*Capitulo 5: ¿Eres adivina, o que? *
Isaac se levantó muy temprano, hacía mucho tiempo que no hacía ejercicio y aquélla mañana le pareció perfecta, se puso unos pants, los tenis y salió a correr, disfrutaba sentir la brisa y el viento en su cara, llevaba una hora corriendo estaba cansado y bañado en sudor, se detuvo unos segundos e iba a reanudar la marcha cuando vio a Gissa de lejos, estaba sentada en la banqueta, observándolo, Ike se acercó hasta ella, quién de inmediato se puso de pie y le dedicó una sus mejores sonrisas, había que ver lo diferente que lucía Gissa cuando estaba con Isaac, dulce, inocente y candorosa, nada de sensual y atrevida… era una dos caras.
- Pero Gissa ¿Qué haces aquí?
- Sólo te observo… me gusta mirarte Ike
- ¿Pero como supiste dónde encontrarme?
- Fue un presentimiento… toda la noche soñé contigo… Ike,
algo muy raro me sucede cuando estoy contigo
- No Gissa, no digas eso… tú y mi hermano tienen algo y yo
no voy a intervenir
- Pero si ya te conté lo que Taylor me hizo, contigo todo
sería tan diferente
- Pues es que yo ya no sé que pensar
- ¿Tú no sientes nada por mi Ike?
- No lo sé Gissa, apenas te conozco, no puedo negar que
eres hermosa y sí me gustas pero Taylor…
- Ayúdame Ike, ya no puedo seguir con tu hermano, me ha
hecho mucho daño, me ha mentido, ahora que te conozco se
que no quiero estar con nadie más que contigo.
Y se abrazó a Isaac con desesperación, él no sabía que hacer estaba realmente sorprendido, por fin la abrazó se sintió conmovido, Gissa lloraba a mares desconsolada, le acarició el cabello y se preguntaba qué debía hacer, se negaba a creer que Taylor le había hecho todo eso, pero esas lágrimas y todo el dolor que Gissa demostraba, lo hacían dudar.
Tomo su rostro entre sus manos con dulzura y le secó las lágrimas, la tomó de la mano y la invitó a desayunar, platicaron de diversas cosas, ella le contó una historia acerca de su familia llena de verdades y mentiras, y de lo enamorada que había estado de Taylor, él intentaba hacerla reír pues le encantaba su sonrisa infantil, poco a poco Ike fue cayendo en las redes de Gissa. Volvió a casa, ya todos estaban despiertos, desayunando.
- Hola familia, voy a ducharme porque vengo hecho un asco
- ¿No vas a desayunar? –preguntó Diana-
- No mamá desayuné antes de llegar
- No me gusta que se mal pasen y lo saben –dijo muy serio
Walker-
- Papá de verdad que ya almorcé… que tengan buen provecho –
y se fue directo al cuarto de baño, Taylor se levantó de
inmediato y fue tras él-
- Taylor, aún no has terminado… -dijo Walker algo molesto-
- Lo siento papá pero tengo que decirle algo urgente a Ike
y no puede esperar
- ¿Porque no podemos desayunar un solo día, uno solo, la
familia completa y en paz? –dijo Walker-
- Ike, Ike, espera… ya averigüe sobre la novia de Zac, se
llama Lizzy y hoy van a verse…
- Tay, ¿que hay entre Gissa y tú?
- ¿Gissa?… nada, ¿a qué viene la pregunta? –dijo Taylor
extrañado y algo nervioso-
- Nada más… quería saber… entonces Gissa no te importa
¿verdad?
Taylor dudó unos segundos, tal vez quería decirle que no entendía lo que pasaba cuando esa niña estaba cerca, que lo volvía loco y no dejaba de pensar en ella, sin embargo lo negó, no supo por qué pero lo negó, se sintió culpable pues pocas veces le escondía algo importante a su hermano.
- No, claro que no me importa, tú sabes que yo amo a Jen,
que ella es la mujer de mi vida… ¿para qué me preguntas
eso?, no tiene importancia, sea lo que sea que haya habido
ya se acabó
- Era sólo curiosidad… curiosidad… ¿qué me decías de Zac?
Acordaron dejar a Zac en paz por unos días para que no sospechara que sabían de su relación, después de todo lo único que les restaba investigar era el sitio donde se veían, Taylor fue a casa de su novia con la idea de reconciliarse con ella pues Jen verdaderamente estaba muy molesta y él en definitiva no quería perderla.
