LA EVALUACION DEL APRENDIZAJE EN LA UNIVERSIDAD, APORTES DE LA EDUCACIÓN VIRTUAL A LOS MODELOS CLASICOS

 

Autor: Héctor Balmes Ocampo Villegas

hbocampo@ucatolica.edu.co

Universidad Católica de Colombia

 

 

RESUMEN

La presente ponencia tiene como propósito identificar aspectos de la evaluación del aprendizaje vinculados a los modelos tradicionales de educación universitaria, que pueden ser tenidos en cuenta en el momento de replantear modelos evaluativos e incluso modelos pedagógicos con miras a dar respuesta a las exigencias del mundo contemporáneo.

En primera instancia se revisa la relación pedagógica en la universidad desde la perspectiva propuesta por Michael Foucault, en la cual se identifica una vinculación de poder en los ambientes educativos, que impone sobre el otro la voluntad de un educador que obedece a las exigencias de poderes superiores. A continuación se hace una revisión de estas relaciones de poder desde la perspectiva propuesta por Basil Bernstein, quien enfatiza en el contenido de los discursos que la educación maneja, los cuales establecen diferencias sociales y culturales y contribuyen a mantenerlas en la medida que los educadores se constituyen en agentes de control simbólico. La democratización del conocimiento aportado por la presencia de las tecnologías de la información y la comunicación, y la irrupción de los ambientes virtuales educativos en las universidades ejercen un importante factor de cambio en la dinámica universitaria y concretamente en la evaluación.

 

 

 

La historia educativa de América Latina ha sido marcada de manera particular por la presencia de los modelos educativos católicos europeos, o por las adaptaciones que en estos contextos, se ha dado de modelos educativos generados en otras latitudes. Y en gran medida esta presencia se ha dado a través de los evangelizadores que han adoptado los modelos pedagógicos para su labor, o incluso han convertido su labor evangelizadora en misión pedagógica con resultados tanto benéficos como cuestionables. Los evangelizadores europeos, españoles principalmente, han transmitido dentro de su discurso el esquema jerárquico de su organización confesional, generalmente aceptado y asumido por los pueblos evangelizados como parte integrante de su discurso y de su filosofía. Se genera entonces una vinculación pedagógica de tipo vertical, en la cual, el ejercicio del poder se constituye en factor fundamental para el análisis del fenómeno educativo y cultural que se ha vivido hasta el periodo final del siglo XX.

 

La evaluación ha sido tomada entonces como herramienta de control comportamental, dado que se le ha asignado un carácter promocional por encima del carácter informativo que constituye su verdadera naturaleza

 

La presencia de las T.I.C.s. en el escenario educativo, y concretamente universitario, ha traído una nueva y refrescante vinculación a los actores del hecho pedagógico, y va generando sugerencias, alternativas y posibilidades para las diferentes modalidades de educación superior. Para ver el fenómeno con un poco más de detalle, pasemos a mirar una manera de abordar el análisis de las relaciones de poder en estos contextos:

 

La propuesta contestataria y altiva de Michael Foucault, resulta ser una buena lente para observar el fenómeno principalmente en el contexto de la educación presencial. En principio es preciso aceptar lo amplio del término poder, “ha sido preciso esperar al siglo XIX para saber lo que era la explotación, pero quizá todavía no sabemos lo que es el poder” (Foulcault, 1994 a).

 

Tenemos en un primer plano, la manera de manifestación del poder que genera una reacción visible, “las mujeres, los prisioneros, los soldados de quinta, los enfermos en los hospitales, los homosexuales han entablado en este momento una lucha específica contra la forma particular de poder, de coacción, de control que sobre ellos se ejerce” (Foulcault, 1994 a).

 

Sin embargo al abordar esta concepción, el concepto de autoridad legítimamente establecida aporta la posibilidad de identificar y diferenciar al menos de manera aproximativa, lo que puede considerarse como abuso de poder. 

