SEPARTA: SACCO Y VANZETTI, A 80 AÑOS DEL CRIMEN
ELECCIONES
2007: VOTANDO POR UN SUEÑO
VOLVER
Un concurso de burgueses para competir por un puesto
Ni
votos, ni botas gritaban los anarquistas en las manifestaciones, y
cada tanto resurge el cantito. A los burgueses de izquierda y derecha les
parecía simpático, o mejor, políticamente pintoresco.
Incluso muchos se sumaban al entusiasmo de los anarquistas y marchaban acompañando;
después se iban a sus casas a consultar con la almohada a quién
sería mejor otorgar su voto. La polémica se instaló
hace muchos años -más de un siglo ha pasado- sobre si los
anarquistas debían participar en las elecciones aportando votos a
los candidatos de la izquierda. El argumento aún tiene vigencia:
es mejor tener un gobierno de izquierda que uno de derecha, de la misma
forma que es mejor tener un marido gritón que uno golpeador, o que
tener un trabajo mal remunerado que ser un desocupado. La dicotomía
que siempre se nos plantea puede reducirse a: si votamos a la izquierda
obtendremos un gobierno menos malo. Si no votamos favorecemos a los explotadores
y opresores, que tienen vía libre para hacer lo que quieran. Finalmente,
si debilitamos al sistema democrático promoviendo la abstención,
el vacío de poder será aprovechado por las fuerzas más
reaccionarias y sobrevendrá una nueva dictadura. Abstenerse es igual
o peor que votar a la derecha. Ese es el argumento en líneas
generales.
El inconveniente que tiene esta argumentación es que desde las premisas
con las que se plantea la cuestión, es imposible alcanzar el comunismo
anarquista, porque quedamos atrapados en un razonamiento circular: siempre
deberé seguir votando la opción menos mala, e incluso aliarme
con el gobierno, para evitar la embestida de la derecha (dictatorial o electoral).
Verdaderamente, si esas son las opciones, no tienen sentido seguir siendo
anarquista.
Pero claro, para quienes creen que la gestión política
puede resolver los problemas y encauzar al pueblo hacia la revolución
social, es un razonamiento válido. Para quienes creemos que la gestión
política y la gestión de la economía al estar separadas
del cuerpo social solo sirven para perpetuar los intereses de clase de los
explotadores y gobernantes, todo el razonamiento está viciado de
nulidad. No se puede alcanzar la libertad pidiendo cadenas y grilletes más
livianos, ergodinámicos o anatómicos. La solución está
en cortar la sujeción al poder.
Decía Malatesta en su polémica con Merlino: “Si no aspiramos
al poder, ¿por qué ayudar a quienes aspiran a él?”
La anarquía solo se alcanzará por medios anárquicos,
ya que los medios prefiguran los fines. Aunque hay quienes consideran dogmáticas
estas posturas y en nombre del “pragmatismo revolucionario”
consideran que hay que utilizar todos los medios a nuestro alcance para
conseguir los fines, aunque exista contradicción entre medios y fines
(que son lo único que cuenta, según sostienen). Lo absurdo
de esta actitud se manifiesta si planteamos las cosas desde el punto de
vista de los opresores; a ningún partidario de la dictadura se le
ocurriría fomentar la libertad con tal fin. De nuevo se demuestra
que los medios prefiguran los fines.
Dicen: “no voy a desperdiciar mi voto, voy a hacer algo útil
con él”. Y creen que así participan, cuando en realidad
dejan de participar, y creen que deciden, cuando en realidad dejan de decidir.
Los pragmáticos lo reducen todo a cuestiones tácticas y acusan
a los anarquistas abstencionistas de caer en el dogmatismo, el sectarismo,
el aislamiento y la inercia. Finalmente, terminan ellos mismos en la inacción
anulándose en “programas de mínima”, obteniendo
las migajas del banquete de la burguesía o sentándose a la
mesa para compartirlo bochornosamente.
Izquierda, derecha, Néstor, Cristina, Macri, radicales con o sin
K, marxistas-leninistas, populistas, socialistas, demócratas, policías
como Patti, sindicalistas, piqueteros, milicos y curas: todos a competir,
todos a colaborar con la democracia. Firmes junto al Estado, tomando de
la gran teta gubernamental que desde hace siglos alimenta a los parásitos.
Lobisón
Estamos
lejos de desconocer la importancia de las libertades políticas. Pero
las libertades políticas no se obtienen sino cuando el pueblo se
muestra decidido a conseguirlas; ni, una vez obtenidas, duran y tienen valor
sino cuando los gobiernos sienten que el pueblo no soportaría la
supresión de las mismas.
Acostumbrar al pueblo a delegar en otros la conquista y la defensa de sus
derechos, es el modo más seguro de dejar vía libre al arbitrio
de los gobernantes.
El parlamentarismo es mejor que el despotismo, es verdad; pero sólo
cuando representa una concesión hecha por el déspota por miedo
a lo peor.
Entre el parlamentarismo aceptado y elogiado y el despotismo sufrido por
la fuerza, con el ánimo dispuesto a la rebelión,
es mil veces mejor el despotismo.
Errico Malatesta
“LIBERTAD DE EXPRESIÓN” VOLVER
La
“libertad de expresión” o “de prensa” es
la reivindicación por la que históricamente abogó la
burguesía en su puja por adquirir un espacio; espacio que le garantizó
primero la supervivencia y luego la supremacía, ante los poderes
monárquicos bajo los cuales se había gestado. Como cuña
y como derecho cobró dimensión al tiempo que se acumulaban
las riquezas sobre las que se erigían y elevaban los mercaderes de
hombres y, en tanto, la aproximación para con la realeza y su séquito
aumentaba, los modernos escalafones del privilegio reclamaron su derecho
a voz, voto y veto. La solicitada debía ser avalada con la fuerza
por lo que el derecho, y con éste su propio beneficio, fue expuesto
por la burguesía como un atributo extensivo y natural que desbordaba
sus propios intereses y que era inherente a la condición humana,
inclusive para las masas reducidas a mercaderías. Lógicamente
el cumplimiento del derecho debía ser garantizado por quienes poseían
pleno interés en su cumplimiento y quienes, al mismo tiempo, poseían
la instrucción necesaria para tal empresa. Donde este derecho se
instauró políticamente hubo entendimiento y acuerdo diplomático
entre las partes; donde el gerenciamiento social no admitía tronos
compartidos se cortaron cabezas.
La “libertad de expresión” o “de prensa”
es sancionada constitucionalmente por los Estados como espacio posibilitador.
En tanto la dimensión y potencialidad expansiva de ese derecho -tomado
desde el patrimonio individual- depende de las posibilidades materiales,
es el mercado -el desigual acceso a las riquezas- el regulador de dicho
espacio. Esa regulación administrada por la “libertad de mercado”,
refrendada por el principio de autodeterminación concedido por el
esfuerzo y el progreso individual, otorga, a su vez, la ficción de
la libertad de acceder a la “libertad de expresión” o
“de prensa”. Pero la administración primera y última
de los derechos está regulada por la válvula de las leyes,
cuyo caudal de permisividad es proporcional a la razón (necesidad)
de Estado.
Es al Estado a quien se le dirige la solicitud de consentir el espacio de
expresión, trámite reverencial que lo reconoce -acepta- como
dispensador de gracia. Y es la oposición, planteada en términos
políticos y en inferioridad de recursos, la que apela a la gracia
concedida, que, por política y oficio, es otorgada desde el Estado
benefactor.
Ver a los espacios del derecho a la expresión sancionados constitucionalmente
como exclusiva conquista histórica de fuerzas en pugna contra la
opresión, sería ocultarlos como concesiones realizadas por
el Poder; concesiones que por tal lo retroalimentan, ya que la funcionalidad
nutre la mentalidad democrática y, con ello, la legitimación
que da consenso al Estado y al capitalismo.
Ahora que, como enemigos declarados que somos los anarquistas de la explotación
del hombre por el hombre -más allá de la forma y más
allá de la magnitud-, una situación de permisividad determinada
-coyuntural o estructural- pueda ser aprovechada para expresar nuestras
ideas de revolución social no quiere decir que necesitamos justificar
y sumarnos ideológicamente a la gracia y al permiso que los poderosos
conceden, porque sabemos, además, que dicha concesión tiene
el límite de la magnitud de la amenaza que podamos presentar o representar.
Al mismo tiempo el mecanismo del derecho de la “libertad de expresión”
anula la expresión de contenido radicalizado.
Saber que el peso y la fuerza de la cultura dominante es una corriente que
atraviesa y conforma todos los espacios sociales y que mantener una abstracción
o independencia respecto a esa marea contaminante no es cualidad de mayorías.
Saber que son las palabras -los discursos- las que manejan a la fuerza y
no a la inversa. Saber que podemos, con nuestras actitudes y expresiones,
colaborar -más allá de nuestra voluntad o intención-
reproduciendo dicha cultura desde un lugar que se le plantea antagónico.
Es decir, que desde una posición que supuestamente niega lo establecido
estaríamos afirmándolo; afirmación doble porque proviene
desde donde se refieren ideas de negación y revolución. Si
lo anti-sistémico está influido y empapado de lo sistémico
la oxigenación de éste último se potencia; la crítica
es reciclada constructivamente y la oposición asimilada como disidencia
interna.
Los conceptos -y por ende, las prácticas que se desarrollan al enarbolarlos-
de “libertad de expresión” o “libertad de prensa”
habilitan el hecho de que toda corriente tendría el derecho de expresar
sus opiniones y pareceres, y, en tanto, ese otorgamiento, habilita una igualación
de las opiniones en cuanto tales -independientemente de lo que expresen-
por el hecho común de expresarlas y por el derecho de hacerlo. Esta
igualación otorgada como derecho homologaría -por sólo
ejemplificar- las opiniones de quienes están a favor de la tortura
con las de quienes la niegan; las de los empresarios con las de quienes
son víctimas de ellos; las del carcelero con las de los presos; etc.
La relativización del contenido de lo expresado, presentada como
esencia la expresión en sí, atribuye un equivalente grado
de importancia a toda manifestación u opinión, en lo cual
todas son valorables, que es lo mismo que afirmar que todas son depreciables.
Esta igualación posee la trampa de anular los antagonismo inherentes
de una sociedad que se basa el la injusticia ya que realiza abstracción
de lo dicho al equiparar el solo hecho -y el derecho- de expresar.
Que el Vaticano, la CIA, el Opus Dei, la burguesía, los Estados -democráticos
o dictatoriales-, los militares, los políticos -de izquierda a derecha-,
el periodismo, etc, puedan expresar sus opiniones no es porque nosotros
les otorguemos el derecho de hacerlo, sino porque tienen la fuerza y los
medios para publicar y difundir sus mentiras e intereses. Que seamos anarquistas
no quiere decir que seamos democráticos...
¿Hasta donde llega la “libertad de expresión”,
por ejemplo, cuando en una huelga quieren expresar su rebeldía los
huelguistas y los que quieren socavarla y neutralizarla? Si la “libertad
de expresión” contempla y habilita a los partidarios de la
policía, o a cualquier institución -y mentalidad- policial,
para que puedan expresar los “beneficios” de tener agentes del
orden: ¿estamos por su “libertad de expresión”?
Si el Papa y los papistas llaman a la resignación y a poner la otra
mejilla: ¿les damos el derecho -el espacio- para que opinen?. Si
los partidarios de la Dictadura del proletariado, con su muy lógica
práctica de exterminar anarquistas cuando están en el Estado,
desean opinar al respecto: ¿nos callaremos gentilmente nosotros para
cederles la palabra a ellos? En esta perspectiva y ante la gravedad de la
realidad mundial: ¿toda opinión es aceptable?. Estamos convencidos,
porque tenemos una convicción que nos posiciona enfrentados a todos
los partidarios -directos o indirectos, manifiestos o disfrazados- del sometimiento,
que los tiempos y los espacios no están como para contemplar y habilitar
a los voceros e ideólogos de nuestros verdugos.
Nos preguntamos por qué existe la tan extendida creencia entre los
afines a la ideología anarquista de que resultaría ser dogmático
el hecho de ser coherente y consecuente con los principios, medios y fines
que nos definen. Nos preguntamos si semejante prejuicio no redunda en ser
la puerta de entrada para que se infiltren en nuestro “movimiento”
posturas e ideas propias del Estado y su acólitos, a solo fin de
diluir una tendencia revolucionaria en pura politiquería, tentáculo
libertario del sistema.
Si resulta autoritario, como se dice, no publicar un texto cuya posición
es afín a la autoridad, por proyección, la Revolución
Social que pretendemos, al suprimir las posiciones sociales de los detentadores
actuales de las riquezas, podría verse, también, como una
indeseable falta de respeto contra la “libertad de expresión”
de los detentadores. No es exagerado: las posturas y valores se establecen
y proyectan más allá de la magnitud del campo de aplicación.
En relación a Chávez y chavistas ¿por qué deberíamos
darle espacio a quienes reivindican -más allá del mote en
el cual se refugien- a un régimen cuya esencia represiva se manifiesta
cada día en asenso, cuando dicho régimen y sus agentes ya
poseen y controlan los medios de información de más llegada?
¿Acaso se trata de una corriente perseguida que, sin coincidir, acude
en nuestra ayuda para que le brindemos una página para expresar su
situación de perseguidos? ¿O es porque utilizan la palabra
«revolución» o «pueblo» que nos dejamos obnubilar
y omitimos las botas y los carros antidisturbios bolivarianos? ¿No
utilizaron recurrente y oportunamente las mismas palabras y tuvieron un
gran apoyo popular la mayoría de las dictaduras, desde las bolcheviques
hasta las fascistas? ¿La “libertad de expresión”
implica darle el espacio a un simpatizante de algún partido obrero
nacional socialista... alemán o venezolano?
No es una contradicción ser anarquista y publicar sólo artículos
que reflejen posturas anarquistas: es coherencia. La pluralidad se termina
cuando aparece la policía, o, para decirlo de otra forma, determinadas
pluralidades llaman a por su aparición, o, decir también,
que la policía es la garante de la pluralidad si eso le otorga un
espacio.
Habría que decir que como no toda postura o idea que circula o se
enarbola es de por sí anarquista, es necesario formarse de criterios
que nos posibiliten discernir entre lo que es y lo que no es anarquista,
por no dar espacio o expresión a nuestra propia anulación.
Esta discriminación entre posiciones y actitudes puede y debe ser
realizada desde la coherencia, desde la negación de todo principio
policial.
A.G.
MUNDO BIPOLAR VOLVER
El
mundo bipolar que concluyó con la disolución de la Unión
Soviética fue el invento más eficaz que generó el sistema
de dominación para arrinconar a la anarquía. Frente a un peligro
mayúsculo se conmina a la población a aliarse con sus enemigos,
en aras de resistir a las amenazas más perniciosas. La teoría
de los dos demonios que justificaba el accionar criminal y genocida de los
militares argentinos de la dictadura, fue una de sus expresiones más
elaboradas. El mundo bipolar trasciende las épocas y las ideologías,
porque se basa en la demonización del otro, del diferente,
de lo desconocido (o extranjero); su máxima expresión es la
caza de brujas. Aún vivimos en un mundo bipolar, porque
los poderosos necesitan un mundo bipolar, aunque éste se afirme ya
no en el muro de Berlín sino en otros, que se erigen en Israel y
a lo largo de la frontera entre EEUU y México.
Chávez dice que una Unión Soviética que contrarreste
el peso del imperialismo vuelve a ser necesaria, y le pide a la Rusia capitalista
de Putin que cumpla con ese papel; Bush es el diablo.
Bush necesita enemigos que amenacen desde las sombras a “la democracia
y a la libertad” y al estilo de vida “occidental y cristiano”,
entonces pretende justificar la aplastante opresión invasora y la
explotación de sus multinacionales, con el invento de Al Qaeda y
su maquiavélico Bin Laden.
Los fundamentalistas necesitan a los odiados EEUU para corporizar en el
imperialismo el espíritu de las cruzadas y potenciar el proyecto
de expansión islámico (si es posible con armas nucleares).
El gobierno comunista cubano pide que se levante el bloqueo norteamericano,
causa de todas sus miserias; el gobierno norteamericano reafirma el bloqueo
para acelerar la caída del régimen. En realidad, si se levantara
el bloqueo, las empresas norteamericanas negociarían directamente
con Cuba, invertirían sus dólares e inundarían la isla
de mercaderías: ambos son el demonio del otro, ambos se necesitan
para proyectar el mal en el fantasma de la amenaza externa.
La izquierda pide apoyo electoral para que la derecha no triunfe, y viceversa.
Frentes populares por la izquierda, alianzas nacionales por la derecha:
se presentan como única salida frente al peligro del otro.