- Hola señora… ¿está Jen?
- Hola Taylor, que gusto verte, sí está, pasa… ha estado
muy rara, no ha dejado de llorar desde ayer, ¿se pelearon?
- Sí… bueno fue sólo una diferencia de opinión… creo que
tiene solución
- Pues sube a su cuarto porque si le digo que estás aquí no
va a querer recibirte
- Gracias señora
Tay subió las escaleras y llamó a la habitación de Jen, como no recibió respuesta, abrió lentamente, ella estaba en su cama dormida, la miró y se sintió muy conmovido, la veía tan hermosa, caminó hasta ella y se sentó a su lado, le acarició los rubios cabellos, por un momento se sintió un estúpido por lo que le había hecho, recorrió con sus manos los brazos de Jen, después su rostro, se acercó suavemente y la besó en los labios con ternura, ella al sentir el contacto abrió los ojos asustada y de un empujón se lo quitó de encima.
- ¿¡Que estas haciendo aquí!?, ¿por dónde entraste?
- Tranquila Jenny, tu mamá me dejó pasar, sólo quiero
hablar contigo
- ¡Pero yo no!
- Necesitamos hablar y lo sabes… quiero disculparme por lo
de ayer
- Mira Taylor, lo que pasó fue muy desagradable y todavía
no me siento bien
- Ya sé que actué muy mal, por eso vine… ¿me perdonas? –y
bajó la mirada al suelo-
- No se trata sólo de venir y pedir perdón… estoy muy
lastimada, pensé… pensé que me amabas, pero ayer
demostraste que lo único que querías era acostarte conmigo,
¿para qué fingir tanto?
- Eso no es cierto Jenny, sí me equivoqué… perdí la cabeza…
en verdad te amo y me duele que lo dudes
- Pues lo siento porque yo estoy muy sentida y no puedo
dejar atrás lo que pasó así de fácil como tú… creo que lo
más conveniente es… que nos dejemos de ver un tiempo
- Pero Jenny… eso no es justo, te amo… no puedes dejarme…
- Lo siento Tay, esto me duele pero no voy a dar marcha
atrás, este tiempo me servirá para pensar y decidir, voy a
analizar mis sentimientos… ahora por favor vete y no me
busques más
- Jen, Jenny, no me hagas esto… sin ti no voy a poder
seguir… por favor piénsalo
- Ya lo hice Tay, anoche no dormí pensando en tu actitud y
esto es lo mejor… ¡vete! –ella le dio la espalda, y secó
sus lágrimas, no quería que la viera llorar, volvió a
mirarlo ahora con recelo-
- ¡Vete Taylor, lárgate… no quiero verte!, anda ¿qué
esperas para irte?
Taylor se quitó una lágrima rebelde que escapó de sus ojos, se sentía muy herido, desilusionado, él había ido hasta ahí con la esperanza de arreglarlo todo y ahora ella lo estaba echando de su cuarto y de su vida, muy lentamente dio la vuelta y se alejó despacio como un robot, salió de la casa sin despedirse, el aire fresco le pegó en la cara y entonces si dejó salir sus lágrimas, se soltó a llorar como un niño, caminó sin rumbo fijo, ya había anochecido, no quería volver a casa… fue hasta un teléfono público y desde ahí telefoneo a su familia, les dijo que se quedaría con Andy uno de sus mejores amigos, pero en realidad sólo se dedicó a vagar por ahí, hasta que llegó a un café, un sitio bastante tranquilo y decidió entrar a ahí. Se sentó en una mesa apartada, aunque casi no había gente pues eran cerca de las dos de la mañana, se acercó hasta él la mesera, una chica rubia de cabello ondulado, bastante simpática de unos 20 años de edad.
- ¿Qué voy a servirte? – le dijo un tanto adormilada-
- Café negro… cargado, por favor
- ¿Te sientes bien?, ¿estás aquí solo? –preguntó extrañada-
- Sí… estoy solo… sólo quiero café
- Lo que necesitas es alguien que te escuche porque se ve
que traes el mundo encima… cuéntame, a veces es más fácil
contar tus penas a una desconocida –le dijo mientras se
sentaba frente a él-
- No creo que sea prudente… ¿tú no sabes quién soy?