 

En consecuencia para nuestro caso, optaremos por concebir el poder de la manera más general, aceptando que existe el “poder de persuasión”, que influye en el otro sin que necesariamente se vulnere sus intereses, y concibiendo a la autoridad como una modalidad legitima de ejercicio del poder.

 

En este sentido resulta importante revisar las diferentes modalidades de ejercicio del poder.

 

Encontramos en la obra de Foucault la puesta en escena de los hechos de poder más concreto, evitando remitirse a las causas del ejercicio del poder o a describir sus dimensiones, se centra en la manera como el poder se expresa, sobre todo cuando lo hace de una manera contundente y sonora.  En Vigilar y Castigar, Foucault (1994) se centra en las formas como se manifiesta un poder detentado, y genera posibilidades para la interpretación de los movimientos del poder en algunos aspectos de la dinámica humana.

 

En principio la obra es una revisión del nacimiento de la prisión, la cual constituye en si misma una clara manifestación de la posibilidad (poder) de influir de manera efectiva sobre el quehacer del otro, y refiere de inmediato al respaldo abstracto de un orden moral que asigna un castigo, una pena a quien ha contravenido sus principios.   

 

Por lo tanto, acercarse a las más evidentes expresiones de poder, y revisar su evolución y posibles tendencias es en sí mismo un aporte para la teorización en cualquier área del estudio de lo social.

 

En concreto en la educación resulta ser un concepto central en relación con el poder.  Encuentra Foucault su punto de partida en los regimientos militares en los cuales es preciso tener un soldado que responda a las necesidades de la guerra.  El humilde labriego es transformado mediante la disciplina militar, sin embargo este proceso tiene que estar marcado por una actitud de docilidad frente a quien puede generar el cambio.  (Foulcault, 1994).

 

Tenemos aquí una relación educador – educando en el medio militar,

 “de una pasta informe, de un cuerpo inepto se ha hecho la máquina que se necesitaba; se han corregido poco apoco las posturas; lentamente una coacción calculada recorre cada parte del cuerpo, lo domina, pliega el conjunto, lo vuelve perpetuamente disponible y se prolonga, en silencio, en el automatismo de los hábitos; en suma, se ha “expulsado al campesino” y se ha dado el “aire del soldado” (Foulcault, 1994).

 

El cuerpo humano ha entrado entonces en una estructura de poder que “lo explora, lo desarticula y lo recompone”, en la cual podemos ver en principio la propia voluntad como causante, pero ampliando un poco el espectro, se devela un macro poder, que se ejerce desde las cúspides de la política que define “cómo se puede hacer presa en el cuerpo de los demás, no solamente para que ellos hagan lo que se desea, sino para que operen como se quiere” (Foucault, 1994).

 

El concepto de disciplina resulta entonces subsidiario del poder y además vinculado a un problema de traducción, ya que originalmente la obra conocida en español como“Vigilar y Castigar”, fue publicada en ingles como  “discipline and punish”, debemos entonces aclarar que no podemos equiparar el concepto de vigilar al de disciplinar. Presenta entonces este concepto dos acepciones radicalmente diferentes, una entendida como voluntad que se impone sobre un “si mismo”, que resulta indispensable para conseguir las metas que se persiguen con miras a una realización o crecimiento personal.  Desde esta perspectiva funcionan aquí la convicción, la consecuencialidad, el compromiso.

 

Pero la otra perspectiva es la que se encuentra ineludiblemente presente en la escuela tradicional, “el poder disciplinario es un poder que en lugar de sacar y de retirar, tiene función principal la de “enderezar conductas” (Foucault, 1994).

 

El educador en las aulas de clase tradicionales, tiene la responsabilidad implícita de transmitir un saber que él o sus autoridades, consideran válido.  Es la validez de este saber, la que respalda una actitud autoritaria en la relación pedagógica y que toma un cariz sofisticado al convertirse en “un poder que se ejerce a través de su invisibilidad” (Foulcaut, 1994)

 

Cannan y Epstein (1998) develan cómo este poder llega hasta el punto en que el profesor puede “recoger un conocimiento informal de sus alumnos y utilizarlo para juzgarlos como tales”.

