ACTIVIDAD FÍSICA Y DEPRESIÓN EN EL ADULTO MAYOR EN CONCEPCIÓN


Marín, C., Espinoza, P., y Frez, G.
Psicología del Desarrollo III, Universidad del Desarrollo, 2000.




Introducción
Método
     Sujetos
     Instrumento
     Procedimiento

Resultados
Discusión
Referencias



INTRODUCCIÓN

El objetivo de nuestra investigación es comprobar si existe o no una diferencia significativa entre personas de la edad adulta tardía que realizan actividad física y las que no lo hacen, en relación a la presencia de síntomas depresivos en esta edad.

Realizamos esta investigación por la falta de preocupación que existe actualmente en nuestra sociedad por el adulto mayor y su problemática social, y por la escasa importancia que las personas le dedican al cuidado de su salud y estado físico que, como pudimos estudiar en el ramo de Psicología del Desarrollo III, es determinante en los cambios y las posibles afecciones que aparecen en la vejez. Por otro lado, detectamos que no existen muchos estudios sobre este tema, por lo que pensamos que es interesante profundizar y entregar una investigación realizada en nuestra ciudad.

Nuestra hipótesis de trabajo consistirá en comprobar que existe una correlación negativa significativa entre la realización permanente de algún tipo de actividad física y una disminución de los síntomas asociados a la depresión en la vejez.

Convencionalmente se acepta que la edad adulta tardía comienza a partir de los 65

años y termina con la muerte, pero en nuestra cultura moderna el inicio de esta etapa de la vida puede variar considerablemente de un individuo a otro gracias a los avances logrados en la salud, en la sociedad y en la educación, los cuales han favorecido a un mayor conocimiento y por ende una mayor preocupación por los cambios y enfermedades asociadas a la vejez.

En esta etapa se pueden observar transformaciones en todas las áreas del desarrollo humano. En el aspecto físico las capacidades de percepción y sensitivas comienzan a disminuir; hay un retardo progresivo en la velocidad de las respuestas motoras; puede haber pérdida de los dientes, envejecimiento de la piel y del pelo; comienzan a presentarse enfermedades como la artritis, la osteoporosis, patologías cardíacas; y aumentan las probabilidades de disfunción sexual. En el ámbito cognitivo, se produce un descenso en el procesamiento de la información y en la memoria; puede aparecer la demencia senil debido a un deterioro mental; la arteriosclerosis y el alzheimer son latentes. En el área emocional y social, el adulto mayor pasa por sucesos importantes como el duelo, generalmente por la pérdida del cónyuge o amigos cercanos, y la jubilación, eventos que afectan la estructura de sus vidas y que implican cambios en los roles sociales.

Todas estas modificaciones pueden ser enfrentadas de formas distintas, ya sea aceptando los cambios como sucesos normales del desarrollo y que pueden ayudar a fortalecer y enriquecer la vida, o pueden ser afrontados como hechos estresantes que producen ansiedad y trastornos. De esta mala forma de enfrentar las transformaciones de esta etapa surgen distintas enfermedades psicosomáticas y dentro de las más importantes está la depresión, la cual es además parte de nuestro objetivo de estudio.

La depresión es el desorden funcional más común en todos los adultos de todas las edades, pero tiende a aumentar en la vejez en un grado mayor, al compararse con los otros grupos etarios. Se estima que cerca de un 10% de la población anciana presenta algún signo de depresión. Se puede presentar en distintos niveles y para recibir el diagnóstico de depresión mayor la persona debe presentar diariamente, por un mínimo de dos semanas, un estado de ánimo depresivo y al menos la mitad de los siguientes síntomas:

Existen criterios establecidos para el diagnóstico de la depresión que se usan como regla general para todas las personas; los ancianos presentan una sintomatología similar a la que aparece en otras épocas, pero con diversos rasgos diferenciales como: Entre los factores etiológicos que favorecen la presentación de los síntomas figuran las múltiples pérdidas que se producen en esta época. Pérdida de poder y estatus social, pérdida de salud y seres queridos, pérdida de capacidad económica y disminución de ilusión y proyección hacia el futuro. Existen elementos colaboradores como la menor disponibilidad de los neurotransmisores y del número de receptores, la presencia de muy diversos tratamientos potencialmente depresógenos como pueden ser los corticoides, antihipertensivos, antineoplásticos, o antiparkinsonianos.

