EL ACOMPAÑAMIENTO TUTORIAL COMO ESTRATEGIA DE LA
FORMACION PERSONAL Y PROFESIONAL: Un estudio basado en la experiencia en una
institución de educación superior.
Gladys Ibeth Ariza Ordoñez*
Héctor Balmes Ocampo Villegas**
Universidad Católica de Colombia
Abstract
Tutorial accompaniment constitutes at present a
necessary alternative in view of higher education. This work starts with a
general tutorial conceptualization and makes a review of the styles, methods
and procedures related to this academic life facet which applied in a coherent
and systematic way might contribute to an effective form of achieving the goals
the present higher education pursuit.
In considering the changes that the economy as well as
the legislation have generated in education, and mainly to those Latin-American
university programs, it is essential to generate changing processes on the
curriculum conceptualization, especially on teaching activities and studying
plans in order to promote student accompaniment tutorial programs giving responses
to the difficulties the students confront along the different stages of their
lives. This research emerges from the one carried out by the psychology faculty
on the effectiveness on tutorial programs.
Evidence is drawn from it and remarks the principal
points requiring to be adjusted and adapted on accompaniment tutorial programs
to facilitate the loan of an educational service considering not only the
professional training but the person formation as well.
Key words: University. Program assessment, Tutorial,
Tutors, Education, Research, Program.
RESUMEN
El acompañamiento tutorial constituye en la actualidad una necesaria
alternativa en el marco de la educación superior. El presente trabajo parte de
una conceptualización general de la tutoría y efectúa una revisión de los
estilos, métodos y procedimientos relacionados con esta faceta de la vida
académica, que aplicada de manera coherente y sistemática, puede contribuir de
manera efectiva a la consecución de los objetivos que la educación superior
actual persigue. Teniendo en cuenta los cambios que tanto la economía como la
legislación han generado en la educación, y principalmente en los programas
universitarios latinoamericanos, se hace preciso generar procesos de cambio en
la conceptualización del currículo, de la actividad docente y de los planes de
estudio y poner en marcha programas de acompañamiento tutorial a los
estudiantes que den respuesta a las dificultades que los estudiantes enfrentan
en las diferentes dimensiones de su vida. Este estudio surge a partir de la
investigación sobre la efectividad de un programa de acompañamiento tutorial en
una institución de Educación Superior de carácter universitario en Psicología, y busca evidenciar los puntos preponderantes que
requieren ajustarse y adaptarse en los programas de Acompañamiento Tutorial
para facilitar el que se preste un servicio educativo que tenga en cuenta tanto
la formación profesional como la formación de la persona.
Palabras clave: Universidad, Evaluación
del Programa, Tutoría, Tutores, Educación, Investigación, Programa,
Educación.
__________________________________
* Correspondencia: giariza@ucatolica.edu.co
La
primera autora hace parte del grupo de investigación en Desarrollo Humano y
Educación de la Universidad Católica de Colombia.
INTRODUCCION
La universidad latinoamericana contemporánea se
encuentra experimentando una etapa de grandes cambios, cambios a los que la ha
llevado el nuevo orden internacional, el compromiso que como institución debe
tener con la sociedad, y las condiciones sociales y económicas locales que
reclaman de ella tanto participación como aportes efectivos en la búsqueda de
solución a los grandes problemas que la aquejan.
En este sentido, los modelos educativos
aplicados tradicionalmente en educación superior, han perdido significado
frente a los retos que las instituciones afrontan. Es un hecho que las
profesiones tal como venían siendo entendidas también se han transformado, y la
formación de un profesional que sea no solamente un ejecutor de técnicas, sino
un innovador, un investigador y un agente de cambio y mejoramiento social, no
se logra centrando la actividad universitaria en los procesos de transmisión de
saberes ya establecidos y en la formación de expertos en el manejo de
tecnologías.
Esta situación adquiere un cariz adicional en
el momento en que se tiene en cuenta que las instituciones, dados los procesos
de oferta y demanda a los que se han visto enfrentadas, deben preocuparse por
ofrecer programas competitivos, en los que se logren procesos de formación
efectivos, abordando las diferentes facetas del ser humano, desde las
habilidades y destrezas motoras, hasta sus sistemas de valores.
Una de las respuestas necesarias a las
situaciones planteadas, está dada en la flexibilización de los programas
académicos, que permiten al estudiante dosificar sus cargas académicas y optar
por las alternativas de búsqueda de saber que mas se adecue a sus intereses.
Sin embargo estas tomas de decisiones implican que el estudiante cuente no solo
con la información necesaria, sino con el apoyo apropiado para que sus
decisiones redunden en el beneficio de su propia formación.
El concepto de tutoría hace presencia en los nuevos modelos de educación,
personificando la necesidad de apoyar los procesos educativos no solamente con
actividades del tipo didáctico convencional, sino abordando al individuo en sus
diferentes facetas, acompañando sus procesos de toma de decisiones desde lo
puramente académico hasta lo personal, brindando modelos y alternativas para
aprovechar mejor su experiencia educativa y encontrar aplicación práctica a los
diferentes conocimientos que se comparten o se construyen en las actividades
académicas.
