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UN DOCUMENTO INEDITO
“VIH”
La puerta a la iluminación
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Carlos Escudero Albarrán. México 2003
ÍNDICE

Prólogo
Presentación por el Instituto de Salud Natural de Chile
I. El origen de esta historia
II. Lo necio no se quita fácilmente
III. Enfrentando la realidad
IV. Una prueba de amor
V. Emociones mezcladas
VI. La puerta del sol
VII. En busca de la luz
VIII. Como en casa
IX. El tratamiento
X. Reflexiones y otras hiistorias
XI. De vuelta a mi caso
XII. Una duda lo acaba todo
XIII. VIH, la puerta a la iluminación

AGRADECIMIENTOS

A mis padres.
Doña Irma, una encantadora, sabia y hábil mujer que me enseño
con el ejemplo que “el que no vive para servir, no sirve para vivir”.
Mi papá, que pese a todo, sus deseos e intenciones siempre fueron positivas.
Al amor y la compasión.
A mis maestros, externos e internos.
A Shiori, la mujer que transformó mi vida en luz
y fuente e inspiración de este libro.
A Norm , el amigo - hermano que jamás me abandonó
y sin el cual este libro y mi salud no existirían.
Al pueblo y la medicina Tibetanos e Hindúes.
Al Dr. Tenzin Pechock y al Dr. Ricardo Munguía.
A Yuritzi, mi esposa espiritual.
A todos los seres de luz que he conocido
y que me han brindado su amistad y afecto.
Muy en especial, a mi hijo Carlos Iván Escudero Azar, que ha tenido que pagar
con la ausencia de su padre el que yo sea ahora un mejor ser humano.
Gracias hijo, SIEMPRE TE QUISE Y TE QUIERO.
Y finalmente a Dianita, futura madre de un verdadero ser de luz y correctora- remodeladora de este libro, gracias por todas tus horas de trabajo duro y por soportar mis exigencias literarias con respecto a este texto, pero sobre todo gracias por los mil poemas con que has llenado mi vida..
 
 

PRÓLOGO

Derrotando el miedo

Desde los tiempos de Galeno [200 d.C.] ha sido del dominio público que la mente puede influenciar al cuerpo (1), especialmente en enfermedades relacionadas con la inmunidad (2,4). Sin embargo, sólo en las últimas décadas se han clarificado los mecanismos bioquímicos íntimos por medio de los cuales el estrés mental deteriora el sistema inmune y causa inmunodeficiencia. También se han esclarecido las reacciones bioquímicas que ocurren cuando controlamos el estrés mental y sus efectos estimulantes sobre el sistema inmune, necesarios para prevenir y curar enfermedades inmunológicas (5-13).

Hoy se sabe por ejemplo, que los linfocitos producen toda clase de hormonas y de neurotransmisores al contrario de lo que se pensaba originalmente, que sólo las neuronas producían neurotransmisores y sólo las glándulas endocrinas producían hormonas (14,15). De igual manera, los linfocitos tienen receptores para todo tipo de hormonas y de neurotransmisores, inclusive para endorfinas y encefalinas (15,16). Además, las neuronas y las células de las glándulas endocrinas tienen receptores para las linfoquinas producidas por los linfocitos durante las respuestas inmunes (16,17). De tal suerte que el cerebro, la mente, las glándulas endocrinas y los órganos y células del sistema inmune se encuentran interconectados bioquímicamente para estructurar una porción importante de nuestros mecanismos de defensa contra agentes nocivos externos e internos (18-20).

La psiconeuroinmunología es precisamente la nueva rama del conocimiento dedicada al estudio de los efectos y consecuencias positivas y negativas de las emociones sobre el sistema inmune (9,10). El sistema inmune siente todas nuestras emociones (14): siente miedo, temor, culpa, duda, inseguridad, desconfianza, angustia, ansiedad, depresión, pánico, intolerancia, odio, rencor, rabia, íra, venganza, apego a cosas materiales; pero también siente gozo, seguridad, confianza, tranquilidad, tolerancia, aprecio, admiración, amor, compasión, perdón, desapego. Las emociones dependen de nuestros principios, creencias, y valores, los cuales son procesos dinámicos que podemos modificar si lo deseamos y nos proponemos con sinceridad.
Desde los inicios de la epidemia del SIDA se viene insistiendo científicamente que el estrés mental, es decir, las diferentes manifestaciones del miedo, son agentes estresantes que juegan un papel importante para que se generen las manifestaciones clínicas del SIDA y para que aparezcan las complicaciones que pueden llevar a la muerte. Además, el estrés mental de las personas “seropositivas” (aquellas que reaccionan positivamente en las mal llamadas pruebas para VIH) y el estrés mental de los enfermos con SIDA (aquellos con infecciones oportunistas, tumores y enfermedades metabólicas), determina tanto el curso de la enfermedad como su pronóstico (21-25). Por consiguiente, el curarse o el morirse de SIDA dependen en gran medida del miedo que se le tenga al VIH y al SIDA.
El poder de la mente es infinito tanto para bien como para mal: con nuestras emociones positivas podemos controlar y curar muchas enfermedades; pero también las emociones negativas causan, agravan y empeoran las enfermedades e inclusive pueden conducir a la muerte. Las emociones positivas y las negativas ejercen acciones bioquímicas estimulantes o dañinas, sobre muchos órganos y sistemas corporales y particularmente sobre el sistema inmune (9-10).

Las erróneas creencias generalizadas de que VIH = SIDA = MUERTE, y que el SIDA es una enfermedad contagiosa y que generalmente se adquiere por relaciones sexuales, ha estigmatizado a las personas “seropositivas” o aquellas con SIDA, como ninguna otra enfermedad lo ha hecho a través de la historia de las enfermedades. Además, las personas “seropositivas” serias, sienten miedo de infectar a otros a través de sus relaciones sexuales. Las madres “seropositivas” sienten pánico de trasmitirle el supuesto “virus del SIDA” a sus hijos durante el parto o la lactancia. Desafortunadamente para la supervivencia de la especie humana, las creencias equivocadas y los mitos acerca del SIDA han transformado inclusive a la leche materna en algo peligroso. Las personas “seropositivas”, los enfermos con SIDA y las personas pertenecientes a los grupos de riesgo para este síndrome, viven el más inhumano de los calvarios.

El miedo es el arma preferida por los poderosos de la sociedad contemporánea. En el caso del SIDA, el miedo lo utilizan las compañías farmacéuticas transnacionales y las instituciones de salud de renombre internacional como la Organización Mundial de la Salud, la ONUSIDA, los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC) y los Institutos Nacionales de Salud del gobierno de los Estados Unidos, para promocionar los tóxicos e innecesarios medicamentes antiretrovirales. Los medios de comunicación hacen eco de su mensaje: “si eres seropositivo y no tomas antiretrovirales te dará SIDA” o “si ya tienes SIDA y no tomas antiretrovirales te mueres” El miedo es un arma que solo sirve a los intereses de los enemigos de la especie. ¡Toca derrotarlo!

Carlos Escudero describe en “VIH, la puerta a la iluminación” con lujo de detalles y en forma por demás muy amena, cómo derrotar al miedo, es decir, como vencer al SIDA. Su valor, coraje y generosidad, le permiten contar a los interesados los pormenores de la historia de su vida desde antes que resultara “seropositivo” hasta derrotar el miedo y por tanto al SIDA. Hoy es un hombre completamente sano, con un estilo de vida digno de imitar, casado y en espera de su hija Victoria. En su caso, la medicina tibetana y la meditación fueron de gran ayuda.

Este libro y el diario vivir de Carlos Escudero en servicio de sus semejantes, es un ejemplo posible y necesario de seguir. Las personas “seropositivas” o con SIDA encuentran en los escritos y en la vida de este mexicano insigne, una demostración clara de que no sólo es posible curarse y vencer al SIDA, sino que para mantener una vida sana después de curarse, es necesario ayudar a muchos otros a vencer el miedo y el SIDA, como lo hace Carlos en forma cotidiana. Pero “VIH, la puerta a la iluminación” también nos enseña que “…ni teniendo al médico del Dalai Lama te puedes curar, si tú mismo no realizas el enorme esfuerzo y cambio de vida que se necesita”.

Los profesionales de la salud y los terapistas que deseen sinceramente ayudar a las personas “seropositivas” o a aquellas con SIDA, sólo podrán hacerlo sí siguen el ejemplo del médico tibetano Tenzin Pechock. El Dr. Pechock estaba convencido como el que más, de la posibilidad de curar el SIDA y por eso pudo guiar a Carlos por los senderos de la curación. La duda en los profesionales de la salud y en los terapistas puede costar la vida a las personas que buscan sus servicios.

Esta obra de Carlos Escudero es una demostración inobjetable de que sí es posible curar y vencer al SIDA y que ello depende de que 1) Se informe correctamente sobre las causas reales del SIDA, 2) Se diagnostique con bases clínicas y de laboratorio, 3) Se evite la exposición a agentes estresantes inmunológicos, 4) Se desintoxique el sistema inmune y otros sistemas, 5) Se estimule y regenere el sistema inmune y otros sistemas, 7) Se traten las manifestaciones clínicas del SIDA, 7) Se prefieran medidas naturales y 8) Se haga en el momento apropiado (26,27).

Carlos Escudero lleva una vida digna y fructífera pues sabe muy bien que “el que no vive para servir, no sirve para vivir”. Seguramente será premiado con una vida larga pues aprendió de Sogyal Rimpoché que “Dar vida alargara tú vida y que quitar vida disminuirá la tuya”.

“VIH, la puerta a la iluminación” cumple a cabalidad el objetivo del autor: “Lo que sí deseo con todo mi corazón a través de este libro es destruir en mil pedazos la mayor y mas temiblemente asesina de las mentiras del extinto siglo XX, eso de que el SIDA es incurable. Quisiera lograr, aunque sea de manera modesta, ayudar a cualquier persona que se vea amenazada por este mal, y si de paso se puede también hacer que la gente afectada salga adelante y viva, que aprenda a abrir su corazón y hacerles entender que sí se pueden curar, que existen muchas terapias alternativas que si se siguen junto con un buen entrenamiento mental y espiritual, de seguro curan a cualquiera que así lo desee y crea firmemente en ello”.

Gracias Carlos por atreverte a escribir este bellísimo libro de utilidad infinita para tantos que viven el martirio social del SIDA,

Roberto Giraldo, MD
Nueva York, 2003
 

REFERENCIAS
1. Holden C. Cancer and mind: how are they connected? Science 1978; 200: 1363-1369.
2. Solomon GF, Moos RH. Emotions, immunity and disease. Speculative theorethical integration. Arch General Psychiatr 1964; 11: 657-674.
3. Rasmussen AF. Emotions and immunity. Ann NY Acad Sci 1969; 164: 458.
4. Justice BJ. Who gets sick. How beliefs, moods, and thoughts affect your health. Los Angeles: Jeremy P. Tarcher, Inc.; 1988: 407.
5. Locke SE et al. The influence of stress on the immune response. Annual Meeting of the American Psychosomatic Society. Washington, D.C. 1978.
6. Goetzl EJ. Neuroimmunomodulation of immunity and hypersensitivity. J Immunol 1985; 135: 739s-862s.
7. Jancovic BC, Marcovic BM, Spector NH. Neuroimmune interactions: proceedings of the second international workshop on neuroimmunomodulations. Ann NY Acad Sci 1987; 496: 751.
8. Pierpaoli W, Spector NV. Neuroimmunomodulation: intervention in aging and cancer. First Stromboli Conference on Aging and cancer. Ann NY Acad Sci 1988; 521: 1-361.
9. Ader R, Felten DL, Cohen N. Psychoneuroimmunology. 2a ed. San Diego: Academic Press; 1991: 1218.
10. Kemeny ME et al. Psychoneuroimmunology. En: Nemeroff C. Neuroendocrinology. Telford, NJ: Telford Press; 1992: 563-591.
11. Lewis CE, O’Sullivan C, Barraclough J. The psychoimmunology of cancer. Mind and body in the fight for survival? Oxford: Oxford University Press; 1994.
12. Glaser R, Kiecolt-Glaser JK. Handbook of human stress and immunity. San Diego: Academic Press; 1994: 414.
13. Leonard BE, Miller K. Stress, the immune system and psychiatry. Chichester: John Wiley and Sons; 1995: 238.
14. Blalock JE. The immune system as a sensory organ. J Immunol 1984; 132: 1067-1070.
15. Smith EM, Harbour-McMenamin D, Blalock JE. Lymphocyte production of endorphins and endorphin-mediated immunoregulatory activity. J Immunol 1985; 135: 779s-782s.
16. Pert CB, Ruff MR, Weber RJ, Herkenham M. Neuropeptides and their receptors: a psychosomatic network. J Immunol 1985; 135: 820s-826s.
17. Besedovski HO, Del Rey AE, Sorkin E. Immune-neuroendocrine interactions. J Immunol 1985; 135: 760s-764s.
18. Blalock JE, Smith EM. A complete regulatory loop between the immune and neuroendocrine systems. Federation Proc 1985; 44: 108-111.
19. Balkwill FR. Cytokines: a practical approach. Oxford: Oxford University Press; 1995: 417.
20. Ellis RJ. Stress proteins as molecular chaperons. En: Van Enden W, Young DB. Stress proteins in medicine. Nueva York: Marcel Dekker; 1996: 1-26.
21. Temoshok L, Zich J, Solomon MD, Sites DP. An intensive psychoimmunology sdtudy of men with AIDS. (Paper presented at the First Research Workshop on the Psichoneuroimmunology of AIDS). Tiburon, CA 1987.
22. Kiecolt-Glaser JK, Glaser R. Psychological influences on immunity. Implications for AIDS. Amer J Psychol 1988; 43: 892-899.
23. Kemeny ME. Psychoneuroimmunology of HIV infection. En: Zegans LS, Coates TJ. Psychiatric manifestations od HIV disease. Psichiat Clin N Am 1994; 17: 55-68.
24. Perry S. Psychoneuroimmunology and AIDS: Challenger or “challenger”? En: Stein M, Baum A. Perspectives in behavioral medicine: chronic diseases. Mahwah, New Jersey: Lawrence Erlbaum Associated Publishers; 1995: 273-286.
25. Giraldo RA. Estresantes mentales e inmunodeficiencia. En: SIDA y agentes estresantes. Medellin, Colombia: Editorial Universidad de Antioquia; 2002: 29-31.
26. Giraldo RA, Rodenas P, Flores JJ, Embid A. Tratamiento y prevencion del sida: guia de principios basicos para una alternativa no toxica, efectiva y barata. Natura Medicatrix 2003; 21: 66-75.
27. http://www.robertogiraldo.com

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PRESENTACIÓN



El Instituto de Estudios Salud Natural de Chile, IESN–Chile se complace en presentar este documento que contiene un interesante y bastante inusual testimonio sobre el "VIH"/SIDA de Carlos Escudero Albarrán, titulado "VIH, la puerta a la iluminación".

