CRUZ NEGRA ANARQUISTA
EL PRAGMATISMO PRÁCTICO VOLVER
El
anarquismo no es una teoría, como pretenden ubicarlo los abanderados
de la práctica, para sintetizar de ello una praxis; que es una forma
filosófica y elegante de llamar a la política. Tampoco es
una ciencia, como pretenden ubicarlo los intelectuales, para justificar
con ello una profesión; que es una forma política de llegar
al cargo de dirigente.
Diría que es una forma de ver y pararse frente a los hombres y las
cosas, una actitud, un ética que, surgida de la rebelión ante
la humillación, se conforma en ideología, tendencia de ideas
y principios hacia un fin: la anarquía, su proyección social.
Es un ideal de revolución sostenido por individuos, ni quimera ni
ilusión, porque se basa en algo concreto: en el saber lo que significa,
y de lo que es capaz, el ser humano hecho del poder para imponerse a los
otros y las consecuencias que eso genera; y en la creencia de lo que podrá
ser desarrollado en libertad, en la sociedad comunista y anárquica
que planteamos.
Para conquistarla necesitamos de la agitación y del proselitismo,
propiciamos la militancia de los anarquistas. No negamos, como principio,
la posibilidad de participación o abstención en ciertos conflictos
sociales, lo que no hacemos es condicionar nuestras convicciones a la acción:
ni hacemos caudal de la contemplación ni de la actividad.
En este plano da para pensar si la insistente exigencia de práctica
hacia el anarquismo está dada, desde algunos grupos y posiciones,
por la intención de desechar toda profundización que nos impida
estar “firme junto al pueblo”. Esta es la bandera del plataformismo, el
llamado socialismo libertario, con su Gobierno de los de Abajo
y su Poder Popular: capacidad práctica, poder ejecutivo.
“¿Tomar o destruir el Estado? ¿Reformar o eliminar a la policía?
¡Nada de preocuparse por eso ahora! No confundamos a las masas, las
disquisiciones son para después. ¡Es la hora de la práctica
y más práctica!”
¿Qué papel nos tienen reservado estos pragmáticos?
El de estúpidos sin ideal. “Eso sí, siempre luchando por...
¿ ? ¡Bah, luchando! ¡Qué tanto!”
¡Contra La Práctica hagamos algo!
A.G.
ARMEMOS NUESTRO DESEO VOLVER
Vivir
constantemente bajo la pesadez impuesta, fría y sucia, como aquellos
perros con amo, collar y cadena que diariamente han de renunciar a lo que
realmente quieren, ya sea para que el amo esté contento con ellos
o simple y llanamente porque éste les estira de la cadena y firmemente
les pone en su lugar, es decir, el lugar que él les destina.
Las cadenas y los collares existen como también existe la actitud
de perro dócil siempre atento a su amo. Acostumbrados desde bien
pequeños y pronto cansados por los tirones, algunas veces suaves,
pero la mayoría de las veces violentos, empezamos a vivir así,
levantados sobre dos patas, viendo pasar uno tras otro días grises,
meses pesados, años tristes y en definitiva vidas muertas.
Pero a pesar de todos los collares, cadenas, amos y condicionamientos sociales
algunos seguimos teniendo mirada astuta, soñadora, salvaje. Seguimos
mirando e imaginando en todas nuestras horas muertas lo que en esos momentos
podríamos estar haciendo y esta ilusión, este sueño
va cargando momento a momento todo nuestro odio y rabia hacia todos aquellos
que nos impiden vivir plenamente.
El odio y la rabia fluye dentro de nosotros como resultado de nuestra sensibilidad,
la sensibilidad que nos hace soñar es la misma que nos hace odiar
y llorar y es la que nosotros, constantemente en nuestras relaciones cotidianas,
frotamos e impulsamos a estar a flor de piel, siempre atenta para reconocer
el momento más oportuno, para reír, para cantar, para jugar,
para combatir y destruir momento a momento mordiendo y despedazando toda
esta sociedad cárcel de vidas tristes y humillaciones constantes.
Unas de nuestras mejores armas, que no las únicas, como revolucionarios
son dos: la sensibilidad y el deseo. La primera organiza nuestros pensamientos
y percepciones bajo el universo mental de nuestra individualidad y la une
a su alrededor sacando conciencia de todo aquello que no le gusta o que
le gustaría potenciar. El deseo alimenta nuestra imaginación,
nos hace formar y formular el futuro como algo posible para la vida.
Es gracias a la sensibilidad y al deseo que forman y complementan el odio
y a la rabia, unido a nuestros valores anárquicos, que nos creemos
totalmente capaces de vivir la vida y por lo tanto de combatir al Estado
y a las fuerzas capitalistas con toda la potencia destructiva del ser que
se siente libre, del que elige su camino y furiosamente mediante su vida
rompe todas las cadenas, todas las correas alentando a todos aquellos que
perdieron su capacidad de sentir y soñar a que la recuperen, a que
saquen sus dientes, armen su deseo y con este arma indestructible ataquen
hasta el final, con pasión y sin tregua hasta la desaparición
total y absoluta del Poder y de todo aquello que lo sustenta.
Poe
RELIGIÓN, ESTADO Y MORALIDAD VOLVER
Tomar
a la religión como forma de negocio, como generalmente es atacada,
es no ver la causa principal que hace entre otras cosas que la religión
sirva para lucrar. El poder de la iglesia no está ligado simplemente
a una forma de lucro capitalista, tengamos en cuenta que a lo largo de toda
su historia han pasado cientos de formas de explotación y la iglesia
ha sabido perdurar y acomodarse a estas coyunturas. La religión esta
ligada fundamentalmente con valores, costumbres y ritos que la terminan
sobrepasando en cuanto a institución.
Nuestra lucha está dirigida a la religión como forma de relación
de poder que ésta en sí genera y justifica. Justificadora
de la explotación como castigo o mandato divino que debemos aceptar
por que así lo dispuso Dios, aliado de elegidos en la tierra y la
riqueza como señal de salvación.
El Estado, posee el monopolio de la coacción física; la iglesia,
la coacción psíquica, ambos forman el poder, éste se
internaliza y encuentra legitimación en los hombres, en nosotros
queda por lo tanto el hecho de hacer que perdure o luchar por destruirlo,
de nadie más depende.
Aquellos valores que la sociedad sustenta, son entonces los que el Estado
defiende e impone, el Estado es en parte la cristalización de esa
tiranía social, es su encauzamiento jurídico, esta relación
pasa a ser dialéctica, si el Estado representa a la sociedad es porque
existe la legitimación de la autoridad del Estado en ésta.
Hay que aclarar que esta “tiranía social a menudo aplastadora
y funesta, no presenta (necesariamente) ese carácter de violencia
imperativa, de despotismo legalizado y formal que distingue a la autoridad
del estado” (Bakunin: Dios y el Estado)
Pero el Estado también reprime a aquellos que en forma consciente
(los anarquistas) luchan contra éste, y contra los valores que representa,
también reprime y encierra a los que por una u otra causa no se pueden
adaptar a un sistema de valores determinado.
“Para rebelarse contra esa influencia que la sociedad ejerce naturalmente
contra él, el hombre debe rebelarse, al menos en parte contra sí
mismo, porque con todas sus tendencias y aspiraciones (...) no
es más que el producto de la sociedad” (Bakunin: Dios y
el Estado)
Como anarquistas, partimos de dos imperativos que consideramos fundamentales
para esta rebelión: a) la propaganda de nuestra ideología
(que también es agitación) y, b) la activa lucha contra el
Estado.
La primera busca romper con los valores imperantes, mediante cristalización
de la opresión, la desmitificación de prácticas sociales
que se tienen como incuestionables (propiedad privada, trabajo, religión,
familia, etc.).
La segunda es la puesta en práctica de la primera, buscamos destruir
porque tenemos una idea de lo que queremos, esto asegura que nuestra destrucción
sea anárquica, y que no termine sirviendo simplemente para poner
a otro déspota.
La una (propaganda), como la otra (guerra contra el Estado), se retroalimentan,
y ninguna va necesariamente antes que la otra ya que la lucha puede ser
en muchos casos la mejor propaganda (propaganda por el hecho).
Siendo una minoría somos conscientes o deberíamos serlo, de
que esta conciencia práctica tiene un costo alto del cual debemos
hacernos cargo, el sistema político, policial, jurídico, y
los valores que estos encauzan mediante leyes, dificultan nuestra propaganda,
la limitan.
Pero como Bakunin nos dice, ese poder moral de la sociedad (obviamente no
estamos hablando del legal) puede ser generador de libertad: entendida como
la posibilidad concreta del desarrollo de las potencialidades humanas; o
de esclavitud: como legitimadora de la opresión a la que ella misma
se somete.
Vemos entonces que toda sociedad, posee o crea en torno a sí una
moral, que es la que termina dándole existencia a ésta.
Cabe preguntarnos aquí: ¿toda moral no pasa a ser con el tiempo
retardadora o reaccionaria de los cambios que por la misma dinámica
de la sociedad tienden a surgir?, ¿es posible por lo tanto una sociedad
amoral?, teniendo en cuenta lo afirmado arriba, consideraríamos que
no.
Entonces ¿cómo debería ser esa moral anárquica,
que no se transforme en retardadora de la continua construcción social
de la libertad?
La única respuesta que se me presenta ante esto, es la que Bakunin
nos planteó, la constante rebelión o cuestionamiento de los
valores imperantes, acordes a la dinámica social.
En conclusión, en la Anarquía ser más anarquistas que
nunca.
Daniel - Sociedad de Resistencia
NECESIDAD VOLVER
Desde
que poseemos nuestros sentidos, nuestra necesidad de evolución natural,
“ellos” los inventores del control, esa minoría acaparadora de la
producción y de los medios, de la riqueza y de la ciencia, establecieron
los dogmas de privación a través de sus conquistas y centros
ejemplificadores de valores sociales. Ellos, los inventores de este Sistema
en el cual algunos más que otros permanecemos encadenados, rehenes
de esta cárcel llamada Estado.
Nos encontramos como ha sucedido en los ciclos más remotos de la
historia humana, ante el anhelo, el deseo urgente de libertad, en su mayor
permanencia.
Nos urge desde nuestras individualidades esa instancia social de comunión
y felicidad, casi como una obsesión inevitable, emanada desde nuestros
corazones.
