las computadoras y la red - imaginando un futuro ético
proyectar a distancia - la enfermedad social
apelar a la sensibilidad
- compromiso
social
Cuando hicieron su aparición los
ordenadores personales (PC), significaron el más claro ejemplo de
individualismo. Después del advenimiento de la red, esta herramienta se
transformó, el carácter compartido y pluralista muestra que el espíritu
gregario humano está vivo, al menos en el cyberespacio, es casi un ejemplo de
socialismo que hace de la red una de la más colectiva de las acciones humanas.
Internet es hoy mas que un nuevo
instrumento de comunicación, ella nos ofrece un nuevo modo de concebir las
relaciones humanas, derrumbando fronteras, entre países, entre la verdad y la
mentira, entre el bien y el mal, y temida por regímenes de opresión.
Pero es sin discusión una
herramienta fantástica, de posibilidades insospechadas, y con un futuro también
inimaginable. Tenemos la obligación, como arquitectos ser parte de este medio,
hacer uso y permitirnos sugerir una realidad visible del mañana, como debiéramos
estar haciendo con nuestros barrios o nuestras ciudades.
Ante la imposibilidad de hacer
arquitectura real podemos hacer arquitectura virtual, inventando los más
impactantes y surrealistas de los escenarios propios para un medio ávido de
efectos, ofrecer en la red o adquirir el modelo deseado, atrapar e irradiar al
ser humano a través de su retina.
En este sentido, salvo que nos
transformemos en información pura, la informática por suerte no puede
sustituir a las necesidades fisiológicas más elementales, por que después de
todo somos seres orgánicos.
¿Somos los Arquitectos
constructores del futuro? Si no acertamos en la ciudad del mañana es por que no
tenemos una visión holística, no leemos el presente como un todo armónico.
A partir de los avances tecnológicos,
que nos aplasta, esta relación puede transformarse en un futuro próximo. No
está lejos el día en que tendremos acceso a información actualizada de nivel
necesario por que se impone una cuestión: todo lo que hacemos creemos es para
mejor, pero eso rara vez concuerda con los intereses que realmente "hacen
el futuro" (poder político, financiero o el "staus quo")
La verdad es que la mayoría de
los arquitectos actúan a favor de la corriente, por que es ella la que
contrata. Por lo tanto la cuestión es nuevamente ética ¿Quién se interesa
por lo mejor? ¿Se determina cuál directriz es conveniente, provechosa,
importante, lucrativa? ¿Para quien?
Contratados por quien sea debiéramos
estar ¡siempre al servicio de la comunidad! Como planificadores, antes que todo
tenemos que ser éticos, cuestionando siempre. Definamos si actuamos para
aumentar el poder existente o hacer que el mundo sea mejor, por que nuestro
interés debe ser el bien común.
Hasta hace unos años era
imposible imaginar en hacer un proyecto sin tener impresiones directas y
conceptualizaciones (aprehensión) efectuadas en el terreno donde se levantaría
la obra. Hoy con los medios tecnológicos existentes podemos prescindir de esas
impresiones, podemos configurar un contexto con información visual, información
técnica, etc. por las facilidades ofrecidas por la video conferencia y la
comunicación en tiempo real que promueven estas posibilidades.
Tanto es así que se proyectan
posibles ciudades en Marte, sin haber estado allí, con mucha más razón
podemos hacerlo en las antípodas, solo falta el robot albañil para prescindir
totalmente del contexto ¡hasta ese punto hemos llegado!.
En este medio ambiente enfermo,
cuando los comportamientos políticos tienen ingredientes maquiavélicos, donde
los poderes se vuelven absolutos, cuando los mecanismos de control y defensa del
cuerpo social tienden a bajar la guardia. No resulta sencillo construir un ideal
esperanzador. Las utopías son sepultadas y emergen conflictos, cuando la
palabra honorable parece haber pasado e moda, los arquitectos no somos ajenos a
esa realidad, somos parte de ella.
Megalópolis como Sao Pablo en
Brasil, o Buenos Aires en Argentina parecen tener vida propia, como un cáncer
que se expande en forma incontrolada, aunque sus administraciones sean
correctas. Son como avalanchas imposibles de contener y arrastran todo, hasta lo
más preciado: la dignidad.
