Lunes 19 julio 1999

 

Una jornada en el mundo del intercambio

 

"Aquí dejamos lo que cosechamos en la chacra y nos llevamos pan, azúcar, harina, tortas fritas", dice la mujer de un productor.

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VIEDMA .- El frío invernal molesta, pero a muchos, y sobre todo a los chicos no les importa. Quienes sí lo sufren se cobijan en el hall de entrada del salón comunitario del barrio Lavalle, a la espera de que les abran las puertas.

Los coordinadores se ven obligados a mantenerlas cerradas hasta último momento porque hay que armar las mesas, y así evitar que la suma de ansiedades transformen el salón en un caos, porque todos se abalanzan sobre las existencias.

"Bueno...., formen fila y vayan diciendo los números para tomar asistencia", les dice Nora, una de las coordinadoras, cuyas agallas se las ganó haciéndole frente a la crisis en las pocas oportunidades que la vida le dio.

Demuestra en todo momento alma de líder comunitaria, sobre todo cuando tiene que pedirles colaboración a los suyos. "Antes que empiecen -grita- como siempre les pedimos que hay que ser solidarios con los precios porque así los verduleros nos mantendrán la fruta y la verdura".

Sin necesidad de megáfono les cuenta que tienen un problema con la Junta Vecinal porque les quieren cobrar el alquiler en créditos para ayudar a más gente del barrio, lo que molesta a varios socios.

"Quédense tranquilos porque vamos a hacer una reunión, vamos a defender este puesto y les diremos que si la gente necesita, tiene que venir (a participar como socios) y hacer los créditos como nosotros los generamos", lo que arrancó un aplauso aprobatorio generalizado.

Pero Nora no se queda atrás con los suyos y reclama que hagan los deberes pues "hay muchos que deben cuotas en créditos y necesitamos que las paguen para poder empezar la limpieza".

Mientras los ordena, la mujer de un productor de origen boliviano que vive en una chacra del Valle Inferior ordena la verdura y la fruta. Detrás suyo están sus hijas y un nieto en una improvisada cuna armada con una jaula de lechuga. "Estoy a gusto aquí porque dejamos lo que cosechamos en la chacra y nos llevamos pan, azúcar,harina, yerba, torta fritas o ropa, porque a veces no nos alcanzar la plata para ir al supermercado".

"Tengo mi esposo que hace como meses que está desocupado y esto nos salva. El estuvo con los planes trabajar como tres años en el IdeVi pero después se hizo el consorcio y quedó afuera, ahora iba a agarrar un potros para amansar", dice Mariela, de 29 años y tres hijos.

     
   

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