 

La relación de poder en el aula establecida por Foucault como una prolongación del panoptismo carcelario, ya que tanto las instituciones educativas como en algunos casos las de salud, coinciden en un esquema general de vigilancia  con miras a un “buen encauzamiento”, permiten a quien detenta el poder no solo una vigilancia, sino una intervención directa en el quehacer, en la misma forma de vida del otro – estudiante.  De manera dramática lo expresa Deleuse en sus conversaciones con Foulcault (1994ª) “no solo los prisioneros son tratados como niños, sino que los niños son tratados como prisioneros.  Los niños sufren una infantilización que no es la suya.  En este sentido es cierto que las escuelas son un poco prisiones y las fábricas mucho más”.

 

Otro enfoque en relación con el concepto de poder y educación ha sido propuesto por Basil Bernstein a través de su obra principalmente sociológica. Sostiene Díaz (1985) que “las bases para el desarrollo de sus formulaciones sobre códigos educativos ha surgido en su obra principalmente a partir de 1969.

 

La dimensión cognitiva del hombre, le permite la participación y manejo de una dimensión social mediante el desarrollo de un discurso pedagógico” (Bernstein, 1990).  Quizás de esta manera se podría intentar una síntesis de la posición de Bernstein en torno a la problemática de Clase y Poder.

 

La relevancia y pertinencia del lenguaje como producto y proceso del desarrollo está más allá de todo cuestionamiento, de allí el mismo título de su trabajo “La Construcción Social del Discurso Pedagógico”, en el cual analiza y presenta las diversas construcciones implícitas en las relaciones de poder a partir y mediante el desarrollo del lenguaje.

 

Para Bernstein hay mas relaciones de clase que se logran y determinan por el empleo de códigos tanto discursivos como de producción.  La clase dominante emplea un lenguaje Formal que posee una buena amplitud y un orden gramatical; por el contrario, la clase obrera desarrolla o aprende un lenguaje público de amplitud restringida y construcción pobre.

 

A partir de los anteriores lenguajes se desarrollan los códigos elaborados y restringidos respectivamente, en donde el segundo de ellos es particular en sus referentes pero universal en cuanto a su población, por el contrario el primero es universal en sus referentes pero particular en sus poblaciones.

 

Esto se puede interpretar en términos de que los códigos restringidos son mucho menos conceptuales y más concretos que los códigos elaborados, debido a la utilización de un discurso pedagógico altamente conceptual por parte de la clase dominante.  Ello se convierte en instrumento de poder en su relación con la clase obrera.

 

La función de la educación dentro de un contexto socio-lingüístico es la de capacitar a sus miembros (de acuerdo con su clase), en el manejo de un alto control simbólico (clase élite), para así manejar los códigos de producción que en últimas permitirán el ejercicio del poder.  Quizás una forma reduccionista de decir lo anterior es afirmar que quien detente la información (control simbólico) determina y controla la producción (códigos de producción) y detenta el poder.

 

Al irrumpir en los contextos sociales las tecnologías de la información y la comunicación, una parte del planteamiento de Bernstein se ve cuestionado. La información, en grandes cantidades, e incluso la relacionada con conocimientos ubicados en las fronteras del saber, quedan a disposición de los usuarios, las agencias de control simbólico que plantea, pasarían a convertirse en agencias de direccionamiento, en la medida que el control sobre el acceso a una gran cantidad de la información, ha desaparecido.

 

En este sentido, la educación convencional, presencial, controladora  y panoptista, encuentra en la educación apoyada en medios tecnológicos, una importante alternativa y una nueva fuente de conceptualización de lo que es el acto educativo y lo que son las implicaciones de una vida curricular diferente.

