VEJEZ Y DEPRESIÓN


Alomar, F., Bustos, C., Contreras, A., Hermosilla, A. y Romero, L.
Psicología del Desarrollo III, Universidad del Desarrollo, 2000.



Introducción
Método
     Sujetos
     Instrumento
     Procedimiento

Resultados
Discusión
Referencias




INTRODUCCIÓN


La presente investigación surge por considerar que los adultos mayores se encuentran en la última etapa de su vida, por lo cual éste puede estar más proclive a la depresión, ya que tiene que evaluar y sopesar lo realizado hasta el momento asumiendo a su vez que está próximo a la muerte y debe prepararse para ella.

Según Erickson, la tarea psicosocial de esta etapa consiste en contemplar su vida en conjunto, con coherencia y aceptación. Si tienen éxito habrán desarrollado la integridad del ego, habiendo derrotado a la desesperación. Cuando ésta domina, la persona teme a la muerte y, aunque pueda expresar desprecio por la vida, continúa anhelando la posibilidad de volver a vivirla. En cambio, cuando impera la integridad, la persona posee la fuerza propia de su edad, que es la sabiduría. El adulto sabio sabe aceptar las limitaciones, sabe cuando aceptar el cambio y cuando oponerse al mismo. Erickson contempla la tercera edad como un periodo más productivo y creativo que en el pasado, considera que el paso por ésta no pone fin a la generatividad de una persona (Craig, 1996).

La clave para una satisfacción y bienestar continuado en la tercera edad puede ser un complejo sentido del yo, consistente en muchos roles sociales, concepciones sobre si mismo y aspectos de la personalidad. Otro factor que puede reafirmar la felicidad de los mayores es su visión de desarrollo a lo largo de la vida. La cultura, el grupo étnico y el status social pueden tener un impacto directo en estas opiniones.

Es importante destacar en esta edad el concepto de bienestar subjetivo, el cual es muy relevante, ya que determina el estado psicosocial y físico del individuo. Se refiere a la sensación de bienestar que tenga o no el adulto mayor y no se relaciona con cómo éste se vea desde afuera, sino con qué tan satisfecho se siente consigo mismo. Este bienestar incluye ciertas dimensiones como el grado de satisfacción que tenga con su vida; Estados de animo; Felicidad general; Congruencia de la persona (si las metas se han logrado); autoconcepto y resolución y fortaleza.

Además, para sentirse seguro y bien consigo mismo, el individuo debe cumplir cuatro tareas o metas:

  1. Metas de logro.
  2. Metas de mantenimiento.
  3. Metas de separación.
  4. Metas de compensación.

El hecho de no cumplir dichas tareas puede desencadenar un estado depresivo mayor, en donde el sujeto se sienta descontento consigo mismo y llegar a caer en un estado depresivo.

Los episodios depresivos pueden darse a cualquier edad y sus síntomas son diferentes en personas de distintas edades (Papalia, 1985). En la tercera edad, la persona sufre de diversas aflicciones más o menos molestas, ha perdido a su cónyuge, hermanos, amigos y a veces a los hijos; toma medicinas que alteran la disposición del ánimo y sienten que no tienen ningún control sobre sus vidas. Cualquiera de estos factores puede hacer que una persona se deprima (Papalia, 1997, p.579).

La transición del trabajo a la jubilación es un cambio muy importante en el que la persona puede esperar sentir depresión. Puede suponer la pérdida de ingresos, de la identidad profesional, del status social, de los compañeros y de la estructura cotidiana del tiempo y las actividades.

Por otra parte, la pérdida del esposo o esposa es fuente de un intenso estrés emocional a cualquier edad. En algunas ocasiones la recuperación no tiene lugar y el dolor es crónico. Si la pérdida no tiene sentido o el que sobrevive se siente responsable de la muerte, el proceso de aceptación cognitiva se interrumpe. Si el cónyuge tenía sentimientos ambivalentes respecto al fallecido, como cuando la muerte representa el fin de un matrimonio conflictivo, estos sentimientos confusos pueden facilitar que el proceso de aceptación emocional siga adelante.

Si además sufre de baja autoestima y era dependiente de su pareja, el desarrollo de una nueva imagen de sí puede que no sea posible. Por último si tiene sentimientos de responsabilidad respecto al cónyuge fallecido y mantiene un compromiso emocional para su bienestar, puede creer que el recuperarse supone ser desleal. En tales casos, la promesa de no olvidar nunca al cónyuge puede implicar la promesa de no recuperarse jamás.

En relación a la muerte, el individuo de la tercera edad puede prepararse para morir, se da cuenta que puede morir cuando hay un declive físico y la pérdida de las capacidades hacen que aparezca la idea de la muerte. El cómo hacer preparativos para ésta dependerá de su situación física, social y mental. En esta etapa vuelven los viejos conflictos, revisan sus antiguas relaciones, tratan de hacer las paces con sus acciones pasadas a la luz de la presente situación. Al repasar estos viejos conflictos pueden sentirse angustiados, culpables, deprimidos o desesperados, pero lo pueden superar y resurgir con integridad, habiendo descubierto así el significado de su vida.

