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| La Ciudad de Arena de Luis Arturo Ramos | ||||||||||||||||||||
| Aparecida originalmente como Intramuros, esta novela de Luis Arturo Ramos se conoce también como La Ciudad de Arena (Ediciones del Bronce; 1ª. Edición, 1999), debido a una reciente publicación en España. La nota a continuación ha sido escrita por Jorge Rufinelli —director durante algún tiempo de la Revista Texto Crítico, y quien en la actualidad, funge como profesor en la Universidad de Stanford—, y aparece en el libro Acercamientos a la narrativa de Luis Arturo Ramos, publicado por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez en 2005.
Miembro de la generación de 1968, Ramos se ha distinguido en su narrativa por su fuerte arraigo a Sotavento, a diferencia de algunas glorias literarias mexicanas que aún andan buscando su identidad. Como Fernando del Paso, se remonta a la metaficción histórica, abriéndo brechas por entre los cadáveres de sus compatriotas, creando una relación de hechos en el Golfo de México, sin dejar personaje diaspórico con cabeza, describiendo, tanto a los exiliados de la Guerra Civil Española, como a los invasores del puerto de Veracruz —tres veces heroico—, durante la incursión extranjera de la segunda década del Siglo XX, como lo describe en Este era un Gato, (México, Grijalbo, 1988), sobre la cual ya existen acuerdos para su próxima publicación en Francia. LA TIERRA (VERACRUZANA) PROMETIDA* Jorge Rufinelli * Sábado (Suplemento cultural ) del diario mexicano Unomásuno, 7 de enero de 1984. La reciente novela de Luis Arturo Ramos, Intramuros, nos presenta un tema que por tan familiar no habíamos esperado: los exiliados españoles en Veracruz. Ambientada precisamente en el puerto jarocho, para Intramuros, Ramos ha tornado tres epítomes de lo que ha sido la vida transterrada de muchos españoles y su inserción, su arraigo, en suelo mexicano. Lo que se ha dado en llamar el exilio español, al menos en su último y más importante aporte migratorio, tiene que ver con la guerra civil: fueron los republicanos y muchos niños huérfanos quienes llegaron a las playas veracruzanas cuando la Republica cayó y Franco se hizo de un poder que no abandonaría en varias décadas. Esos españoles del `39, sin embargo, venían precedidos por tantos otros (desde la Conquista, origen del mestizaje que hoy conforma la nación mexicana) que en diferentes épocas decidieron partir de sus pueblos natales para "hacer la América".Ramos no quiere contar su historia completa sino tomar unas pocas generaciones a partir de 1915, haciéndolas representativas por medio de tres personajes: Gabriel Santibáñez, quien entra en el mundo del pequeño negocio con una "miscelánea"; su sobrino Esteban Niño, quien llega en el `39; y José María Finisterre, que viene junto con Esteban pero desvía su derrotero, viviendo una vida mucho más torturada y desolada que la de todos los otros. De las tres, la más completa y atractiva es la historia de Gabriel Santibañez: contada en racontos recuperadores, es notablemente rica en peripecia desde su origen mismo, el fraude de su socio Laborde, que lo lleva a la cárcel y al despojo a manos de jueces y policías, hasta su casamiento pronto frustrado y el nacimiento de una hija boba que nunca, ni él ni su mujer, reconocerán como tal, junto con la costumbre alucinada de enviarle a España cartas a su hermana muerta narrándole precisamente lo contrario de lo que sucede, como si en esas cartas compensara todo lo que en su vida es fracaso. Esas dos vías, la realidad y la imaginaci6n, son las dimensiones que lo enriquecen como personaje y le dan razón de ser mientras paulatinamente ingresa en la soledad de la locura y la muerte. Esta historia le es narrada a Esteban Niño y constituye como un preámbulo a su propia vida llena de frustraciones. Generación que vive sobre los despojos de la generación anterior, la de Esteban Niño no tiene una suerte mejor sobre la tierra: le espera un erotismo desmayado y el anquilosarse, como