Entendemos y nos alimentamos en ese proceso de rebelarnos, de sublevarnos,
de proyectarnos a cada instante genuino en nuestras vidas.
Muchos cobardes, acomodados y beneficiados dirán que primero debemos
construir ese nuevo mundo que ansiamos, para así poder remplazarlo
por el actual, cuestión que vemos imposible ya que entendemos que
mientras esta minoría exista, existirán policías, ejércitos,
propiedades privadas, y culturas y prácticas y “enseñanzas”
de delación con la finalidad de continuar con este sistema, autoritario
(rojo, verde, azul, blanco), democrático, liberal... y muchos más
mecanismos, no permitirán (en su totalidad) un mundo autogestionado,
en acción y dinamismo continuo, paralelo al actual. Como tal, el
proceso que nos cabe a los insurgentes, a los revolucionarios, no es más
ni menos que llevar adelante nuestras vidas accionando, practicando nuestros
ideales, no puede hacerse esperar este sentir urgente de experiencias dinamizadoras,
desde la comprensión racional, el fuego encendiendo nuestra lucha,
esa que puede que sea larga, y está en nosotros acortar la distancia,
ahora, en este instante.
¡Que viva la anarquía!
J.C.
¿QUE LA PENA DE MUERTE NO EXISTE? VOLVER
En
el marco de la inseguridad el Estado realiza ciertas modificaciones en el
código penal haciendo más “ágil” el juzgamiento y encarcelamiento
delas personas vinculadas al delito.
Uno delos temas que mayor trascendencia tuvo y tiene es la famosa pena de
muerte. Bien nombrada por un parte de la sociedad que teme por su seguridad.
Más allá de que la misma no figure en los códigos penal,
no queda bien en claro que sí existe. Para entender mejor a qué
nos referimos analicemos un poco la vida social.
¿Qué decir a los familiares de las victimas de la desnutrición?.
La negativa sustentación del capitalismo almacenando alimentos, si
importar si alguien muere, ¿qué es sino pena de muerte?. Así
encontramos cientos de casos.
Ahora bien, los condenados a cadena perpetua antes cumplían 25 años
de secuestro en la cárceles argentinas. Hoy con el efecto Blumberg
la cadena perpetua aumentó a 35 años. Imaginate, esto puede
pasarte teniendo la mayoría de edad, a los 18 años, sumado
a los 35 años de cárcel efectiva: sumamos 53 años.
Primero, ¿35 años de cárcel no es pena de muerte? y
¿volver a la calle a los 53 de qué sirve si se entra a los
18?.
No pretendo analizar los motivos por los cuales se puede llegar a sufrir
esta “muerte en vida”, dado que creo, como anarquista, después de
analizar y analizar a esta sociedad policial, donde todo está en
manos del Poder, hasta nuestras vidas, casi todo se convierte en perna de
muerte, de una o en cuotas fijas.
Alemán
ÁCRATAS
VOLVER
Una verdadera historia de Hollywood
Desde
Uruguay, Los ácratas, según Virginia Martínez
La historia, basada en hechos reales, se centra en la figura del anarquista
Miguel Arcángel Roscigno
Nacida en Uruguay, Virginia Martínez se acercó a la cinematografía
luego de desempeñarse como profesora de historia. Fue docente de
Realización Audiovisual y del Taller de Comunicación en la
licenciatura de comunicación de la Universidad ORT, de Montevideo,
y posteriormente se dedicó a la producción y a la dirección
fílmica.
Tras varios exitosos intentos en el documental, realizó “Acratas”,
que se estrenó el jueves último en el Cosmos y el Elevage.
“Esta es una historia basada en hechos reales que se centra en la vida de
Miguel Arcángel Roscigno, uno de los anarquistas que actuaron en
el Río de la Plata en los años veinte y treinta. En aquellos
años convivieron dentro del anarquismo tendencias enfrentadas, y
Roscigno se transformó en una especie de leyenda urbana por su forma
de violencia y sus ideales revolucionarios.”
-¿De qué manera estructuraste “Acratas” para llevarla al documental?
-Fue un largo trabajo de investigación que me demandó casi
dos años. Conseguí fotografías y caricaturas de los
principales diarios y revistas del Uruguay y de Buenos Aires, a lo que sumé
escenas de noticieros de la época para, con todo este material, tomar
como eje tres acontecimientos decisivos en la existencia de Roscigno: su
asalto a una casa de cambios montevideana, en 1928, la fuga de la cárcel
de Punta Carretas y el asesinato del comisario Luis Pardeiro, tenaz enemigo
de Roscigno.
Virginia Martínez, que ya había dado cabales muestras de su
pasión por el documental en “Por esos ojos”, realizada en 1998 y
que se centraba en el secuestro y la desaparición de la niña
uruguaya Mariana Zaffaroni, apunta respecto de “Acratas”: “Esta película
me permitió redescubrir una parte muy poco conocida de los anarquistas
que actuaron entre la Argentina y Uruguay, y me dio la oportunidad, además,
de realizar un trabajo casi arqueológico sin apuntar a lo político
ni a la justificación de los actos violentos de esos hombres en sus
extremas existencias... Me propuse, y creo que lo logré, ilustrar
acerca de episodios históricos muy poco difundidos y rastrear una
parte olvidada de esos hechos que fueron en su época importantes
noticias periodísticas, y que luego cayeron en el olvido”.
Este tipo de cine me fascina, y tuve la suerte de que mi obra se viese en
muchos festivales internacionales. Acercarme a Buenos Aires con “Acratas”
es una enorme felicidad que, posiblemente, me dé la oportunidad de
pensar en coproducir documentales entre nuestros dos países”.
Adolfo C. Martínez
Claro...
Estos
fragmentos de la nota aparecida en el diario La Nación el martes
25 de mayo en la sección Espectáculos es otro de los grandes
ejemplos que nos dan los productores culturales. A éste se le podría
sumar la obra de la vida de la compañera asesinada en Italia, escrita
por el ilustre periodista Caparrós (ver ¡Libertad! N°28).
Ejemplos que nos llenan de angustia, pues no hacen otra cosa que folklorizar
el ideal anarquista, fosilizarlo como un pasado muerto y convertirlo en
un espectáculo para posicionar a sus autores en el ranking de “investigadores
sociales comprometidos con lo social”. Miseria de moral. La ilustre Virginia,
historiadora, vuelve a confirmar que más de 150 años de ciencia
social no hicieron otra cosa que brindarle herramientas a los explotadores
para explotar mejor y contribuir a mantener la estupidización social.
Tantas disciplinas que desembocan en marketing (como venderle mejor algo
a alguien), como transformar todo en mercancía, como mercantilizar
la vida y el espíritu y aumentar las ganancias. Cientistas sociales
funcionales al sistema, camuflados bajo la bandera de la “ciencia social
objetiva”, contribuyendo al status quo. Ni cabe pensar que si es para algo
que sirve el conocimiento es para tratar de mejorar los problemas que el
ser humano encuentra en su existencia, que rescatar historias, valores y
relaciones de personas que han sido sepultadas bajo el “pasado del Estado”
tienen que servir para actuar en el presente, en el que se encuentra la
misma opresión camuflada por la coyunturas actuales.
“Trabajo casi arqueológico”, nos dice Virginia, cuando el
ideal anarquista es un ideal vivo, una posibilidad de actuar presente. “Sin
apuntar a lo político”, como si la historia no tuviera un necesario
componente ideológico.
Virginia se queda con la anécdota romántica, digna de Corín
Tellado, la historia de “ponebombas” que menos mal que algún Estado
se encargó de eliminarlos. Virginia no remarca que detrás
de esos actos violentos había ideales, los que son mencionados en
su documental como simples anécdotas complementarias. Lo que de fondo
movilizaba a estos compañeros; la creación de otro mundo posible,
de otra forma de vida son minimizados. Sin dejar de lado la presencia en
el film del infaltable documentalista de los anarquistas, Osvaldo Bayer,
quien aporta datos importantísimos, generalizando cualidades que
los anarquistas deben tener, para luego construir un estereotipo de algo
que no puede estar más alejado del ideal anarquista. Como si realmente
importara que alguien que sostiene el ideal libertario fume o no.
Podríamos discutir sobre el accionar de Rosigno, calificarlo de valido
o de errado, pero separarlos como hechos aislados, como un robo aquí,
un asesinato allá, es dejar de lado las ideas que movieron a Rosigno,
calificarlo como actor de una telenovela, es insultarlo.
Ubérrimo
AL SALTO O “A LOS SALTOS” VOLVER
Ante
la furia de tempestades o fieras el hombre trepaba a lo alto de los árboles
o corría a la oscuridad de una cueva. Impulso primario, elemental,
como cachorro buscando protección en su madre o, ya perro, en la
cucha. Se hacía de un resguardo, algo a lo que aferrarse, pero no
tanto para saltar desde el árbol sobre la fiera o salir de la cueva
armado de fuego, que son los momentos más plenos de su existencia,
como cachorro saltando al mundo en el parto o, ya perro, mostrando sus colmillos;
no tanto como para si hacer del refugio su vida, del miedo su ideal y de
las ramas o paredes su libertad. Más fue hacer de la condición
de sobrevivir una finalidad y se refugió en dioses y santos, en artes
y artesanías, en banderas y camisetas. Y ahí se mantiene,
como animal de costumbre, con costumbres de animal, reducido a comer, defecar,
reproducirse y morir. Poco pero seguro. Es el mundito de lo permitido, comprado
con el alquiler propio, donde se puede aprender a degustar la basura y a
apreciar de sofisticados circos, con la condición de aportar piruetas
y desechos.
Pero sabemos que el individuo no está aislado. Libre o esclavo es
freno o potencia de los otros y de sí. Arranca o es arrancado por
remolinos o mareas, retiene o empuja, con inercias, como imán, según
la fuerza y convicción. El individuo no está aislado y repercute...
Y sabemos también que la furia de tempestades y fieras susurra, late
o estalla en y desde cada hombre, susceptible de saltar del árbol
o la cueva. La posibilidad de encontrar en un refugio al ser agazapado,
presto al trueno y a la garra, es lo que buscamos.
A.G.
LA AUTOGESTIÓN EN EL ANARQUISMO VOLVER
La
autogestión es entendida como un principio fundamental sobre el que
se asienta el anarquismo, pero lejos está de ser un sinónimo.
