SIRVIENDO
A DIOS SINTIÉNDONOS INADECUADOS
¿Cuál
es mi fortaleza para esperar aún? ¿Y cuál mi fin para extender mi vida? ¿Es mi fortaleza
la de las piedras? ¿O mi carne, es de acero? ¿No me ayudo cuanto puedo, Y el
poder me falta del todo? Job 6:11-13
Muchos
de nosotros podríamos decirle a Job: Te
entiendo, yo me siento igual que tu. Cuando las pruebas se suceden
una tras otra, y escuchamos una voz que nos dice: Consejera, aconséjate a ti misma…El todo poderoso te ha abandonado. No
sirves para nada. Entonces comenzamos a sentir lástima de
nosotros mismos, nos sentimos víctimas, abandonados, solos. Nos sentimos
inadecuados. Según el diccionario, ser inadecuado significa no ser apropiado a
las condiciones, circunstancias u objeto de algo. Nos sentimos inconvenientes,
impropios, inoportunos, incorrectos, desproporcionados, pequeñitos. La palabra
nos trae el consuelo que necesitamos, primero para reconocer que los susurros
del diablo nos quieren hacer sentir víctimas. El objetivo del diablo es que
RENEGUEMOS de Dios, y nos apartemos de su cobertura, y así el diablo poder
terminar con nosotros. Todos los siervos de Dios se han sentido así, y la
Biblia abunda en casos de siervos que son llamados y se sienten peor que un
insecto extraterrestre delante de Dios. Sienten,
sentimos, saben, sabemos que no podemos con el paquete.
Tú,
Jehová, no apartes de mí tus misericordias: Tu misericordia y tu verdad me
guarden siempre. Porque me han cercado males hasta no haber cuento: He
comprendido mis maldades, y no puedo levantar la vista: Se han aumentado más
que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falta. Quieras, oh Jehová,
librarme; Jehová, apresúrate á socorrerme. Salmos 40:11-13
Sin
embargo, el sentirnos así es natural, pues somos criaturas de carne y estar
delante de Dios nos hace comprender la magnitud de nuestra pequeñez. Pero
también nos hace ver nuestra maldad, nuestro propio corazón, la causa por la
cual el diablo ha venido a acusarnos. Hay algo en nosotros que estorba para la
obra, y por eso nos sentimos culpables. La palabra dice que Dios es como jabón
de lavadores, como hisopo purificador. De vez en vez, El viene a recordarnos
que somos criaturas, que LO NECESITAMOS si queremos seguir adelante en nuestro
servicio al Señor. Algunos de nosotros sentimos que no podemos seguir adelante
con la vida misma. He escuchado al menos 7 veces en los pasados 7 días a
cristianos decirme: “Me odio por lo que
hice, me quiero morir, no quiero seguir adelante”.
YO
soy el hombre que ha visto aflicción en la vara de su enojo. Me guió y me llevó
en tinieblas, mas no en luz. Ciertamente contra mí volvió y revolvió su mano
todo el día. Lamentaciones 3:1-3
Jeremías
supo describir a la perfección como puede llegar a sentirse un hijo de Dios.
Jeremías se lamentó por la destrucción de Jerusalén y escribió ese pequeño
libro de 5 capítulos, incluido en el antiguo testamento. En el, describe el
estado más negro del hombre cuando su danza se convierte en luto y cesa el gozo
del corazón. Es el estado en el que ningún siervo de Dios quiere estar jamás y
sin embargo es el estado que trae balance a la vida de los creyentes. Es ahí
donde somos forzados a recapitularlo todo, a escudriñar nuestro corazón y
descubrir porqué hemos dado lugar al chanclas, el cual
se ríe de nosotros a carcajadas y sigue susurrándonos: ¿Dónde está el Dios altísimo al que sirves?
Jeremías, también conocido como el “Profeta Mayor”, quien tuvo a su cargo la
nada agradable tarea de enfrentar al pueblo de Dios con su propio pecado, vivió
en carne propia la persecución propia y la de su pueblo. Jeremías lloró por su
gente, pero también se dio permiso de llorar por sí mismo. Jeremías se sintió
inadecuado para el llamado desde el principio, y Dios desde el principio le
dijo quién era él.
Antes
que te formase en el vientre te conocí, y antes que salieses de la matriz te
santifiqué, te di por profeta á las gentes. Y yo dije: ¡Ah! ¡Ah! ¡Señor Jehová!
He aquí, no sé hablar, porque soy niño. Y me dijo Jehová: No digas, soy niño;
porque á todo lo que te enviaré irás tú, y dirás todo lo que te mandaré. No
temas delante de ellos, porque contigo soy para librarte, dice Jehová. Jeremías
1:5-8
Desde
antes de nacer, Dios nos conoce. El nos formó en el vientre y nos llamó, y si
nos llamó también nos equipó con los Dones necesarios para servirle. Sin embargo,
el sufrimiento, las penas y aflicciones son necesarias
para adquirir la Compasión del altísimo, la humildad y mansedumbre de
Jesucristo. Escúchame bien: Que bueno que te sientes inadecuado. Que bueno que
estas sintiendo que tú por tus propias fuerzas no puedes. Estas llegando a la
comprensión de que necesitas a Dios más que ayer, y que mañana lo volverás a
necesitar. Y ése es precisamente el estado perfecto del creyente.
