DIVINO TESORO VOLVER
La Iglesia Católica
organizó el pasado agosto, en Alemania, las Jornadas Mundiales de
la Juventud. Casi un millón de jóvenes asistieron a escuchar
el mensaje de Dios de boca de su representante máximo: el nuevo Papa,
Benedicto XVI.
Desde hace un tiempo la Iglesia, como el resto del Poder, viene acomodando
su discurso ante la evidencia de los hechos, como condición para
asegurar su permanencia y dominio. La iglesia ha absorbido y reciclado las
críticas hacia la Inquisición medieval; ha asumido su papel
en la conquista de América; ha aceptado a la ciencia y, con ella,
la evolución de las especies, el movimiento de la Tierra, la teoría
del Big Bang, la de la relatividad, etc. Con astuta habilidad y capacidad
de mutación incorporó los reclamos de quienes le demandaban
amplitud y actualización. Una exigencia del reino de la democracia
y de sus apóstoles...
En la contratapa del diario Página 12, en relación
al encuentro convocado por la Iglesia, escribe Osvaldo Bayer, sin duda uno
de los que más ha denunciado, en los últimos tiempos, a lo
antidemocrático del catolicismo: “El capitalismo no ha
resuelto ningún problema del mundo... Por toda esta realidad, por
esa desilusión que flota en las calles de los centros del capitalismo
y su falta de salidas, se esperó al Papa. Porque justamente el cristianismo
tiene que ayudar a buscar una solución conceptual para terminar con
el hambre, la desocupación y las guerras en el mundo. Así
lo comprendieron desde hace décadas algunos obispos y sacerdotes,
muchos de los cuales terminaron siendo víctimas del crimen político.”
Semejantes posiciones son las que ayudan al cristianismo y a lo que éste
sostiene: el hambre, la explotación, las guerras en el mundo y el
crimen político. Decimos con Bakunin: “¿Es necesario
recordar cuánto y cómo embrutecen y corrompen las religiones
a los pueblos? Matan en ellos la razón, ese instrumento principal
de la emancipación humana, y los reducen a la imbecilidad, condición
esencial de su esclavitud. Deshonran el trabajo humano y hacen de él
un signo y una fuente de servidumbre. Matan la noción y el sentimiento
de la justicia humana, haciendo inclinar siempre la balanza del lado de
los pícaros triunfantes, objetos privilegiados de la gracia divina.
Matan la altivez y la dignidad, no protegiendo más que a los que
se arrastran y a los que se humillan. Ahogan en el corazón de los
pueblos todo sentimiento de fraternidad humana, llenándolo de crueldad
divina.
Todas las religiones son crueles, todas están fundadas en la sangre,
porque todas reposan principalmente sobre la idea del sacrificio, es decir,
sobre la inmolación perpetua de la humanidad a la insaciable venganza
de la divinidad. En ese sangriento misterio, el hombre es siempre la víctima,
y el sacerdote, hombre también, pero hombre privilegiado por la gracia,
es el divino verdugo. Eso nos explica por qué los sacerdotes de todas
las religiones, los mejores, los más humanos, los más suaves,
tienen casi siempre en el fondo de su corazón -y si no en el corazón
en su imaginación, en espíritu (y ya se sabe la influencia
formidable que una y otro ejercen sobre el corazón de los hombres)-
por qué hay, digo, en los sentimientos de todo sacerdote algo de
cruel y de sanguinario.”
Continúa Bayer en su nota: “Por eso lo que más entristeció
-por lo menos para quienes poseíamos la información- es que
el Papa haya aceptado, en forma tan drástica, la renuncia del obispo
argentino Juan Carlos Maccarone. Uno de los más sinceros y honestos
representantes de las verdaderas enseñanzas de Cristo. Su vida dedicada
a la justicia social y a la solidaridad.”
Otro de los más sinceros y honestos representantes de las verdaderas
enseñanzas de Cristo es el Papa, con quien muchos transitan la misma
senda. El Papa dijo: “Se puede criticar mucho a la Iglesia. Nosotros
lo sabemos y el Señor dijo que ella es una red de peces buenos y
malos”. Es el mecanismo de blanqueo de una institución
y su mentalidad haciendo pasar los caracteres estructurales inherentes como
contingencias de individuos. Es el mismo mecanismo del “policía
bueno” y el “policía malo” cuando buscan quebrar
a su víctima. Fuerzan una elección o una predisposición
hacia partes que integran el todo haciendo aparecer lo obligatorio como
voluntario; canalizan las diferentes tendencias dentro de un marco preestablecido.
Los Pío Laghi son tan buenos para la religión como los Maccarone
o los tercermundistas. Después tendrá, cada uno, su respectivo
coro de fieles y sus monaguillos laicos. Bayer, en la revista Acción,
decía que no atacaba a las Fuerzas Armadas sino a individuos dentro
de ella y que tenía amigos militares. El mismo blanqueo del ejército
aparece en la película La Patagonia rebelde (de la cual Bayer fue
el guionista) cuando se muestra, entre otras cosas, al fusilador Varela
como utilizado por los estancieros ingleses. El ejército: “...una
red de peces buenos y malos.”
Concluye Bayer en Página 12: “Aprendamos la convivencia
y no aceptemos una acusación realizada por un chantajista, por otra
parte mayor de edad y dueño de sus actos. Otra cosa sería
la violación de niños o seres indefensos. Al obispo Maccarone
lo queremos en la Argentina, en su lucha de siempre honesta y valiente.
No nos interesa su vida privada que le pertenece a él. Una cosa muy
buena tuvo el Día Mundial de la Juventud católica en Alemania.
Preguntado el cardenal Lehmann -uno de los más sobresalientes- acerca
de la política oficial católica con respecto al sexo, respondió:
Sí, es algo que tenemos que empezar a discutir.
Esperemos. Tienen que ser los propios clérigos, desde abajo, los
que tienen que promover ese gran cambio ético que hace a la dignidad.”
Parte de la vida privada del Coronel Varela fue fusilar a los rebeldes patagónicos
y velar por la propiedad privada de los estancieros; en el otro extremo,
parte de la vida privada de Severino Di Giovanni fue la relación
con su compañera, compilada y publicada en libros. Y parte de la
vida privada de un cura es ser cura.
Con Bakunin insistimos: “...la historia nos demuestra que los sacerdotes
de todas las religiones, menos los de las iglesias perseguidas, han sido
los aliados de la tiranía. Y estos últimos también,
aunque combatiesen y maldijesen los poderes que los oprimían, ¿no
disciplinaban al mismo tiempo a sus propios creyentes y por eso mismo no
han preparado siempre los elementos de una tiranía nueva?”
En lugar de esperar que el capitalismo resuelva los problemas del mundo,
en lugar de esperar al Papa y a los clérigos desde abajo tenemos
que apuntar más alto, tenemos que apuntar a Dios y a sus apóstoles
para bajarlos a la tierra y tenerlos, por fin, al alcance de la mano.
A.G.
ADELANTADOS VOLVER
No está
demás afirmar, ante la relación que se hace entre Osvaldo
Bayer y el anarquismo, que estas posiciones publicadas en el diario Página
12 no tienen nada que ver con la ideología anarquista y que
esta diferencia marca posturas completamente enfrentadas. El hecho mismo
de colaborar en un diario como ese, propiedad del Grupo Clarín y
vocero del capitalismo progresista, nos enfrenta.
Este mismo año Bayer participó en el acto de proyección
de la película La Patagonia rebelde que se hizo en la Casa Rosada,
junto con el presidente Kirchner y otros integrantes del gobierno. Hace
unos años, en 1999, hizo posible como intermediario el encuentro,
en el cual también él estuvo, entre el ministro del Interior
de entonces Carlos Corach y su gente y quien había sido compañera
de Severino Di Giovanni, América Scarfó.
Sus afirmaciones sobre el anarquismo significan la disolución de
una idea y una posibilidad revolucionaria dentro lo que es la socialdemocracia,
una oxigenación más del sistema. Cuando dice que los anarquistas
son una minoría que debe luchar por democratizar al Estado lo que
se intenta es reducir la ideología, hacerla desaparecer como tal,
para transformarla en denuncia periodística. Sobre esto hay que decir
que la denuncia es, como el escrache, un mecanismo policial y que el periodismo
es el oficio del informante y el generador de la opinión pública;
desde los Grondona hasta los Lanatas, desde los oficialistas hasta los “independientes”.
Cuando Bayer aparece justificando las respuestas violentas de algunos compañeros
(Wilkens, Radowitski) se pretende reducir la cosa como la “vindicación
del tirano”, ubicando a la respuesta como sólo aceptable contra
funcionarios antidemocráticos. En tiempos de democracia los anarquistas
deberían exigir “cárcel a los genocidas”.
En un programa periodístico de televisión, entrevistado por
Pacho O´Donel, decía que la Comunidad Económica Europea
tenía mucho de anarquista en el sentido de que había borrado
las fronteras nacionales. En otro lugar decía del Partido Verde alemán
que también tenía muchos principios anarquistas.
La cosa es que desde varios lugares se le continúa dando espacio
y se lo ubica como referente de la historia del anarquismo y de sus posiciones,
apareciendo en charlas, reportajes, edición de libros, documentales,
etc. Hay todo un plantel de intelectuales, artistas y cineastas que ven
en al anarquismo una posibilidad donde asentar y desde donde despegar sus
carreras: como la izquierda está “quemada” el anarquismo
aparece como propicio. Sabandijas, al decir de Pacheco, pulgas y lauchas
que son las primeras en saltar a su presa y, también, las primeras
en rajar cuando la cosa se entrevera. Y como toda rémora necesitan
del apadrinamiento de algún notable: relación simbiótica
de posibilismo y utilización mutua.
Nosotros estamos convencidos de que lo que proponemos los anarquistas es
la única solución al problema social de la explotación
del hombre por el hombre, que por el resto se trata de crear nuevos amos
o garantizar la continuidad de los viejos. Estamos convencidos de que el
único anarquismo posible es aquel que niega toda institución
y mentalidad que tenga como principio a la autoridad; un anarquismo ajeno
a posturas de izquierdas, socialdemócratas o liberales; que el anarquismo
no puede no ser una ideología revolucionaria. Estamos convencidos
que ante los tiempos que corren va quedando en evidencia que no existe otra
salida para la humanidad y que el anarquismo, como movimiento, está
comenzando, en un sentido, a crecer. Sabemos también que los poderosos
también lo saben y que su pretensión es la de anularlo como
posibilidad y que, para ello, se valen de todo un coro de paladines de la
moderación, la amplitud y la posmodernidad.
