Docencia Introducción a la Comunicación
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Estás en: Escritos>Artículos de Opinión La verdad en tiempos de guerra
"La primera víctima de toda guerra es la verdad" reza una máxima que demasiado a menudo aceptamos sin mayores cuestionamientos. Pero algunos pensaban que a partir de la guerra con Irak las cosas iban a empezar a ser de otra manera:
Así como se nos había prometido que gracias al avance de la tecnología presenciaríamos "una guerra diferente" -sin víctimas civiles y sin mayores daños a la infraestructura- también se nos había garantizado una cobertura periodística "como nunca antes".
Esta promesa se refería principalmente a la velocidad con la que las imágenes más impactantes iban a llegar de los campos de batalla hasta la comodidad de nuestros hogares. Pero el paquete también incluía garantías de una cobertura periodística más plural y más libre, cuya objetividad iba a estar garantizada en última instancia por la presencia de los hombres y mujeres de prensa (y de sus cámaras transmitiendo "en directo") en el mero centro de los acontecimientos. Para ello, el Pentágono llegó incluso a abandonar las severas restricciones impuestas durante la primera guerra del golfo y más bien permitió que más de 500 periodistas se "incrustaran" entre sus efectivos militares, sin mayores restricciones para informar que las "normales" en tiempo de guerra.
¿Virtud, resignación o un intento postmoderno de manipulación basado en cálculos erróneos acerca de la actitud con la que los iraquíes iban a recibir a las tropas norteamericanas? Resulta arriesgado aventurarse en afirmaciones absolutas, pero en cualquier caso el resultado no ha sido el esperado por nadie:
A medida que avanza la guerra los militares empiezan a sentirse más y más incómodos por la presencia de periodistas en el campo de batalla. Y el número de personas decepcionadas o indignadas por lo que ha sido, en términos generales, la cobertura periodística de la guerra con Irak también es grande. Y parece ir aumentando.
El grupo de los decepcionados e indignados puede, sin embargo, dividirse en dos grandes categorías:
Por un lado tenemos a quienes se enojan porque los medios no coinciden con su propio punto de vista sobre el conflicto. Aunque no siempre se den cuenta de ello, más que "objetividad" lo que demandan es una cobertura limitada a aquello que les permita reafirmar su propia interpretación de los acontecimientos. La transmisión de cada reportaje que cae fuera de esta definición es denunciada inmediatamente como un resultado de los intentos de manipulación, como un truco más de la propaganda, de uno u otro lado.
La gran mayoría de los críticos, sin embargo, parece estar genuinamente devastada por los problemas que ha tenido la prensa, en general, para demostrarse objetiva, creíble, independiente y como tal digna de confianza. El poco escepticismo con el que fueron tratadas las declaraciones de los voceros militares, que redundó en una contradanza de correcciones y contra-correcciones durante los primeros días del ataque anglo-americano, seguramente no ha ayudado. Pero el principal problema tal vez sea que al periodismo se le está exigiendo algo imposible (aunque demasiadas veces nos ha intentado convencer de lo contrario).
El problema no tiene únicamente que ver con los retos planteados por la impresionante velocidad a la que se suceden los acontecimientos y la demanda insaciable de la información instantánea, los que "obligan" a pasar por encima de alguna de las normas elementales del periodismo profesional. Tampoco se trata únicamente de que en tiempos de guerra se hagan más evidente los poderosos intereses que condicionan nuestra capacidad de "contar las cosas, tal y como suceden". El quid del asunto, la base de muchas de nuestras decepciones, es que no nos hemos oreguntado si "la verdad" que esperamos nos transmitan los medios de información es en esencia indisputable y por lo tanto puede ser aprehendida con la condición de saber como buscarla.
El problema es que tal vez, como dice James Carey, la realidad es, antes que nada, "un producto escaso", definido humanamente y en condiciones de desigualdad en el acto de comunicar.
Para Carey, la comunicación es básicamente una forma de acción que no sólo representa o describe al mundo, sino que lo moldea. Y según este profesor de periodismo internacional de la Universidad de Columbia, la comunicación es básicamente el proceso mediante el cual la realidad es constituida, mantenida, y transformada. Y así, la forma fundamental de poder es el poder de definir la realidad.
Desde esta perspectiva los medios de comunicación nunca serán, no pueden ser, testigos imparciales de la historia. La multiplicidad y sobre todo la diversidad de voces que están reportando el conflicto nos han permitido darnos cuenta con relativa rapidez de las falsedades (o podríamos decir simplifcaciones) en las que han incurrido los medios; pero la simple existencia de tantas versiones, y la evidente dificultad que cualquier periodista enfrentaría en un hipotético intento por acomodarlas a todas en igualdad de condiciones dentro de sus relatos, también da una buena idea de los límites de algunas de nuestras prácticas y rutinas.
La cobertura de la segunda guerra del golfo sobre todo está confirmando que, como dice Carey, la verdad es y siempre será un terreno en disputa. Y los medios un campo de batalla privilegiado.
Managua, Marzo 2003.
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