Diciendo:
Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de
los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que
sea muerto, y resucite al tercer día. Y decía á todos: Si alguno quiere venir
en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame. Lucas
9:22-23
Basta
comparar nuestros sufrimientos, y pruebas con las de Jesús para arrepentirnos
por sentir lástima de nosotros mismos: Dios no te está pidiendo que vayas a una
cruz, JESUS YA PAGO EL PRECIO. Dios no te está pidiendo que seas atravesado con
una lanza en el corazón, JESUS YA PAGO EL PRECIO, Dios no te está pidiendo que
derrames toda tu sangre por El, JESUS YA LO HIZO precisamente para que tú no
tengas que hacerlo. ¿No son tus sufrimientos NADA comparados con lo que el Hijo
de Dios tuvo que padecer por ti? Dios a quien ama corrige, y si estas sufriendo
corrección es por amor, porque si no te ha bastado el Sacrificio de Jesucristo,
Dios hará lo que sea necesario para devolverte a ese lugar de alabanza y
adoración, de gratitud y de santificación, y para eso, Dios usa la corrección.
¿Cuánto
más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció á sí mismo
sin mancha á Dios, limpiará vuestras conciencias de las obras de muerte para
que sirváis al Dios vivo? Hebreos 9:14
Es
verdad, no somos adecuados para servir a Dios, somos verdaderamente
inadecuados, llenos de defectos, seres de carne tratando de servir al Dios
eterno, creador de los cielos y la tierra… EL NO NOS NECESITA, nosotros LO
NECESITAMOS A EL para vivir, para respirar, para movernos, para actuar, para
hablar, para servirle... Hoy, otra vez, NECESITAMOS SER LIMPIADOS CON SU
PRECIOSÍSIMA SANGRE, derramada para que precisamente podamos servirle llevando
el mensaje, la esperanza, la palabra de vida a otros que no tienen esperanza,
que no lo conocen, que ni siquiera saben que Jesús ya lo hizo todo por ellos.
El Ya pagó el precio y su regalo es accesible a todos los que claman su nombre,
y nosotros somos súper inadecuados para predicar el mensaje, pero grande es
Dios quien nos esfuerza y nos levanta las manos cuando no podemos seguir
adelante.
Porque
te tomé de los extremos de la tierra, y de sus principales te llamé, y te dije:
Mi siervo eres tú, te escogí, y no te deseché. No temas, que yo soy contigo; no
desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te
sustentaré con la diestra de mi justicia. Isaías 41:9-10
Acuérdate
pues, de dónde y cómo te sacó el Señor. Si te sientes inadecuado(a) para la
obra, detente ahora mismo, toma un papel y una pluma y comienza a hacer un inventario
de las GRANDES Y MARAVILLOSAS obras que Dios ha hecho en tu vida desde que le
conociste. Reconoce que El te ha usado así como eres, sin nada que ofrecerle,
lleno(a) de defectos, carne. Haz un recuento de sus maravillas en tu vida, y en
las vidas y testimonios de los que conoces, y alábale porque El es el que hace
la obra a través de ti, y no tú. Piensa que cada vez que abres la boca y dices
ALABADO SEA DIOS por las grandes cosas que hace conmigo, aunque yo soy carne,
haces que Satanás se coma sus palabras de acusador… Alaba a Dios cuando te
sientes inadecuado, alábalo porque El es Dios y Reina sobre tu vida. No dejes
que las mentiras del diablo te hagan sentirte que no vales nada, que no puedes
seguir adelante, que tu vida no tiene sentido, porque él es el padre de
mentiras, y no hay verdad en él y todo lo que te dice es para engañarte, para
que reniegues de Dios y por tu propia voluntad te salgas de Su voluntad. Dale
gracias a Dios por que eres pequeño(a), porque le necesitas. Y con cada voz de
alabanza, ponle un ojo morado al chanclas. ¡Esa es
nuestra victoria, reconocer que es verdad que somos inadecuados, y por eso lo
alabamos, porque lo necesitamos hoy más que ayer!
Apartaos
de mí, malignos; Pues yo guardaré los mandamientos de mi Dios. Susténtame
conforme á tu palabra, y viviré: Y no me avergüences de mi esperanza. Sostenme,
y seré salvo; Y me deleitaré siempre en tus estatutos. Salmos 119:115-117
Cuando
sientes que todo sale mal, SIRVE A DIOS. Cuando te sientas inadecuado, ve a la palabra
y léela y date cuenta que todos los siervos, incluyendo al mismísimo hijo de
Dios, nuestro amado Salvador Jesucristo el que Vive y Reina, se han sentido así
y lo dejaron escrito para que tu no sientas lástima de ti mismo(a),
autocompasión, pena, sino para que veas que es NATURAL, es NORMAL sentirse así
porque en realidad sí somos inadecuados, somos polvo y ceniza delante de Dios
Altísimo, el creador de los cielos y la tierra, el que desde el vientre nos
formó y conoce todos nuestros defectos, porque El nos hizo. Y así nos amó, y
así, sabiendo exactamente como somos, dio a Su Hijo, porque para Dios su
creación vale tanto, que pagó con lo más precioso que tenía: sacrificó a su
Hijo por nosotros. Esto nos dice que no sólo somos capaces de servir a Dios,
sino que valemos mucho para Dios, por eso el diablo quiere destruirnos
usándonos a nosotros mismos. Esa vieja serpiente, no cambia. Siempre usa las
mismas artimañas pero la Palabra lo expone abiertamente para que nosotros nos
sacudamos de su influencia y sigamos adelante, alabando a Dios en las buenas y
en las malas. ¡Dios Reina en nosotros!
Temed
en su presencia, toda la tierra: El mundo será aún establecido, para que no se
conmueva. Alégrense los cielos, y gócese la tierra, Y digan en las naciones:
Reina Jehová. I de Crónicas 16:30-31
“..Para
que des el galardón á tus siervos los profetas, y á los santos, y á los que
temen tu nombre, á los pequeñitos y á los grandes, y para que destruyas los que
destruyen la tierra.” Apocalipsis 11:18b
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