Ya están avistando el terreno, ya están mandando a sus adelantados.
Están generando una corriente de opinión de un anarquismo
lavado o de versión leninista para que cuando la hora sea oportuna
poder largar a toda su jauría de carroñeros.
La cuestión: no prestarse, afirmar y profundizar la posición,
posición anarquista.
A .G.
REVELACIÓN Y REVOLUCIÓN VOLVER
Los poderosos
saben que el castigo no alcanza, saben que es posterior al hecho y que la
aplicación de fuerza siempre genera resistencia. Es algo físico.
Por eso invierten a futuro. Su logro mayor es hacer aparecer al carcelero
como el garante de la libertad y al esclavo como amo de sí mismo.
Lo metafísico que se vuelve físico; brujería y milagro
del siglo XXI.
Antes de que los desesperados lleguen a golpearles las puertas, antes de
que empiecen a trepar los muros y atacar a la guardia sacan a hablar a los
más habilidosos. Saben del futuro y no por revelación divina.
Levantan barreras de contención más fuertes que los muros
y que los guardias; puertas fantasmas que dan a abismos.
El Papa afirmó al mundo: “Los santos son los verdaderos
reformadores. Sólo de ellos y de Dios viene la verdadera revolución,
el cambio decisivo del mundo. En el siglo apenas pasado hemos visto las
revoluciones, cuyo programa común era de no esperar la intervención
de Dios, sino tomar totalmente en sus manos el destino del mundo. Y hemos
visto siempre un punto de vista humano y parcial que venía adoptado
como medida absoluta de orientación. La absolutización de
lo que no es absoluto sino relativo se llama totalitarismo. No libera al
hombre pero le quita su dignidad y lo esclaviza. No son las ideologías
que salvan al mundo sino el dirigirse al Dios viviente que es nuestro creador
y el garante de nuestra libertad.”
No pueden creer en el hombre porque esto significa la amenaza al privilegio.
Necesitan desarmarlo, partirlo, quitarle y desechar su sed, su hambre y
su carne y elevar y dimensionar infinitamente su alma, su nada, para adorar
la muerte absoluta, eterna e inmutable: Dios. Y como la vida tiende a ser
y resiste a su inevitable fin y, como no tienen el privilegio de impunidad
ante esa ley natural, temen y corren hacia atrás: siembran el temor
y reaccionan.
No creen en el hombre y lo domestican. Lo hacen marchar con espejismos y
con látigo. Dios y el Estado, la santísima dualidad.
Primero fueron los estadistas y los políticos los que se apropiaron
y desfiguraron el concepto de revolución, para encausarla y someterla.
Ahora la bendice la Iglesia y la arrea a su rebaño para completar
la genuflexión. Tomar los votos y rezar; la religión y la
democracia se afinan.
Los mayores garantes de la esclavitud los presentan como garantes de libertad.
La idea de Dios, la más opresiva e inhumana, como refugio de dignidad.
La institución más criminal de la historia, la Iglesia, como
posibilidad revolucionaria. Los santos, hombres vueltos animales, y los
curas, policías de la conciencia, como referentes de esa posibilidad.
¿Cuánto de grande puede ser una mentira? ¿por qué
sofismas y artilugios discursivos pretenden embaucar? El agua no cambia
por un conjuro de palabras y movimientos de manos, las revoluciones sí.
Las revoluciones pasadas, todas sofocadas y aplastadas por no liquidar a
Dios y al Estado. Sofocadas por creer en reformadores y no apuntar hacia
la libertad total y absoluta; por no tomar el hombre su destino totalmente
en sus manos. Y ahora nos sermonean desde los palcos, ahora y en la hora
de nuestra muerte.
A.G.
LA CULTURA DE LA MENTIRA VOLVER
“El
lenguaje es lo que nos hace sentir humanos, lo que nos diferencia del resto
de los animales. Es el medio por el cual los recuerdos sobreviven a los
hombres y a las generaciones. Es el principal elemento que nos sirve para
expresar de manera exacta una idea.
A través del lenguaje y de las palabras desarrollamos una historia
como individuos, reflexionamos con nosotros mismos y nos comunicamos con
los demás.”
No es gratuito
que el punto de partida sea entonces la manipulación y manoseo del
lenguaje por parte del poder para elaborar su discurso. Estas y otras cuestiones
van tejiendo nuestras mentes engendrando poco a poco un cambio de valores
en la sociedad, vaciando el contenido de nuestros actos y creando un estancamiento
en el pensamiento.
El sistema necesita, para legitimarse, de una moral establecida, de ese
“sentido” socialmente construido que apunta al empobrecimiento
de la voluntad y al descreimiento absoluto.
Es así que como sociedad manejamos conceptos en la vida cotidiana
y con ellos razonamos y sacamos nuestras propias conclusiones, para luego
preguntarnos si esas conclusiones son realmente nuestras o producto de una
lógica de la que no nos debiéramos apropiar; la lógica
del sistema.
Ese conjunto de hábitos impuestos, de valores instalados, es parte
de lo que somos, es nuestra cultura, nuestra civilización. El poder
se sirve de ella a la vez que la alimenta para lograr el consenso que tanto
busca. En otras palabras, podríamos decir que el Estado hace de las
emanaciones de la sociedad, de su hedor, leyes. Y la sociedad, a la inversa,
hace de las leyes que dicta el poder un principio moral más fuerte
que el concreto.
Temerosa, la sociedad asiente a diario con la cabeza, creando las condiciones
favorables al consenso; un consenso más bien de hecho, que se formalizará
luego con el sistema de votación.
Todo por el “bien público”, con lo que implica para aquellos
que no se conforman con lo que se les ha echado al plato: el despliegue
del Estado con todo su arsenal de policías, leyes, persuasión
mediática, etc.
La política: utensilio de los burgueses
Nos quieren
hacer creer que el ser humano por naturaleza es un ser político,
por el hecho de ser racional.
Si bien existe en el hombre una tendencia mesiánica a ubicarse por
encima o por debajo de otros seres humanos; esto no justifica que siempre
tengamos que aspirar a gobernar o resignarse a ser gobernados; que tengamos
que adorar algo o ser devotos de alguien.
La cuestión, o más bien, el problema está en quien
garantiza y quien se beneficia con esta desigualdad.
En esto se sostiene el discurso del poder, en estas y otras tantas teorías
muy propias del “sentido común” de los partidos que terminan
justificando todo tipo de prácticas autoritarias.
Sus críticas apuntan a todo aquel que se atreve a organizarse fuera
de un partido, a los movimientos sociales que se declaran de alguna manera
apolíticos y a los movimientos que excluyen a todo aquel que no tenga
su misma identidad: desocupados, jubilados, piqueteros. Según la
izquierda, estos grupos tienen una “proyección ideológica
corta” que concluyen donde terminan las cuestiones de su propia naturaleza.
Está claro que los partidos de izquierda y de derecha se valen del
clásico “todo suma”, y ellos es obvio, incluyen, dan
acceso a todo aquel que quiera entrar a sus filas, no discriminan a nadie,
hasta dejan tener en su seno a supuestas alas opositoras a ellos mismos,
disidencia prefabricada que controla los “excesos de ortodoxia”.
Distintos tonos, igual ambición, para seguir manteniendo la explotación
del trabajo asalariado por parte del capital.
Es lógico, nada enriquece más a un partido que la diversidad,
todo le es funcional a sus conveniencias.
La política en manos de quien sea, es utilitaria a ultranza, lo que
no le sirve, le estorba. Y de ella se valen un puñado de mentirosos
para mantenerse burgueses. Por eso el autismo de sus palabras, todo concluye
en un solo punto: GOBERNAR
La idea se impone
Si utilizan
todas estas artimañas para embaucarnos es porque saben que hay algo
en nosotros que no se tiene que despertar: el deseo de rebelarnos. Y que
al parecer no hay castigo que lo pueda matar del todo, si no los mecanismos
de control social hace rato tendrían que haber dejado de ser una
rutina.
Nos empachan de cultura, de entretenimientos, y hasta nos hacen reír.
Es difícil abstraerse de todo esto; a veces parecería hasta
imposible. Pero no les quepa duda que hasta el más aferrado a esta
cultura despertará del letargo ¿quién puede resistirse
a la rebelión?: sólo los temerosos burgueses, que creen en
el progreso, que están aislados en sus casas custodiando sus valores,
entre pequeños vicios y extravagancias.
No queremos que los burgueses se desprendan de algo en favor nuestro, ¡lo
queremos todo para que no nos haga falta nada! Tomar lo que es nuestro,
lo que nos pertenece a nosotros y a las generaciones pasadas que dejaron
su vida en una mina, en una fábrica, en una plantación.
Vivir miserablemente en un mundo de abundancia es la peor tortura...
Una revolución, pienso, es lo único que nos puede devolver
la dignidad que nos han robado poco a poco o de una vez. Puede que pase
dentro de unos cuantos años o no pase nunca. Si no pasa, lo único
que nos depara es un futuro sin sorpresas.
Es difícil... tanto que a veces dentro del anarquismo se promueven
otros caminos: la educación libertaria, el cuidado celoso del planeta,
las mujeres contra el patriarcado, etc.
Estos grupos consciente o inconscientemente solo nos distraen de lo que
más nos urge: la expropiación generalizada de las riquezas
y de los medios que las producen.
Lorena
EL ANARQUISMO COMO IDENTIDAD REVOLUCIONARIA VOLVER
Si vemos a nuestro
alrededor como a nosotros mismos y observamos la miseria en la que estamos
viviendo y moviéndonos, todo haría suponer que “las
condiciones materiales” están dadas para realizar la revolución
y, sin embargo, nada de esto estalla.
Las respuestas ante la necesidad, ante lo que no tenemos, se expresan en
multiplicidad de variantes que las tomamos como producto del estado social
de cosas y como consecuencia de una relación de dominación.
Se pueden traducir en (según definición burguesa) “hechos
antisociales”: pandillas, pibes chorros, etc. Pero no debemos ver
estas actitudes como una consecuencia mecánica, sino que estas actitudes
tienen que ver con respuestas elaboradas por los mismos seres que se sienten
y ocupan dentro del sistema, dentro de su inclusión en éste,
el lugar de “excluidos”.*
Pero ¿desde qué lugar se elaboran estas respuestas, estas
identidades que tienden a surgir como conjunto de prácticas particulares
de determinados individuos?. No es otro lugar que desde el resentimiento.
