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Cristianos Unidos

Por Adda Vélez

 

Y no quites de mi boca en ningún tiempo la palabra de verdad; Porque á tu juicio espero. Salmo 119:43

 

Dicen el poema y  la canción: “Sabia virtud de aprovechar el tiempo, a tiempo amar y desatarse a tiempo, como dice el refrán, dar tiempo al tiempo” **

La pregunta es: ¿Qué es el tiempo?

 

El diccionario define la palabra tiempo como “Magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro. Su unidad en el Sistema Internacional es el segundo.” El mismo diccionario también define el tiempo como: “Oportunidad, ocasión o coyuntura de hacer algo. A su tiempo. Ahora no es tiempo”.

 

¿Quien define cuándo algo es a tiempo, y cuando algo es fuera de tiempo? El tiempo lo define Dios, en la vida de los creyentes. Nosotros no podemos, por más que nos esforcemos añadir un segundo al tiempo que Dios ha designado que vivamos, por ejemplo. El tiempo pertenece a Dios.

 

PARA todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su tiempo: Eclesiastés 3:1

 

Por los siglos, el hombre en su afán de dominar las cosas intangibles de Dios, ha establecido cómo medir el tiempo y lo ha dividido en segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años, siglos y eternidades. Sin embargo, existe un “reloj” divino que rige todas las cosas, lo sepamos o no, lo creamos o no, lo entendamos o no. El reloj de Dios es el que hace que El día y la noche sumen 24 horas, y que haya 4 estaciones en la tierra. Dios lo estableció así y dijo que así sería, y así es: Dios ejerce el poder sobre la soberanía del tiempo.

 

Todo el libro de Eclesiastés nos habla de esta verdad: Tiempo de nacer, tiempo de morir, tiempo de amar, tiempo de no amar, tiempo de trabajar, tiempo de descansar. Tiempo de hacer, tiempo de no hacer. Tiempo de guerra, y tiempo de paz.  Escrito está: Tiempo y ocasión acontecen a todos. Sabemos pues, que todos tenemos que pasar por vida y muerte, por hambre y llenura, por guerra y paz, por persecución y victoria, por tiempo de duro trabajo y tiempo de descanso. Todos tenemos que pasar por ahí. Aceptar esto, es el principio de la sabiduría y aceptar que Dios es soberano sobre cada instante de nuestro tiempo y El sabe porque hace las cosas.

 

Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; mas un pecador destruye mucho bien. Eclesiastés 9:18

 

Identificar, y aceptar los tiempos en los que estamos viviendo, es el principio de entonarnos en la sintonía de Dios. Ya lo hemos dicho antes: ¿estás en tu primer amor, en el tiempo de la leche endulzada con miel, o estas en el tiempo de la machaca*, que se tiene que masticar mucho antes de poder pasarla?

 

Lo hemos dicho antes: ¿en que tiempo estamos? Tiempo de Trabajar, o tiempo de descansar. Tiempo de prosperidad o tiempo de austeridad. Ciertamente, y  cualesquiera que sea el tiempo en que estamos, si poseemos SABIDURÍA, y no pecamos contra Dios independientemente si el tiempo es bueno o malo, esa es precisamente  la victoria sobre el tiempo.

 

“Tiempo de callar, y tiempo de hablar;”  Eclesiastés 3:7

 

Muchas veces vemos cosas que sabemos que no están bien, y no hacemos nada. Callamos. Y creemos que callar es ser prudente,  nos relajamos, y bajamos la guardia. Cuando si nos detuviésemos a pensar porqué Dios nos esta permitiendo ver, y para qué, indudablemente llegaríamos a la conclusión de que es para hacer algo: orar, o hablar, decir lo que sentimos o pensamos, sin embargo aquí es donde entra la sabiduría: Buscar el tiempo de Dios para decirlo. Nuestro tiempo es generalmente malo. Tendemos a dejar pasar el tiempo y no hacer nada,  o en su defecto, a reaccionar como mechitas encendidas que no se dan cuenta que van directamente hacia una pila de dinamita. Y luego nos lamentamos amargamente por no haber hecho nada, o culpamos a Dios de habernos mostrado algo, y nosotros haber reaccionado, y que la bomba explotara. Decisión es llegar a la convicción de que Si el Señor mi Dios es soberano del tiempo, entonces El mismo Dios de paz me mostró esto a tiempo, y no fuera de tiempo. Pero mi reacción, para que sea exacta y precisa, debe estar también a tiempo –al tiempo de Dios- si no, es a mi tiempo y de seguro en mal tiempo. Jesús dijo “Mirad, velad y orad: porque no sabéis cuándo será el tiempo.: Marcos13:33

 

Es un hecho: nosotros no sabemos el tiempo. Creemos percibirlo, creemos entenderlo, creemos medirlo, comprenderlo, saberlo con exactitud. Sin embargo, Jesús dijo que dado a que no conocemos el tiempo, velemos y oremos.  Con esto lo resumió todo: El principio de la sabiduría es: Aceptar que Solo Dios es soberano del tiempo, Solo El sabe los tiempos y las sazones.  Y el principio de la victoria en todo tiempo es VELAR Y ORAR. No hay atajos, no hay cosas a mi manera, o a mi tiempo o porque yo digo o porque yo creo o porque yo deseo. Aceptar el tiempo de trabajo nos permite aceptar el tiempo de descanso, así como Dios nos permite dar, también nos permite recibir y ambas cosas tenemos que aceptarlas porque ambas proceden de Dios. No hay nada en este mundo que produzca mas paz a mi alma, que orar, y pedirle a Dios, si este no es el tiempo, cierra la puerta delante de mi. Y luego, ver la puerta cerrándose, y luego un cerrojo con candado, y una llave arrojada al fondo del mar.  Ver que Dios cerró una puerta delante de mi porque no era el tiempo, ME PRODUCE PAZ.

 

Velad pues, orando en todo tiempo, que seáis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que han de venir, y de estar en pie delante del Hijo del hombre. Lucas 21:36

 

La clave para la victoria en todo tiempo es aceptar que si oramos y velamos, todo lo que nos ocurra será porque está en Control de Dios, y Dios no hace nada fuera de tiempo. Aceptar la soberanía de Dios sobre nuestro destino produce paz, y Jesucristo en nosotros es el Príncipe de paz. Para el mundo, entregar tu destino en las manos de un Dios invisible es locura. Para los creyentes, no hay otro mejor lugar donde podamos estar. Aún si, siendo creyentes, enfermamos y pedimos la voluntad de Dios, y no nos sana, tendremos paz, pues sabemos que esa enfermedad llegó en el tiempo de Dios y tiene un propósito aunque no lo veamos o entendamos, pese a todo, podemos estar confiados. Aún si morimos de dicha enfermedad, los que nos rodean sabrán que llegó mi tiempo, tuve tiempo de vivir, y tiempo de morir. Y mi tiempo está en las manos de Dios. El reloj de Dios marcó tic, tac, tic, tac. Así es que si vivimos o morimos, estamos en Sus manos, y esa es nuestra victoria en todo tiempo.

 

 

Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.  Filipenses 1:21

 

Sabia virtud de reconocer el tiempo, aceptar el tiempo, aprovechar el tiempo, vivir a tiempo.

 

 

** Aquí se habla del tiempo perdido, que como dice el dicho, los santos lo lloran. Poema de Renato Leduc.

*machaca: carne seca, deshebrada y sazonada que se come en el Norte de México.

 

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