El papel del educador universitario experimenta
también un cambio muy especial en su naturaleza, como lo menciona Diaz Villa
(2002) “En la aplicación de la flexibilidad curricular, el profesorado
desempeña un papel determinante, al punto que podemos decir que la calidad de
los logros de la flexibilidad depende, en ultima instancia, de su compromiso y
de su disposición hacia este principio”.
Dentro del nuevo papel que el educador
universitario juega en la actualidad académica, se encuentra el de desempeñarse
como un asesor cercano al estudiante, como alguien que se esmera por optimizar
sus procesos de aprender y de construir conocimientos, en este orden de ideas,
Diaz Villa (2002) explicita la importancia de contar con los docentes en estos
procesos “la definición de responsabilidades del profesorado es una estrategia
crucial si se quiere que se materialicen los innumerables compromisos que la puesta
en marcha de la flexibilidad requiere. Aspectos como la asignación académica,
el tiempo de dedicación a la preparación de cursos y actividades pertinentes,
su participación en las responsabilidades de asesoría, el tiempo de su
permanencia en la institución y el
tiempo de atención a estudiantes deben ser definidos de manera explícita en
los acuerdos y normas que para tal efecto se expidan”.
En consecuencia, el sentido de la presente
investigación mas que efectuar grandes hallazgos, es contribuir con los
procesos internos de las instituciones de tal manera que los programas de tutoría encuentren
posibilidades de adecuación a las actuales tendencias educativas, cuenten con
la información adecuada para proyectarse hacia el futuro y se acoplen de manera
eficaz a las políticas institucionales.
La evolución de la educación en el mundo y en América
Latina, ha conducido a una nueva conceptualización de la actividad académica en
el contexto universitario. La actual sociedad del conocimiento exige un
ambiente educativo en el cual se supere la concepción tradicional de
“transmisión” de conceptos, y se llegue cada vez con más claridad a la
idea de construcción del saber.
En este sentido, los modelos de academia
tradicionales, compuestos por estructuras verticales y monolíticas, se van
flexibilizando y dinamizando, al mismo tiempo que comienzan a buscar la
adopción de estándares internacionales.
De aquí que tanto la legislación como las instituciones que se ocupan de la problemática
de la educación superior en Colombia, trabajan en función de generar las
posibilidades de contar con una formación universitaria que capacite a los
individuos para enfrentar los retos de un mundo cambiante.
Acercarse al programa de tutorías desde
una perspectiva amplia y rigurosa se
constituye en el desafío intelectual necesario para que los procesos de toma de
decisiones sean acertados y para que el conocimiento de los diferentes aspectos
relacionados con el asesoramiento tutorial a los estudiantes sea lo mas
completo y crítico posible y conduzca en general al beneficio de los
estudiantes y a un mejor cumplimiento de la misión de la universidad en el
marco latinoamericano.
El acompañamiento de estudiantes puede
revestir diferentes formas en su concreción
práctica pero fundamentalmente es de carácter preventivo y facilitador
del desarrollo de competencias. Como menciona Flórez (2001) “La formación,
concepto desarrollado inicialmente en
Y en este proceso de formación Apple (1996), conceptualiza que es por medio
de la educación que se puede adquirir
una auténtica comprensión y
control de todas las esferas de la vida diaria en la cual interactuamos o
participamos, por tanto la educación es un medio fundamental para obtener
control sobre nuestras vidas. Esto conlleva a mirar la educación no solamente
como la encargada de impartir instrucción o transmitir conocimiento, sino que
va más allá, es un medio de transformar la realidad y permitir el desarrollo
humano.
El concepto de Desarrollo Humano ha ido evolucionando.
La concepción de desarrollo visto desde lo económico proviene del utilitarismo
el cual busca maximizar la satisfacción
y la felicidad de los individuos. Pero no se puede tomar desde el aspecto
solamente económico, valorado únicamente como ingreso sino que se debe ir más
allá.
Al respecto Rawls, referenciado por Sarmiento (2000),
anota que el desarrollo no se debe valorar únicamente como ingreso sino que la
libertad es un punto primordial, siendo el hombre el punto central de la educación. Comenta que
la teoría de la justicia está asociada con la educación, con la libertad de
movimiento y de libre elección de ocupación, con los poderes, con los ingresos
y la riqueza y con las bases de la propia estima. Es decir que al considerar
los bienes primarios también se deben incluir
los derechos y las libertades y el respeto a uno mismo.
Por su parte
Amartya Sen (1999), considera la
libertad como causa constitutiva del desarrollo. El desarrollo humano es un
proceso de expansión de las libertades reales
de que disfrutan los individuos, son las capacidades personales para la
realización del proyecto de vida.
Anota el mismo autor que no son suficientes los bienes
primarios sino que se debe centrar la atención en lo que yo hago con esos
bienes primarios. Las personas tienen libertad para escoger entre distintas alternativas de vida,
cada persona participa y puede afectar su entorno para buscar un mejor
vivir y la educación juega un papel muy
importante en este proceso.
CONCEPTUALIZACION DE
La tutoría,
entendida de manera genérica, implica el acompañamiento que toda persona
necesita al adelantar cualquiera de los procesos de desarrollo existencial. Los
orígenes del término y de las acciones que implica, se remontan a la
antigüedad.