Desde el anarquismo, muchas veces vemos como “buenas” ciertas
acciones y actitudes individuales, atomizadas, de rebelión (como
chispazos de la anarquía). Más cuando sabemos que la conformación
de ciertos agrupamientos, asociaciones, etcétera, no sirven más
que como mecanismo negociador ante el poder, como puede ser el sindicalismo.
Pero estas actitudes individuales, si bien en cierto punto sirven como salida
o escape del control, de la homogeneización, y por lo tanto de la
institucionalización que el poder pueda o intente hacer de los comportamientos
individuales. No podemos dejar de tener en cuenta que esa forma atomizada
también se termina encuadrando dentro de un tipo de acción,
dentro de los que “se espera” de ella.
La primera gran consecuencia que trae consigo la “atomización”
de la que hablamos es: ver como individual, como un tema particular, un
problema que es social. Esto impulsa a no buscar salidas que partan de un
cuestionamiento del sistema, sino que lleva a la búsqueda constante
de la “inclusión”, por ser considerado como un problema
de cada uno “al margen”.
La segunda consecuencia es la que ya nombramos, y la que lleva a formas
de actuar que parten (y terminan, esto es lo malo) de actitudes de resentimiento
por “no pertenecer” o por saber que nunca se va a estar “dentro”.
Por lo tanto, sin pretender caer en una posición puramente cuantitativa
y organizacionista, debemos sí formar ámbitos de relación
desde la ideología, y por lo tanto de “inclusión”
en estos ámbitos, a partir de los cuales comience a tomar forma o
expandirse una identidad anarquista, que primeramente va a comenzar como
una creencia, y como tal contradictoria, ya que es un momento también
de ruptura con lo anterior, y luego como momento de creación y de
constitución de esa identidad, que es construida y desconstruida
constantemente, como producto de la tensión individuo-sociedad.
Nuestro punto de partida entonces debe ser éste, la conformación
de una identidad ideológica que se reconozca en prácticas
cotidianas concretas, en formas de ser, y no haciendo ideología de
cuestiones puramente “tácticas” de organización.
Puede ser tal vez más efectivo que seamos cinco para realizar una
acción de agitación en un momento determinado, como efectivo
va a ser en el momento de la revolución el levantamiento de los cientos
de miles de oprimidos que somos.
Así el “éxito” de nuestros principios, no pasan
por el hecho de conformarnos como grupos o individualidades más o
menos insurreccionalistas. Sino que nuestro fin, va a empezar a concretarse
en la confrontación desde la ideología, en la no-asimilación
a estructuras de poder, y no únicamente desde el número de
compañeros que lleven adelante una acción, como garantía
de ese “éxito”.
Decimos entonces que no solo en actitudes puntuales nos reconocemos nosotros,
sino en toda una manera de vivir, en una ideología que no le escapa
a definiciones concretas, y que por sobre todas las cosas presenta una finalidad
revolucionaria, la cual negarla no sería más que negar nuestra
propia razón de ser.
Daniel - Sociedad de Resistencia
* Estas respuestas ante la “exclusión”, no nos hablan más que de lo que nosotros, los anarquistas, venimos diciendo: el hombre es un ser social que se reconoce como tal a partir del reconocimiento en y de los otros, por lo que busca generalmente “pertenecer”, aunque lamentablemente sin tener en cuenta tal vez el costo de su pérdida de libertad, sabiendo fundamentalmente que la burguesía domina toda la sociedad.
EL DÍA DESPUÉS DE AYER VOLVER
Después de que pasó el huracán Katrina, con un saldo de miles de muertos y la ciudad de New Orleáns devastada, también pasó la noticia, arrastrada por los vientos de la actualidad periodística. La prensa mundial se interesó -como siempre- por las consecuencias trágicas y no por las causas que originaron semejante fenómeno climático, lo cual demuestra, entre otras cosas la inutilidad, estupidez, complicidad e hipocresía del periodismo y los medios masivos de comunicación. El calentamiento global, producido por la irracionalidad economicista y por la sevicia gubernamental del sistema capitalista industrial, estuvo ausente a la hora de hacer críticas y comentarios en la mayoría de las bocas y plumas que abordaron el problema. Algunos criticaron al imbécil de Bush Júnior por no haber estado presente en el lugar para consolar a las víctimas o por no enviar la ayuda humanitaria necesaria; se criticó su “tardía reacción” y se hicieron paralelos con sus demoras y torpeza frente al atentado del 11 de septiembre de 2001. Tanto los opositores internos a su gobierno, como todos aquellos que detestan al asesino de la Casa Blanca criado con cereales de caja, se preguntaban: “¿cómo vas a salir de ésta George W.?” Basura, crítica basura que no ve más allá de sus narices. No se dan cuenta -o no quieren hacerlo- que se avecina el peor asesinato de la historia humana, la consumación de la gesta autodestructiva que se inició con la revolución industrial y el advenimiento del capitalismo y los estados-nación modernos. Katrina es la punta del iceberg; pero lamentablemente esta vez en el Titanic viaja no sólo la humanidad completa sino todas las especies vivientes del planeta. No pretendemos parecer pesimistas o apocalípticos: la realidad es así.
Un poco más calientes
El calentamiento
global es producido por la emisión de gases que genera la actividad
industrial, en especial dióxido de carbono. El aumento de la proporción
de este gas en la atmósfera impide la disipación del calor
solar que penetra en la Tierra, aumentando la temperatura global, generando
un efecto que se conoce como retroalimentación positiva, es decir
que se producen una serie de reacciones en cadena que potencian los efectos.
En nuestro medio ambiente el aumento de calor produce el descongelamiento
de los hielos polares -en especial los del Ártico, que en los últimos
años perdieron una superficie equivalente a México- lo que
eleva el nivel de las aguas y aumenta la masa oceánica, aumentando
la capacidad del planeta de retener el calor. Esto trae como consecuencia
una aceleración en el derretimiento de los hielos polares, es decir
una retroalimentación. Además, la mayor cantidad de masa oceánica
por incorporación del agua dulce contenida en los polos produce como
efecto secundario la desalinización de los océanos, que llevará
a una inevitable variación en el sentido y dirección de las
corrientes marinas. Si la corriente del Golfo de México variara su
trayectoria, el hemisferio norte sería terriblemente afectado por
esta situación, ya que todo el norte de Europa, las islas Británicas,
Islandia y Groenlandia sufrirían paradójicamente un descenso
brusco de su temperatura, haciendo imposible la agricultura y la ganadería
tal cual se la practica actualmente, convirtiéndose en regiones de
un clima parecido a Alaska o Siberia. En las zonas tórridas y ecuatoriales,
aumentaría la tendencia a la desertización, que ya está
generando la actividad humana.
El proceso de retroalimentación es descripto como un arma de destrucción
masiva por Bruce Johansen de la siguiente forma: “Los gases de combustión
de las camionetas 4x4 de ayer, no resultan en la creciente temperatura de
hoy, no inmediatamente. A través de un complicado ciclo de retroalimentación,
los combustibles quemados hoy afectan el calentamiento de dentro de 30 a
50 años. Hoy estamos viendo temperaturas relacionadas con las emisiones
de combustibles de aproximadamente 1960, cuando el consumo de combustible
era mucho menor. Las emisiones de combustible de hoy, se expresarán
en la atmósfera aproximadamente en el 2040. Los niveles crecientes
de gases invernadero cerca de la superficie mantienen el calor allí,
impidiendo el avance de la radiación a las capas más altas
de la atmósfera. Al calentarse la superficie, la estratosfera se
enfría. Las reacciones químicas que consumen el ozono que
nos protege de las radiaciones ultravioletas se aceleran a medida que el
aire se enfría. Por lo tanto, el área donde el ozono ha descendido
por debajo de niveles apropiados, en la Antártida, se mantiene en
un tamaño cerca del récord a pesar del hecho de que los clorofluorocarbonos,
culpables de la reducción de ozono, fueron prohibidos hace más
de 15 años.”
Extinción, próximo logro humano
Un cuarto de
las especies que habitan el planeta se extinguirán hacia el 2050
como producto del cambio climático, sostiene Chris Thomas, profesor
de Biología de la Conservación de la Universidad de Leeds
(Inglaterra), y compara esta situación con extinciones como las que
afectaron a la Tierra en el pasado. Lo oceanógrafos Ken Caldeira
y Michael Wickett publicaron en la prestigiosa revista Nature (25/10/03):
“Encontramos que la absorción oceánica de CO2 [dióxido
de carbono], proveniente de los combustibles fósiles, puede resultar
en mayores cambios de pH (acidez) durante los próximos siglos, que
cualquier cambio inferido en el historial geológico de los últimos
300 millones de años, con la posible excepción de aquellos
resultantes de eventos extremos e inusuales como el impacto de un asteroide
o un escape catastrófico de hidrato de metano. El aumento de los
niveles de dióxido de carbono en los océanos podría
amenazar la salud de varios organismos marinos, comenzando con el plancton,
en la base de la cadena alimenticia. Si continuamos por el camino que estamos
transitando, produciremos cambios mayores que los experimentados en los
300 millones de años pasados -con la posible excepción de
eventos inusuales y extremos como el impacto de cometas”. El aumento
de dióxido de carbono, cuya concentración ha aumenta do un
17% desde 1958, entra a los océanos como ácido carbónico,
alterando la acidez de los océanos. Esta acidez provocaría
una extinción masiva de numerosas especies de plancton marino sensible
a la acidez, así como los arrecifes de coral, ya que están
compuestos en gran parte de su anatomía por carbonato de calcio,
que se disuelve en soluciones ácidas. El solo hecho del aumento de
temperatura mata al plancton, base de toda la cadena alimenticia marina:
como consecuencia desaparecerán gran parte de las especies de peces
que dependen todos sin excepción de que la base de la pirámide
alimenticia sea lo más ancha posible. Y con ellos todos los animales
que depende de una abundancia ictícola para su subsistencia: aves
marinas, mamíferos marinos, cetáceos y una gran parte de la
especie humana que actualmente vive gracias a la depredación oceánica.
La gran extinción que se avecina tiene puntos de contacto con la
que existió al final del período Pérmico hace 250 millones
de años. Esta extinción se habría producido por el
calentamiento global de violentas erupciones volcánicas en Siberia
cuyas emisiones de dióxido de carbono habrían aumentado la
temperatura media en 6 grados, muriendo el 90% de la vida terrestre. Según
el investigador Michael Benton, el efecto invernadero podría ser
la causa de la extinción: “Las frías regiones polares
se volvieron cálidas y la tundra se descongeló. El ‘derretimiento’
debió penetrar en las bolsas de hidrato de metano localizadas alrededor
de los océanos polares, e inmensos volúmenes de metano debieron
explotar hacia la superficie de los océanos en enormes burbujas.