El Estado democrático (o no), en ausencia de subversión interna,
genera la psicosis de la inseguridad para presentar los males generados
por la miseria capitalista como una lucha de policías buenos -protectores
de la libertad y la propiedad- contra la conspiración del crimen
organizado y también del desorganizado, legitimando la represión.
La oposición democrática al oficialismo democrático
dice que no se puede gobernar peor; el gobierno dice que la oposición
es irresponsable y la causa de todos los males anteriores a su acceso al
poder. Ambos saben que su verdadero enemigo está en otro lado, y
abrazan al fascismo o la dictadura cuando los amenaza la revolución.
Los nacionalistas en el poder (es decir, casi todos los anteriores) advierten
de los peligros externos e internos que apremian a la patria de parte de
los enemigos que bregan por su disolución: exigen un gobierno fuerte
y la pena de muerte para los traidores; los nacionalistas en la oposición
hacen exactamente lo mismo pero se diferencian de los anteriores porque
denominan a su movimiento como de liberación nacional.
Dicotomías, antagonismos, polarización de las conciencias:
izquierda-derecha, occidente-oriente, norte-sur, nación-imperio,
policías-delincuentes, patrias-antipatrias, polo positivo-polo negativo.
El mito de la conspiración mundial y la demonización del
otro (cultural y social) ocultan las verdaderas, insoslayables e irrenunciables
contradicciones del sistema de dominación y explotación: explotadores-explotados,
marginadores-marginales, ricos-pobres, represores-reprimidos, poder-revolución,
capitalismo-comunismo, Estado-Anarquía, ellos-nosotros.
Lobisón
RENOVACIÓN Y CONTINUIDAD EN LA IDEOLOGÍA ANARQUISTA VOLVER
La historia de la evolución de la ideología anarquista podría dividirse en tres etapas bastante definidas, desde las primeras formulaciones de mediados del siglo XIX hasta la actualidad. En realidad no podemos hablar de etapas con un inicio y un cierre sino más bien de configuraciones paradigmáticas -aunque lejos de las significaciones ideadas por Kuhn para la historia de la ciencia-, modelos de pensamiento predominantes en determinada época y contexto histórico, geográfico, cultural y social. Estas configuraciones paradigmáticas se corresponderían a grosso modo con aquello que Daniel Barret denomina historicidad, como propiedad de los acontecimientos y los sujetos sociales. Sin considerarlas como definitivas elucubraciones inmodificables sino más bien con un fin didáctico, estas configuraciones que ha tomado la ideología anarquista responden a discusiones que se han dado sobre tres ejes -que son, la teoría, la práctica y la ética- dentro de un contexto social singular, específico e irrepetible (o mejor, irreversible). Nos referimos a una fase formativa, una fase de madurez y una de repliegue o regresión.
Fase formativa:
En sus inicios -si soslayamos a algunos antecesores de finales del siglo XVIII- el anarquismo surgió de las proposiciones de Proudhon y otros socialistas franceses que eran refractarios a las formas de gobierno, mediante tanteos teóricos radicalizados pero poco sistematizados y a veces incoherentes. Las ideas de federalismo, socialización de la propiedad privada y de mutualismo eran predominantes, y respondían a los tres principios básicos que estructurarán a toda la ideología anarquista en ciernes: libertad, igualdad y solidaridad, herencia revolucionaria de 1789. Luego del fracaso de la Primera Internacional, van a ser las ideas de Mijail Bakunin las que cincelarán esta primera etapa constitutiva. En Bakunin son claramente distinguibles las primeras formulaciones éticas entre los fines y los medios para conseguirlos, cuando proclama que no se puede concebir al comunismo manteniendo la forma estatal, ni tampoco utilizar formas autoritarias para alcanzar la libertad, enfrentándose abiertamente con el socialismo cientificista y autoritario de Karl Marx. Además, las reflexiones dialécticas de Bakunin sobre la libertad son de un nivel superlativo y superadoras del individualismo y el liberalismo, al considerar la libertad colectiva como la única forma posible de realización de la libertad de la persona individual. En lo económico y social afirma el colectivismo como teoría más evolucionada que el mutualismo, mientras el federalismo se consolida como forma organizativa. El anarquismo es una ideología con bases heterogéneas pero firmes, y con una identidad que se demarca y constituye en la lucha social.
Fase de madurez:
Luego del fracaso de la Primera Internacional y la masacre de la Comuna de París, hubo un repliegue del anarquismo a posiciones algo sectarias, cuya manifestación más profunda se conoció como propaganda por el hecho. La social democracia marxista estaba en auge, pero sus actitudes reformistas y colaboracionistas no inquietaban a los poderosos y comenzaban a asquear al proletariado. En este contexto, y con el resurgimiento masivo de la actividad sindical, el anarquismo vuelve a tomar brillo y se produce la etapa más prolífica en lo que respecta a la producción teórica con la elaboración del comunismo anárquico, a las formulaciones éticas más desarrolladas y a la consolidación de un modelo práctico organizativo -ajustado a una realidad de luchas sociales- basado en el sindicalismo. Los dos grandes pensadores del anarquismo de aquellos años fueron Kropotkin y Malatesta, con una caravana de pensadores no tan influyentes, aunque no menos brillantes: Luigi Fabbri, Pietro Gori, Emma Goldman, Alexander Berkman, Rudolf Rocker, Ricardo Mella, Abad de Santillán, Gustav Landauer, Max Nettlau, etc. Esta fue la era del anarcosindicalismo, con gremios y confederaciones sindicales anarquistas rebosantes de trabajadores, con presencia en todas las naciones del mundo. Lo más destacable era que el anarquismo producía la ideología socialmente, porque sus actores eran hombres y mujeres del pueblo. El anarquismo no era una ideología externa (o extraña) al cuerpo social -y por supuesto que no era la única- sino que ésta surgía de la propia sociedad, de los bajos estratos sociales, de los sectores trabajadores (artesanos, rurales, obreros, terciarios). La victoria bolchevique en Rusia, las transformaciones del capitalismo liberal al keynesianismo, el surgimiento del Estado Benefactor y el surgimiento del totalitarismo (Rusia, Italia y Alemania) fueron duros golpes y cambios que no fueron fáciles de asimilar y perjudicaron profundamente al movimiento internacional. La cúspide de este modelo se alcanzó durante la revolución española, donde dio lo mejor de sí demostrando la riqueza de su viabilidad hasta que fue desmontado primero por los propios agentes estalinistas y republicanos, y a la postre por las balas de los fascistas.
Fase de repliegue:
Finalmente,
la última configuración ideológica del anarquismo se
plantea como respuesta al retroceso que se experimenta en todo el movimiento
anarquista internacional, que después de la Segunda Guerra Mundial
fue una sombra de décadas anteriores, aunque con esporádicos
resurgimientos. Este nuevo paradigma que surge no presenta casi innovaciones
en el aspecto teórico, aunque sí en el plano organizativo
basándose en la conformación de agrupaciones anarquistas específicas,
organizadas como federaciones. La fragmentación del paradigma anarcosindicalista
en federaciones específicas provocó serias discusiones
al interior del movimiento, que no vienen al caso. Las federaciones anarquistas
-posteriormente afiliadas en la IFA- se expandieron, aunque nunca lograron
revitalizar al movimiento, salvo excepciones regionales.
El mundo bipolar, la revolución cubana, el Estado benefactor, el
sindicalismo totalmente burocratizado e integrado, la sociedad de consumo,
la preponderancia de los nuevos medios de comunicación y el surgimiento
de las clases medias fueron cambios que el anarquismo no pudo digerir con
rapidez y responder desde lo ideológico durante los ‘50 y ‘60.
Al mismo tiempo, muchos jóvenes anarquistas eran seducidos por los
modelos victoriosos de la izquierda revolucionaria que florecían
bajo el influjo de la revolución cubana, la cual recibió apoyos
críticos y apoyos explícitos de más de
una agrupación anarquista. Fue quizás la Federación
Anarquista Uruguaya la organización que más integró
las preponderantes concepciones izquierdistas al anarquismo durante los
vertiginosos años ’60 y 70, para no ver pasar la historia
por un costado, lo que ulteriormente le provocó una escisión.
La modalidad de organizaciones guerrilleras tan en boga por aquellos años
llevó a la creación del OPR-33 en Uruguay y al cercenado experimento
de Resistencia Libertaria en Argentina. Por aquel entonces, la masacre generalizada
sobre las principales agrupaciones de la guerrilla aplastó también
con su puño de hierro a estas organizaciones, que en realidad eran
un objetivo secundario de los represores debido a su menor infraestructura.
Es a partir de los ’70 que dentro del especifismo anarquista
toma breve auge lo que se conoce como plataformismo, una propuesta
autocrítica de Néstor Machno y P. Archinov de 1926 para revitalizar
al anarquismo luego de la derrota en Rusia y Ucrania. Esta propuesta, que
había sido criticada seriamente por Malatesta y Berneri, nunca se
llegó a traslucir en una organización efectiva y cayó
prácticamente en el olvido tras la muerte de sus impulsores. Es a
partir del Mayo Francés del ’68 -cuando da inicio otra primavera
anarquista europea- que se mira nuevamente hacia el plataformismo, aunque
quizás por influjo de la historia próxima con el agregado
de un sensible tinte izquierdizante, que se manifiesta además en
la admiración por los postulados organizativos e ideológicos
de la actualmente alicaída FAU. La gran contradicción del
plataformismo consiste en que critica la descontextualización de
las ideas del movimiento anarquista y su falta de “inserción
social”, pero a su vez, como sostiene Daniel Barret: lo que no
parece acertado es desligar las soluciones al dilema del contexto histórico
en el cual éste se inscribe actualmente y, en su lugar, vincularlas
a algunos principios abstractos extraídos de la evaluación
crítica de una derrota revolucionaria ocurrida en Rusia y en 1921.
(...) Al mismo tiempo, no deja de ser ambiguo en su propio formato de presentación:
el “plataformismo” se presenta en América Latina como
una corriente renovadora y que apunta a resolver los problemas político-prácticos
a los que se ha enfrentado el movimiento anarquista, pero, al mismo tiempo,
lo hace sobre la base de un respaldo doctrinario que sólo puede encontrar
su justificación y su sustento en un escenario histórico que,
definitivamente, ya no es el nuestro. (en el folleto “Los
sediciosos despertares de la anarquía”).
Renovación ideológica del anarquismo
La
caída del muro de Berlín y la Unión Soviética,
abrieron la era de la globalización, el postmodernismo, el calentamiento
global y el universo cultural, social y político fragmentado -caleidoscópico-
del presente. Lejos de aplastar al anarquismo bajo una pila de ladrillos
-como ocurrió con buena parte del marxismo- estos acontecimientos
históricos parecen anunciar una nueva realidad, o como diría
Barret, una nueva historicidad concreta, singular, propia.
La actual fragmentación del anarquismo es también reflejo
de esa historicidad, de ese contexto donde los movimientos sociales se han
atomizado, donde las distinciones entre las clases sociales (sin haber desaparecido)
se tornan más anónimas, nebulosas y ambiguas, dificultando
tanto el análisis teórico como la propia identificación
clasista de los explotados y oprimidos.
Aunque no todo lo sólido se desvanece en el aire. Si bien
las nuevas proposiciones teórico-prácticas que van surgiendo
desde el anarquismo están lejos de cerrarse en un prototipo homogéneo,
un paradigma ideológico renovado y vital parece estar tomando cuerpo.
Muchas de las proposiciones aparentan ser de escaso vuelo y producto de
la moda más que del medio en que se generaron, como es el caso del
primitivismo de Zerzan, el animalismo y gran parte de lo que se conoce como
post-anarquismo, que no es otra cosa que la incorporación de la crítica
posmoderna al anarquismo. Las propuestas más novedosas y beligerantes
-a pesar de sus limitaciones- han sido las que surgieron dentro de la corriente
insurreccionalista, los movimientos anticarcelarios y
los movimientos anarquistas contra la globalización, así como
muchos proyectos que impulsan un anarquismo sin adjetivos, haciendo
un rescate y una relectura de los clásicos desde el presente. Dentro
de estos últimos proyectos podríamos incluir tanto las ideas
de David Graeber como las de Daniel Barret, que procuran una renovación
teórica sin auxiliarse en ideologías foráneas aunque
sin privarse de incorporar nuevos criterios y conceptos provenientes de
las ciencias sociales o de la reflexión filosófica de corte
libertario. El caso del insurreccionalismo, en cambio, responde más
a una reacción circunstancial crítica frente al anquilosamiento
y burocratización de las tradicionales estructuras organizativas
anarquistas europeas, que si bien motivó algunos replanteos interesantes,
pareciera que su limitación principal consiste en cierta anemia teórica
deliberada, supuestamente resuelta en beneficio de una práctica más
activa y radicalizada.
Estamos frente a las puertas de un nuevo paradigma que se abre para los
anarquistas, lo que conducirá a no pocas discusiones, debates y disputas
hacia el seno del movimiento. Una nueva configuración que de
cuenta de la diversidad del presente, sin diluirse en esa diversidad sino
impregnándose de la realidad, imbricándose en la problemática
social y formando parte de ella. Un anarquismo producido socialmente,
mejor que planeado -como suelen hacerlo los plataformistas- desde la inserción
social (siempre externa a los sujetos sociales).
Ha llegado el momento de poner fin al retroceso que desde hace dos generaciones
venimos padeciendo. Cuando se trata de volver a empezar es saludable volver
a las fuentes, a la heterogeneidad revolucionaria, al desorden creador,
a la búsqueda de justicia como fuerza impulsora, a los principios
de ayuda mutua y a la renovación que puede encontrarse en los clásicos
del anarquismo. Muchos piensan que no se pueden encontrar soluciones para
los problemas del presente en la lectura de Bakunin, Kropotkin, Proudhon,
Landauer, Malatesta o Fabbri, y es una gran verdad. Lo que es un grave error
es pretender que los clásicos han perdido vigencia porque hablan
de generalidades, porque impulsan la lucha por la libertad, contra el Estado
y el Capital renegando del carácter revolucionario de la gestión
política. Los clásicos no sirven para resolver problemas o
encontrar las respuestas a un presente siempre incierto, sino que más
bien sirven para plantearnos preguntas y problemas; sirven como parámetro,
como fermento o como guía para las ideas y las acciones presentes.
Es vital, entonces, no desechar el pasado sino resignificarlo, leerlo desde
nuestra propia realidad singular, propia y en tiempo presente. No se trata
de proscribir al anarcosindicalismo o a las organizaciones específicas,
sino repensarlos sin sobredimensionarlos, atendiendo al contexto histórico,
geográfico y social. No es lo mismo, por ejemplo, la realidad de
la CNT y la FAI españolas que la de la FORA y la FLA argentinas,
ambas últimas con un pasado notorio y un presente precario. Sin desechar
para nada el sistema de organización federativo, se hace necesario
su reacomodación y actualización a las necesidades del movimiento
social.
La organización en redes y los mecanismos de toma de decisiones
El
anarquista uruguayo Daniel Barret propone que los anarquistas adoptemos
la modalidad de organizarnos en forma de redes para rellenar muchos de los
huecos que presenta el movimiento en su imbricación social para así
revitalizarlo.
Una red es una estructura social que relaciona elementos -llamados nodos
en la jerga especializada- de iguales características y de forma
no jerárquica. Si bien no compartimos el optimismo al estilo kropotkiniano
de Daniel Barret ya que también existen redes autoorganizadas nada
igualitarias y concentradas en unos pocos nodos(1), en cambio, sí
compartimos su propuesta en general como un ideal al que se hace necesario
tender puentes. Incluso las propias federaciones anarquistas y anarcosindicalistas
pueden pensarse de otra forma, atenuando el centralismo y la despersonalización
que muchas veces termina imponiéndose. Imaginemos a decenas o a cientos
de organizaciones anarquistas vinculadas en red por sus afinidades ideológicas,
territoriales, temáticas, identitarias o interrelacionadas de diversas
y cambiantes formas, basadas en acuerdos libres y solidarios, prefigurando
la sociedad anarquista. Se pueden construir redes de publicaciones ácratas,
de intercambio de información, de sociedades de resistencia, de autodefensa
y solidaridad, de individualidades cuando no existan agrupaciones suficientes
como para organizar una red en base a una afinidad o necesidad determinada.
Incluso las federaciones organizadas de abajo arriba de cuño clásico
pueden estar atravesadas por estas redes.