Córdoba
(1998) relaciona el concepto de tutoría con el genérico de tutela, y con el
concepto clásico de curador (cuidador). Se refiere entonces al tutor como quien
ejerce el papel de “defensor, protector o director en cualquier línea. Así
mismo la tutela o tutoría se confiere para curar (cuidar) de la persona y los
bienes de aquel que por minoría de edad o por otra causa, no tiene completa
capacidad civil.”
En este
sentido encontramos el papel del tutor en el maestro de la antigua Grecia,
concretamente en la mayéutica socrática. Sin embargo, se han situado sus
inicios, sus raíces y la tradición que ha conformado su práctica actual en
Doherty
(2002) se refiere a que en el periodo medieval en
Sin embargo
durante el siglo XIX la idea de un “tutor moral” comenzó a cambiar y a ejercer
un papel más académico. El papel del tutor se refería a “enseñar a los
estudiantes cómo usar sus mentes. A enseñar cómo pensar, no enseñar lo que
pensar.” (Moore, 1968, citado por Doherty, 2002).
El modelo
inglés de tutorías ha servido de patrón para la aplicación de esta estrategia
en muchas otras universidades del mundo. El papel del consejero académico a
manera de tutor en muchas de las universidades norteamericanas es una muestra
de ello, y conduce a que tanto el tutor como el estudiante, encuentren las
mejores alternativas para conseguir el más elevado nivel de formación.
Existen
varias estrategias para desarrollar el programa de tutorías, entre las cuales
Argüís y otros (2001), destacan la tutoría individual o llamados por
otros, asesoría personal (o íntima personal), en la cual el
profesor-tutor pretende conocer la situación de cada alumno, lo ayuda
personalmente, lo orienta en la planificación y ejecución de sus tareas
escolares. Uno de los puntos positivos de la tutoría individual es trabajar la
autoestima de los estudiantes, que asuman sus responsabilidades y nuevos retos
con entusiasmo y permitir que demuestren
sus emociones. Esta tutoría supone un compromiso más profundo tanto por parte
del tutor como por parte del estudiante ya que abarca temáticas de índole
intelectual, afectivo, social, académico, profesional, institucional, etc.
La
tutoría de grupo en la
cual el profesor-tutor ayuda a los alumnos en la orientación del currículo y en
la participación activa en el centro educativo. Colabora con los profesores que
intervienen en el grupo de alumnos y aporta a cada uno de los profesores del
grupo la información necesaria sobre cada alumno y grupo.
La tutoría técnica la desempeñan
profesores que no han sido designados como tutores de ningún grupo de alumnos.
Esta tutoría también se conoce como asesoría académica en la cual el estudiante
solicita la colaboración de un docente con cierta experticia en determinada
área .
La
tutoría de la diversidad
la cual supone que el tutor tiene en cuenta a cada alumno con sus capacidades y
ritmos de aprendizajes determinados. Esta tutoría es uno de los grandes retos
pedagógicos porque requiere de dispositivos de comunicación y métodos pedagógicos específicos para ayudar
a los estudiantes.
Otra
estrategia es la tutoría de prácticas en empresas en donde los tutores
son los responsables del control y seguimiento de las prácticas en las entidades en régimen de convenio.
Estas son las que realizan los docentes cuando supervisan las prácticas
profesionales de los estudiantes.
Algunos
modelos genéricos de tutoría son expuestos de manera esquemática por Hock, M.
Pulvers, K. (2001), y a partir de esta clasificación pueden verse algunas
implicaciones de la aplicación de tutorías en medios educativos; sostienen los
autores:
Las
contradicciones permanentes que resultan de la relación entre tutoría y los
programas tutoriales post-escolares generan múltiples problemas. Primero,
existe el problema de la definición del modelo tutoríal. Algunos autores
describen la tutoría como la situación ideal de enseñanza debido a que incluye
la instrucción uno- a- uno en los contenidos y las habilidades presentadas por
el tutor.
Bloom (1984),
referenciado por Hock y Pulvers (2001) sostiene que la tutoría uno- a- uno
constituye una excelente oportunidad para docentes muy habilidosos, que enseñan
destrezas, estrategias y contenidos de conocimientos a un solo estudiante.
Sostienen además, que las oportunidades que presenta la tutoría uno-a- uno,
pueden optimizar el impacto de una variedad de técnicas y prácticas
instruccionales validadas tales como la instrucción directa, modelamiento
tutorial de conductas de pensamiento y solución de problemas, soporte y
sustentación de habilidades y estrategias de estudio y suministro de
retroalimentación inmediata, positiva y correctiva.
El nombre
tutoría también se usa para describir prácticas educativas diferentes al
uno-a-uno. Por ejemplo se ha descrito un modelo de tutoría que puede ser
llamado de asignación y asistencia. En este modelo el tutor se presenta
ante un estudiante o un grupo pequeño de
Otro modelo
combina los elementos de los dos anteriores. Se denomina tutoría estratégica.
Se trata de enseñar estrategias de aprendizaje, aprender a aprender, mientras
los estudiantes reciben ayuda en la realización de tareas y trabajos académicos
(Hock, y Pulvers 2001).
