*Capitulo 2: Por fin en Tulsa*
Al día siguiente, la mañana estuvo muy tranquila, un par de entrevistas, una conferencia de prensa una corta sesión de fotos y ya, tenían el resto de la tarde libre, por la noche tomarían el vuelo que los llevaría de nuevo a su hogar, a Tulsa. Como hacía demasiado calor los chicos decidieron bajar a la piscina para refrescarse un poco y nadar un rato, por fortuna para ellos no había fans cerca por lo que podían disfrutar por completo de su intimidad, mientras jugaban Isaac miró con atención a Taylor y le dijo:
- Tay, ¿qué te pasó?, ¿qué tienes ahí, en la espalda?
- ¿De que hablas?
- De esos… rasguños… ¿cómo te los hiciste?
Taylor, recordó lo que había pasado la noche anterior y un escalofrío recorrió su cuerpo pero no sabía como explicarlo, pues todo hacía pensar que lo había soñado, se puso muy nervioso, aunque intentó disimular para que Ike y Zac no se dieran cuenta.
- No sé, no sé… ni siquiera me los había visto, no tengo
idea de cómo me los hice, tal vez fueron las fans
- ¡Seguramente fue tu brujita de ayer!-dijo Zac
alegremente
- ¡Callate Zac, no digas estupideces! -gritó Taylor muy
irritado mientras salía de la piscina- Parece que nunca
vas a crecer, no maduras, dices puras tonterías y... -se
alejó vociferando-
- No te enojes, fue una broma!-le gritó Zac-, no sé qué le
pasa, anoche tuvo una pesadilla, tal vez por eso anda de un
humor negro -le dijo a Ike-
- Tal vez, en fin, hay que dejarlo solo un rato, ya sabes
lo berrinchudo que es, esperemos a que se le pase el enojo.
Por su lado, Taylor estaba bastante preocupado, pues no
sabía lo que había pasado en realidad ¿había sido sólo un
sueño?, ¿porqué estaba rasguñado, entonces?, su cabeza daba
vueltas y vueltas, no dejaba de pensar en Gissa, en su
sonrisa y en su desquiciante mirada, ¿qué le estaba
sucediendo?
Sacudió su cabeza intentando despejar su mente, pero fue
inútil, sólo terminó con un horrible dolor de cabeza. Subió
a su habitación, se disculpó con su padre y sus hermanos y
no bajó a cenar.
- ¿Alguno de ustedes sabe que tiene Taylor? –-preguntó
Walker un tanto preocupado –- hoy lo vi bastante mal, casi
no habló y todos sabemos que eso no es normal en él
- No sé papá, desde ayer está extraño, ha de ser que está
muy cansado -–dijo Ike- De todas formas voy a hablar con él.
- Por lo pronto ve a decirle que nos vamos al aeropuerto en
20 minutos
Iban camino a casa, eso era en lo único que pensaba, quería
llegar cuanto antes, deseaba con todas sus fuerzas abrazar
a su madre, a sus hermanos y a… ¡Jenny!, su novia, la había
olvidado por completo, ni siquiera le había llamado una
sola vez por teléfono, se sintió culpable, pero con tanta
cosa que le había pasado Jennifer ni siquiera se cruzó por
su memoria.
Llegaron a Tulsa a media noche, su madre salió a recibirlos.
- Que bueno que llegaron, ya empezaba a preocuparme, sus
hermanos se quedaron dormidos, se cansaron de esperarlos
- Hola mamá, ¡vengo muerto! –-dijo Zac mientras arrojaba su
maleta en el piso
- Sí, no lo dudo pero por favor Zac, no empieces a hacer
tiradero
- Yo me voy a dormir, desde ayer no he pasado buena noche y
estoy rendido –-
dijo Taylor-
- ¡Espera Tay! –-le dijo su madre, Jenny vino a preguntarme
por ti, dice que no la llamaste…
- Sí, es verdad, no tuve tiempo, pero mañana a primera hora
iré a verla -y se fue a la recámara-
Se sentó en el borde de la cama, abrió las cortinas para poder ver las estrellas, todavía estaba un poco confundido, por más que trataba de quitarse de la cabeza lo sucedido con aquella chica, no podía. Se sacó la camisa para poder ver los rasguños en su espalda, aún estaba enrojecida y le dolía un poco. Respiró hondo.
Más tarde Tay no conseguía conciliar el sueño, miró a sus hermanos que dormían plácidamente, tal vez tuvo deseos de conversar pero no quiso despertarlos, sintió una especie de sofoco y salió al patio. Era una noche fría, con mucho viento, la luna llena iluminaba a medias en la obscuridad y el silencio era tal que le era fácil escuchar su propia respiración. No sabía en realidad qué le ocurría y eso le tenía preocupado, sólo sentía una inquietud muy grande en su corazón que no lo dejaba tranquilo en ningún momento, por un instante pensó que iba a llorar, pero no quería hacerlo, no tenía motivos, estuvo caminando en círculos durante una hora, hasta que sintió el cansancio y decidió regresar, estaba a punto de entrar a su casa cuando escuchó que murmuraban su nombre…
- Taylor, Taylor… -¿eres tú?