Sin pasarnos al bando de los ortodoxos de la novedad -como solía
decir Amanecer Fiorito- estas organizaciones reticulares no son algo tan
novedoso como pueda suponerse. El propio Kropotkin definía la sociedad
anarquista -en un artículo escrito para la Enciclopedia Británica-
como un conjunto de asociaciones voluntarias que “representarían
una red entretejida, compuesta de una infinita variedad de grupos
y federaciones de todos los tamaños y grados, locales, regionales,
nacionales e internacionales, temporales o más o menos permanentes,
para todos los objetivos posibles: producción, consumo e intercambio,
comunicaciones, servicios sanitarios, educación, protección
mutua, defensa del territorio, etc.; y, por otra parte para la satisfacción
de un número creciente de necesidades científicas, artísticas,
literarias y de relación social” (cursivas nuestras).
Por otro lado, si hay una propiedad que tienen todas las redes en general
es que cuando aumenta la interconectividad entre los nodos (ya sean individuos
o colectivos), más fuertes e indestructibles se tornan y la información
fluye ostensiblemente más rápido. Contradiciendo lo que presuponen
los cultores del organizacionismo, que apelan a la unidad y a la disciplina
haciendo de la organización un todo superador, las redes no son precisamente
de baja operatividad, ni lentas de reflejos, sino más bien todo lo
contrario(2). Superan con creces la pretensión de muchas organizaciones
anarquistas de abarcarlo todo en una única organización mediante
frentes o comisiones de trabajo, ya que las redes relacionan entre sí
a individuos o grupos con afinidades comunes pero también se vinculan
con otras redes, debido a que una persona o un grupo -un nodo- puede tener
intereses y necesidades diversas. Una organización con perspectivas
de proyección nacional -al estilo de las agrupaciones de izquierda
o de muchas anarquistas- no puede conformarse como una red, por
más que declame serlo. Las redes presentan otras propiedades singulares
y conforman un modelo organizativo diferente, por derecho propio.
Dentro de este contexto complejo de exuberancia organizativa, también
la discusión de las modalidades en la toma de decisiones necesita
un replanteo. Dejando de lado toda forma representativa contradictoria con
el anarquismo, y dentro de los parámetros de la acción directa
(sin intermediarios) existen dos modalidades básicas: la toma de
decisiones por consenso y la toma de decisiones por mayoría mediante
el voto.
Digamos primeramente que “el consenso es a menudo malinterpretado.
Se oyen muchas veces críticas que afirman que causaría una
conformidad sofocante, pero casi nunca son críticas formuladas por
alguien que haya observado realmente un proceso de consenso en acción
(…) En lugar de eso, el objetivo del proceso de consenso es permitir
a un grupo decidir un curso de acción común. En lugar de votar
propuestas de arriba abajo, se trabajan las propuestas y se vuelven a revisar
o reinventar, hay un proceso de compromiso y de síntesis, hasta que
se llega a algo que todo el mundo puede aceptar”(3). Finalmente, cuando
llega el momento de obtener el consenso existen dos clases de objeciones
posibles de los integrantes del colectivo deliberante: a) apartarse y no
participar, pero sin impedir que se lleve a cabo la actividad; b) bloquear
la propuesta (vetarla) si siente que contradice los principios constituyentes
del grupo o sus finalidades, poniéndose en contra de la voluntad
del colectivo. Cuando un bloqueo es injustificado o responde a caprichos
individuales, también existen métodos de neutralizarlos, consensuados
previamente. Además, la búsqueda del consenso limita la presentación
de propuestas ante grupos demasiado numerosos innecesariamente, resolviendo
eficazmente conflictos internos de integración y de participación.
El método de voto a mano alzada para la toma de decisiones ha sido
utilizado tradicionalmente en asambleas soberanas (generalmente haciendo
énfasis en el derecho de las minorías) por muchas organizaciones
anarquistas, en organizaciones al estilo de los soviet rusos o de las colectividades
de la España revolucionaria. En circunstancias excepcionales o cuando
las urgencias y las necesidades obliguen, puede ser más expeditivo
o ágil este método tradicional que la búsqueda de consenso,
pero también se cae en el peligro de la manipulación por parte
de sujetos abusivos o de aparatos autoritarios durante una toma de decisiones
apresurada.
Los límites de la renovación ideológica
Quizás
las controversias mayores entre los anarquistas tengan lugar al momento
de considerar qué y cuánto es lo que hay
que modificar y en qué punto los cambios deberán detenerse
antes de que la ideología anarquista pierda su propia esencia y su
contenido radicalizado. Quizás, las claves para las respuestas residan
en las finalidades que nos proponemos al plantearnos una renovación
ideológica: la necesidad de impulsar una revolución social,
radicalizar el enfrentamiento con el sistema, abarcar una mayor incidencia
en las luchas, afinar nuestra crítica al capitalismo y elaborar propuestas
de acción coherentes, etc. Lo más probable es que no haya
que cambiar tanto, ni tan poco.
Es decir, los cambios no se darán al nivel de los principios, ni
de las finalidades anárquicas o de nuestros anhelos de justicia.
Las innovaciones tendrán que potenciar la ideología,
no diluirla en anarco-pacifismo, anarco-ecologismo, anarco-individualismo
u otras denominaciones propensas a disolver el contenido revolucionario
de la idea en un progresismo de ocasión.
Vamos a intentar elaborar un ordenamiento provisorio de cómo estaría
constituida la ideología anarquista -sin pretender otorgarle una
validez universal, sino más bien con un propósito didáctico-
basándonos en tres ejes integrados que son la teoría, la práctica
y la ética libertarias.
Consideremos entonces a la ideología anarquista como un conjunto
de ideas, tendientes a la destrucción del sistema de dominación
y explotación (cualquiera sea éste) para establecer una sociedad
libre, igualitaria, justa, solidaria, sin gobernantes, ni explotadores,
ni estructuras de dominación. Todo este conjunto de ideas va a estar
atravesado por las tres ideas-fuerza o principios fundamentales del anarquismo:
libertad, igualdad y solidaridad. Estos principios llevados a su máxima
expresión conforman la columna vertebral de la ideología anarquista.
En rigor, estos principios no pueden ser tomados como ideas delimitadas
y desvinculadas entre sí, sino como una matriz sobre la que se va
a cimentar todo el edificio ideológico anarquista. La libertad no
puede ser entendida sino como libertad solidaria o como libertad
igualitaria (sin distinciones de rango, clase, género, etc.)
Una Igualdad insolidaria se nos figura prácticamente inconcebible
y una sociedad igualitaria sin libertad se traduce en la opresión
del colectivo social -en verdad de una burocracia- sobre las personas. En
este sentido, los principios anarquistas son inmodificables, irrenunciables
e innegociables porque de ellos se nutren todas nuestras aspiraciones de
justicia, la crítica radicalizada, la rebelión frente al opresor
y el carácter socialista del movimiento. Toda la teoría, la
práctica y la ética libertarias van a estar definidos por
estas ideas-fuerza, sin las cuales el anarquismo se desdibujaría
y perdería la radicalidad de su propuesta.
Veamos ahora a la ideología anarquista desde una perspectiva más
sistemática, es decir, desde los tres ejes anteriormente mencionados:
ética, teoría y práctica. Si bien lo más sensato
quizás hubiera sido no considerar a la ética anarquista por
separado de la práctica y la teoría, consideramos este aspecto
tan importante y determinante para los anarquistas que creemos que -al menos
en nuestro caso- merece una consideración especial.
Como bien señala David Graeber “el anarquismo ha tendido a
ser un discurso ético sobre la práctica revolucionaria”,
aunque nosotros también consideramos que los aspectos teóricos
han sido formulados en base a esta ética, la cual funcionaría
como la argamasa que une las teorías y las prácticas anarquistas.
La ética discurre sobre los postulados sobre los que se basa la acción
moral, entendiendo por moral un conjunto de valores y normas. El discurso
ético procura adecuar los principios morales de un cierto grupo a
un determinado proyecto de sociedad (el comunismo anarquista en nuestro
caso). La ética se enfoca sobre las acciones humanas, elabora juicios
y normas sobre aquellos aspectos de los actos humanos que se consideran
como buenos, malos, correctos, incorrectos,
etc.; nos indica sobre cómo debemos actuar. Un juicio ético
inevitablemente conlleva una valoración.
En un sentido moral general, la aspiración básica de los anarquistas
es la implantación de la justicia en la sociedad, entendida como
la consecución de la anarquía. Aunque quizás el precepto
ético que más caracteriza a los anarquistas sea el de que
el fin no justifica los medios, proposición completamente
antitética a la célebre sentencia maquiavélica. En
absoluto responde a un cierto lirismo filosófico o utopismo carente
de eficacia -como le reprochan algunos que subsumen los valores morales
a los resultados- sino que presenta un consistente fundamentación:
los medios deben prefigurar los fines porque el fin es inalcanzable
fuera de estos métodos. De allí el rechazo anarquista
de la política entendida como técnica de la gestión
de la sociedad por especialistas (en verdad, tanto la política como
la economía no tienen un carácter autónomo a la sociedad).
La gestión política no transforma al capitalismo, como quieren
los “anarquistas” que suelen conceder su apoyo crítico
a los “gobiernos revolucionarios”, sino que lo renueva, lo recompone.
Es por eso que todos los experimentos socialistas han fracasado -o van en
camino a fracasar- y son reemplazados por un capitalismo voraz y febril
que arrasa con poblaciones que están inermes frente a los nuevos
explotadores: porque desde el Estado (el gestor político por excelencia)
les han sido arrebatadas todas las formas de autogestión, autonomía,
capacidad de decisión sobre sus propios asuntos, además del
disciplinamiento y alienación a los que han sido sometidos por décadas.
Con otras palabras que las expresadas por Malatesta, por fuera del método,
aunque se triunfe momentáneamente, termina fortaleciéndose
el sistema.
Otro precepto ético anarquista fundamental es el valor de la solidaridad
y el apoyo mutuo como guía de la acción, temática que
ha sido ampliamente desarrollada por Kropotkin en varias de sus obras. Aquello
que es bueno (o no es dañino) para el conjunto social, es bueno para
los individuos. Aquello que es bueno para el individuo y no perjudica al
conjunto social, también es valorado éticamente de forma positiva.
Al igual que las ideas-fuerzas que atraviesan a todo el cuerpo ideológico,
consideramos que es imposible modificar estos preceptos éticos sin
alterar la esencia del anarquismo, despojándolo de su contenido revolucionario
y su potencial transformador. No es posible adherir a posturas que hagan
prevalecer la eficacia, la especulación, la eficiencia o el oportunismo
maquiavélico por sobre el comportamiento ético libertario,
sin caer a su vez en el colaboracionismo, la intriga política, el
acceso a posiciones de poder y en último caso, el traspaso al bando
reaccionario del enemigo.
Existen en cambio otras valoraciones éticas que se relacionan más
con las costumbres o la cultura de una época, y están mucho
más propensas a modificaciones, ya que no son esenciales a la consistencia
del edificio ideológico. Valoraciones acerca de la violencia como
indeseable (pero como también necesaria), el consumo de alcohol o
drogas, el vegetarianismo, el animalismo o el respeto por la naturaleza,
no modifican necesariamente la esencia revolucionaria del anarquismo. En
cambio, sí son esenciales valoraciones éticas contra
la discriminación sexual, la sexualidad, el maltrato infantil, el
racismo; preceptos cuya violación implica, por lo menos, la negación
de los principios de igualdad y de solidaridad integral humana del anarquismo.
Estas valoraciones tampoco deberían ser modificadas.
Es sin duda en los aspectos teóricos donde habrá que impulsar
las innovaciones más drásticas, y como consecuencia también
habrá que hacerlo con las prácticas. Entendemos por teoría
un sistema coherente e interrelacionado de ideas (observaciones, supuestos,
razonamientos y explicaciones) que constituyen un modelo (o un mapa) de
la realidad (social, para nuestro caso). No nos referimos aquí a
teorías científicas (o con pretensión de serlo) sino
a explicaciones coherentes que no desatiendan una base científica
o, por lo menos, que no sean anticientíficas (o de tipo dogmático-religioso).
Si la realidad evoluciona, es decir, si el capitalismo y el Estado han cambiado,
sin duda las teorías que los explican deberán modificarse
consecuentemente. El mundo no es una realidad estática, sino plena
de dinamismo de la que no pueden dar cuenta los dogmatismos y los esquemas
rígidos. Un análisis basado en clases del siglo XIX deberá
ser sustancialmente diferente de uno del siglo XXI, porque la relación
entre las clases sociales se ha modificado. Lo cual no quiere decir que
una perspectiva desde la clase obrera haya perdido vigencia, sino que debería
ser reformulada y enriquecida con otras perspectivas. El papel de la clase
obrera como organizador epistémico se ha restringido severamente
y los sujetos sociales revolucionarios de la actualidad son variados y muchas
veces ni siquiera conforman una clase.
Nuevos análisis sobre el moderno rol del Estado, discusiones sobre
concepciones como Poder -que el postmodernismo foucaultiano ha
resignificado resbaladizamente-, replantear las contradicciones entre la
Sociedad y el Estado, entre los explotados y los capitalistas, realizar
análisis que den cuenta de las modificaciones estructurales y coyunturales
del capital, entre otras propuestas, habrán de ser ineludibles. Por
ejemplo, sabemos que el papel del Estado liberal de 1880 ha sido muy diferente
de aquel de mitad del siglo XX, y éste lo es del actual; o que un
mundo bipolar requiere teorizaciones diferentes a las de un mundo globalizado
y unipolar. Por supuesto que cualquier hipótesis acerca del Estado
deberá enfocarse hacia la explicación y la comprensión
de su papel como instrumento de dominación (y explotación)
para poder lograr su extirpación del cuerpo social. Porque el
Estado no ha dejado de ser lo que siempre fue esencialmente: la negación
de la humanidad. Es decir, aunque suene reiterativo, creemos que es
necesario innovar en aspectos teóricos para potenciar al anarquismo;
no para reducirlo a un ideal futuro residente en el remoto horizonte de
las Utopías y entonces permitirnos colaborar obscenamente con los
poderosos.
En los aspectos prácticos habrá también mucho que discutir
y repensar, siempre dentro de un marco ético anarquista. Debatir
sobre cuales son las posibilidades revolucionarias del anarcosindicalismo
en el presente4 o de los diversos movimientos populares, son cuestiones
que ameritan un análisis, aunque estas discusiones ya se están
dando enhorabuena. Teniendo presente que los aspectos prácticos de
la ideología se refieren principalmente a las formas de organización,
a los métodos de acción directa y a los mecanismos en la toma
de decisiones, temáticas como sobre las que reflexionan Daniel Barret
y David Graeber habrán de ser consideradas con la seriedad que merecen.
Elaborar mecanismos de consenso, profundizar el carácter prefigurativo,
autogestionario y autónomo de las organizaciones; proponer nuevas
formas de enfrentamiento para radicalizar la lucha sindical; replantear
la necesidad de constituir sociedades de resistencia con finalidad anarquista;
diversificar las formas de organización (consejos, ateneos, asambleas
populares, asociaciones comunales, gremios y sociedades de resistencia de
oficios varios); enriquecer las vinculaciones entre las agrupaciones anarquistas
mediante mutualidades, redes y federaciones, basadas en acuerdos voluntarios
y revocables, reuniéndose no por compulsión o apelando a un
desgastado llamamiento a la unidad, sino por inclinaciones y afinidades
comunes. Estos son algunos de los temas que habremos de considerar el conjunto
de los anarquistas.
*****
Quienes hayan llegado hasta aquí habrán notado que no hemos
sugerido ninguna propuesta sino que hemos expresado la necesidad de considerar
asuntos concretos como los propuestos por Barret y Graeber, que están
lejos de ser considerados como cerrados. Muy por el contrario, si bien no
concordamos completamente con las proposiciones de ambos, consideramos que
es necesario ponerlas en la palestra, difundirlas y discutirlas por el surgente
movimiento anarquista. La puesta en práctica de los proyectos y la
realización de experiencias concretas, además del debate fraterno
y el entendimiento colectivo serán, en definitiva, el tamiz que apartará
la paja del trigo. Todo sea por dotar a la ideología anarquista de
armas, para alcanzar la libertad.
Patrick Rossineri
(1)
Según la terminología de Paul Baran, podemos distinguir entre
redes distribuidas, descentralizadas y centralizadas, clasificación
casi coincidente con la de Albert Barabasi (redes aleatorias, clusterizadas
y libres de escala). Cuando hablamos de organizarnos en redes es a las redes
distribuidas y a las descentralizadas a las que nos estamos refiriendo.
En las redes distribuidas predomina la reciprocidad entre los nodos (tienden
a ser más simétricas), mientras que en las redes descentralizadas
predomina la redistribución (tienden a ser asimétricas y constituirían
una red compuesta de redes más pequeñas). Las redes centralizadas
o scale free networks, descubiertas y estudiadas por Barabasi recientemente,
no tendrían forma de implementación en un modelo organizativo
anarquista, al menos es lo que nos dice el sentido común. La mejor
bibliografía sobre el tema indudablemente es Linked de Barabasi.