Estamos convencidos que la raíz
de la solución está en el subconsciente colectivo, que una evolución del
comportamiento social tendrá que suceder en respuesta a los avances tecnológicos
arrolladores. ¿Cuál debe ser la actitud del arquitecto? ¿Preservar o innovar?
La sensibilidad para percibir la
diferencia entre el desierto y la llanura, entre un roble y un sauce, entre un
perro y un conejo, entre lo urbano y lo rural, entre lo malo y lo bueno se ha
ido perdiendo al grado de desvalorización de la condición humana y es hora que
hagamos hincapié en ello, por que este camino aleja al hombre de su sentido
natural.
Aunque parezca filosófico, ese
estado de cosas no hace al hombre feliz, por el contrario ¿tiene sentido hacer
arquitectura si su finalidad primera no se cumple?.
Si el hombre, en su comprensible
necesidad de subsistir, pasa hoy gran parte de su tiempo ocupado en
proporcionarse su sustento, o en el mejor de los casos intentando luchar por
mejorar sus condiciones de vida, y en el peor de los casos resignándose a
buscar alimento en la basura, mal podemos pretender que se valoricen o se
desarrollen aspectos culturales propios, muy lejos está de discernir entre los
que le es propio y lo que le es ajeno, por que ni lo que le corresponde le es
posible conseguir.
Somos también responsables en la
convivencia, pues aceptamos sin resistencia la posición que nos fuera destinada
en este contexto. Es obvio que en este estado de cosas estamos como pescador en
el desierto, nuestro real hacer se torna inútil y anacrónico, nuestra profesión
hoy carece de fundamento es como un edificio en ruinas.
Urge en nuestro caso, una acción
conjunta y decidida pues como dibujante o técnico, sin remedio caminamos hacia
la extinción, no se va perdiendo solo una técnica, es la muerte del arte
arquitectónico.
El Arquitecto siempre aceptó sus
responsabilidades comunitarias y convengamos: todo profesional liberal puede, a
través de una acción efectiva, tratar de saldar o al menos aminorar en su área
de influencia personal la división social que se arrastra hace años en nuestra
sociedad.
Si todos dedicáramos un pequeño
tiempo en beneficio de la profesión con atenciones gratuitas, por ejemplo al
estudiante que ahora no recibe una formación adecuada sobre problemas reales,
percibiendo que perderá aquella información fundamental.
Atendiendo las dudas del lego,
que con un proyecto en las manos, ahora no comprende exactamente lo que allí se
ha propuesto, sin conseguir adecuarlo a su gusto de ornamentación, por que no
entiende esas cosas.
Apoyando a colegas en necesidades
profesionales particulares, valorizando la colaboración entre especialistas,
popularizando el arte y humanizando una relación comercial entre cliente y
arquitecto, dejando de ser percibido como el complicador que va a encarecer la
obra y tornándose en lo que realmente debería ser: un profesional que va a
encontrar las soluciones correctas y proteger sus intereses, obteniendo una
economía y satisfacción al final del proceso.
Este conjunto de realidades
descriptas brinda un panorama de dos lecturas:
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Negativa:
Cada uno en lo suyo, diseminado y por ende sin constituir el espíritu de cuerpo
esencial en todo conjunto profesional para la defensa de intereses comunes,
agravado por discusiones muchas veces insensatas que llevan a una mayor
disgregación con la consecuente debilidad, caminando inexorablemente al
anacronismo y a la extinción de la profesión.
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Positiva:
Unidos por una nueva postura y por el mismo discurso, como elementos de gran
adaptabilidad y múltiple aplicación, enlazados en red para interactuar en
conjunto para cambiar nuestras realidades, asumiendo la responsabilidad y
dignificando nuestra profesión.
Si adoptamos una actitud positiva
la sociedad comenzará a vernos como imprescindibles elementos de cooperación.
Por lo dicho, creemos que los arquitectos debemos asumir un nuevo rol y ponernos
a la vanguardia. Esa práctica vanguardista implica en primer instancia en no
temer lo nuevo.
Lo inédito, muchas veces es
confundido con lo utópico, quizás ese fue el pensamiento de Thomas Morus, a
nosotros nos cabe en este momento un acto inédito de vanguardia. Si una acción
lleva a una reacción, esta acción inédita nos llevará a una realidad
diferente. ¿Por qué no a una inédita?
¡Conspiremos por algo mejor!