 

En las cuatro etapas del desarrollo histórico del hombre, Bernstein (1977) describe unas relaciones entre Educación y Producción inicialmente pobres (precapitalismo) hasta unas relaciones fuertes entre Producción-Educación y Control Simbólico propios del Capitalismo de transición pero controlados por el Estado.

 

Esto se comprende mejor si se acepta que en la medida en que los códigos regulan la comunicación, construyen un discurso pedagógico cuya finalidad es la recontextualización. La clase obrera por su pobreza lingüística (códigos restringidos) difícilmente logra recontextualizarse (desarrollo histórico – social), en donde la clase dominante con sus códigos elaborados está en permanente transformación y desarrollo.

 

El quehacer humano en sus diversas formas de manifestación, así como en sus diferentes contextos de producción, debe ser y es determinado por elementos tanto concretos como abstractos.

 

En el primer caso tenemos las relaciones funcionales del hombre y su entorno físico, en el segundo la construcción de formas cognoscitivas que regulen su comportamiento tanto individual como grupal.

 

Esta segunda dimensión requiere de elementos como normas, autoridad y ejercicio del poder para lograr desarrollar sus diversos procesos.  Las normas se han vinculado estrechamente con el desarrollo moral tanto individual como social; por el contrario la autoridad se convierte en el instrumento social legítimo que garantiza y valida el cumplimiento de la norma.

 

En su sentido más amplío el poder es el elemento de la fuerza, que respalda la autoridad; aunque debemos comprender dicho elemento no necesariamente en su sentido concreto de “fuerza”, sino en su forma mas sutil, como medio para ejercer dominio y dirección independientemente de sus posibilidades de manifestación (poder económico, poder político, poder de las masas).  Como para nuestro caso el poder ejercido a través del dominio del conocimiento como fuente de transformación del hombre.

 

De una u otra manera dicho conocimiento debe ser transmitido y compartido por medio de unas acciones comunicativas (el discurso) las cuales cuentan con unas estructuras básicas (códigos elaborados y restringidos).  Es por ello que toda construcción de conocimiento incorpora simultáneamente una reconstrucción y desarrollo del discurso (Bernstein, 1990).

 

Por ello podemos afirmar que el conocimiento como elemento determinante del poder no ejerce su acción en la posesión misma del conocimiento sino en sus posibilidades de transmisión.  En los diversos planteamientos sociológicos se enfatiza y reconoce la división social a través del concepto de clase, lo que conlleva a una interacción entre estos con el objeto de someterse unos a los otros, utilizando diversas estrategias como medios de producción, autoridad, fuerza física y así mismo el disponer de un conocimiento, así como el manejo de un discurso propio del mismo.

 

De otra parte la comunicación es seguramente el instrumento cultural que, por la calidad de sus procesos presenta mayor nivel de complejidad y desarrollo en relación con otros instrumentos propios de los fenómenos sociales.

 

Al adentrarnos en este campo es evidente la existencia de fenómenos no solamente de carácter cuantitativo (articulación, amplitud verbal), sino además otros de carácter esencialmente cualitativos (1990a), la distinción entre pedagogías visibles e invisibles: “si las reglas de orden regulador y discursivo constituyen criterios (jerarquías/ sucesión / ritmo) explícitos, denominaré a este tipo práctica pedagógica visible (PV) y si las reglas de orden regulador y discursivo son implícitas las llamaré práctica pedagógica invisible.” (Bernstein, 1990 a).

 

En este orden de ideas la escuela tradicional e incluso el contexto social propio de las clases dominadas, desarrollan una pedagogía visible en la cual las relaciones “son necesariamente practicas estratificadoras de producción, consecuencia del aprendizaje tanto para los transmisores como para los adquirientes” (Bernstein, 1990 a).

 

Plantea entonces el autor que “aunque las pedagogías visibles o invisibles son en apariencia tipos opuestos (…) ambas llevan consigo supuestos de clase social”.

