Goldeneye (1996) supuso un cambio radical en la figura del indestructible James Bond, adaptando su figura y su entorno al cambiante mundo de los años noventa, para lo cual no solo se optó (acertadamente) por Pierce Brosnan para encarnar al célebre agente secreto, sino que se buscó un compositor que fuera capaz de ofrecer un sonido "nuevo" y diferente al personaje; la elección del francés Eric Serra supuso un fiasco crítico y popular, pese a que en algunos momentos su ultramoderna música funcionase en el filme, por lo que en esta segunda entrega se ha buscado una vía alternativa entre un sonido actual y el clásico tono Bond creado, principalmente, por John Barry en la década de los sesenta. Y para ello nadie mejor que un reconocido "bondiano" como es el inglés David Arnold, popular desde su espectacular Independence Day (1996). Vaya por delante que Arnold triunfa en todo aquello en lo que Serra fracasaba, principalmente en otorgar un sonido actual a la saga sin que, por ello, se pierda un ápice de sus clásicas señas de identidad; doce cortes de variado color, desde la espectacularidad de White Knight al romanticismo de Paris and Bond, pasando por el muy "moderno" Backseat Driver, orquestados y dirigidos por Nicholas Dodd, que alcanzan un excelente balance entre el sinfonismo mas extremo y lo más "in" del momento. Se incluyen, por supuesto, las dos canciones creadas para el filme: la inicial, Tomorrow Never Dies, escrita e interpretada por Sheryl Crow, está llamada a llenar las listas de superventas y ser nominada al Oscar; la de los créditos finales, Surrender, con letras del perenne Don Black y música del propio Arnold y David McAlmont, está estupendamente interpretada por k.d.lang, y resulta mucho mas acertada y en la línea habitual de las canciones de los filmes de Bond. Por último, se ha incluído una desechable versión disco del tema de Bond, destinada a las pistas de baile y que, por supuesto, no se escuchaba en el filme. A.L.
TOMORROW NEVER DIES



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