Ya que como autogestionaria puede entenderse un tipo de práctica
no necesariamente anarquista. Por lo que diremos que la autogestión
está incluída como parte fundamental de nuestra ideología,
pero no hay que verlo a la inversa, la autogestión no incluye al
anarquismo.
Ya que lo que le da contenido a esta práctica va a ser la ideología
con la que ésta se aplique.
Por ejemplo, podría yo entender como autogestionaria a la forma de
vida de los Menonitas, pero sin embargo esta forma de vida religiosa, lejos
está de ser una experiencia de vida anarquista.
Pero este término nos sirve para definir a una experiencia libertaria
en un momento no revolucionario. La apropiación social de un espacio
que nosotros, como anarquistas, podamos hacer bajo un sistema opresivo dominante,
la podemos definir como una experiencia autogestionaria, pero ésta
es así porque es en principio anárquica.
De lo que se trata entonces es de anarquizar la autogestión, mediante
la expropiación y la socialización de la riqueza productiva,
ésta debe darse entre iguales, y también debe concretarse
por los mismos interesados.
Las prácticas anarquistas y por lo tanto autogestionarias no deben
ser vista como una opción, como una alternativa, no queremos una
convivencia tranquila con el sistema, buscamos destruirlo, nuestro fin es
el comunismo anárquico. Perder la finalidad, o convertir posibles
medios, valiosos y rescatables, en fines en sí mismo sería
transformarnos en una columna más del sistema, ya sea por error u
omisión.
La anarquía, se encuentra estrechamente relacionada a principios
que la constituyen como ideología, pero tomar cada uno de esos principios
por separado es desvirtuar todo.
Más en estos tiempos donde “la idea y, sobre todo la palabra (autogestión)
se ha difundido fuera del campo anarquista (...), se ha diluido y trivializado.
Hoy hablan de <autogestión> socialdemócratas y eurocomunistas,
demócratas cristianos y monárquicos”.
El riesgo que se busca evitar “aclarando los tantos” sobre este término,
tiene que ver con esto que se viene dando de algunos sectores que se reivindican
como anarquistas pero que quieren buscarle un “sentido positivo” a nuestra
ideología, dejando de lado la “palabra” anarquista y pasar a darle
uso a la definición “socialista libertario” o “autogestión”
como sinónimo excluyente.
Cuando esa “palabra” en realidad nos define, nos da identidad, dice que
queremos y como conseguirlo. Ausencia de gobierno, destrucción del
orden constituido. Anarquía.
Daniel - Sociedad de Resistencia
¡ATENCIÓN! VOLVER
El
actual gobierno del PJ y su súper “k” avanzan imparables en la consolidación
de su golpe de Estado encubierto del 19 de diciembre del 2001. Ahora y solo
ahora nos presentan a Menem como el demonio o el tirano malo que hecho al
país por el vertedero, apuntando con las armas a los “pobres peronistas”
que osaban cuestionarlo. Nos intentan despistar con enfrentamientos internos,
mientras militarizan las calles, refuerzan la represión en todos
los aspectos y siguen desplazando a empujones a grandes masas hacia la miseria
y la delincuencia. Solución: más recortes, más similitud
entre los barrios-villas y los centros penitenciarios. Sociedad cárcel
de villas-guetos y zonas ricas. Para los ricos seguridad y muros altos,
para los pobres fierros o cartones.
Gran jugada ésta la de los peronistas, por un lado se limpian y por
otro cierran el círculo de su poder creando un verdadero Estado policial
en el que la libertad es un chiste de mal gusto. Ante sus políticas
y sus apretones de tuercas se genera una presión que busca escape
y finalmente estalla. Estalla como a veces parece que ya está estallando
en el interior. Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba, San
Luis, La Plata, Bariloche,... continuos motines en prisiones y los últimos
ataques a comisarías, etc. El gobierno lo sabe y es por ello que
mantiene una política de aislamiento social entre las distintas capas
de desencantados con la situación. Los grupos de izquierda con su
control militarista cierran el ciclo de la política gubernamental
desencantando a unos y sometiendo a otros, es por esto que los últimos
ataques a comisarías, a excepción de el de La Boca, sobrepasan
los límites de los apaga fuegos profesionales y aunque espontáneos
y por lo tanto efímeros, demuestran que la tensión social
busca escape y los encuentra más allá de los cuadros políticos
clásicos y funcionales al sistema. Mientras las calles se agitan
pintan las broncas y los enfrentamientos con el poder y la cana, en Bs.
As. no pasa nada, nadie reprime y todos transan, los líderes de los
piqueteros duros, pobres imbéciles, manejan a sus masas como si de
simples peleles se tratase y se los llevan allá donde la burguesía
babea, asquerosa y llorona pidiendo más mano dura contra los hermanos
de clase de los desocupados: los delincuentes.
Gritamos ¡atención!
Se avecina un invierno y una primavera que seguramente serán calientes.
Los precios suben en la alimentación, el tema del gas no está
nada claro, todos se pasan la pelota y nadie parece tener la culpa; que
si no hay inversiones de las multinacionales, que si el gobierno no hace
nada, que si Menem ¡ja! Lo que realmente está claro es que
si sube el gas en Tucumán se quedaran más de 30.000 familias
sin ingresos pues se suspenderán parte de las cosechas de limón
y de caña de azúcar. En Córdoba amenazan despidos y
los obreros tienen que ocupar las tomas de gas de las fábricas para
que no vayan los técnicos a cortarlas... y así en más
sitios.
¡ATENCION!, ¡Mucha atención! Estemos atentos, estemos
pillos la mejor manera de romper el aislamiento social es la propia acción
cotidiana acá en Bs. As. la crítica al Poder y al Estado pero
también la crítica hacia aquellos aparatos que se dicen “revolucionarios”
y lo único que hacen es apagar broncas, transar planes y vender luchas.
Atención porque todo se pudre a nuestro alrededor, Bolivia sigue
en la calle, el cono sur bulle no nos paremos.
Poe
M.C.D VOLVER
Nosotros,
los anarquistas, no creemos en Dios ni en las instituciones que lo proclaman.
¿Cómo podemos creer o adorar a un Dios, que, sabiendo nuestro
destino (si éste es “malo”), no hace nada por modificarlo, siendo
todopoderoso?. Despierten cristianos, ¿cómo pueden creer en
un Señor que los abandona, que les pone “piedras en el camino”; que
los obliga a despojarse de sus virtudes, porque sólo Él puede
tenerlas?. Él es perfecto y acá en la tierra somos un montón
de mierda pecadora.
¿Por qué, si el Padre es tan bueno, y todos somos iguales
ante Él, no se nos reveló a todos, en vez de a unos pocos
elegidos?; ¿será que no quiere que entremos a su paraíso?,
pues ¿por qué deberíamos creer en lo que dice un imperfecto
ser humano tan “pecador” como nosotros?.
O Dios es bueno pero no tiene todo el poder que se le atribuye, o dios es
un sádico que se regodea viendo sufrir a sus súbditos, o Dios...
no existe.
Desde que los apóstoles de Cristo se constituyeron en una institución,
sus ansias de expansión dejaron de tener como motivo el amor entre
los humanos, sino que, por el contrario, su razón pasó a ser
la de dominar las conciencias de los hombres; y de ahí su buena relación
con los poderosos y los Estados, además de que mantenían a
sus fieles preocupados por los castigos divinos. Cómo se entienden
sino las Cruzadas (guerra santa), la Santa Inquisición (con sus instrumentos
de torturas), los silencios y aplausos en las matanzas por parte de los
gobiernos hacia los pueblos y los varios etcéteras. Además,
al constituirse el Estado del Vaticano, la Iglesia ha terminado de comprobar
el vicio del poder; cualquier negocio o industria que se nos ocurra, tiene
una inversión (y una ganancia) eclesiástica.
La Iglesia, ese peaje que deben pagar los cristianos para llegar al paraíso,
se ha ido adaptando al crecimiento de la ciencia y la razón humana.
Hasta llegar al punto de que la Sagrada Escritura entera es una metáfora,
en que lo que importa es la “enseñanza”; cuando, en su momento (y
aún hoy), se persiguió y mató a todo aquel que osara
cuestionar estos relatos fantásticos. Tal vez, para alegría
de las feministas, mientras el machismo siga disminuyendo, hasta pongan
de Papa a una monja.
A los cristianos, actualmente, les provoca gracia oír de personas
que dicen tener revelaciones divinas, teniendo ellos mismos como libro sagrado
a la Biblia, justamente, un libro supuestamente escrito por hombres con
estas mismas revelaciones. Ahí está la influencia de siglos
que tiene la Iglesia Católica y que no tienen estas nuevas sectas
evangélicas.
Desde nuestra postura rechazamos todas estas doctrinas, pues no ofrecen
liberación, sino que además de justificar la miseria material
al decirnos que nos despojemos de nuestras pertenencias, crea una represión
a los placeres mentales y físicos. La idea del castigo eterno, es
de lo más sádico que se pueda pensar, el condenar a una persona
a los más crueles castigos sólo puede salir de personas profundamente
pervertidas.
No pido milagros, sólo un poco de sensatez; no fe, esa confianza
ciega en algo que no se puede demostrar. ¿Por qué creer, entonces,
si toda su teoría está justificada con la nada y toda su práctica
nos lo demuestra?.
Coco
EL SEÑOR TODO EL MUNDO VOLVER
Es
inútil que busquemos fuera o dentro de nosotros, en los hechos o
en las tácticas: no se encuentra otra salida a la sociedad presente
que por la puerta ferrada de la revolución. Es el dilema. O pasamos
por ahí o continuamos golpeando los muros con la cabeza.
Hemos llegado al momento en que lo único práctico es la utopía;
todo los demás conduce a desalentar y desalentarnos. Ya veis las
huelgas: por más que amplíen su radio, si no se acompañan
de sangre y fuego, no preocupan ni a los burgueses. Éstos saben que
el fin es la tratativa o el sometimiento tácito de los obreros. Resisten,
capean el temporal y, en último caso, trabajan ellos.
Por su parte, los huelguistas van viendo, cada día más, que
es un sacrificio sin porvenir que se les exige. Vencedores o vencidos, saben
que el fondo real de las cosas no se mueve a favor suyo. Sienten, también,
que como gimnasia está buen ya, que en vez de tonificarles les agota
tanto ejercicio.
