VIEDMA .- El frío invernal molesta, pero a muchos, y sobre todo
a los chicos no les importa. Quienes sí lo sufren se cobijan en el
hall de entrada del salón comunitario del barrio Lavalle, a la espera
de que les abran las puertas.
Los coordinadores se ven obligados a mantenerlas cerradas hasta último
momento porque hay que armar las mesas, y así evitar que la suma
de ansiedades transformen el salón en un caos, porque todos se abalanzan
sobre las existencias.
"Bueno...., formen fila y vayan diciendo los números para
tomar asistencia", les dice Nora, una de las coordinadoras, cuyas agallas
se las ganó haciéndole frente a la crisis en las pocas oportunidades
que la vida le dio.
Demuestra en todo momento alma de líder comunitaria, sobre todo
cuando tiene que pedirles colaboración a los suyos. "Antes que
empiecen -grita- como siempre les pedimos que hay que ser solidarios con
los precios porque así los verduleros nos mantendrán la fruta
y la verdura".
Sin necesidad de megáfono les cuenta que tienen un problema con
la Junta Vecinal porque les quieren cobrar el alquiler en créditos
para ayudar a más gente del barrio, lo que molesta a varios socios.
"Quédense tranquilos porque vamos a hacer una reunión,
vamos a defender este puesto y les diremos que si la gente necesita, tiene
que venir (a participar como socios) y hacer los créditos como nosotros
los generamos", lo que arrancó un aplauso aprobatorio generalizado.
Pero Nora no se queda atrás con los suyos y reclama que hagan
los deberes pues "hay muchos que deben cuotas en créditos y
necesitamos que las paguen para poder empezar la limpieza".
Mientras los ordena, la mujer de un productor de origen boliviano que
vive en una chacra del Valle Inferior ordena la verdura y la fruta. Detrás
suyo están sus hijas y un nieto en una improvisada cuna armada con
una jaula de lechuga. "Estoy a gusto aquí porque dejamos lo
que cosechamos en la chacra y nos llevamos pan, azúcar,harina, yerba,
torta fritas o ropa, porque a veces no nos alcanzar la plata para ir al
supermercado".
"Tengo mi esposo que hace como meses que está desocupado
y esto nos salva. El estuvo con los planes trabajar como tres años
en el IdeVi pero después se hizo el consorcio y quedó afuera,
ahora iba a agarrar un potros para amansar", dice Mariela, de 29 años
y tres hijos. |