Esta entrada extra de carbono en la atmósfera causó un mayor
calentamiento, que puede haber derretido, a su vez, mayor cantidad de reservas
de hidrato de metano. De esta forma el proceso continuó, cada vez
más rápido. Los sistemas naturales que normalmente reducen
los niveles de dióxido de carbono no pudieron operar y, eventualmente,
el sistema entró en una espiral fuera de control, causando el mayor
colapso en la historia de la vida”. La mayoría de la vida pereció
por falta de oxígeno que se redujo a un 12%, sobreviviendo solo las
especies animales y vegetales que se adaptaron. Si tenemos en consideración
que se supone que el calentamiento global que se avecina superaría
incluso los 6 grados, la conclusión de que vamos hacia una extinción
inevitable no puede ser tomada con desdén. Parece que, después
de todo, dedicarse a estudiar los dinosaurios y otros fósiles tenía
alguna utilidad.
Los héroes de la nulidad
Todos los políticos,
empresarios, ciudadanos de bien y hombres religiosos se desviven por los
grandes problemas, por las grandes victorias de la especie, por alcanzar
el mañana en un mundo desarrollado y próspero. Para lograr
sus metas estos héroes y benefactores se encargan de dar todos los
pasos necesarios hacia un mundo que se nos presenta como espantoso. Estados
Unidos ha aumentado sus emisiones de gases contaminantes y se niega a firmar
convenios como el de Kyoto -de dudosa efectividad- que reducen la emisión
de gases. Incluso llegan a negar que la actividad industrial sea causante
del calentamiento global. Lo cierto es que aunque quisieran no podrían
reducir la emisión de gases contaminantes porque afectaría
a toda la actividad económica de la primer potencia mundial. Pero
no debemos atribuir esta política a “la intrínseca maldad
de los yanquis” como pretenden los izquierdistas obtusos y ansiosos
de poder, sino a que todos los gobiernos del mundo en mayor o menos medida
han contribuido a esta situación: todos los países de Tercer
Mundo también se esfuerzan por industrializarse, aunque no lo hayan
logrado efectivamente. ¿Para qué asumir la responsabilidad
de un crimen que aún no se ha cometido? ¿Acaso se ha destruido
el planeta? Actuar precautoriamente y detener la industrialización
¿no condenaría a los que ahora, en este momento sufren hambre?
En defensa de las condiciones de vida actuales se condena la vida del futuro.
Esa es la respuesta a la problemática que ha generado la civilización
del capital y el Estado. Los valores económicos y estratégicos
han impregnado todos los estamentos sociales, incluso en la izquierda, generando
una mentalidad proclive a considerar problemas como la destrucción
ecológica como “tareas para después”. El hambre
y las miserias actuales, la explotación, discriminación, represión
y crímenes estatales no son producto del calentamiento global sino
del sistema capitalista, eso está claro. Pero si no detenemos la
maquinaria destructiva ahora, poco habrá para socializar en el futuro.
Inundaciones, sequías y huracanes, son el precio más bajo
que nos cobrará la naturaleza. El fin catastrófico por hambre
de miles de millones de humanos pondrá las cosas en su lugar: se
dejarán de emitir gases tóxicos, se dejarán de contaminar
las aguas y finalmente se frenará la explosión demográfica.
Simplemente será imposible seguir produciendo alimentos suficientes
para una población humana que crece desenfrenadamente con un ecosistema
en franca descomposición.
Los gobiernos y sus industriales no van a desmontar el aparato que les genera
privilegios y ganancias. Si el agua escasea, será un producto comercializable.
Si el aire es insano, venderán tubos de oxígeno a quien pueda
pagarlos. Si los alimentos disminuyen los producirán sintéticamente.
Esa parece ser la actitud que el pensamiento económico adoptará
al enfrentarse a los excrementos de su propia creación. ¿Acaso
no está orientada toda la educación hacia los valores que
el sistema robustece? Las universidades del mundo producen miles de abogados
y economistas todos los años, sin embargo los primeros no han logrado
un mundo con más justicia ni respeto a los derechos humanos, y los
segundos no han logrado un mundo equitativo ni próspero. Cuando se
desate la peste que han contribuido a generar, ¿dónde se meterán
sus títulos, honores y discursos? El conocimiento científico
no solo se produce en cantidad insuficiente sino que se lo excluye de la
enseñanza oficial. Esta situación llega a su punto más
grotesco en los Estados Unidos, donde la teoría de la evolución
de las especies y del origen del hombre -estigmatizada por atea- debe enseñarse
conjuntamente con la “teoría creacionista” , un intento
acientífico de explicar el origen del universo y la vida basado en
la tradición bíblica, y que es sostenido políticamente
por cristianos evangelistas y devotos como George Bush, mientras hasta el
propio Vaticano ha debido reconocer la validez de la moderna explicación
darwinista. De nada valdrán sus instituciones, privilegios y poderes
cuando no puedan contener a la avalancha de hambrientos, refugiados, desposeídos,
desocupados y marginales que intente desesperadamente sobrevivir.
De seis mil millones de personas que pueblan actualmente el planeta dos
tercios son pobres. Pero la población aumenta y para el momento de
la debacle la población duplicará la actual. Las industrias
deberán producir más, los empresarios rurales generar una
mayor producción de alimentos y ampliar las superficies de cultivo,
en un contexto de cambio climático, calentamiento global, destrucción
masiva de recursos, escasez de agua potable y desaparición de especies
vegetales y animales. Y los imbéciles de todas las religiones continúan
declamando contra el aborto -a esta altura un mal menor- y el uso de anticonceptivos,
porque impiden y “atentan contra la vida”. Y desde el poder,
llámese Vaticano, ONU, Casa Blanca o Comunidad Europea, no se puede
alegar ignorancia. Más aún después de un informe del
Pentágono que se filtró a través del periódico
británico “The Observer”, restringiera el plazo del desastre
ambiental a menos de una década, es decir, que Inglaterra vivirá
un invierno siberiano permanente hacia el 2020 y todas las regiones del
mundo con costas bajas serán inundadas, en especial, Holanda. La
tropicalización del clima arrasará con todos los cultivos
de cereales (maíz, trigo), aptos para un clima más templado.
La solución que vislumbran: el cultivo de soja, mucho más
resistente a los avatares climáticos. O sea que dependeremos más
aún de un solo tipo de alimento; la soja será propiamente
el monocultivo del futuro, con todas las desgracias que acarrearía
un cultivo degradador del suelo como pocos plantado por doquier.
El problema que se nos presenta es qué hacer para frenar esta situación.
No solo los gobiernos eluden el tema sino también el ciudadano medio.
Las expresiones de disgusto siempre aparecen cuando se habla de la destrucción
de la ecología, pero se quedan allí: a seguir produciendo
para satisfacer las necesidades del presente. ¿Qué obrero
defendería la necesidad de desmontar la fábrica en que trabaja
cuando la estabilidad laboral se ha convertido en una mezquina panacea?
Los medios de comunicación, la televisión especialmente, podrían
tener un papel determinante en crear conciencia sobre la situación
que se avecina, pero la lógica comercial hace que temáticas
de bajo rating no se incluyan en la programación; conclusión:
si la audiencia prefiere los programas dedicados al entretenimiento, ¿por
qué imponer antidemocráticamente aquello que no le interesa?
La complicidad de un Tinelli, una Susana Giménez o de cualquier gerente
de programación de TV abierta no es menor que la de los industriales
que contaminan unos producen la basura, los otros la esconden bajo la alfombra.
Los abogados y economistas seguirán haciendo negocios con sus demandas
por contaminación y comercializarán productos etiquetados
como “verdes”. Los gobiernos fomentarán micro emprendimientos
que utilicen técnicas “no agresivas” al ecosistema. Los
posmodernos agitarán el fantasma de la ciencia cómplice del
sistema desde sus cómodas poltronas intelectuales y los adalides
de la “new age” (nueva era) festejarán la escasez de
carne y los cursos de cocina ecológica y dietética que pulularán
por la clase media espiritualizada. La culpabilidad tiene diversos niveles
y nadie se salva, por error u omisión. Los animalistas ponen el énfasis
en la compasión solidaria animal y los primitivistas atribuyen la
culpa a la cultura humana y a la tecnología, cualquiera sea ésta
(lo cual es de una estupidez supina, por cierto). Los movimientos ecologistas
olvidan la problemática social y los movimientos sociales desdeñan
la problemática ecológica. Es solo cuestión de tiempo.
El problema no es ni la ciencia ni la tecnología, sino el uso que
se hace de ellas. La teoría de la relatividad no fue concebida por
Einstein para que se pueda construir una bomba atómica con más
facilidad ni la teoría evolucionista para demostrar la inferioridad
de los negros, sudacas, obreros y mujeres. Descifrar el código genético
no implicaba la proliferación de transgénicos. De ser así
deberíamos quemar todos las bibliotecas del mundo, hacer trizas todo
el conocimiento de siglos y volver a sumergirnos en la oscura edad media
inquisitorial, escondernos tras las sotanas de los frailes y esperar aterrorizados
el Apocalipsis. O destruimos el sistema capitalista, o el sistema destruirá
nuestro mundo y con ellos a nosotros. Hagamos lo que hagamos, los anarquistas
debemos estar preparados para actuar. Incorporar la problemática
de la destrucción ambiental no implica desviar fuerzas ni cambiar
de antagonistas, no es una sugerencia a abandonar la lucha social sino a
incrementarla: solo debemos ampliar aún un poco más el abanico
de nuestros enemigos.
P. Rossineri
ALIMENTANDO AL MUNDO BAJO EL CAMBIO CLIMÁTICO VOLVER
El cambio climático ya es una realidad
El cambio climático
es en gran medida el problema más desalentador que la humanidad jamás
haya enfrentado. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático
(IPCC) en su último informe avizora un cambio en la temperatura de
hasta 5.8 grados para este siglo. Sin embargo, el IPCC no tomó en
cuenta una serie de factores críticos incluyendo la aniquilación
de nuestros bosques tropicales y de otra vegetación. Estos contienen
seiscientos mil millones de toneladas de carbono -casi lo que está
en la atmósfera- de las cuales gran parte probablemente será
emitida en las décadas próximas por las actividades cada vez
más descontroladas de las grandes compañías madereras.