Va, pues, resultando estéril y retardada cualquier acción
que no se enderece a un cambio fundamental de la sociedad presente. Sólo
ella tiene el porvenir abierto, el camino firme y limpio de sorpresas, como
una calle alumbrada hasta más allá de donde alcanza la vista.
Las otras van a morir al cansancio y al pesimismo.
Es inútil que busquemos... El pueblo no quiere holgar ni oír
discursos, sino batirse, hacer cuanto antes su guerra. Darle motivos heroicos,
bases de una libertad definitiva y le veréis poniendo su fuerte puño
y su planta audaz en los sitios de mayor peligro. ¡No va a regatear
su sangre, no!.
Hemos llegado al momento en que lo sólo real es la utopía.
Nadie de nosotros sabe cuándo ni de qué manera va a estallar
la revolución social. Pero otra cosa sabemos: que no será
decretada ni por los sindicatos ni por las federaciones. Éstos andan,
hace tiempo, golpeando los muros con la cabeza.
La iniciativa va a corresponder a UNO. A uno que tiene más espíritu
y más genio que Voltaire, según Bakunin. A el SEÑOR
TODO EL MUNDO.
Rodolfo
González Pacheco
Extraído de Carteles tomo 1
CRUELDAD CONTRA CRUELDAD VOLVER
Entendemos
también por crueldad la presencia del capitalismo y el Estado, de
la policía y de los críticos con el discurso del Poder. Como
también la comparamos con las religiones de cualquier tendencia y
procedencia, con sus conquistas y guerras, siempre fantaseando, siempre
al lado del Poder.
Son una crueldad las actividades militares de conquista de los EE.UU., como
sus cárceles y sus torturas, con sus fusiles y sus intereses capitalistas.
¿Qué esperaban?, la conquista y expansión son métodos
del Poder, es su sustentación. Conquistas y expandir el orden social
que los beneficie y así poder controlar todo, ¡todo!.
Los musulmanes, más allá de estar resistiendo a la conquista
de EE.UU., están defendiendo “su” sometimiento religiosos y “su”
gobierno. Esto al ser un hecho hacia la resistencia de “su” poderío
religioso-político no los hace ajenos a la crueldad, el hecho de
cortarle la cabeza a una persona, filmarlo y enviarlo al mundo por Internet,
¿qué es sino crueldad?.
Desde los anarquistas decimos que en nuestras ideas no caben ni religiones
ni cárceles ni torturas, como tampoco Estados ni capitales. Planteamos
todo lo contrario, la máxima expresión de libertad e igualdad
que pueda existir, por la destrucción del hambre como hecho.
Alemán
MANIPULACIÓN MEDIÁTICA VOLVER
Rever
las noticias, es de un modo ver lo que pasa con esta sociedad mundial enferma.
Los medios nos informan de lo que ocurre, con el regalito pocas veces analizado
de ser partidarios del sistema. Es más claro que el agua, ¿cómo
no van a ser partidarios si son un institución del mismo?. Manipulan
a favor del Poder y de la forma que más le convenga; para hacer quedar
bien o mal, para crear opiniones policiales, para desinformarnos.
Lo que sucedió con este muchacho que fue decapitado puede ser algo
realizado por los musulmanes, respondiendo con crueldad a la crueldad, o
quizás por los servicios yanquis para lavarse un poco las manos de
la crueldad y los tormentos a los que son sometidas las personas que pasan
por las “cárceles para terroristas”. En fin, creo que la verdad no
la tiene nadie, mucho menos sabremos si la información nos la arroja
el sistema.
Alemán
SOCIEDAD DE EXTERMINIO VOLVER
Al
comenzar es bueno dejar en claro que la cárcel no son solo los centros
de exterminio. Esta sociedad es la cárcel. La determinan las leyes,
los privilegios, la policía, las instituciones, los patrones y burgueses,
la prensa, las fábricas y los talleres; la vida está regida
vivazmente por todos los elementos funcionales, directa o indirectamente
al sistema.
Rejas, cámaras, policías a rolete, seguridad privada, fuerzas
armadas, mentalidades policiales. Todo está bien preparado para que
la inteligencia del máximo opresor, el sistema (Capital y Estado),
exprima a la humanidad y a los recursos naturales.
El direccionamiento de esta sociedad enferma está en manos de los
burgueses y sus instituciones capitalistas, de este modo, con el sometimiento
laboral y consumista, sólo se alimenta lo que ellos buscan. Todas
las riquezas son para los burgueses.
Al consolidarse el sistema de dominación comienza, sin lugar a duda,
a gestarse la miseria y la marginación. Los ricos cada vez más
ricos y la pobreza se radicaliza ferozmente, implacable sobre la vida de
miles de personas, condiciones de vida inhumana, enfermedades, hambre, discriminación,
etc.
Del otro lado de ésta realidad asesina las grandes mansiones del
consumo, supermercados con miles de kilos de comida amontonados, esperando
ser ¿compradas? La ropa, en condiciones similares. Las riquezas producidas
por la gente, sólo se vende, sin importar si se necesita.
Los burgueses son bien concientes de cómo funciona su sistema, ellos
son sus ideólogos. También saben que la represión con
la cual nos oprimen tiende a crear disidencias y respuestas. Así
es como llegamos a la famosa causa: el delito.
El delito comienza cuando se nos priva, cuando la ley creada por los intereses
de los burgueses, nos obliga a, por ejemplo: no tomar los alimentos que
nos sean necesarios; a no tomar las tierras para hacer hogares o para trabajarla;
a no realizar nada sin antes pagar por ello.
Si accedemos a ser disidentes nos espera una larga lista de formas de represión.
Estas mismas son las que controlan y dominan los pasos de cada persona,
no sólo para prevenir cualquier delito, sino para hacernos pagar
por ello.
Así comienza la lista, policías, gendarmes y demás
fuerzas represivas. Estos humanos (no tan) manejan el sistema de control,
los medios ya no son sólo los clásicos operativos, patrullajes,
la cuestión ya se profundiza más aún. En las calles
cámaras que todo lo que ven lo graban las 24 horas. La tecnología
represiva se desarrolló hasta tal punto que ya saben donde estás
con un teléfono celular de mierda y hasta te escuchan con el mismo
apagado, o desde un satélite te reconocen y fotografían.
Esto es ideado con el único fin de poder controlarlo todo, en especial
reprimir la rebeldía de los que no aceptan el verdugueo y practican
su plan “delictivo”. La culminación de la estrategia burguesa de
control tiene dos caras. La primera y más conocida llamada cárcel,
donde amontonan a hombres y mujeres a veces pobres y a veces no, donde intentan
no solo extinguirlos, sino también, si es que tienen la suerte de
salir, a dejarlos en algunos casos psicológicamente quebrados. Sin
lugar a ninguna duda las cárceles son solo centros de exterminio.
La segunda y última es la conocida bala. Los casos de brutalidad
policial existen desde siempre y se radicalizan constantemente reflejados
en los asesinatos en las villas de Buenos Aires. El sólo hecho de
vivir en una villa es ser poseedor de una paliza, una verdugueada y una
bala, sin importar absolutamente nada.
Alemán
LA EXPROPIACIÓN VOLVER
(...)
Para la burguesía, ametrallar al pueblo es una acción con
indudables resultados positivos; sólo necesita soldados a quienes
confiar la ejecución; que sean franceses, alemanes o turcos, no importa,
puesto que su ambición no es otra que mantener lo existente, prolongar
el status quo, siquiera sea por unos años más; para ellos,
la cuestión se reduce a una lucha armada. Para los trabajadores,
el problema se presenta de muy distinto modo, puesto que lo que pretenden
es modificar el orden de cosas existentes; por tanto, la cuestión
no es tan odiosamente sencilla, sino, al contrario, vasta, inmensa. La lucha
sangrienta, para la que debemos estar preparados igual que la burguesía,
no es sin embargo para nosotros más que un incidente en la batalla
que hemos de sostener con el capital. Aterrorizar a la burguesía
para luego dejarla en la misma situación sería esterilizar
nuestro esfuerzo; nuestra finalidad es mucho más amplia que matar,
tiene una altura que la burguesía no puede concebir.
Para nosotros el problema es abolir la explotación del hombre por
el hombre; poner fin a las iniquidades, a los vicios, a los crímenes,
que resultan de la holganza de unos y la esclavitud económica, intelectual
y moral de otros. El problema es inmenso, por consiguiente; pero puesto
que así lo han legado los siglos pasados a nuestra generación
y puesto que somos nosotros los que nos hallamos en la necesidad histórica
de trabajar para resolverlo, debemos aceptar la tarea, cuya solución
por otra parte nos viene dada también por la historia al mismo tiempo
que el problema. Esta solución ha sido enunciada por todos los trabajadores
del mundo y es el resumen del desarrollo económico e intelectual
de nuestro siglo. Es la expropiación, es la anarquía.
Si la riqueza social queda entre las manos de los que actualmente la poseen;
si la fábrica, el campo y el taller quedan en posesión de
los que hoy son propietarios; si los ferrocarriles y los medios de transporte
continúan siendo de las compañías e individuos que
los han acaparado; si las viviendas urbanas y las casas de campo quedan
en poder de sus actuales dueños; en vez de ponerlos la revolución
a disposición de los trabajadores; si todos los tesoros acumulados
en las bancas y casas particulares no revierten a la colectividad, puesto
que todos han contribuido a su creación; si el pueblo sublevado no
toma posesión de todos los utensilios y provisiones almacenados en
las grandes ciudades y se organiza de modo que estén a disposición
de todo el que lo necesite; si los latifundios no se arrancan a los terratenientes
o a los usureros para ponerlos a disposición de todos los que quieran
cultivarlos; si se constituye, en fin, nuevamente una clase de gobernantes
que domine a los gobernados, la insurrección no será una revolución,
habrá que comenzar nuevamente la obra, no se habrá hecho nada
sino perder el tiempo. El obrero, después de sacudirse de encima
un yugo, se verá uncido a otro igual, tendrá que sufrir el
dolor del latigazo, el aguijón del amo, la arrogancia de sus jefes,
los vicios y crímenes de los holgazanes, sin hablar del terror blanco,
las deportaciones y ejecuciones, la danza desenfrenada de los asesinos sobre
los cadáveres de los obreros.