(2) Sin sugerir tomarlos como ejemplos en absoluto, Al-Qaeda presenta una
estructura de red, al igual que muchas organizaciones dedicadas al narcotráfico;
y no se puede decir que son inoperantes, ineficientes o fáciles de
desarticular, en rigor a la verdad.
(3) El anarquismo, o el movimiento revolucionario del siglo XXI;
por David Graeber y Andrej Grubacic.
(4) Cuando hablamos de replanteos sobre el anarcosindicalismo descartamos
de plano cualquier tipo de colaboracionismo, como el que abrazó
la CGT española en nombre de un anarcosindicalismo espurio: subvenciones
estatales, elecciones sindicales, dirigentes sindicales que dejan su puesto
de trabajo y hacen política, reformismo, burocratismo, aceptación
de personal de seguridad en los sindicatos y todos los vicios del sindicalismo
burgués-estatista que se ha apropiado de esta herramienta de lucha
del proletariado.
UNA EXPLORACIÓN DE NUEVOS MODELOS ORGANIZATIVOS VOLVER
(...)
¿qué cosas son esas redes de las que tanto se habla de un
tiempo a esta parte? Digamos, en primera instancia, que constituyen un
inédito modelo de relaciones que no sólo se ha encargado de
romper con las estructuras jerárquicas y autoritarias sino que amenaza
o promete también diluir al máximo los riesgos de burocratizaciones
impremeditadas, de participaciones recortadas y de indeseables concentraciones
informativas. De tal modo, puede concluirse rápidamente
y sin devanarse demasiado los sesos que un partido político pensado
y construido para ejercer el gobierno, ahora o en cualquier momento, difícilmente
pueda constituirse alguna vez en tanto red; por lo menos mientras no renuncie
expresamente a esa inmanencia fundamental que lo vincula, interna y externamente,
al ejercicio real o intuido del poder. Tampoco puede ser una red una institución
de enseñanza concebida sobre la base de distribuciones asimétricas
y estratificadas del saber que se reputan como permanentes. Mucho menos
aún podría serlo una unidad productiva donde el derecho de
decisión se funda en la propiedad accionaria o se delega a una élite
gerencial especializada ni tampoco un cuerpo armado cuya existencia reposa
sobre los criterios de mando y obediencia, disciplina y verticalidad. Porque
si algo instituyen las redes a punto de partida es la posibilidad efectiva
y no mediatizada de realizar del modo que sea un cierto principio de igualdad
comunicativa y de hacerlo en todas las direcciones que las fuentes emisoras
de mensajes y de símbolos resuelvan explorar; sin que los
mismos sean reputados a priori como verdades, como órdenes o tan
siquiera como presiones morales frente a las cuales abdicar. Las redes se
despliegan en el espacio y en el tiempo -tantos espacios y tantos tiempos
como se desee-, son una trama de puntos y de líneas que se mueven
en todos los sentidos concebibles, carecen de centros y apenas si admiten
la formación de ciertos nodos episódicamente densos y constituídos
alrededor de afinidades e intensidades perfectamente reversibles y modificables.
Seguramente no hemos encontrado la piedra filosofal y no se trata, por cierto,
de glorificar las redes ni de volverlas excluyentes ni de atribuirles propiedades
mágicas que obviamente no poseen sino tan sólo de aprovecharlas
como recursos privilegiados de participación y de evaporación
o imposibilidad de toda autoridad central.
Pero hemos hablado antes de redes provisorias, superpuestas y de
prioridades intercambiables. ¿Qué quiere decir exactamente
esto? Las redes son proteiformes y pueden ser en algunas de sus densificaciones
una asamblea, en otras una campaña, más acá una concentración
urbana y en ciertas partes también una federación; simultánea
y/o sucesivamente y luego de la aceptación indudable de que las transgresiones
y las rupturas, al igual que la vida misma, renuncian al aliento de lo inmutable
y de lo eterno. Las redes admiten y hacen posible que individuos y grupos
puedan estar en más de un “lugar” a la vez, echar sólidas
raíces en el terreno, engrosando el espesor de vínculos localizados,
y al mismo tiempo conectarse, a través de sus identidades comunes
o sus temáticas preferidas, con sus iguales del ancho mundo. Las
redes son modulares y pueden adaptarse con mayor rapidez y flexibilidad
que cualquier otra estructura a casi toda exigencia circunstancial. Dadas
estas características, las redes tienden a carecer de controles
internos, de vetos, de censuras, de selecciones normalizadoras y de interrupciones
circulatorias al tiempo que sus mallas experimentan un rechazo alérgico
por las coordinaciones que rápidamente se vuelven vitalicias, por
los productores monopólicos de ideologías y consignas, por
los administradores de bendiciones y anatemas, por los caudillos o por los
centros de gravedad que prestamente se sirven de la concentración
informativa de que hayan conseguido proveerse. Como ya lo hemos
insinuado, las redes rompen también con las formas tradicionales
de manejo del espacio y del tiempo y, así, ponen en cuestión
y en estado de impugnación inmediata las estrategias de dominación
que sólo saben operar luego de haber instituído una disposición
convencional de los mismos. La conspiración de clarividentes auto-proclamados
como tales ya lo sabe: las primeras manifestaciones de rechazo al nuevo
“orden mundial”, las primeras repulsas y los primeros frenos
no fueron mandatos emanados de ningún Comité Central sino
una circulación de sentidos, de informaciones y de ideas -a la vez
silenciosos y estridentes- a través de las anastomosis capilares
de este nuevo tejido subversivo; un tejido sin personería jurídica,
sin gerenciamiento técnico especializado y sin derechos de autor;
un tejido que es vocacionalmente ilegal y clandestino y que, toda vez que
consiga constituirse a sí mismo según estas pautas, habrá
conseguido ganar su primera batalla de contra-poder.
Un nuevo modelo organizativo, entonces, asentado en redes provisorias, superpuestas
y de prioridades intercambiables; en una proyección que se reclama
a sí misma, simultáneamente, tanto en los planos locales como
en los internacionales y en su imbricación con los movimientos sociales
y sus luchas. Un modelo, además, que tanto por su forma como por
sus menesteres se reclama como garantía -quizás la única
garantía- de unidad del movimiento y no necesita de ni se enriquece
con vanguardias internas ni centros iluminados ni columnas vertebrales.
Si ésta es una de las condiciones que nos impone nuestra presente
historicidad -como creemos que efectivamente lo es- habrá que decir,
entonces, enfáticamente, que los modelos de organización
y acción propios del anarquismo clásico y del anarquismo de
transición ya no se ajustan enteramente a las demandas de nuestro
tiempo y ya no pueden aspirar razonablemente a expresar esa exuberante fauna
de movimientos sociales y de luchas ni cuentan con el grado de “globalización”
requerida ni pueden funcionar estrictamente en tanto redes. Esto
es así en la misma medida que uno y otro fueron elaboraciones y respuestas
apropiadas a escenarios históricamente concretos y a problemáticas
que ya no se presentan bajo la misma forma sino que han sido objeto de alguna
que otra modificación sustancial. Por lo pronto, parece evidente
que, a diferencia de lo que ocurrió en otros períodos, ninguna
federación sindical y ninguna federación específica
en los sentidos tradicionales de estos términos puede siquiera, al
día de hoy, aproximarse con fuerza y virtualidades de incidencia
a ese tropel de identidades y ebulliciones en movimiento; así como
tampoco puede resumir y conjuntar en ningún país ni tan sólo
a la mayoría de la militancia que expresamente se siente formando
parte de una corriente cualquiera de pensamientos y prácticas anarquistas.
La conclusión provisoria que es posible extraer ahora mismo
cae por su propio peso y es que la fusión completa del movimiento
anarquista con las luchas sociales de un lugar dado y en nuestro contexto
específico de historicidad sólo es procesable a través
de formas inéditas de organización y acción que se
correspondan firmemente con tales cosas; formas que tal vez representen
un cierto giro copernicano en nuestra trayectoria y que todavía no
nos hemos sabido dar. Flagrante perogrullada quizás, pero
también constatación removedora y quizás irritante,
que choca contra costumbres bien asentadas a las que seguramente no es fácil
desterrar con meros chispazos de inspiración y buena voluntad.
Que el anarco-sindicalismo ya no se corresponde con estas nuevas exigencias
es una conclusión de por sí evidente, en tanto el mismo se
concibe organizativamente como una respuesta centrada fundamental, si no
exclusivamente, en torno a los problemas de explotación y dominación
del trabajo. Las federaciones específicas, mientras tanto, presentan
un grado de aproximación mayor con el modelo pero, aun así,
no dan enteramente la nota. Por lo pronto, las mismas prevén modalidades
de circulación que no son estrictamente reticulares sino que, según
las expresiones clásicas, se dirigen de abajo hacia arriba o de la
periferia al centro y no según un trazado multidimensional y “caótico”.
A su vez, muchas de las identidades y temáticas que actúan
como configuradoras de numerosos movimientos sociales no son incluidas como
un momento teóricamente relevante y relativamente “autónomo”
de elaboración sino que normalmente han sido reconocidas como “frentes”
o como comisiones de trabajo. Ni qué hablar, además, de las
dificultades que esas limitaciones presentan cuando se pretende trasladarlas
sin soluciones locales de base al plano internacional; lo cual habitualmente
no las resuelve sino que las amplifica.* Quizás todo esto no sea
percibido más que como una intuición, una sospecha o una vaga
sensación de malestar y de inconformismo con los logros reales de
las organizaciones anarquistas clásicas; quizás, también,
se intente contradecir o contrarrestar estas conclusiones con el inventario
de siembras y cosechas parciales que sin duda habrá que acreditarles.
Sin embargo, para nosotros, hace rato que ha llegado el momento de ir más
allá todavía; hace rato que está planteada la apropiación
plena de nuestro tiempo y la necesidad de explicar las crisis que hemos
vivido en el pasado y de conjurar enérgicamente las que con toda
probabilidad se nos presentarán en el futuro; hace rato que ha llegado
el momento de un anarquismo post-clásico, que ahora mismo habrá
que reconocer y fundar.
Daniel Barret
*Nos hemos concentrado aquí en las federaciones específicas de cuño clásico, malatestiano o, como también se las ha denominado, “de síntesis”. Si pasamos por alto la consideración de las federaciones de estilo “plataformista” es precisamente porque las dificultades de asimilación del modelo reticular son todavía mayores en este caso, donde la exigencia de “unidad táctica” actúa como límite casi natural a su adopción cabal. De todos modos, vale la pena insistir, por última vez, que nada de esto supone extender una partida de defunción a los modelos anarco-sindicalista y especificista -este último, en cualquiera de sus dos grandes variantes-, sino que los considera y subsume como territorios nodales y de mayor espesura en el contexto de las redes.
(extractado de Los Sediciosos despertares de la Anarquía)
ANAQUISMO Y TEORÍA SOCIAL VOLVER
¿Por qué hay tan pocos anarquistas en la academia?
Esta
es una pregunta oportuna porque, como filosofía política,
el anarquismo está creciendo rápidamente en la actualidad.
Los anarquistas o los movimientos de inspiración anarquista están
surgiendo por todas partes; los principios tradicionales anarquistas -autonomía,
asociación voluntaria, autoorganización, ayuda mutua, democracia
directa- se encuentran desde las bases organizativas del movimiento contra
la globalización, hasta en cualquiera de los movimientos radicales
de cualquier lugar. Los revolucionarios de México, Argentina, India
y otras partes cada vez más han ido abandonado el pronunciarse a
favor de la toma del poder y han comenzado a formular ideas radicalmente
diferentes acerca de lo que significa una revolución. Es cierto que
en realidad la mayoría son reacios a adoptar la denominación
de “anarquista”. Pero como Bárbara Epstein ha observado
recientemente, el anarquismo ya ha ocupado largamente el lugar que el marxismo
tenía en los movimientos sociales de los ’60: incluso aquellos
que no se consideran anarquistas sienten que tienen que definirse en relación
al mismo e inspirarse en sus ideas.
Casi nada de esto se ha visto reflejado en las universidades. La mayoría
de los académicos pareciera que no tienen la más mínima
idea acerca de lo que es el anarquismo o lo desechan apelando a groseros
estereotipos: “¡organizaciones anarquistas! ¿Pero no
es eso un contrasentido?” En los Estados Unidos existen algunos millares
de académicos que se asumen como marxistas de una u otra especie,
aunque existe apenas una docena de estudiosos dispuestos a denominarse abiertamente
como anarquistas.
¿Encontraremos algunos académicos anarquistas si revolvemos
un poco más? Es posible, y quizás en pocos años la
academia esté atestada de anarquistas, aunque no guardo mi aliento.
Parece ser que el marxismo tiene cierta afinidad con la academia que el
anarquismo nunca tendrá. El marxismo fue, después de todo,
el único gran movimiento social que fue inventado por un académico,
aunque luego devino en un movimiento con el propósito de integrarse
a la clase obrera.
La mayoría de los relatos sobre la historia del anarquismo presuponen
una similitud con el marxismo: el anarquismo es presentado como la invención
de ciertos pensadores decimonónicos -Proudhon, Bakunin, Kropotkin,
etc.- que estaba dirigido a inspirar a las organizaciones de la clase obrera,
se vio envuelto en luchas políticas, se dividió en corrientes…
El anarquismo, según las versiones estandarizadas, habitualmente
figura como el pariente pobre del marxismo, teóricamente un poco
torpe pero compensado ideológicamente, quizás, con pasión
y sinceridad. Aunque, de hecho, la analogía es forzada en el mejor
de los casos. Las “figuras fundadoras” del siglo XIX no se imaginaban
a sí mismos como inventores de algo particularmente nuevo. Los principios
básicos del anarquismo -autoorganización, asociación
voluntaria, ayuda mutua- se referían a formas de comportamiento humano
que ellos suponían habían estado presentes a lo largo de la
historia humana. Lo mismo corre para el rechazo del Estado y de todas las
formas de violencia estructural, desigualdad o dominación -anarquismo
literalmente significa “sin gobernantes”-, y para la hipótesis
de que todas estas formas están relacionadas de alguna manera y se
refuerzan entre sí. Nada de esto fue presentado como el comienzo
de una nueva doctrina. Y efectivamente no lo fue: se puede encontrar constancia
de personas proponiendo argumentos similares a través de la historia
y -a pesar del hecho de que en la mayoría de las épocas y
lugares había razones para creer en ello- que tales opiniones eran
las menos probables de resultar escritas. Estamos refiriéndonos menos
a un cuerpo de teoría, entonces, que a una determinada actitud o,
quizás podríamos decir, una fe: el rechazo de ciertos tipos
de relaciones sociales, la confianza de que otros tipos de relaciones serían
mucho mejores para construir una sociedad digna, la creencia de que tal
sociedad podría existir realmente.
Si además se comparan las escuelas históricas del marxismo
y del anarquismo es posible observar que estamos tratando tipos de proyectos
fundamentalmente diferentes. Las escuelas marxistas tienen autores. Así
como el marxismo surgió de la mente de Marx, tenemos también
leninistas, maoístas, trotskistas, gramscianos, althusserianos…
(Es de remarcar como la lista comienza con jefes de estado y se diversifica
en profesores franceses). Pierre Bourdieu alguna vez observó que,
si el mundo académico fuese como un juego en el cual los eruditos
se esfuerzan por convertirse en dominantes, entonces se podría saber
quien ha sido el ganador cuando los otros estudiosos se las ingenian para
componer un adjetivo a partir de su nombre. Es para preservar la posibilidad
de ganar el juego, que los intelectuales insisten en continuar empleando
en sus discusiones las teorías sobre de la Historia de una especie
de Gran Hombre, de las que se mofarían en cualquier otro
contexto. Las ideas de Foucault, como las de Trotsky, ante todo nunca son
tratadas como los productos de cierto ambiente intelectual, como algo que
emergió de interminables conversaciones y discusiones involucrando
a cientos de personas, sino que siempre se las expone como si hubieran surgido
del genio de un único hombre (o muy ocasionalmente, de una mujer).
Ahora bien, consideremos las diferentes escuelas del anarquismo. Tenemos
anarcosindicalistas, anarco comunistas, insurreccionalistas, cooperativistas,
individualistas, plataformistas. Ninguno es denominado en referencia aun
Gran Pensador; en cambio, son denominados invariablemente por algún
tipo de práctica, o la mayoría de las veces, por sus principios
organizativos. (Es significativo que las tendencias marxistas que no son
denominadas en referencia a un individuo, como las autonomistas o comunistas
consejistas, son aquellas que se encuentran más cercanas al anarquismo).