Su lectura nos ha reafirmado la existencia de una creciente percepción de que el AIDS o SIDA y el "VIH" son simplemente nomenclaturas al servicio de los más puros intereses comerciales farmacéuticos. Según el informe del National Institute for Health Care Management Research and Educational Foundation (Mayo, 2002), la venta mundial de unos pocos "VIH antivirales" alcanzó 2,57 mil millones de dólares en el 2001, magnitud que nos permite apreciar lo que está en juego. Entre ellos, el temido AZT-Retrovir (zidovudina es su principio activo), molécula diseñada originalmente por la Burroughs Wellcome, subsidiaria de la Wellcome, para combatir el cáncer pero desechada posteriormente por sus terribles efectos como agotante celular, dado que su principio es impedir la división celular bloqueando las cadenas de ADN.

En un recuento rápido realizado en  el 2001 por el IESN, se pudieron reunir fácilmente 11 volúmenes de información de alto interés científico sobre esta plaga del "VIH"/SIDA. Toda la base de datos reunida apunta a mostrar la gran mentira de los postulados farmacológico y medicinas asociadas del siglo XX.

En esta base de datos, la mayoría de los científicos disidentes de la teoría oficial acusan a los nucléosidos análogos y a los inhibidores de proteasas, poderosas drogas utilizadas para combatir al "VIH", como fármacos asesinos, e incluso como verdaderos precursores del SIDA. Entre estas personalidades que no comparten la visión "oficial" se encuentran Premios Nóbel de Química, Médicos, Virólogos, Biofísicos, Bioquímicos, Biólogos, Ingenieros, Matemáticos y otras personalidades del mundo científico.  Con matices, ellos sostienen que el SIDA no debe ser confundido con el VIH, que no existe prueba concluyente que el virus VIH exista, ya sea como virus o como retrovirus, que se han compilado 60 razones para dudar de un resultado positivo de una prueba de VIH, que el SIDA es un síndrome inmunológico causado por agentes estresantes sostenidos y conjugados, de caracteres químicos, ambientales, mentales y nutricionales. y otros numerosos argumentos de peso.

La investigación fue tan convincente, que en esa oportunidad la rotulamos: "El Sida no es una sentencia de muerte". Los millones de africanos con aparente "VIH" no contradicen esta "sentencia", más aún, para  los científicos disidentes, el llamado SIDA africano simplemente se confunde con las enfermedades más comunes de la pobreza de ese continente.

Toda esta información está disponible hoy en una de las secciones del sitio Web del IESN y es enteramente gratuita.

Las dificultades de romper los mitos modernos, en especial aquellos que se manejan desde complicados y muy cerrados sistemas, a veces llamados "carteles", crean una tal dependencia de los medios de información que es casi imposible lograr en ellos una tribuna que nos permita develar engaños cuidadosamente urdidos. Sin embargo, afortunadamente hoy el medio electrónico está compensando maravillosamente y a muy bajo costo esa carencia. Por ello, que a través de este medio estamos difundiendo el aporte que nos ha realizado Carlos Escudero.

Él ha puesto a través de nuestro medio su testimonio personal de un modo literario real a disposición del lector. Sin propósito oculto alguno, se ha propuesto ayudar a remover una de las falacias más tristes de la medicina farmacológica moderna, que el SIDA sea causado por un virus llamado "VIH" y no posea curación.

Gracias a su terrible experiencia, Carlos Escudero pudo acercarse a un método correcto de la salud, basado exclusivamente en el modelo espiritual tibetano.  Ello le permitió el necesario umbral para percibir las verdaderas causas de su problema, introducir cambios estructurales a su forma de vivir, sanar y desarrollar un interés notable por la verdad.

El texto es vívido, lleno de experiencias narradas con extraordinaria franqueza; es grácil, fluido, simpático, muy mexicano, creíble, gran parte conmovedor, cualidades que hace que el lector inmediatamente sincronice en su lectura y desee leerlo en una sola jornada. Los devenires de los últimos diez años de su existencia, transcurren entre sus líneas. Contrastes como su fallida experiencia de gerente de condominios en Puerto Vallarta, su paso por Chiapas, experiencias laborales multifacéticas, sus entrevistas con S.S. el XIV Dalai Lama, S.S. el XVI Karmapa, el tratamiento espiritual del Dr. Tenzin Pechock, sus emociones y sentimientos conmueven en la lectura. Conceptos asociados a la cultura filosófica budista y tibetana son comprendidos con palabras claves que nos transfieren un grato encuentro con el Oriente.  Impermanencia, ignorancia causal, miedo existencial, mantras, amor, compasión y meditación son tal vez los términos claves que Carlos Escudero usa de una manera tan personal que nos los hace muy familiares. De una manera grata, en ellos podemos encontrar posiblemente la mayor significación de esta práctica que predomina como expresión "espiritual" de la humanidad en nuestros días.

En suma,  un texto que invita a regalarlo.

Luis Valenzuela.
INSTITUTO DE ESTUDIOS
SALUD NATURAL
http://www.oocities.com/iesnchile
Valparaíso, Chile
Diciembre 2002
 
 

I.- El origen de esta historia

Nací por fortuna en el país más bello, colorido, cálido y amable que pueda existir: México. Sin duda el hecho de haber nacido en éste país y ser mexicano me ha librado de muchísimos problemas durante mis viajes y mi vida.

Ahora me encuentro en uno de los tres lugares que son mis favoritos y que si pudiera, escogería para vivir, estos son: Pátzcuaro, un hermoso lago en el estado mexicano de Michoacán, lugar donde se desarrolló parte de mi infancia; la isla de Ko-Tao en Tailandia, un paraíso creado por la mano divina del amor y que jamás olvidaré; y por último, Mc Leod Ganj, en el norte de la India, lugar de residencia de S.S. el XIV Dalaí Lama, puerta de entrada a los Himalayas y lugar desde el que te estoy escribiendo esta historia. Estos tres lugares sin duda representan lo más bello que he visto en mi vida, esto sin contar Cuzco, en el Perú, del cual me enamoré y pienso volver algún día.

Pero en fin, el motivo de éste libro no es el de comentar sobre lugares de interés turístico, si no el de narrar cómo fue y es posible sanar cualquiera de las enfermedades de las cuales nuestros médicos occidentales llaman “terminales”. Si, así es, relataré cómo a través de una serie de viajes que hasta hace sólo 7 años jamás pensé realizar, encontré cierta información que me sanó por completo del SIDA y que creo que podría ayudarles a sanar su vida, mente, habla, cuerpo y Karma y todo esto aunque estén o no enfermos o intoxicados de SIDA, el cáncer o cualquier otra enfermedad terminal.

No se trata de ninguna doctrina, ni método, ni terapia, ni sistema mágico de tratamiento, ni poción milagrosa que lo cura todo, únicamente es el relato del camino hacia una vida saludable, más feliz y mejor, que me tocó encontrar sin necesidad de encierros en monasterios, ashrams o clínicas costosas, todo ha sido ‘home made’ y a base de mucho pensar y reflexionar, algo que la mayoría de las personas llama meditación, esto y un poco de buena lectura, y digo un poco ya que me considero un pésimo lector y no creo haber leído más de 20 libros en toda mi vida, así que no considero que este libro esté influenciado o adoctrinado por otros.

En ésta historia todo comienza un 14 de Mayo de 1992 en la Ciudad de Morelia Michoacán como a las 4 de la tarde cuando mi amigo y hermano de renacimiento Jaime Rodríguez, quien era director de cámaras en un programa de televisión para niños que yo conducía y producía. Ese día, nos encontrábamos detenidos en un semáforo en rojo cuando de pronto un camión de volteo sin frenos impactó el auto arrastrándonos unos 20 metros y estrellándonos contra otros dos autos que se encontraban detrás de nosotros. El resultado... Jaime al Hospital del Seguro Social en estado de coma pero sin un solo hueso roto y yo al Hospital Civil. En mi caso, debido a que me encontraba atrapado entre el volante del auto, el tablero y el asiento, pasó más de una hora para poderme liberar, para cuando me habían sacado de ahí yo tenia casi 20 minutos de haber sido declarado muerto, ya me habían cubierto con una sabana blanca. No, no crean que ahora viene la típica historia del túnel que uno ve y todo ese rollo de la vida después de la muerte, lo único que recuerdo es que durante todo ese tiempo alguien cuya obscura sombra me cubría, sostenía mi mano y me decía. ”No te preocupes, todo estará bien, no te preocupes”, era una hermosa voz de mujer. Lo siguiente que recuerdo es haber despertado en la ambulancia repitiéndome ¿cuál era el mensaje que tenía que dar? ¿cuál era el mensaje?, y me perdí de nuevo... Cuando desperté fue porque un médico me estaba extrayendo pedazos de vidrio que tenía incrustados en el brazo izquierdo. El dolor era insoportable así que me sedaron de nuevo; 24 horas después del accidente desperté en una cama del Hospital de Fátima en lugar de estar en el pobre, sucio y deteriorado Hospital Civil de la ciudad de Morelia, lugar al que fui llevado por la primer ambulancia que me recogió del lugar del accidente. Tiempo después me dijo una enfermera que habían sido mi hermana y mi madre quienes habían realizado el cambio de hospital ya que cuando se les informó del suceso, salieron de la ciudad de México rumbo a Morelia y me relataron que, cuando llegaron y vieron el estado en que me tenían en el Hospital Civil casi se desmayan de la impresión al verme en ese deprimente lugar donde lo menos eran las moscas volando sobre mi, imagínense el resto de la escena.

El día que pude hablar con el traumatólogo, me entero que mi omoplato izquierdo estaba roto en ocho partes y que mi nariz se había salvado de milagro, mi cara parecía la de un contrincante de Julio Cesar Chávez todo desfigurado y tremendamente golpeado, pero lo más grave era que el impacto del volante y el tablero del auto en mi pecho y estómago tal vez habían dejado muerto mi sistema digestivo. El médico me dijo que si no obraba dentro de las siguientes 24 horas la única solución sería la cirugía.
Esa noche y en medio de todos mis dolores, comencé a concentrarme en los pujidos que daba por el dolor, después de un rato, me di cuenta de que mientras más me concentraba en la vibración que mis pujidos generaban, menos me dolía todo. Habré pasado así unas dos horas y de pronto le pedí ayuda a la Virgen de Guadalupe diciéndole que yo no quería que me “metieran cuchillo”, como decimos en México, así que desde el fondo de mi corazón elevé mi plegaria y con lágrimas en los ojos y casi en trance por el dolor recé y recé pidiéndole que me ayudara, curiosamente esa madrugada como a las tres, me desperté con unas tremendas ganas de ir al baño... ¡Ja! ¡Ja! !Ja! ¡Ni un niño de cinco años hubiera obrado como lo hice yo ese día!. Parecería que éste acontecimiento no tendría relevancia alguna si no fuera por el hecho de que los doctores lo consideraban casi imposible, lo que recuerdo claramente ahora es que con todos los golpes y rupturas de huesos que tenía me concentraba en el dolor y mientras más lo hacía junto con mis oraciones que levantaba a la Virgencita, el dolor iba desapareciendo... Al día siguiente no fue necesaria la cirugía y en menos de cinco días de hospital ya caminaba contando chistes por los pasillos. Pero ¿por qué les cuento todo esto?... Porque éste acercamiento hacia la muerte y sus consecuencias, sin duda alguna fueron el parte aguas del Carlos de antes del accidente al Carlos de después.
Para no extenderme demasiado en esta historia solo les diré que ahora entiendo por qué tenía que vivir todo esto y brevemente explicaré la lección que me fue dada por esta abrumadora experiencia. Debo aclarar que varias de éstas reflexiones, llegaban a mi cabeza durante los 3 meses que pasé recuperándome en cama. Años mas tarde descubrí que muchas de ellas eran parte de lo que los tibetanos llaman “Dharma” que son las enseñanzas que Buda dejó al mundo.

