SEPARATA: RICARDO FLORES MAGÓN
El amanecer,
la tristeza infinita de los primeros espectros verdosos, enormes, sin forma,
que se pegan a las altas y sombrías fachadas de la Avenida de Mayo; la vuelta
al dolor, la claridad lenta en la llovizna fría y pegajosa que desciende
de la inmensidad gris; el cansancio incurable, saliendo crispado y lívido
del sueño, del pedazo de muerte con que nos aliviamos un minuto; el húmedo
asfalto, interminable, reluciente, el espejo donde todo resbala y huye,
los muros mojados y lustrosos, la gran calle pétrea, sudando su indiferencia
helada; la soledad donde todavía duermen pozos de tiniebla, donde ya empieza
a gusanear el hombre.
Chiquillos extenuados, descalzos, medio desnudos, con el hambre y la ciencia
de la vida retratados en sus rostros graves, corren sin alientos, cargados
de "Prensas", corren, débiles bestias espoleadas, a distribuir
por la sociedad del egoísmo la palabra hipócrita de la democracia y del
progreso, alimentada con anuncios de rematadores. Pasan obreros envejecidos
y callosos, la herramienta a la espalda. Son machos fuertes y siniestros,
duros a la intemperie y al látigo. Hay en sus ojos un odio tenaz y sarcástico
que no se marcha jamás. La mañana se limpia poco a poco, y descubre cosas
sórdidas y sucias amodorradas en los umbrales, contra el quicio de las puertas.
Los mendigos espantan a las ratas y hozan en los montones de inmundicias.
Una población harapienta surge del abismo, y vaga y roe al pie de los palacios
unidos los unos a los otros en la larga perspectiva, gigantescos, mudos,
cerrados de arriba abajo, inatacables, inaccesibles.
Allí están guardados los restos del festín de anoche: la pechuga trufada
que deshace su pulpa exquisita en el plato de China, el champagne que abandona
su baño polar para hervir relámpagos de oro en el tallado cristal de Bohemia.
Allí descansan en nidos de tibios terciopelos las esmeraldas y los diamantes;
allí reposa la ociosidad y sueña la lujuria, acariciadas por el hilo de
Holanda y las sedas de Oriente y los encajes de Inglaterra; allí se ocultan
las delicias y los tesoros todos del mundo. Allí, a un palmo de distancia,
palpita la felicidad. Fuera de allí, el horror y la rabia, el desierto y
la sed, el miedo y la angustia y el suicidio anónimo.
Un viejo se acercó despacio a mi portal. Venía oblicuamente, escudriñando
el suelo. Un gorro pesado, informe, le cubría, como una costra, el cráneo
tiñoso. La piel de la cara era fina y repugnante. La nariz abultada, roja,
chorreante, asomaba sobre una bufanda grasienta y endurecida. Ropa sin nombre,
trozos recosidos atados con cuerdas al cuerpo miserable, peleaban con el
invierno. Los pies parecían envueltos en un barro indestructible. Se deslizó
hasta mí, no pidió limosna. Vio una lata donde se había arrojado la basura
del día, y sacando un gancho comenzó a revolver los desperdicios que despedían
un hedor mortal. Contemplé aquellas manos bien dibujadas, en que sonreía
aún el reflejo de la juventud y de la inteligencia; contemplé aquellos párpados
de bordes sanguinolentos, entre los cuales vacilaba el pálido azul de las
pupilas, un azul de témpano, un azul enfermo, extrahumano, fatídico. El
viejo -si lo era- encontró algo... una carnaza a medio quemar, a medio mascar,
manchada con la saliva de algún perro. Las manos la tomaron cuidadosamente.
El desdichado se alejó... Creí observar, adivinar... que su apetito no esperaba....
¡También América! Sentí la infamia de la especie en mis entrañas. Sentí
la ira implacable subir a mis sienes, morder mis brazos. Sentí que la única
manera de ser bueno es ser feroz, que el incendio y la matanza son la verdad,
que hay que mudar la sangre de los odres podridos. Comprendí, en aquel instante,
la grandeza del gesto anarquista, y admiré el júbilo magnífico con que la
dinamita atruena y raja el vil hormiguero humano
Rafael Barret
NOTA: Este fue el último artículo que Barret escribió para "El Diario
Español", el que determinó su violenta discusión con el director propietario
López Gomara (algunos llegan a asegurar que la discusión degeneró en una
pelea a puño limpio), quien temía que se tomara represalias contra su diario.
La falsamente
llamada democracia que establece el Estado en la sociedad, lo lleva obligadamente
a tener que reformar su esquema autoritario, cambiando a los mal llamados
representantes, que ya tiene, por otros nuevos. Así es como existen las
elecciones, donde el pueblo, mediante su voto obligatorio, tiene que elegir
a una sola persona (o más) que va a decidir por cada uno de nosotros. De
esta manera es como comienza la escala de jerarquías que impone todo Estado,
como también empieza a imponerse ante todo el capital, aún ante la misma
vida.
Los partidos que se postulan a estos cargos lo único que ofrecen es la continuidad
de todo lo que se llama gobierno, o sea, cambian a un representante por
otro que en definitiva pretende lo mismo que el otro, la única diferencia
es la etiqueta que usan para acceder al cargo. En fin pasan las elecciones
y todo sigue igual, continua la explotación del hombre por el hombre, la
autoridad y todo lo que la presencia de un gobierno representa.
Pensar en que las elecciones pueden producir algun tipo de cambio, por más
mínimo que sea, en la sociedad es imposible. El único cambio se producirá
cuando el hombre, junto a la sociedad, cansados del constante abuso del
poder sobre nuestras vidas; reaccionen contra los Estados, cortando desde
la raíz con todo gobierno, con toda institución que represente autoridad.
Empezando así a autogestionar sus propios asuntos sin ningún intermediario.
Revolución Social.
Juan Pablo
Cómo pasar por
alto este momento tan importante. El Gran Carlo está suelto, y que alguien
esté en “libertad” lo pone a uno contento.
Hizo fiesta y no faltó Chechu, Totín y Papuza. ¡Qué bueno! Obviamente el
resto del clan: mafiosos, grandes empresarios, abogados, pequeña aristocracia
y lacayos del gran terrateniente. Buena gente que mata y explota a miles,
grandes titiriteros de millones de estómagos e ilusiones.
El rey del librecambio nacional está suelto. Y quiere volver. Y cómo no
lo vamos a recibir. El Gran Carlo es una de las mejores marionetas del capital
que se ha visto por estos lares (aunque pelea el título con Minguito). Son
el más claro ejemplo de que los que gobiernan en los países del llamado
“tercer mundo” son empleados del FMI, y como cumplen bien los mandados tienen
la libertad de hacer y deshacer a gusto y gana. Claro ejemplo que ilustra
el otro: esté quien esté en el poder, lo mismo vas a ser un dominado. Y
te gobierne quien te gobierne vas a estár al mando del mismo amo-sistema.
Aparece la supuesta contra, la otra gran parte de la aristocracia pidiendo
cárcel y quejándose de que las cosas en la justicia no andan bien. Qué contento
lo pone a uno, al ver que todo queda claro como el agua. La justicia, justicia
para los pobres. Y abarrotan a palos al que se afanó una mandarina. Baila
y protesta un juez, falange de la justicia burgesa. Cadena perpetua al culpable
del caso mandarina, y libertad al Gran Carlo. ¿Cómo lo vamos a enjaular,
si solo mató a miles? Nadie debería estar preso, pero algunos deberían estar
bajo metro sesenta de tierra haciendo abono. Pero para la justicia burguesa
es peór afanar una mandarina que matar de hambre. Telenoche investiga calzando
la nueve en el alma y azul en la conciencia, buscando demostrar el poder
del cuarto poder, que depende del económico, que maneja al político, que
es sólo poder. Y a no protestar que vienen los que tienen superpoderes...
y su receta mágica: uno en cada esquina, y palo, palito te llevamos al cajón.
(a)
LA INTERNACIONAL PARALELA VOLVER
Desde muchas
instancias con nombre libertario, unas, generadoras de voces, otras, por
ahora puros altavoces de esas voces, en un arco que va desde la SAC de Suecia
hasta la CGT de España, con sus organismos intermedios, y en actos que van
desde la “I-98” (junio), en San Francisco, hasta la “Reunión Libertaria”
de Madrid (marzo 2001), se viene queriendo tejer una tela de araña que ponga
cerco previo a la AIT para su posterior asfixia o deglución. Se trata de
la operación reformista más amplia y ambiciosa que jamás se haya visto en
estos pagos. La consigna es “unidad del movimiento libertario”, la gran
trampa, añagaza de maquillaje mediático y real cortina de humo destinada
a encubrir la disolución de los principios libertarios en esencia: es un
esquema histórico que se repite: los que por conveniencias políticas hacen,
en determinados momentos, bandera de la “unidad” son siempre precisamente
aquellos que en su día la rompieron: SAC (1957), CGT (1980), CNT-Vignoles
(1992-93), USI-Roma (1995)... Y la excusa para reclamarla es la que no tuvieron
en cuenta para destruirla: “el enemigo es otro, el capitalismo globalizador
nos atenaza, venga, sal ya a la calle, no te pongas ni la chaqueta... etc,
etc.” Se trata de una vieja trampa sociológica consistente en disfrazar
situaciones que, por su naturaleza, pongan automáticamente en marcha el
mecanismo psicológico cuya función es impedir compulsivamente la acción
consciente y deliberada. Estos peticionarios de la “unidad, en virtud de
la urgente necesidad que nos acosa”, no pensaron en -en el caso de CGT-
si esa necesidad era urgente para la clase obrera española de 1980, cuando,
presentándose como “puros sindicalistas”, frente a lo que ellos llamaban
“CNT-FAI”, bebían en los cuencos de Martín Villa. ¿No era necesidad urgente
el que se estuviera cociendo entonces la conspiración militar que estallaría
un año más tarde en el 23-F? ¿Quién, en aquellos graves momentos, rompió
la unidad de la CNT, privándola de la fuerza que necesitaba para oponerse
a la política antiobrera y pro-capitalista que, por un decenio, se derivaría
de los “Pactos de la Moncloa”? ¿Quién maniató con ello a la CNT que era
entonces la única organización que podía impedirlo? ¿Quién se garantizó
la cobertura y el favor de Martín Villa y congéneres, asegurándose así su
piratería sin trabas en todas las oficinas de los IMACs, tras prometer suscribir
las elecciones sindicales, que constituyeron el gran y mortal parto de aquella
incalificable traición antiobrera? ¿No supuso todo ello el afianzamiento
de una transición que a las claras representaba un continuismo del régimen
franquista? (¿o acaso son tan torpes para no ver que estos lodos de hoy
vinieron de aquellos polvos de ayer?) ¿Todo eso no eran razones suficientes
y graves para mantener la unidad? Y, cuando los socialistas subieron al
poder, en su aventura de “más de lo mismo”, ¿no movieron los “paralelos”
también entonces, rápidamente, los resortes para garantizarse el favor sin
límites del Subsecretario de Trabajo, Segismundo Crespo, a fin de continuar
el expolio de la CNT y de seguir manteniéndola aherrojada y en el ostracismo?
¿De qué unidad nos hablan estos profesionales del reformismo? Es claro que
de la CNT no les interesa ni la doctrina ni la historia, sólo les interesan
las letras, la C, la N y la T, los patrimonios y la confluencia de colores
para explotarlos en Internet hasta el paroxismo, no como base para el razonamiento
(esta prohibido profundizar), sino como imagen para el espectáculo; no con
la misión de ilustrar y clarificar, sino como instrumento de obnubilación
de mentes.
¡Unidad del movimiento libertario! ¿Qué es? ¿Un frente, una alianza, una
coordinación? ¿de quién? ¿de quienes? ¿Qué sería lo que haría libertaria
a tal coyunda? ¿La superación final del Estado y la política? Eso lo postulan
también los marxistas y los comunistas, incluido Lenin. ¿Acaso el anticapitalismo?
Ídem de Ídem. Entonces, ¿será la lucha contra el Estado y la Patronal desde
ya mismo? Bueno, sí... pero, sabes... hay estrategias..., por ejemplo, Comités
de empresa, estructuras corporativas, elecciones sindicales, subvenciones
del Estado, funcionarios sindicales liberados del trabajo, sindicatos de
policía que comparten local y anagrama con organizaciones “libertarias”,
que también albergan represivos funcionarios de prisiones, guardias de seguridad
armados, o estructuras conjuntas con partidos, que intervienen en las elecciones
municipales del sistema capitalista con el lema “¡Gestionemos el municipio!”
y patatín, patatán. Y a eso lo llaman “revolución gradual”, es decir, revolución
por grados. O sea, irse metiendo en los gobiernos, pero solo para hacerse
con la técnica de... gobernar, eso sí, desde abajo, oiga, no vaya usted
a creer... Siempre creímos que a eso se lo llamaba en el mejor de los casos,
“evolución reformista” y, a la postre, integración en el sistema... Pero...
claro, ¡con la sana intención de transformarlo desde dentro! Es decir, que
de lo que se trata es de volver el tiempo atrás y partir otra vez de la
conspiración marxiana de 1872 culminada en 1889 con la creación de la II
Internacional... Pero todo, naturalmente, envuelto en retóricas fraseologías
que no resisten el más mínimo análisis, y, por eso, ¡nada de hablar, de
plantear, de confrontar, de definir! ¡nada, nada de eso! ¡Práctica y práctica!