El director general del Programa para el Ambiente de las Naciones Unidas
indicó recientemente que solo un milagro podría salvar a los
últimos bosques tropicales del mundo. El IPCC tampoco considera el
daño terrible perpetrado por la agricultura industrial moderna con
sus máquinas y arsenales enormes de agrotóxicos en los suelos
del planeta. Nuestros suelos contienen mil seiscientos billones de toneladas
de carbono, más del doble contenido en la atmósfera. Gran
parte de este carbono será emitido en las próximas décadas;
a menos que haya una reconversión rápida hacia prácticas
agrícolas sostenibles y orgánicas. El Centro Hadley de la
Organización Meteorológica Británica, por el contrario,
ha tomado en cuenta éstos y otros factores dentro de sus modelos
más recientes, y ha concluido que la temperatura media mundial aumentará
en hasta 8.8 grados en este siglo.
Otros climatólogos, que incluyen factores a menudo omitidos, son
más trágicos. El IPCC dice que podemos esperar un aumento
considerable de olas de calor, tormentas, inundaciones, y la diseminación
de enfermedades tropicales en áreas templadas, afectando la salud
de seres humanos, ganado y cultivos. También predice un aumento en
el nivel del mar hasta ochenta ocho centímetros en este siglo, afectando
(por la intrusión del agua marina en los suelos subyacentes de las
tierras cultivables y también por inundaciones temporales y permanentes)
cerca del 30% de las regiones agrícolas del mundo. Si el Centro Hadley
está en lo correcto, las implicaciones serán más devastadoras.
El descongelamiento de las capas de hielo de la Antártida, del ártico,
y particularmente, de Groenlandia ocurrirán más rápido
de lo predicho por el IPCC. Esto reduciría la salinidad de los océanos,
que a su vez debilitaría, si es que no las desvía por completo,
a las corrientes marinas, tales como la corriente del Golfo, de su actual
curso. Y si eso continúa, eventualmente congelaría las áreas
que actualmente gozan de un clima templado, como el norte de Europa .
De hecho, es irónico que el calentamiento global pueda ocasionar
congelamiento local o regional. Por si fuera poco, tenemos que tomar en
cuenta que si paráramos mañana el consumo de combustibles
fósiles, nuestro planeta continuaría calentándose,
por lo menos, 150 años más, a causa del tiempo de permanencia
del dióxido de carbono, el gas más importante del efecto invernadero
en la atmósfera, mientras que los océanos continuarán
calentándose, por lo menos, por unos mil años más.
Todo lo que podemos hacer es tomar aquellas medidas -y se requieren las
más dramáticas para retrasar el proceso de calentamiento-
de modo que cuando nuestro clima eventualmente se estabilice, nuestro planeta
permanezca, por lo menos, habitable. El cambio climático está
sucediendo más rápido de lo predicho. Esto se está
haciendo evidente, entre otras cosas, por las sequías prolongadas
en muchas partes del mundo. Cuatro años de sequía en gran
parte de África ha ocasionado que de treinta a cuarenta millones
de personas padezcan hambre. Al mismo tiempo, se darán varias sequías
en los principales centros de cultivos básicos del mundo: el cinturón
de maíz americano, las estepas canadienses, y el cinturón
australiano de trigo reducirán notablemente las exportaciones de
cereales. Todo esto es el resultado de un aumento de no más de 0.7
grados en la temperatura global. ¿Cómo serán las cosas
cuando tengamos que producir nuestros alimentos en un mundo cuya temperatura
media ha aumentado en 2 o 3 grados, sin llegar a los 5-8 grados como se
nos ha dicho sucederá a fines de este siglo?
Emisiones de óxido nitroso y metano
Cada vez es
más claro que el cambio climático y sus diversas manifestaciones
mencionadas arriba serán los desafíos más importantes
para nuestra capacidad de alimentarnos en las próximas décadas.
La agricultura industrial moderna por su misma naturaleza contribuye enormemente
a los gases causantes del efecto invernadero. Actualmente, es responsable
del 25% de las emisiones del dióxido de carbono del mundo, del 60%
de las emisiones de gas metano y del 80% de óxido nitroso, todos
ellos poderosos gases del efecto invernadero. El óxido nitroso se
genera por la acción de las bacterias desnitrificadoras cuando la
tierra es convertida en campos agrícolas. Cuando los bosques tropicales
son transformados a pastizales, las emisiones de óxido nitroso aumentan
el triple. Es decir, la transformación de la tierra está conduciendo
a la emisión de medio millón de toneladas al año de
nitrógeno en forma de óxido nitroso. El óxido nitroso
es 310 veces más potente que el dióxido de carbono como gas
del efecto invernadero, según la Agencia Europea de Medio Ambiente,
aunque las concentraciones atmosféricas del óxido nitroso
son afortunadamente menos que una milésima que las del dióxido
de carbono - 0.31ppm (partes por millón) comparados con 365 ppm.
Los fertilizantes nitrogenados son otra fuente importante de óxido
nitroso. Alrededor de 70 millones de toneladas de nitrógeno al año
son aplicadas a los cultivos y contribuyen casi con el 10% de las 22 millones
de toneladas de óxido nitroso, que son emitidas anualmente. Con el
aumento sustancial de las aplicaciones de fertilizantes, especialmente en
los países en vías de desarrollo, las emisiones de óxido
nitroso debido a la agricultura podrían duplicarse en los próximos
30 años. En los Países Bajos, que tienen la agricultura más
intensiva del mundo, casi 580 kilogramos por hectárea de nitrógeno
en forma de nitratos o sales de amonio son aplicados cada año como
fertilizantes y, por lo menos, el 10% de ese nitrógeno va directamente
a la atmósfera, sea como amoníaco u óxido nitroso.
El crecimiento de la agricultura también está aumentando las
emisiones de metano. En las últimas décadas, ha habido un
aumento substancial en la cantidad de ganado -vacuno en particular- en gran
parte, como resultado, de la conversión de los bosques tropicales
en pastizales. El ganado emite grandes cantidades de metano y la destrucción
de los bosques para su reproducción también está contribuyendo
al aumento en las emisiones de dos de los gases más importantes del
efecto invernadero. A nivel mundial, las emisiones de metano producido por
el ganado ascienden a unas 70 millones de toneladas. Con métodos
modernos de producción, el ganado es alimentado cada vez más
con una dieta rica en proteínas, especialmente cuando son alimentados
con forrajes. Tales ganados emiten considerablemente más gas metano
que los alimentados con hierba. Incluso la fertilización de prados
con compuestos nitrogenados puede disminuir la captación de metano
por parte de las bacterias y aumentar la producción de óxido
nitroso, elevando en consecuencia las concentraciones atmosféricas
de ambos gases.
La expansión de los arrozales también ha aumentado seriamente
las emisiones de metano. El arroz cultivado con agua lluvia produce mucho
menos metano que el arroz cultivado con fertilizantes nitrogenados.
La agricultura industrial es alta consumidora de energía
Los componentes más consumidores de energía de la agricultura industrial moderna son la producción de fertilizantes nitrogenados, la maquinaria agrícola y la irrigación con bombas. Estos contabilizan más del 90% de la energía usada directa o indirectamente en la agricultura y todos son esenciales para ella. Las emisiones de carbono a partir de la quema de combustibles fósiles para actividades agrícolas en Inglaterra y Alemania eran de 0.046 y 0.053 toneladas por hectárea, comparadas con solo las 0.007 toneladas de los sistemas agrícolas no mecanizados, es decir, siete veces más bajo. Esto concuerda con lo estimado por Pretty and Ball, que para producir una tonelada de cereales o vegetales usando la agricultura moderna requiere de 6 a 10 veces más energía que empleando métodos agrícolas sustentables. Se puede argumentar que un cambio hacia fuentes de energía renovables tales como energía eólica, solar o células de combustible evitarán tener que reducir el consumo de energía para proteger nuestro clima. Sin embargo, esta sustitución necesaria tomaría décadas; cerca de 50 años según algunos cálculos. Se requiere una reducción radical de las emisiones de gases ahora si tomamos en serio las predicciones del Centro Hadley de que el aumento en la temperatura en los próximos 30 años comenzará a transformar nuestros principales sumideros de dióxido de carbono y metano -bosques, océanos y suelos- en fuentes. Si eso ocurre, entraremos en un proceso irreversible de una reacción en cadena hacia temperaturas más elevadas e inestabilidad climática.
La agricultura industrial está de salida
Nos guste o no, la agricultura industrial moderna está de salida. Es un hecho que cada vez es menos eficiente. Ahora los beneficios por el uso de fertilizantes están disminuyendo. La Organización Mundial para la Alimentación y la Agricultura de los Naciones Unidas (FAO) admitió en 1997 que la producción de trigo en México y EE.UU. no mostró ningún aumento en 13 años. En 1999, la producción mundial de trigo bajó por segundo año consecutivo a cerca de 589 millones de toneladas, un 2% menos desde 1998. Los fertilizantes son demasiado costosos y como McKenney lo explica, “la salud biológica de los suelos está siendo afectada por la ambición desmedida de una fertilidad rápida y fácil, comprometiendo la productividad y los fertilizantes son cada vez menos efectivos”. Las malas hierbas, los hongos, los insectos y otras plagas son asombrosamente adaptables. Quinientas especies de insectos ya han desarrollado resistencia genética a los pesticidas, al igual que 150 enfermedades vegetales, 133 clases de malas hierbas y 70 especies de hongos. La reacción es aplicar aún más venenos más costosos y poderosos, cuyo costo anual en EE.UU. asciende a 8 billones de dólares sin contar con el costo de aplicarlos en la tierra. Los agricultores están perdiendo la batalla, las plagas están sobreviviendo al impacto químico pero los campesinos no. Más y más agricultores están abandonando sus tierras, y la situación seguramente empeorará. Estamos siendo testigos de la introducción forzada de cultivos genéticamente modificados por parte de las agencias internacionales en contubernio con los gobiernos nacionales, como resultado del masivo cabildeo de una industria biotecnológica cada vez más poderosa. Los cultivos transgénicos, al contrario de lo que nos dicen, no aumentan la producción. Requieren más insumos incluyendo más herbicidas, cuyo uso se supone iba a reducirse drásticamente al igual que el agua de riego. También, la ciencia sobre la cual están basados está seriamente cuestionada. Nadie sabe con certeza cuáles serán las consecuencias inesperadas de introducir, por una técnica muy rudimentaria, un gen específico en el genoma de una criatura totalmente diferente. Las sorpresas están a la espera y algunas podrían causar graves problemas de diversa índole.