Casi tres días después del accidente y tras una pésima noche, de ésas típicas de hospital, en la que todos y cada uno de los huesos, articulaciones y músculos me dolían, encendí el televisor para poderme distraer en algo, pero en lugar de poner atención a lo que transmitían, mi mente comenzó a cuestionarse un sin número de cosas relacionadas con la razón para vivir y el sentido de la vida, algunas de las que más recuerdo son: “Nunca sabes cuando llegará el día en que vas a levantarte de tu camita y no volver”, “Disfruta de cada día por que quien sabe si será el último”. De pronto en el televisor comenzó a pasar un reportaje sobre Puerto Vallarta, ahí viví de chico, en esa época abandoné la escuela para trabajar en las deliciosas y doradas costas del Pacifico mexicano como instructor de ‘windsurf’ y después como maestro de buceo. En cuanto vi las imágenes de Vallarta, comencé a recordar con nostalgia la vida tan simple que llevaba en ese entonces; tenía 19 años, vivía sólo en una micro habitación muy humilde y aunque nunca tenía un peso en la bolsa vivía feliz, hubo ocasiones en las que las cosas se ponían tan difíciles que tuve que meterme en la cocina del hotel (donde se encontraba la escuela de buceo) a robarme un café y unos panes fríos para comer, o algunas veces me mantenía con el agua de los cocos que caían de las palmeras y los aguacates del jardín del vecino del hotel.

Al encontrarme en ésa cama de hospital viendo las imágenes de Puerto Vallarta, entendí que la felicidad que sentía entonces aunque no tenía ni un ‘quinto’ y andaba sin zapatos por semanas enteras. Esa felicidad basada en el desapego y en el vivir día a día se había esfumado a pesar de que ahora a los 26  años tenía un hijo de un año y ocho meses, una bellísima casa en Morelia, un excelente trabajo como conductor de televisión y la fama que el mismo conlleva, una guapísima esposa, quien por desgracia y dicho sea de paso, tenía un pésimo carácter y una tremenda destructividad hacia ella y hacia todos, y en fin... pero el hecho era que aunque poseía prácticamente todo lo que uno puede desear,  yo no me sentía tan feliz como durante aquellos hermosos años en Puerto Vallarta. Así que, en los días subsecuentes y estando aún muy golpeado continuó el auto-cuestionamiento…¿Para qué hacer planes para cuando sea viejo? ¿Para qué vivir mi vida buscando un futuro estable basado en la acumulación de dinero? ¿Para qué quiero un refrigerador más grande, un mejor auto, una casa más lujosa, mucho dinero en el banco? ¿Para qué si no tengo ni la menor idea de sí el día de mañana estaré aquí? ¿Para qué si hasta ahora no me está haciendo feliz lo que he conseguido? ¿No será que es sólo porque estoy siguiendo a ciegas lo que me ha enseñado ésta sociedad y su aniquilante sistema dentro del cual no soy sino un engrane más? ¿Será posible que mi Dios haya creado ésta maravillosa esferita azul con sus imponentes mares y montañas, sus atardeceres, el amanecer con sus nubes, la fascinante e inagotable diversidad de seres vivos, el sistema solar y el universo, el amor y todo y todo para que nosotros naciéramos, creciéramos, fuéramos a la escuela durante casi 20 años, nos superáramos y nos tituláramos en alguna universidad para así obtener un buen empleo con un ‘super’ sueldo, nos casáramos, tuviéramos hijos, vendiéramos pedacitos de nuestra vida a cambio de un cheque quincenal y si bien nos va... tener dos semanas de vacaciones en una saturada playa y seguir así en este círculo hasta morirnos en la ignorancia y estupidez total? ¿Será posible? Creo que la respuesta que obtuve en mi cama la tienen ustedes ahora ¡Claro que no es posible que la creación sea para vivirla dentro de toda esta absurda basura!. Mi reacción después de pensar esto me cuestioné: ¿Qué podría yo hacer para lograr que los demás entendieran todo esto sin tener que vivir el dolor y sufrimiento que viví durante los días que siguieron al accidente?. Súbitamente recordé la sombra aquella que sostuvo mi mano mientras estuve clínicamente muerto: “No vas a morir porque tienes un mensaje que dar”... “No eres un elegido, ni iluminado, ni enviado, ni mensajero, pero tendrás que hablar algún día”...y recuerdo que en cuanto pregunté, cuál era el mensaje, me desperté en la ambulancia mientras una rescatista de la Cruz Roja Mexicana sostenía mi mano y me decía “Cálmese, cálmese todo va a estar bien, esta usted vivo” ¿Dónde había yo oído esto antes? ¿No acaso la sombra que sostenía mi mano cuando aún me encontraba atrapado dentro del auto me decía lo mismo? Desde esa cama de hospital me había quedado claro que encontrar el sentido de para qué “es” ésta vida, sería algo que me guiaría a partir de ese momento y que no creía que existiera otra mejor razón para no haberme muerto en el accidente.

En esos días pude valorar el amor y afecto que una madre tiene hacia sus hijos, al ver todo el trabajo y dedicación con las que mi madre me atendió, gracias a sus cuidados me puede recuperar, tuve tiempo para meditar las cosas y descubrí que lo único que podía hacer que mi vida fuera tan feliz como en aquellos años de joven en Puerto Vallarta, dependía de ésta misma reflexión:
 Lo primero era que la diferencia entre el pasado y mi presente en ese momento era que antes vivía solo y era un ‘chavo’ sin responsabilidades ni compromisos y además nadie dependía económicamente de mí, por otra parte en el momento del accidente yo tenía una esposa ‘super’ exigente, un hijo, un empleo que generaba el sustento familiar y una audiencia de niños que esperaban que me recuperara del accidente para continuar todas las tardes de 5 a 6 aprendiendo con ellos y de ellos. Así que me encontré con que las dos posibles soluciones para recobrar la felicidad perdida eran: Una, ser millonario para poderlo pagar todo, incluso las responsabilidades y compromisos; o dos, renunciar a todo y largarme de ahí. Obviamente a los 26 años opté por la primera y me dediqué a ambicionar una gran fortuna y a trabajar con más empeño y más codicia que nunca, esto muy en contra de todo aquello que había razonado desde mi cama de hospital.
Pero el destino me tenía preparada una lección más, ya que obviamente no había aprendido nada en la primera llamada y todo por terco, por cerrado y por ignorante. Lo que acababa de vivir parecería suficiente, pero lo que siguió fue aún más fuerte y mucho más doloroso que el dolor físico.
 

II. Lo necio no se quita fácilmente

A los pocos meses del accidente se me presentó una muy atractiva propuesta de trabajo y la oportunidad de volver a Puerto Vallarta, me ofrecieron un empleo como asesor en equipo de computo en un condominio de esa localidad y un muy buen sueldo, mucho mejor que el de Morelia, así que me encontré con la “casualidad” de que por fin se cumpliría el sueño que había tenido de volver a vivir como en mi juventud y además en Vallarta de nuevo. Poco tiempo después de mi cambio de residencia, el gerente del condominio en que trabajaba renunció a su puesto y como el constructor y dueño original del condominio era la misma persona que tenía el hotel donde yo había trabajado años atrás, me ofreció la gerencia y aún más, un jugoso sueldo... ¡Bingo! Ahora sí, pensé, a hacer dinero a lo grande y asunto solucionado, de aquí en adelante la vida será de bajadita y sin esfuerzos. Y sí, comencé a ganar y a ganar más y más, me cambie de departamento a uno más lujoso y con vista al mar, compré un jeep, una motocicleta, una tabla nueva de ‘windsurf’ y todos los juguetes que pude, me daba una vida de rey cenando en lugares costosos, haciendo todo tipo de deportes de rico, pero mi relación con la madre de mi hijo empeoraba cada día. Ella jamás estaba satisfecha con lo que teníamos y no paraba de repetirme a diario lo idiota e incapaz que me consideraba.

Pero uno jamás termina de aprender y llegó a mi vida la peor de las enfermedades: La cocaína, con sus secuelas y consecuencias, digamos que fue en este momento de mi vida cuando comencé a atentar en contra de mi mismo Esta desastrosa adicción llegó a mi vida y a mi bolsillo, me aferré tanto al dinero y las posesiones, que la vida me dio una nueva y más dura lección. Como al año y medio de haber comenzado mi trabajo y mi locura vallartense, se me acusó de un fraude que nunca cometí, en contra de la administración del condominio por la cantidad de 15 mil dólares. Esa cantidad, descubrí al analizar a fondo la contabilidad del administrador anterior, fue “tomada” por mi predecesor y sus empleados, y como yo acababa de presentarles a los condóminos un reporte de todos los materiales de segunda clase que se habían utilizado en la construcción del condominio, pues el constructor llegó un día a verme a mi oficina y me ordenó que mandara una carta a todos los dueños de departamentos en el edificio diciendo que me había equivocado y que no era cierto lo que había declarado con anterioridad. Orgullosa y estúpidamente le contesté que él no pagaba mi sueldo, que a mí me pagaba el consejo de administración del condominio y que yo me debía a ellos y no al constructor. Al oír esto su cara se enfureció y me dijo que más me valía desmentir mi reporte o que lo iba a lamentar; por supuesto que le recalqué que no haría tal cosa y que hiciera lo que quisiera. Por mi ignorancia e inexperiencia, jamás se me ocurrió realizar una auditoria al recibir la administración del inmueble, así que este señor le ordenó a mi contador (yo no sabía que él también llevaba la contabilidad del constructor) que modificara las cifras o que hiciera algo para ‘tronarme’. Cuando modificaron la contabilidad del edificio descubrieron lo del administrador anterior y en lugar de buscarlo a él, le hicieron creer al consejo de administración del condominio que yo era el responsable directo del desfalco. Consulté a tres abogados diferentes, y como el demandante era un hombre muy poderoso en ese estado, ninguno quiso tomar mi caso.
Cuando le platiqué la situación a mi esposa, su reacción fue salir corriendo del puerto, se marchó en cuanto pudo y me abandonó a mi suerte porque según ella “aquí ya no había para más”. Se marcho con mi hijo, mis muebles y demás pertenencias, vació la cuenta del banco y  tuve que vender el auto, la moto y todo lo que pude para cubrir el 45% del total del desfalco y así poder negociar las cosas en lo que se descubría la verdad para medio frenar mi posible aprehensión y posterior encarcelamiento. No obstante, gracias a los meses en que fui gerente, descubrí una serie de irregularidades de los constructores con los pagos de impuestos federales. Éste señor y sus socios habían estado descontando impuestos a sus trabajadores sin pagarlos a hacienda federal y estatal, así que llegamos al acuerdo de que él me dejaba en paz y retiraba la demanda y yo mantenía la boca cerrada ante las autoridades. Así que por favor amable lector “que nadie se entere”, ¿sí?.