¡Expropiación! He ahí el santo y seña que se
impone para la próxima revolución, so pena de incumplir nuestra
misión histórica. La expropiación completa de todos
los medios de explotar a los demás seres humanos; la devolución
a la comunidad de todo cuanto en manos de alguien pueda servir para explotar
a otros. Lograr que todo el mundo pueda vivir trabajando libremente, sin
verse forzado a vender su trabajo y su libertad a otros que acumulan las
riquezas con el esfuerzo de sus esclavos, he ahí lo que debe hacer
la próxima revolución.
Hace más de diez años que este programa, al menos en su parte
económica, ha sido aceptado por todos los socialistas. Cuantos se
llamaban socialistas así lo admitían sin reservas de ninguna
especie. Desde entonces, son tantos los señores de la industria que
han venido al campo socialista a asegurar su beneficio y han hecho tantos
recortes en el programa, que actualmente sólo los anarquistas lo
defienden en toda su integridad. Lo han mutilado, lo han llenado de frases
huecas que se pueden interpretar a voluntad, según le plazca y convenga
a cualquiera; lo han reducido de tal modo, no para complacer al obrero,
el cual, si es socialista, lo es íntegramente, sino para convencer
a la burguesía, que ya no sólo no tiene inconveniente en aceptarlo,
sino que admite entre sus huestes a los sofisticadores del programa. La
tarea, pues, de propagar la expropiación sin restricción de
ninguna especie y en todas partes corresponde por completo a los anarquistas,
y éstos no deben confiar a nadie tan sublime empresa.
Sería un error funesto creer que la idea de expropiación ha
penetrado ya en la conciencia de todos los obreros y que es para ellos una
de esas convicciones por las que se está dispuesto a sacrificar la
vida. Muy lejos de esto. Existen todavía muchos millones de individuos
que si han oído hablar alguna vez de expropiación ha sido
por boca de los enemigos de la emancipación obrera. Además
entre los mismos que la admiten son pocos los que la han examinado en sus
diversos aspectos y detalles. Sabemos, es cierto, que la expropiación
será durante el período revolucionario cuando hará
más adeptos, durante ese período en que todo el mundo se interesará
por la cosa pública, leerá, discutirá, obrará,
y la idea, entonces más concreta y precisa, tendrá por sí
sola bastante fuerza para arrastrar a las masas. Sabemos también
que si durante la revolución no hubiera más que dos partidos
en lucha, la burguesía y el pueblo, la expropiación sería
aceptada en toda su integridad por este último en cuanto la propusiera
alguien. Pero además de la burguesía hemos de contar con muchos
otros enemigos de la revolución social. Todos los partidos bastardos
que han surgido entre la burguesía y los socialistas revolucionarios;
todos los que tienen metida hasta en la médula de los huesos la poquedad
de espíritu, consecuencia necesaria del respeto que durante tantos
siglos se ha tenido a la autoridad; todos los burgueses, en fin, que en
el naufragio intentarán salvar parte de sus privilegios, a cambio
de sacrificar otros -momentáneamente-, todos estos intentarán
que el pueblo abandone la presa que antes constituía su riqueza.
Habrá también miles de individuos que en tono sentencioso
aconsejarán al pueblo que es preferible contentarse con poco a perderlo
todo; otros que intentarán hacer perder el tiempo y distraer el empuje
revolucionario en vanos ataques contra cosas fútiles y hombres insignificantes,
en vez de atacar resueltamente a las instituciones; habrá quien querrá
jugar a Saint-Just y a Robespierre, en vez de hacer como los campesinos
de la Revolución: apoderarse de la riqueza social y ponerla inmediatamente
a disposición del pueblo para que éste se aprovechase de ella.
Para evitar este peligro no hay por ahora más que un medio, y es
el de trabajar incesantemente desde este momento para difundir la idea de
expropiación por todas partes, con nuestros actos y nuestras palabras,
que nuestras acciones se inspiren en nuestros principios; que la expropiación
penetre hasta en los más oscuros rincones, que sea discutida en pueblos
y aldeas, y venga a ser para obreros y campesinos una parte integrante de
anarquía. Y sólo entonces podremos estar seguros de que el
día de la revolución esta palabra estará en todos los
labios y se levantará formidable, empujada por el pueblo entero,
y la sangre proletaria no se habrá derramado estérilmente.
De ahí la idea que se abre paso entre los anarquistas de todos los
países. El tiempo apremia, pero esto mismo nos dará nuevas
fuerzas y nos hará redoblar nuestra actividad para llegar a este
fin; sin esto, todos los esfuerzos y sacrificios del pueblo serían
una vez más vanos.
Pedro Kropotkin
Extraído
de Panfletos Revolucionarios.
Publicado originalmente en La Révolté, noviembre
de 1882.
¿INSERCIÓN? VOLVER
Otro problema a tener en cuenta
Actualmente
se viene escuchando y repitiendo el debate acerca del “fenómeno”
de la delincuencia, un término totalmente erróneo, puesto
que el delincuente no realiza ninguna acción extraordinaria así
como tampoco es un animal monstruoso.
Esta realidad representa un grave problema para esta sociedad y para quienes
quieren sostenerla.
Por lo tanto la información que manejamos habitualmente con referencia
al tema es estudiada por psicólogos, psiquiatras, sociólogos,
científicos al servicio de un modelo social asesino. Tanto es así
que intentan darle valor científico a sus avances investigativos
para determinar que los comportamientos violentos o delictivos son producto
de una enfermedad hereditaria. Este tipo de teorías son hábilmente
manejadas para instaurar una respuesta rápida y convincente sobre
la población y justificar la respuesta delictiva o violenta del individuo.
Mientras tanto por un lado nos hablan de inserción como solución
a la problemática social (a la población pasiva en el campo
educacional y a la población activa en el campo laboral), y por otro
lado el perfeccionamiento y endurecimiento de los métodos represivos,
lo cual significa mas leyes y reacondicionamiento y construcción
de nuevas cárceles y comisarías.
Nos quieren hacer creer que el problema se soluciona depurando a la policía
y a los milicos, que es un problema de corrupción, nos quieren hacer
creer que la inserción de los pibes va a lograr salvar a la mayoría,
obviamente programando que para el resto que quede excluido de la inserción,
y pueda ser un posible violento o delincuente, habrá un milico más
humanizado y menos corrupto, y así desaparecerá el problema
de la inseguridad gradualmente. Nos quieren hacer creer que ésta
la única forma de organizar una sociedad y que hay que conservar
y consolidar las instituciones, que es necesario delegar nuestros futuros
en manos de unos pocos. Realmente esto resulta una subestimación
y un insulto al razonamiento humano, pero lamentablemente es lo que han
logrado inculcar mediante todas las herramientas burguesas.
Evidentemente todas las medidas que tome el Estado en cualquiera de sus
formas no nos llevan más que a la autodestrucción y la muerte
lenta, la muerte en el trabajo y en las calles.
Y es con esto con que nos tienen arraigados: con un salario para algunos
privilegiados y con unas migajas para el resto, que se abalanza tal cual
una paloma hambrienta aventajándose miserablemente a los demás
para lograr llevar a su estómago la mayor cantidad de migas.
He aquí el ejemplo de las consecuencias del capitalismo, he aquí
las causas del problema, esto es el capitalismo y es contra lo que combatimos,
porque no me interesa un hermano, un hijo, un vecino, con la panza llena
y un título de la facultad que se cage en todo, al igual que lo hicieron
antes con él, para seguir alimentando y sosteniendo todo esto. Me
interesa un hermano, un hijo, un vecino con la panza llena que reconozca
y que sea conciente de que existe un sistema que a fuerza de represión,
humillación y explotación se mantiene existente, y ante cualquier
pequeño estallido social, tiene dos opciones que eliminarán
el problema: insertar la revuelta o reprimirla, de acuerdo a los intereses
que estén en juego.
Ante esta situación, como anarquistas que somos, no consideramos
la migaja que quiera o no tirarnos el Estado, pues tenemos pretensiones
mucho más grandes y hermosas que éstas, como es la libertad
absoluta y la sociedad sin clases.
Pototo
ANARQUISMO Y LUCHA DE CLASES VOLVER
A fines
de la Primera Guerra Mundial asistimos al desarrollo del Supergobierno.
El capitalismo, al tratar de escapar de las consecuencias de la guerra,
perdió su fachada liberal. En algunos casos tuvo que entregarse por
completo al control estatal, enmascarado de comunismo -que sólo había
abolido a la vieja clase dirigente para crear una nueva, basada no en el
lucro sino en el privilegio-. En otros casos se inyectó con la misma
droga, y el mundo de pesadilla del fascismo constituyó un viaje a
la oscuridad. Los efectos secundarios de estas experiencias iban a elevar
la apreciación de la forma anterior del capitalismo. No cabe duda,
argumentaban muchos, de que la forma liberal y democrática de gobierno
que el capitalismo solía asumir, cosa que ya no puede hacer, constituía
un mal menor. El argumento suena hoy extrañamente arcaico, en esta
época en que el desarrollo del Estado de Destrucción significa
que tiene poca importancia que el liderazgo sea blando o brutal; que imponga
sus decisiones mediante policías desarmados que dirigen las marchas
de protesta lo largo de calles vacías, o saque a relucir contra ellos
los tanques y las bombas de gas lacrimógeno. Los problemas de que
hoy se trata son tan vitales para la continuación misma de la humanidad,
que resulta insignificante el hecho de que los maníacos que tienen
a su cargo nuestro destino lleguen al poder mediante clandestinos conciliábulos
o abriéndose paso “a ráfagas de metralla”.
El Estado es evidentemente nuestro enemigo; si no lo destruimos primero,
nos destruirá él a nosotros. No habrá más guerras
nacionales en escala mundial o, por lo menos, no durarán mucho tiempo
-los choques de un poderío insensato llevarán a la inmediata
destrucción-. La línea de fuego del futuro nos enfrentará
a nosotros y a ellos. ¿Quiénes son “ellos”
y quiénes somos “nosotros”? Puede que resulte difícil dar
una definición, aunque todos lo sentimos instintivamente. Ellos son
la clase dominante, y los que están vinculados con el poder. Se espera
que nosotros seamos los peones en el ajedrez de ese poder. Ellos constituyen
la clase dominante, nosotros los sometidos. Ellos son los agresores, pero
nuestras iniciativas para derrocarlos son condenadas como perturbadoras
de la paz. Ellos son los conquistadores y nosotros los conquistados, y la
dificultad con que tropezamos al tratar de hallar la definición es
el resultado de que crezca el pasto en los campos de batalla. Siempre que
nos conformemos, o tratemos de asimilarnos, ellos se contentan con dejarnos
tranquilos; pero aun así, no pueden dejar al mundo tranquilo. Quienes
están vinculados con el poder hacen sus propios planes para sobrevivir
en el evento de una guerra nuclear. Pueden incluso soñar que existen
otros mundos que ellos conquistarán. Para mantenernos tranquilos,
discuten acerca de las diferencias existentes dentro de la sociedad, y hasta
tal punto que a veces nos cuesta establecer dónde se produce la división.