todos los personajes, en su propio desarrollo. Es el heredero de su fracaso y por ende, un fracasado también. La historia de Finisterre promete tanto atractivo como la de Gabriel Santibáñez, al menos porque en este personaje hay una sorda rabia que lo acompaña, un espíritu anarquista y el cultivo de una vida llena de pérdidas y por lo tanto de nostalgia. Cuando un compañero llega de Europa y le dice que ha visto a quien fue su mujer dos décadas atrás, Paloma, Finisterre se ilusiona con el reencuentro v le escribe instándole a unírsele en México, pero ella se niega. Este episodio está basado en una historia real contada a Ramos por los propios españoles, pero en la vida real la pareja se unió. Ramos temió el melodrama y le impidió a su personaje un final relativamente feliz. Todos los cuentos, así corno la anterior novela de Ramos (Violeta-Perú) acusan parecida actitud ante historias y personajes: la realidad decae, se corrompe, y la sordidez ambiental se hace dueña del animo y de las cosas. Como su maestro Revueltas, Ramos posee una visión inmisericorde de la realidad, pero a diferencia de aquél, que sustentaba la pugna de una convicción marxista y religiosa. Ramos enfila hacia un pesimismo definido y sin concesiones. Si bien sus personajes son aquí mucho más redondeados, queribles y "humanos" que en su narrativa anterior, la historia que los caracteriza es igualmente la del fracaso y la oscuridad final. También las mujeres (Teodora Ricalde, Goya) son víctimas o protagonistas de sus propias desgracias, y la paradoja llega al límite cuando el novelista da el nombre de Felicidad a la hija idiota de Santibañez; tal vez con una afirmación irónica de que la única felicidad consiste en el desapego, la inocencia, la ignorancia del mundo. Debe decirse que la novela está muy bien escrita y que Ramos demuestra con ella una superación incesante. En contraste con Violeta-Perú y algunos de sus cuentos, aquí hunde el pedal del realismo y deja de lado las innovaciones técnicas que desde Vargas Llosa caracterizan a la nueva novela. De todos modos diestro en el oficio narrativo, inteligente en la sintaxis de las acciones, Ramos ha prestado mayor atención a la historia y narra en términos y tonos de la época lo que seguramente no admitiría otro modo de narrar. Y sin embargo hay debilidades que señalarle a partir del nivel de exigencia que ella misma se propone. La principal es la ausencia de una verdadera dimensión del pasado de sus personajes, en particular de Esteban Niño y de Finisterre; fuera de algunas referencias esporádicas, la Guerra Civil Española termina resultando una ausencia, cuando en verdad se sabe que todo desterrado (y era famoso en los españoles) vive añorando el pasado y su tierra aunque logre insertarse en la nueva. Sólo Finisterre se alucina con el vallejiano Pedro Rojas que muere una y otra vez en su imaginaci6n, pero en su vida de relaci6n aquel pasado parece haber entrado en el ostracismo y nadie se refiere a é1. Ramos ha confiado en la cualidad introspectiva de su prosa (otra herencia de Revueltas), pero ésa es en rigor existencial y no histórica. De este modo, tanto valdría que sus personajes fuesen españoles que de otra nacionalidad, y Veracruz, como cualquier otra, su tierra de promisión. Dije antes que la novela está muy bien escrita. Esto significa que Ramos conoce íntimamente la literatura moderna de la cual, como todo escritor, ha aprendido sus recursos. Hay guiños al lector, desde el Esteban Niño escritor que recuerda al Esteban Héroe de Joyce, hasta el final mismo de Intmmuros que es un homenaje a Rulfo. La inolvidable escena de la muerte de Pedro Párarno ("Dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras") se vuelve, aquí, en la muerte de Finisterre: "Algo se removió en su interior y se derrumbó después como si hubiesen roto los alambres que lo sostenían por dentro". © 2006 José T. Espinosa-Jácome, sobre edición en esta página de la Red Mundial |
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