Extractado de
Red por una América Libre de Transgénicos, Boletín
113
http://www.i-sis.org.uk/FTWUCC.php
LO QUE NOS PERMITEN... Y LO QUE PERMITIMOS VOLVER
Se ve una vez
más. Claro que lo ven quienes no venden anteojeras y quienes no tienen
intereses puestos en el arreo.
Es el paso siguiente, lógico y esperable, del proceso de frenado
y domesticación por parte del Estado para con un movimiento cuya
peligrosidad potencial, en un inicio, es ahora completamente nula. Después
de generar una opinión pública adversa y de incorporar la
lucha dentro de los canales de la política, misión ésta
de los partidos de izquierda y aquella de los medios de información,
el Estado corta con los cortes, por lo menos con el que se hace mensualmente
en Avellaneda. Una vez haber hecho aceptable el uso de la fuerza la aplica.
La prohibición de acceder las manifestaciones a los espacios reservados
para ella y la posterior y eventual permisividad muestran no el triunfo
de alguna presión popular si no el control que el Estado tiene de
la situación. En la disciplina de los ejércitos también
hay lugar para la protesta, siempre y cuando esté precedida del debido
pedido de permiso, y la sociedad estatal tiene origen y principio militar.
El Estado apunta al diálogo porque ello significa la contención
y para acorralar hacia ese fin es que reduce los espacios. Los dirigentes
de los movimientos apuntan a lo mismo con la diferencia de que necesitan
lograr una acumulación de fuerzas suficiente para ser reconocidos
por los dirigentes del Estado y poder negociar. Así sucedió
históricamente con el movimiento obrero y así sucede ahora
con el llamado movimiento piquetero.
La cuestión es que ante un vallado y una formación policial
lo primero que empieza a oírse es a los predicadores de la “libertad
de expresión” y del “derecho a manifestarse”; que
“esto no es democracia”, que “el gobierno no quiere escuchar
los reclamos”, etc. Aparte y enfrentado a ello, también, la
expresión saludable del silencioso vuelo de algo contundente: una
parábola que contrasta.
¡¿“Libertad de expresión”?! ¿Cuántos
hay que no tendrían que hablar? Y si hablan es porque no podemos
hacerlos callar, si tienen el derecho de hablar y de hacer no es porque
nosotros se lo demos, es porque se nos imponen. ¿O tenemos que garantizar
el discurso de quien nos pone a la policía como necesidad? ¿Toda
opinión es válida y todos tienen derecho a expresarla? “Se
pretende encapsular al desarrollo y exposición de las ideas dentro
de un marco otorgado por la ley como derecho a la libre expresión
o libre opinión. Este marco, este límite, es el corral de
domesticación de la mente que impone el Estado” decía
un compañero en el último acto del 1° de Mayo.
Pedirle a quienes nos oprimen, a los más grandes criminales, que
escuchen los reclamos es legitimarlos como lo que son: opresores y criminales.
Detrás de estos reclamos existe una legitimación de la legalidad
democrática como una conquista de los pueblos, cuando la realidad
es que la esclavitud de los pueblos está garantizada por la democracia,
esclavitud nunca tan estable y nunca tan solapada como la actual.
En el sitio electrónico A-infos, sitio multisectorial de amplia “libertad
de opinión”, se lee: “Hoy el gobierno tubo que reconocer
que la protesta es legítima y que podemos ir a la plaza, tubo que
guardar su autoritarismo y prepotencia detrás de las vallas, porque
se dio cuenta que la protesta no busca desequilibrar, aunque le pongan un
tilde de insolencia y terrorismo, lo que hace recordar a gobiernos militares.
Pero que liberen la plaza no quiere decir que les interese los reclamos.
El gobierno se dio cuenta que la violencia que genera la situación,
hoy generaría más violencia si se prohibía la libertad
de los trabajadores.” Firmado por La Protesta, periódico
libertario. (Por si existe alguna confusión o una intención
de crearla no se trata de La Protesta, Publicación anarquista, con
la que tenemos afinidad).
Que los gobiernos se vean obligados a hacer concesiones para salvaguardarse
o mostrarse demagógicos o caritativos es algo lógico y esperable.
Que los Rodolfo Pérez Esquivel (ese demócrata y mediador del
Servicio de Paz y Justicia que siempre intercede ante los gobiernos como
un cura ante Dios) pidan clemencia en nombre da las garantías constitucionales,
también. Ahora, que desde un pretendido anarquismo se sume a todo
eso habla ya de una confusión, o de la intención de crearla...
¿Cómo se puede considerar una “victoria” que un
gobierno tenga que “guardar su autoritarismo y prepotencia detrás
de una valla”? Como si una valla no fuese de por sí una manifestación
de fuerza (y de cobardía). Si las riquezas están detrás
de las rejas, los arsenales en los cuarteles y la 9mm del cana en su cintura
es porque “la casa está en orden”. “Porque se dio
cuenta que la protesta no busca desequilibrar” sino que su permiso
legitima. ¿Cuál es la “libertad de los trabajadores”
que los gobiernos permiten para “no generar más violencia”?
El derecho al salario, el derecho a ser explotado, y la pretensión
de dignidad dentro de él.
Toda posición ideológica genera prácticas. Insistimos
en que este tipo de discursos nos invita o nos empuja, desde inocencias
o astucias, a marchar derecho hacia las fauces del lobo del hombre: el Estado.
Cuando nos perdonan la vida, cuando nos dejan vivir y subsistimos bajo la gracia del verdugo, tendemos a estarle agradecidos. Si le servimos, su poder puede dejar de ser una amenaza para transformarse en protección. Si nos alimenta y nos deja hablar podemos hasta darle alguna opinión, una crítica constructiva o un aliento. Si somos buenos discípulos y hacemos carrera quizá algún día nos deje sentar a su lado o hablar por él.
A.G.
BAKUNIN: SOBRE LA DEMOCRACIA VOLVER
La falsedad
del sistema representativo descansa sobre la ficción de que el poder
ejecutivo y la cámara legislativa surgidos de elecciones populares
deben representar la voluntad del pueblo, o al menos de que pueden hacerlo.
El pueblo quiere instintiva y necesariamente dos cosas: la mayor prosperidad
material posible dadas las circunstancias, y la mayor libertad para sus
vidas, libertad de movimiento y libertad de acción. Es decir, quiere
una organización mejor de sus intereses económicos y la ausencia
completa de todo poder, de toda organización política, pues
toda organización política desemboca inevitablemente en la
negación de la libertad del pueblo. Tal es la esencia de todo los
instintos populares.
Abismo entre quienes gobiernan y quienes son gobernados.
Pero las finalidades instintivas de quienes gobiernan -de quienes elaboran
las leyes del país y ejercitan el poder ejecutivo se oponen diametralmente
a las aspiraciones populares instintivas debido a la posición excepcional
de los gobernantes. Sean cuales fueren sus sentimientos e intenciones democráticas,
sólo pueden considerar esta sociedad como un maestro de escuela considera
a sus alumnos, dada la elevada posición en la cual se encuentran.
Y no puede haber igualdad entre el maestro de escuela y los alumnos. Por
una parte está el sentimiento de superioridad inspirado necesariamente
por una posición superior; por otra está el sentimiento de
inferioridad inducido por la actitud de superioridad del profesor que ejerce
el poder ejecutivo o legislativo. Quien dice poder político dice
siempre dominación. Y donde existe la dominación, una parte
más o menos considerable del pueblo está condenada a ser dominada
por otros. Por lo mismo, es bastante natural que quienes estén dominados
detesten a los dominadores, y que los dominadores deban reprimir y en consecuencia
oprimir necesariamente a quienes les están sometidos.
La posesión de poder induce a un cambio de perspectiva.
Tal ha sido la historia del poder político desde el momento mismo
de establecerse en este mundo. Esto explica también por qué
y cómo hombres demócratas y rebeldes de la variedad más
roja mientras formaban parte de la masa del pueblo gobernado, se hicieron
extremadamente conservadores cuando llegaron al poder. Por lo general, estos
retrocesos suelen atribuirse a la traición. Pero es una idea errónea;
en su caso, la causa dominante es el cambio de posición y perspectiva.
El gobierno laborista sujeto al mismo cambio. Convencido de esta verdad,
puedo decir sin miedo a ser desmentido que si mañana hubiera de establecerse
un gobierno o un consejo legislativo, un Parlamento compuesto exclusivamente
de trabajadores, los obreros mismos que ahora son firmes demócratas
y socialistas se convertirían en aristócratas no menos determinados,
adoradores audaces o tímidos del principio de autoridad, y que también
se transformarían en opresores y explotadores.
La república burguesa no puede ser identificada con la libertad.
Los republicanos burgueses se equivocan identificando su república
con la libertad. En esto está la gran fuente de todas sus ilusiones
cuando se encuentran en la oposición, y la fuente de sus decepciones
e incoherencias cuando tienen el poder en las manos. Su república
se basa enteramente sobre esta idea del poder y de un gobierno fuerte, un
gobierno que debe mostrarse tanto más enérgico y poderoso
cuanto que brotó de una elección popular. Y no quieren comprender
esta simple verdad, confirmada por la experiencia de todos los tiempos y
todos los pueblos: que todo poder organizado y establecido excluye necesariamente
la libertad del pueblo.
Puesto que el Estado político no tiene otra misión que la
de proteger la explotación del trabajo popular por parte de las clases
económicamente privilegiadas, el poder de los Estados sólo
puede ser compatible con la libertad exclusiva de las clases a las que representa,
y por esta misma razón está destinado a oponerse a la libertad
del pueblo. Quien dice Estado dice dominación, y toda dominación
supone la existencia de masas dominadas. Por consiguiente, el Estado no
puede tener confianza en la acción espontánea y en el movimiento
libre de las masas, cuyos intereses más queridos militan contra su
existencia. Es su enemigo natural, su invariable opresor, y aunque tiene
buen cuidado de no confesarlo abiertamente, tiende a actuar siempre en esta
dirección.
Esto es lo que no entiende la mayoría de los jóvenes partidarios
de la república autoritaria o burguesa mientras permanecen en la
oposición, mientras no han probado por sí mismo este poder.
