EL PODER DEL ALMA
Por lo cual, también nosotros damos gracias á
Dios sin cesar, de que habiendo recibido la palabra de Dios que oísteis de
nosotros, recibisteis no palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra
de Dios, el cual obra en vosotros los que creísteis.
I de Tesalonicenses 2:13
Sabemos que el ser humano esta constituido por
Espíritu, Alma y Cuerpo. Muchos cristianos tenemos en claro que es el cuerpo, a
lo cual llamamos la carne, y que es el Espíritu, el cual rendimos y sujetamos a
Dios cuando creímos, y el cual el mismo Dios regeneró al hacernos sus hijos. No
hay problema alguno para que los cristianos creamos y entendamos que el
Espíritu es el aliento de vida, y ha sido vivificado por Jesucristo mismo en
nosotros.
El diccionario define la palabra alma de las
siguientes maneras: En algunas religiones y culturas, sustancia espiritual e inmortal de
los seres humanos. Aquello que da espíritu, aliento y fuerza a algo. Sin
embargo esta definición del diccionario de la Real Academia española no
concuerda con la Biblia. Quizá sea esta discrepancia lo que ha producido una de
las grandes confusiones que vive el cristianismo actual y que produce
divisiones doctrinales a lo largo y ancho de la tierra. El diccionario dice que
el alma del hombre es inmortal. Pero la Biblia contradice al diccionario:
He aquí que todas las almas son mías; como el
alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá.
Ezequiel 18:4
Y si al justo amonestares para que el justo no peque, y
no pecare, de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás
librado tu alma. Ezequiel 3:21
La mayoría de los cristianos no tenemos
problema alguno en comprender que El espíritu humano, una vez vivificado por Jesucristo,
entra en comunión con el Espíritu Santo de Dios. Es cuando recibimos de Dios la
palabra que necesitamos para vencer, y que sabemos que lo escuchamos pero no
con oídos físicos, sino con los oídos del espíritu vivificado, digamos
reactivado para tener comunión con Dios. El plan de Salvación tiene un
doble propósito de Dios: Perdonar el pecado que condenaba a los hombres a la
muerte de su alma, y reentablar la comunión del Espíritu del Hombre con el
Espíritu de Dios como al principio. El plan de Salvación, y la gran comisión
ordenada por Jesucristo produce VIDA A LOS JUSTOS. –Hemos sido
Justificados por la Fe en Jesucristo, no porque seamos justos- Y Jesucristo
significa para los creyentes LA VIDA ETERNA.
Engañoso es el corazón más que todas las cosas,
y perverso; ¿quién lo conocerá?
Yo Jehová, que escudriño el corazón, que
pruebo las intenciones, para dar á cada uno según su camino, según el fruto de
sus obras. Jeremías 17:9-10
El Alma, sin embargo, es algo completamente
distinto: En el alma se encierra el poder extraordinario de la acción de
Pensar, la habilidad de tomar decisiones, y la experiencia de concebir
sentimientos y deseos. Esto es bastante complicado en sí mismo, es un
enigma, misterio que nos diferencia de todos los otros seres creados que
Dios hizo. Al alma, en la Biblia se le conoce también como el corazón. El alma
tiene la capacidad de atar a otras personas, un ejemplo claro es cuando nos
enamoramos y se dice popularmente que “esos dos son almas gemelas” o que las
almas se entrelazaron. A esto podemos llamar ataduras del alma. [Cantar de los
Cantares]
Ataduras en forma de deseos: Cuando deseamos algo con
ahínco, nuestra alma se infatúa, se crece, y se hace demandante. Se
aferra y se ciega hasta obtener el objeto de su deseo. Sabiendo Dios la
esclavitud que esto produce no solo al que siente eso, sino al objeto o persona
de su deseo, Dios ordenó en uno de sus mandamientos que nos abstengamos de
desear:
No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni
desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni ninguna cosa que sea de tu prójimo. Deuteronomio 5:21
Ataduras en forma de tentaciones: Una tentación no es un
pecado hasta que no caemos en ella. Podemos ser tentados, reconocer que estamos
siendo tentados, analizar que estamos siendo tentados, intuirlo, pero mientras
no le digamos sí a la tentación, no hemos pecado. Sin embargo muchas veces
entretenemos el pensamiento –mente- y eso produce ataduras, mientras mas
pensamos en la tentación, más atraídos nos sentimos hacia ella. Las
tentaciones se producen en la mente. Quizá sea por
esta razón que escrito está:
Y no os conforméis á este siglo; mas reformaos
por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la
buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2
La única manera de reformar nuestro
entendimiento es a través de la lectura sistemática y ordenada de la palabra de
Dios, y la obediencia a sus mandamientos produce libertad de ataduras.