Los anarquistas prefieren distinguirse entre sí por lo que hacen
y por cómo se organizan para hacer lo que hacen. Y efectivamente,
esto ha sido siempre aquello a lo que los anarquistas le han dedicado a
pensar y discutir la mayor parte de su tiempo. Los anarquistas nunca han
estado demasiado interesados en el tipo de estrategia general a seguir o
en las cuestiones filosóficas que históricamente han preocupado
a los marxistas como: ¿son los campesinos una clase potencialmente
revolucionaria? (los anarquistas consideran que esto es algo que corresponde
decidir a los propios campesinos). ¿Cuál es la naturaleza
de los bienes materiales? Los anarquistas tienden más bien a discutir
sobre cuál es la forma verdaderamente democrática de organizar
una asamblea, y en qué punto una organización deja de ser
un instrumento de toda la gente y comienza a pisotear las libertades individuales.
O también, sobre la ética de las formas de oponerse al poder:
¿qué es una acción directa?, ¿es necesario (o
correcto) condenar públicamente a aquellos que atenten contra un
jefe de Estado? ¿Puede el asesinato, especialmente cuando previene
un desastre terrible como la guerra, ser un acto moral? ¿Cuándo
está bien apedrear una ventana?
Entonces, para resumir:
1-
El marxismo ha tendido a ser un discurso analítico o teórico
acerca de la estrategia revolucionaria.
2- El anarquismo ha tendido a ser un discurso ético sobre la práctica
revolucionaria.
No es precisamente que el anarquismo no vaya a hacer ningún uso de la alta teoría. Mejor sería decir, que está principalmente interesado por las formas de práctica, insistiendo antes que nada que los fines deben ser acordes con los medios, que no se puede generar libertad por medios autoritarios, y de hecho uno mismo, en lo que fuere posible en sus relaciones con amigos y compañeros, debe encarnar la sociedad que aspira a crear. Todo esto no cuadra demasiado bien con trabajar dentro de una universidad, quizás la única institución de Occidente aparte de la Iglesia Católica y la monarquía británica que han sobrevivido casi sin variaciones desde la Edad Media, realizando sus contiendas intelectuales en conferencias de auditorios de hoteles lujosos y fingiendo de algún modo como si todo fuera por la revolución.
Esto no significa que la teoría anarquista sea imposible
Todo
esto no quiere decir que el anarquismo tenga que estar contra
la teoría. Después de todo, el anarquismo es en sí
mismo una idea, y una muy antigua, además. También es un proyecto
que propone comenzar creando las instituciones de la nueva sociedad “dentro
del cascarón de la vieja”, para desenmascarar, subvertir y
socavar las estructuras de dominación, aunque siempre -mientras esto
se realiza- actuando de formas democráticas que demuestren por sí
mismas que esas estructuras son innecesarias. Es claro que tal proyecto
tiene la necesidad de herramientas de análisis intelectual y de comprensión.
Podría no ser necesario un Gran Ideario, en el sentido que
hoy nos es familiar. Por cierto, el anarquismo no utilizará una única
teoría, la Gran Doctrina del Anarquismo, algo que sería
completamente contrario a su espíritu. En cambio, pensamos más
en el espíritu de los procesos anarquistas de toma de decisiones
en general, desde pequeños grupos de afinidad hasta los enormes consejos
asamblearios integrado por miles de personas. La mayoría de los colectivos
anarquistas operan por un procedimiento de consenso que ha sido desarrollado
de varias formas para ser el exacto opuesto del voto a mano alzada, un método
divisionista y sectario muy común entre otros grupos revolucionarios.
Aplicado a lo teórico, esto significaría aceptar la necesidad
de una diversidad de amplias perspectivas teóricas, unidas solamente
por ciertos compromisos y premisas compartidas. En un proceso de consenso
cada uno acuerda de entrada sobre ciertos principios generales de unidad
y que son asumidos como beneficiosos para la fortaleza del grupo.
Pero más allá de esto, la hipótesis operante es que
nadie puede realmente convertir a otro completamente a su punto de vista,
(y probablemente siquiera debiera intentarlo) y entonces los debates deberían
enfocarse en cuestiones concretas de acción, para surgir finalmente
con una propuesta con la que todos puedan convivir y nadie sienta que se
viola alguno de los principios básicos del colectivo.
Aquí puede observarse un paralelo: una serie de perspectivas diversas,
unidas por el deseo compartido de entender la condición humana, direccionadas
hacia una mayor libertad. Más que basarse en la necesidad de probar
que las suposiciones fundamentales de los demás están equivocadas,
busca encontrar proyectos particulares sobre los cuales reforzarse unos
a otros. Sólo porque las teorías sean inconmensurables en
ciertos aspectos, no significa que no puedan existir o incluso reforzarse
las unas a otras, de la misma manera que individuos que tienen únicas
e inconmensurables opiniones sobre el mundo no quiere decir que no puedan
ser amigos, amantes o trabajar en proyectos comunes.
Más que un Gran Ideario, lo que el anarquismo necesita es
lo que podría llamarse una Base de Ideas: una forma de resolver
las cuestiones inmediatas que surgen de un proyecto transformador. La mayor
parte de la ciencia social no nos ayuda mucho realmente en esto, ya que
normalmente en las corrientes principales de las ciencias sociales esta
clase de cosas son generalmente clasificadas como “contenidos políticos”
y ningún anarquista que se precie tendría nada que ver con
esto.
La noción de “política” presupone un estado o
un aparato de gobierno que impone su voluntad sobre los demás. La
“gestión política” es la negación de los
“ideales políticos”, la política es por definición
algo creado por alguna forma de elite, la que supone que conoce mejor que
los demás como deben conducirse los asuntos públicos. Participando
en los debates de la gestión política lo máximo que
puede alguien hacer es poner algún límite al perjuicio que
ocasiona la política misma, desde el momento en que su principal
premisa es contraria a la idea de que la gente administre sus propios asuntos.
Entonces, nos formulamos la pregunta: ¿qué clase de teoría
social sería realmente de interés para aquellos que estamos
tratando de alcanzar un mundo en el cual el pueblo sea libre para conducir
sus propios intereses?
Para empezar, diría que esa teoría habría de comenzar
con algunas hipótesis. Primero, habría que partir de la suposición
de que, como dice una canción popular brasileña, “otro
mundo es posible”. Que instituciones como el Estado, el capitalismo,
el racismo y la supremacía masculina no son inevitables, que sería
posible tener un mundo en el cual ninguna de esas cosas existiese y que
como resultado estaríamos todos mucho mejor.
Claro que aquí tenemos que lidiar con la inevitable objeción:
que los utopismos han llevado a inmitigados horrores como el estalinismo,
el maoísmo y otros idealismos que tratan de cincelar la sociedad
dentro de moldes imposibles, asesinando a millones durante el proceso.
Este argumento esconde una falaz concepción: que imaginar mundos
mejores sea en sí mismo el problema. Los estalinistas y todos los
de su calaña no asesinaban tratando de hacer realidad grandes sueños
-en verdad los estalinistas eran famosos por su escasa imaginación-
sino que lo hicieron porque confundieron sus sueños con certezas
científicas. Esto los llevó también a creer que tenían
el derecho de imponer sus visiones por medio de la maquinaria de la violencia.
Los anarquistas no proponen nada por el estilo, sino que piensan que el
curso de la historia no es inevitable y que nunca se podrá alcanzar
la libertad creando nuevas formas de coerción.
La segunda proposición, diría, es que cualquier teoría
social anarquista debería rechazar conscientemente cualquier traza
de vanguardismo. El rol de los intelectuales definitivamente no es conformar
una elite que pueda arribar a correctos análisis estratégicos
y que entonces lleven a las masas a seguirlos. ¿Pero si no es eso,
entonces, qué? Un rol obvio para los intelectuales revolucionarios
es precisamente mirar hacia aquellos que están creando alternativas
viables y tratar de explicar cual podría ser la importancia de las
implicaciones de su accionar, y entonces aportar las ideas, ya no como prescripciones
sino como contribuciones, posibilidades. Como una ofrenda personal.
David Graeber*
* Antropólogo anarquista, miembro de la IWW, profesor de la Universidad de Yale, con la cual tuvo un agrio conflicto laboral en 2005, por lo que se llevó a cabo una campaña de solidaridad internacional. Actualmente enseña en el Goldsmith Collage, Universidad de Londres.
Traducido por P.R. y extractado de “Fragments of an Anarchist Anthropology”, 2004, Chicago.
MANIFIESTO SOLIDARIO CON ANARQUISTAS Y MOVIMIENTOS SOCIALES DE VENEZUELA VOLVER
En
el primer trimestre del 2007, 23 manifestaciones populares fueron reprimidas
por el gobierno venezolano y 99 activistas resultaron detenidos. Este dato
habla del creciente malestar así como de la criminalización
de las reivindicaciones sociales en el país latinoamericano, realidad
encubierta por la propaganda y mixtificación de un régimen
que se publicita como vanguardia del “socialismo del siglo XXI”,
con apoyo de diferentes agrupaciones y personajes ligados a la izquierda
autoritaria del mundo entero.
Sin embargo, quienes se interesan por la situación real de los oprimidos
y explotados en Venezuela conocen las inconsecuencias y contradicciones
del gobierno populista liderado por el militar Hugo Chávez. Lejos
de avanzar estructuralmente en la reducción de las desigualdades
y el incremento de las posibilidades de desarrollo social, el gobierno reinante
en Caracas continúa manteniendo una de las distribuciones de riqueza
más injustas del Continente, profundizando además el papel
asignado al país por la globalización económica como
proveedor seguro y fiable de energía al mercado mundial, con las
corporaciones transnacionales petroleras como socios mimados y beneficiarios
principales de la acción del Estado venezolano. Tras 8 años
y medio de gobierno contando por obra de los altos precios petroleros con
el ingreso fiscal más alto de la historia nacional, los resultados
sociales de las políticas del chavismo son mediocres, siendo lo más
destacable la aparición de una nueva burguesía parasitaria
del favor estatal, la “burguesía bolivariana”.
Según estadísticas e informes gubernamentales recientes, sobre
5 millones de trabajadores -46,5 por 100 de la fuerza laboral- se mantienen
en el sector informal de la economía, el 43 por 100 de los trabajadores
reciben una remuneración inferior al mínimo legalmente permitido
-poco más de 200 dólares al mes-, 2 millones y medio de personas
carecen de vivienda digna, el 18 por 100 de la población sufre de
desnutrición, la red de hospitales públicos presenta carencias
y limitaciones de todo tipo, el 90 por 100 de la población indígena
vive en condiciones de pobreza, más de 400 personas mueren violentamente
por año dentro de las cárceles y hay un promedio de 15 personas
asesinadas al mes por los cuerpos represivos del Estado.
El gobierno venezolano ha mantenido en los últimos cinco años
una disputa intra-clase con ciertos sectores tradicionales de la burguesía
local, en medio de una fuerte polarización político-electoral
que ha permitido dividir, inmovilizar y recuperar a los movimientos sociales
del país. Cualquier crítica a la corrupta, ineficaz y frondosa
burocracia oficial se califica de inmediato como “al servicio del
imperialismo” y, bajo excusa de “enfrentar al golpismo y las
provocaciones reaccionarias”, se han promulgado diversas leyes que
penalizan con mayor rigor las acciones de calle y las huelgas en las empresas
básicas del Estado. Estos son parte de los mecanismos legales que
desde 2006 se han utilizado contra las movilizaciones populares que, intentando
recuperar sus propias reivindicaciones, manifiestan todas las semanas por
el derecho a la seguridad personal, vivienda digna, empleo y condiciones
laborales decentes. La respuesta gubernamental ha sido con bombas lacrimógenas,
perdigones y detenciones.
Ante la tramposa polarización vivida en el país, y en especial
como réplica al mandato presidencial de disolver partidos y otras
agrupaciones previamente existentes para afiliarse al partido único
del chavismo, de siglas PSUV, diversas organizaciones de Venezuela procuran
construir espacios de autonomía para los movimientos sociales. Entre
éstas, destaca la actuación de compañeros y compañeras
anarquistas, que desde diferentes iniciativas, como la publicación
y difusión del periódico El Libertario (www.nodo50.org/ellibertario),
construyen una alternativa ajena tanto a la oposición socialdemócrata
y de derechas como al capitalismo de Estado bolivariano. Pero ese esfuerzo
anarquista por construir opciones y vías consecuentemente autónomas
implica riesgos: El Libertario, por ejemplo, debe enfrentarse a
una sistemática campaña de recriminaciones y descrédito
por parte de agrupaciones ficticias pagadas por el Estado, así como
a un creciente hostigamiento contra el activismo antiautoritario.
Este manifiesto quiere recordar a compañeros y compañeras
ácratas dentro de Venezuela, así como a las demás organizaciones
sociales autónomas de base en ese país, que cuentan con nuestro
aprecio, respaldo y solidaridad. Nuestras organizaciones e iniciativas anarquistas
denunciarán, en la medida de sus posibilidades, la demagogia e incoherencia
encubiertas bajo el alias de “revolución bolivariana”,
activando los mecanismos de apoyo necesarios ante cada arremetida gubernamental
contra las aspiraciones concretas de justicia social y libertad del pueblo
venezolano.
Internacional
de Federaciones Anarquistas (I.F.A.)
Tierra y Libertad Nº 227, junio 2007
PRESOS ANARQUISTAS VOLVER
Alemania:
Gabriel Pombo da Silva, José Fernández Delgado, Thomas Meyer
Falk.
Suiza: Marcos Camenisch
Bélgica: Jean Paul Depouhon
Italia: Federico Pais, David Santini, Daniele Benedetti, Juan Sorroche,
Salvatore Signore, William Frediani, Francesco Gioia, Costantino Ragusa,
Alessio Perondi, Benedetta Galante, Leonardo Landi, Silvia Guerini, Federico
Bonamici, Giuseppe Bonamici, Francesco Portu, Gregorian Garagin, Orlando
Campo.
Francia: René Riesel, Jean-Marc Rouillan.
República Checa: Augustin Kraus.
Rusia: Olga Aleksandrovna Nevskaya.
Holanda: Roberto Catrino López
Polonia: Tomasz Wilkoszewski
Dinamarca: 39 detenidos por el caso Ungdomshuset (Casa de la Juventud).
Portugal: Pedro José Veiga.
España: Núria Portulas, Laura Riera, Sergio L. D., Rodrigo
Lanza Huidobro, Juan Pintos Garrido, Alex Cisternas Amestica, Carlos Gómez
García, Juan José Grafía, Joaquín Gárces
Villacampa, Igor Quevedo Aragay, Rafael Tomas i Gaspar, Amadeu Casella Ramón,
Claudio Lavazza, Giorgio Rodríguez, Giovanni Barcia, Ibai Hederá,
Gilbert Ghislain, Javier Calvo Morán.
Grecia: Yiannis Dimitraki.
Inglaterra: C. “Slick” Varkki.
Fuente:
Cruz Negra Anarquista de Venezuela
cna_venezuela@hotmail.com
TENDENCIAS VOLVER
Consideramos
la afinidad de forma integral, no reducida a intereses prácticos.
La F.O.R.A. del V Congreso, símbolo y expresión del movimiento
obrero de finalidad anarquista, mantenía, por esa concepción
finalista, un enfrentamiento crítico ante otras definiciones y movimientos
sostenidos por anarquistas que, en las primeras décadas del s.XX,
eran mayoritarios en Europa y que en Argentina eran minoritarios, hasta
que fueron creciendo, ente otros motivos, por la influencia de la revolución
rusa.
Parte de la crítica de los anarquistas de la FORA era hacia el llamado
especifismo y al sindicalismo puro, corrientes éstas estrechamente
vinculadas. Estas dos posturas convergían en la pretensión
de vaciar al movimiento obrero de cualquier definición ideológica
que, según su decir, era un atentado a la unidad obrera, unidad determinada
por la comunión de intereses en tanto clase. Ante esto decía
la FORA: «Hemos dicho y repetido que no vemos en el proletariado
una clase social subordinada enteramente a sus necesidades económicas
y, en consecuencia, consciente de su inferioridad como clase y dispuesta
a reivindicar sus derechos. Aún existiendo en una parte del proletariado
esa ‘conciencia de clase’, únicamente sirve como elemento
de juicio para combatir a la burguesía, para inmediatas reivindicaciones
económicas, quedando todo el problema social subordinado a las diversas
interpretaciones ideológicas. El odio común al burgués
y las comunes necesidades del asalariado pueden determinar en un momento
dado esa ‘unidad de clase’. Pero en cuanto se pone en el tapete
el problema social, surgen los antagonismos y sobreviene la división.