Se volvió de inmediato, los susurros eran suaves y poco
audibles giró la cabeza para buscar a quien le hablaba pero
no vio a nadie, sin embargo aquella voz se seguía
escuchando en la lejanía.
No podía ser sólo el viento, de
eso estaba seguro. De pronto vio una silueta que se
acercaba hacía él, Taylor miró con desconfianza, le parecía
conocida, entonces una inmensa alegría llenó su corazón,
avanzó hasta ella y la rodeo por la cintura…
- ¿Jen? ¿qué estas haciendo aquí a estas horas?, yo iba a verte mañana, discúlpame por no haberte llamado…
Ella le puso un dedo sobre los labios para evitar que siguiera hablando y se separó de él, vestía un abrigo negro con una gorra que le cubría el rostro totalmente
- Me engañaste… - le dijo ella con un tono de reproche-
- ¿De que estás hablando?, amor, no te entiendo…
- ¿Ahora vas a fingir que no es verdad?, Taylor, ya lo sé
todo
- Yo… no sé que decir, no… ni yo mismo entiendo lo que pasó
pero…¿Cómo te enteraste?
- Eso no importa ¡Eres tan falso!, no quiero verte más ¿me
oiste?
- Pero Jenny… si tan sólo me dejaras explicarte… no me he
sentido muy bien estos días, yo...
Ella se dio la media vuelta y echó a correr, Tay quiso ir
tras ella pero por alguna razón no lo hizo, caminó
cabizbajo y entró en su casa, sólo pensaba.
- Mañana todo estará bien, hablaremos y todo estará bien...
Al otro día la casa Hanson era todo movimiento, Zac jugaba con Mackie a los vaqueros mientras se perseguían por toda la casa, Jess y Avie peleaban por alguna muñeca, en tanto que Isaac estaba entretenido cuidando a Zoe. Taylor bajó los escalones con desgano, vestía unos jeans negros y una playera roja, se veía quizá un poco mejor que el día anterior.
- Vaya Tay, pensé que no ibas a despertar nunca –-le dijo
Diana a modo de saludo
–
- Lo siento mamá, pero anoche no dormí bien
- ¿Te sientes mal?
- No, estoy bien, voy a ver a Jen, está molesta conmigo
- Bueno, pero sé puntual a la hora de la comida, ojalá
arregles todo con ella
Taylor llegó a casa de Jennifer , aún se sentía
intranquilo, no sabía cómo le iba a explicar lo sucedido en
Los Angeles, en realidad lo que le preocupaba era que ella
no le creyera, pues todo parecía bastante absurdo.
Lo
recibió Karen, la hermana de Jenny, él esperó en la sala
hasta que la vio bajar las escaleras y se puso de pie, y
para su sorpresa ella se lanzó a sus brazos besándolo en
los labios.
- ¡Taylor, amor por fin estás aquí!
- Hola Jen…me alegro de que ya no estés molesta!...… aún así si
quieres hablar del asunto… yo…...
- Bueno, admito que si me enojé un poquito, pero no es para
tanto comprendo que no hayas podido llamarme… ¿es por eso
que tienes esa carita de angustia?
- Pero… ¿y lo de anoche Jen?
- ¿Anoche?, ¿qué pasó anoche?, ¿de que me estás hablando
Tay?
- Ayer… que fuiste a mi casa en la madrugada
- Jajajajajaja, que buen sentido del humor tienes, oye,
está bien que me muriera de ganas por verte pero… ¡no
inventes! no hubiera ido a tu casa a molestar a todos a
esas horas!
- Pero ¿entonces tú no...?
- ¡Por supuesto que no!, tal vez soñaste conmigo. ¿A qué
viene todo esto?, estas muy raro y me estas asustando.
- No lo sé…, discúlpame tengo cosas que hacer… debo irme, te
veo después, te amo!- – y le dio un largo y apasionado beso
–
Volvió a casa, se recostó en su cama y se puso a meditar,
las cosas que le estaban pasando no tenían explicación
alguna, si Jen no fue a buscarlo, entonces ¿quién era la
chica a la que él había visto? Tenía el aroma y la voz de
Jen pero en definitiva no era ella, ¿Me estaré volviendo
loco?, pensaba. Y casi sin quererlo evocó la imagen de
Gissa, esa muchacha tan atractiva como frívola, recordó el
beso que se dieron y sin darse cuenta esbozó una sonrisa…
ese beso le había gustado, ahora lo comprendía, los labios
de Gissa estaban llenos de una pasión que Jen no tenía.
Suspiró aliviado, se sentía mejor, tal vez todo su malestar
se debía a que no se atrevía a reconocer las cosas y ahora
que lo había hecho se sentía liberado.