 

Así mismo y dada la naturaleza pluridimensional de la comunicación, ésta en los últimos tiempos se ha convertido en interés especial para muchas disciplinas tanto de carácter natural como social; llevando al desarrollo y planteamiento de modelos de carácter social, psicológico y antropológico, que entre otras cosas buscan determinar la relación entre la comunicación y sus respectivos objetos de interés disciplinario    . “La comunicación como materia de estudio ha sido una constante de indagación entre investigadores sociales provenientes de diferentes disciplinas” (CICCO, 2007).

 

En este sentido, García Aretio (2001) refiere cómo los entornos virtuales de educación a distancia se han constituido en un factor fundamental de democratización del conocimiento, brindando la posibilidad de acceder a los medios educativos tanto a personas alejadas geográficamente como a aquellas que por muy diversas circunstancias tienen impedimentos para participar de las ventajas de la educación presencial.

 

En el marco de estos contextos se han presentado situaciones que hasta ahora comienzan a detectarse en los ambientes presenciales y que desvinculan la relación pedagógica de los modelos clásicos de manejo del poder en las aulas y las colocan en un plano mas igualitario y armonioso, en el que el estudiante se constituye, como en los casos de educación por correspondencia que tienen ya siglos de historia, en un usuario de un servicio educativo a quien solo lo mueve su propio interés y motivación por aprender, y quien no requiere vigilancia ni supervisión en su proceso sino tutoría, apoyo y orientación.

 

También es característico de estos modelos virtuales de educación y de evaluación el partir del principio de buena voluntad, en la medida en que el estudiante es el primer interesado en conocer los resultados de su ejecución, corregir sus desperfectos, perfeccionar sus habilidades y ejecutar de manera eficaz estas conductas en el plano de la vida real y ya no en una danza de titulaciones y cargos burocráticos sin funciones específicas.

 

En el caso de la educación universitaria tradicional, la evaluación tiene un carácter esencialmente relacionado con la acción de promover, de permitir al estudiante acceder al siguiente curso, al siguiente ciclo, o ser obligado a repetir de nuevo incluso áreas y contenidos sobre los cuales ha demostrado idoneidad y manejo. El papel que la evaluación educativa tiene de manera esencial es una función informativa, “se evalúa para tener retroalimentación  del proceso enseñanza aprendizaje. Se evalúa porque es necesario tomar decisiones respecto a los logros de los estudiantes, como ascender en el curso, promoverse, titularse...” (Madiedo, 2002).

 

De acuerdo con lo anterior, y partiendo de un punto de vista mas acorde con la sociedad actual, el estudiante universitario, como primer interesado en la eficacia y eficiencia de su propia formación, es el principal interesado y por tanto el principal destinatario de la información con respecto a su desempeño, que constituye una sana evaluación educativa. Lamentablemente en la universidad presencial convencional, lo usual y frecuente, como lo menciona Zabalza (2003) es que en la mayoría de los casos se presenta “una visión y un uso de la evaluación pobre y reduccionista”, en el que los profesores “raramente emplean la evaluación para ayudar a superar las dificultades en el aprendizaje, para promover el diálogo o para incorporar ajustes al proceso de enseñanza”.

 

En este sentido, bajo la influencia de la educación virtual, los profesores vigilantes, las evaluaciones que se dan en medio de un contexto. de elevada ansiedad y temor a las preguntas sorpresivas, ambiguas o confusas, la actitud de supervivencia que recurre al fraude y a la copia, tienden a desaparecer frente a un ambiente evaluativo en el que el estudiante enfrenta un reto en el cual pone a prueba su habilidad en el manejo de lo aprendido, y es el primer interesado en conocer los campos en los cuales muestra mas bajo desempeño y las alternativas para remediarlo

 

¿Cual sería hasta aquí nuestra misión?   Quizás consista en cuestionar si en realidad los contenidos y formas del discurso pedagógico son los más adecuados para el desarrollo del hombre moderno teniendo en cuenta las condiciones y circunstancias que le rodean. Pero es determinante clarificar que la actividad evaluativa, no solo hace parte del conjunto intencional de capacitación, sino que se convierte frecuentemente en mecanismo de ejercicio del poder, lo cual la hace menos efectiva y menos formativa.