Para poder entender mejor la etiología de la depresión han surgido distintas teorías para su estudio, pero nuestro trabajo está orientado a otra área de esta enfermedad, la cual está relacionada con le prevención y tratamiento de este estado de ánimo que se puede volver patológico.

Nuestro objetivo principal es demostrar la existencia de una correlación negativa entre la realización permanente de actividad física durante la vejez y la menor presencia de depresión en esta etapa de la vida, siendo el ejercicio físico un factor protector de la aparición de la depresión.

Diversos estudios han demostrado que el ejercicio regular a o largo de la edad adulta parece proteger contra la hipertensión, las enfermedades del corazón y la osteoporosis. También parece ayudar a mantener la velocidad, el vigor y la fortaleza y funciones básicas como la circulación y la respiración. Reduce el riesgo de las lesiones pues hace que los músculos y las articulaciones sean más fuertes y más flexibles, y ayuda a prevenir o impide el dolor de cintura y los síntomas de la artritis. Puede mejorar también la agilidad mental y el desempeño cognoscitivo, puede ayudar a impedir la inquietud y la depresión leve, y generalmente mejora el estado de ánimo (Papalia, 1997).

Un estudio internacional dedicado al reconocimiento médico – deportivo en la tercera edad demostró la existencia de múltiples beneficios secundarios que se obtienen de una práctica de actividad física regular y controlada como, por ejemplo:

  1. Mejora el equilibrio.
  2. Disminución de caídas y fracturas.
  3. Mejora de la ansiedad, del insomnio y de la depresión.
  4. Mejoría de la calidad de vida.
  5. Promoción de actividades sociales.
  6. Potenciación de la capacidad de autocuidado.
Por ello es necesario efectuar un esfuerzo social para proporcionar medios de incorporación a programas de actividad física para personas de la tercera edad. Pero no es menos necesario indicar que esta incorporación no puede realizarse de una forma incontrolada. Es preciso saber que un 85% de las personas mayores de 65 años presenta alguna enfermedad crónica: más del 45% de mayores de 65 años padece de alguna cardiopatía, existe una alta presencia de hipertensión arterial y estos problemas, al igual que otros procesos pueden desencadenar problemas ante esfuerzos no controlados.

Otro estudio planteó que los efectos del ejercicio físico podrían compararse con el tratamiento farmacológico de depresión en los ancianos, ya que a pesar de los beneficios de este último, hasta un 35% de los pacientes no presentan una respuesta adecuada a los fármacos prescritos, y en muchos casos ocasionan efectos secundarios que pueden incidir de manera negativa en la calidad de vida de las personas.

Para comprobar este supuesto, investigadores de Duke University llevaron a cabo un estudio en 156 pacientes mayores de 50 años con diagnóstico de depresión mayor, para evaluar la eficacia de un programa de ejercicio en el tratamiento de la enfermedad. En la experiencia, los pacientes fueron asignados de manera aleatoria a tres grupos de intervención durante 16 semanas: programa de ejercicio aeróbico supervisado, que comprendía tres sesiones semanales de 30 minutos de caminata o trote, 50 mg de sertralina o una combinación de ambos.

Al cabo de este tiempo, los resultados mostraron que todos los participantes presentaron una disminución significativa y comparable de los síntomas depresivos. Sin embargo, la tasa de respuesta al tratamiento varió según la severidad del cuadro depresivo, pues fue más rápida en los sujetos que recibieron sertralina y en los pacientes que recibieron terapia combinada la velocidad fue mayor en aquellos con síntomas leves.

De esta forma los autores concluyen que el ejercicio aeróbico es una estrategia efectiva en ancianos para el tratamiento de depresión, aunque su efecto a largo plazo aún debe establecerse.