Como detestan el despotismo monárquico con todo su corazón
y toda la fuerza de que son capaces sus naturalezas miserables, débiles
y degeneradas, imaginan que detestan el despotismo en general. Puesto que
hubieran querido disponer del poder y de la osadía para acabar con
el trono, se creen revolucionarios. Y no sospechan siquiera que lo que odian
no es el despotismo, sino sólo su forma monárquica, y que
este mismo despotismo, al disfrazarse con una forma republicana, encontrará
en ellos los más fervientes seguidores.
Desde el punto de vista radical, hay poca diferencia entre la monarquía
y la democracia. Ignoran que el despotismo no reside tanto en la forma del
Estado o del poder como en el principio mismo del Estado y del poder político;
ignoran que, en consecuencia, el Estado republicano tiende por su misma
esencia a ser tan despótico como el estado gobernado por un emperador
o un rey. Sólo hay una diferencia real entre ambos. Uno y otro tienen
por base y meta esencial la esclavización económica de las
masas para beneficio de las clases poseedoras. Difieren, en cambio, en que
para conseguir esta meta el poder monárquico -que en nuestros días
tiende inevitablemente a transformarse en una dictadura militar- priva de
la libertad a todas las clases, e incluso a aquélla a la que protege
en detrimento del pueblo... Se ve forzado a servir los intereses de la burguesía,
pero lo hace sin permitir a esa clase interferir de modo serio en el gobierno
de los problemas del país...
De la revolución a la contrarrevolución.
Los republicanos burgueses son los enemigos más furiosos y apasionados
de la Revolución Social. En momentos de crisis política, cuando
necesitan la poderosa mano del pueblo para derrocar al trono, se inclinan
para prometer mejoras materiales a esta “tan interesante” clase
de los trabajadores; pero dado que al mismo tiempo les anima la más
firme decisión de preservar y mantener todos los principios, todos
los fundamentos sagrados de la sociedad existente, todas las instituciones
económicas y jurídicas cuya consecuencia necesaria es la esclavitud
real del pueblo, se comprende que sus promesas se desvanezcan como el humo
en un aire puro. Desilusionado, el pueblo murmura, amenaza y se rebela.
Entonces, con el fin de detener la explosión del descontento popular,
ellos -los revolucionarios burgueses- se ven forzados a recurrir a la represión
estatal todopoderosa. De lo cual se deduce que el Estado republicano es
tan opresivo como el Estado monárquico; sólo que su opresión
no se dirige contra las clases poseedoras, sino exclusivamente contra el
pueblo.
En consecuencia, ninguna forma de gobierno ha sido tan favorable a los intereses
de la burguesía ni tan amada por ella como la república...
Extraído de Miguel Bakunin, Escritos de filosofía política, t. I, Ed. Altaya.
PARA PENSAR LAS ELECCIONES VOLVER
En época
de elecciones es infaltable que un anarquista recuerde frases como “ni
votos, ni botas” o “ni gobierno, ni patrón” y que
ante la verborragia politiquera de izquierda y derecha los mandemos a todos
a... su lugar. Sin embargo estas frases suenan vacías fuera de contexto,
como si fuera un slogan comercial del anarquismo. Es por eso que estas frases
bien aclaradas dicen más, pues en realidad llevan un gran peso, que
debemos evidenciar. Como ya debe saber usted, un anarquista no vota porque
tiene fiaca de ir a la escuela un domingo, tampoco porque solamente es un
rebelde que contradice a la policía o “se hace el loco”.
Un anarquista no vota por una causa más profunda que una simple rebeldía.
Tiene una idea detrás de la acción de no votar, y por más
que vaya obligado a hacerlo -pues en Argentina el Estado obliga-, hay algo
más allá que el mero hecho de no poner el sobre en la urna
o impugnar el voto.
El hecho es que un anarquista no avala la idea de elegir a nadie como representante,
función del voto. La causa de esto es que no creemos que nadie exprese
mejor nuestras intenciones, deseos y razones de organizarnos y vivir como
nosotros mismos lo haríamos.
Si optaríamos, como lo permite el voto, por elegir a alguien como
nuestro representante, estaríamos cediendo, resignando nuestra capacidad
de elección en cuanto seres libres. El voto anula la libertad del
ser humano, y permite que aquellos que prefieren una sociedad basada en
la jerarquía, la mantengan, anulando y negando la existencia de un
ser libre. Es por el contrario que un anarquista no cree, ni reivindica
de ninguna manera ningún tipo de organización basada en las
jerarquías y superioridad de una persona (o grupo) por sobre las
otras. Avalar el voto es para nosotros una forma más de negarle humanidad
al ser humano, convirtiéndolo en esclavo de las decisiones de otro.
La creencia dirigencial
El voto es considerado
sinónimo de consenso y es por eso que él, en tanto instrumento,
sostiene a la actual democracia de masas y constituye uno de los estandartes
y pilares del actual Estado moderno (burgués) que viniera a desplazar
al Estado monárquico a fines del siglo XVIII. Es decir, sostiene
la actual sociedad que limita al ser humano, lo reprime y niega, más
allá que lo denominen democracia representativa (u otro nombre).
Sostiene la organización dividida en diversos poderes, entre ellos
el represivo, policial, ligado al judicial, ligado al ejecutivo y legislativo,
cadena que culmina en los grandes terratenientes y capitalistas del Estado
argentino (o de cualquier otro).
En el momento que uno vota, por más buenas intenciones que tenga
algún candidato, uno está avalando el actual funcionamiento
social. Puede ser que un gran ser humano con conciencia social quiera hacer
algo por los demás, forme un partido y se presente a elecciones para
intentar destruir “las injusticias sociales”. Es por eso que
no es cuestión de voluntades, el sistema es justamente una forma
de funcionamiento social, es algo estipulado y controlado por los que tienen
el poder y oprimen para seguir haciéndolo. Si es que se quiere hacer
algo “por la sociedad” se debe empezar por destruir las bases
autoritarias y jerárquicas en las que se basa la actual organización
social.
Nunca de izquierda
El apoyo al
sufragio fue y será nuestra eterna e irremediable diferencia con
lo que se denominan partidos de izquierda. Ellos se presentan a elecciones
y creen en las dirigencias por más que en muchos aspectos podamos
ver y entender las cosas de manera similar. Ese abismo nunca lo vamos a
sortear, un anarquista no se presenta a elecciones, ni las reivindica, ni
las quiere.
Es así que aquí tomamos distancia de aquellos que se llaman
partidos de izquierda, revolucionarios, liberadores, libertarios, radicales
o cualquier otro mote. Los anarquistas no formamos partidos, ni participamos
de ellos.
Vale decir lo mismo para aquellos que en estos últimos tiempos -y
en un collage mental desesperado- creen que la salida está en la
incongruencia de formar “partidos anarquistas”, populares, en
donde el pueblo “decida” y “gobiernen los de abajo”.
Nunca puede haber un partido anarquista, es una contradicción, y
si hay alguien que lo quiera llamar así lo que está haciendo
es confundir y ensuciar el nombre del anarquismo y su lucha. Quimeras y
falacias que en nombre del anarquismo piden un gobierno. Un anarquista no
quiere gobernar ni ser gobernado. No quiere gobierno ni patrón. Es
decir, repudia al Estado, su organización jerárquica y a cualquier
otro que se crea superior. El gobierno anarquista es un engaño, por
más buena voluntad, ideas y anhelos que puedan llegar a tener estas
personas.
Sin ser agnósticos
A más
de dos siglos de la puesta en marcha del moderno sistema democrático
y a menos de un siglo de que el voto -más o menos como funciona hoy
en día- se popularizó alrededor del mundo, cada vez más
son aquellos descreídos que expresan su rechazo a votar y nada más
que eso.
Insatisfechos y desesperanzados se muestran indiferentes ante todo. Así
podemos reconocer frasecitas como “que se vayan todos”, “son
todos la misma mierda”, “para qué, si después
todo sigue igual”. Estas frases también pueden volverse un
latiguillo vacío que no conduce a nada. Ser ovejas de la manada tampoco
cambia nada.
La desidia y el conformismo no tienen nada que ver con el anarquismo, pues
tenemos una idea y no somos agnósticos, creemos en otra organización
social. Es por esa otra forma de organizarnos que creemos que votar va a
hacer que todo sigua igual, pues no importa a quién o cómo
se vote, si no que es el sistema electoral, sostenido por un Estado que
avala un funcionamiento social autoritario. No queremos que se vayan todos
para que venga alguien, no queremos a nadie que nos pise y joda, no queremos
dirigentes. Queremos otra forma de asociarnos en donde nadie gobierne.
Ante esto; una propuesta
¿Por
qué planteamos esto?, ¿por qué esta negativa a lo que
se considera normal para organizar la sociedad? La sencilla razón
es que el anarquismo ante esta sociedad jerárquica autoritaria, plantea
otra forma de organizarse, sin jerarquías ni autoridades. Porque
el anarquista cree que es posible y reivindica otra forma de organización.
Claro está que si uno lucha por autonomía los jerárquicos
y autoritarios van a tratar por todos los medios de coartarnos esa libertad
de organizarnos de otra manera, pues va en contra de sus intereses. ¿Cómo
pueden existir libres en tierras de dominados?
Así el anarquista se encuentra contra una sociedad que lo obliga
a organizarse, creer, crecer y pensar que las jerarquías son fundamentales
para vivir y convivir con los demás. Ante esto el anarquista se revela
y aquí empieza el conflicto.
Cabe aclarar que el anarquismo, en tanto posibilidad de emancipación
del ser humano, no tiene un programa a rajatabla para cumplir. Preferimos
una propuesta, la punta de un gran iceberg que nunca sabremos que será,
hasta tanto lleguemos a ello. Es por ello que quién quiera creer
en un programa anarquista, con puntos y pasos, está soñando,
pero no por ello es un soñador dormido. Está en todo su derecho
de fantasear con aquello que un anarquista más quiere: una sociedad
libre, porque ella es posible.
Ubérrimo
DE LA DEMOCRACIA VOLVER
Vale dejar en
claro el significado de democracia, ésta implica el gobierno del
pueblo (demos, pueblo; cracia, kratos, autoridad).
Democracia o poder de los trabajadores, de los de abajo, democracia directa
o popular, etc., son los títulos de propaganda pro elecciones agitados
desde la derecha pasando por los de centro hasta llegar a la izquierda,
todos y cada uno de ellos denotando al menos en discursos su compromiso
con la democracia por y para el pueblo; armando y desarmando frentes electorales
sin tener ningún tipo de problemas, demostrando una y otra vez lo
asquerosa que es la política: el arte de gobernar, para ser más
claro.