Ataduras en forma de Palabras: Quizá sea esta la manera mas
obvia en la que los cristianos se autoflajelan
atándose a sí mismos con el poder de sus palabras. Las palabras producen que se
active el mundo espiritual. ¿Cuántas veces hemos dicho soy una retrasada
mental, una boba, y cosas peores que éstas a nosotros
mismos? ¿Cuántas veces hemos dicho no puedo? ¿No quiero? Con estas afirmaciones
o negaciones, estamos en realidad ejecutando una sentencia y entonces, no
seremos adecuados, no podremos, no queremos hacer las cosas, no podemos
gobernar nuestra voluntad. Si nosotros no gobernamos nuestra voluntad, ni la
rendimos a Dios, entonces ¿quién tiene “china libre” sobre nuestra voluntad?
Efectivamente: el chanclas.
Y aconteció que, apretándole ella cada día con
sus palabras é importunándole, su alma fue reducida á mortal angustia. Jueces 16:16
Ataduras en forma de emociones: las emociones son
sentimientos que no siempre son acertados. Son cosas que creemos sentir, pero
que no son necesariamente ciertas. El diccionario lo define mejor: Alteración del ánimo
intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción
somática. El alma, o la residencia de las emociones, es la
cosa más engañosa que existe: ¿a quién engaña nuestra alma? A NOSOTROS MISMOS.
Una vez auto engañados, es facilísimo pecar contra Dios y apartarnos.
Engañoso es el corazón más que todas las
cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Jeremías 17:9
Ataduras en forma de acciones: Una vez que hemos tenido deseos, sido tentados, engañados por las
emociones y hemos ejecutado la palabra que decretará una acción o varias, la
consecuencia natural es pasar de lo intangible –pensamientos, emociones,
sentimientos- a las acciones –pecado-. Todos los mandamientos de Dios están
dirigidos a gobernar la manera de actuar del hombre. Jesucristo mismo es el
Verbo, la palabra hecha acción, y Jesucristo mora en tu corazón.
Cada vez que nos dejamos engañar por nuestro
corazón insubordinado a Dios, estamos haciendo un acuerdo destructivo que
produce atadura espiritual. Nadie puede forzarnos a pensar, decir o hacer algo
que no queremos. La peor excusa de un creyente es decir: “la serpiente me
engañó”, pues al decir así, el creyente no se esta haciendo responsable de sus
propios actos, y una persona que no se hace responsable, no cambia. Una
vez que reconocemos que lo que pensamos, decimos o hacemos, nos ata a nosotros
mismos, y ata a los que nos rodean, seremos más cuidadosos en analizar todos
estos pasos anteriores. La única manera de desatarnos es arrepintiéndonos de
haber pensado, hablado o hecho mal, y pidiéndole a Dios que desate lo que
nosotros hemos atado contra nosotros mismos, o contra los demás. Precisamente,
esta es la razón creo yo, que Dios se haya tomado la molestia de dejar por escrito
SU VOLUNTAD, su Palabra, LA GUIA de fe y conducta de
los creyentes. Para que una vez descubierto el engaño, renovemos nuestra mente,
voluntad, emociones y sentimientos Y LOS SUPLANTEMOS por la mente, voluntad,
emociones y sentimientos de Dios hacia nosotros. Los mandamientos de Dios
SUBORDINAN la voluntad del hombre, a la voluntad de Dios, porque está
comprobado que el hombre no puede gobernarse a sí mismo sin arruinarlo todo. Y
la vida del alma –o su muerte, en su defecto- es lo que está en juego. El alma
preciosa de los hombres por la que Jesucristo pagó toda su sangre. El cambio
que Jesucristo produce en los creyentes, respecto a los deseos, tentaciones,
palabras y acciones suplantando la vieja manera de vivir por una nueva, es lo
que El denominó “Nacer de Nuevo”.
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