Por ejemplo,
si un estudiante debe completar un número de problemas resueltos para una clase
de matemáticas y para estar preparado para la evaluación, el tutor puede darle
una estrategia de solución de problemas que incluye los siguientes pasos: a.
revisar y determinar lo que se necesita para resolver los problemas, b.
analizar el problema y compararlo con los ejemplos del libro, c. actuar para
resolver el problema y d. recurrir a las tablas para ver las respuestas. El
tutor demuestra con su ejemplo la estrategia y da al alumno guías para que pueda aplicarlo en la solución de
sus tareas. En este sentido, el tutor no solamente enseña una estrategia que
ayuda al estudiante a culminar exitosamente una tarea, sino que enseña una
estrategia que puede usar independientemente cada vez que se encuentre en
situaciones similares.
En las
investigaciones que se hallaron con respecto a las tutorías, se enfatiza en la
importancia de efectuar un entrenamiento a los tutores. Slavin (1991),
referenciado por Hock y Pulvers (2001), sostiene que la eficacia de la tutoría
no depende solamente del modelo de tutoría que se adopte o de las metas que se
hayan fijado, también depende del entrenamiento del tutor.
EL SENTIDO DE
En el momento
histórico que está viviendo la universidad colombiana y latinoamericana al
inicio del tercer milenio, este concepto de tutoría cobra trascendental
importancia. A continuación se exponen y justifican algunas de las principales
razones.
Nuestro
modelo de universidad, principalmente profesionalizante, y en gran medida
desligada de las realidades macroeconómicas y de los contextos sociales en los
que se desenvuelve, ha llevado a una perdida de sentido en su acción en muchos
casos de grandes proporciones.
Se ha visto
con dramatismo cómo los profesionales reciben sus títulos, pero no cuentan con
la capacitación suficiente para dar respuesta
a las necesidades del entorno, cómo se forman falsas expectativas en las
personas, que se capacitan con la idea de desempeñar un determinado papel en la
sociedad, pero al finalizar su proceso académico encuentra que: o no cuenta con
las habilidades y destrezas necesarias para desempeñarse en ese determinado
campo, o no hay mercado suficiente para las personas que se desempeñan en esa
área.
Al respecto
Schon (1983) argumenta que “las escuelas profesionales deben replantearse tanto
la epistemología de la práctica como los supuestos pedagógicos sobre los que se
asientan sus planes de estudio a la vez que deben favorecer cambios en sus
instituciones de modo que den cabida a un prácticum reflexivo como un elemento
clave en la preparación de sus profesionales”.
El
crecimiento vertiginoso de nuestra población urbana, ha traído consigo un
incremento multitudinario en la búsqueda de acceso a la educación superior, a
la cual se ha tratado de dar respuesta, no siempre con criterios de eficiencia
y calidad. De acuerdo con lo expuesto por Aldana (2001) la masificación de la
matricula universitaria en Colombia se multiplicó 80 veces entre 1950 y el
final del siglo, y el número de
programas de pregrado que en 1960 era de 190, en 1999 es de aproximadamente
8.000.
Este ya
inmenso conglomerado se encuentra en una intensa búsqueda de las herramientas
por medio de las cuales no solamente ubicarse social y laboralmente de manera
individual, sino de construir una sociedad mejor.
Esta
situación se constituye en uno de los más centrales retos para la institución
universitaria que debe tener en cuenta fenómenos macroeconómicos vinculados con
la globalización, y la “simbiosis de la ciencia y la tecnología” de acuerdo con
lo expuesto por Aldana (2001), quien a su vez enfatiza que “este progreso
produce cambios en la teoría y la práctica de la enseñanza y el aprendizaje, en
los canales utilizados para la comunicación entre alumnos y profesores, en las
estructuras administrativas y académicas de las universidades y en las relaciones
de trabajo entre los docentes y las instituciones”.
El docente
universitario convencional, dedicado principalmente a la transmisión de un
conocimiento, debe tender a convertirse en un tutor, acompañante en el proceso
del aprender. Como lo manifiesta Leite García (2001) “Si de hecho estamos
comprometidos con la formación de educadores y no solo de profesores cuya
acción se limite a transmitir los conocimientos específicos de su disciplina,
mucho tendremos que hacer revisando nuestros cursos de formación...”
El docente
debe convertirse en tutor en donde los estudiantes buscan adquirir y los
tutores ayudan a adquirir, los estudiantes aprenden haciendo y sus instructores
funcionan más como tutores que como profesores, por lo tanto una de las funciones del docente es
convertirse en guía y modelo de sus alumnos. El acompañamiento tutorial no solo
debe tener en cuenta el cumplimiento de un programa académico sino que debe
crear en el estudiante el entusiasmo y la pasión por el proceso de aprendizaje.
Las instituciones
de educación superior han contado con programas que se aprestigiaron en el
contexto social, y que se constituyeron en entidades propias, con esquemas de
formación en muchos casos sólidos, pero al mismo tiempo monolíticos, que dieron
respuesta efectiva en su momento, pero que se han venido quedando cortos ante
la realidad cambiante, la diversificación de los saberes y el proceso de
globalización. La tendencia contemporánea se orienta hacia programas de
formación en los cuales el educando tenga una mayor posibilidad de elegir, y
construir así su propio proceso educativo con el cual dará respuesta a las
inquietudes no solo propias de su persona, sino de su entorno inmediato.