¿Cómo armonizar, en una huelga, a los que sostienen la necesidad
de someter sus exigencias a un tribunal arbitral y los que se oponen a toda
medida de conciliación basando su triunfo en una acción directa
y revolucionaria? Y en el supuesto de que los trabajadores se encuentren
frente a la realidad de una revolución triunfante, ¿acaso
conservan por ello ‘su unidad de clase’? ¿No surge de
inmediato el problema ideológico, determinando el choque entre los
partidarios de las diferentes teorías de reconstrucción social?»
(La Organización Obrera; 1924).
La unidad práctica ubicada por sobre las diferencias ideológicas
redundaba en anular la posición de los anarquistas. Fue por esta
misma razón que Bakunin y otros compañeros priorizaron la
posición antiestatista y antipolítica en la primera Internacional
dividiendo al movimiento obrero entre los partidarios de tomar el Estado
y quienes apuntaban a su supresión. Es en la división y no
en la unidad orgánica donde el anarquismo como movimiento encuentra
su origen y constitución. La unidad de la Internacional no tenía
validez si ello implicaba la convivencia forzada de tendencias antagónicas.
Eran las ideas, las cuales le daban la finalidad revolucionaria a la lucha,
más importantes que la unidad y la organización misma. Por
ello, una vez fragmentada, las secciones de tendencia anarquista afirmaban
sin transigencias: «que toda organización política
no puede ser más que la organización del poder en provecho
de una clase y en detrimento de las masas, y que si el proletariado quisiera
apoderarse del poder se convertiría en una clase dominante y explotadora,
el Congreso reunido en Saint-Imier: declara:
1° Que la destrucción de todo poder político es el primer
deber del proletariado;
2° Que toda organización de poder político -aunque se
suponga que es provisional y revolucionaria- destinada a efectuar esa destrucción,
no puede ser más que un engaño y sería tan peligrosa
para el proletariado como todos los gobiernos existentes hoy en día...»
Se sentaron las bases de lo que desde la FORA se identificó posteriormente
como escuela de divisionismo, es decir, que las antagónicas
tendencias manifiestas entre los oprimidos se conformen en respectivas organizaciones.
Contrariamente a lo que significaba la FORA, en pos de la unidad que disolvía
el criterio ideológico la corriente que propugnaba el aglutinamiento
específico de los anarquistas, por fuera del movimiento obrero, de
forma directriz -como es característica de los partidos políticos-,
argüía que las discusiones referentes al anarquismo debían
tener su coto de ubicación en las agrupaciones específicas,
mientras que en el sindicato se debía reducir la cosa a lo que determinaba
el interés económico común de los obreros. Argüían,
para ello, un desdoblamiento entre lo que llamaban hombre económico
y hombre político; es decir, se debía ser anarquista
en un lado y ser sindicalista en el otro. Semejante concepción y
accionar devenía en ocultar las ideas que eran presentadas como obstaculizadoras
de la unidad y, con eso, el consecuente fomento de actitudes acorde a aquello.
Este solapamiento -insistentemente presentado como estratégico- colaboró
activamente en producir la progresiva renuncia de la finalidad revolucionaria
del movimiento obrero, convirtiéndolo en institución reformista
a merced de los dirigentes de turno.
La reducción de las relaciones a cuestiones de afinidades mínimas
eran suscriptas por la supuesta necesidad de conveniencias prácticas
y, lo opuesto, rechazado como propio de disquisiciones teóricas,
relegadas a un ostracismo tangencial.
Las afinidades mínimas -en términos políticos, programa
mínimo-, eventuales y circunstanciales, independientemente de
que adquieran carácter formal o informal, argüidas en pos de
necesidades prácticas o actividades concretas, implican el mismo
desdoblamiento ideológico, con el consecuente manejo utilitarista,
cuando se hace de la reducción la condición. La relación
establecida en base a alianzas temporales y efímeras, donde las cuestiones
ideológicas son confinadas a planos secundarios como intrascendentes
para la ocasión, induce a la omisión de las divergencias que,
de otra forma, menguarían asa afinidad eventual, y predispone al
pragmatismo como valor.
La afinidad integral es presentada como quimérica, definiéndola
peyorativamente como absoluta, con lo cual se la anula como tendencia perseguible.
Es decir que una cosa son las diferencias mínimas o afinidades máximas
con las cuales la convivencia o conexión no se niega como posibilidad,
sino todo lo contrario, y otra es plantear el nucleamiento, el vínculo
o la coordinación determinada por afinidades mínimas y diferencias
máximas. Decíamos en el 1° de Mayo: “los ecos que
rezumban dicen de aunarse según acuerdos mínimos, dejando
de lado supuestos detalles, puntos quisquillosos que, por exagerados, sobredimensionaríamos.
Y decimos que no es cosa de mala voluntad, que tenemos fundamentos y razones,
y no caprichos. Que la ideología anarquista no se subdivide en cuestiones
principales y secundarias, porque no nos subdividimos quienes la sostenemos.
Aquello es pretender que en la pluralidad el criterio no se disuelve, que
las relaciones creadas mantienen independencia con respecto al ser, que
la concesión no es el comienzo de un arrastre que busca anularnos
como posición revolucionaria.”
En el devenir todo es tender. La finalidad está en lo “imposible”, para que lo posible tienda y tenga sentido.
A.G.
DIÁLOGOS EN EL BAR: LOGROS Y EVOLUCIONES DEL OPUS VOLVER
Opus:
viste cómo aumentó la recaudación del gobierno. Cada
vez se recauda más. No soy kirchnerista pero me parece que es una
buena forma de que se reparta mejor la cosa a través del Estado.
Más aun con este gobierno, que a diferencia de los de Menem y de
la Rúa no responde a las recetas neoliberales del FMI. Los números
macroeconómicos le dan la razón.
Marsienguels: No me vengas con eso, si este gobierno lo
que hace es aplicar recetas asistencialistas peronistas, más viejas
que el hilo negro. Mantiene todo como estaba, paga la deuda al imperialismo,
se hace el rebelde, pero de socialismo ni hablar. El Estado no avanza sobre
la propiedad privada y los capitalistas siguen haciendo lo que quieren.
Estamos lejos de un sistema educativo y de salud como el cubano y ni siquiera
nos acercamos a lo de Venezuela. Esto es capitalismo salvaje, con buenos
modales.
Opus: No me defiendas a Cuba por la salud y la educación
que en Suecia son bastante mejores, también son gratuitas y vivís
en libertad, no total, es claro, pero es un social capitalismo democrático
bastante pasable.
Manguruyú: Son todos iguales. En Cuba todo es del
Estado, no de los trabajadores. Es un capitalismo de Estado. Y como el gordito
dueño de la pelota es Fidel, si él no quiere vos no jugás:
o te reprimen o te callás o te vas. Y en Suecia sigue habiendo explotación,
eso sí, con sueldos de nivel alto -gracias al excedente que se llevan
de los países pobres- y la libertad es limitada. ¿O te creés
que se van a bancar actividades que atenten contra el sistema o la propiedad
privada? De todos modos la educación también es una manera
de formar adeptos al sistema y esclavos ideológicos. Los programas
educativos están orientados a eso, acá y en la China; en todos
lados hay una cartera de educación que se encarga de hacerlo.
Marsienguels: Es importante avanzar de a poco. Vos querés
todo –la anarquía ahora– y no se puede. La clase obrera
no está preparada para el comunismo libertario. Hay que ir de a poco:
primero el capitalismo tiene que estar maduro para la revolución,
después hay que llegar al socialismo con la dictadura del proletariado
y cuando el Estado no sea necesario va a desaparecer naturalmente. Marxismo
básico, papá.
Manguruyú: No te digo que es lo mismo una dictadura
que la democracia o el fascismo que el socialismo. Tienen diferencias ideológicas
y responden a diferentes intereses de clase. Pero estructuralmente son todos
iguales. El socialismo estatal no termina con las clases sino que reemplaza
la posesión de capitales por el escalafón del Partido Comunista.
Y no me digas que no hay privilegios, porque los dirigentes del partido
y del gobierno no van en transporte público ni comen frijoles o arroz
todo el año, como el pueblo cubano. Y la democracia tiene la ventaja
por sobre la dictadura de que te permite un mayor margen de acción
para la propaganda y la lucha. Y nuestro gobierno lo sabe bien, por eso
te amaga con la izquierda y te pega con la derecha. Se presentan como triunfos
gubernamentales el que haya bajado la pobreza estructural, que la recaudación
fiscal sea mayor (como si la guita no fuera de nuestro bolsillo), que bajó
la desnutrición infantil, que bajó la desocupación
y que le pagamos al FMI. A mí me parece bárbaro que haya menos
hambre y que la desnutrición infantil haya disminuido. El hambre
es mala en cualquier situación y más aún cuando las
secuelas irreversibles de la desnutrición condenan a los chiquitos
a un futuro de enfermedades físicas y una inteligencia disminuida.
Para ellos ya no habrá revolución alguna, ni comunismo libertario,
ni dictadura del proletariado. A mí no me cabe la política
de “cuando peor está el pueblo es mejor, porque se aceleran
las contradicciones”. El hambre no ayuda a hacer la revolución.
Y no me importa si el rédito de acabar con el hambre se lo lleva
el Estado o la Iglesia o el capitalismo, porque siempre se llevan los réditos
de todo aquello que no lo destruya. Se llevan tanto los réditos del
hambre, como se llevan los réditos de las panzas llenas, se benefician
con el analfabetismo, de la misma forma que se nutren de universitarios
para mantener el statu quo.
Marsienguels: Eso es lo que te digo que pasa en Cuba, y
esperemos pase en Venezuela. Una vez asegurados los recursos básicos
para el pueblo y eliminadas la burguesía y el imperialismo, el pueblo
avanzará sobre el Estado y se apoderará de todo.
Opus: O como en Suecia, podemos ir llegando a una sociedad
cada vez menos violenta (la violencia es siempre mala), más libre,
eliminando lentamente las funciones del Estado y cooperativizando las empresas,
estimulando la cogestión para alcanzar finalmente la autogestión.
Manguruyú: Por lo que veo, la anarquía está
a la vuelta de la esquina. Desde ya les digo que ustedes son más
utópicos que cualquier anarquista. Para ustedes el sistema tiende
a evolucionar hacia algo mejor. Para mí tiende siempre hacia lo peor,
incluso cuando afloja la mano. Por eso la violencia no siempre es mala,
Opus, sino que depende de las circunstancias. La resistencia al opresor
puede ser tan violenta, como son violentos los crímenes del Estado
sobre un pueblo que soporta pasivamente las vejaciones. ¿Cuál
violencia es peor, entonces? El sistema nunca tiende a la autodestrucción
consciente. Cuando sobrevienen revoluciones es porque la cosa no da para
más y se agotó por lo menos una versión del modelo,
que si no te apurás a destruir las bases del capitalismo y el Estado,
pronto se reconstruye y te venden una nueva versión del mismo producto.
Sino, fijate como pasamos del “que se vayan todos” a los guarismos
de las próximas encuestas electorales. Los supuestos avances sociales
son muchas veces la pata izquierda del sistema.
Opus: Pero convengamos que a los milicos genocidas del
Proceso ningún gobierno los persiguió como éste. Si
hasta Hebe apoya al presidente por su política de derechos humanos.
Manguruyú: Claro, ahora que ya no le interesan a
nadie, ni siquiera a sus camaradas de armas que los han sucedido. Eso demuestra
lo fuerte que está el sistema. Todos se han convertido a la fe democrática,
incluso los fascistas. Chile es el mejor ejemplo. La opción se planteó
siempre en términos de democracia o dictadura. Pero la socialista
Bachelet reprime igual de eficientemente que Pinochet, aunque sin necesidad
de llenar estadios de detenidos, sin desaparecer ni fusilar clandestinamente.
Acá Hebe aplaude a Kirchner por “hacer justicia” mientras
miles mueren de hambre, se pudren en las cárceles o se reprime la
disidencia sin tapujos, como a los docentes baleados de Salta y Neuquén,
por poner un ejemplo reciente. Recordemos que desde la restauración
democrática de 1983 murieron más de 50 personas en las protestas
callejeras a causa de la represión policial. Los derechos humanos
son auspiciados por el sistema cuando fortalecen al poder. El cuento del
policía bueno y el policía malo también es más
viejo que el hilo negro.
Marsienguels: Bueno, me parece que la conversación
se desvió un poco. Estábamos hablando del aumento de la recaudación
fiscal… y sería bueno que vayamos recaudando para pagar la
cuenta, porque al Opus le veo cara de evolucionar pacíficamente hacia
la salida…
El Manguruyú
SACCO Y VANZETTI, A 80 AÑOS DEL CRIMEN
REPRESIÓN Y SOLIDARIDAD VOLVER
El
23 de agosto de 1977 el gobernador del Estado de Massachussets Michael Dukakis
reconoce, de alguna manera, la inocencia de los dos ejecutados en la silla
eléctrica en Boston cincuenta años atrás proclamándolo
«Día en Memoria de Sacco y Vanzetti» y declarando
para el futuro que «todo estigma y desgracia debe ser removido
para siempre de los nombres de Sacco y Vanzetti, del nombre de su familia
y descendientes, y también del nombre del Estado de Massachussets…».
Un tardío reconocimiento a las víctimas y un intento de lavarle
la cara a quien se los había engullido, con la imparcialidad de un
gobernante que actúa sobre hechos del pasado mientras forma en la
primera línea del crimen cotidiano que le toca ejecutar. Los nombres
de estos dos italianos, de estos dos anarquistas, sellados definitivamente
por el destino que les fue impuesto trascendieron todas las fronteras y
la lucha por lograr su libertad no tiene equivalente.
Antecedentes democráticos en el gran país del Norte
Desde las primeras luchas por la obtención de la jornada de 8 horas
de trabajo, el movimiento obrero en los Estados Unidos adquiere características
antipolíticas, ya en 1884 un congreso de sindicatos y sociedades
obreras federados de EEUU y Canadá fijan el 1º de mayo como
el día en que se pondrán en práctica las 8 horas, donde
hubiera resistencia de los capitalistas se paralizaría el trabajo
a través de la huelga. Impulsados por la Asociación Internacional
de los Trabajadores (AIT); La Liga de las 8 horas de Boston;
Los Knights of Labour (Caballeros del Trabajo); la Central
Labour Union fuertemente influenciada por los anarquistas y su más
fuerte organización de Chicago: la Asociación de los Trabajadores
y Artesanos. Esta lucha llevada a cabo en 1886 encuentra resistencia
por parte de los capitalistas motivo por el cual se desencadena una feroz
represión por parte de la policía y los Pinkerton (una agencia
de detectives proveedora de matones armados y espías reclutados para
reprimir al movimiento obrero y revolucionario). Los anarquistas en general
veían con desconfianza la lucha por la reducción de la jornada
laboral ya que no apuntaba directamente a la revolución social y
esto podría generar conformismo entre los obreros, sin embargo se
sumaron a la agitación y organizaron mítines contra el clima
represivo en que se vivía. Tras el acto anarquista en la plaza Haymarket,
se sucede el ataque de caballería de la policía y la respuesta
arrojando una bomba que matará finalmente a ocho y dejará
alrededor de sesenta policías heridos. La justicia democrática
condena a la horca a cinco anarquistas y a otros tres les dan penas más
leves. El 1º de mayo será recordado por los obreros conscientes
como un día de lucha contra la explotación del hombre por
el hombre, mientras otros festejan.
Años más tarde se buscará criminalizar al movimiento
sindicalista fundado por socialistas, sindicalistas y anarquistas en 1905,
la Industrial Workers of the World que pretendía unir a
los trabajadores por industrias y derrocar a la burguesía mediante
la huelga, el boicot y el sabotaje, e implantar un régimen basado
en los sindicatos industriales. Su influencia se extendió hasta los
años veinte en que comienza su eclipse producido por la acción
de los políticos en su seno y las incompatibilidades ideológicas
de las tendencias en pugna. Si bien nunca fue un movimiento mayoritario
su actividad fue muy intensa por conseguir mejoras en las condiciones de
vida de los trabajadores y contra la opresión. Contrariamente a lo
que parece sugerir su nombre la IWW realizó una labor extraordinaria
en la organización de los aparentemente inorganizables trabajadores
ambulantes del Oeste, también conocidos como Hobos, los negros de
los campos forestales y petrolíferos del Sur y Suroeste, los analfabetos
y sin formación. «Estos vagabundos con hatillos, llevando
sus mantas o bultos de campamento en campamento, era una visión familiar
en California y Washington. La mayoría no permanecía durante
mucho tiempo en un trabajo, y cuando se acababa la labor, miles de trabajadores
eran despedidos. Existía, así, siempre un amplio ejército
de hombres desempleados, desplazándose de trabajo en trabajo o buscando
un empleo. No tenían ninguna familia. La mayoría no pertenecía
a ninguna iglesia. No permanecían el suficiente tiempo en un pueblo
como para ser registrados y poder votar. Constantemente en movimiento y
trabajando en condiciones miserables, estos sin votos y obreros débiles
económicamente vieron en la acción directa, como era defendida
por la IWW, su única arma contra el sistema que les oprimía.
