¿Es John Ottman mejor montador que músico?. De momento es una pregunta difícil de responder pues aún Ottman no se ha prodigado mucho en ambos campos, y aunque su labor es encomiable en esta película (sobre todo en el montaje -atención a las escenas del hospital-), aún ha de demostrar bastantes cosas; lo que sí es apreciable es la definición de un estilo que con cada obra gana más matices y pierde más referencias. Si bien la banda sonora compuesta para Apt Pupil acusa un fuerte efectismo, algo, por cierto, totalmente legítimo si tenemos en cuenta la naturaleza de la mayor parte de las escenas, del mismo modo se deja sentir un inteligente uso de la música para expresar la mutación de Todd (Brad Renfro) y las consecuencias que esto genera. Rozando el mal gusto con esa irónica y arriesgada introducción hebrea del tema básico a cargo del solo de violín, luego ampliada por la pandereta y los coros (Main Titles), Ottman impresiona sobre esas inquietantes imágenes iniciales el trágico tema principal que simboliza la transformación del joven protagonista, orquestada desde un débil ostinato en el arpa, que sugiere la ilusoria manipulación a la que Todd cree estar sometiendo al nazi Kurt Dussander (inconmensurable Ian McKellen), y que luego introduce el tema principal cargado de fatalismo que se asocia con la manipulación real, que es la que está sufriendo el propio Todd. Por extensión el tema, con esos ominosos coros, recrea el sufrimiento infernal de los condenados de Jadwiga o Auschwitz, con esa suerte de kaddish que da a entender la analogía que se establece entre su personaje y los miles de judíos que padecieron las torturas y los horrendos crímenes de ese monstruo llamado Dussander; en este sentido parece que ese réquiem fuera una advertencia, una conjura de ultratumba cuyo propósito es evitar que Todd cruce la puerta por la que el nazi le invita a pasar, y que le convertirá en un ser maligno y oscuro, creado por la materia de la que Dussander está constituido. Tal y como afirma Ottman en una entrevista concedida a la revista "Soundtrack" (Vol.17, nº 67), no hay dos temas musicales que identifiquen respectivamente a los dos protagonistas de la película, sino sólo un tema que define a ambos a través de la instrumentación utilizada; al principio al nazi (Main Titles, matizado por la introducción de una breve y oscura marcha militar) y al final a Todd (End Titles, que se inicia con un breve y triunfal vals que da a entender que Todd ha completado su "formación" al lado de Dussander). Así, a lo largo de la partitura, Ottman va desgranando la rica melodía y otorgándola múltiples matices que aluden a ese proceso de mutación espiritual que se completa con la inclusión de la canción popular Das Ist Berlin. Nos hallamos por tanto ante la partitura más intrincada y compleja de Ottman, tal vez la más árida de todas las que ha compuesto y, como él mismo reconoce, la más difícil de escuchar fuera del contexto para el que ha sido creada. Con todo, una interesante banda sonora. D.R.C.
THE APT PUPIL


/ RCA VICTOR 09026-63319-2 / 46'