, espectaculares
fugas y de estar sometido durante 10 años al aislamiento y al FIES y cuando,
según cuentan, sólo le quedaban unos meses para salir en libertad, se lo
encontraron “inexplicablemente” colgado en su celda. Este “misterio” como
tantos otros grandes “misterios” penitenciarios, tienen una clara y evidente
explicación: la institución penitenciaria cumple implacablemente y con total
precisión su función. Después de soportar los más duros encierros, Romera
fue sacado del FIES y llevado a un departamento de tratamiento en el que
fue medicado durante algún tiempo, con psicofármacos. Dicen los que lo vieron
en sus últimos días, que lo encontraron muy abatido y completamente sumido
en una gran depresión. Para mayor sarcasmo Romera fue encontrado ahorcado
en el departamento de prevención de suicidios. Esta ha sido su última y
definitiva fuga. Finalmente esta patética Institución ha conseguido “reinsertar”
otro espíritu rebelde. Después alguien intentará hacernos creer que entre
los modelos penitenciarios de USA y los del Estado español o los de cualquier
otro Estado, media un abismo. Es posible que tengan razón, pero sea como
sea, si existe algún abismo será el de la desolación y la desesperación,
y de los viajes a esas profundas simas del dolor, no hay regreso.
LA VIL Y SILENCIADA MUERTE DE JOSE ROMERA “CHULIA”
¡Salud y ánimos!
Queridos compañeros:
“El Francés” nos ha abandonado... seguramente muchos de vosotros no le habéis
conocido. Por fortuna para mí, yo le conocí en la prisión de Daroca, por
aquel entonces todos nosotros éramos muy jóvenes y creíamos demostrar nuestra
“virilidad” apuñalando al prójimo. El embrutecimiento de la prisión nos
había helado la sangre, los abusos de unos sobre otros, las rivalidades
grupales o personales, el odio acumulado y la rabia daban pie a que cada
dos por tres, un preso (o varios) apuñalaran a otro. Cuando conocí a “Chuliá”
(otro de sus motes) se encontraba en una disyuntiva poco agradable... unos
presos se disponían a apuñalarlo y yo no hice nada por evitarlo. Cada cual
intercedía solo cuando se trataba de sus asuntos, es decir, de sus paisanos
y amigos. El Francés no era paisano mío y tampoco amigo de mis amigos, así
pues me dediqué ha observar el transcurso de los acontecimientos. Un preso
le pasó la hoja de un estilete a otro, este llamó al Francés y se puso a
pasear con él. El Francés era por aquel entonces una persona físicamente
superdesarrollada, no sé si superaba los dos metros de altura y los
ciento y pico kilos de masa muscular... el caso es que a mí se me asemejaba
a Konan, un Konan de largas melenas y cara agradable. Mientras paseaba,
el otro preso mucho más bajo y menos agraciado, se cambiaba la hoja de mano
y fijaba su vista en el cuello del Francés. De pronto, saltó y le dio una
o dos puñaladas en el cuello... el Francés se defendía a patadas y puñetazos
y esquivando los golpes gritó a todos los espectadores de su apuñalamiento:
¿qué, no hay ningún hombre que me arroje un cuchillo para defenderme?
El carcelero al lado de la puerta de acceso al módulo exhortaba al Francés:
“Romera, Romera, corra para aquí, venga”
El Francés imploraba con la mirada a los “hombres” un cuchillo... y los
“hombres” le ignorábamos.
Sangraba abundantemente por la vena del cuello, y mantenía a raya a su agresor
ignorando la salida que le ofrecía el carcelero. Finalmente y ante la oposición
unánime y silenciosa de todos deproporcionarle un arma, tuvo que irse al
hospital. Si llegó vivo fue porque encontrando al “dentista” por los pasillos,
le obligó (literalmente) a ponerle un par de puntos en la vena seccionada
enparte por una de las puñaladas.
Recuerdo que todos hablaron del valor de este chaval, y que posiblemente
hubiera muerto porque la puñalada del cuello era grave. En la radio decían
que había ingresado muy grave un preso apuñalado en Daroca. La gente especulaba
con su muerte y yo esperaba que se salvara. Unos días después apareció este
Konan maravilloso diciendo a voz en grito por la galería: “Ya lo veis, todavía
sigo vivo, supongo que ya me habíais enterrado”. Después, soltó una risa
que a mí me produjo una sonrisa cómplice.