Porque, sabes, “el anarcosindicalismo es práctica”. O sea que, si vendiendo
chupachúps conseguimos atraer a mucha gente, pues, sea, chupachúps. ¡Que
enorme mistificación!
Claro que el anarcosindicalismo es práctica, pero con ideas, sabiendo de
la acción el cómo, el porqué y el adónde. Justificar la práctica por la
práctica es insultar la inteligencia de la gente, tenernos por disminuidos
mentales, pensar que no somos capaces de discernir entre el puro activismo
y la acción consciente. Pues bien, todo eso es lo que están armando, y,
como resulta muy evidentemente contradictorio tratar de atraer prosélitos
en nombre de la unidad y simultáneamente estar conspirando contra la unidad
de la AIT, pues entonces entonan con cara de circunstancias: “No, no es
una Internacional es...” ¿A quién está esta gente llamando tontos de baba?.
Ahí están San Francisco, Roma, Málaga, París, Madrid, Gotemburgo... ¡Esa
es la “Internacional paralela”!, la denunciada en el reciente XXI congreso
de la AIT y frente a la cual ese mismo Congreso tomo una decidida posición.
Extraído
de la redacción de
CNT N° 267 Mayo de 2001
Nosotros luchamos
por la igualdad ante todo, por la verdadera y propia igualdad, no por aquella
mentira escrita en las cárceles de las monarquías o en los muros de la Francia
republicana.
Nosotros queremos que todo pertenezca a todos; queremos que las máquinas
sean propiedad de los obreros que las hacen producir y que sean expropiadas
a los actuales patronos, que se enriquecen a costa de las fatigas de los
trabajadores.
Queremos que la tierra, hoy en poder de los viciosos propietarios, que viven
en la ciudad en medio del lujo y en plena orgía, sea entregada al campesino
que la cultiva y la hace fructificar.
Queremos, en una palabra, que todos los instrumentos del trabajo sean poseídos
por los trabajadores libremente asociados y que todos los productos naturales
y artificiales de la riqueza sean declarados propiedad de todos. Por esto
nos declaramos comunistas. Y desengañamos a todos los guiados por el egoísmo
a que nos demuestren cómo la verdadera igualdad es posible sin el comunismo
que sintetiza el deber y el haber entre el individuo y la sociedad con la
vieja e insuperable fórmula: de cada uno según sus fuerzas y a cada uno
según sus necesidades.
Pero sin completa libertad no es posible la igualdad completa, como sin
verdadera igualdad no es concebible la verdadera y propia libertad. El que
no posee es esclavo del que posee. Y como no es posible efectuar la igualdad
sin suprimir a los patronos, desposeyéndoles de todo lo que injustamente
detentan, tampoco es posible reivindicar la libertad sin eliminar a los
gobernantes, aboliendo todo gobierno, que es el privilegio político donde
descansa la explotación del hombre por el hombre. Ni amos ni asalariados;
ni gobernantes ni gobernados. Todos iguales en la libertad; todos libres
en la igualdad.
Sin propiedad privada, que equivale a decir sin amos y, por consecuencia,
sin la explotación económica, todos los individuos serán económicamente
iguales, y esto es el comunismo o propiedad común de todas las cosas.
Sin gobierno, sin autoridad del hombre sobre el hombre, sin la violencia
moral de leyes antinaturales, sin policías y sin burocracia, todos los hombres
serán libres políticamente; esto es, cada individuo tendrá la exclusiva
y plena soberanía sobre sí mismo y no encontrará quien le impida cooperar
al bien colectivo y podrá obrar espontáneamente según lo reclamen sus intereses
individuales, existiendo completa armonía en los intereses de todos. Esta
libertad es la Anarquía, libertad de la libertad. Somos por todo esto comunistas
anarquistas, porque queremos ser verdaderamente libres y completamente iguales.
Porque queremos la liberación de todos los oprimidos, porque amamos vivamente
a nuestras madres, a nuestras hijas, a nuestras hermanas, a las compañeras
de nuestra vida y de nuestros dolores, llamamos a la mujer doblemente esclava,
del patrono y del macho. ¡Venid a nosotros y peleemos juntos por la
redención de todas las miserias, para que entre vosotras no impere la infelicidad!
Nosotros queremos purificar la unión sexual y nada más. Hacerla desinteresada
con la abolición de la propiedad, causa principal de todos los bajos cálculos
de interés; hacerla libre, haciendo desaparecer todas las cadenas, morales
o materiales, que se opongan al espontaneo y natural desarrollo de todas
sus manifestaciones.
Los gobiernos y negreros capitalistas, para mejor dominar, se afanan en
suscitar odios fratricidas entre los pueblos, y estos nunca comprenden el
juego insidioso que con su sangre hacen todos los potentados y patrioteros.
Los trabajadores empiezan ya a entender que sus enemigos no están mas allá
de esta o aquella frontera, sino que están en todos los países, en todas
las patrias: sus mismos gobernantes y patronos. Solo una alianza internacional
de los explotados y los oprimidos de todas las patrias, en abierta rebeldía
contra la coligación de los gobiernos y del capitalismo, derrocará todo
ese viejo orden social basado en privilegios, opresiones y tiranías, instaurando
en toda la tierra una nueva era de amor y bienestar para todos los hombres
iguales y libres. Por estas razones, los comunistas anarquistas se declaran
internacionalistas.
Pero toda esta renovación sustancial y profunda de la sociedad humana, solo
es posible merced a una violenta insurrección del pueblo contra la violencia
legal de los actuales privilegios económicos y políticos. Aquí parte la
necesidad de una revolución social. Y por esto nosotros somos antilegalitarios
y revolucionarios.
Y tú, viejo pueblo trabajador, confórtanos en nuestra humilde y solitaria
obra, con el rugido del león que afila las garras para entrar en pelea;
que aún en el furor de la batalla oirás como, hiriendo el espacio, surge
de los pechos de los luchadores este grito, que es un signo de fraternidad
y amor: ¡Viva la humanidad libre!
por Pietro Gori,
anarquista italiano
(1865-1911)
LA ESTUPIDEZ Y LA MUERTE VOLVER
“La inteligencia
humana es limitada; pero la estupidez no tiene límites”. Así reza una frase
anónima -y si no lo es merecería serlo- cuya triste vigencia comprobamos
cotidianamente. Los atentados del 11 de septiembre ocurridos en Nueva York
le han dado otro envión a la vieja costumbre de los seres humanos de quebrar
los récords previos de imbecilidad. De este nuevo logro colectivo han participado
cientos o miles de personas, aunque como también es tradición, este nuevo
logro no es responsabilidad de la humanidad entera. Algunos de los protagonistas
han tenido un papel verdaderamente significativo: Bin Laden, Bush, los talibanes,
la CNN, las empresas de aerolíneas, el ántrax, los Tomahawk (y toda la familia
de misiles), la OTAN, Wall Street, la ONU, Israel, y muchos protagonistas
menores, de escasa repercusión internacional, pero también ansiosos de manifestar
sus condolencias, admiración, júbilo, dolor, sorpresa, desesperación y esperanza.
Entre estos protagonistas secundarios encontramos a los bomberos y policías
de Nueva York -así como al resto de los botones del mundo homenajeando a
sus camaradas yanquis- a todos los noticieros, diarios y prensa de todo
tipo que lucró y ganó audiencia con el terror, también a las profecías de
Nostradamus, a los manifestantes por la paz mundial, a los manifestantes
por la guerra mundial, a los políticos y religiosos de todas la especies
y -en el ámbito local- las declaraciones de Hebe de Bonafini, Zito Lema,
David Viñas y Sergio Schocklender. Todos aportaron algo, aunque en diferente
medida.
No sería posible hablar de cada cual en su justa extensión. Son muchos,
mucho es lo que se ha dicho y más aún lo que resta por decir. ¿Cuánto podemos
agregar a la reputación criminal de Bin Laden, Bush, la CIA, el FBI, los
talibanes con el mullah Omar a la cabeza, y todos los Estados, los capitalistas,
los policías, militares, religiosos, políticos y fundamentalistas involucrados
en esta historia? En cambio, voy a referirme a un acontecimiento local,
con repercusión de “talk show” al estilo Mauro Viale, que son las declaraciones
de Bonafini y algunos de sus seguidores en una -irónicamente llamada- clase
pública que dieron en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo (nombre
de fantasía de la escuela de militantes de la antedicha). Estas declaraciones
fueron causa tanto de repudio como de apoyo, y generaron al menos dos contestaciones
que alcanzaron cierta celebridad, por decirlo de alguna manera. La más conocida
es la de Horacio Verbistky, periodista de Página/12 desde lo que podríamos
llamar izquierda democrática o progresista; la otra es la de Rolando Astarita,
docente, investigador e historiador, renunciante a su cátedra en la UPMPM,
profesada desde el socialismo marxista. Con algunas coincidencias puntuales
aunque no de fondo -y desde un punto de vista ideológico anarquista- expondré
mi apreciación acerca de las afirmaciones de Bonafini y sus colaboradores.
David Viñas -renombrado escritor y padre de hijos desaparecidos por la última
dictadura militar- equiparó los atentados del 11 de septiembre a la lucha
de clases. Esta afirmación desconoce las propias motivaciones de los autores
del atentado, quienes pertenecían al movimiento fundamentalista islámico
Al Qaeda patrocinado por Osama Bin Laden, ahora convertido en un archiconocido
terrorista, multimillonario capitalista y fanático religioso. Si el atentado
del 11 de septiembre está enmarcado en la lucha de clases, entonces deberíamos
tratar de identificar cuáles son las clases que luchan: por un lado los
obreros, proletarios, u oprimidos y marginados, contra los burgueses y explotadores
por el otro. Es decir, que los muertos en las torres y los aviones eran
todos burgueses, capitalistas y explotadores (incluyendo a los cafeteros,
personal de limpieza y maestranza, ascensoristas, bomberos, enfermeros y
médicos, turistas, empleados de oficina, administrativos, cadetes motociclistas,
azafatas y pilotos). Y sin duda los 15 terroristas islámicos eran representativos
del proletariado revolucionario. ¡Cómo no iban a estar contentos Viñas,
Bonafini y sus compañeros de mesa: el proletariado goleó a la burguesía
por 6.000 a 15!
Una estupidez semejante -más allá de las ironías- sólo puede ser sostenida
por un necio que confunde a los Estados Unidos con el capitalismo, y a sus
enemigos con la revolución social. Así, al incorporar a todos los enemigos
del gobierno norteamericano a la lista de revolucionarios del mundo, ésta
engrosaría lo suficiente como para incluir junto con los anarquistas a figuras
de la talla de Stalin, Perón, Hitler, Noriega, Trotsky, Maradona, Escobar
Gaviria, al mullah Omar, Fidel Castro, Saddam Hussein, Mussolini y Mao.
Con el mismo criterio, Timothy Mc Veigh, autor del atentado contra el edificio
federal de Oklahoma, que costó la vida a 350 personas, debería ser reivindicado
por Viñas, quien afirma que los atentados son un reflejo de la violencia
popular frente a la institucional del imperio, la violencia de los de abajo
contra la de los de arriba. Mc Veigh y David Koresh, fanático racista uno
y fanático religioso el otro, se enfrentaron al gobierno federal de su país,
contra el poder institucional del Estado y del FBI, y provenían de las clases
más bajas de EE.UU. Al escritor “revolucionario” Viñas jamás se le ocurriría
respaldar los actos de Mc Veigh. Para no quedarse corto a la hora de adjudicarse
contradicciones, el mencionado consideró que la nueva forma de lucha que
llevan adelante “los sometidos y humillados del mundo” contra Wall Street
y el Pentágono debía leerse “dentro del contexto del proceso general de
globalización”. La tan odiada, criticada y repudiada globalización, pasa
a ser ahora parte del argumento que nos permite justificar al terror.
Menos intelectual pero más sentimental que Viñas, el poeta Vicente Zito
Lema aseguró sin tapujos que Bin Laden era un “revolucionario” y que su
lucha es parte de la lucha de los oprimidos contra el imperio. No me voy
a tomar el trabajo de refutar semejante gamberrada. Que lo haga el propio
Bin Laden a través de sus palabras:
“El Frente Islámico Internacional para la Yihad contra Estados Unidos e
Israel ha emitido, por la gracia de Dios, una fatwa [decreto religioso]
terminante que ordena a la nación islámica llevar a cabo la yihad para liberar
los lugares sagrados. La nación de Muhammad ha respondido a la llamada.
Si la instigación a la yihad contra judíos y norteamericanos, con el fin
de liberar la mezquita de Al Aqsa y la santa Kaaba se considera un crimen,
la historia será testigo de que soy un criminal. Nuestra labor es instigar
y, por la gracia de Dios, así lo hicimos, y algunas personas respondieron
a esa llamada.”
“Dios ha bendecido a un grupo de musulmanes de vanguardia para destruir
a Estados Unidos (...) y tal vez Dios los bendiga y les conceda un lugar
supremo en el cielo.”
Pregunta: Estados Unidos afirma que usted está intentando comprar armamento
químico y nuclear.