Ya la misión
de Ciencia y Tecnología establecía cómo en nuestro país, “la institucionalización
de la actividad científica y tecnológica ha estado por lo general más ligada a
decisiones de carácter político e ideológico que a una demanda de la sociedad
para su desarrollo económico y social”.
Sarmiento
(2000) anota que en el desarrollo humano
es la educación el principal motor para
un crecimiento rápido y sostenible. Las sociedades más educadas no solamente
producen un mayor número de innovaciones sino que son las que mejor captan y
utilizan las nuevas creaciones de la ciencia y la tecnología. Son los
individuos y colectivamente los ciudadanos de un país los que construyen su propio destino de ahí
la importancia que se le proporcione a la educación para que haya mayor
crecimiento y desarrollo.
La persona se
desarrolla en el proceso de las experiencias y las actividades sociales, siendo
la comunidad o grupo quien proporciona al individuo su unidad de persona. Es la
familia la encargada de iniciar en el niño el aprestamiento para desarrollar
todas las habilidades, destrezas, conocimientos, interpretaciones, valores, que
luego son reforzados en la escuela, trabajo o comunidades menores.
Las ciencias
del hombre encuentran cada día importancia fundamental que tienen los
ambientes, los contextos, la cultura, la historia presente, tanto en el
desarrollo personal de los individuos como en los procesos que viven los grupos
humanos. En relación con la educación de los individuos, es un hecho que las
pautas generales de su modo de enfrentarse con la realidad provienen de un
contexto experiencial en el cual existe una poderosa influencia de los factores
sociales, económicos, políticos por los que esté atravesando el grupo en
referencia.
Mosquera
(1990) manifiesta además en relación con la necesidad de construir una
Universidad diferente hacia el futuro, el propósito de promover de manera
selectiva y progresiva “características propias de la formación ofrecida en las
universidades modernas: flexibilidad, apertura a otras profesiones y
disciplinas y desarrollo de la capacidad de trabajo autónomo del estudiante”.
Entidades
internacionales empiezan a propender por la búsqueda de cambios estructurales
profundos en las instituciones de educación superior, de manera importante en
relación con América Latina. Principalmente con el fin de que nuestra educación
superior cumpla con los requerimientos y los estándares internacionales.
Tal vez el
más representativo de estos documentos es el denominado Plan de Acción de
Turín, que fue suscrito por Colombia en el año 2000. Este documento establece
por ejemplo el requerimiento de que las universidades latinoamericanas diseñen
currícula “más flexible (con sistemas de
crédito y opciones alternativas) y organizados en programas secuenciales más
cortos, con la posibilidad de acceder al mercado de trabajo al completar el
primer nivel.”
En este sentido, se pretende que los estudiantes
accedan a una formación más completa, que los capacite para asumir los retos de
la vida moderna, y que se ocupe de las diferentes dimensiones de la persona. De
ahí que, las tutorías se hacen fundamentales ya que se requiere que las
instituciones diversifiquen “las condiciones de acceso e itinerarios
en la educación superior, por ejemplo mediante la educación a distancia y el reconocimiento del
aprendizaje y la experiencia adquiridos fuera de la educación tradicional.”
El modelo
pedagógico que se ha hecho tradicional en nuestro medio es esencialmente
heterónomo, equipado con una alta dosis de autoritarismo, y verticalidad. Ante
las actuales tendencias educativas, las actitudes propias de los educadores y
educandos que se realizan bajo este modelo, no permiten un desarrollo adecuado
de sus capacidades ni favorecen el alto rendimiento ni la excelencia. Es por
esto necesario y urgente crear en nuestro medio estrategias de formación autónomas,
que permitan al educando hacerse cada vez más protagonista de su propio proceso educativo. En este
sentido el papel del docente experimenta también una variación hacia el papel
de acompañante, orientador y en general tutor del estudiante.
Estas estrategias
se hacen aún más necesarias si tenemos en cuenta que el Decreto 808 del 25 de
Abril de 2002, establece el concepto de crédito como unidad de trabajo
académico en el cual se incluye trabajo en presencia del docente y trabajo
independiente que el estudiante debe adelantar bajo la orientación recibida.
“Un crédito equivale a 48
horas de trabajo académico del estudiante, que comprende las horas con
acompañamiento directo del docente y demás horas que el estudiante deba emplear
en actividades independientes de estudio, prácticas, u otras que sean
necesarias para alcanzar la metas de aprendizaje, sin incluir las destinadas a
la presentación de las pruebas finales de evaluación” (Ministerio de Educación
Nacional de Colombia, 2002).
En este orden de ideas, la tutoría cobra una especial importancia, como
lo manifiestan Díaz Támara y Pinzón de Santamaría (2002), “Definitivamente currículos universitarios flexibles sin contar con el
servicio de tutoría son impensables. Se ponen en riesgo la calidad y los objetivos
de enseñanza – aprendizaje”, esto se afirma principalmente pensando en que un
estudiante que inicia su educación universitaria en medio de las actuales
características del proceso, podría ser un firme candidato a la deserción al no
contar con el apoyo necesario en lo referente al manejo autónomo de su proceso
educativo.
