La tobramicina inhalada de forma discontinua mejora la ventilación
La administración no continuada de tobramicina inhalada mejora la función pulmonar sin producir efectos secundarios y disminuye la densidad de la Pseudomona aeruginosa en los esputos, así como el riesgo de hospitalización, según concluye un estudio multicéntrico publicado en el último número de The New England Journal of Medicine, en el que se analiza la eficacia de la tobramicina inhalada en pacientes con fibrosis quística e infectados por Pseudomona aeruginosa.
Un total de 520 pacientes con edad media de 21 años recibieron placebo o bien 300 miligramos de tobramicina inhalada dos veces diarias durante cuatro semanas. Los pacientes recibieron tres ciclos de tratamiento durante cuatro semanas a las que seguían otras cuatro semanas sin la terapia. Transcurridas las 24 semanas totales, los investigadores constataron que la tobramicina inhalada incrementaba el volumen del pico espiratorio forzado en el primer segundo, en un 10 por ciento durante la semana vigésima, comparado con el volumen medido en la semana inicial del estudio. En cambio, los pacientes que tomaron placebo presentaron un 2 por ciento de disminución en el volumen.
En el grupo de la tobramicina, la densidad de la P. aeruginosa disminuyó en una media de 0,8 log10 unidades por gramo de esputo expectorado, desde la semana inicial a la semana vigésima, comparado con el incremento de 0,3 log10 de unidades por gramo en el grupo del placebo. Los pacientes con tobramicina resultaron un 26 por ciento menos susceptibles de ser hospitalizados que los del grupo del placebo. La tobramicina inhalada no se asoció con ototóxicos detectables ni presentó efectos nefrotóxicos.
Concentración
La proporción de pacientes con P. aeruginosa que reflejan la concentración inhibitoria mínima de tobramicina se estableció en 8 mg por mililitro: un incremento del 25 por ciento en la semana inicial, al 32 por ciento en la última semana en el grupo de la tobramicina; en el grupo control se produjo un descenso del 20 por ciento en la semana 0, al 17 por ciento en la semana 24.
Este trabajo ha sido realizado por Bonnie W. Ramsey, Judy Williams-Warren y Susan Marshall, del Departamento de Pediatría de la Universidad de Washington, en Seattle; Margarte S. Pepe, del Departamento de Bioestadística de la Universidad de Washington, en Seattle; Joanne M. Quan, Kelly Otto y A. Bruce Montgomery, de Patogénesis, en Seattle; Drucy Borowitz, del Departamento de Pediatría de la Universidad de Nueva York, en Buffalo; y C. Michael Bowman, de la Universidad de Utah, en Salt Lake City, todos ellos en Estados Unidos.
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