Bin Laden: “Comprar armas para defender al Islam es un deber religioso.
Si es cierto que he adquirido esas armas, doy gracias a Dios porque me haya
permitido hacerlo. Y si estoy intentando comprarlas no hago más que cumplir
con mi obligación. Para un musulmán sería un pecado no intentar lograr la
posesión de las armas capaces de evitar que los infieles causen daño a su
pueblo.”
Sostener públicamente que un personaje nefasto como Bin Laden es un revolucionario
no es la única gansada de la cual es autor Zito Lema, sino que considera
que su accionar está comprendido dentro de la lucha de clases. La huelga,
el piquete y la acción directa tradicionales no son actualmente efectivas:
mejor dejemos que el ántrax, las armas químicas y nucleares destruyan al
capitalismo.
Tampoco faltó la alusión a Hiroshima y Nagasaki, las dos ciudades japonesas
donde se arrojó la bomba atómica. El hecho de que hace 56 años el ejército
norteamericano haya arrojado bombas atómicas, no convierte en culpables
a los actuales habitantes de los EE.UU, ni sirve como justificativo de los
bombardeos con aviones sobre Nueva York. Si así fuere, arrasemos primero
Roma, España, Inglaterra y un sinnúmero de países y ciudades que con anterioridad
a la masacre de Hiroshima habían cometido crímenes contra la humanidad (desde
el Imperio Romano, a la conquista de América). Para no parecer menos revolucionario
que Viñas, nuestro poeta declaró que sólo aquellos que “alzaron la voz por
los caídos en la humanidad” tienen autoridad moral para hablar de derechos
humanos y de lamentar la muerte de los trabajadores de las torres gemelas;
el resto son pro yanquis llorones cómplices cotidianos de la muerte. ¿Alguna
vez denunció Zito Lema los crímenes perpetrados por la URSS antes y después
del stalinismo? ¿Alzó la voz por los caídos por la humanidad en China comunista,
Cuba castrista, en los países invadidos por los soviéticos (como Afganistán),
en Camboya, en el Irak de Hussein o el Irán de Khomeini? Para no hacer una
afirmación terminante, creo que nunca.
Sergio Schoklender, abogado de las Madres de Plaza de Mayo, personaje público,
dijo que los atentados no eran terrorismo: en realidad son “operaciones
quirúrgicas”. Sorprendente coincidencia terminológica entre Schoklender
y Bush, quien también afirma que los misiles norteamericanos que actualmente
bombardean Afganistán -y antes lo hicieron en Yugoslavia e Irak- lo hacen
con precisión quirúrgica. El término “quirúrgico” lo aplican ambos en el
mismo sentido: se selecciona un blanco (canceroso o maligno) y luego se
procede a extirparlo. Para Schoklender se atacó a los centros precisos de
poder; para Bush lo que se extirpa son objetivos de valor estratégico. En
ambas operaciones los médicos parecen haber confundido el bisturí con una
motosierra.
También admiró a la valentía de los militantes islámicos que secuestraron
los aviones y se deshizo en elogios a “Irak y su revolución maravillosa”.
Y para cerrar, un pensamiento profundo, de alto vuelo político y filosófico,
propio de un verdadero revolucionario: los imperialistas “no son tan invulnerables
y tenemos la posibilidad de resistir y enfrentarlos”. Parece que si no,
no nos dábamos cuenta. Dichosos de nosotros porque los fundamentalistas
islámicos vinieron a demostrarnos que la revolución aún es posible.
Alegría, júbilo, brindis, fueron los términos que empleó Bonafini para describir
su estado de ánimo al enterarse de los atentados. No es grave de por sí.
Los sentimientos muchas veces dominan a las personas y surgen desde lo más
profundo. Lo que no corresponde es desde supuestamente una postura revolucionaria,
que se tilda a sí misma de humanista, igualitaria, anticapitalista y popular,
reivindicar la muerte indiscriminada, y ayudarse de las falsedades más flagrantes
para respaldar una postura contradictoria con los derechos humanos que dicen
defender. “No murieron pobres” nos esclarece Bonafini, como si tuviera conocimiento
de la situación personal de cada uno de los trabajadores del edificio. Por
supuesto que murieron muchos empresarios y burgueses, policías, capitalistas
de toda laya y explotadores diversos. Sin duda son una minoría comparados
con la cantidad de trabajadores asalariados que también fueron aplastados
e incinerados en el atentado. ¿O Bonafini piensa que los ascensores y el
personal de maestranza, o los limpiadores de vidrios eran capitalistas encubiertos?
Seguramente los cientos de inmigrantes de origen latino que murieron -argentinos,
cubanos, brasileños, dominicanos, peruanos, mexicanos, nicaragüenses, salvadoreños
o portorriqueños- no emigraron de sus países por ser pobres, sino para convertirse
en burgueses, como lo son todos los norteamericanos, negros, blancos, chicanos
e indios. Siguiendo su brillante línea argumentativa, Hebe de Bonafini consideró
que el atentado hizo que la sangre de tantos pueblos oprimidos fuera vengada.
Rolando Astarita criticó su declaración con estas palabras:
“Pues bien, hay que decir que el objetivo del socialismo no es la “venganza”.
Para aclarar este punto, sigamos hasta el fin esta lógica de la “venganza”:
implica que si el enemigo tortura, nosotros torturaremos; si el enemigo
secuestra, nosotros secuestraremos; si el enemigo explota, nosotros explotaremos
a los antiguos explotadores cuando “la tortilla se dé vuelta”. O sea, reproduciremos
toda la mierda de esta sociedad, punto por punto, en cuanto tengamos el
poder para hacerlo. En conclusión, postularíamos una nueva sociedad burocrática
y represiva. Esta es la matriz de todo stalinismo, éste es el camino más
rápido para llegar a los campos de concentración “en nombre del socialismo”,
a las torturas de los opositores “en nombre del socialismo”, a las muertes
masivas perpetradas por los Khmer rojos “en nombre del socialismo”.”
Astarita confunde venganza con Ley del Talión. Hay muchas formas de venganza
más allá del “ojo por ojo”. Considero que la venganza es un sentimiento
humano legítimo, cuya intención primordial es restaurar un sentimiento de
justicia por parte de quien ha sido víctima de una injusticia. La venganza
es siempre subjetiva y no hay forma de calcularla en una medida imparcial,
lo que es causa de venganzas en cadena interminables. El “ojo por ojo” pretende
calcular la venganza hasta un punto determinado, pero ni más ni menos de
ese punto. Desde una ética anarquista la venganza de por sí no es condenable,
dentro de ciertos límites, es decir, dentro de una ética de medios y fines.
Por eso la “dictadura del proletariado” no figura dentro del programa revolucionario
anarquista: los medios no pueden ser contradictorios con los fines. En este
sentido, la dictadura del proletariado está basada en la Ley del Talión,
y como sostiene Astarita, es la matriz de todo stalinismo. Pero no han sido
por venganza los crímenes en nombre del socialismo, sino por la aplicación
de la razón de Estado.
El problema que presenta el justificar cualquier acto reprobable moral o
éticamente con el argumento de la venganza legítima es que, si lo universalizáramos,
la humanidad estaría condenada a muerte. ¿Qué país, Estado, gobierno, ejército,
pueblo, institución, religión, ideología, etc., no cometió un hecho susceptible
de venganza? Dos días después de los ataques dos turistas japoneses fotografiaban
sonrientes los restos retorcidos de las torres. Seguramente comentaban y
bromeaban, y habrán creído que Hiroshima y Nagasaki habían sido vengadas:
los yanquis recibieron su propia medicina. Sin duda la recibieron, pero
¿acaso los japoneses no habían cometido crímenes infinitamente mayores en
la Segunda Guerra Mundial durante su ocupación de China? Entonces, el holocausto
nuclear fue justo. Apliquemos esta forma de razonamiento a todas las masacres
de la historia, o a los crímenes más abyectos, y la argumentación de la
venganza podrá ser esgrimida como justificativo.
Bonafini admiró la valentía de los atacantes, y sostuvo que estos dieron
su vida “por nosotros”. Y se mostró complacida porque el pueblo norteamericano
ahora el miedo y el terror, “ahora lo vive el pueblo norteamericano entero.
Ese pueblo que se calló y aplaudió las guerras”. Tres falsedades. Primera,
los atacantes no eran valientes sino fanáticos que creían que iban a ir
al Paraíso, a un mundo mejor. Tampoco creo que pueda considerarse un acto
de valentía el apuñalamiento de azafatas para luego estrellar un avión de
pasajeros. Segunda, no dieron su vida por nosotros sino por el Islam. Tercera,
el pueblo norteamericano calló y aplaudió las guerras en la misma medida
que todos los demás pueblos del mundo lo hicieron, y también se opusieron
a ellas en la misma medida. ¿Acaso los argentinos no apoyaron en gran medida
la represión de la última dictadura y la guerra de Malvinas? ¿Acaso los
suizos -a través de su Banca- no se beneficiaron de las guerras que sufrieron
otros pueblos, o el resto de los países europeos se benefició de la explotación
que sus empresas llevan a cabo en el resto del mundo?. Astarita observa
con justeza:
“El razonamiento de Bonafini procede según los siguientes pasos: en primer
lugar, identifica al capitalismo con Estados Unidos. Esto es, para ella
el capital no es una relación social, sino un país, incluido su pueblo y
todos los que viven en él. En segundo lugar, identifica la lucha contra
el capital con la matanza de capitalistas, que, como ya dijimos, han sido
identificados con los habitantes de Estados Unidos; de ahí que diga que
el 11 de setiembre “no murieron pobres” sino “enemigos” (...)
Hebe Bonafini exalta el peor de los nacionalismos. Hace culpable a todo
un pueblo, el norteamericano, porque “calló y aplaudió las guerras” y afirma
que las guerras existieron “porque el pueblo norteamericano las aplaudió”.
Conclusión, las guerras son culpa colectiva de un pueblo. Una vez más, el
sistema capitalista es absuelto, en la particular explicación “socialista”
de las guerras de Bonafini (¿y acaso pretende también que todas las guerras
desde el siglo XVI en adelante fueron culpa del pueblo norteamericano?).
Como también son librados de toda responsabilidad los gobiernos y regímenes
burocráticos, no capitalistas (¿la guerra entre Camboya y Vietnam fue culpa
del pueblo norteamericano? ¿la guerra de los soviéticos en Afganistán?).
Las contradicciones sociales y económicas que llevan a los conflictos armados
entre países son dejadas de lado, porque lo que importan son las culpas
de los “pueblos”. Pero siguiendo con este razonamiento, debería señalarse
como culpables colectivos por crímenes de guerra a los pueblos de todos
los países industrializados. ¿No sería entonces progresiva una guerra bacteriológica
en gran escala, que acabe de una buena vez con todos esos “culpables”?
Pero además, una característica de todo nacionalista es que limita sus argumentos
“al otro”, y no mira hacia “su” pueblo. Como no nos atan los prejuicios
nacionalistas, aplicaremos la argumentación de Hebe Bonafini a los argentinos.
¿Acaso no fue Argentina agresora de Paraguay, país al que desbastó de la
manera más brutal? ¿No fueron argentinos los que exterminaron a las poblaciones
indígenas autóctonas? ¿No fueron argentinos los que protegieron a los peores
genocidas de la historia, los nazis refugiados después de la guerra? ¿No
fueron argentinos los que aplaudieron al gobierno que protegía a esos asesinos?
¿No son argentinos los que honran la memoria de los genocidas de los indígenas
o de los paraguayos? ¿No son argentinos los que votaron por el gobierno
que apoyó los ataques de Estados Unidos a Irak y su bloqueo? ¿No son argentinos
los que discriminan -masivamente- a bolivianos, peruanos y a gente de raíz
indígena? Conclusión, el pueblo argentino de conjunto es culpable. Por lo
que es hora de brindar por nuestra propia muerte colectiva.”
Decidí introducir esta larga cita debido a que expresa bastante fielmente
lo que pienso, aunque no estoy de acuerdo en absoluto con el marco ideológico
marxista desde el cual fue formulada. De todos modos Bakunin -con su maravilloso
poder de síntesis- lo hubiera resumido de este modo: “Todo Estado es imperialista
en la medida de sus posibilidades”
Es legítimo que Bonafini sienta odio hacia los yanquis, incluyendo a todo
el pueblo norteamericano. Así lo expresa en una lamentable “pieza literaria”
intitulada “¿Cómo se siente, yanqui...?”, donde se refleja todo su odio
hacia los norteamericanos. Más lamentable es haberla firmado como “El resto
del mundo”, haciéndose eco imaginario de la opinión del resto de la humanidad
no estadounidense. Personalmente no me importa lo que esta mujer y sus discípulos
sientan por los norteamericanos. Pero no por eso voy a dejar de criticar
su irresponsabilidad, su falsa autoridad moral, su autoritarismo, su escaso
sentido ético. Es muy fácil hacerse el revolucionario sobre las espaldas
ajenas. Más todavía cuando Bonafini y las Madres de Plaza de Mayo que dirige,
jamás cometieron actos de ilegalidad o violencia contra los represores y
asesinos de sus hijos; incluso se vanagloriaron de su vocación democrática
de recurrir a la justicia burguesa, y de esgrimir la consigna “Juicio y
Castigo a los Culpables”.