Este es el éxito que logran los medios de persuasión con los
cuales, entre otros instrumentos opresivos, nos explotan.
Uno puede aislar un sector de la clase dirigente y atacarlo; pero esencialmente
el enemigo del hombre es el medio por el cual éste es gobernado.
Se trata de un instrumento impersonal, aunque se equipe con hombres reales.
Hasta en época tan remota como la de los antiguos filósofos
chinos se sostuvo que no cabía esperar que el hombre reverenciara
aquello mediante lo cual se lo castigaba y que era el símbolo de
su sometimiento (expectativa razonable que luego redujo a la nada la Iglesia
cristiana). A ellos les resultaba axiomático que el hombre que se
vendía al gobierno lo hacía por razones indignas. Un sabio
invitado por el emperador a que lo ayudara a gobernar, pidió que
le permitieran lavarse las orejas; otro sabio le advirtió que no
dejara beber a su buey del agua en que se lavara las orejas que habían
oído tal propuesta.
¿Cómo puede existir el antagonismo entre el hombre y una institución
creada por éste? Porque aquella señala la división
de los seres humanos en dominadores y dominados. ¿No es meramente
el gobierno la administración de la sociedad? Sí, pero contra
la voluntad de ésta. La sociedad es necesaria para unirnos; el Estado,
que llega a existir para dominar, nos divide. ¿No están compuestos
meramente los gobiernos por seres humanos, con todas sus fallas y virtudes?
Sí, pero para oprimir a sus congéneres. La humanidad comenzó
con el hecho del lenguaje; la sociedad comenzó con el arte de la
conversación; el Estado comenzó con una orden.
El gobierno representa las cadenas impuestas a una sociedad; aun en su forma
más libre, constituye meramente el punto más allá del
cual no puede ir la libertad. El Estado es la preservación de las
divisiones de clase, y si en ese carácter protege la propiedad, también
lo hace para defender los intereses de una clase gobernante. Aunque esto
pueda traer también como consecuencia la preservación de los
derechos de los pequeños propietarios de la clase más baja,
en todo caso contra ciertas incursiones, esto se hace sólo para fortalecer
el respeto a la propiedad. En una sociedad en que el lucro no es el motivo,
y la división de clases no determina la economía, el Estado
defiende los intereses de la burocracia.
Aún las personas más interesadas en la preservación
de una sociedad gubernamental -la burguesía propietaria- se ven obligadas
a admitir que no llevan siempre la mejor parte. El ciudadano próspero,
con toda la necesidad que naturalmente siente de que exista el gobierno
en su faz represiva, es el que más se inclina a atacarlo cuando éste
asume cualquier papel que no sea el de defender la propiedad o el de cohibir
la actividad de la clase trabajadora. Dominado como está por el concepto
de la reciprocidad comercial como principio ético, el pago de impuestos
es uno de los compromisos que cumple con la menor disposición, y
no percibe que sea deshonesto el fraude; en todos los demás aspectos
de su actividad, inclusive en sus deudas de juego, ve la posibilidad de
dar algo por algo, pero en lo que respecta al Estado, nada.
El Estado es un parásito que se nutre de la sociedad. Es inerradicable
en una sociedad dividida en clases, pese a las esperanzas de los primeros
filósofos capitalistas e individualistas liberales, porque la protección
de las divisiones de la propiedad depende de la represión organizada.
Una vez que alguna forma de represión organizada se hace más
fuerte que cualquier forma existente de represión organizada, asumirá
las funciones del Estado. Marx analizó la estructura del capitalismo
en forma bastante clara como para percibir que cuando ya no existiera la
necesidad de la división de clases, desaparecerían las instituciones
represivas necesarias para el dominio de clase. Sin embargo, en
los países comunistas puede verse cómo la conservación
de otros órganos represivos del Estado ha significado que lejos de
abolirse éste, se lo ha fortalecido. Se ha combinado en ese caso
la naturaleza explotadora del capitalismo con la naturaleza represiva común
del Estado, y éste llegó a ser más monstruoso que nunca.
El magnate petrolero norteamericano que recibe con desprecio cualquier forma
de intervención estatal en su manera de dirigir el negocio -es decir,
de explotar al hombre y a la naturaleza- es también capaz, en cierta
medida, de “abolir al Estado”. Pero tiene que construir una máquina
represiva por su propia cuenta (un ejército de comisarios que cuiden
sus intereses) y asume en la medida en que le es posible aquellas funciones
que normalmente ejerce el gobierno, excluyendo cualquier tendencia de este
último que pudiera constituir un obstáculo para la prosecución
de la riqueza que él persigue. El mundo subterráneo de la
Cosa Nostra ha construido, particularmente en Sicilia y en los Estados Unidos,
un Estado dentro del Estado. Dada la necesidad de protección contra
esa amenaza que la Mafia misma representa, ésta ofrece una forma
de pacto tan buena como la provista por el Estado. Si ella no existiera,
no habría ninguna necesidad de protección. Si el Estado no
existiera, tampoco surgiría la necesidad de restricciones legales.
No se requerirían frenos constitucionales del poder, si el pueblo
fuera libre.
En el surgimiento de una clase de gangsters, vemos la función del
Estado en su forma más cruda. Comenzó “con el chasquido del
látigo del capataz de esclavos”. Alcanza su punto más alto
cuando se transforma no sólo en el contratista de policías
para el conquistador sino en una clase, dominante por sí misma. En
ese punto -y esto se proclama a veces como socialismo de tipo autoritario,
aunque sólo se lo cubre con esa bandera y podría ser tanto
el desarrollo lógico del capitalismo como del fascismo- los burócratas
ocupan los ministerios y los contadores toman a su cargo la industria. El
Estado se transforma no en un mero comité de la clase propietaria,
ni siquiera en la expresión de una casta dictatorial, sino en una
máquina que perpetúa el dominio por sí mismo y por
el engrandecimiento de quienes la integran. Pero está en última
instancia condenado. La concentración masiva del poder en una época
científica significa que las decisiones de la vida y muerte universal
están en manos de unas pocas personas, acostumbradas a asumir enormes
responsabilidades sobre sí mismas. Esas personas no pueden imaginar
que sus decisiones no sean correctas. Tienen en sus manos la capacidad de
destruir la sociedad, y lo harán a menos que la sociedad destruya
al Estado. Si el Estado prevalece, el mundo está condenado. Como
el Estado es un parásito, no puede vivir después de haber
matado al cuerpo que lo alimenta.
Como la Gran Pirámide, el Estado fue construido para el culto de
la esclavitud y sobrevive para el culto de la muerte. Perdió toda
responsabilidad para la humanidad; perdió la identidad con las personas
individuales y representa un enemigo sin rostro. Pero no es el abuso de
la autoridad estatal lo que ha provocado esto. Es el proceso natural por
el cual se mantuvo, a través de los años, la división
entre conquistados y conquistadores. La guerra civil está latente
en todas las culturas impuestas. Las fuerzas de persuasión han confundido
los rasgos de la lucha, pero sólo la concepción de la guerra
de clases da sentido a los conflictos económicos dentro de la sociedad.
Ya no está de moda machacar con la distinción de clases. Al
hablar, del cambio social se dice que la “clase trabajadora ya no existe”.
Sólo cuando se planea una legislación destinada a reprimir
lo que constituyen supuestamente las malas prácticas de una clase,
más bien que las de otra; descubrimos que no es totalmente cierto
que “ahora somos todos trabajadores”.
La lucha para la liberación de la propia clase y de sí mismo
no se puede comparar con los conflictos entre naciones. Es función
del Estado impersonal derrochar vidas en la guerra, o de una clase superior
considerar que los seres humanos inferiores son materia que se puede gastar
en un conflicto; así, cualquier guerra del Estado nacional debe ser
en sí misma; por su naturaleza, una atrocidad. Éste no tiene
por qué ser el caso en el proceso revolucionario destinado a destruir
al Estado, a menos que una intolerable opresión haya hecho a la gente
despiadada en lo que respecta a su propia vida y la haya determinado a tomar
venganza (como en España en 1936). Quienes se consagran a la lucha
en pro de una sociedad libre son habitualmente capaces, por esa misma razón,
de apreciar cabalmente la situación de los demás. En todo
caso, sus enemigos no son naciones enteras sino individuos.
No obstante, en comparación con otros conflictos, la liberación
social es lo más difícil de lograr, pero sin ella la liberación
nacional no es más que una acción diversiva, pues la lucha
de clases implica no meramente la acción colectiva sino la ruptura
de esas secuencias de eventos arraigados en nuestra sociedad en la forma
de orden-y-obediencia. Cualquier forma de protesta social puede ser útil
como intento de destruir esta secuencia, que va minando la sustancia vital
de la humanidad y hace posible que los menos gobiernen a los más.
Si el pueblo en general supera necesariamente a la minoría que comprende
el Estado y sus fuerzas opresivas, ¿por qué se sometió
tan dócilmente a éste? ¿Por qué hacen cola tranquilamente
para recibir las órdenes de marchar a la guerra, o para pagar los
impuestos o ser sentenciados a muerte o a trabajos forzados? La sociedad
se sometió primero al látigo -a las fuerzas armadas en tiempos
de conquista, reemplazadas en una sociedad estable por la fuerza policial
(o en una sociedad menos estable por el ejército en función
de policía)-. La fuerza policial constituye principalmente un método
de represión política. Sólo en un nivel secundario
es el medio por el cual, dentro del sistema legal, se institucionalizan
los crímenes contra la sociedad legalizando a algunos de ellos y
poniendo fuera de la ley a otros. La proscripción legal de algunos
delitos es útil, por supuesto, si la gente ha perdido la iniciativa
de reprimir la conducta antisocial por sí misma. Este es el aspecto
del trabajo policial que se utiliza para justificar el todo. Aunque tiene
en cierta medida un carácter inevitable dentro de una sociedad gobernada
por el Estado, produce también un efecto atrofiante sobre la iniciativa
del pueblo para enfrentar los delitos contra la sociedad, y alienta la delincuencia
que pretende reprimir.