Total que en menos de treinta días todo lo que me había costado un año y medio de trabajo y esfuerzo lo perdí, y mi supuesta “estabilidad” con todo lo demás se fue por un caño… Terminé viviendo en la Ciudad de México en casa de León, un amigo de toda la vida; tenía un cuartito con una cama, una silla y un montón de cosas y’ tiliches’ que guardaban ahí. Terminé solo, sin dinero, ni fiestas, ni paseos, ni idas a bucear, ni cenas costosas y sólo con los que realmente puedo decir que son mis dos amigos de México de toda una vida: Armando y León. Comía lo que amablemente la mamá de León cocinaba para nosotros, me cuidaron y trataron de levantarme el ánimo, viví de a gratis no sé cuanto tiempo durante el que estuve dando tumbos, cada empleo que tomaba se desvanecía inexplicablemente. Por ejemplo, en una agencia de publicidad me ‘corrieron’ porque presenté una campaña de publicidad mejor y a menor precio para un cliente, que la que el dueño de la empresa había presentado un mes antes a los propietarios de un importante laboratorio de medicamentos. Después, al aplicar con una solicitud de empleo, fui seleccionado entre más de cien candidatos a ocupar un puesto en la embajada de los Estados Unidos, una de las más importantes que hay en la Ciudad de México; pasé todos los exámenes de manera sobresaliente así como un minucioso chequeo médico y otro del departamento de seguridad y hasta del FBI. Pero, a los pocos meses, mi jefa inmediata me dijo que yo poseía demasiado potencial y habilidades y que no quería dos líderes en su oficina, así que amablemente me sugirió que o renunciaba o me despedirían, pero si tenían que ‘correrme’ sería con una jugosa indemnización y un reporte en mi expediente para jamás poder entrar en su país, y dada la situación geográfica del mío, no me convenía tener semejante reporte, o sea que fue una "amable amenaza". Finalmente, busqué irme a los Estados Unidos para trabajar en un barco pesquero que partiría de la ciudad de Seattle, Washington. A los 15 días de haber llegado y justo la noche en que iba a tomar el barco, en mi camino al muelle fui asaltado por tres negros que me robaron mi dinero, mis documentos de identidad y de trabajo y todo lo que pudieron. Uno de ellos de pronto le dijo a sus amigos: "Hey man... ¡Shoot the white guy!”. Cuando me di cuenta de que yo era el único ‘white guy’ en cuadras a la redonda y que estos tipos traían una pistola, lo que me salvó fue que se me salió decir en ese momento: "Come on man, be nice to mexican guys”. Esto los hizo ‘botarse’ de la risa y me dijeron que tenía tres para correr, ahí, les demostré a estos tres ‘black guys’ que lo de “Speedy González” no es sólo una caricatura y que los mexicanos podemos correr 10 kilómetros en 4.8 segundos. O sea que, pasados casi dos años del accidente, era octubre del 93 y al no haber entendido la lección que la vida me había querido dar en aquella cama de hospital, una vez más estaba ‘empelotado’ en la vida que el sistema nos obliga a vivir y no podía ver claramente que lo que “mi” vida me pedía, era un cambio de actitud, un cambio en los objetivos, formas y metas de la misma. ¿Qué me dejaron y me enseñaron esos casi dos años de dar tumbos y estar perdido en la inmensidad de mi ignorancia? Lo primero que me gané con todo esto fue la perdida de mi autoestima y mi autoseguridad, ya que no había logrado el "éxito" que la sociedad te exige tener. En mi opinión, en ese momento era un fracasado e inútil, bueno para nada. Entendí por ejemplo, en el caso de Puerto Vallarta o en el de la embajada, que por mucho que te esfuerces por crecer y ser el mejor en tu trabajo y en tu vida, el mismo sistema no te dejará porque a los peces grandes no les conviene, ya que si creces mucho, después tú te los puedes comer a ellos. Es mejor ser un ignorante y borrego, que tratar de ser creativo y original en tu trabajo, dedícate sólo a hacer tu trabajo como se te diga y nunca llegues con propuestas innovadoras u originales porque en ese instante el jefe de tu oficina sabrá que eres peligroso para su carrera y te ‘correrán’ al día siguiente. Como me diría alguna vez un jefe que tuve: "Hasta la eficiencia es mala en exceso”. Si, así es la realidad, este sistema en que vivimos jamás te dejará crecer lo suficiente ya que estás diseñado, programado y educado para ser solamente un engrane más de su gran maquinaria, así que nunca dejarán que seas tú quien maneje "su maquinita". Desde que tuviste uso de razón, te sentaron frente a un televisor o cualquier otro de sus "avances tecnológicos", mismo que fueron en realidad quienes te educaron y no tu mamá o tu maestro en la escuela, y ¿qué es lo que te enseña la televisión desde ‘peque’?: “Compra, usa, obtén, con esto tu vida será mejor y valdrá la pena, para tener un mejor nivel de vida compra esto y lo otro, no hay nada mejor que tener tus propias cosas”. Y así podría seguir por tiempo indefinido... Recuerden que trabajé en publicidad y televisión por eso sé de lo que hablo. Si ahora se ponen a observar a los jóvenes se darán cuenta de que cada uno de ellos se autodevalúa si no tiene los tenis de moda, el celular y a los pobrecitos, cuando llegan a los 20, el hecho de ponerse una corbata y un traje los hace creer que así serán respetados. Uno de los más crudos ejemplos que he tenido en mi vida sobre cómo somos manipulados, fue cuando el gerente de producción de la estación más grande de televisión en México me dio a entender que la forma de hacer televisión no se podía cambiar por las ideas que le había propuesto para hacer televisión inteligente porque ”les convenían más 80 millones de mexicanos idiotas, que pensantes”, ésas fueron sus palabras (sic).

Así que te enseñan en este mundo que “hacerla en la vida” es ser  mínimamente Bill Gates y si no lo logras "Ni modo ‘chavo’, eres un fracaso" o "Ahí la llevas más o menos". ¿Se pueden imaginar con qué duermen en sus mentes y corazones todas las noches la mayoría de las personas económicamente ‘jodidas’ en nuestro planeta?: "Tengo que hacer más dinero, mañana se vence la letra del coche, no tengo dinero para la escuela de mis hijos, ojalá me saque hoy la lotería, mañana tengo que trabajar el doble para pagar la tarjeta de crédito, seguro que ahora si me gano la lotería”. ¡Qué martirio de vida! ¿No? Somos como un perro bóxer queriendo alcanzarse la cola, y ¿saben cuando un bóxer podrá alcanzar la suya?... Total que nos programan para vivir dentro de una horrible y abominable oscuridad creada por nosotros mismos y de la cual no hay salida aparente para la gran mayoría de los habitantes de este planeta ya que siempre que desean hacer cualquier evolución para dejar sus cosas materiales lo primero que dicen es: “Esto es muy difícil”... Pero sí hay salida, simplemente tenemos que dejar de jugar el juego de quienes manejan “nuestro” planeta y no permitirnos el ‘entrarle’ a lo que ellos quieren que sigas jugando; y cuando digo ellos me refiero a los “económicamente poderosos”. Quitémonos la venda de la ignorancia que nos hacen vivir y descubramos la grandeza que existe dentro de cada uno de nosotros, cuando nos demos cuenta de esto, se nos hará ridículo ver como todos esos centros de poder y riqueza que representan las grandes corporaciones multimillonarias y el poder que ejercen sobre nuestra vida, quedará inutilizado por el poder de tu amor y compasión. La compasión, como el deseo de que todos los habitantes de éste planeta se liberen también del sistema autocreado y por ende puedan vivir en paz y con una felicidad “real” y no con la ficción que nos han embutido por los cinco sentidos diciéndonos “no se cuestionen nada, pues el infiernito que hemos creado es la realidad de la vida”.

Después de toda la experiencia vivida en esos dos años lo único que logré fue generar dentro de mí un enorme sentimiento de odio y rencor en contra de todo y de todos, así como una inmensa y estúpida capacidad de autodestrucción a través de mi mente, mis acciones, mis palabras y mis actos. Por ende, la felicidad se alejaba cada vez más y más de mi vida, así como la alegría de vivir y las ganas de seguir adelante. Ahora que he estudiado un poco más, entiendo que esta fue mi primera lección de lo que los tibetanos llaman “la impermanencia” y “el desapego”. Ojalá hubiera sabido acerca de cómo trabajar con estos dos conceptos en aquellos años.

Y si piensan que con esta experiencia había tenido ya suficiente, les contaré que para el primero de enero de 1994 la vida aún me tenía reservada otra jugada más. Otro evento que cambió de nuevo mis conceptos e ideas sobre la vida y este mundo y que jamás olvidaré, pues durante los primeros dos meses de ese año la vida me mostraría su más terrorífica cara. Me daría una muestra de lo que los intereses creados y el poder hacen con los destinos de la humanidad en este planeta y lo que la injusticia y el abuso hacia los más débiles pueden hacer con sus vidas... Fui testigo de la muerte, el dolor, el despojo, el abandono, la enfermedad y todo el miedo que una guerra pueden crear; en ese 1994 me tocó vivir la guerra iniciada por el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y su carismático líder y de su oscuro origen, el Subcomandante Marcos.



III. Enfrentando la realidad

Juro que lo que estoy a punto de contar fue una experiencia real y que únicamente por la seriedad de algunos hechos, he cambiado los nombres de ciertas personas y lugares en donde se desarrolló todo esto. Era el 31 de diciembre de 1993 y como todo buen mexicano me tomé mis tequilas esa noche... ¿Qué buen mexicano no hace esto en fin de año? A la mañana siguiente me desperté con un ‘crudón’ marca “Acme” y cuando me levanté, curiosamente no hice lo usual, prender la televisión. Para este entonces trabajaba como camarógrafo independiente para diversas casas productoras de la Ciudad de México, así que en medio de una resaca tremenda me di cuenta de que había dejado un suéter nuevecito que mi madre me había regalado justo la Navidad anterior, y lo había olvidado en una de las agencias de publicidad que más me contrataba y que por “casualidad” quedaba no muy lejos de mi casa. Así que decidí tomar mi auto y pasar a comer un menudito pa’ la cruda y de ahí ir a recuperar el suéter ya que no quería tener que confesarle la pérdida a mi madre. Ya saben cómo se ponen las mamás cuando se trata de los suéteres...

Ahora me pregunto ¿qué loco se levanta antes de las diez de la mañana en un día primero de enero a recuperar un suéter? Sólo yo. Pero verán los resultados y las “casualidades” que se juntaron por este incidente del suéter. Curé mi resaca con un plato de delicioso menudo y fui a la agencia de publicidad, “curiosamente” hubo quien me abriera la puerta, entré, tomé el dichoso suéter y cuando me disponía a abandonar la agencia sonó el teléfono…¡riiiiing! Contestó la misma persona que me había abierto y de pronto me gritó: ¡Charlie, es para tí!... ¿Para mí? –pregunté–¿Quién podría ser? Tomé el teléfono y una nerviosa voz de mujer me preguntó:
- ¿Tú eres Carlos el camarógrafo de César? ¿no?
- Sí –respondí– ¿En qué te puedo servir?... Perdón ¿quién habla?
- Mi nombre es Susana, soy la asistente del Lic. Monroy Caborca, director de comunicación social de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CND). El Lic. Jorge Madrazo, que es el presidente de la comisión, va a dar una conferencia de prensa como en dos horas ¿puedes venir a cubrirla? Te pagaremos bien, pero es urgentísimo saber si puedes venir o no ‘ahorita’ mismo.
- Fíjate que no tengo cámara -le contesté- y no tengo las llaves de donde guardan el equipo.
- No importa, nosotros tenemos cámara y todo el equipo necesario. Pero entonces qué ¿puedes venir?
- Claro que si, no faltaba más, en menos de una hora estoy por allá. Sólo paso a mi casa para bañarme y cambiarme y allá nos vemos.
- ‘Okay’. Gracias Charlie.
- ¡Ah! Perdona Susana ¿de qué se trata la conferencia de prensa?
- ¿Qué no has visto la televisión Carlos?
- No ¿por qué?
- ¡Ah! Pues préndela y acá te espero. Nada más no te tardes porque es importantísimo ¿’Sale’?
- Si, ‘sale’ adiós.
En el momento que colgó salí disparado a la primer televisión que pude para ver de qué se trataba todo esto, sintonicé el canal de noticias y no podía creer lo que veía: ¡Hombres armados que tomaron San Cristóbal de las Casas en Chiapas! Y un loco que se decía el Subcomandante Marcos declarándole la guerra al Estado y al ejército mexicano. Sin pensar corrí al auto, me pasé todos los semáforos posibles para llegar a mi casa, un rápido regaderazo (con la televisión encendida), cambio de ropa, rasurada y me voy enterando más del conflicto armado: ¿Guerrilla en México? ¿Justo al fin del sexenio de Carlitos Salinas de Gortari?
Corrí a la oficina donde había sido citado y ahí estaba Susana en la puerta esperándome, me recibió y subimos corriendo al quinto o sexto piso del inmueble, me pasó al cuarto donde tenían el equipo de video y me dijo: “Espérame aquí, revisa tu equipo que voy por mi jefe”. Hice lo mío, revisar baterías, cables, casetes, tripié, iluminación... en fin, todo. Susana tardó más de media hora en volver y cuando llegó me presentó brevemente a su jefe, quien me dijo:
- ¿Ya viste lo que está pasando en Chiapas?
- Sí, ya lo vi y no lo creo.
- Pues bien, el presidente de esta comisión tiene que salir para allá a la brevedad posible y queremos que cubras todos y cada uno de sus movimientos y que si algo le llegará a pasar tú lo tengas grabado en casete ¿lo puedes hacer?
Pensé ¡Gulp! ¡Esto está ‘canijo’! Y acto seguido pregunté:
- ¿Cuánto me van a pagar por día?... Porque es zona de conflicto y el riesgo es mucho.
- ¿Cuánto cobrarías? –preguntó el señor–.
- Tanto. Más todos mis gastos de transporte, hospedaje, alimentación y compras de mano.
- ‘Okay’. Trato hecho, te quiero aquí con tu maleta y tus cosas en dos horas, trae lo necesario para estar una larga temporada por allá porque el trabajo será mucho y todo el día. Vete ahora y cuando vuelvas tu boleto de avión ya estará listo; sólo dale tus datos a Susana y ella se encargará de ahora en adelante de todo lo que necesites para que puedas hacer tu trabajo ¿Sabes usar cámaras fotográficas también?
- Sí claro.
- Muy bien, entonces le diré a Susana, que te proporcionen también una de las cámaras que tenemos y sacas todas las fotos que puedas sobre las actividades del licenciado ¿’okay’?
- Si señor, entendido perfectamente.
Todo el camino a casa me estuvieron temblando las piernas y me repetía a mi mismo: “Tú eres un profesional en tu trabajo ¿no? Este es tu mayor reto y el trabajo más importante que te han asignado hasta hoy, es tu ‘chance’ de ‘hacerla’ güey! Sabes cuántos camarógrafos quisieran estar en tu lugar ‘ahorita’?”... En un abrir y cerrar de ojos estaba en Tuxtla Gutiérrez, capital del estado de Chiapas. Esa misma tarde salimos rumbo a San Cristóbal de las Casas y luego de pasar varios retenes del ejército, la tensión en el ambiente crecía a cada minuto y el silencio de quienes íbamos en la camioneta era sepulcral. Ante esta situación, comprendí la seriedad del asunto en el que estaba metido y que me encontraba ingresando realmente en una zona de guerra. Empecé a comprender que había aceptado jugarme hasta el pellejo y que sin duda los próximos días serían duros y difíciles, esto me llenó de adrenalina y mi primera reacción fue ponerle una batería y un videocasete a mi cámara, sabía que siempre tenía que estar preparado para lo imprevisto y que un ataque podría llegar en cualquier momento. En los siguientes 45 días mi destino y la vida me enfrentaron con las más duras situaciones que he vivido.