Recuerdo haber estado en una esquina del microcentro durante la hora pico
de vendedores ambulantes y empleados administrativos, en un momento frena
una camioneta provista de altos parlantes y fotos evidentemente de izquierda,
a la vez que voceaba una seguidilla de reivindicaciones entre las cuales
se podía escuchar: “no pago de la deuda externa”, “juicio
y castigo a los genocida”, “reducción de horas de trabajo”,
mientras se podía apreciar cierto silencio en lo que minutos antes
era un solo murmullo. Pero esto cambió cuando se escuchó vocear
“salario mínimo de 900 pesos para que se acabe la indigencia”,
el silencio se transformó en carcajada y la camioneta se retiró.
Esa misma carcajada se transformaría meses después en bronca
cuando el gobierno de Kirchner sepultara en la tumba de hormigón
a varios manifestantes en los hechos de la legislatura porteña por
rechazar la ley de convivencia social que afecta directamente a todos aquellos
que trabajan en la calle, los mas desposeídos.
No solo la Iglesia, la burguesía y los medios aplaudían la
represión sino que también la izquierda sepultaba a los manifestantes
presentando a las autoridades videos que servirían de evidencia.
Tiempo después el presidente diría que hay que cuidar la democracia
de quienes atentan contra ella y su gestores.
La democracia hoy llama de nuevo a votar porque es un derecho constitucional
y una obligación para el ciudadano, y no solo eso sino que también
garantiza perpetuar la explotación del hombre por el hombre.
El poder arroja su última y más exitosa carnada para preservar
el orden establecido, y aunque existan personas que realmente creen en esta
doctrina política, honestos y convencidos, cabe decirles que cualquier
autoridad que se ejerza sobre el pueblo, por más popular que esta
se diga, no me representa, sino que representa sus propios intereses. En
este sentido sería para perpetuar su condición de gobernantes;
ejemplos nos sobran.
Cae en evidencia que la dictadura y la democracia son dos caras de la misma
moneda y, inevitablemente, atienden a las exigencias de la burguesía
fomentando todo tipo de valores negativos y nocivos para el ser humano,
coartando nuestras posibilidades de desarrollo tanto físico como
mental o intelectual, reduciéndonos a lo que todo opresor pretende
del oprimido: carne inerte y obediente.
Podríamos decir entonces que la democracia es nada menos que otra
doctrina que arroja el poder, ni más ni menos criminal, ni más
ni menos siniestra, calculadora y dañina que cualquier otra tendencia
que pretenda gobernar y someter a los pueblos. Creo que ésta ha alargado
la soga para que nos movamos un poco, y dicen que ya no existen esclavos;
o por lo menos eso es lo que indica la Constitución nacional. Pero
ahora existen los asalariados y nos obligan a trabajar, a vender nuestra
fuerza de trabajo por unos pocos pesos los cuales no alcanzan para llegar
ni a la quincena, porque para colmo tenemos más de un parásito
chupasangre que nos vive. No solo es el patrón el que nos exprime,
también aparece algún locatario, éste es el parásito
que aparece una vez por mes a cobrar la habitación o la casa, y que
nos tiene bien apretados; o pagamos o vivimos en la esquina. Desde luego
que también existen los supermercados, esos depósitos que
revientan con productos o alimentos que nosotros producimos y por ende nos
pertenecen. Después hay otros explotadores, pero el enemigo más
importante de la libertad es el Estado, ya que éste es el garante
de la explotación.
La democracia quiere un Estado benefactor y protector del ciudadano y ahí
está la cuestión. Aquí haría la clásica
pregunta bakuninista: ¿si la democracia es el gobierno del pueblo?
¿cuál es la parte del pueblo que entraría en la Casa
Rosada? ¿los más aptos? ¿y qué pasaría
con los menos aptos? ¿acaso lo que sucede hoy...?
La injusticia se recicla.
Gabriel
BRONCA VOLVER
Encierran, castigan,
humillan, reprimen y matan sin compasión, aíslan intentando
de esta manera destruir al individuo, tanto mental como físicamente.
Estamos inmersos en esta sociedad que promueve y legitima
esto.
¿Cómo no rebelarse?
En la cárcel de Magdalena murieron 33 presos; calcinados y asfixiados.
La arrogancia del poder no tiene límite. La policía defiende
la seguridad de la burguesía, ese ejército de mercenarios
que son reclutados, entrenados y puestos estratégicamente en la calle
para vigilar, seguir y -si es necesario- eliminar a quien no obedece las
reglas que imponen.
Viven y proliferan para el beneficio de unos pocos, a costa de la miseria
de muchos seres humanos.
Abolición del Estado.
¡Lucha por la Revolución y la Libertad!
Leti
LA POLÍTICA LUCHA VOLVER
¿Qué
es la política sino el arte de gobernar, es decir, la habilidad de
manipular y utilizar a la gente, siempre con una finalidad: la de sacar
algún tipo de provecho? En la guerra del Poder por Poder los aliados
y los enemigos ocupan lugares coyunturales; es la ley de la táctica
y la estrategia. En política se pueden sacar ojos como abrazarse,
se puede hacer de alfombra o serruchar pisos; dependerá de la oportunidad.
Para el Estado todo, o casi todo, es utilizable. Esto no justifica una posición
de abstención ante ciertas luchas en las que se trata de arrancar
algo. Más allá de la búsqueda de inclusión en
la jerarquía del reparto es en la rebelión donde late la posibilidad
y si ésta no se radicaliza, la posibilidad se trunca, o sea, se vuelve
utilizable. Tampoco significa una subestimación de los participantes,
pero hay que ser concientes de que nuestras inocencias equivalen en magnitud
a las astucias del Poder. “Inocencias” en el sentido de no entrar
en el juego de intrigas, conspiraciones y sospechas que caracterizan a la
política. Pero más allá de la voluntad y la intención
propia siempre se puede servir a la voluntad y a la intención de
quienes manejan peones.
¿No es esa la esencia de la explotación? ¿No pone la
burguesía a su disposición a todo un mundo según su
funcionalidad? Si producen y disponen a la gente para vigilantes, bufones,
filósofos, voceros, periodistas, mercenarios, gerentes, obreros,
políticos, sindicalistas, médicos, no médicos, etc.
¿no ponen también a su disposición a luchadores?.
¿Los enfrentamientos y las muertes del 20/12/01 no fueron aprovechadas,
sino directamente provocadas, para legitimar un recambio presidencial? ¿La
orden judicial que en el 2003 desalojó a las obreras de la fábrica
Brukman y que derivó en enfrentamientos contra la policía,
no fue un bondi impulsado por sectores de Menem contra Dualdhe, entonces
presidente? Y ahora, en tiempos de elecciones, ¿con qué carne
de cañón se están disparando?.
La explotación es la utilización y su consentimiento o permisión
puede ser a fuerza de necesidad: es entendible, pero no justificable, como
no lo es tampoco nuestra abstención.
A.G.
ELLOS DICEN QUE NO SABEN... VOLVER
Pero se ve desde
adentro cómo fue.
“Los hicieron mierda” se gritaba desde los techos.
Amotinados.
Se vieron en la misma situación de igualdad.
Ellos dicen
que no saben…
Corren hacia el otro lado…
lado más oscuro del ser,
el de olvidar.
“Fue una pelea entre ellos“… dicen.
Madres y familiares corren hacia los suyos,
ayudando a quienes podían,
al que salía asfixiado, calcinado…
¡los quemaron vivos!
…pero algunos respiraban
Los inadaptados que condena la sociedad (suciedad),
ahí, entre puertas cerradas
corren desenfrenados, todos,
sin importar la vida misma.
Corren hacia los gritos
por los corredores del otro pabellón
“no tiren más, hijos puta, asesinos”
buscando utensilios
para romper cualquier imposición de los muros,
buscando consolar esos gritos
desbordados por los suyos
hicieron boquetes ahí, para estar.
¡La más digna expresión de solidaridad!
Y sus caras
en los afiches están.
Posando para sus elecciones, todos;
Ellos… todos.
Puertas cerradas por ellos
Carceleros, funcionarios, directores…
¡Bastardos todos!
Se oyó
a los familiares,
madres y compañeras gritarles:
“¡los que debían estar calcinados son ustedes!”
“¡por los nuestros!”
¡Bastardos todos!
Pablo
MONTÓN VOLVER
Hay un montón
y queremos tomar de él, lo que necesitemos y no más. Es un
derecho necesario y el límite, como todo, es el de nuestra propia
capacidad. Y el derecho, es decir, la posibilidad merecida, no se pide:
se pelea. Porque el montón, además, está privado y
custodiado pero corresponde a todos, más allá de lo que cada
uno aporte a su producción. Cada uno da lo que puede y lo qué
y cómo lo dará en su momento, se verá en su momento.
Primero está la necesidad de satisfacer las necesidades, después
se verán los “deberes”. No se le puede pedir conciencia
al estómago vacío: la conciencia viene después del
atracón, cuando los corazones se contentan.
En eso confiamos; una vez desencadena y liberada de los amos, las sociedad
tenderá, no sin obstáculos, a la armonía. La necesidad
de conservación impedirá la guerra mutua y lo que prevalecerá
es el carácter sociable de los individuos. Es como sucede en la naturaleza
con la evolución de las especies: el medio favorece a quienes más
se adapten a él. El ser humano, el animal que más se acostumbra,
tenderá a ser botón en una sociedad de botones y un hombre
libre en una sociedad de libres. Más o menos, a la carrera o refrenándose,
a la larga o a la corta, las fuerzas del medio arrastran más fuerte
que la voluntad individual. Una vez ubicados todo tiende centrífugamente
hacia uno de esos extremos: los intermedios están definiéndose
constantemente.
Esto no quiere decir que la sociedad que planteamos no halla que impulsarla:
la inercia hay que vencerla y sostenerla. La anarquía no es inevitable,
de hecho la están evitando con gran efectividad: en efectivo y con
efectivos. Las cárceles no se derrumban solas, a lo sumo se erosionan
tras millares de años: no tenemos tanto tiempo.
Es necesario tomar del montón, porque hay de sobra y es mentira que
lo que sobra es gente. Es necesario; es la condición para la vida
de los que caen como moscas en este genocidio diario y sistemático,
en la agonía perpetua y la tortura sin gritos. Es necesario y por
eso, posible. Hacia eso debe apuntar todo movimiento, organización
o propaganda: a la apropiación por parte de las mayorías de
las riquezas privadas. Otra cosa es amontonar impotencias y cadáveres.
A.G.