 

La evaluación mediada por las tecnologías de la información y la comunicación presenta una importante cantidad de elementos que enriquecen la actividad evaluativa universitaria que aún se da en medio de contextos tradicionales, verticales y ocasionalmente arbitrarios y descontextualizados. Se mencionan algunos de estos aspectos a manera de aporte tímido, ya que requieren un estudio un tanto más detallado y acompañado de evidencias experimentales.

 

En primer lugar, la evaluación virtual se asemeja bastante a la que en los contextos presenciales denominamos evaluación de libro abierto. Parte del principio, cercano a la realidad, de que el estudiante que se enfrenta a un problema, cuenta con la posibilidad de consultar textos y fuentes muy variados con el propósito de dar soluciones adecuadas a situaciones que podrán presentarse en el mundo del desempeño laboral y profesional.

 

Es mucho más cercana al concepto de “evaluación de la evaluación”, pues es mucho más fácil y frecuente en los contextos virtuales contar con espacios para aportar y opinar con respecto a la evaluación, sus características, su versatilidad, pertinencia o claridad.

 

Suele contar con desarrollo técnico para la formulación de las preguntas, el diseño y la presentación o apariencia de la prueba, pues con frecuencia en la construcción de ambientes virtuales educativos participan equipos interdisciplinarios en los cuales los diseñadores instruccionales y los pedagogos interactúan con diseñadores gráficos y especialistas en ambientes virtuales.

 

No suele estar vinculada a un momento y a un lugar ya que el usuario puede disponer del momento y el contexto en que quiere enfrentar la evaluación.

 

Por ultimo, las evaluaciones virtuales suelen desarrollar mecanismos de calificación y posibilidades variadas para el análisis de los resultados, puesto que los usuarios generalmente muestran interés en conocer sobre todo (y paradójicamente) aquellos aspectos en los cuales su desempeño ha sido mas bajo.

 

Posiblemente, en un futuro no muy lejano, los estudiantes universitarios tendrán la posibilidad de enfrentar la evaluación del aprendizaje de manera mas desenfadada y formativa, y la evaluación ocupará cada vez con mayor claridad el papel preponderante que debe ocupar en la formación de mejores profesionales y mejores personas para el mundo del mañana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REFERENCIAS

 

Bernstein B. (1977) Class, codes and control. V.3. London. R.K.P.

 

Bernstein B. (1990) La construcción social del discurso pedagógico.  Bogotá.

 

Bernstein B.( 1990ª ) La constricción social del discurso pedagógico.  Madrid. Morata.

 

Canaan J., Epstein D. (1998) Una cuestion de disciplina.  Pedagogía y poder en los estudios culturales.  Barcelona. Paídos Educador.

 

CICCO Centro de Investigaciones de la Comunicación Corporativa Organizacional. (2007) Comunicación Empresarial, Plan estratégico como herramienta gerencial. Bogotá, Ecoe ediciones – Universidad de la Sabana.

 

Diaz M. (1985) Introducción al estudio de Bernstein. Revista colombiana de educación. No. 15. Bogotá. C.I.U.P.

 

Foucault M. (1994) Vigilar y Castigar. México. Siglo XXI.

 

Foucault M. (1994ª) Un dialogo sobre el poder. Barcelona. Atalaya.

 

Garcia Aretio L. (2001) La educación a distancia, de la teoría a la práctica. Barcelona. Ariel.

 

Madiedo N. (2002) Evaluación integral. En N. Madiedo, A. Pinilla, J. Sanchez, Reflexiones  en educación universitaria II: Evaluación. Universidad Nacional de Colombia.

 

Zabalza M. (2003) Competencias docentes del profesorado universitario. Calidad y desarrollo profesional. Madrid. Narcea