A la mañana siguiente de mi llegada a San Cristóbal, lo primero que me mandaron a grabar fue la autopsia que estaban a punto de realizar unos médicos forenses –debo confesarles que hasta ese día, jamás había visto un muerto–, para mi desgracia dos de las cuatro víctimas de un microbús de pasajeros que estuvo metido en medio de un enfrentamiento entre ‘zapatistas’ y el ejercito mexicano eran niños, cosa que me dolió en lo mas profundo de mi alma por todos los años que yo había trabajado para ellos en televisión. La autopsia fue dentro de un panteón, estábamos encerrados en una pequeñísima cripta con un fétido y concentrado olor a cadáver. El trabajo de los forenses como pueden ustedes imaginar no es nada agradable, al terminar con mi trabajo, salí vomitando como loco y en las 24 horas siguientes no pude probar bocado, esa noche me fue imposible conciliar el sueño. Esta fue sólo la primer experiencia de los 45 días siguientes, en los que no dejé de vivir día a día tragedias e historias desgarradoras de dolor y sufrimiento; más de una vez estuve en balaceras y enfrentamientos durante los que las ráfagas de AK47 pasaban demasiado cerca... En una ocasión en Ocosingo quedaron las marcas de las balas en la pared como a 30 o 40 centímetros de mi cabeza... Vi niños muertos en la calle, gente agonizando, vi la tragedia y la estupidez que una guerra simboliza, comprendí que nada, pero nada en absoluto la justifica y que no quería que mi hijo viviera en un planeta donde existe esta monstruosidad llamada guerra. Nació en mi un gran sentimiento de que éste planeta tiene que cambiar y que por alguna razón esto que estaba viviendo tenía que ver con mi accidente años atrás y que pronto encontraría el supuesto mensaje que algún día tendría que dar, según me había dicho la mujer que me sostenía la mano mientras estuve clínicamente muerto.

Pero principalmente, lo que descubrí en Chiapas es el asco que produce el enterarse quién y qué motivaron ésta guerra y los negros y obscuros intereses que existieron detrás de ella. Me dio asco saber en manos de quién está el destino de la humanidad, el de nuestros hijos y familias, supe entonces que no quería seguir trabajando en un medio que manipula la opinión de las masas, que llena de ignorancia, y está basado en falsas “fuentes de información” y conjeturas hechas por reporteros que pueden meter en un puño la opinión de todo un pueblo y manipularlo para que se haga lo que a los intereses de los grandes señores convenga. Y no me refiero solamente a México, si no a la mayoría de los países que tienen algún interés para las grandes compañías del mundo... ¿Qué puede uno pensar al enterarse de que a cada ‘zapatista’ se le pagaba en aquel entonces 50 pesos diarios, que comían despensas del ejército alemán y que usaban botas italianas?

En cierta ocasión en San Cristóbal de las Casas, fui al helipuerto con la gente de la CNDH  a recibir a un ministerio público que vendría con nosotros a dar fe de una autopsia. Al llegar, éste venía con dos escoltas y resultó que no tenían vehículo para acompañarnos, así que nos pidieron que si los podíamos llevar en una camioneta que tenía logotipos de la comisión en las puertas y el techo; así que fuimos con ellos, me tocó grabar toda la autopsia de un ‘zapatista’ y de un soldado. Nada más para que se den idea de este ‘móndrigo’  trabajito, me tocó grabar cómo a un cadáver se le serruchaba el cráneo... Sabrán todo lo que pasó por mi cabeza, mi corazón y la mezcla tremenda de sentimientos que toda esta guerra me producía día a día. Pero lo peor fue que al día siguiente en la nota de un periódico decía que la CNDH y la procuraduría se encontraban “coludidos” ocultando información, ya que se había visto a personal de la comisión en un vehículo oficial llevando a un ministerio público y varios elementos de esa corporación, y que de seguro algo ocultaban... ¡Qué mentira más grande! Solamente fue un ‘aventón’ el que les dimos a esos señores. Me consta que el trabajo del presidente de esta comisión durante todo el tiempo que estuve en Chiapas fue impecable e intachable y nadie me paga por decir esto, es la verdad y nada más. A partir de ese día me dediqué a ‘checar’ más las cosas que la prensa decía y compararlo con lo que yo vivía y para nada se parecían. Por último y a manera de actualización les contaré que el pasado mes de mayo del 2001 conocí en el norte de la India a un tipo que decía ser el “Comandante Cabrera”. Yo jamás le dije de mi presencia en Chiapas, pero  decía ser asistente de Marcos y muy conocido suyo; este loco me platicó que a Marcos lo protegen los Babanandas, que según dijo son brujos africanos que protegen a Castro en Cuba y que hay todo un plan ‘super’ negro para desequilibrar a todo América y reventar a los ‘yanquis’. Insisto... ¡Qué asco!

Conclusión…Este sistema nos esta matando lentamente y está diseñado para que siempre se cumplan los deseos y proyectos de quienes tienen el poder o de quienes quieren quitárselos para quedarse con él, y no hablo de los presidentes o primeros ministros, sino de quienes realmente deciden quiénes serán los presidentes en varios países del mundo, porque quien crea que hasta en los Estados Unidos de Norteamérica los ciudadanos eligen a sus presidentes, creo que están un poco dormiditos...

¿Qué aprendí en Chiapas? Lo primero es qué tan inconscientes somos de todas las cosas que pasan a diario en el mundo y ni cuenta nos damos ni nos podemos imaginar todo lo que se disfraza y maneja por ‘debajo de la mesa’. Cuán encerrados vivimos en nuestros munditos personales, dentro de nuestras viditas inconscientes y qué insensibles nos ha vuelto la televisión, hemos visto tanta violencia en ella que cuando nos toca vivir un hecho violento no reaccionamos. Alguna vez, estando en medio del conflicto chiapaneco me tocó ver junto con otras personas cómo se bombardeaba a todo un pueblo ¿saben qué dijo una de las personas que estaba ahí?: “Mira tú, antes era en el Golfo Pérsico ahora nos tocó aquí”; seguidamente, entendí que nada justifica la guerra y las tragedias que conlleva, los niños muertos, las familias disueltas, el dolor de los heridos y mutilados y todo el infierno que familias inocentes y que no tienen nada que ver, viven. En más de una ocasión me tocó tener que ir a casas a mostrar fotografías de los cadáveres encontrados en fosas comunes y ver la reacción de toda una familia al identificar a su ser querido. Una vez reconocieron a uno por el llavero que traía pegado al pantalón... así era el grado de descomposición de los cadáveres que aparecían en las fotos que teníamos que mostrar a las familias; algunas, obviamente yo las había tenido que tomar. Por último, entendí que la vida no pudo haber sido creada para esto que viví, esto llamado guerra y que la humanidad tiene que entender que este camino no es el correcto y tenemos que cambiar o como dice la ley natural: “Si no evolucionas, te extingues”.

Fue así como en enero y febrero de 1994 tuve que aprender en forma directa los caminos del dolor y el sufrimiento, la ignorancia y la insensatez que el hombre se ha autocreado y aún años después sigo sin entender ¿qué tenemos que vivir para que entendamos que nos estamos autoconsumiendo, autodestruyendo? Meses después de haber salido de Chiapas encontré uno de los orígenes que según los mayas han llevado a la humanidad a estar en este estado tan lamentable y al punto de la extinción. Me tocaría recorrer un camino que además de quitarme lo poco de fe que tenía en las personas, me llevó a “adquirir” el supuesto virus “VIH”, que hasta hoy es una inmensa mentira y a vivir la muerte de mi segunda y querida compañera de vida.
IV. Una prueba de amor

Fue en mayo de 1994 cuando ya divorciado de mi primer esposa y habiendo sobrevivido al asunto en Chiapas decidí subir mi ropa y mis pertenencias al auto y renunciar a mi departamento, mis muebles, mi hijo y todo lo demás para irme a vivir a Pátzcuaro, lugar muy cercano al pueblito en el que crecí de los nueve a los catorce años cuando mis padres se divorciaron. Ahora, ya más crecido y con el gusto de estar de vuelta en esta tierra comenzó a entrar en mi la idea de estudiar a los mayas; nunca supe bien el por qué, pero comencé a buscar información sobre esta imponente cultura. Busqué por varios medios, pero no encontraba lo que quería, hasta que un día alguien me prestó un libro que aparentemente no tenía nada que ver con los mayas pero que curiosamente me abrió las puertas al entendimiento de mi obsesión por esa cultura; el libro era el horóscopo chino para 1994 escrito por la Argentina Ludovica Squirru.

En este libro Ludovica presentaba un pequeño escrito que se titulaba “El llamado mítico”, una historia corta en la que se narra la preparación que según los mayas se realizó en un lejano pasado para que en esta época crítica de la humanidad en que vivimos, los seres de luz de este planeta comiencen a despertar. Se plantea la idea de que todos llevamos dentro una semilla cósmica plantada, que con las resonancias solares (o manchas solares) van a comenzar a activar la memoria genética del hombre y éstas le recordarán a la especie humana para qué ha sido enviada aquí y podamos entonces entender la verdad de la creación. Léanlo ustedes mismos:

“¡Bienvenido a la Cuarta Dimensión! Tú has estado aquí todo el tiempo, pero no lo sabías. Hace un tiempo, un Gran Concilio Galáctico fue convocado y un llamado mítico fue emitido a los innumerables seres de Luz: los niños del Sol, los ángeles alados, los mensajeros del sol, los guerreros del arco iris y otros seres luminosos desde muchos sistemas solares. En el momento de la reunión, el Amor de las Galaxias Giratorias, el Gran Espíritu, entró llenándolos de gracia con su luz celestial y dijo las siguientes palabras: “Están invitados a encarnar en un mundo donde una gran transformación tomará lugar. Ustedes, que responden a este llamado, irán a un lugar de evolución planetaria donde las ilusiones del temor y la separación son fuertes maestros. Llamo a aquellos con los dones y talentos necesarios para que actúen como mis emisarios allá, para elevar y transformar las frecuencias del planeta Tierra, simplemente incorporando y anclando la presencia del Amor allí. En este mito ustedes serán los creadores de una nueva realidad, la realidad de la octava dorada”.
El Amor de las Galaxias del Girar continuó: “En otros viajes cada uno de ustedes han demostrado ser navegantes intuitivos, capaces de despertar vuestras conciencias y alinear vuestro corazón a los impulsos del amor puro y el servicio compasivo. Como mensajeros del Sol y portadores de la antorcha, ustedes ya han comprobado que mantendrán la Luz en alto, y así los invito a encarnar masivamente entre las tribus de la Tierra para ayudar a Gaia y a todos sus hijos en su transformación. Esta es la parte del plan en que ustedes serán velados por el olvido. Sin embargo, mientras recuerden el sentimiento de la inocencia infantil y la confianza, llegarán a ser los elevadores armónicos, en este ciclo de iniciación para la Tierra. Encarnarán estratégicamente, a menudo, en las áreas vibracionales más densas del planeta. Para algunos, esta ilusión de separación del amor podrá crear sentimientos de desolación, falta de apoyo y alienación. Pero reconociendo su humanidad, vuestro amor transformará las profundidades de la dualidad y vuestra Luz animará a muchos.
Vuestra participación en este desafío es puramente voluntaria, sin embargo, este cambio transformador sobre la Tierra es extraordinario y precioso. Si ustedes llegaran a aceptar esta misión, tendrán la oportunidad de catalizar y sintetizar todo lo que han logrado durante muchas encarnaciones, recibiendo un extraordinario ofrecimiento de un salto cuántico de vuestras consciencias. Es importante para ustedes escoger cómo danzarán con Tierra Gaia y sus hijos mientras ella completa su ceremonia de Luz”. De tal modo habló el Creador, la Luz de las Galaxias del Girar. Y así fue como los seres luminosos, quienes formaron las innumerables Alianzas, Federaciones y Concilios de los fieles a las estrellas, escogieron encarnar en el planeta Tierra para ayudar en este crucial evento, el despertar del sueño planetario.
Hubo incluso un proceso de protección del plan, elaborado para despertar a esos seres de la ilusión de separación y del velo del olvido que es tan común sobre la Tierra. Los seres luminosos que viajarían a ayudar a Gaia acordaron avivar unos a otros el recuerdo. Así esas semillas estelares dejaron códigos en varias formas, como sonidos, colores, luces, imágenes, palabras y símbolos, una resonancia vibracional que los ayudaría a recordar su compromiso con la Luz. Fue acordado que esas claves codificadas aparecerían por todas partes, en el arte y la música visionarias, en miradas penetrantes, en conversaciones y sentimientos, todo creando un profundo anhelo de despertar y llegar a ser la encarnación del Amor. Así que ustedes, los hijos del sol, están ahora siendo bañados con el agua del recuerdo, preparados como guerreros del arco iris para completar la promesa del nuevo y antiguo mito, simplemente afianzando la presencia del Amor en la Tierra. Tu elección amorosa descansará en el manto de los dioses, enviando ondas de sanación y amor a través del cuerpo receptivo de Gaia. Mientras tú despiertes en este tiempo, tus dones despertarán y habilitarán a otros. Utilizando las herramientas de la risa, el canto, la danza, el humor, el gozo, la confianza y el amor, estarás creando una profunda oleada de transformación que transmutará las limitaciones del antiguo mito de la dualidad y separación, haciendo el milagro de la Paz y Unidad sobre la Tierra.
Utiliza tus dones en beneficio de Gaia. En una supernova de consciencia, Gaia y sus hijos ascenderán en vestiduras de Luz, formando un luminoso cuerpo de Luz de Amor para renacer hacia las estrellas. El llamado mítico ha sido emitido. El gran desafío ha comenzado. Despierten, guerreros del arco iris, mensajeros del sol, seres luminosos de las Alianzas Galácticas, Federaciones y Concilios. Antiguos caminantes del cielo, formados nuevamente en este momento, permanezcan en la belleza y el poder del Amor de Gaia. Dejen de lado la desconfianza. Ustedes son niños divinos del Sol. Vayan donde vuestros corazones los lleven para compartir vuestros grandes dones. Entréguense a la magia de la Tierra. Recuerden que danzamos y cantamos aquí por el Único Corazón.”