Puesto que a la larga el dominio debe basarse en el consentimiento, se agrega
al mando mediante el látigo un aparato de mando mediante la persuasión,
el lavado de cerebro, el condicionamiento mental y todo el proceso de la
educación, y se llega así al punto en que el pueblo inglés,
por ejemplo, podría aceptar inclusive la existencia de una Gestapo,
siempre que ésta lo ayudara a encontrar los gatos perdidos y auxiliara
a las viejas que cruzan la calle.
La verdadera educación comenzó con una perspectiva investigadora;
la educación del Estado comenzó con un saludo de tipo militar.
La redacción de un código de ética y moral adecuado
para un pueblo servil y adaptado al sistema económico entonces corriente
se confió originariamente al sacerdocio, y se erigió una iglesia
sobre la necesidad de subordinar el misticismo al poder y de justificar
las acciones de la clase gobernante. El proceso de persuasión es
mucho más qué la educación que condiciona la mente
para recibirlo, y recorre toda la gama de la mística nacional. La
educación ha cesado hace mucho de ser el monopolio de la Iglesia,
excepto en rincones aislados del mundo. En lugar de la organización
religiosa al servicio del Estado, y transformada a veces en un Estado paralelo
o incluso en dueña del Estado secular, se ha construido, en palpable
imitación de los países totalitarios, un partido hegemónico
a cargo de las verdades sagradas (económicas o sociales) que posibilitan
el éxito del sistema. El sistema partidario del totalitarismo se
aproxima al de la vieja Iglesia, pero no tiene ninguna diferencia con el
múltiple proceso que ha recibido el mote de “Establishment” en países
donde existe una diversificación de poder, y este último puede
contener a muchos partidos e intereses en conflicto dentro de una sola “iglesia”.
La vieja Iglesia, y estas neoiglesias, pueden ser Estados dentro de Estados,
superestados, incluso Estados supranacionales. Su reacción ante el
Estado mismo, y su interacción recíproca, es la esencia de
lo que pasa por política. Sus disputas pueden transformarse en tensiones
y hasta en guerras. Estas guerras pueden incluso seguir a veces las líneas
de la guerra de clases, que ha trazado su surco a través de la sociedad,
pero no produce victorias o derrotas para la clase trabajadora, sino sólo
desastres. Pueden impedirse las divisiones extemporáneas, tal como
el dominio papal petrificó al Sacro Imperio Romano mucho tiempo después
de su deceso. Países tales como España conservan aún,
como dinosaurios en hielo, una aristocracia y una clase feudal que luchan
contra el capitalismo invasor.
En forma similar, la moralidad judeocristiana fue preservada fuera de su
época, aunque modificada adecuadamente para adaptarla al código
penal o los hábitos comerciales. (Una notable excepción la
constituye, por supuesto, el mandato a los hijos de la luz, de emular la
práctica de la disposición fraudulenta mientras se hace de
depositario. Lucas, 16. El juez de hoy que reverencia la Biblia,
que ama el dinero tanto como cualquier fariseo, sería igualmente
severo a este respecto -pero se trata, lamentan los eruditos, de un pasaje
difícil de traducir-.) En general los teólogos se las han
arreglado para reconciliar los preceptos morales de la Biblia con una sociedad
que ultraja a la justicia natural y al decoro y los sustituye por las leyes
de propiedad. Así, son capaces de invocar a la divinidad como autoridad
idealizada, motivo por el cual dijo Bakunin que “si Dios no existiera, sería
necesario destruirlo”.
El Estado nacional, que comenzó siendo una carga sobre la sociedad,
se elevó por obra de las concepciones idealistas -que sostuvieron
que deriva de Dios o, si no, de la necesidad-, y se trató de demostrar
que las obligaciones respecto de él pertenecen “al orden natural
de las cosas”. El culto del nacionalismo deriva de la necesidad de reforzar
el sentido del deber hacia el Estado, tal como lo hace la religión
establecida. El Estado nacional es idealizado por el nacionalismo, y se
lo muestra bajo una luz favorable frente a los demás Estados nacionales.
Este nacionalismo es un ideal inventado que complementa o sustituye a los
ideales religiosos (o no religiosos; por ejemplo, el partido o el Establishment).
Equivale a enmascarar la abstracción del Estado, que no suscita ni
puede suscitar amor, mediante el concepto de la familia idealizada de la
raza o la nación.
El sentimiento de superioridad que una raza podría experimentar respecto
de otra por razones históricas o puramente ficticias, o la inferioridad
que se experimenta (habitualmente por razones económicas), se confunden
deliberadamente con la inclinación natural que todos tenemos hacia
los pueblos o lugares que conocemos mejor. Se lo institucionaliza transformándolo
en un culto, no meramente del nacionalismo sino de un Estado.
El nacionalismo es una emoción artificial. Trepa en torno del Estado
como la hiedra, como un parásito sobre otro parásito. Si no
dispone de un Estado en torno del cual pueda enroscarse, el nacionalismo
se agosta; el lenguaje se transforma en dialecto y la nacionalidad en provincialismo,
pues el nacionalismo es una criatura del poder. El racismo, no en su sentido
periodístico habitual sino en el de las tradiciones folklóricas
y étnicas de determinados pueblos, es una planta de crecimiento más
difícil, y florece a menos que el Estado tome medidas positivas para
erradicarlo.
Puesto que la creación de un Estado multirracial o supranacional
lleva a la constitución de un imperio (superestado), ocurrirá
contra él una reacción de indudable carácter progresista,
sobre la base puramente idealista de la raza, la nación o la diferencia
de religión. Tal reacción ayudará a debilitar el baluarte
del Estado y quebrará la secuencia de orden-y-obediencia, pero será
sólo progresista, a la vez que infructuosa. Se dice que la esperanza
es un buen desayuno pero una magra cena. Otro tanto ocurre con la lucha
por la independencia nacional. El nacionalista forma un nuevo Estado pero
continúa con los viejos modos de explotación económica.
Al obtener el consentimiento popular a las formas de dominio, el nuevo Estado
legitimiza la opresión. Sin embargo, persiste a menudo el espíritu
de rebelión, aunque el nacionalismo triunfante haya tomado su funesta
trayectoria.
Todas las formas de explotación económica surgen de la división
entre las clases Y del hecho de que se le robe al hombre el pleno valor
de su trabajo. El sistema monetario no es una mera forma de intercambio
ni es propiamente una ciencia, sino un fraude perpetuado por el Estado para
legitimar la pobreza. La economía capitalista es una mística
y no una ciencia. La ciencia llamada economía o economía política,
escribió Herbert Read “es la desgracia de una civilización
tecnológica. No ha logrado producir ninguna ciencia coherente de
la producción, distribución y consumo de los bienes que proliferan
a raíz de la producción mecánica. No ha podido darnos
un medio internacional de intercambio exento de las fluctuaciones y desastres
del patrón oro. Está dividida por la tumultuosa acción
de sectas rivales y dogmas irreconciliables, que sólo pueden compararse
con las ociosas discusiones de los escolásticos en la Edad Media”.
Despojada de sus elementos esenciales básicos y desnudada de sus
ideales -”tenemos otra palabra para reemplazar a los ideales: mentiras”,
dijo Ibsen-, la economía política es una apología de
la guerra civil, en la cual una clase tiene el poder económico y
político y la otra está sometida. Si esta última se
rebela, debe luchar. Puesto que se ha sometido y sufrió un procesamiento
mental en el plano colectivo e individual, se produce cierta confusión
en la línea divisoria y se concede una cláusula de escape
mediante la cual algunos individuos pueden atravesar ocasionalmente las
barreras de clase y ser aceptados del otro lado. Por ende, se distorsiona
el deseo natural de automejoramiento y se nos induce a creer que la posición
que alguien ocupa en la sociedad constituye la prueba de sus capacidades,
más bien que del valor que tiene como explotador o de la mera buena
suerte.
Las personas de espíritu conservador temen la división y la
consideran equivalente a las luchas fratricidas del Estado nacional, más
bien que a la tarea multisecular de tratar de liberarse de las instituciones
opresoras. Durante siglos los pueblos ensayaron la resistencia no violenta
-o “insolencia muda”, como la llamó el ejército-. (La participación
entusiasta lograda mediante manipuleos es un invento moderno, aunque estaba
implícita en el “pan y circo” de la antigua Roma.) Pero no basta
la resistencia no violenta. No tiene ningún efecto duradero, aunque
se transforme en resistencia armada. Un liberal con un revólver sigue
siendo sólo un liberal. La resistencia es un comienzo, pero no es
suficiente. Todo lo que logra es quebrar la secuencia de orden-y-obediencia.
Pero la resistencia sólo llega a ser efectiva cuando lleva al quebrantamiento
de la autoridad, que temen los autoritarios, y que se confunde deliberadamente
con el quebrantamiento de todo orden.
Éste es el supuesto -es decir, que el dominio de la ley impide el
desorden- que cuestiona el libertario revolucionario, y ese es el motivo
por el cual se lo estigmatiza con el nombre de anarquista. El anarquista
cree que la ausencia de gobierno (anarquía) equivale a la libertad.
El no anarquista supone que la ausencia de gobierno lleva a innumerables
desórdenes que se vinculan normalmente con la debilidad o división
del gobierno, situación en la cual ocurren los mismos males que en
el caso de un gobierno fuerte, pero falta la restricción unificada.
El anarquismo revolucionario no es algo distinto de la lucha de la clase
trabajadora. Al definir un movimiento laboral, no vemos ninguna libertad
donde haya explotación y ningún socialismo donde falte la
libertad. Estamos en favor de la igualdad sin burocracia, y de una victorea
de las masas sin que exista una facción dominante, vieja o nueva.
.
Los miembros de espíritu generoso de la generación más
joven de la burguesía se inclinan aparentemente más a estar
con nosotros que contra nosotros; pueden ejercer su derecho de apartarse
de la estirpe de las ratas y renunciar a sus privilegios de nacimiento o
a la riqueza vinculada con éste. Nosotros no teníamos por
nuestra parte nada a que renunciar, excepto las ilusiones del deber con
que se ha aherrojado al hombre.