Los programas
de tutorías que se deben poner en funcionamiento en las instituciones
universitarias, se orientan entonces a :
- Contribuir a la formación integral del
individuo.
- Generar ganancias efectivas en el
aprendizaje de las disciplinas.
- Potenciar las capacidades de los
educandos y fortalecer sus debilidades.
- Orientar a los participantes en el
aprovechamiento eficaz y adecuado de las oportunidades.
Los ambientes
académicos tradicionales y convencionales han tendido a favorecer algunas de
las diferentes dimensiones de la persona humana, principalmente aquellas que se
vinculan con el acervo intelectual, las destrezas del conocimiento, y la
solución de problemas planteados desde la perspectiva teórica y solucionables
por medio de esquemas algorítmicos en la mayoría de las veces provenientes de
las matemáticas.
Sin embargo
el mundo actual, y las circunstancias que viven nuestros países, el cultivo de
otras dimensiones de la persona, principalmente en el contexto de la educación
superior, es de vital importancia. Podemos mencionar aquí la formación de
actitudes pro sociales, de capacidad de autogobierno, de creatividad en la
búsqueda de solución de problemas, de hábitos de vida saludables y eficaces,
entre otros. Un programa de tutorías está entonces dirigido a complementar la
formación superior en aspectos como estos, que contribuirán a incrementar las
posibilidades de éxito de los egresados en su desempeño profesional.
Para que esto
se realice se deben tener explicitas las políticas del programa de tutorías en
la universidad y hacer parte de su modelo pedagógico, de tal manera que sea una
estrategia pedagógica que busque el desarrollo integral de los estudiantes para
orientarlos en su formación e incrementen sus habilidades tanto personales como
profesionales.
El informe de
En este
sentido la práctica pedagógica no es solamente instruir para que se realice una
acción, el desafío es una educación de calidad con equidad, con perspectiva
para una educación para la democracia, en donde se tenga en cuenta al sujeto
educativo no solamente desde el punto de vista económico, sino también como
sujeto social, que pueda incorporarse en forma crítica al medio, que tenga
habilidades, valores y actitudes para vivir con dignidad y así contribuir a la calidad de vida (Magendzo,
2001).
Anota al
respecto Orozco (1999), “la educación
es, en consecuencia, educación en y para la libertad, fomenta el
crecimiento de la persona y lo capacita para una vida útil y responsable frente
a sí mismo y frente a la sociedad global”. La educación, si cumple con sus
fines, forma el carácter y la personalidad del individuo y contribuye a la
generación de espacios de eticidad en los que la vida humana se hace posible.
Estos son los espacios que permiten las interacciones entre los hombres.
Por lo
anterior es importante tener en cuenta el currículo que se maneja en las
instituciones educativas y que está promulgado en
De acuerdo
con lo expuesto se confirma que el sentido último de la educación es la
formación del sujeto democrático, autónomo, constructor de conocimiento,
comprometido con la transformación de la sociedad y que ha sido en muchas
ocasiones relegada en el currículum. Además se conoce que al interior de una
entidad educativa autoritaria, jerárquica y dependiente es imposible
formar un sujeto democrático. La
creación de una cultura escolar democrática es condición necesaria para la formación del sujeto democrático, por
lo tanto es indispensable revisar el currículo ya que éste debería entregar los
conocimientos y desarrollar las habilidades, actitudes y competencias
necesarias para vivir en sociedad.
Petrus
(1998), anota que es evidente que existen otros valores, al margen de los
conocimientos, que deben tener una importante presencia entre los contenidos
escolares. La institución escolar no puede estar ajena a la problemática social
sino que debe estar comprometida a dar respuesta a ello y no puede estar atenta
únicamente a los conocimientos científicos. Se deben tener presentes los
principios educativos fundamentales para una convivencia democrática,
principios que no estén solamente escritos en el papel sino que se vivan
cotidianamente en la escuela, tales como la participación, la solidaridad,
solución adecuada de los conflictos, diálogo, tolerancia, etc.
Estos temas
los considera contenidos transversales que traspasan el ámbito de las
asignaturas o materias escolares y que hacen referencia a problemas y
conflictos que se dan de manera cotidiana en la sociedad. De ahí que las
principales finalidades de los contenidos transversales sean tomar conciencia
de los conflictos y adquirir competencias sociales.
Petrus
(2000), considera que los contenidos
transversales hacen referencia a determinados contenidos educativos de base
ética válidos para todos los educandos, prescindiendo de creencias, ideas
políticas o religiosas. Anota que los principios abiertos, dialogantes, los
valores que otorgan dignidad, no pueden tener fronteras, antes al contrario,
deben impregnar todas las actividades escolares. Los contenidos transversales
por su contenido social, no deben tener un planteamiento excesivamente
conceptual ni en horarios fijos sino que son contenidos que se comparten a
través de todas las materias escolares.