Según el informe de la Comisión Federal sobre las condiciones
de la industria maderera de esa época, un operador maderero reconoció
a la IWW como “el lamento de los oprimidos… es la miseria articulada”.»
(Patrick Renshaw. Wobblies, Historia de la Industrial Workers of the
World).
«(...)la IWW fue acosada y perseguida con saña durante
la guerra, por las magistraturas de la mayoría de los estados y a
nivel federal, y por grupos de autodefensa surgidos con la ola de xenofobia
e histeria bélica que barría el país tras la entrada
de Norteamérica en el conflicto bélico en 1917.
La IWW, con sus doctrinas radicales y su oposición natural a la guerra,
la cual consideraba un instrumento capitalista para acaparar los mercados
internacionales, era especialmente vulnerable a este tipo de ataque. Es
más, los inmigrantes recién llegados actuaban como súper-patriotas.
Esta ola de persecución culminó con el encarcelamiento de
más de más de cien líderes de la IWW en 1918 bajo la
acusación de conspiración. El juicio y condena de Joe Hill,
el poeta popular de la IWW, y el linchamiento de otros dos Wooblies, Wesley
Everest y Frank Little, ejemplifica lo que la IWW sufrió durante
estos años tormentosos». Joe Hill fue fusilado acusado
de robo y asesinato, se había afiliado en 1910 al sindicato de San
Pedro, en California. Militó cuatro años activamente, parte
de los cuales los pasó luchando en el ejército rebelde durante
la Revolución Mejicana en 1911. El autor de “El predicador
y el esclavo” dejó su poema final: «Mi testamento
es fácil de decidir
Por él nada se dividirá.
Mi pariente no necesita preocuparse y pelear por pequeñeces
“El musgo no se aferra a las piedras del camino”.
¿Mi cuerpo? ¡Oh! si yo pudiera escoger,
Lo haría reducir a cenizas
Y permitiría que un alegre soplo de viento
Lleve mi polvo donde algunas flores crecen.
Tal vez alguna flor que se marchite
Podría renacer de nuevo.
Esta es mi última y final voluntad
Buena suerte para todos.»
Joe Hill
Hacia
fines de 1919 el Trust de la Madera en Centralia se propuso expulsar
a la IWW de la ciudad, encomendaron al presidente de la Southwest Washington
Lumbermen´s Association crear un comité secreto para ese
fin, el instrumento fue la American Legion. «El enfrentamiento
comenzó el Día del armisticio, el 11 de noviembre de 1919.
La Legión desfiló a través del pueblo en formación,
algunos armados con mangueras de caucho y cañerías de gas.
Cuando pasó por delante del local de los Wobblies, comenzó
el tiroteo (…) en la reyerta tres de ellos murieron». Wesley
Everest era un leñador que había servido como soldado en Francia
durante la guerra mientras la IWW era acusada ante los juzgados federales
de conspiración contra la misma. Everest que se encontraba en ese
momento en el local con el uniforme del ejército, le dijo a un camarada:
«Yo luché por la democracia en Francia y voy a luchar para
ella aquí. El primer hombre que entre en este local, lo comprobará».
«Everest era un buen tirador. Vació la recámara
de su rifle sobre la muchedumbre que le rodeaba, lo dejó caer y corrió
hacia el bosque con su pistola. La chusma lo siguió. Everest corrió
hacia el Río Skokumchuck, comenzando a vadearlo y entonces encontró
la corriente muy fuerte. Cuando el agua le llegaba hasta la cintura, se
detuvo y giró, diciendo que se entregaría a la policía.
Sin embargo, la chusma llegó a el en un instante.
Everest disparó sin apuntar cuatro veces antes de que su arma se
bloqueara, amartilló de nuevo el gatillo, eligiendo cuidadosamente
un objetivo y disparó matando al líder principal. Su víctima
era otro ex-soldado, Dale Hubbard, el sobrino del jefe del Trust de la Madera
de Centralia, quien había planeado esta correría.
En esos momentos, Everest tiró el arma en el río y luchó
con sus puños con la chusma. Superado gritó desafiante. “Ustedes
no tienen entrañas para colgar a un hombre por el día”.
Tenía razón, pero la chusma lo arrastró hacia el pueblo
atado a un automóvil y lo suspendió de un poste de telégrafo
antes de encerrarlo con llave en la cárcel. Esa noche, las luces
de la ciudad se apagaron, y la chusma echó abajo la puerta de la
cárcel. “Díganles a los muchachos que yo morí
por mi clase”, dijo Everest a sus compañeros de celda cuando
fue arrastrado fuera. Everest fue tirado en el suelo de un coche, castrado,
y llevado al puente de Chehalis River donde fue colgado y acribillado a
balazos. Su cuerpo fue enterrado en una fosa sin nombre». Luego
de lo ocurrido con Everest se instaura el terror en todo el estado de Washington,
un centenar de Wobblies son detenidos por los vigilantes, once
de ellos son acusados de asesinar al hombre que estaba al frente de la American
Legion Parade, y juzgados por John M. Wilson quien había realizado
un discurso fúnebre en el entierro de los miembros de la Legion.
Con la vida de Frank Little terminaron el 1 de agosto de 1917 un grupo de
vigilantes enmascarados de una compañía minera, secuestrándolo
de su habitación en un hotel. «(...) lo ataron con una
soga al guardabarros trasero y lo arrastraron a lo largo de las sucias vías
del Ferrocarril de Milwaukee durante varias millas a las afueras de la ciudad.
Allí, bajo la cegadora luz de los faros delanteros del automóvil,
lo colgaron, colocándole un cartel a su inanimado cuerpo con el siguiente
texto: “Primera y última advertencia”. Poco tiempo atrás
se había ganado algunos enemigos tanto dentro como fuera del sindicato
por su oposición a la guerra cuando dijo que “la IWW se oponía
a todas las guerras, y debemos usar todo nuestro poder para evitar que los
trabajadores se incorporen al ejército”».
El gran juicio federal contra los 101 Wobblies encuentra a todos culpables,
15 son condenados a 20 años de prisión y 30.000 dólares
de multa; 33 recibieron 10 años; 35 fueron condenados a 5 años
y para el resto se repartieron sentencias menores. El total de las multas
superaba los 2.500.000 de dólares. Ya como prisioneros fueron conducidos
con grilletes hasta el tren, en el que partieron desde Chicago hasta la
Penitenciaría de Leavenworth, ubicada en Kansas. A la acción
judicial de la democracia representativa la secundó la democracia
directa que, en menos de un año, en lugares como Red Lodge, Montana,
y Tulsa, Oklahoma logró que fueran linchados, alquitranados y emplumados,
y expulsados de los pueblos varias decenas de Wobblies. La judicialización
se propaga por todos los estados donde hay presencia Wobblie y
todo lo que huela a radical. Emma Goldman y Alexander Berkman, dos notorios
anarquistas, fueron encarcelados durante la guerra; el Socialist Party
of America en Nueva York es allanado y Eugene Debs fue sentenciado
a diez años de prisión por oponerse al hecho bélico.
«La mayoría de los norteamericanos defendía los
esfuerzos de sus líderes para acabar con el radicalismo. El cazador
de rojos más determinado era, indudablemente, el Fiscal General del
presidente Wilson, A. Mitchell Palmer, quien había encontrado una
bomba colocada en su propia casa. Percatándose del sentir popular,
y con un ojo en la Casa Blanca, Palmer empleó los poderes que le
concedió el Acta de Deportación de 1918 para lanzar una improcedente
y totalmente inconstitucional serie de ataques a lo largo de toda la nación
contra los grupos radicales y socialistas.
La primera de las notorias “correrías de Palmer” se produjo
el 7 de noviembre de 1919, el segundo aniversario de la Revolución
bolchevique, cuando las organizaciones radicales en dieciocho ciudades fueron
allanadas con extrema violencia, reteniendo sus documentos. Fueron deportadas
sumariamente casi 250 personas, entre ellas Emma Goldman y Alexander Berkman.
En enero de 1920 se produjeron una serie mayor de incursiones. Aproximadamente
10.000 personas fueron arrestadas en 70 ciudades. Los miembros de los Amalgamated
Clothing Workers, la Internacional Ladies´ Garment Workers, y la IWW
se colocaron en el punto de mira». (Patrick Renshaw)
Con estos antecedentes llegamos a 1920 donde se produce la detención
y el armado del proceso contra Nicola Sacco y Bartolomé Vanzetti
que se prolongará hasta el 23 de agosto de 1927.
Castigos ejemplares: ni errores ni excesos
Los
medios anarquistas estaban preocupados por la detención y desaparición
de dos militantes italianos el 20 de febrero de 1920: Roberto Elía
y Andrés Salcedo, de profesión tipógrafos. Vanzetti
viaja a Boston con el encargo de iniciar gestiones por los desaparecidos
ante un abogado. El 4 de mayo el cuerpo de Salcedo aparece destrozado en
la vereda del edificio de Park Row ubicado en Nueva York. Había estado
detenido en las oficinas del piso 14 del Departamento de Justicia de esa
ciudad. No estaba claro si Salcedo fue asesinado o si se arrojó al
vacío para liberarse de las torturas. Esto generó mucha preocupación
entre los anarquistas que comenzaron a contactarse para estar prevenidos,
Vanzetti visitaba a los compañeros para mantenerlos informados, mientras
las deportaciones se seguían aplicando. Junto con Sacco, Orciani
y Boda acuerdan realizar un mitin de protesta el 9 de mayo en Brockton,
luego redactan un volante que dice así: «Habéis
luchado en todas las guerras. Habéis errado por todos los países.
¿Habéis cosechado los frutos de vuestro trabajo, el precio
de vuestras victorias? ¿Os conforta el pasado? ¿Os sonríe
el presente? ¿Os promete algo el futuro? ¿Habéis encontrado
una parcela de tierra donde poder vivir y morir como seres humanos? Sobre
esos problemas, sobre ese argumento y ese tema, lucha por la existencia,
hablará Bartolomé Vanzetti. Discusión libre para todos.
Traed las mujeres.» Los cuatro anarquistas fueron a buscar el
auto de Boda -que se encontraba en un taller mecánico- para trasladar
alguna literatura a un lugar seguro. La policía busca a unos ladrones
de origen italiano que se escaparon en un auto y les tiende una trampa en
un taller mecánico: quienes se presentasen a retirar el automóvil
serían los autores de una serie de asaltos sin resolver. La mujer
del dueño del taller avisa a la policía, Vanzetti y Sacco
son detenidos acusados de agitadores y de portar armas, Orciani es detenido
el día siguiente acusado de violar reglas de tránsito y Boda
logra escapar apareciendo años más tarde en Italia. La acusación
se modifica al día siguiente en que aparecen como autores de un delito
de Randolph, del atentado frustrado en Bridgewater y del doble crimen de
South Braintree. Sacco será retenido, Orciani y Vanzetti serán
absueltos. Cuando Vanzetti sale en libertad lo espera la policía
de Bridgewater y lo detiene en la puerta del juzgado. El tribunal de Plymouth
lo encuentra culpable del asalto con dos muertes de South Braintree. Sacco
y Vanzetti ya no recobrarán jamás la libertad, a partir de
ese momento las vidas de estas personas quedan en manos del Gobernador Elvan
Fuller y del juez Webster Thayer.
Sacco y Vanzetti escriben, incansablemente, durante lo que les queda de
vida. Defienden con dignidad sus ideas y su entereza los proyecta en el
tiempo. Este es su primer mensaje escrito en la cárcel de Dedhan,
Massachussets, el 18 de octubre de 1921: «Hemos sido condenados
por un atroz asesinato cometido por otras personas. El delito fue completamente
extraño a la lucha de los trabajadores por mejorar su situación.
No tenemos miedo de morir.
Cada trabajador, cada siervo del capital afronta millares de veces la muerte,
mientras cumple con su deber. Nosotros no tememos a la muerte. Nos rebelamos
angustiados al pensamiento de deber morir por un delito que no hemos cometido;
esto es, por un hecho que no tiene ningún significado social.
Desde los primeros años de nuestra juventud hasta el momento de nuestro
arresto, hemos dado tiempo, trabajo y dinero, por nosotros ganado con arduo
esfuerzo para la educación de los trabajadores, preparándolos
para el día en el cual el proletariado sabrá emanciparse.
No somos vulgares malhechores que roban y matan. Ningún hombre en
condiciones normales de mente comete un asesinato. Los hechos de violencia
son la demostración irrefutable de que la actual sociedad está
en condiciones anormales tales que determinan formas especiales de delincuentes.
No es necesario repetir aquí la historia de nuestro proceso y de
nuestra condena. Una red diabólica de mentiras fue construida en
nuestro daño, y algunos de nuestros actos más inocentes fueron
falseados con arte por la mentalidad insidiosa de aquellos que, en los exponentes
del trabajo, ven solamente enemigos del pueblo.
El capitalismo norteamericano no llega a comprender que un trabajador puede
ser un intrépido luchador contra la explotación, y al mismo
tiempo tener una mente y un corazón a los cuales repugnan los actos
de violencia. El complot recibió el último toque, cuando fue
puesta en evidencia nuestra creencia de que a los trabajadores pertenece
el producto de su trabajo. Esta fue una razón suficiente para hacernos
condenar. Si vamos a la silla eléctrica, vamos no porque hayamos
sido “probados” culpables del delito, sino por nuestros ideales.
E iremos continuando fieles a nuestros principios, los cuales si hoy son
adversos y combatidos, mañana dominarán la vida. Si hemos
de morir, pedimos solamente que nuestra muerte no sea inútil, y que
vosotros ¡oh, trabajadores!, que hacéis posible la vida de
la sociedad moderna, hagáis que nuestro sacrificio sea más
elocuente que lo que hubiera sido nuestra vida.
Nosotros no queremos morir inútilmente. Haced que nuestra muerte,
-si debemos morir- anuncie un mundo sin clases dominantes que sofoquen las
aspiraciones de libertad.» (Fernando Quesada, Sacco y Vanzetti:
dos nombres para la protesta. Todo es Historia nº 25).
El
lejano Sur de Sacco y Vanzetti
El mundo se conmovió por la injusticia que se cometía con
los dos anarquistas condenados a muerte en los Estados Unidos y por todas
partes surgieron comités de agitación para obtener la libertad
de Sacco y Vanzetti. En Argentina la defensa de los dos italianos tendrá
lugar a través del diario La Protesta, al que se suma ahora
el suplemento quincenal; también en 1921 surge La Antorcha
una nueva publicación que seguirá hasta el final todo lo relacionado
con el crimen de Boston. La Argentina aún tiene un fuerte movimiento
obrero de tendencia anarquista representado por la FORA y los gremios
autónomos, pero que sufre un clima represivo de grandes proporciones,
ya que en el año 1921 se produce la masacre de la Forestal en Santa
Fé y al año siguiente la otra gran matanza de peones rurales
en Santa Cruz. La agitación tras el asesinato de Kurt Wilkens en
la cárcel da paso a violentas huelgas que son duramente reprimidas
por la policía. Por otro lado están los sindicalistas y comunistas
en la decaída USA (Unión Sindical Argentina) y los
socialistas que la abandonan para crear la COA (Confederación
Obrera Argentina) en 1926. En ese tiempo surgen muchos comités de
agitación Pro Sacco y Vanzetti y se realizan mitines de
protesta que además de abarcar a todo el anarquismo se hacen extensivos
a otras ideologías. Los diarios burgueses comienzan a hacerse eco
del proceso contra los dos anarquistas. En mayo de 1926 en la ciudad de
Buenos Aires La Antorcha realiza un acto por los condenados en un teatro
al que asiste una gran cantidad de personas, por la noche de ese domingo
una poderosa bomba explota frente a la embajada de los Estados Unidos. El
Comité Pro Sacco y Vanzetti es allanado y la policía
efectúa varias detenciones. La Antorcha es secuestrada y
en otro local se realizan setenta detenciones.