Sí, para mí, Romera, el Francés, era un joven valiente y un rebelde
silvestre. De Zaragoza se fugó y cuatro meses después le habían cogido tras
expropiar medio Valencia, los bancos eran su “debilidad”. También se había
fugado con J.J. Garfia del furgón de la Guardia Civil que los trasladaba
a Valladolid, pero a él le duró segundos su libertad. Después estuvo de
bunker en bunker, soportando el ajuste decuentas de la IP, finalmente, se
cansó de soportar el FIES y se “suicidó”. El Francés se convirtió en la
octava víctima del infrahumano régimen FIES.
La muerte de una persona siempre es algo que nos induce a reflexionar sobre
los porqués de su existencia. Y aún cuando la muerte es algo que ya nos
viene dado por naturaleza, cuando acontece en circunstancias cuanto menos
“anómalas”, diremos que nos interesamos por las causas que la originaron.
¿Se hubiese suicidado Romera de haber estado en otras circunstancias de
espacio? ¿Hubiese pensado en morir de estar viviendo? ¿Hubiese vivido de
haber podido elegir? ¿Hubiese...? ¡Bah!, ahora los hubiesen ya no tienen
sentido... nosotros tenemos otro compañero alimentando el fuego de nuestros
odios, otro compañero asesinado ante la indiferencia del cuerpo social y
los títeres políticos.
El FIES seguirá exterminando a nuestros compañeros, dándoles a elegir entre
la soga o la droga, la muerte o la demencia. Compañeros que leéis esta carta,
sencillamente esto se llama exterminio social, genocidio de nuestra clase
social y conciencia moral. ¿Qué más se os puede pedir? Cada uno de nosotros
podría contaros fragmentos de las existencias de nuestros compañeros “suicidados”.
Podríamos recopilar y configurar en este medio abstracto y frío que es el
papel, la viveza, el color, la textura, y el sabor entrañable y crudo de
cada una de las personas y situaciones por ellas vividas. Rebeldías, castigos
y júbilos compartidos... ¡que sé yo! Podéis pensar que tal vez nosotros
no somos como vosotros y que por lo tanto, no podríamos vivir con vosotros
en armonía. Pero, ¡oigan!, nosotros somos vosotros sólo que en otras circunstancias...
unas circunstancias difíciles de transmitir en una carta, una realidad difícil
de mostrar por cuanto muchos de vosotros no podéis saber que hacen los políticos
con el dinero que se destina a los presupuestos y preceptos de estas administraciones
(Justicia e Interior). ¡Oigan!, nos están exterminando, ¿le interesa a usted?,
se lo digo porque si no le interesan de verdad los derechos humanos, entonces
mañana no pronuncie esa frase hecha o reclame valores tales. O todos somos
moros o todos cristianos, si una vida no vale lo mismo que otra, entonces
es lícito matar a depende quienes...
Cuando el “pobre” (minoritario/distinto...), agoniza en una esquina o mendiga
es digno de “compasión”... Cuando el pobre protesta y exige se le tacha
de radical o criminal...Y yo reproduzco un poema que dice:
El abstracto humano.
La piedad dejaría de existir
si no sumiéramos a nadie en la pobreza,
y la misericordia no tendría razón de ser
si todos fueran tan felices como nosotros.
Como fuera, Romera ha muerto y yo siento rabia y dolor por esta muerte,
una muerte fría y cruel, indigna y miserable. Y acuso a la Institución carcelaria,
al régimen FIES y a todos cuantos con su indiferencia y cobardía, cómplices,
toleran y fomentan este horrendo genocidio social.
Para mí, en estos instantes no tiene sentido hablar del ayuno que hemos
protagonizado los presos con conciencia en el Estado español.
Ahora en tiempo de guerra y resistencia.
AMNISTIA. ANIMOS Y ADELANTE
1 de abril del 2000
Gabriel, desde el centro de exterminio de Nanclares de Oca