Lo
anteriormente expuesto tiene mucha relación con los programas de tutorías. Se
observa esta similitud a partir de diferentes funciones que se pueden ejercer
de manera transversal en el ambiente educativo, y que podrán constituir tema de
análisis a mayor profundidad más adelante. Una función de ayuda que actúa como
motivador para que el estudiante pueda prevenir y dar respuestas efectivas y
asertivas en su contexto. Una función de intervención educativa porque trabaja
directamente aspectos como la conducta, los procesos de pensamiento, los
factores emotivos y la motivación
académica y de la vida en general, técnicas concretas sobre diferentes
problemas como autoestima, métodos y hábitos para el éxito en el estudio, etc.
Función
formativa porque le proporciona además de elementos informativos que pueden ser
de interés, orientación para formar actitudes y valores. Función evaluadora en
dos sentidos, el individual que ayuda a la persona a conocerse, y el general al
examinar las necesidades, actitudes y capacidades potenciales para poder
ofrecer el mejor programa formativo posible. Por último la función de
planificación porque diseña itinerarios educativos adecuados al nivel y la
motivación de cada “tutoriado”.
La
información que se menciona a
continuación ha sido el producto del análisis cualitativo realizado en la
investigación evaluativa sobre el Programa de Acompañamiento tutorial en una
institución de educación superior(Ariza, 2003).
METODOLOGIA
Enfoque
Se utilizó el método de
investigación evaluativa con un enfoque cualitativo, que parte de la concepción
de la realidad como totalidad que se construye en la interacción comunicativa
de sus integrantes. Permite comprender cómo la comunidad de estudiantes y
docentes-tutores perciben las tutorías, que opinan de ellas y si se están
cumpliendo los objetivos con los cuales fueron creadas.
Procedimiento
Para recolectar la
información se adelantaron entrevistas con los estudiantes a través de los
grupos focales, que se utilizan como un método acelerado y de bajo costo para
obtener información cualitativa de grupos poblacionales seleccionados (Burbano,
1995), y se aplicó un cuestionario de evaluación del programa a
docentes-tutores.
La estrategia que se utilizó
para dar respuesta a la validación de los datos cualitativos, fue la
triangulación que es la evaluación de la consistencia de los hallazgos
contrastándolos mediante la información obtenida con diferentes estrategias o
provenientes de informantes distintos, en donde a partir de diferentes puntos
de vista de los grupos focales realizados con los estudiantes y la realización
por los tutores se establece cruce de información para realizar la comparación
de los datos.
RESULTADOS
En el marco de la necesidad de las instituciones de
generar posibilidades de trabajo autónomo por parte de los estudiantes para que
realmente se aplique la política de créditos es indispensable constituir una
cultura de la tutoría en la cual el estudiante esté dispuesto a profundizar, a
complementar su aprendizaje, a adquirir competencias, y el docente a su vez
esté también dispuesto a brindar asesoría en lo puramente académico, en lo
técnico metodológico y en lo actitudinal, porque una competencia no se forma solamente
desde la perspectiva teórica, no puede ser evaluada solamente con el modelo de
calificación tradicional.
Además como lo anotan Farrés y Obregón citadas por
Díaz y Pinzón (2002), “se debe trabajar con los tutores en despertar la
conciencia de que están participando en un proceso de formación de recursos
humanos, no en la generación de productos de investigación”.
Un programa de tutorías requiere hacerse presente en
las diferentes personas e instancias que conforman la comunidad académica
(estudiantes, docentes, administrativos). Además es relevante, como lo
anotan Díaz y Pinzón, (2002) “que cada
profesor se sienta tutor y contribuya a
orientar y asesorar al estudiante en la toma de decisiones sobre sus
necesidades, intereses y capacidades”.
Es importante además, crear políticas desde el ente central de la
Universidad para analizar juiciosamente los planteamientos de las tutorías y
así trazar el horizonte de renovación, divulgación y expansión de las mismas.
En lo vinculado al aspecto puramente humano de esta
actividad, a pesar de que es frecuente entender las tutorías como una
estrategia más o menos eficaz para mejorar la calidad del aprendizaje, es
supremamente importante rescatar una multiplicidad de dimensiones vinculadas
con el concepto.
Las políticas aplicadas en los últimos tiempos a la
Educación Superior no solo conllevan la pretensión de conseguir de la
capacitación a manera de producto, un individuo con las capacidades para
desempeñar una determinada función. La capacitación que un individuo recibe
debe conducirlo a ser un ser cada vez mas integral, no solo eficiente en su
trabajo, sino creativo y participativo de la dinámica social y política de sus
entornos mediatos e inmediatos.
En este sentido, no podemos limitar el concepto de
tutoría al papel comercial o remedial de un control de calidad industrial,
debemos entenderlo como una de las alternativas mas apropiadas para que la
educación realmente se constituya en la vía para el crecimiento de las
personas, el desarrollo de las comunidades y la armonía social.
Un profesional que debe desempeñar su función en
estrecha vinculación con personas, tanto en lo individual como en lo social
deberá contar no solo con una capacidad técnica en su trabajo, sino con un
acervo de valores y un repertorio de actitudes acordes con la responsabilidad
que implica trabajar con seres humanos.