Al terminar de leer esto, algo insólito me sucedió y jamás olvidaré ese momento. Mi corazón comenzó a brincar de alegría y felicidad y una extraña certeza se apoderó de mi... ¡Esto es! Éste es el mensaje que por fin encontré y que me dijeron que algún día tendría que dar. Lloré de felicidad y un silencio abrumador se adueño de todo el espacio a mi alrededor, en ese momento dentro de mi mente apareció un anciano maya muy sonriente que tiempo después bauticé con el nombre de Tata Juan (y eso que jamás había leído yo a Carlos Castañeda, pues como he dicho antes, no puedo presumir de ser un buen lector). Cada vez más frecuentemente ésta imagen venía y sigue viniendo a mi mente y me dice increíbles cosas que después leo y confirmo en libros de filosofía y teología de distintas religiones del mundo, con el tiempo descubrí que todos tenemos uno como él pero que nunca creemos en su voz. Yo le llamo “la voz del corazón” que te habla con un tono diferente que la voz de tu cerebro. Más adelante platicaremos de todo lo grandioso y maravilloso que tienes en ti, pero que siempre dudas tener y dudas mucho más de que exista, prefieres vivir con un inmenso miedo a todo y a todos ya que es a través del miedo que este sistema te controla y te limita. Pero como dicen los tibetanos: “El origen del miedo siempre será la ignorancia”. Y no quiere decir que seas un ignorante como persona, si no que ignoras muchas verdades. Sin embargo, todos tenemos grandeza interna, o como dirían los mayas: ‘In La kéch’ (¡Yo soy otro tú!).

A finales de 1994 y ya viviendo en Michoacán conocí a una simpatiquísima chica de nombre Lucero, esta mujercita acababa de enviudar y vivía sola en una pequeña, pero acogedora casa en un pueblo cercano a Pátzcuaro de nombre San Pedro Pareo. Nos hicimos buenos amigos y ella me ofreció quedarme en su casa algunos días, acepté y pasé dos semanas cocinando para ella y ayudándole a reparar partes de su casa, pero un buen día tuve que regresar a la Ciudad de México como por 3 o 4 semanas y durante ese tiempo me di cuenta de que la extrañaba y que empezaba a surgir en mi un sentimiento mas allá de la amistad. Cuando volví a Pátzcuaro era una tarde lluviosa y fría, iba caminando por la plaza del pueblo pensando en Lucero cuando de pronto apareció en una esquina... Al verla le grité: ¡Hola!... Ella brincó, me abrazó y me dijo que estaba en ese momento pensando en mi y que por favor aceptara quedarme una vez más en su casa. Acepté y ahí pasamos días y días hablando de todo y de nada, en todos esos días jamás hubo ninguna insinuación física ni nada por el estilo, simplemente un buen par de amigos que vivían felizmente juntos y que se pasaban todo el tiempo atendiéndose el uno al otro, ya que a fin de cuentas los dos veníamos saliendo de situaciones dolorosas de pérdida de nuestras parejas.

Fue meses más tarde que decidí tomar la iniciativa y proponerle a Lucero que viviéramos como pareja; ese día, al oír mi propuesta ella lloró y lloró y no me decía nada, hasta que por la tarde que salimos a caminar por el río me dijo: “¿Sabes qué? Creo que me tengo que alejar de ti para siempre”... Me quedé mudo y no entendí ni ‘jota’ del por qué de su reacción, así que le pedí que hablara más claramente y con honestidad conmigo. Le dije que no importaba, que fuera lo que fuera yo quería ser su pareja. Así que me miró a los ojos y me dijo: “No te culparé si en cuanto sepas esto sales corriendo de mi lado". Le contesté que se tratara de lo que se tratara no saldría corriendo... Así que tomó valor y me confesó: “Soy seropositivo”. En ese momento, yo entendía que ser "VIH positivo" indicaba tener SIDA y por ende estar enfermo y cercano a morir. Ignoraba que uno solo puede halar de enfermedad como tal (SIDA) solo cuando existen ya síntomas y signos de infecciones oportunistas, tumores y enfermedades metabólicas (esto es lo que se conoce como manifestaciones clínicas). Ahora, gracias a lo estudiado e investigado entiendo que, si no las hay y se es solo "VIH positivo" es mejor hablar simplemente de "seropositivo" lo cual no es sinónimo de enfermedad. En la actualidad, debe hacerse la diferencia clara entre seropositivo y enfermo de SIDA por el bien de la verdad y de la vida de muchos seres.

Ante la confesión de Lucero mi primera reacción fue decir: “¿Y? ¿Eso qué? A mi no me importa lo que tengas sino quién eres”, la abrace y le dije que el amor más bello del mundo es aquel que es incondicional y que sólo ese amor puede funcionar. Honestamente confieso desde el fondo de mi corazón que así lo pensé y que así lo pienso hasta el día de hoy y que si pudiera tomar de nuevo esa decisión de unirme a alguien con SIDA lo haría de nuevo porque el amor debe de poder vencer esas barreras y mucho más. Lucerito no podía creerlo, así que se abalanzó sobre mí y me beso, desde ese momento vivimos siempre juntos y lo que más cuidó siempre fue el que yo no sufriera daño alguno por su enfermedad y que no saliera afectado, en ese momento de nuestras vidas los dos creíamos en la versión oficial de que el SIDA era un virus asesino y por eso mismo tanto ella como yo suponíamos que nuestra relación seria algo así como de “alto riesgo”. Por desgracia para todos, lucero jamás se pudo enterar de que ella murió por un virus inexistente, lo más trágico de todo es que ella era una mujer llena de luz, como su nombre lo indicaba, fue vegetariana por muchos años y jamás ingirió drogas o alcohol, hacía ejercicio todos los días y vivió casi siempre en lugares tranquilos y apacibles, así que de ninguna manera le puedo “achacar” su muerte a agentes tóxicos o estresantes, ella murió debido al miedo mental, al apego y la falta de decisión.  Así que jamás se le podrá culpar a ella de cualquier cosa que a mí me llegara a pasar en un futuro ya que, como ahora se, y puedo constatar, el SIDA es una enfermedad tóxica y no un virus así que el posible “contagio” TAMPOCO EXISTE. Esta fue sin duda una prueba de amor que la vida me ponía y que honestamente estoy muy contento con la decisión que instintivamente tome en el río con mi Lucerito.

Para mayo de 1995 Lucero y yo salimos en nuestro primer viaje fuera de México, que duraría un año y sería por Suiza, India y Tailandia. Fue durante este primer viaje a la India en el que por primera vez llegué a Mc Leod Gang en el norte de la India, es ahí donde conocí y supe por vez primera de la existencia de los tibetanos y de Su Santidad el XIV Dalai Lama. Conocí su pueblo, su comida, su cultura y su gente; en aquella visita y sin saber por qué, me llamó mucho la atención un edificio que contiene las instalaciones del Instituto de Astromedicina “Men Tsee Khan”. Nunca me imaginé que mi vida renacería en el interior de aquel edificio y que ahí conocería al más maravilloso y amoroso maestro y doctor que alguien pueda imaginar, la reencarnación del buda de la salud en persona, el venerable Dr. Tenzin Pechok. Mi interés inicial en ese instituto se debió a que había comenzado a estudiar el calendario Maya y sus secretos, así que me dio curiosidad descubrir que los tibetanos tenían algo llamado el Kalachakra, o rueda del tiempo tibetano, y que tenía mucha similitud con lo que yo estaba estudiando sobre el Tzolkin o calendario solar Maya. Así que a través de este Instituto supe que los tibetanos manejaban la medicina y la astrología conjuntamente y que según ellos estas dos ciencias deben mantenerse unidas para que la medicina funcione mejor. Supe que el origen de la gran mayoría de las enfermedades se ubica en nuestras propias acciones, pensamientos, palabras y actitudes; se me mostró que para poder curar cualquier enfermedad hay que trabajar con astrología, medicina, meditación, mantras y un camino espiritual interno.

Así que creí que habíamos encontrado el remedio para la seropositividad de Lucerito, pero ella no acepto todas estas ideas y no quiso ponerse en manos de estos médicos pues tenia más ganas de viajar que de enfrentar la realidad de su seropositividad y de ella misma, ya que hasta este momento físicamente ella no presentaba ningún síntoma que diera cuenta de alguna enfermedad. Decidimos continuar nuestro viaje por India, duró ocho meses a bordo de una motocicleta “Einfield” de manufactura hindi y tecnología inglesa; en esos ocho meses conocí más de la pobreza y miseria humana que se pueda imaginar, pero a la vez el pueblo hindú me enseño la humildad, la espiritualidad, el desapego, la magia, la sencillez y el humor con que se debe vivir esta vida sin sufrir mucho. Todo esto me fue enseñado no en un Ashram, ni en un monasterio tibetano, mucho menos en un retiro de Osho o en las enseñanzas del adorable y respetado Sai Baba, no mis queridos, esto me fue enseñado en las calles de la India, en los pueblos, en las plazas, en los mercados y los templos; en las escalerillas de Varanasí, donde al caminar tres calles pasas de ver una boda con toda la alegría que ésta representa, a ver una pila enorme y monumental de madera que arde con varios cadáveres de personas que llegan ahí a morir, ya que así logran un lugar junto a Shiva... Acto seguido, vi a una cabra dando a luz en un rincón de este caos y por si fuera poco, en el río donde se tiran los cadáveres ya cremados, la gente se lava los dientes, se bañan y hasta hacen su te con ella; jamás pensarán que les hará daño en su salud, pues el agua de este río es “santa”, es agua  del Gánges o Ganga.

No recuerdo que día, o más bien qué noche, mientras dormíamos decidí darle una muestra de mi amor y confianza incondicional a Lucero, decidí que, desafiando al absurdo mito que se ha creado en torno al “sexo seguro”, que de paso les cuento, este es otro punto de la agenda comercial creada por toda esa gigantesca maraña de intereses comerciales, que han aprovechado la mentira VIH y la han unido con la falsedad de que “el virus del SIDA se transmite si tienes contacto sexual” para hundirte más en su miedo, para reprimirte y hacerte vivir angustiado por tus preferencias sexuales y para que su industria condonera gane un ‘montón’ de lana y por eso nos han atiborrado de condones que ha llevado mi capacidad de asombro a sus límites, ya hasta fluorescentes y de sabores han inventado los muy creativos... y ahora nos vienen con el cuento de que el  sexo es malo, y no nos cuentan que utilizar toda las bola de porquerías sociales y químicas que han inventado para “mejorar tus relaciones sexuales” como sus clubes de swingers, pornografía, cremas, píldoras, estimulantes afrodisíacos y demás son realmente los que te intoxican y te dan SIDA, en fin, que, sin tomar en cuenta todo esto, y entendiendo que en ese momento yo no era más que otra victima de esa bola de... en fin, Lucero y yo hicimos el amor sin ninguna protección. En mi interior, me entregue ciegamente a demostrar mi amor sabiendo bien lo que hacía y lo que esto significaba en el mundo en que vivimos, era casi una locura ya que según los medios de información corría el riesgo de contagiarme con un virus que hasta ese instante yo no sabia que en realidad no existe, pero para mi representó ese momento una gran prueba de amor incondicional de la cual nunca me he arrepentido y no creo que lo haré jamás, mucho menos podré culpar a Lucerito por haber adquirido SIDA, pues fue algo en mi karma pasado lo que me hizo desarrollarlo, esto aunado a la gran cantidad de alcohol, mota, coca, pastas y demás cosas que ingería, como dirían en México, “era yo un METODISTA” me metía de todo. Éstos, y otros tipos de tóxicos que durante tantos años utilice, eso fue lo que me “contagio”, como dirían los médicos que afirman que el virus existe, pero no su cuerpo y mucho menos nuestra relación. Ahora, seis años después, le agradezco el “supuesto contagio”, que, aunque no existió, gracias a él yo pude transformar mi vida y la de otros, pude purificar mi mente y mi cuerpo, pude ser mejor ser humano y pude “curarme” de una aparente enfermedad terminal.