La mayor parte de los ancianos viven con sus hijos, pero a veces los cuidados en el hogar son imposibles y la persona mayor ha de ingresar en algún tipo de institución que pueda ofrecer los cuidados requeridos. Aunque sanos, los adultos incapacitados pueden ingresar en una residencia donde se ofrecen cuidados personales, pero no médicos ni sanitarios a nivel profesional. Algunas están dirigidas por familias y tienen espacio para tres o cuatro personas; otras las dirigen empresas y tienen capacidad para veinte o más adultos. La calidad de estas instalaciones varía mucho, algunas ofrecen una atmósfera familiar y otras malos tratos o negligencias. Las estancias en una residencia suelen ser temporales, ya que cuando la salud del adulto se deteriora suele ser trasladado a otra con cuidados médicos y los que mejoran vuelven a sus casas o a la de algún pariente (Hoffman, 1996).

Con respecto a la depresión, la característica esencial de un episodio depresivo es un periodo de al menos dos semanas durante el que hay un estado de animo deprimido o una pérdida de interés o placer en casi todas las actividades. El sujeto también debe experimentar al menos otros cuatro síntomas de una lista que incluye cambios de apetito o peso, del sueño y de la actividad psicomotora; falta de energía; sentimientos de culpa; dificultad para pensar, concentrarse o tomar decisiones y pensamientos recurrentes de muerte o ideación, planes o intentos suicidas, siendo los síntomas psicológicos o cognitivos los más acusados. Para indicar la existencia de un episodio depresivo, un síntoma debe ser de nueva presentación o haber empeorado claramente si se compara con el estado del sujeto antes del episodio. Los síntomas han de mantenerse la mayor parte del día, casi día a día, durante al menos dos semanas consecutivas. El episodio debe acompañarse de un malestar clínicamente significativo o de deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo, debe distinguirse de un trastorno del estado de animo debido a enfermedad médica. Los síntomas no cumplen los criterios para un episodio mixto, no son debidos a los efectos psicológicos directos de una sustancia, no se explican mejor por la presencia de un duelo y si éste persiste por más de seis meses se considera patológico, por lo tanto, puede incluirse en la sintomatología depresiva (Pichot, P. y cols., 1998, pp. 345-352)

Muchas son las teorías existentes con respecto a las causas de la depresión. Se han considerado el cuerpo, la psique, la mente y el ambiente (Papalia, 1995). Con respecto a las causas genéticas y fisiológicas se habla de una base hereditaria, se han localizado uno o más genes en un punto específico del cromosoma 6. También se atribuyen a un mal funcionamiento a nivel de los neurotransmisores.

Otra teoría es la de trastornos del pensamiento, donde hay dos expositores fundamentales. Beck sugiere que el estado depresivo surge de distorsiones cognitivas basadas en un conjunto de pensamientos negativos respecto a la visión del individuo de si mismo y del futuro. Por otro lado, Seligman postula que una persona se deprime cuando cree que su conducta tiene poca o ninguna influencia sobre el resultado de los acontecimientos, es decir, no tiene ningún control.

Como sintomatología depresiva se considerará lo siguiente:

Dimensión:
  1. Física:
    • Disminución o aumento del apetito.
    • Disminución o aumento del sueño.
    • Lentitud o aceleración de los movimientos.
    • Falta de energía.

  2. Psicológica:
    • Estado de animo depresivo.
    • Disminución del interés por las actividades de la vida diaria.
    • Sentimiento de inutilidad.
    • Disminución de la concentración.
    • Ideas recurrentes de muerte.
    • Sentimientos de culpa.
Con respecto al tratamiento de dicha enfermedad se puede decir que se plantean dos líneas muy importantes. Una de ellas es la psicoterapia o tratamiento verbal y cognitivo, que es una forma no médica, donde se usan las palabras y las conductas como herramientas para modificar esta situación, en lugar de recetas. La otra línea es la medicamentosa o farmacológica, que utiliza los antidepresivos, los cuales son muy efectivos a la hora de normalizar el estado de animo de la persona deprimida y generalmente son necesarios durante algunos meses.

Basándonos en lo expuesto anteriormente, suponemos por inferencia lógica que existiría una mayor frecuencia de depresión en los sujetos de la tercera edad que residen en hogares de ancianos en la octava región, que no tomen medicamentos, que no tengan estados alterados de conciencia y que no estén pasando por un período de duelo; que en el resto de la población.




MÉTODO

SUJETOS

La investigación se realizará en aquellos sujetos que tengan más de 65 años que residan en hogares de ancianos de diferentes niveles socio económicos de la ciudad de Concepción. El tamaño de la muestra consiste en las personas entre 65 y 85 años, hombres y mujeres de cada asilo de ancianos, los cuales son cinco. Por lo tanto la muestra consta de cincuenta personas de la tercera edad y será no probabilística, ya que deben cumplir ciertos criterios de inclusión. Se establecerá una muestra de elección razonada, o sea , estableceremos la cantidad de personas que la constituyen. La forma de elegir a las diez personas de cada hogar fue al azar a partir de una lista con los nombres de quienes no estaban tomando ningún medicamento, tuvieran un estado de conciencia normal y no estuvieran en duelo.