El 7 de abril de 1927 llega la confirmación de la sentencia del juez
Tahyer, la FORA convoca a una huelga general para el día
siguiente. En el manifiesto de la Federación Obrera Local Bonaerense
escriben: «(…) Los gremios adheridos y la clase trabajadora
de la capital, respondiendo a esta declaración deben plegarse al
paro, paralizando el trabajo en las fábricas y talleres como recurso
extremo para impedir que los mártires de Dedham, Mass., sean carbonizados
en la silla eléctrica. El juez Tahyer, que entiende en la causa contra
los dos anarquistas, denegó la revisión del proceso y confirmó
la sentencia de muerte. Legalmente todo está perdido. Sólo
cabe la acción revolucionaria de la clase trabajadora para evitar
que Sacco y Vanzetti sean sentados en el sillón eléctrico.
Las declamaciones están demás en estos momentos de terrible
angustia. Toca, pues, emplear la acción decidida para salvar a los
condenados. La clase trabajadora, sin dilación, sin titubeos, que
no caben en estos momentos, está en el deber de prestar su espontánea
y urgente solidaridad. El único medio digno, el recurso más
expeditivo para detener la mano del verdugo y abrir las puertas del presidio
a Sacco y Vanzetti es la huelga general, la paralización total de
la producción, lanzarnos a la calle protestando contra los verdugos
yanquis, exigiendo la libertad y la vida de nuestros camaradas (…).»
(¡Libertad! mayo de 1927, órgano de la FOLB, año
2, nº 2). El paro dura 48 horas y se levanta ante el anuncio de la
postergación de la pena de muerte que pesa sobre Sacco y Vanzetti.
La USA llama a un paro de 24 horas el 15 de junio, al que adhiere
la FORA a pesar de las críticas que esta última tiene
sobre los sindicalistas “camaleones”. La acción individual
también se manifiesta el 22 de julio cuando vuela el monumento a
Washington y otro artefacto explota en la Ford Motor Company. Entre
el 5 y el 7 de agosto la FORA realiza un paro, que es retomado
el día 10, pero se suspende ante una nueva postergación de
la ejecución. Algunos gremios de la COA van a la huelga
a pesar de la negativa oficial de la central socialista. Sacco y Vanzetti
escriben desde la cárcel: «Nosotros deseamos decir a los
compañeros, a los amigos, al pueblo argentino, que sabemos cuan grande,
sublime y heroica es su solidaridad hacia nosotros (…)
La vía de la libertad, que es la vía del progreso y de la
justicia, está empañada de sangre, sembrada de fosas. Sólo
los fuertes la pueden recorrer. Vosotros sois fuertes. Dos caídos
más. ¿Y qué? Otros ocuparán nuestros puestos,
más resueltos y numerosos que nunca. En alto los corazones: ¡viva
la anarquía y la revolución social!» (Eduardo Colombo:
Los desconocidos y los olvidados). El 10 de agosto las tres centrales
obreras y los gremios autónomos realizan un paro general, ese día
se producen explosiones en los tribunales y en dos estaciones de trenes
en las que no hay víctimas. Los gremios autónomos anarquistas
y la Comisión de Agitación Pro Sacco y Vanzetti realizan
una manifestación en Plaza Once; la FORA marcha a Constitución
y la COA está en Plaza Congreso. Algunos anarquistas son
detenidos, poco tiempo después una bomba destruye la casa del Jefe
de investigaciones de la policía.
La protesta se extiende por todas partes, en Paraguay se realiza un paro
indefinido convocado por el Centro Obrero Regional Paraguayo que
es secundado por varios gremios autónomos. Otras dos centrales paran
medio día. Para la fecha de la ejecución vuelven a parar el
CORP y los autónomos. De Santiago de Chile escriben que
«El asunto de Sacco y Vanzetti ha tenido aquí una significativa
resonancia. Las publicaciones burguesas –que son las únicas-
han sacudido un poco el sentimiento solidario en los conglomerados y han
despertado en el pueblo una terrible aversión hacia el imperialismo
yanqui.
Los elementos anarquistas, reunidos clandestinamente, han formulado su más
enérgica protesta por el crimen del capitalismo internacional, procurando
influenciar a la masa en el sentido de provocar actos públicos a
favor de Sacco y Vanzetti, los que debido a la actual situación,
no se han evidenciado con nitidez. La propaganda argentina ha circulado
profusamente en todos los sectores, como no es muy abundante, un ejemplar
pasa de mano en mano, continuando después su viaje a provincias.
El jueves 11 de agosto, 600 obreros de la Unión de Resistencia de
Estucadores, hicieron un paro de protesta por Sacco y Vanzetti, de medio
día de duración. Realizaron una buena asamblea de protesta,
a la que asistieron numerosos trabajadores de otras industrias.
La sección Santiago de la Federación Obrera de Imprenta de
Chile en su asamblea del 9 de agosto, aprobó un voto de protesta
contra el capitalismo yanqui.
Los tipógrafos de Yenusco, de la misma federación, enviaron
un cable de protesta a Norteamérica.
En algunos teatros, durante la noche del 10 y 11 de agosto se produjeron
espontáneos gritos de ¡Viva Sacco y Vanzetti!, que fueron coreados
por el público, con “mueran los yanquis”.
A la isla de Más Afuera han llevado a treinta rateros y criminales;
también entre ellos, a tres camaradas idealistas. XX».
(La Protesta, nº 5738, sábado 3 de septiembre de 1927)
En Mendoza el paro comienza el día 6 anunciado por la Federación
Local y Provincial Mendocina, al que se suman varios gremios autónomos
a partir del día 8. «A las 16:30 empezó el mitín;
todos los oradores que desfilaron por la tribuna, con palabras vibrantes
condenaron la actitud de Norte América al querer llevar a la silla
eléctrica a dos hombres por el único delito de soñar
en una sociedad más justa y equitativa.
Obscurecía y aún desfilaban oradores por la tribuna; hombres
que jamás hablaron en tribuna la ocuparon, porque su indignación
era tal que no podían permanecer en silencio; lanzaron por los cuatro
vientos raudales de indignación y de protesta.
Había momentos en que el mitín parecía terminar con
una tragedia; al pasar los tranvías se quería asaltarlos,
prestas multitudes estaban en un exceso de ánimo que era imposible
contener. Al finalizar el acto se retiraban los obreros con vivas a Sacco
y Vanzetti y a la anarquía» (La Protesta, nº 5739, domingo
4 de septiembre de 1927).
Para el 22 de agosto la FORA declara nuevamente la huelga general, se producen
estallidos de petardos, destrozos de vidrieras, se incendian tranvías,
pero nada puede hacerse para evitar la ejecución. Las manifestaciones
multitudinarias se dan por todo el mundo. Se producen atentados y explosiones
en varios países. Sacco y Vanzetti finalmente son asesinados en la
silla eléctrica ese fatal 23 de agosto de 1927. El verdugo democrático
se cargó las vidas de dos compañeros que jamás deben
ser olvidados.
M.S.C.
Fuentes Consultadas:
-Fernando
Quesada: Sacco y Vanzzetti dos nombres para la protesta. Todo es
Historia Nº 25, 1974. También la reedición de Editorial
Reconstruir-Dissur Ediciones, 1997.
-Daniel “Visceral”: 1º de Mayo: De jornada de lucha
a “fiesta del trabajo”. (1886-2007). Guión e investigación
para el programa radial “La hidra de mil cabezas”.
-Patrick Renshaw: Wobblies. Historia de la Industrial Workers of the
World. Confederación Regional del Trabajo de Canarias. CNT-AIT,
2004.
-Diario “La Protesta”.
-Revista “¡Libertad!”, órgano de la Federación
Obrera Local Bonaerense, mayo de 1927. Año 2, nº 2.
LAS
CENIZAS DE VANZETTI VOLVER
Persecución clerical
El
corresponsal de la Associated Press en Turín informa que monseñor
Travaglini, obispo de Cúneo, se negó a acceder al pedido que
le hizo Luigia Vanzetti, quien deseaba se oficiara una ceremonia religiosa
ante las cenizas de su hermano, antes de ser colocados en Villa Failletto.
El prelado funda su actitud diciendo que Vanzetti era ateo y que no pidió
los consuelos de la religión antes de ser electrocutado, y que además
murió pronunciando las palabras “¡Viva la anarquía!”
Sin embargo, el obispo declaró que la familia Vanzetti podía
mandar decir misas en sufragio del muerto, ya que puede haber la probabilidad
de que a último momento Vanzetti hubiera cambiado de opinión,
mereciendo así el perdón divino.
Nos duele que las cenizas de Vanzetti sirvan de escarnio y de befa porque
así le parezca bueno a la hermana del muerto. Luigia Vanzetti es
una campesina creyente, llena de prejuicios, que cree salvar el alma del
ajusticiado de Massachussetts con oficios religiosos. Pero el clero católico
se niega a recibir en el seno de la Iglesia al hereje que no se reconcilió
con Dios… y que murió gritando: “¡Viva la anarquía!”
Un derecho de familia, contrario a los sentimientos del compañero
asesinado por la justicia yanqui, favorece ese peregrinaje de las cenizas
de Vanzetti por las iglesias de Italia. La hermana del muerto mendiga del
clero un favor que en vida no reclamó Bartolomé Vanzetti porque
no lo necesitaba para morir con la conciencia tranquila y consciente de
lo que significaba para el mundo su bárbara inmolación en
el altar del dios capitalista.
(La Protesta, nº 5774, sábado 15 de octubre de 1927)
DESPEDIDA DE SACCO VOLVER
Querida Rosina mía, mis queridos hijos, queridos compañeros:
¡No
hay justicia para los pobres! Después de haber crucificado a los
míos queridos, durante siete largos años, se preparan ahora
a asesinarme a mi. ¡oh, compañeros míos, continuad vuestra
gran batalla! Luchad por la gran causa de la libertad y la justicia para
todos! Todo este horror debe acabar! Mi muerte ayudará a la gran
causa de la humanidad. Muero como todos los anarquistas mueren, altivamente,
protestando hasta último momento contra la injusticia. Será
duro, lo sé; pero la vida de los pobres es siempre dura. ¡Por
eso es tan importante nuestra causa, tan sublime!
Mi querida Rosina: esta tortura terrible ha destrozado tu vida, ha cavado
indelebles surcos de dolor sobre tu amado rostro ¡pero tu eres fuerte
y valerosa!¡tu también eres un soldado de la clase trabajadora!¡yo
he sido arrancado de las filas pero tu has ocupado mi puesto!
Sé fuerte de corazón. Sé para nuestros Inés
y Dante, madre y padre a un mismo tiempo. Será duro, lo sé;
pero la vida de los pobres es siempre dura. ¡Por eso es tan importante
nuestra causa, tan sublime!
No llores querido hijo; demasiadas lágrimas han sido derramadas,
sin conjurar, empero, la extrema tragedia. Sé fuerte y asi podrás
confortar a tu querida madre. Haz como yo hice en lejanos días, cuando
ella era feliz. Condúcela al campo tranquilo, todo florecido, y reposad
bajo la agradable sombra de los árboles. Procura cuanta paz y cuanto
reposo puedas ofrecer a su alma torturada.
Pero recuerda siempre, mi querido Dante, la causa por la que muero. ¡Consagra
tu vida a la causa de la Justicia! Cuento contigo para reemplazarme y hacer
cuanto me ha sido imposible a mi mismo.
Ayuda a los perseguidos y a las victimas de la injusticia, porque ellos
son tus verdaderos amigos. Ellos son compañeros que luchan y caen
como luchó y cayó tu padre, para alegría de la libertad
y por la salvación de todos los trabajadores. En esta lucha encontrarás
más amor y felicidad, y serás amado.
Sobre todo, recuerda siempre cuánto han hecho por nosotros nuestros
amigos, en estos siete años. Han trabajado sin tregua y si no han
triunfado en su noble intento, no es por su culpa. La máquina contra
la que luchaban era demasiado potente. Ten hacia ellos, Dante mío,
admiración y reconocimiento.
Inés, pequeña mía: ha pasado mucho tiempo, desde la
última vez que te vi, desde que contemplé tu rostro radiante,
lleno de alegría e inocencia. Tú eres demasiado pequeña
para comprender lo que hay en mi corazón. ¡0h, los sueños
que yo he construido en mi corazón a ti próximo, lejos de
la crueldad que se ha abatido sobre nosotros!
Pero algún día comprenderás .Y tú también
tomarás un puesto en esta lucha. Entonces sabrás por qué
muero y comprenderás que es por algo que está más allá
de nuestros afectos, de los cielos, del espacio y del universo.
Por eso muero y estoy orgulloso de ello. Yo no palidezco a despecho de todo¡
mi espíritu es aún fuerte! ¡Voy hacia la muerte con
una canción en los labios y una esperanza en mi corazón, que
no será destruida! ¡Yo afronto mi destino sin temor! Vuestro.
Nicolás Sacco
Extractado de “Todo es historia” N° 25
UNA
VIDA PROLETARIA VOLVER
(...) Mi instrucción de fondo fue demasiado incompleta, y mi mentalidad
no me permite disfrutar y asimilar por completo material tan vasto. Además,
debe tenerse en cuenta que estudié mientras trabajaba duramente,
sin disponer de comodidad alguna. Eso sí: sumé al estudio
la observación despiadada, continua e inexorable de los hombres,
los animales, las plantas; en una palabra, del hombre y todo lo que lo rodea.
El libro de la vida: ¡he ahí el libro de los libros! Todos
los demás no tienen otro objeto que el de enseñarnos a leer
este. Me refiero, claro está, a los libros honestos; los que no lo
son, tienen el fin opuesto.
La meditación sobre este gran libro determinó todas mis acciones
y todos mis principios; desprecié el concepto según el cual
“cada uno para sí, y Dios para todos”; me puse de parte
de los débiles, de los pobres, de los oprimidos, de los simples y
de los perseguidos; comprendí que en nombre de Dios, de la Ley, de
la Patria, de la Libertad, de las abstracciones más puras de la mente,
de los ideales humanos más elevados, se perpetran los delitos más
feroces, y se los seguirá perpetrando hasta el día en que,
alcanzada la luz, ya no será posible que los pocos hagan que los
muchos cometan el mal en nombre del bien.
Comprendí que el hombre no puede, impunemente, pisotear las leyes
no escritas, ni violar los vínculos que lo ligan al universo. Comprendí
también que las montañas, los mares, los ríos, y todos
los demás accidentes llamados límites naturales, se formaron
antes que el hombre, por un complejo de procesos físicos y químicos,
y no para dividir a los pueblos.
Tuve fe en la hermandad, en el amor universal. Comencé a creer que
quien beneficia o perjudica a un hombre, beneficia o perjudica a la especie.
Busqué mi libertad en la libertad de todos, mi felicidad en la felicidad
de todos...
Bartolomeo Vanzetti
Extractado de “Las cartas de Vanzetti”
JUECES VOLVER
Con
el pie sobre el cuello de la víctima, el juez ya no ve sino sangre
ni siente otra cosa que odio. Es una bestia confiada en su impunidad, y
convencida, también, que eso la honra y la talla, la saca por arriba
de los hombres como a algo grande, sereno y respetable... Sería curioso
saber en qué abismante locura funda su creencia de ser superior al
criminal que condena; con qué se lava las manos para ,no manchar
a sus hijos después que mata; dónde pone la conciencia para
dormir; cómo resiste, en fin, la tentación de ahorcarse.
En el fondo, todos los tribunales son lo mismo; todos los jueces. Y no variarán
de esencias si, en vez de la burguesía, salen del pueblo. Sea de
hierro o de cristal el frasco, el líquido autoridad hiede y envenena
igual, si se le destapa y se le esparce. El poder de sentenciar: ¡ése
es el crimen!
No hay derecho a matar nunca. Aunque hay, sí, el deber, a veces,
de llenarse de dolor, cegar de luz y estallar de justicia. Pero esto es
una defensa, no un crimen. Acto de héroe, no de bestias.
Entre los jueces del mundo, ningunos tan bárbaramente cínicos
como los de Norte América. Éstos unen el fondo a la forma:
su odio se abraza con su fiereza; su ceguera con su locura. Y así
dan esas sentencias que quedan luego en la historia como obras maestras
de infamia, como espectáculos que se recuerdan siempre con angustia
y asco. El ahorcamiento de nuestros compañeros en Chicago, por ejemplo.
No menos bestial que aquél es el fallo recaído ahora contra
Vanzetti y Sacco. Y con no menos cinismo seguirán sus .juzgadores
viviendo, aunque, después de cumplida la sentencia, la revisión
del proceso pruebe que eran inocentes. Ni tuvieron piedad ni tendrán
remordimiento.
Compañeros: Contra el derecho a matar de todos los jueces, alcemos
nuestro deber de llenarnos de dolor, cegar de luz y estallar de justicia.
¡Contra la ley, la bomba!
Rodolfo
González Pacheco
Extraído de Carteles I