Mi posición no es a favor ni en contra de la violencia. La violencia es
parte del mundo natural, tanto como del mundo social. Luiggi Fabbri sostiene
que “la violencia es un medio que asume el carácter de la finalidad para
la cual es adoptada, de la forma en que es empleada y de las personas que
se sirvan de ella”. Esto es lo que diferencia a la violencia de los revolucionarios
de la violencia gubernamental, policial, fundamentalista islámica, fascista
o bolchevique. Esto es lo que diferencia a los actos de violencia que caracterizan
al anarquismo, de los que caracterizan a la autoridad. Es la diferencia
entre un revolucionario como Wilckens o Radowitzky, y un reaccionario como
Bin Laden.
Patrick Rossineri
EL TRABAJO ESTÁ EN VÍAS DE EXTINCIÓN VOLVER
La libertad
es una aspiración que entiendo y comparto. Ser dueño del propio tiempo o
no ser dueño de nada. Más allá de la miseria que produce la carencia, más
allá de los usos, costumbres y apetencias alimento un estado de ánimo fuerte,
dispuesto para la acción.
El presente es la decadencia de las formas en disolución perpetua. No existe
más que nuestra convicción en medio del abandono (de la sonrisa de la oveja).
Vida es lágrima. Muerte es quedar al lado del camino sin atrevernos a cometer
equivocaciones. La astucia nos permite hacer nuestro lugar y cambiar la
realidad levemente.
La mayor parte del capital es de origen especulativo. El anticuado capitalismo
de producción pierde terreno en el ilógico terreno de la economía. La máquina
que se alimenta de todos y de todo es como una gran locura colectiva. Construimos
el mundo en cada momento y el producto de nuestro esfuerzo toma contornos
de un patrón siniestro. Cada vez estamos más en la periferia de esa lógica
virtual y desatinada porque nuestra fuerza productiva pierde valor en la
democracia. Nos asfixiamos en la corriente si no tenemos rumbo.
El trabajo es condena y podría ser nuestra redención. Nos ata al mundo y
debería ser la forma de tornarlo más nuestro. Tomo en consideración mi elección,
cambio dinero por la vida. Aparece (el dinero) relacionado con esa otra
sucia noción que es la transacción. En cada café y taberna, en los supermercados
y los negocios. Los bancos son lugar de comunión con las trabas y el mundo
de la paz social. Nos atienden empleados de subalternos miedosos que nos
interpretan las escrituras eficazmente. Nuestro nombre asociado a un número
que encarna nuestro grado de comunión con el verbo, que en este caso es
el dinero.
Las nociones falsas que tenemos de la libertad son cruciales. Vemos como
imposibles cosas que no lo son y permanecemos en márgenes estrechos. La
exclusión para aquellos que extravíen su caminar en senderos desconocidos
por la masa. Pero rebelión es lo justo. Algún creyente musitará algo mientras
paga su comida con tarjeta.
La creencia es contagiosa pero también la duda lo es. Una es como la viruela
y se transmite a través de la televisión: estética que esconde ideología;
en el trabajo vacuo que nos roba la vida; en el dinero que todo lo mancha;
en el sucio arroyo lleno de botellas vacías. Enfermamos si no nos formamos,
si no nos bakunizamos. Una ideología viva susceptible de cambio.
Entre lo que se dice y lo que se cuece; entre la milanesa y el caldo; entre
la papa frita y la cocida; entre el futuro y el pasado; entre la trompeta
y el violín; entre el espíritu liviano que se entusiasma y el ronco espíritu
que se responsabiliza de todo; entre los desposeídos y los ricos; entre
nosotros y ellos mi elección está hecha. La teoría es la práctica. El presente
es el cambio de las formas en disolución perpetua. Hablo durante un momento
y después me comprometo en cada acción. De derrota en derrota hasta la victoria
final. A veces resistir es vencer, un poco más allá experimentaremos que
todo es posible.
Brais
Los sentidos
y tendones, se tensionan. La reacción invade la razón. Los dientes y puños
se contraen. Ojos que brillan de odio, y desde lo más profundo de las cutículas
se puede oir la ira gritando: ¡basta!. En un segundo el pequeño estallido
de violencia, pasa a ser colosal; el puño impacta, como una gran explosión,
contra la faz burlona y arrogante del imponente sayón. Comienza el principio
del fin. La mejilla finalmente se ha cansado de soportar los bofetazos,
rebelándose contra el puño opresor. Esta acción directa ha desatado las
energías que desde hace tiempo sentía ahogadas. La violencia ha sido respondida
con violencia. “No es violento el que se defiende, sino el que obliga a
los otros a tener que defenderse; el asesino es aquel que pone a los otros
en la terrible necesidad de matar o morir”.
La respuesta de “la ley y la justicia” no se hace esperar, los verdugos
siempre están dispuestos a ejecutarla. El “rebelde” es arrastrado y tomado
de los cabellos, que se van cortando uno a uno, por el peso de su cuerpo.
El pasillo se hace interminable y fuertes patadas pronostican la tormenta
que se desatará sobre él. La insolencia cometida será pagada con intereses.
El oscuro y húmedo cuarto al que es llevado, representa el terror mismo
de agonías pasadas; son víctimas que han tatuado sus nombres en las paredes,
y ahora lo observan como únicos testigos silenciosos. La impotencia y la
desesperación hacen que las esposas ahorquen y desangren las muñecas, el
instrumento de tortura ha sido diseñado especialmente para dejarlas en carne
viva ante cualquier tipo de resistencia. Con vivaz energía, los cinco símbolos
de la autoridad, dan comienzo a la aplicación de su “valiente justicia”.
El siniestro desata incansables bombardeos, sin piedad alguna los golpes
estallan contra el cuerpo agotado, tambaleante e indefenso de su víctima.
Casi inerte, cae violentamente en su propio charco de sangre. Hasta en sus
últimos suspiros, continúan cayendo sobre él una lluvia de golpes que suenan
como truenos en sus oídos. Ya sin energías ni razonamiento entra finalmente
en la inconciencia, luego el silencio...
¿Cuál es el precio de estar preso? Es que tan sólo en un segundo, se pierde
toda la libertad, y pasan horas, días, años...
Los castigos psicológicos y físicos se impregnan en el recuerdo y el cuerpo.
La respiración se detiene, alejando a la luz cada vez más, hasta apagarse
definitivamente; es la agonía, el encarcelamiento, es la muerte en vida.
Melancolías suicidas que se alimentan de la tristeza, del penar, de tanta
soledad entre esas paredes, sin libertad, sin amor, en fin, sin vida. Todo
cuesta abajo, pero el corazón se afirma y resiste.
Voces que irradian autoridad aumentan la condena, la pena y la tortura,
pero jamás logrará asomarse un solo indicio de culpabilidad.
En la oscura y fría tumba, denominada celda, entra un rayo de sol por la
diminuta ventana, dibujando sobre el suelo una sombra con forma de rejas;
tras ella el exterior, donde se puede observar la macabra realidad, que
no es muy distante ni distinta de la que se sufre en prisión.
El enjambre humano camina, marcha, a paso redoblado o carrera mar, como
hormigas atemorizadas y rutinarias siempre de la mano del silencio cómplice,
pero a veces les queda tiempo para hablar y de esos comentarios se puede
oir sus más profundos pensamientos: “el sistema penitenciario sirve de castigo
para los criminales que se atreven a delinquir en nuetra sociedad, pero
aún falta que se dictaminen leyes más estrictas y penas más duras contra
esos inadaptados”. Los ignorantes creen que la cárcel es hacer justicia,
pero ese pensamiento era de esperar puesto que no saben el verdadero significado
de la palabra justicia. También existen los que se rebelan diariamente contra
quienes generan agonías y defienden la muerte-carcelaria. El llanto de los
niños recorre el mundo hasta el último rincón, es la desesperanza, es pánico
y vilo por la aterradora vida que le depara este camino siniestro al cual
se dirige la humanidad. No puedo imaginar más que desiertos y tumbas en
ese funesto camino. Los corazones llenos de libertad e igualdad se atormentan
ante esta vil realidad. Mientras tanto, del otro lado de los barrotes, con
las llaves en la mano, observa sonriente el sayón, el verdugo, el ejecutor
de “la ley y la justicia” y el símbolo de autoridad...
Pero el corazón se afirma, resiste y aún se rebela.
Vilchesz
¿SEGUIRÁ...? -POSMO ZAPPING ACTUAL- VOLVER
Primera Plana
Los miraba por la ventana, esa de vidrio y plástico por la que pasa la mayor
parte de nuestras vidas y la de los demás. Se hacían chistes al respecto,
y no faltaban los simpatizantes del Señor Jones y los del cerdo. Amigos
antiguamente, hoy se pelean. Y por supuesto no son ellos los que sufren
las heridas, sino los animales de la granja. Los que trabajan diariamente
por la ración de alimento, ya sin importarles mucho si el molino de viento
les pertenece o no a ellos. La idea de que la granja animal es la granja
de los animales sigue siendo una falacia. La granja o es de los cerdos o
del señor Jones. Y bombardeados por grandilocuencias el resto de los animales
y de los hombres siguen creyendo que las granjas les pertenecen. Mueren
por eso, viven por eso y no por ser libres del Señor Jones o de los cerdos.
Asi seguiría un capitulo más de la “Granja Animal, un cuento de hadas” (Rebelión
en la Granja), de George Orwell, un cuento de hadas encarnado en una cotidianeidad
tenebrosa. Hoy el señor Jones Bush se pelea porque el señor cerdo Osama
Bin Laden atacó, masacró y mató a miles de personas. La ficción de hace
cincuenta años está cada vez más vigente en este mundo real de supercontrol.
El hecho; miles de muertos por un lado y por otro. Miles de mutilados en
la gran ciudad y en el desierto. Miles de muertos en todas las latitudes.
Muertos por la religión, por un dios supremo salvador y elitista. Por un
dios material, metálico, brillante electrónico, de poder y codicia.
Un embrollo en donde se conjuga el poder de los musulmanes en su milenario
territorio de reinados teocráticos, los intereses económicos de los grandes
capitalistas estadounidenses y los intereses sionistas sobre un pedazo de
territorio “santo”. Santa la masacre de millones en nombre de un dios.
Un atentado como el que sufrió la humanidad el 11 de septiembre pasado no
tiene que volver a pasar, el atentado que sufre la humanidad gracias al
hambre del capitalismo no puede avalarse ni dejar que continúe. La tortura
femenina (masculina también) del talibán y las que perpetra cualquier religión
es insostenible.
¿Habrá que alinearse entre EEUU o URSS? Era la discusión al culminar la
segunda guerra mundial. ¿Habrá que alinearse? Yo diría que los mandemos
a la mierda a los dos. La supuesta división mundo occidental, mundo oriental,
aquellos que viven en su religiosidad de hace mil años atrás, y los que
creen estar superados por la tecnología y la democracia. La lucha de la
fe ciega y la fe en la razón. Las leyes parlamentarias y la ley divina.
No hay tal oposición, son dos caras diferentes de la misma moneda. Una moneda,
un pensamiento, un solo objetivo: Gobernar, tener poder y mandar.
Cualquier Estado es terrorista. El terror que ejerce sobre las personas
mediante la dictadura de la economía es palpable. Qué más terror que el
que ejerce un Estado sobre personas hace más de mil años. Un grupo de poder
inculcando a la sociedad los principios básicos. Principios que como sucedía
en la granja animal se cambian según la conveniencia del dirigente. Y así
sucede hace milenios, los grandes intentos por emancipar a la humanidad
o han sido derrotado por los autoritarios o se han convertido en autoritarismos
atroces.
Lo que hemos visto y estamos viviendo no es más que una guerra. Una guerra
inventada, en donde las víctimas siguen siendo los que justamente no mandan
a matar. En donde los que pierden son siempre los que no deciden ha-cer
la guerra. Cuántas vidas derrochadas en vano por la lucha de los señores.
¿Cuándo llegará el día en que la guerra sea contra los señores que hoy los
mandan a matar? Una guerra contra la autoridad. Con un fin: la emancipación
humana de la misma dominación humana. Dichosos mártires que den la vida
por la verdadera libertad y no por un paraíso celestial o un paraíso de
librecambio mercantilista.
Primera Plana Bis
Milésimas de segundos se incrustaban en las pupilas de un mundo atónito,
mientras los dirigentes parlamentarios dictaban medidas para proteger sus
intereses. Más presupuesto para la fabricación de armas y preparación de
ejércitos que matarán a otros ejércitos, que sumados matarán a muchos. Y
mientras el sostén económico del los Estados (los impuestos) se repartían,
las grandes cadenas de medios difundían su información a favor de su mercantilismo.
Milésimas de segundo en las pupilas del mundo, millones en las alforjas
de los accionistas de la CNN, y venden y venden. Es que la guerra es un
gran negocio, en donde no sólo se venden municiones. La información se vende
¡y cómo se paga! La psicosis ántrax cual mejor “Guerra de los Mundos” de
un fracasado cineasta. “Todo musulmán es enemigo. Cualquier capitalista
judeocristiano buena gente, defensor de los derechos humanos,” hecho por
los Estados. La guerra vende, brinda poder.