Creo que esta frase es de Su Santidad el Dalai Lama: “Después de que pase tu peor tragedia, con el tiempo entenderás que tal vez ha sido tu mayor bendición”. O esta otra, que no recuerdo donde leí: “Las enfermedades son grandiosas oportunidades que nos da la vida para cambiar y ser mejores”.  Así que, sabiendo ya la historia, les haré notar que desde el accidente en Morelia hasta la fecha, todo lo que he vivido, incluso la muerte de Lucero, todos y cada uno de estos eventos han sido grandes enseñanzas en mi vida y curiosamente el budismo tibetano contempla y enseña, entre algunas de ellas: La “impermanencia”, el hecho de que nada es para siempre y todo cambia constantemente; y, “el desapego”, ya que has entendido que todo cambia constantemente y que todo es inpermanente, comprenderás que es inútil querer que nada cambie. Tienes que aprender que cuando te quiten “tus cosas” no debes sufrir por ellas, es decir, tienes que aprender a tenerlo todo sin ser dueño de nada.

La salud de mi Lucerito empeoró después del año de 1998, la cándida en su boca y garganta, las constantes diarreas, la perdida de peso y el cansancio constante eran ya obvias, pero, aún cuando tuvo a su lado al mismo doctor que a mí me ayudó, ¿saben cuál fue la razón para que ella no consiguiera salir adelante? Ella era una lindísima mujer que nació en una familia muy muy humilde, con los años se casó con un suizo que la llevó a su país a vivir y como todos los suizos este joven tenía un montón de dinero, Al morir, le heredó una muy buena cantidad de francos suizos, que fueron los que finalmente le costaron la vida a mi Lucerito, pues le daba pánico el perder “la estabilidad” que su dinero le proporcionaba y se la pasaba constantemente preocupada por los gastos para seguir pagando nuestra estancia en la India. En vez de que ella fuera la dueña del dinero, el dinero se adueñó de ella; aunque sabía que se encontraba en una situación de vida o muerte no pudo gastarse una parte en recuperarse, tampoco pudo gastárselo en viajar y recorrer el mundo cuando gozaba de plena salud. En una ocasión hasta me llegó a decir que me había unido a ella para hacer mi vida más fácil o para quedarme con su herencia (sic)... Que dios la perdone por haber pensado eso de mí... Pero en fin, la “verdadera” historia con Lucero fue así.

Recuerdo bien que un día, ella se quejaba de su enfermedad con una ancianita que vivía en la casa de al lado en el pueblo donde vivíamos, San Pedro. La viejita jamás había ido a la escuela y no sabia ni leer, ni escribir, pero le dijo las palabras más sabias que jamás hubiera imaginado: “Todas las enfermedades que a uno le llegan son las ideas doña Lucero, las ideas nos matan o nos curan”. Sólo un ser iluminado por sus 70 años de vivir sin una vida mecánica y en convivencia diaria con la naturaleza puede enseñarnos esto sin haber leído nunca a Buda. Si, nosotros somos más ignorantes que la gente humilde del campo, que los indígenas del mundo y que los ancianos que tanto despreciamos. Creemos que sabemos casi todo gracias a nuestra ciencia y tecnología, pero esto no ha podido contestarnos ¿para qué es la vida, para qué estamos aquí? Curiosamente, los tres grupos de gentes arriba mencionados sí saben esa respuesta, y ustedes también, pues está dentro de sus corazones. Pero no vamos a conocer las respuestas mientras continuemos viviendo bajo las ideas “comunes” que este sistema nos impone: “Primero yo y luego los demás”, “el chiste es hacerla, es la lana”, “lo que tienes es lo que vales”... Y cosas así o por el estilo. Mientras ocupes tu vida, cuerpo, mente, tiempo y trabajo dentro de este sistema que se alimenta de las vidas de todos nosotros y que destruye todo en la naturaleza con el fin de mantenerse en pie a costa de todo y de todos, mientras vivas así de dormido, no podrás recordar la verdad de para qué estás aquí, ni podrás tampoco curarte de una enfermedad, la que sea, y digo cualquiera, desde un simple resfrío hasta una terminal.

Buda decía: “NO CREAS EN NADA NI EN NADIE, NI SIQUIERA EN LO QUE YO HE DICHO, BUSCA DENTRO DE TI”.

Según dice la medicina oriental antigua, una molécula de antimateria se localiza en la parte izquierda de nuestro corazón, en esa molécula se encuentra almacenada toda la historia desde el origen del cosmos hasta la época actual, creo que le llaman “registros akashicos”. Así que todos sabemos todo pero no recordamos nada... ¿Se imaginan descubrir la verdad de por qué se construyeron las pirámides de Egipto? ¿Oírlo de sus propios constructores?... Pero seguiremos sin recordar hasta que no cambiemos.

Gracias a mis vivencias con el “SIDA”  encontré todo lo que relataré de aquí en adelante, muchos datos no han salido de ningún libro, sino de mi maestro interno –con quien si me puedo dar por más que agradecido–, así que declaro que en lo que sigue, podría estar equivocado, aunque mi corazón sabe que  no.
 

V. Emociones mezcladas

Para el tiempo de la muerte de Lucero, ya había estado estudiando a los mayas y su singular manera de concebir el tiempo, el espacio y los ciclos calendarios. Según ellos, vivimos en la actualidad un desfase armónico debido principalmente al tipo de calendario que regula nuestras vidas y la mecanicidad  que nos ha generado el vivir “siempre a tiempo”. Los mayas dicen: ”El tiempo es esférico, no lineal”. Es decir que el ayer, hoy y mañana se encuentran entrelazados y que cada evento del presente tiene sus raíces en el pasado y sus efectos en el futuro en el mismo instante que están pasando... ¿Ley del karma?
Fue por ahí del año de 1996, cuando un amigo de mi hermano Adán me regaló un juego que según él me gustaría mucho estudiar, pues tenía que ver con el calendario maya, el nombre de este singular juego: ”Encantamiento del Sueño” o “Dreamspell” en inglés.

Este, resultó no ser en realidad un juego, sino algo muy serio que transformaría mi vida y mi trabajo. Así como todo lo que me rodeaba y el sentido de las cosas para mí. El “Encantamiento del Sueño” es la reproducción de un calendario solar maya o “Tzolkin”, rescatado del olvido por el pintor e investigador José Argüelles, quien después de 33 años de investigaciones y sabias deducciones pudo descifrar para qué sirve y servía uno de los calendarios antiguos de los mayas. Por desgracia, parece que el tamaño de su descubrimiento deslumbró tanto a todos que hasta él enloqueció, e incluso, él mismo se decretó “descubridor de las leyes del tiempo”... ¡Uf! ¡Por Dios!... ¿Y qué cree este señor que enseñó Buda a los tibetanos después de iluminarse en Bodghaya, India hace 2,500 años? ¡El Kalacharkra! ¡La rueda del tiempo tibetano!

Una vez que recibí este calendario, me dediqué más a fondo a buscar información sobre los mayas y por fortuna conocía a Marta Zertuche, una amiga del pueblito donde vivía en Michoacán que resultó ser mi maestra en el uso del calendario maya. Gracias a ella y al estudio por mi cuenta de este pueblo, sus profecías, cosmogonía, y a la búsqueda de los escasísimos y mutilados documentos que sobrevivieron a la mano española, pude ir poco a poco entendiendo que todo lo que se dice de los mayas en los libros de primaria y en nuestra educación básica estaba equivocado. No eran pueblos indígenas atrasados, ni salvajes que realizaban sacrificios, pero ¿qué iban a reportar los españoles que llegaron a México frente a la corona española? Claro que tenían que decir que habían encontrado una serie de salvajes ignorantes, porque sino, la conquista no tendría justificación. Lo que encontraron los españoles que arribaron a México fue una civilización tan avanzada y pacifista que les dio miedo y prefirieron destruirla que aprender de ella ¿se imaginan la cara de Cortés cuando vio el mercado de México- Tenochtitlán?... ¡Bueno! En Europa no existía uno así.

Con toda esta información bajo el brazo decidí realizar una serie de viajes a la zona maya y lo único que conseguí fue quedar aún más deslumbrado de lo que estaba por las maravillas creadas por ellos: Palenque, Tulúm, Chichen-Itza. Sitios increíbles y bellos como nada en el mundo. Así fue como me enteré poco a poco lo que me parece el mayor logro del pueblo y la cultura maya: ”El manejo del tiempo” –el poder viajar en el tiempo, el espacio y las dimensiones–. Pero, como no me gusta ser ni mayista, ni budista, ni partidista de algo, empecé a buscar en otras culturas antiguas: Los mayas, los Incas, los Hopi, Aztecas, Egipcios y Tibetanos y... ¿Saben qué? El resultado fue asombroso. Todas tenían el culto al sol, todas tenían por lo menos un calendario solar y uno lunar, la historia sobre el origen de la vida es más o menos la misma, sus profecías son casi idénticas, todas fueron invadidas, se dispersaron, ocultaron su conocimiento y más de una construyó cosas que en la actualidad ni con nuestra más avanzada tecnología podemos reproducir. Es decir, que el hombre moderno sigue sin poder siquiera entender su pasado antiguo. Quienes sigan creyendo que las culturas de la antigüedad eran una ‘bola’ de pueblos primitivos, atrasados e ignorantes, que se dé una vueltecita por Palenque, Teotihuacan, Machupicchu o Egipto, nada más para ver de qué tamaño es nuestra ignorancia sobre el pasado y lo importante que resulta dedicarnos ahora a redescubrir la verdad que por alguna buena razón se nos ha ocultado por tanto tiempo.

Después de estudiar todo esto fue más que claro que todas ellas tenían puntos en común con el pueblo tibetano, pero con la ventaja de que todo el conocimiento y sabiduría tibetanos se encuentran intactos en Dharamsala, India.
Así que cuando tuve que viajar a India de nuevo para llevar a Lucero a intentar reponerse físicamente con medicina tibetana, lo primero que metí a mi mochila fue el “Encantamiento del Sueño”. Mi objetivo inicial era el de podérselo mostrar al personal del Instituto de Astromedicina “Men Tsee Khan” que pertenece al gobierno tibetano en exilio en Dharamsala. Les juro que jamás imaginé el desenlace que tendría toda esta historia, pero fue más allá de cualquier idea que pudiera haber tenido.

En enero de 1999 salimos con Lucero de México en un segundo viaje buscando la ayuda del Instituto “Men Tsee Khan”, lo malo era que Lucerito se había tardado casi un año en tomar la decisión de realizar este viaje únicamente porque le iba a costar unos cinco mil dólares, cuando debía tener unos cien mil en el banco. Desde que salimos de México ella iba en una silla de ruedas, pues ya se encontraba muy débil. En cuanto llegamos a Dharamsala y sin siquiera haber desempacado, salí a la calle a dar una vuelta para saludar a viejos amigos y readaptarme a tan hermoso lugar; al llegar a una de las calles principales, la primer persona conocida que me encontré fue Josefina, una chica española que dos años atrás habíamos conocido y se había ordenado como monja budista. En cuanto me vio, corrió hacia mi y me saludo muy afectuosamente y sin más comenzó a contarme:
- Carlos, qué bueno que estas aquí. No cabe duda de que el cielo te mandó, fíjate que esta mañana durante mi meditación pedí que me mandaran a alguien que me pudiera traducir bien del inglés al español ya que tengo una audiencia privada con Su Santidad el Dalai Lama y como yo no hablo bien ni el tibetano ni el inglés, necesito que vengas conmigo para que hagas la traducción simultánea ¿quieres?
- ¿Qué? –respondí impactado– ¿Quieres decir que si te acompaño a visitar a...  a...?
- ¡Si! ¡Si! Con el Dalai Lama, pero tiene que ser ahora mismo porque la audiencia dará comienzo en 45 minutos ¿qué dices?
- Claro que sí, pero ¿podría llevar conmigo un calendario maya que traje y que me gustaría mostrar a Su Santidad?
- Pues no sé si nos dejarán hacer eso, pero tú tráelo corriendo y ya veremos qué pasa.
No podía creerlo... y cada vez que lo recuerdo sigo sin creerlo. En menos de dos horas de haber llegado a Dharamsala ya me encontraba en la oficina de recepción de la residencia de Su Santidad el XIV Dalai Lama. Me pidieron mi  pasaporte y revisaron hasta el cansancio la cajita del calendario maya para asegurarse de que no representaba ningún peligro para la seguridad de Su Santidad. En un abrir y cerrar de ojos nos pasaron al salón que se encuentra a la entrada de la oficina donde recibe visitas Su Santidad; yo no podía salir de mi asombro y mi felicidad no dejaba de crecer a cada segundo, cuando de pronto se abrió la puerta del salón y entraron primero dos jóvenes tibetanos vestidos de traje, luego el secretario de Su Santidad que nos saludó y nos dijo que sólo tendríamos unos minutos. Josefina le explicó que yo traduciría la entrevista y que quería presentarle rápidamente algo que traía desde México... Nos sonrió amablemente y volteó a la puerta para señalarnos que podíamos pasar al privado, que Su Santidad nos alcanzaría en un minuto.