Sin lugar a dudas entonces, una educación que no
solo favorezca el cultivo de los aspectos técnicos en el individuo, es motor
eficaz en el desarrollo. “Una sociedad que de manera consciente y decidida
favorece la investigación, la creación y aplicación del conocimiento multiplica
continuamente sus recursos naturales (…) que soporta crecimientos cada vez
mayores” (Sarmiento A, 2000). Pero además, “el aumento de las capacidades que
produce el capital humano no solo tienen que ver con la participación activa en
la organización productiva sino con el disfrute mas profundo de mayores
oportunidades” (ibid).
Al respecto, Díaz, V. M. (2002), anota “… no es
preocupación única la formación de un profesional; lo es la formación de la
persona: ciudadano, miembro de una sociedad, profesional de excelencia,
responsable, independiente, crítico y creativo; lo es la formación de una
persona capaz de identificar problemas y buscar alternativas de solución; capaz
de mejorar día a día su vida personal, de intervenir en la transformación del medio sociocultural;
de construir su futuro personal y de contribuir a perfilar el de su familia y
el de su entorno sociocultural”
En la presente investigación se encontró que uno de
los aspectos mas relevantes en este proceso tiene que ver con la capacitación
tanto de los docentes como de estudiantes en lo referente a la puesta en marcha
de un Programa de Tutorías. Efectivamente no se trata solamente de las técnicas
necesarias para llevar a cabo una tutoría de tipo técnico en campos específicos
de la capacitación, sino del aspecto formativo general que un programa de este
tipo debe cumplir.
El tutor debe ser capacitado no solo en el
cumplimiento de una función vinculada con el éxito académico con miras a la
promoción o a la obtención de calificaciones o títulos. Es preciso generalizar
entre los docentes tutores la actitud necesaria para que se constituyan en
factores determinantes de la formación humana integral de los educandos.
Topping (2002) manifiesta la necesidad de “capacitar
en los procedimientos generales de toda tutoría. Por ejemplo cómo entablar una
relación de confianza”. Adicional a esto, el tutor debe contar con las
habilidades y herramientas suficientes para desarrollar en sus pupilos mejores
estrategias de aprendizaje, y para que éste adquiera las destrezas y
repertorios de conducta que mejoren el ambiente de trabajo en el aula y fuera
de ella.
No sobra
mencionar además la necesidad de que la institución brinde los espacios
adecuados para que esta actividad se desarrolle, como el disponer de cubículos
aptos para adelantar tutorías personales o a pequeños grupos. Y que se
viabilice la posibilidad de que los programas cuenten con un seguimiento
puntual y una capacitación permanente.
Sin embargo, un programa de tutoría es eficaz en la
medida en que exista el nivel adecuado de motivación en los participantes. En
este aspecto la actitud del tutor es fundamental, y la posibilidad de que el estudiante
perciba claramente los efectos positivos de la actividad tutoríal. Las
investigaciones han establecido por ejemplo que el aprendizaje resulta mas
productivo “cuando se realiza durante breves sesiones frecuentes antes que
durante largas sesiones ocasionales” (Topping, 2002).
Y esta motivación juega un papel decisivo en estos
momentos en los cuales la aplicación de la flexibilidad curricular requiere de
un profesorado comprometido y con disposición para cumplir los objetivos del
programa.
DISCUSION
Aunque el presente estudio no tiene como fin probar
la eficiencia de la aplicación de un programa concreto de acompañamiento a
estudiantes, si puede señalarse que en las actuales condiciones de las
instituciones de educación superior, es preciso efectuar cambios radicales en
los modos tradicionales de entender la relación entre docentes y estudiantes.
Dado el cambio cultural que se presenta en los medios educativos superiores
desde la aparición del concepto de globalización económica, y de la irrupción del
concepto de formación por competencias, los educadores y educandos establecen
nuevos tipos de relación y deben construir una nueva actitud frente al proceso
en el cual el educando se hace cada vez mas autónomo y proactivo.
Los procedimientos aplicados durante la presente
investigación han conducido principalmente a una toma de conciencia por parte
de los diferentes participantes en el programa en relación con la necesidad de
fortalecer este tipo de acciones para contribuir así al desarrollo institucional,
de allí que las instituciones que
adopten este tipo de programas pueden plantearse la posibilidad de
aumentar sus niveles de efectividad y mejorar la formación de los estudiantes
como personas que saldrán a ejercer como profesionales, lo cual implica la gran
responsabilidad de trabajar con personas y con situaciones de tipo social y
educativo.
Se sugiere que por medio de una planeación,
seguimiento y evaluación continua de este tipo de programas, se dé respuesta pertinente a los
intereses y falencias de diversa índole, ya sea personales, grupales o
institucionales, con el objetivo de tener capacidad de identificar necesidades
específicas y realizar los correctivos requeridos para un adecuado
funcionamiento del programa.
Se requiere una coordinación eficaz de las acciones
del profesorado (planificación conjunta de actividades, seguimiento y evaluación)
para el éxito de la acción tutorial y tener permanentemente en cuenta que esta
actividad implica a todos los estamentos de la comunidad educativa.
Es además de primordial preponderancia recalcar la
necesidad de contar con políticas centrales
alrededor del acompañamiento tutorial que le permitan al programa no solo
cumplir sus objetivos, sino prolongarse en el tiempo y generalizarse en los
diferentes ámbitos de la cultura institucional.
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