Y como es negocio mostrar lo malo que está más allá de las impuestas fronteras
de los Estados, las autoridades locales aprovechan el bolazo y ajustan a
más no poder. “Hay que pagar las dos torres gemelas,” dicta el FMI, “y arréglenselas
como puedan.”
¿Será el tiempo de inventar un nuevo terror? El riesgo país. Riesgoso es
creer en esta sociedad. Riesgoso es creer en un país. Y con este argumento,
todo lo que debería “devolver” el Estado de los impuestos (que pagamos todos
los incluidos en la farsa estatal) se reduce. Se reduce la plata para los
pobres viejos que estuvieron bancando al Estado por años, y entre otros
sueldos y migajas que da el Gobierno, se baja el aporte a la elitista educación
“pública”.
Y como consecuencia, mal organizados docentes, estudiantes y demás relacionados
con el ambiente estudiantil reclaman “universidad pública y gratuita para
todos”. ¿Gratuita? El Estado no da nada gratis, la pagamos con impuestos.
Se mezclan en esto montones de causas más, se aúnan; desocupados, comedores
escolares, jubilados, trabajadores (estatales o privados) víctimas de este
sistema, el mismo sistema que baja torres, el mismo sistema que ataca a
medio oriente.
En el medio, la discusión, ¿para que nos sirve la educación? ¿Para ser personas
más cultas, para responder mejor ante las necesidades de la sociedad y ante
todas las vicisitudes de la vida? ¿O para ser mejores empleados para una
gran empresa multihiperinternacional? ¿para ser útil a la sociedad, para
uno mismo y su posteridad, o para algún interés comercial?
El reclamo social tiene causa, pero no pasa más allá de pedirle a este mismo
sistema social que sea más piadoso. Oportunistas ven la forma de involucrarse
en estos problemas para sacar réditos. El reclamo se agranda, pero no pasa
de ser un arrodillarse ante medidas placebo, dictadas por quienes generan
estos problemas: los parásitos de la sociedad.
Contratapa, causa de una sonrisa
Entre todos estos sucesos internacionales, el miedo a la inseguridad,
a la desocupación y a los conflictos sociales de origen local se mantuvieron
en segundo plano. “¿Por qué mostrar las imágenes de Bin Laden era más importante?”
No, porque esto sirvió para sembrar una buena campaña electoral para senadores
y diputados.
El acto cívico se hizo presente, y los candidatos de siempre se pasaban
la bola de los problemas y el round entre partidos se hacia presente, como
cada vez que existe la posibilidad de tener un voto.
Lamentablemente, para ellos, y felizmente, para nosotros, se acentuó la
tendencia a la negativa electoral. La gente, cada vez mas descreída de la
farsa electoral se niega a elegir a sus representantes. Obviamente y como
de costumbre oportunistas haciendo negocio de esto aparecen (un saludo al
PCR).
Lo importante es que el hastío generalizado lleva a que la campaña para
que la gente valla a votar sea mas frondosa que la campaña para votar a
alguien. Apuntar a la sensibilidad de la gente, al sentimiento de pertenencia
a un lugar, aunque esto se opaque con un “todos los gobernantes son corruptos.”
Apenas palabras, que no creo que contengan el repudio contra este sistema
social jerárquico autoritario, pero que podría ser el comienzo de su fin.
En el cambiante imaginario social, el gobernante esta cada vez mas asociado
a; el fraude, a la extorsión, a algo malo. Y saludo a esta posición. El
gobernante X no es malo, los gobernantes lo son. ¿será este el cimiento
de una nueva sociedad sin gobernantes? Espero que así sea. Espero que esto
sea un indicio del comienzo del fin de este sistema.
Último momento
Pasó un tiempo desde que la primera parte de esta nota se hizo. A la
fecha de salida de este periódico los Talibanes están cada vez más acorralados
por las fuerzas estadounidenses. Las pantallas muestran el odio y el desprecio
que existe entre dos miembros de un mismo pueblo, bombardeados por diversas
corrientes de la religión musulmana.
Como crónica de un final anunciado se podría llegar a decir que los norteamericanos
ganarán esta “guerra” y tomarán el control de la zona, esto se ve en las
tentativas de avance contra el Estado de Saddam Hussein. Controlar todo
es necesario para el Estado norteamericano (para cualquier Estado) y así
procede, consecuente con su ideología.
En lo local un hecho refuerza a todo lo dicho anteriormente: lo que sucedió
durante el censo 2001. Gran cantidad de personas, inmersas en el hastío
general se negaron a realizar la encuesta. Algunos como medida de protesta
por la falta de subsidios a causa de las catástrofes provocadas por la lluvia,
algunos otros a favor del conflicto gremial docente, pero en gran cantidad
solamente porque el censo es parte del Estado. Y últimamente todo lo que
venga del Estado está mal visto. Una razón más para augurar un cambio social.
Espero que éste sea para bien, y no para resucitar otro sistema de dominación.
Luks
La necesidad
del capital por conquistar todo lo que beneficie sus intereses ha sobrepasado
todos los límites. Todo lugar sobre la faz de la tierra está expuesto a
los intereses del poder. Su expansión es tan amplia que abarca desde el
agua mineral hasta el diccionario; desde lo que ves en la televisión hasta
lo que escuchas por la radio. Esta expansión es justo lo que la clase capitalista
quiere, que todo pase por sus manos y las pruebas están a la vista todos
los días.
El modo de crear confusión es una de las fundamentales armas que posee el
capital, por la cual, con toneladas de desinformación, intentan conducir
a la sociedad hacia donde ellos quieren, obviamente siempre dependiendo
de sus intereses.
El capital junto al Estado (grandes aliados), intentan alejar todos los
pensamientos que puedan perjudicar a sus objetivos. Tal es así, que sus
intentos por desfigurar la palabra anarquía han llegado a ser lo que sale
de la boca de todos los que avalan la autoridad, las leyes, la policía y
todo lo que estos aliados generan para controlar al pueblo.
Para esta gente ser anarquista significa vivir en un constante desorden,
en conflicto con todos los que nos rodean, en fin, piensan que los anarquistas
queremos vivir una vida donde nadie respete los intereses de los demás.
¿Es posible pensar que alguien desee vivir constantemente en caos?.
Del otro lado de estos pensamientos que arroja el Estado a la sociedad tratando
de acomodar todo para su beneficio, estamos los que realmente sabemos lo
que significa la palabra anarquía. Los que deseamos la total abolición del
Estado y todas sus instituciones autoritarias, los que queremos la libertad
absoluta para todos y no este sistema de cautiverio que recibimos por parte
de todos los Estados que gobiernan nuestras vidas, los que imaginamos una
vida diferente, donde no exista la desigualdad, donde no mueran niños todos
los días por falta de alimentos, donde no exista la policía, donde la necesidad
del ser por evolucionar se ubique por encima de cualquier prejuicio de codicia,
donde no exista el esquema jerárquico que impone el gobierno. Donde los
campos y medios de producción estén a disposición del pueblo para satisfacer
todas las necesidades de cada uno de sus habitantes.
Juan Pablo
INFLUENCIAS ANARQUISTA EN LA REVOLUCIÓN MEXICANA VOLVER
Ricardo
Flores Magón y el Partido Liberal Mexicano
Ricardo Flores Magón nació en el día Mexicano de la independencia, en septiembre
de 1874 en San Antonio de Eloxochitlán en el estado de Oaxaca. Irónicamente,
ésta era también la patria de su gran enemigo: Porfirio Díaz. Sus dos hermanos,
Jesús y Enrique, participaron en la lucha anti-porfirista a la que Ricardo
dedicó su vida. Mientras que Jesús era activo en los Anti-Reeleccionistas
y fue más adelante ministro del interior bajo el régimen de Madero, fue
Enrique quien trabajó más cerca de los esfuerzos políticos de Ricardo. Los
tres hermanos participaron en las manifestaciones estudiantiles contra la
reelección de Díaz en mayo de 1892. Poco después, Ricardo se hizo editor
del El Demócrata, y lentamente comenzó a moverse hacia la izquierda libertaria
radical. Ricardo fue al colegio de abogados pero nunca terminó sus estudios.
El 7 de agosto de1900, Jesús y Ricardo, junto con Licenciado Antonio Horcasitas,
fundaron Regeneración. Aunque Regeneración comenzó como periódico para discutir
la reforma de la ley, pronto comenzó a atacar el régimen de Díaz. Para diciembre
de 1900, Horcasitas se fue y Regeneración se convirtió en el esfuerzo único
de Ricardo. Hasta su muerte, Regeneración sería un vehículo significativo
para propagar el radicalismo de Ricardo.
Arrestaron a muchos liberales prominentes, como Ricardo, su hermano Jesús
y Antonio Díaz Soto y Gama en varias ocasiones por su postura anti-porfirista.
Fue en esta época cuando su hermano Jesús dejó el movimiento, desilusionado.
Debido a esta represión Regeneración cesó temporalmente de publicarse y
Ricardo, con su otro hermano, Enrique, abandonaron México para los Estados
Unidos el 3 de enero de 1904. Aunque Ricardo nunca volvió a México vivo,
su carrera influenció perceptiblemente la Revolución Mexicana, incluso desde
el exilio.
Los problemas de Ricardo con la represión del gobierno no terminaron cuando
cruzó el Río Grande. Por el contrario, acababan de comenzar. Durante todo
el tiempo que Ricardo permaneció en los Estados Unidos, el gobierno americano,
en representación de la dictadura Mexicana junto con agencias de detectives
privados contratadas, acosaron a Ricardo y al PLM -arrestándolo en numerosas
ocasiones durante su carrera revolucionaria, terminando solamente con su
muerte en 1922. Debido a esto, Ricardo pasó la mayoría de su tiempo sentado
en las celdas de las cárceles americanas y gastó muchas de sus energías
intentando recuperar su libertad.
Regeneración reasumió la publicación en San Antonio, Texas, el 5 de noviembre
de 1904. Fue pasada a México clandestinamente y continuó siendo una espina
molesta en la cara de Díaz. Regeneración era tan influyente que Díaz intentó
en varias ocasiones cerrarla, incluso aunque resultara ser un engaño, había
libertad de expresión en los Estados Unidos.
El periódico de Ricardo continuó siendo un fastidio con el que Díaz deseaba
terminar, aunque fuera publicado en los Estados Unidos. Entonces para junio
de 1906, Díaz pidió realmente al gobierno de los EE.UU., a través del embajador
Thompson, que impidiera a Regeneración publicarse, por cualquier medio.
Durante esta época, Regeneración fue un medio muy importante en la lucha
contra Díaz. La circulación de Regeneración era de unos 30.000 ejemplares
este año. De hecho, incluso moderados como el gobernador de Yucatán y Madero
recibían Regeneración [1] y, cuando el anarquismo de Ricardo era más evidente,
anarquistas más prominentes, tales como Voltairine de Cleyre llegaron a
estar implicados en el periódico Mexicano. [2]
Poco después la fundación de Regeneración, el 30 de agosto de 1900, Camilo
Arriaga publicó el manifiesto del Partido Liberal en San Luis de Potosí.
Este documento iniciaba un movimiento que acabaría con la formación del
Partido Liberal Mexicano (PLM) cinco años más tarde -el vehículo principal
de Ricardo para ordenar la lucha de anti-porfirista y más adelante, para
extender los ideales del anarquismo por todo México. Ricardo unió formalmente
el emergente movimiento liberal con el Congreso Liberal el 5 de febrero
de 1901.
Al año de la fundación del PLM, la organización formó una plataforma formal,
el Programa y Manifiesto. El manifiesto fue “ uno de los documentos más
importantes en la historia moderna Mexicana.” [3] El programa tenía 52 propuestas
específicas y terminaba con el influyente lema, “ Reforma, Libertad, y Justicia
“.
Entre las propuestas, el programa incluía: un término de cuatro años para
el presidente y sin reelección inmediata; el reemplazo del ejército por
una guardia nacional; el levantamiento de las restricciones a la libre expresión;
la pena de la muerte sería utilizada solamente en casos de traición; la
creación de un programa obligatorio de educación patrocinado por el gobierno
para los niños de hasta 14 años; los extranjeros que poseyeran tierras tendrían
que hacerse o bien ciudadanos Mexicanos o renunciar a sus títulos de propiedad;
los negocios de la iglesia y cualquier dinero recibido por ellos estaría
sujeto a impuestos, además toda la propiedad de la iglesia sería nacionalizada;
los terratenientes tendrían que reembolsar a los arrendatarios por las mejoras
llevadas a cabo a su propiedad; cualquier terrateniente que mantuviera una
tierra improductiva ésta le sería requisada por el Estado, que la pondría
a disposición de los mexicanos sin tierras o de los mexicanos residentes
en otro país; el Estado crearía un banco para proporcionar capital a los
granjeros pobres para comprar tierras; y las tierras comunales e individuales
tomadas de las tribus indígenas serían devueltas.