Gracias a todos los estudios encontrados hemos podido confirmar la importancia de la actividad física en el adulto mayor y como esta influye en su estado de salud tanto físico como mental. Sin embargo no se encontró ninguna investigación que comprobara la correlación negativa entre depresión y ejercicio físico, sólo se podría hacer una interpretación o establecer una hipótesis al respecto, basándonos en los múltiples beneficios que el ejercicio aporta. Por lo tanto en el desarrollo de esta investigación pretenderemos comprobar nuestra hipótesis inicial y así poder entregar una conclusión cuyas consecuencias pueden ayudar a mejorar la calidad de vida en el adulto y además crear una forma de prevención y tratamiento para la depresión.




MÉTODO


SUJETOS

Para los efectos de nuestra investigación, utilizamos un grupo de 30 ancianos de los cuales 10 fueron escogidos en forma deliberada del Consultorio Víctor Manuel Fernández, 10 del Hogar de Cristo y 10 del gimnasio YMCA . De cada lugar se seleccionó a 5 hombres y a 5 mujeres de tal manera que en la muestra existiera igual número de cada sexo. Se decidió encuestar a un grupo de ancianos de un gimnasio para compensar el posible riesgo de que no existieran adultos, en el asilo o en el consultorio, que realizaran algún tipo de ejercicio o actividad física.


INSTRUMENTO

Realizamos algunas preguntas sobre la salud mental y física de los sujetos pertenecientes a nuestra muestra basándonos sobre el siguiente cuestionario:

¿Ha presentado cuatro o más de los siguientes síntomas por un periodo mayor a dos semanas?

¿Realiza algún tipo de actividad física o deporte?. Si es así, ¿Cuánto tiempo le dedica?.



PROCEDIMIENTO

Acudimos a los lugares seleccionados y les explicamos a las personas escogidas cual era el objetivo del cuestionario y qué se iba a hacer con la información obtenida, enfatizándoles la seriedad de la investigación y el contexto de privacidad en el cual se tratarían sus respuestas para así obtener su cooperación. Por otra parte, respecto a la realización de ejercicio físico, se verificó la información obtenida con las personas encargadas del hogar y con el profesor del gimnasio para comprobar la certeza de las respuestas entregadas. En cuanto al consultorio, no fue posible comprobar la información por que no existía una persona específica con la cual hablar sobre el tema.




RESULTADOS


Con los datos obtenidos, se categorizó a los encuestados en depresivos y no depresivos de acuerdo a la frecuencia de los síntomas que afirmaron poseer durante el tiempo indicado.

Depresivos No depresivos
Presentan 4 o más síntomas Presentan 0 a 3 síntomas

En cuanto a la actividad física, para efectos de la medición fue definida operacionalmente basándonos en un ranking realizado una vez encuestados los participantes de nuestra investigación y de esta forma se categorizó la variable en:


Alto nivel de actividad física Bajo nivel de actividad física
Realiza entre 1 y más horas a la semana. Realiza entre 0 minutos hasta 1 hora a la semana.



Tabla Nº1: Distribución de las variables en la muestra.

 

Nivel act. Física alto Nivel act. Física bajo

Total

Depresivos

2

12

14

No depresivos

13

3

16

Total

15

15

30



El valor obtenido de chi cuadrado sin corrección de Yates (13.0) y con corrección de Yates (10.0) es mayor tanto al 1% (6.635) y al 5% (3.841). Por lo tanto podemos afirmar con un 95% y 99% de certeza que el valor obtenido es significativo. Se afirma que existen diferencias significativas entre los adultos que tienen un alto nivel de actividad física y aquellos que tienen un bajo nivel de actividad física en relación a la presencia o ausencia de los síntomas de la depresión

Por otra parte con chi cuadrado significativo, se puede inferir que el coeficiente de correlación fi es también significativo, por lo tanto se puede especular que existe una correlación negativa significativa entre un alto nivel de actividad física y una disminución de la probabilidad de aparición de los síntomas asociados a la depresión en el adulto mayor.