INSTRUMENTO

Para recolectar la información, el instrumento aplicado será un cuestionario construido por los integrantes, el cual consta de 10 reactivos (ver apéndice), cada uno de los cuales señala un síntoma depresivo, recopilado del DSM-IV. Las respuestas del cuestionario son cerradas, es decir, SI o NO, en la cual SI vale 1 punto y NO 0 punto, lo que da un total de 10 puntos si se contestan todas las alternativas de manera afirmativa. Se considerará que el sujeto tiene depresión si contesta seis o más reactivos de forma afirmativa.

El contenido del instrumento fue validado a través del juicio de dos psicólogos clínicos expertos, confiando en que sus años de experiencia los capacitan para llevar a cabo esta tarea.



PROCEDIMIENTO

Para recolectar la información, el procedimiento necesario fue aplicar el cuestionario en forma personal y escrita por ellos mismos, no obstante, a los que presentaban dificultades de lectoescritura se lo aplicamos de forma verbal. Esto se hizo mencionándoles que deberían responder con la mayor sinceridad posible y bajo la condición de que dichas afirmaciones se hubieran presentado por lo menos durante dos semanas.

Para obtener una mayor validez, aplicamos el instrumento primero a una muestra piloto para asegurarnos que los ítemes fueran entendidos y se decidió cambiar el reactivo " ya no me agradan las cosas que habitualmente me agradaban", ya que presentaba una negación que hacía difícil una respuesta sin confundirse. Decidimos cambiarla por "dejó de agradarme lo que antes me agradaba", que es bastante más clara que la anterior. Los reactivos restantes se mantuvieron de igual forma.




RESULTADOS

El chi cuadrado obtenido (c2(1)=18.5, p< .001) es considerablemente mayor al crítico, es decir, el valor obtenido es significativo, a un nivel de confianza de 99%.

Con respecto a los porcentajes obtenidos, fueron los siguientes: 20% de los ancianos presentaron depresión de acuerdo a los criterios establecidos y el 80% no presentó el rasgo.




DISCUSIÓN

Al observar el análisis estadístico se puede apreciar que los resultados obtenidos corroboran empíricamente la hipótesis planteada, la cual se define como: " existe una mayor frecuencia de depresión en los sujetos de la tercera edad que residen en hogares de ancianos en la octava región (que no toman medicamentos, no tienen un estado alterado de conciencia y que no están pasando por un período de duelo) que el resto de la población.

El 20% de la muestra arrojó síntomas de depresión lo que indica que la prevalencia es significativamente mayor en la muestra tomada para la investigación que en la población general que presenta un 7.88%, por lo que debemos considerar que estamos tratando con un grupo de riesgo, en cuanto a la presencia de este trastorno debido a que los ancianos que viven en hogares o asilos tienen menos factores protectores como el desarrollar actividades físicas o intelectuales y redes de apoyo social. Por lo tanto, se debería prestar más atención a este grupo porque al tener más carencias en distintas áreas se encuentran más proclives, pero también es importante mencionar que nuestros resultados no se pueden extrapolar al resto de la población de ancianos porque nuestro estudio se refiere a un sector con características determinadas lo que puede tener vital incidencia en que se presente o no un trastorno depresivo. Otro punto importante ha considerar es que la sintomatología depresiva puede ser confundida fácilmente con cualidades propias de la tercera edad como la lentificación del movimiento o cambios en ciclo circadiano, lo que se debe tener en cuenta a la hora del diagnóstico; esto puede llegar a constituir un problema en la investigación respecto a este tema.

El estereotipo que se tiene en nuestra sociedad del adulto mayor corresponde a un individuo dependiente, poco eficiente y olvidadizo, lo que puede contribuir a que al llegar a esta edad en el trato que los demás le brindan.

Como sugerencia, creemos que debiera fomentarse el número de actividades para la tercera edad y un trato más digno tanto en los hogares como en la comunidad en general, ya que independiente de la edad igual pueden contribuir a la sociedad, pues tienen la disposición y las capacidades para llevar a cabo variadas labores. Es por esto que no deben ser subestimados porque puede constituir un factor de riesgo para desarrollar una baja autoestima y el sentido de autoeficacia, las cuales son aspectos importantes a la hora de la autoevaluación. Si ésta resultara negativa puede generar una depresión al darse cuenta de que le queda poco tiempo para cambiar y cumplir sus metas al mismo tiempo que la sociedad no le otorga los recursos ni el apoyo necesario.

El hecho de que en los asilos se presentase un alto índice de depresión, podría deberse a una deprivación afectiva por parte de la familia, ya que en la mayoría de los casos que observamos estaban abandonados. El estar en un asilo también podría limitar las potencialidades, porque el encontrarse rodeado de individuos de su misma edad y bajo cuidados le impediría realizar labores y actividades que lo hagan sentir eficiente (el cuidado de los nietos, tomar sus propias decisiones, tener relativa independencia económica).




REFERENCIAS




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