La plataforma también incluía un buen número de reformas laborales, incluyendo:
jornada de ocho horas de trabajo y un salario mínimo de un Peso por día;
no se permitiría trabajar a los niños de menos de 14 años de edad; los patrones
debían ser responsables de pagar el coste de los accidentes laborales de
sus trabajadores y el domingo sería un “día de descanso obligatorio”. El
programa del PLM iba a ser muy influyente en los años precedentes de la
revolución y la sección de la plataforma sobre el trabajo “sería adoptada
por la mayor parte del movimiento obrero de la Revolución Mexicana.”[4]
La influencia del documento fue mucho más allá de las clases que obreras
urbanas de México. De las 52 propuestas individuales contenidas en la plataforma
del PLM de 1906, 23 fueron adoptadas eventualmente en la constitución de
1917, mientras que 26 fueron adoptadas de una forma más suave, no yendo
hasta la plataforma original de PLM - mientras que solamente tres fueron
totalmente rechazadas. [5]
Los centros urbanos y la aparición del Anarcosindicalismo
En 1910, la población de México estaba levemente por encima de los quince
millones. De esos, nueve millones y medio estaban clasificados como peones
o trabajadores agrícolas sin tierras[6]. Obviamente, sólo había una clase
obrera urbana muy pequeña. Aunque la población obrera urbana era pequeña,
se organizó poderosamente durante el transcurso de la revolución.
Los esfuerzos combinados de los trabajadores Mexicanos, un puñado de exiliados
de la poderosa y radical unión anarcosindicalista española, la Confederación
Nacional del Trabajo (CNT), y de la propagación de las ideas a través de
las páginas de Acción Directa, lograron constituir la Casa del Obrero Mundial
la primera central sindical antes de fin de 1912. Hart defiende la importancia
de este grupo, llamaba a la Casa, “la organización obrera omnipotente en
México” antes de 1913 [7], de hecho la Casa era el único grupo obrero, durante
este primer período, en pedir representación nacional y la “Casa dominó
el movimiento obrero en México de 1912 a 1918.” [8]
La Casa fue abierta en julio de 1912 y fundada sobre los ideales del Anarcosindicalismo.
Como tal, sus metas incluían crear a una sociedad basada en la autogestión
y coordinación de la producción por los trabajadores basadas en un sistema
sindical de uniones federadas de productores. Como otros anarquistas, veían
el estado como un mecanismo de represión, y por lo tanto trabajaron, no
para transformarlo, sino para suprimirlo. Principalmente, mediante el arma
preferida por los anarcosindicalistas, la huelga general para destruir el
capitalismo, que consideraba como su meta principal.
Muchas de las ideas más importantes de la Casa fueron expresadas por el
Grupo Anarquista Luz en el Manifiesto Anarquista del Grupo Luz. El Grupo
Luz, liderado por Juan Francisco Moncaleano, iba a ocupar los puestos más
importantes de la Casa después de su fundación. Los diez puntos del manifiesto
incluían:
1. Ilustrar a una gente esclavizada e ignorante.
2. Derrocar los tormentos de la humanidad: clero, gobierno y capital.
3. No servir a las ambiciones de charlatanes políticos, porque ningún hombre
tiene el derecho de gobernar a otro.
4. Dar a conocer que todos los hombres son iguales porque todos están regidos
por las mismas leyes naturales y no arbitrarias.
5. Exigir explicaciones de los ricos opulentos con respecto a sus riquezas,
al gobierno con respecto a su autoridad, y a los representantes de dios
bandido por sus poderes celestiales.
6. Devastar las instituciones sociales generadas por los torturadores y
los holgazanes.
7. Ganar la libertad para el trabajador esclavizado.
8. Utilizar la verdad como la última arma contra la desigualdad.
9. Luchar contra el miedo, el terrible tirano del pueblo.
10. Marchar adelante hacia la redención, hacia la nación universal en donde
todos puedan vivir con respecto mutuo, en absoluta libertad, sin paternales
figuras políticas nacionales, sin los dioses en el cielo o ricos insolentes.
[9]
“Por primera vez, el proletariado mexicano actuaba de una manera definitiva
en la etapa de la historia, y los trabajadores urbanos estaban movilizados
en su mayor parte por los anarquistas.”[10]
Aunque ciertamente se utilizaron las huelgas, y fueron a menudo eficaces,
los anarcosindicalistas también usaban la educación como arma contra el
sistema que desdeñaban. Rafael Pez Taylor, de la Escuela Racionalista (una
escuela basada en las ideas del anarquista español Francisco Ferrer), dijo:
“... todo lo que uno debe hacer es ilustrar al soldado para que deje de
serlo.”[11] De hecho, la educación, basada en el apoyo mutuo, no era solamente
un ideal, sino que fue utilizado con mucho éxito para reclutar trabajadores
en el movimiento anarcosindicalista. Crearon escuelas, como la Escuela Racionalista,
en las que enseñaban a los trabajadores analfabetos a leer. Eran muy populares
y eficaces para llegar a la clase obrera, que entonces quedó expuesta a
estas nuevas ideas.
Una evaluación: el Anarquismo en la revolución
Mientras que muchos, historiadores y políticos igualmente, han proclamado
que Ricardo Flores Magón fue un “precursor de la Revolución Mexicana, lo
que hacen al indicarlo de esta manera, es definirlo por lo que siguió. Y
Flores Magón rechazó totalmente lo que siguió, ya fuera Madero, Huerta,
Carranza, u Obregón. De 1910 en adelante proclamó en voz alta el anarquismo
que había ocultado en los orígenes del movimiento contra Porfirio Díaz.”
[12] La búsqueda de Ricardo del anarquismo terminó sin éxito, pero sin sus
esfuerzos la Revolución se hubiera revelado de una manera muy diferente.
Ricardo ayudó a construir la lucha contra la dictadura de Díaz. Mientras
que la revolución tomó una dirección que Ricardo no había animado, no obstante,
se forjó en el trabajo que él hizo.
MacLachlan, mantiene que el “éxito o fracaso es relativo al evaluar la importancia
de un individuo en política radical de los Estados Unidos. El radicalismo
sujeto a la presión casi continua de los industriales y del Estado no podía
ganar.” [13] Ciertamente esto se debe tener presente; Ricardo seguía siendo
un factor significativo incluso afrontando esta clase de represión -tan
intensa que pasó la mayoría de la última parte de su vida en prisión.
Albro afirma que “ incluso en la muerte, Ricardo Flores Magón preocupó al
gobierno de los Estados Unidos, tanto como le había preocupado la mayoría
de los dieciocho años pasados de su vida.” [14] Si esto se toma junto con
la declaración de MacLachlan de que “uno debe evaluar la importancia de
Flores Magón no por sus fallos, sino por el reconocimiento por la izquierda
y por el gobierno de los Estados Unidos” -Ricardo fue ciertamente importante.
[15]
MacLachlan entra en un juego histórico del “y si...” revolucionario mexicano
afirmando que “si el PLM se hubiera aliado con otros grupos, la influencia
de Ricardo en el curso de la Revolución Mexicana hubiera sido indudablemente
mayor.” [16] Ciertamente el PLM no pudo formar conexiones mejores con la
Casa y los Zapatistas. Es argumentable que tal coalición tendría que ser
una fuerza significativa -incluso para Carranza. Pero las coaliciones tienen
siempre sus propias contradicciones internas, las fricciones sobre pequeñas
diferencias crecen rápidamente, especialmente cuando se hacen de cara a
la victoria sobre los enemigos de la alianza. Los anarcosindicalistas urbanos,
a diferencia del PLM de Ricardo, se aliaron con otras fuerzas -las fuerzas
de Carranza- que llevaron a su liquidación. Luego no está tan claro qué
hubiera sido el curso más acertado.
Como el PLM, la Casa y los anarcosindicalistas también terminaron su lucha
en un fracaso evidente. El capitalismo y el estado, las dos némesis eternas
del anarcosindicalismo, habían sobrevivido y su unión no. Pero mirando ampliamente,
desde antes a después de la revolución, el proletariado hizo aumentos significativos,
no obstante pequeños. Aunque la constitución fue escrita tras el fiasco
de la huelga general de la Casa, el “artículo 123 de la constitución concedía
cada petición importante expresada por los huelguistas de Cananea y Río
Blanco.” [17]
Esto era ciertamente una victoria pequeña desde el punto de vista anarcosindicalista.
De hecho, “No ocurrió ninguna rotación de importancia en la propiedad de
la industria Mexicana, minas o el petróleo durante las dos décadas de la
Revolución”[18]. Un ejemplo es la Standard Oil Company, que en 1924, controlaba
casi el 60 por ciento de la producción mexicana de petróleo. Apenas una
victoria para los mexicanos en general, no digamos del proletariado.
Como los demás grupos, el movimiento Zapatista también terminó en derrota.
No tuvieron éxito en la institución de su visión del campesino tranquilo,
libre con acceso abierto a la tierra que pedían. Como el artículo 123 para
los obreros, la constitución también contenía un artículo, el 115, para
la libertad municipal por la cual los Zapatistas habían luchado. Pero el
artículo 115, al contrario que el artículo 123, los sucesivos regímenes
que han detentado el poder “no lo han puesto en práctica” -básicamente lo
han ignorado.[19] De hecho, la lucha actual en Chiapas, que elige adoptar
el título de “Zapatista “ está luchando básicamente por metas similares
que aluden a las que los seguidores de Zapata hicieron durante la Revolución
Mexicana.
Al final, y hasta hoy, el Estado sigue vivo en México, y por ello, el anarquismo
no alcanzó su objetivo. Curiosamente, el gobierno Mexicano, enemigo jurado
de Ricardo Flores Magón, ofreció fondos a su viuda para traer su restos
de vuelta a México. Ella lo rechazó, eligiendo en su lugar “aceptar el dinero
de los trabajadores ferroviarios para ese propósito.” [20] Parece que al
final, incluso en la derrota, los ideales del anarquismo todavía siguen
vivos.*
*Nota de los editores: Magón ganó una victoria
moral negándose a aceptar dinero del gobierno mejicano que podría haberle
ayudado a pasar sus últimos días en la cárcel más confortablemente comprándole
algunos objetos personales para su comodidad. El legado final de Magón iba
a convertirse en un símbolo de alguien que nunca vendió sus ideales. Su
respuesta al rechazar el dinero del gobierno mejicano merece la pena citarse
entera como expresión de su postura:
“No creo en el Estado. Lucho por la hermandad universal del hombre.
Considero al Estado una institución creada por el capitalismo para garantizar
la subyugación y la explotación del pueblo. Todo dinero del Estado representa
el sudor, la angustia y el sacrificio de los trabajadores. Si el dinero
viniese directamente de los trabajadores, entonces lo aceptaría con mucho
gusto y con orgullo porque son mis hermanos. Cuando muera mis amigos quizá
inscriban en mi tumba, "Aquí yace un soñador", y mis enemigos
podrían escribir, "Aquí yace un loco", pero nadie podrá estampar
la inscripción, "Aquí yace un cobarde y un traidor a sus ideales."
”
Notas
1.- James D. Cockcroft, Precursores intelectuales de la Revolución Mexicana,
1900-1913, Austin: University of Texas Press, 1968, pag 124.
2.- Colin M. MacLachlan, El Anarquismo y la Revolución Mexicana:
Los Juicios Políticos de Ricardo Flores Magón en los Estados Unidos, Berkeley:
Universidad de California, 1991, pag 52.
3.- Ward S. Albro, Siempre Rebelde: Ricardo Flores Magón y la Revolución
Mexicana, Fort Worth: Texas Christian University Press, 1992, pag 44.
4.- Cockcroft, Precursores intelectuales de la Revolución Mexicana, pag
130.
5.- Cockcroft, Precursores intelectuales de la Revolución Mexicana, pag
239.6.- Majorie Ruth Clark, El Trabajo Organizado en México, Nueva York:
Russell y Russell, 1973, pag 15.
7.- Hart, El Anarquismo y la clase obrera Mexicana, pag 118.
8.- Clark, El Trabajo Organizado en México, pag 23.
9.- Hart, El Anarquismo y la clase obrera Mexicana, pag 113.
10.- Hart, El Anarquismo y la clase obrera Mexicana, pag 103.
11.- Hart, El Anarquismo y la clase obrera Mexicana, pag 118.12.- Albro,
Siempre Rebelde, pag xii-xiii
13.- MacLachlan, El Anarquismo y la Revolución Mexicana, pag 110.
14.- Albro, Siempre Rebelde, pag xi
15.- MacLachlan, El anarquismo y la Revolución Mexicana, pag 111.
16.- MacLachlan, El anarquismo y la Revolución Mexicana, pag 113.
17.- Ruiz, Trabajo y los Revolucionarios ambivalentes, pag 101.
18.- Ruiz, Trabajo y los Revolucionarios ambivalentes, pag 103.
19.- Millon, Zapata, pag 130.
20.- James C. Carey, La Revolución Mexicana en Yucatán, 1915-1924, Boulder:
Westview Press, 1984, pag 135
por Jason Wehling
Desde lo alto
de su roca el Buitre Viejo acecha. Una claridad inquietante comienza a disipar
las sombras que en el horizonte amontonó el Crimen, y en la lividez del
paisaje parece adivinarse la silueta de un gigante que avanza: es la Insurrección.