GRÁFICO N°1



GRÁFICO N°2



Como se puede apreciar en el gráfico n°2, los adultos no depresivos con alta actividad física que son 13 de un total de 30, corresponden estadísticamente al 44% de la muestra (casi la mitad) y los adultos depresivos con bajo nivel de actividad física que son 12, corresponden a un 40% de la muestra. En cambio aquellos adultos que son depresivos con alto nivel de actividad física y los que no son depresivos con bajo nivel de actividad física representan un porcentaje bastante inferir que los anteriores, por lo que se puede inferir que en nuestra población predominan dos polos bien definidos y que además comprobarían nuestra hipótesis inicial, de que la actividad física influye positivamente en la prevención de los síntomas asociados a la depresión


GRÁFICO N° 3

Este gráfico tiene el propósito de mostrar las diferencias, en términos de frecuencia, que existen entre hombres y mujeres respecto a la ausencia o presencia de depresión y al nivel de actividad física. Como se puede observar, los hombres tienden a mostrar un bajo nivel de presión y un alto nivel de actividad física en comparación con las mujeres que presentan mayores índices de depresión y un bajo nivel de actividad física (excepto en el caso de aquellas que tienen depresión y un alto nivel de actividad física).

Sin embargo, no se puede generalizar y afirmar que las mujeres tienden a ser más depresivas que los hombres porque realizan menos ejercicios físicos, pero para el caso de nuestra muestra, las tendencias descritas demostrarían que existe una diferencia relativamente importante entre los sexos en cuanto a la salud física y mental de los adultos.




DISCUSIÓN


De acuerdo a lo propuesto en el marco teórico inicial, el adulto mayor sufre una serie de cambios en los distintos aspectos de su vida. Estos cambios pueden llegar a causar verdaderos estragos cuando no cuentan con los recursos económicos y psicológicos necesarios para enfrentarlos. Además la tendencia actual de un envejecimiento de la población a nivel mundial, ha orientado la mirada de los psicólogos, sociólogos, médicos y científicos de las distintas áreas de las ciencias sociales y biológicas hacia el adulto mayor, cuyo número aumenta día a día y por lo tanto es necesario una mayor cantidad de investigaciones que arrojen descubrimientos y tratamientos fundamentales en el desarrollo de una mejor calidad de envejecimiento.

Respecto a lo que pudimos observar en la recolección de los datos necesarios para nuestro estudio, nos dimos cuenta que la realidad de los ancianos en la cuidad de Concepción es muy distinta a lo que superficialmente se sabe. Es dura y contradictoria por la tendencia que todos tenemos, en algún grado, de valorar a las personas por lo que producen y no por lo que pueden aportarnos con su experiencia como es en el caso de los ancianos.

Además observamos que existen diferencias entre hombres y mujeres respecto a la presencia de depresión en esta etapa, siendo ellas las que se ven más afectadas por esta enfermedad, da acuerdo a los resultados obtenidos de nuestro estudio. Sin embargo no son diferencias que se puedan destacar como significativas ya que también se observó la presencia de hombres depresivos aunque en menor número. Esto nos ayuda a rechazar el mito de que la depresión es una enfermedad característica de la mujer, y comprender que los factores que contribuyen al desarrollo de esta enfermedad no dependen del sexo, sino de la problemática social en la que el anciano está inserto (como el abandono, abuso y falta del soporte afectivo necesario).

Por otra parte, podemos concluir de la bibliografía revisada y de los resultados de nuestra investigación, que la actividad física o la práctica de algún deporte funciona como un factor preventivo de la aparición de la depresión, una enfermedad que afecta a un gran número de ancianos. Por esta razón es importante destacar los beneficios que se obtienen al mantener un nivel de actividad física alto (de acuerdo a los parámetros del nivel de ejercicio que los ancianos puedan realizar) sobre todo en el mejoramiento de la calidad de vida en esta edad.

Por último queremos destacar que a pesar del auge de investigaciones orientadas a la tercera edad y su desarrollo, faltan estudios importantes con muestras chilenas que nos puedan entregar una visión más completa sobre la realidad de un sector de nuestra sociedad que cada vez va adquiriendo un mayor peso e importancia.




REFERENCIAS