Si ahora tenemos un poco más que perder que las meras cadenas, tanta
mayor razón para asegurarnos la victoria. Si la clase dominante considera
necesario volver a conquistar a sus súbditos (como en España),
nos quitaría incluso ese poco que tenemos.
Extraído
de Anarquismo y lucha de clases, Albert Meltzer y Stuart Christie,
Editorial Proyección.
BIS DE LA FINALIDAD VOLVER
Aquellos
que debe inundar, bañar totalmente nuestro pensamiento, es la finalidad.
Nuestra pluma debe mojarse en la tinta de la finalidad. Nuestras menores
ideas, consideraciones, reflexiones, deben ostentar el empavonado de la
finalidad. Esta pátina, a la vez nervio y razón de todo -identidad
de fondo y superficie- debe estar en todas las cosas nuestras. Sin nuestra
finalidad, diferente de todas las otras, en ninguna cosa pensaríamos
distintamente. No tendríamos idea original ninguna. Reproduciríamos
el pensamiento de los socialistas, de los patriotas, de los burgueses, de
esos otros socialistas de redoblete llamados sindicalistas. Seríamos
secundarios e impropios, como una repetición en tono bajo y menos;
seríamos la voz gangosa del sacristán que va diciendo “amén”
a las apalabras de cura... .
Los socialistas: tenemos este pensamiento sobre tal cosa; los anarquistas:
amén. Los sindicalistas: tal es el motivo de la unión o solidaridad
obrera; los anarquistas: amén... Eso sería nuestro anarquismo.
Mientras tanto no somos así -ni socialistas ni sindicalistas de redoblete-
porque tenemos nuestra finalidad.
Nuestra finalidad es anarquista: he ahí una razón de tener
ideas originales y propias para todo; criterio libertario, ideas anarquistas.
En todo esto muéstrase la pluma mojada en la tinta de la finalidad.
Existimos por la finalidad. No nos es grata otra cosa -y hasta urgente,
premiosa- que explicar, hacer conocer esta finalidad; seguidamente, que
poner de acuerdo con ella nuestro criterio para las cosas “actuales”. Estas
cosas actuales son para nosotros un motivo de examinarlas a la luz de magnesio
de la finalidad; por nuestra finalidad tienen un valor en que los anarquistas
estamos de acuerdo, y que no es el socialista ni el sindicalista. Repetimos:
no somos el redoblete de nadie; el modo original de pensar de los anarquistas
ha de venir a buscarse en nosotros. Por eso somos una columna y un cartel:
la columna de nuestro esfuerzo y el cartel de nuestras ideas. Lo saben los
burgueses, los saben los proletarios y lo saben todos.
Con el cartel de la finalidad siempre delante, a la vista, marchemos. Sea
nuestro recordatorio en todos lo momentos, el motivo mismo de hacernos amar
o estimar del pueblo. ¿Por qué cosa existen y valen los anarquistas?
Por su finalidad: el Comunismo Anárquico. ¿Impone esto diferencia
para pensar, para encarar con otro criterio las mismas cosas actuales? Sí,
impone. Luego, en las páginas de los anarquistas debe de verse. Ellos
no han de escribir sino mojando su pluma en la tinta de la finalidad. Algo
todo de ella es siempre lo más interesante para el que quiere reflexionar,
para el que quiere comprender. ¿Qué haríamos sí
diéramos sólo el redoblete del socialismo, el redoblete del
sindicalismo?
El anarquismo contiene un pensamiento propio sobre todas las cuestiones;
sólo que no hay que dejarse ilusionar por redobletes que acaso ya
corren y han obtenido algún éxito, sino buscar el acuerdo
con la finalidad. Siempre se vendrá a para a esto; es también
en lo que cabe el pensamiento de absoluta sinceridad, de sinceridad anarquista.
No importa que choque, que ante él quieran levantarse, usurpándole
el puesto, algunos redobletes retardatorios, que son el capital inservible
de los que no piensan por sí mismos y tienen en la cartera tantos
redobletes como serían necesarios verdaderos pensamientos anarquistas;
no importa esta rutina: la finalidad hace triunfar por sí misma sus
pensamientos; no puede negarse lo que está de acuerdo con la finalidad;
los redobletes no hace nada... .
¡La finalidad, la finalidad, pues!.
Teodoro
Antilli
Extraído de ¡Salud a la Anarquía!
EL CAMPO DEL FINALISMO
¿Qué
es lo que se quiere recuperar? ¿La situación de explotación
que mejor sirvió a los poderosos en un momento dado? ¿o la
Organización que surgió como respuesta a esa situación?
¿Plantearíamos una lucha con finalidad social basándonos
exclusivamente en el campesinado, clase que, en su momento, soportó
toda o casi toda la explotación del hombre por el hombre? ¿o
hablaríamos del “campesino obrerizado” y pelearíamos contra
el salario reclamando horas de servidumbre? ¡¿Por servidumbre
digna y genuina?!
Recuperemos la lucha por el comunismo anárquico, “volvamos a las
fuentes”, contra la fuente de explotación: los opresores.
A.G.
CORTES DE CALLES CONTRA LAS ELECCIONES EN URUGUAY VOLVER
Los
cortes de calle salvajes, se contagian y se propagan por doquier.
Domingo 27 de junio por la mañana grupos anticapitalistas cortamos
las avenidas Agraciada y 8 de octubre. Se quemaron gomas y se distribuyeron
volantes contra las elecciones y contra el aniversario del golpe de estado.
El Estado continúa torturando, encarcelando, matando hoy igual que
hace 31 años.
La lucha contra la injusticia sigue siendo vigente aunque algunos quieran
convencernos de que son tiempos de cambio. No queríamos que esta
fecha pasara como si nada en el medio del circo electoral que los payasos
nos someten cada cinco años. El silencio es complicidad, actúa!
Los cortes salieron según lo planificado. Las personas que pasaron
por la calle leyeron los volantes y se pudo llamar la atención sobre
el mensaje que queríamos emitir. La intención fue cumplida.
Sabemos también que algunos medios masivos de des-información
hablaron de la actividad pero la verdad todavía no sabemos bien que
hayan dicho, pero nada bueno se puede esperar de ellos.
Es un año de atomización politiquera, nos quieren hacer creer
que la lucha pasa por las urnas, que debemos ser buenos y cívicos.
Sin transas, sin concesiones la lucha continúa.
¡Nuestros
sueños no caben en sus urnas!
Salud y R.S.
Extraído de Palabras de Guerra
INDAGAN A ORGANIZACIÓN ANARQUISTA
La
Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII) procura
identificar a los integrantes de una agrupación anarquista que el
domingo hizo dos actos relámpagos de protesta y arrojó volantes
condenando a la democracia. “Se dispuso que Inteligencia indagara porque
demostraron una filosofía violentista”, dijo el ministro del Interior,
Daniel Borrelli.
Se estima que es un grupo compuesto por no más de una decena de integrantes
que, a bordo de uno o dos vehículos, se desplazaron por distintos
puntos de la ciudad. Incendiaron cubiertas en Agraciada y Emilio Romero
y en 8 de Octubre.
Noticia publicada en el diario El País
DETENIDOS TRES ANARQUISTAS ITALIANOS VOLVER
Estalla una bomba en la sede de Forza Italia en Cerdeña
ROMA.-
Una bomba artesanal estalló delante de una de las sedes de Forza
Italia, el partido del presidente Silvio Berlusconi, en la isla de Cerdeña.
La explosión no produjo víctimas. La policía detuvo
inmediatamente a tres hombres sospechosos del delito.
La explosión se produjo a las 3.00 hs delante de una sede del partido
en Quartu Sant Elena, localidad vecina de Cagliari, y provocó desperfectos
de poca importancia.
Tres miembros de un círculo anarquista de Cagliari, llamado ‘Frairi’,
fueron detenidos por los policías cuando acababan de depositar el
explosivo delante de la entrada de los locales.
La deflagración, muy fuerte, despertó a los vecinos del barrio.
El atentado tuvo lugar cuando Italia se dispone a participar en los comicios
europeos. En Cerdeña se eligen asimismo representantes regionales.
Extraído del diario El Mundo
PUESTO EN LIBERTAD BAJO FIANZA EDUARDO ALONSO VOLVER
Para
que no haya confusión, como abogado defensor de Eduardo García
y Amanda Cerezo, resumo como han sido los hechos.
Amanda Cerezo y Eduardo Alonso fueron detenidos en Valencia el día
7 de julio de 2003 acusados de haber participado en diversas acciones cometidas
en Valencia en meses anteriores. Se les aplicó la legislación
antiterrorista, siendo incomunicados y trasladados a la Audiencia Nacional,
donde, tras su declaración se decretó su ingreso en prisión
desde la que denunciaron haber sido maltratados en su detención.
El Juzgado Central de Instrucción nº 6 de la Audiencia Nacional
se inhibió en los Juzgados de Instrucción de Valencia, al
entender que los hechos que les imputaban no eran constitutivos de delito
de terrorismo con el siguiente argumento: “No se puede considerar banda
armada a un grupo de amigos que colocan un artefacto en dependencias oficiales,
organismos públicos o vía pública para llamar la atención
sobre alguna reivindicación, máxime cuando no tienen una estructura
jerárquica, permanencia en el tiempo, existencia de armas y explosivos
de entidad para la comisión de hechos delictivos”.
Solicitamos la libertad de ambos al Juzgado de Instrucción nº
5 de Valencia y, tras informar negativamente el Fiscal, denegó la
misma, desestimando asimismo el recurso de reforma interpuesto contra dicha
petición. Mientras tanto se ha incoado sumario contra ambos por su
participación en los presuntos delitos de estragos, fabricación
de explosivos y asesinato intentado, personándose en la causa como
acusación particular el partido político España 2000.
Presentamos recurso de apelación contra la denegación de libertad,
y, ahora, con fecha 23 de junio de 2004, la Sección Cuarta de la
Audiencia Provincial de Valencia ha estimado el recurso de apelación
que interpusimos contra el auto del Juzgado de Instrucción nº
5, acordando la libertad provisional de Eduardo Alonso, bajo fianza de 6000
euros, desestimándose, al menos de momento, la de Amanda Cerezo,
que la volveremos a solicitar en breves días y, confiamos, que con
el mismo éxito.
En Madrid, a 25 de junio de 2004.
Extraído de Palabras de Guerra