- No lo creo, me acabo de mudar acá con mis tíos hace una
semana, yo soy rusa, vivía en un internado así que apenas
conozco el mundo y mucho menos a nadie de aquí.
- Sí… tu acento es extraño… lo había notado pero… ¿y cómo
te llamas chica rusa?
- Jill ¿y tú? Porque supongo que tienes un nombre…
- Soy… Tay… Isaac… me llamo Isaac –le dijo un tanto
desconfiado-
- Mucho gusto Isaac… y bien ¿vas a contarme lo que te
sucede?
- No tengo nada
- Pues lo que yo veo en tus ojos es una tormenta, siento
que algo te tiene muy deprimido… tal vez pueda ayudarte
- ¿Y qué se supone que eres?, ¿una adivina?
- No exactamente, como te dije nací en Rusia pero mis
antepasados fueron gitanos, por alguna razón yo heredé
parte de sus dones psíquicos… ¡pero no te asustes, no soy
rara, ni nada extraño!… algunas personas me trataron muy
mal allá donde vivía, me decían bruja y cosas horribles…
pero te juro que no hago nada malo, ni esto es malo… sólo
tengo cualidades diferentes a las de la gente común… oye,
si te dije esto es porque me diste confianza y puedo ver
que tu alma es pura, irradias una vibra muy especial…
- Gracias… -Tay le sonrió dulcemente-
Y Taylor le contó todo a Jill, ella lo escuchó atenta e intentó aconsejarlo, él se sintió un poco mejor, estuvieron conversando hasta el amanecer y quedaron como buenos amigos, él prometió visitarla de nuevo e intercambiaron sus números telefónicos, eran ya las 7:00 de la mañana cuando Tay salió del café, sólo se le había olvidado un pequeño detalle… nunca le dijo a Jill que en realidad él se llamaba Taylor y no Isaac como le había hecho creer.
Cuando llegó a casa nadie había despertado, se acomodó en el sofá y se quedó dormido, un par de horas más tarde Mackie se encargaba de despertarlo, pues él había prometido llevarlos de paseo cuando la gira terminara. Taylor se levantó con mucho sueño y flojera, se metió a bañar y eso le despertó un poco, se estaba arreglando frente al espejo cuando entró Zac al cuarto.
- ¿Qué hay Tay? –le dijo saludándolo-
- ¿No quieres venir con nosotros?, vamos al parque, al cine
y después a comer
- Nooooo, ¿qué te pasa?, es tú turno de cuidar a los
peques, así que hazlo, además yo tengo otras cosas que
hacer.
- Oye ¿Y Ike? no le he visto en lo que va del día
- Salió muy temprano… dijo que tenía una cita… pero no me
quiso decir con quién –y salió de la habitación-
Isaac había quedado de verse con Gissa en la pista de patinaje, se encontraron muy temprano, ella lo recibió con un beso en los labios, Ike se descontroló un poco pero al fin respondió, los labios de Gissa eran tan dulces
- Giss, he hablado con mi hermano y… bueno si en verdad
quieres algo conmigo, pues vamos a empezar de cero… olvida
lo de Taylor ¿quieres?, deja atrás el pasado… no quiero
enemistarme con él
- Pero Ike… lo que pasó en Los Angeles… ¿no te importa?
- … me importas tú y eso es todo, vamos Giss deja atrás el
pasado
- No va a ser fácil, cuando Taylor sepa que tú y yo… se va
a enfadar tanto… me da miedo
- No lo creo, él me dijo que todo lo que hubo contigo
terminó definitivamente
- ¿Eso te dijo?… de todas formas aún no le digas lo
nuestro, dale tiempo ¿si?
- Sí, yo tampoco pensaba decírselo tan pronto, mejor poco a
poco con mucho tacto
- ¡Oh Ike!, gracias, te amo.
Y Gissa se arrojó a sus brazos, Ike la abrazó, la atrajo
hacia su cuerpo con mucha fuerza, se sentía feliz, pleno,
sentía amor después de mucho tiempo, sólo le preocupaba la
reacción de Taylor, se negaba terminantemente a creer en
las cosas horribles que le contaba Gissa sobre él pero por
otro lado ella era la chica a la que ya amaba, trataría de
ser muy inteligente para no perder a ninguno de los dos.