
ARQUITECTURA
EN LA ACTUALIDAD …
Si tomamos como referencia
proyectos presentados en publicaciones especializadas, que se idealizan como
ejemplares en tantas revistas de arquitectura, veremos que no aparece algo tan
elemental como la orientación y cuando lo hacen, los dormitorios se encuentran
incorrectamente orientados: "conditio sine quanon" para la buena salud
de los usuarios.
Muchos clientes, principalmente
los que tienen un poco de experiencia observan atender específicamente este
requisito. Conocer asoleamiento, no es obligación del lego, se presupone que el
arquitecto sabe por dónde se pone el sol. El cliente tiene razón en dudar y
pedir atención en este aspecto, dadas las referencias.
Hoy, la principal preocupación
con relación a los profesionales actuantes, a nuestro entender es mucho más básica,
más cruda, mucho más importante: es la actitud aleatoria presente, no solo en
el acto de proyectar sino de concebir y de pensar la arquitectura.
Hay que reconocer que nuestra
sociedad da mas importancia a cuestiones económicas que a la ética; hay más
interés en formar muchos profesionales que buenos; es más fácil atender los
pedidos de su cliente que dar mérito a la calidad; las constructoras saben que
lo importante para vender un departamento es el precio; que la condición de la
vida humana no es lo primero en el mundo del mercado globalizado, la gente es
ahora cosa, etc.
Por eso, siguiendo el camino más
fácil, nuestra profesión se torna dispensable,
las ciudades son más feas, más peligrosas y el arquitecto cada vez menos
empleado.
No sólo por su propio interés,
el profesional arquitecto necesita ser más ético, menos aleatorio y
preocuparse en ofrecer algo más a cambio de su paga, aquello que su cliente no
encuentre en el kiosco más cercano.
No es novedad que el 95% de lo que
se construye, no llega a manos de los arquitectos y con nuestras ideas somos los
responsables del encarecimiento de las obras.
Antes de la aparición de la PC,
la tarea de proyecto era subestimada por la mayoría de los clientes, por tener
la producción intelectual un valor relativo. Con la incorporación de los
ordenadores se ha generado un nuevo prejuicio en detrimento de dicha labor:
"es la máquina que sabe" de lo que se infiere que tal trabajo
intelectual, antes discutido, ahora no existe.
Muchos clientes se presentan en
las constructoras con los planos realizados por ellos mismos, en programas
simples de 3d, con todos los errores que un lego puede cometer, convencido de
que es eso lo que él necesita. Cuando en una farmacia se le exige la receta de
un médico en nuestra actividad esto no sucede.
Si él tiene el dinero y quiere
gastarlo ¿ será el constructor que intentará convencerlo de no hacerlo? Por
supuesto que no, esto explica el 95% arriba citado, solo nos queda el 5%
restante con el riesgo de encontrar un profesional sin escrúpulos que por
distintas razones acceda a atenderlo.
¿Quién de nosotros no ha
recibido un cliente con un proyecto retirado de un CD o una revista como
referencia? "Es exactamente los que queremos" dice el cliente. Pero
cuando comenzamos a profundizar nos damos cuenta que no lo es, a lo sumo es algo
similar a lo que piensan que quieren y muchas veces el proyecto en cuestión ha
sido desarrollado para otro hemisferio.
La ética en nuestra profesión ha
sido convertida en algo menor, situando al arquitecto en una posición
fronteriza con lo ridículo. No falta mucho para que a través del ordenador
aparezcan alternativas y variantes de proyectos ya resueltos desde el diseño,
permitiendo escoger al usuario el objeto de su agrado como si lo eligiera en una
góndola. Entonces habremos dejado de existir.
Ante esta nueva alternativa, ¿debemos
renunciar al proyecto? ¿acaso desarrollaremos modelos teóricos de aplicación
futura? Urge adoptar una postura.
Proyectar es en portugués un
verbo bi-transitivo, (Arquitecturar: hacer arquitectura, proyectar) haciendo
caso a su más profundo sentido semántico, quien hace proyecta alguna cosa para
alguien. Por lo tanto tenemos que proyectar, construir aquí para el hombre de
hoy y ahora. Si no por respecto al cliente, ¡al menos para facilitar la vida de
los Arqueólogos del futuro!.