El Buitre Viejo se sumerge en el abismo de su conciencia. Hurga los lodos
del bajo fondo; pero nada halla en el fondo de aquellas negruras que le
explique el porqué de la rebelión. Acude entonces a los recuerdos; hombres
y cosas, fechas y circunstancias pasan por su mente como un desfile dantesco:
pasan los mártires de Veracruz, pálidos, mostrando las heridas de sus cuerpos
recibidas una noche, a la luz del farolillo, en el patio de un cuartel,
por soldados borrachos mandados por un jefe borracho también de vino y de
miedo; pasan los obreros de “El Republicano”, lívidos, las ropas humildes
y las carnes desgarradas por los sables y las bayonetas de los esbirros;
pasan las familias de Papantla, ancianos, mujeres, niños, acribillados a
balazos: pasan los obreros de Cananea, sublimes en su sacrificio, chorreando
sangre: pasan los trabajadores de Río Blanco, magníficos, mostrando las
heridas denunciadoras del crimen oficial; pasan los mártires de Juchitán,
de Velardeña, de Monterrey, de Acuyacan, de Tomochic; pasan Ordoñez Olmos
y Contreras, Rivero Echegaray, Martínez, Valadés, Martínez Carreón: pasan
Ramírez Terón, García de la Cadena, Ramón Corona: pasan Ramírez Bonilla,
Albertos, Kankum, Leyva, Lugo: pasan legiones de espectros, legiones de
viudas, legiones de huérfanos, legiones de prisioneros y el pueblo entero
pasa desnudo, macilento, débil por la ignorancia y del hambre.
El Buitre Viejo alisa con rabia las plumas alborotadas por el torbellino
de los recuerdos, por encontrar en éstos el porqué de la Revolución. Su
conciencia de ave de rapiña justifica la muerte. ¿Hay cadáveres? La vida
está asegurada.
Así viven las clases dominantes: del sufrimiento y de la muerte de las clases
dominadas, y pobres y ricos, oprimidos y déspotas, en virtud de la costumbre
y de las preocupaciones heredadas, consideran natural este absurdo estado
de cosas.
Pero un día uno de los esclavos toma el periódico y lo lee: es un periódico
libertario. En él se ve cómo el rico abusa del pobre sin más derecho que
el de la fuerza y la astucia; en él se ve cómo el gobierno abusa del pueblo
sin otro derecho que el de la fuerza. El esclavo piensa entonces, y acaba
por concluir que, hoy como ayer, la fuerza es soberana, y, consecuente con
su pensamiento, se hace rebelde. A la fuerza no se le domina con razones:
a la fuerza se le domina con la fuerza.
El derecho de rebelión penetra en las conciencias, el descontento crece,
el malestar se hace insoportable, la protesta estalla al fin y se inflama
el ambiente. Se respira una atmósfera fuerte por los efluvios de rebeldía
que la saturan y el horizonte comienza a aclararse. Desde lo alto de su
roca el viejo buitre acecha. De las llanadas no suben ya rumores de quejas,
ni de suspiros ni de llantos: es rugido el que se escucha. Baja la vista
y se estremece, no percibe ni una sola espalda: es que el pueblo se ha puesto
de pie.
Bendito momento aquel en que un pueblo se yergue. Ya no es el rebaño de
lomos tostados por el sol, ya no es la muchedumbre sórdida de resignados
y de sumisos, sino la hueste de rebeldes que se lanza a la conquista de
la tierra ennoblecida porque al fin la pisan hombres.
El derecho de rebelión es sagrado porque su ejercicio es indispensable para
romper obstáculos que se oponen al derecho de vivir. Rebeldía, grita la
mariposa al romper el capullo que la aprisiona: rebeldía, grita la yema
al desgarrar la recia corteza que le cierra el paso: rebeldía, grita el
grano en el surco al agrietar la tierra para recibir los rayos del sol:
rebeldía, grita el tierno ser humano al desgarrar las entrañas maternas:
rebeldía, grita el pueblo cuando se pone de pie para aplastar con tiranos
y explotadores.
La rebeldía es la vida: la sumisión es la muerte. ¿Hay rebeldes en un pueblo?
La vida está asegurada y asegurados están también el arte y la ciencia y
la industria. Desde Prometeo hasta Kropotkin, los rebeldes han hecho avanzar
a la humanidad.
Supremo derecho de los instantes supremos en la rebeldía. Sin ella, la humanidad
andaría perdida aún en aquel lejano crepúsculo que la historia llama la
Edad de Piedra; sin ella la inteligencia humana hace tiempo que habría naufragado
en el lodo de los dogmas; sin ella, los pueblos vivirían aún de rodillas
ante los príncipes de derecho divino; sin ella, esta América hermosa continuaría
durmiendo bajo la protección del misterioso océano; sin ella, los hombres
verían aún perfilarse los recios contornos de esa afrenta humana que se
llamó la Bastilla.
Y el Buitre Viejo acecha desde lo alto de su roca, fija la sanguinolenta
pupila en el gigante que avanza sin darse cuenta aún del porqué de la insurrección.
El derecho de rebelión no lo entienden los tiranos.
Este artículo de Ricardo Flores Magón apareció en 1910 en el periódico Regeneración
¡Orden!
gritó enfurecido el jefe vazquista cuando, después de tomada la plaza, las
mujeres y los niños de la población forcejeaban por abrir las puertas de
las tiendas, de los almacenes, de los graneros, para tomar lo que necesitaban
en sus hogares, creyendo, con el candor de los corazones no corrompidos,
que la Revolución tenía que ser forzosamente benéfica a los pobres.
¡Atrás, bandidos! volvió a rugir el jefe vazquista al ver que la multitud
parecía no haber escuchado el primer grito, pues continuaba forcejeando
por extraer las útiles y buenas cosas que hacían falta a sus hogares pobrísimos.
¡Alto, u ordeno que se os haga fuego!, bramó el jefe vazquista, loco ya
de rabia ante aquel “atentado” al derecho de la propiedad.
¡Bah!, dijo una mujer que llevaba un niño prendido al pecho, ¡bromea el
jefe! Y con los demás continuó, la simpática tarea de romper candados y
cerrojos para tomar de aquellos depósitos del producto del trabajo de los
humildes, lo que no había en sus hogares.
En efecto, para aquellas buenas gentes bromeaba el jefe vazquista. ¿Cómo
había de ser posible que un revolucionario se pusiera a defender los intereses
de la cruel burguesía, que había tenido al pueblo en la más abyecta miseria?
No, decididamente bromeaba el jefe vazquista, y atacaron con más bravura
las recias puertas de los almacenes, hasta que saltaron los candados hechos
pedazos y los cerrojos retorcidos a inservibles, abriéndose las puertas
para dar entrada a la multitud gozosa, que saboreaba de antemano tantos
buenos comestibles allí encerrados, a la par que se imaginaba pasar un agradable
invierno bajo el suave calor de las buenas telas allí almacenadas.
Inundaban las calles aquellas simpáticas hormigas; cargando cada una de
ellas tanto como podía; riendo los niños, llenas de confituras las boquitas;
radiantes las mujeres bajo la pesadumbre de sus fardos; contentos mujeres
y niños con la agradable sorpresa que recibirían los varones cuando regresaran
de la mina, diez kilómetros distante del poblado.
En medio de su algarabía no oyeron una voz estridente que gritó: ¡Fuego!...
Las azoteas se coronaron de humo, y una granizada de balas cayó sobre la
muchedumbre despedazando carnes maduras y carnes tiernas. Los que no fueron
heridos se dispersaron en todas direcciones dejando por las calles mujeres
y niños agonizantes o muertos... ¡Fueron en busca de la vida, y se tropezaron
con la muerte! ¡Creyeron que la Revolución se hacía en beneficio de los
pobres, y se encontraron con que se hacía para sostener a la burguesía!
Cuando los mineros regresaron a sus hogares, caídos los brazos por el cansancio,
pero alegres por haber salido del presidio de la mina para estrechar a sus
compañeras y besar las frentecitas de los chicuelos, supieron, de labios
de los supervivientes, la triste nueva: ¡los vazquistas, sostenedores de
esa iniquidad que se llama Capital, habían disparado sus armas sobre las
mujeres y los niños en defensa del “sagrado” derecho de propiedad!
La noche, negra, tendía su sudario sobre aquel campo de la muerte. El silencio
era tan sólo perturbado de tiempo en tiempo por los gritos de los centinelas
que corrían la voz, o por el lúgubre aullido de algún perro, que extrañaba
a su amo. Bultos negros, que parecía formaban parte de la noche, discurrían
aquí y allá, sin hacer ruido, como si se deslizaran; pero un oído atento
podía haber sorprendido estas palabras pronunciadas como un suspiro: “¡La
dinamita!” “¿Dónde está la dinamita?” Y los negros bultos seguían deslizándose.
Eran los mineros. Sin haberse puesto de acuerdo, habían tenido el mismo
pensamiento: volar, por medio de la dinamita, a aquellos esbirros que en
nombre de la libertad se habían levantado en armas para remachar la cadena
de la esclavitud económica.
Momentos después el cuartel general vazquista volaba hecho mil pedazos,
y con él los asesinos del pueblo. Cuando amaneció, pudo verse, en los escombros
todavía humeantes, una bandera roja que ostentaba, en letras blancas, estas
bellas palabras: “Tierra y Libertad”.
De “Regeneración” del número 79, fechado el 2 de marzo de 1912
No hay que ser
masa, esto es, no hay que participar de los prejuicios, de las preocupaciones,
de los errores, de las costumbres de las multitudes inconscientes. La masa
tiene la firma creencia de que es necesario un jefe o un caudillo que esté
a la cabeza, que la conduzca hacia su destino, que la lleve a la tiranía
o a la libertad, la cuestión es que la guíe con caricias o salivazos, por
la buena o por la mala.
Esta costumbre, tan arraigada en el ser humano, es fuente de inagotables
males para la causa de la redención de la especie humana. La vida, la honra,
el bienestar, el porvenir, la libertad, todo es puesto en las manos del
hombre que la hace de jefe. Es el jefe el que tiene que pensar por todos,
es el jefe el encargado del bienestar y la libertad de la masa en general
y del individuo en particular; de lo que resulta que los millones de cerebros
de la masa, no piensan, pues, que el jefe es el encargado de pensar por
todos. Esto da lugar a que las masas se vuelvan pasivas, de que no salga
de ellas ninguna iniciativa, y de que lleven a rastras una existencia de
rebaño, halagado por los políticos y los aspirantes a puestos públicos en
tiempos de elecciones, para apalearlo cuando éstas han pasado; engañando
con promesas por los ambiciosos, en tiempos de acción revolucionaria, para
premiar sus sacrificios con puntapiés después de la victoria.
No hay que ser masa; hay que ser conjunto de individualidades pensantes,
unidas entre sí para conseguir fines comunes a todos; pero que cada uno,
sea hombre o sea mujer, piense con su propia cabeza, que cada uno haga esfuerzos
para dar su opinión sobre lo que es preciso hacer para alcanzar el logro
de nuestras aspiraciones, que nos son otras que la libertad de todos fundada
en la libertad de cada uno; el bienestar de todos, fundado en el bienestar
de cada uno, y para llegar a esto, necesario es destruir lo que se le opone:
la desigualdad, haciendo que la tierra, las herramientas, las máquinas,
las provisiones y las casas, todo cuanto existe, ya sea producto natural
o producto de la industria y de la inteligencia del hombre, pasen de las
pocas manos que actualmente las tienen, a las manos de todos, hombres y
mujeres, para producir en común, cada quien según sus fuerzas y aptitudes,
y consumir cada quien según sus necesidades.
Para lograr esto no hacen falta los jefes, antes bien estorban, porque el
que es jefe quiere predominar, quiere que se le obedezca, quiere estar sobre
los demás, y nunca un jefe podrá ver con buenos ojos la intención de los
pobres de instaurar un sistema social basado en la igualdad económica, política
y social, del ser humano. Un sistema de esta clase no garantiza a los jefes
la vida ociosa y fácil que quieren llevar, llena de honores y de gloria,
a costa de los sacrificios de los humildes.
Así pues, hermanos mexicanos, aprended a obrar con vuestra apropia iniciativa
para llevar al terreno de la práctica los principios generosos consignados
en nuestro Manifiesto del 23 de septiembre de 1911.
Nosotros no nos consideramos como vuestros jefes, y nos entristecería que
vosotros vierais en nosotros jefes a quienes seguir, y sin los cuales no
os arriesgaríais a hacer algo en pro de la causa. Nosotros estamos a punto
de ir a presidio, no porque seamos criminales, sino porque no nos vendemos
a los ricos ni a la autoridad, porque no queremos ser vuestros tiranos aceptando
puestos públicos o fajos de billetes de banco para convertirnos en burgueses
y explotar vuestros brazos. Nosotros no nos consideramos como vuestros jefes,
sino como vuestros hermanos, e iremos contentos a presidio si portandoos
como trabajadores conscientes, no desmayéis en vuestra actitud enfrente
del capital y de la autoridad. No seáis masa, mexicanos; no seáis multitud
que arrastra el político o el burgués o el caudillo militar.
Pensad cada uno con vuestra cabeza y obrad según vuestro pensamiento os
dicte.
No os desaniméis cuando nos veáis separados de vosotros por las negras puertas
de presidio. Entonces os faltará nuestra palabra amiga y nada más; pero
abnegados compañeros continuarán publicando Regeneración. Prestadles vuestro
apoyo, porque ellos van a continuar esta obra de propaganda, que es necesario
que cada vez sea más extensa y más radical.
No hagáis lo que hicisteis el año pasado cuando fuimos arrestados; entonces
se enfriaron vuestros entusiasmos, se debilitaron vuestros propósitos de
ayudar por todos los medios a la destrucción del sistema capitalista y autoritario,
habiendo sido muy pocos los que permanecieron firmes. Sed firmes ahora;
no os fijéis en nuestras personalidades, y, con renovado brío, prestad vuestro
apoyo material y personal a la revolución del pobre contra el rico y la
autoridad.
Que cada uno de vosotros sea el jefe de sí mismo; que no haya necesidad
de que se los empuje a continuar la lucha. No os nombréis jefes; simplemente
tomad posesión de la tierra y de todo cuanto existe y poneos a producir,
libres del amo y de la autoridad. De esa manera la paz se hará por sí sola,
como el resultado natural del bienestar y de la libertad de todos; pero
si, preocupados por la maldita educación burguesa, que hace creer que es
imposible vivir sin autoridad, admitís otra vez se encarame sobre vuestros
hombros poderosos un nuevo gobernante, continuará la guerra porque quedarán
en pie los mismos males que os tienen sobre las armas: la miseria y la tiranía.
Leed todos nuestro Manifiesto del 23 de septiembre de 1911, y gritad: ¡Muera
el capital! ¡Muera la autoridad! ¡Viva Tierra y Libertad!
Ricardo Flores
Magón
Regeneración 15 de junio de 1912
LA MUERTE DE RICARDO FLORES MAGÓN VOLVER
Ricardo Flores
Magón ha muerto. Generalmente la noticia de una muerte me afecta poco, pero
en este caso ha sucedido lo contrario. No es porque, después de largos años
de prisión y destierro, este indomable luchador por la libertad haya muerto
en la cárcel. Me domina un sentimiento más grande aún que la piedad o que
el afecto personal. Por razones que no puedo analizar, esta muerte me parece
como el resumen de un periódico, ya hace nacer, en mí, ideas y sentimientos
que encuentro difícil expresar con palabras. Tengo la sensación de que una
fuerza, que era esencial, ha dejado de obrar.
Me parece que todos aquellos que estuvieron en relación íntima con Ricardo
Flores Magón sentirán lo mismo que yo. Alguna cosa puso en él su sello especial;
no importan las condiciones en las cuales se encontrara: permaneció siempre
siendo alguien, una fuerza que debía ser reconocida, una personalidad que
no podía ser ignorada. Aun los empleados de la Corte de Justicia y de la
penitenciaría, cuyos instintos naturales eran considerarlo solamente como
un violador de la ley, me parecieron, cuando discutír con ellos el asunto,
plenamente conscientes de ese hecho.
Creo que eso fue, porque el hombre era tan intensamente sincero, tan firme
en sus convicciones, que cualquiera otro podría ser domado, reducido al
silencio, pero él tenía que hablar: tan firme así era su determinación de
jugar su parte en esta gran lucha por la destrucción de la esclavitud humana,
la cual él, personalmente, debía combatir y combatió hasta el último momento.
Odiaba la opresión, cualquiera que fuese, ya al Gobierno o al monopolio
de la tierra, ya la superstición religiosa o las altas finanzas.
Como mexicano, sabía cómo ésta había arruinado la vida de su propio pueblo;
como anarquista, comprendía que ésta era la suerte de los desheredados,
de todos aquellos que habían consentido en ser reducidos a la impotencia
en todo el mundo.
En la mayor parte de nosotros surge a intervalos una justa indignación;
pero Magón me parecía un volcán que nunca dormía.
Si mal no recuerdo, fue en San Luis Potosí, hace unos treinta años, donde
Ricardo Flores Magón, entonces un joven periodista, obtuvo la prominencia.
Propiamente dicho, llegó a ella de un salto: el Partido Liberal estaba en
convención, y, de acuerdo con sus tradiciones, estaba dirigiendo todas sus
denuncias sobre la iglesia católica; Ricardo, según la versión que ha llegado
hasta mí, literalmente aplastó a la convención con un discurso en el cual
atacaba a Porifirio Díaz, omnipotente dictador de México a Wall Street,
y era, por consiguiente, el verdadero origen de todos los males del país.
Lo especial del caso, en realidad, consistía en que, en aquella época, los
ataques contra la Iglesia eran populares y seguros, mientras que un ataque
a Díaz no tenía precedentes y estaba lleno de peligros. Esto trajo a Ricardo
la amistad de Librado Rivera, quien de allí en adelante participó de su
destino y ahora le sobrevive en la penitenciaría de Leavenworth; pero los
convirtió a él, a su hermano Enrique y a Librado, en el blanco de la rabia
del dictador Díaz. El trío, sin embargo, inició y apresuró con gran actividad
una agitación en el sentido indicado, hasta que después de varios encarcelamientos
comprendieron que ya no podían vivir más en México y emigraron a los Estados
Unidos. Encendieron la mecha. Con gran atrevimiento habían comenzado el
movimiento económico que posteriormente arrojó a Díaz al destierro. Como
veo las cosas, el motor de los motores es siempre el hombre verdadero; pero
el camino que él abre lo conduce siempre a la cruz.
Estoy enteramente seguro de que Ricardo Flores Magón previó esto con toda
claridad, porque en sus conversaciones lo aceptaba estoicamente como el
precio que debía pagarse. Con demasiada frecuencia se dejaba dominar en
alto grado por sus simpatías o por sus antipatías, y muy rara vez podía
encontrar una virtud en sus adversarios, pero en problemas fundamentales
lo encontré siempre justo, porque él nunca quería abandonar los hechos fundamentales.
Repetidas veces consideré sus condenas como injustas, pero observé frecuentemente
que los hombres que había criticado se convirtieron, al correr del tiempo,
en los políticos que Magón habría predicho. Era el luchador más agresivo
y más positivo, y lograba amigos y enemigos por centenares.
Yo me interesé por los Magón leyendo el “México Bárbaro” de John Kenneth
Turner; pero fueron sus odios apasionados hacia un sistema social que parece
capaz de pensar únicamente en el dólar lo que me condujo abiertamente hacia
ellos. Desde hace muchos años, mi más firme convicción ha sido que el culto
por el becerro de oro es lo más grande de las barreras que tiene la marcha
ascendente que la humanidad está obligada a efectuar, en razón de las conquistas
intelectuales de los siglos recientes. He encontrado muchos hombres y mujeres
que comparten este juicio; pero jamás ninguno que estuviese tan saturado
de él como los Magón. Creo que Ricardo estaba completamente persuadido que
la peor suerte para México sería caer bajo el yugo de Wall Street. El gran
hecho que él veía, era que toda la humanidad estaba siendo atada a las ruedas
del carro del poder del Dinero, brutalmente triunfante y que debía libertarse
ella misma o perecer. Yo mismo conservo esa creencia. Mi estudio de la revolución
de México y mi contemplación del modo como la plutocracia de allí había
sacado de México todo lo que era de valor, convirtieron ideas que anteriormente
eran vagas y teóricas, en una convicción inconmovible.
Ricardo Flores Magón fue uno de los escritores más poderosos que produjo
la Revolución. Exceptuando la ocasión en que se dejó atraer a polémicas
deplorables, no malgastó su tiempo en pequeñeces; tocaba invariablemente
las cuerdas mayores y con extraordinaria firmeza. En todo el curso de su
obra hacía llamamiento a las emociones más poderosas, a lo heroico; pedía
mucho a los hombres. Dudo que haya tenido conocimiento de los escritos de
Nietzsche, pero me parecía otro Nietzsche, aunque democrático. Sin embargo,
en tales caracteres había siempre un esfuerzo paralelo: ambos insisten en
lo mejor, en la realización de su ideal en toda su plenitud, y para esa
realización ningún sacrificio les parecía demasiado grande.
No tengo el deseo de escribir una biografía ni un elogio, y me limito a
una cuantas reminiscencias personales que pueden dar conocimiento profundo
del hombre. Recuerdo que, habiendo sido prevenido que se le perseguía tenazmente,
se rehusó a refugiarse en un lugar seguro, “porque se desorganizaría el
movimiento.” Cuando, después de muchos meses, lo tuvimos fuera de la cárcel,
bajo caución, se dirigió directamente a las oficinas de “Regeneración” y
antes de una hora estaba trabajando, una vez más, en la enorme correspondencia,
a la cual dedicaba ocho horas del día; nunca encontré un propagandista tan
activo como él, exceptuando quizás a su hermano Enrique. Vivía pobremente,
ya hasta donde pude saberlo, no tenía vicios. Ciertamente no tenía tiempo
para ellos.
En mi primera visita a las oficinas de “Regeneración” observé una gran caja
de empaque, y supe que contenía solamente ejemplares de “La Conquista del
Pan,” de Kropotkine, destinados a México. Por muchos años prosiguieron estos
hombres tal obra de zapa con infinita tenacidad y con grandes sacrificios
para sus cortísimos recursos personales. Su gran idea fue el desarrollo
de personalidades revolucionarias. Tenían gran admiración por Kropotkin,
que en mi opinión era muy justa.
Cuando sustituí a John Kenneth Turner como editor de la sección inglesa
de “Regeneración”, su circulación era como de 27,000 ejemplares, y el periódico
debía ganar dinero; pero todo se gastaba en propaganda. Teníamos entre 600
y 700 periódicos en nuestras listas de canje y obteníamos muchas noticias
del Mundo latino. Nuestra gran aspiración era la unificación de la opinión
latina en México, y en Centro y Sudamérica, contra la invasión de la plutocracia,
y la creación en los Estados Unidos de un sentimiento bastante fuerte para
mantener en jaque la perpetua amenaza de la intervención.
Creo que Ricardo consideraba esto último como la principal tarea de “Regeneración”
y que, a causa de esto, se oponía al traslado del periódico a México, que
en cierta ocasión pedía yo urgentemente.
En el libro “El Verdadero México”, Mr. Hamilton Fife, ahora editor del “Daily
Herald,” pero entonces corresponsal viajero muy notable, trata de la inesperada
caída de Porifirio Díaz, reconocido por los Estados Unidos como una potencia
de primer orden, con un gran ejército a su retaguardia. Mr. Fife observa
que Díaz olvidó un importante factor: un caballero llamado Ricardo Flores
Magón. Yo he mirado siempre esta observación como correcta, ya he considerado
a los Magón como los hombres que realmente pusieron en movimiento las fuerzas
que definitivamente arrojaron a Díaz al destierro. Lo consideré un gran
éxito y un verdadero suceso de los que hacen época. Díaz fue el hombre que,
como dijo William Archer, había vendido a su país por una bagatela y con
el descuido de un niño que hace burbujas de jabón. Su destronamiento fue
el primer fracaso que la plutocracia del Norte encontró en su marcha hacia
el Sur.
Cuando Madero sucedió a Díaz como Presidente, nombró al hermano de Magón,
Jesús, Secretario de Estado; fue entonces, según mis noticias, cuando Jesús
hizo repetidos esfuerzos para inducir a Ricardo y a Enrique a regresar a
México, asegurándoles completa seguridad y rápido mejoramiento en su posición.
Estaban pobres, habían estado sujetos a repetidas persecuciones y encarcelamientos,
como trastornadores inconvenientes de la paz plutocrática; y, a pesar de
todo, rehusaron decididamente los ofrecimientos de su hermano. Eso siempre
me pareció revelador. Puede ser difícil, y quizás imposible para nosotros,
comprender las maniobras del pensamiento mexicano y los métodos de hombres
que tienen en sí tanta sangre india; pero lo que hay en el fondo y no puede
negarse, es que estos hombres -Ricardo y Enrique Flores Magón y Librado
Rivera, quien sigue todavía en la prisión de Leavenworth- eran fanáticamente
leales a sus convicciones anarquistas.
Pues bien, Ricardo Flores Magón ha muerto, y seguramente, después de una
vida de actividad febril, duerme tranquilo; ni alabanza ni crítica pueden
afectarlo ahora. Murió en la penitenciaría de Leavenworth cuando había cumplido
cinco años de la feroz sentencia de veinte que le fue impuesta por haber
escrito artículos que perjudicaban el reclutamiento. Estuvo sufriendo por
algunos años de diabetes, y durante sus últimos días perdió completamente
la vista. Pudo haber comprado su libertad confesando su arrepentimiento;
pero esa confesión era imposible para naturalezas como la suya. En los mese
pasados, los trabajadores organizados de México habían estado agitando por
la libertad de Ricardo, y, al saberse su muerte, el Parlamento de la Capital
ordenó que se enlutara la tribuna.
El Gobierno pidió la entrega de sus restos, a los cuales quería dar sepultura
digna del que en su vida fue un incesante luchador por la causa de la emancipación
que las masas de México, en común con las del mundo entero, tienen todavía
que ganar; pero sus camaradas han respetado sus principios y declinado los
funerales por el Gobierno.
Esperamos que, inspirados por el ejemplo de este indomable luchador, el
pueblo de los Estados Unidos pueda erguirse y pedir la libertad de los muchos
presos políticos, mártires de su conciencia que ahora se pudren en las galeras
de ese país. Tal hazaña sería el más apropiado monumento a la vida y a la
memoria de Ricardo Flores Magón.
William C. Owen
De “Freedom”, Londres, diciembre de 1922