Pasamos a una pequeñísima habitación pensando que no habría nadie y al levantar la mirada y ver dentro, ahí estaba: Tentzin Gyatzo, Su Santidad el Dalai Lama. Todo ese amor, toda esa grandeza de corazón y una energía indescriptible que emanaba de él te entra por los poros y te hace llorar de emoción, es como estar mil veces entre los brazos de tu madre cuando eras solo un recién nacido. De inmediato Josefina y yo nos íbamos a arrodillar, pero Su Santidad no nos lo permitió y con una sonrisa nos invitó a pasar a sentarnos. Mi corazón comenzó a latir rápidamente, el solo mirar a su santidad me hacia temblar y se seguía percibiendo una amorosa y pacificadora energía que lo llenaba todo, no me quedó más que comenzar a llorar como niño chiquito de la alegría; sequé mis lágrimas y me senté. Josefina estaba igual de nerviosa que yo, así que decidí comenzar por presentarme en inglés a Su Santidad y explicarle el motivo de la solicitud que había hecho ella para la audiencia –toda la información con relación al motivo de la visita ya me había sido explicado por Josefina antes de entrar a la audiencia–. Su Santidad respondió a todas las preguntas que le hacía sobre su opinión para abrir un centro de meditación tibetana en España y le dio varios sabios consejos. Así que en menos de diez minutos Josefina había terminado ya de tratar su asunto con Su Santidad, y fue entonces cuando se me dio la oportunidad de preguntar si me permitía mostrarle algo que había traído desde México.
- ¡Ah! ¿Mexicano? –me preguntó–.
- Si, Su Santidad, soy mexicano –respondí–.
- Y ¿qué me quieres mostrar?
- Mire, está dentro de esta caja.
El aceptó con una enorme sonrisa, tomó la caja en sus manos y como niño curioso empezó a sacar las piezas; al parecer no comprendía bien de qué se trataba y de nuevo comenzó a guardar todo. En ese momento salté como de un resorte y tomándole la mano le mostré que dentro de una funda de cartón se encontraba lo que se llama la rueda del calendario maya o “brújula del tiempo”, en cuanto observó su forma circular y los colores de la misma Su Santidad lo comprendió todo y exclamó: ¡Mayan Kalachakra!. Sí –le dije–. Con una sonrisa me contestó en su perfecto inglés británico y con esa dulzura y suavidad que sólo su voz tiene: “Qué bueno que ya existen nuevos y más ligeros materiales, así no tuviste que traer cargando desde México unas piedrototas ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!... Acto seguido guardó todo y puso sus manos sobre la caja, se inclinó sobre ella hasta poner su frente sobre la misma, hizo una oración y volteó a verme diciendo:
- ¿Sabes lo que es esto?
- Más o menos –contesté–.
- Cuando tú llegaste a ésta oficina, esto era un calendario sagrado maya, ahora es sagrado maya y santo tibetano.
Yo no lo podía creer, y en medio de mi nerviosismo pregunté si se parecía al Kalachakra. Me dijo que los colores utilizados por los dos son los mismos y que las posiciones cardinales (este-rojo, norte-blanco, oeste-negro o azul y sur-amarillo) no son iguales, pero se parecen y Su Santidad me afirmó que él era un asiduo practicante de Kalachakra. Me atreví a comentarle sobre los datos que había logrado obtener de mi investigación sobre diversas culturas de la antigüedad y las impresionantes “coincidencias” que todas tienen. Le comenté sobre una serie de dudas que tenía y pregunté si acaso me permitiría planteárselas. Una vez más, una luz destello de su sonrisa y asintió con la cabeza, se echó hacia atrás sobre su sillón como diciendo ‘dispara’ y me puso atención (hay que recordar que una de las pasiones de los tibetanos es el debate). Si no recuerdo mal, mi primer pregunta fue ¿por qué varias culturas antiguas se parecen tanto en cuanto a sus hechos históricos, desarrollo, filosofía, religión, profecías y demás, por qué todas fueron invadidas y se dispersaron o desaparecieron “misteriosamente”? Aunque muchas de ellas crearon y construyeron increíbles obras que ni en la actualidad sabemos cómo. El Popol Vhu, El Corán y la Biblia se parecen muchísimo y las profecías de todos son más o menos las mismas, todas tenían dos calendarios (Solar y Lunar) y el culto al sol (Rá, Taita Inti, Surya, Helios, etcétera). Su Santidad pensó por unos segundos y me respondió: “El arroz es el mismo acá en la India que allá en México, sólo nos enseñaron a cocinarlo diferente y que cada quien se coma la receta que más le guste... ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!”.
Analicé su respuesta y entendí de inmediato lo que me quería decir, pero me atreví a abrir de nuevo la bocota que dios me dio y pregunté ¿y quién repartió el arroz? Su santidad me miró como asombrado por la pregunta, soltó de nuevo una enorme carcajada, me vio y juntó sus manos mirando al cielo y sólo sonrió. Con ese gesto creo que de nuevo entendí a qué se refería.

Le conté además la situación sobre la salud y el estado físico en el que se encontraba Lucero y poniéndome mucha atención, metió su mano en una bolsita y me dio tres cajitas de plástico que contenían unas esferitas que los tibetanos llaman “rinchen manjor” (‘precious pills’ como se les conocen en inglés), eran para Lucerito. Además, nos ofreció la ayuda de los médicos del Instituto “Men Tsee Khan”. A partir de ese día nos llegaban a nuestra habitación del “Loseling Guest House” botellas de agua bendecida por Su Santidad para que Lucero las bebiera; además, una gran cantidad de personas que iba conociendo por mi trabajo con el calendario maya la visitaban constantemente. Ese mismo día de la audiencia con Su Santidad, mandó vía telefónica a un monasterio del sur de la India el nombre completo de Lucero, y su lugar y fecha de nacimiento para que con estos datos se le realizara un estudio astrológico en el que se sabría quién sería su médico y las razones de su desorden físico. El estudio astrológico aclaró que el origen estaba en su actitud. Parecía que Lucerito tenía todo para salir adelante y recuperar su vida, pero no pudo desapegarse a su dinero y cambiar varias de sus actitudes autodestructivas, así como sus acciones y palabras. Jamás lo pudo aceptar, ni entender y fui testigo de todos los esfuerzos del Dr. Pechok por hacerla entrar en razón, pero ella simplemente no dejaba de pensar en cuánto le estaba costando todo esto, eso la mantenía constantemente preocupada y tensa, digámoslo mas claro, toxicidad mental al máximo grado, ya que esta tensión aunada al miedo que genera un estado físico tan deteriorado y la evidente cercanía de la muerte, hacen que el cuerpo y la mente no reaccionen más, y así que irremediablemente me tocó ver cómo alguien llena de luz y de vida se fue secando lentamente, es horrible y demoledor. Esto me enseñó que ni teniendo al médico del Dalai Lama te puedes curar, si tú mismo no realizas el enorme esfuerzo y cambio de vida que se necesita. Si realmente quieres vencer un reto como el SIDA, lee estas paginas ya que sobre ese gran cambio que necesitamos hacer todos, trata parte de este libro y de cómo realizarlo, así que intentaré explicarlo lo más claramente posible en los ocho próximos capítulos.
Sí se pueden curar el SIDA y el cáncer, yo lo sé, lo viví y me consta. Tu recuperación tiene una parte que es muy fácil y una muy difícil; la fácil es que para sanarte sólo tienes que cambiar tu actitud y vencer el miedo que los medios de comunicación nos han creado. Por supuesto que es tu mente la que te hace pedazos basada en lo que desde bebé has visto y lo que los medios te han enseñado. Sin duda, como leí por ahí algún día: El miedo es el verdadero asesino.

Pero la parte difícil es que te puedas desapegar de todas tus cosas sin limites, aprender a no reaccionar automáticamente sin razonar cuando se te presentan personas que te humillan, te insultan o te agreden, tienes que aprender que el ayer es historia, que el mañana es ficción y que por ende lo importante es vivir hoy y solamente el hoy. Tienes que aprender a jamás desperdiciar un minuto de tu vida y de tu energía en hacer daño o pensar mal de los demás; reprogramar tu mente y redireccionar tu vida, eso es lo que se necesita, solo esto... ¡Ah! Y mucho amor a todos y a todo. Entiende que todo lo que pienses, digas y cómo actúes después, es lo que genera eso que llamas “realidad”, no lo que diga el resultado de un análisis clínico de un laboratorio. Es tu mente lo que te mata o te sana, pero aunque tengas una mente y actitud positivas, si no cambias tus acciones y eliminas tus odios, rencores, deseos, culpas, miedos, ansias y creencias. Si no haces nacer en ti la autoseguridad de que sí puedes vencer a ese ego que no te deja ser mejor y superarte, simplemente no sucederá y morirás como todos esos enfermos que no logran curarse y que se convierten en estadística por no tener la humildad suficiente para autoperdonarse, autoaceptarse, reconocer sus errores y así poder cambiar, o en muchos de los casos por no saber que en realidad lo que los está matando es un invento culpa de los médicos que “descubrieron el virus del sida”.

En una ocasión le pregunte a mi doctor tibetano si la fe sirve de algo en el proceso de curación, y él contestó: “¿La fe? La fe no sirve para nada, la fe es como un deseo, lo que ayuda es la convicción y seguridad que te da la sabiduría, y sobre todo decretar las cosas, es muy importante decretar las cosas, ese decreto tiene que surgir desde el fondo de tu corazón.

Pero resulta que es “normal” entre nosotros lo humanos que nos la pasemos minimizándonos y haciéndonos menos día y noche, y por si esto fuera poco, siempre estamos negando que en realidad poseemos en nuestro interior un inimaginable poder creador. Esto hay que entenderlo así, ya que nadie puede curarnos de lo que nosotros nos hemos causado, no existe pastilla o medicamento alguno que pueda eliminar todo el karma negativo que nuestras mentes, palabras y acciones han creado en el pasado. Al final de este libro contaré un secreto que mi médico tibetano me enseñó y que confirmará lo que aquí digo. Por lo demás, el 4 de abril de 1999 murió Lucerito en Delhi. Me dejó con un gran dolor y en medio de un país difícil y extraño, y como todo buen extranjero, sin saber qué hacer en un caso similar. Pero gracias a la señorita Rani Jethmalani, a su padre y a su equipo de trabajo, todo se resolvió, me ayudaron con todos y cada uno de los trámites necesarios en caso de muerte de un extranjero en la India. A Lucero se le organizó una sencilla pero lindísima ceremonia de cremación. Desde su fallecimiento y a lo largo de las primeras veinte horas jamás lloré, pero en el momento de su ceremonia de cremación justo cuando llegó el momento de encender el fuego que consumirían sus restos, se acercó a mi el hombre santo quien dirigía la ceremonia con un montón de pajas encendidas y me hizo la señal de que debía de ser yo quien iniciara el fuego que se llevaría el cadáver de mi mujercita... en ese instante me solté llorando como loco y acto seguido encendí la flama que devoró sus restos.

Cuando volví a la ciudad de México estaba solo, triste, cansado y con rabia por no haber conseguido recuperar la salud de Lucero. Lo único que traía conmigo eran los recuerdos de mi audiencia con Su Santidad el Dalai Lama, la amistad con Rani y la gente tan interesante y amable que ella me presentó en India. Y sobre todo me traje de ese viaje los maravillosos doce días de enseñanzas que S.S. impartió en marzo de 1999, curiosamente esas enseñanzas se trataron sobre dos temas principales, el “desapego” y “la impermanencia”. ¿Qué son estos dos conceptos? De manera básica y sencilla en términos de budismo tibetano la impermanencia es la ley natural que no permite que nada en el tiempo y espacio se mantenga sin transformación, evolución o cambio alguno; en la naturaleza y el cosmos todo está siempre en constante cambio, por esto es absurdo que el hombre actual trate siempre de mantener una “vida estable” y más absurdo resulta aún que dicha estabilidad la quiera basar en lo grueso de su cuenta de banco o en sus pertenencias materiales, no en lo que él es como persona. Su Santidad dice: “El hombre actual se la pasa tan preocupado por tener un futuro estable que no disfruta su presente y quién sabe si llegue vivo a ese futuro”. Para tener un futuro estable sólo hay que entender una simple ley kármica: “Todo lo que vives hoy es el resultado de tus acciones pasadas”, así que ¿qué te preocupa el futuro?. “Si hoy actúas bien, piensas bien, hablas bien y procuras que todos los seres vivan en felicidad, mañana estarás bien”. Y recuerda siempre, como dice Sogyal Rimpoche, gran maestro tibetano: “Dar vida alargará tu vida, quitar vida disminuirá la tuya” por eso no se debe matar ni a un insecto, según la tradición tibetana. El desapego es aún más simple, pero básico para vivir sin sufrimientos, el desapego es ser capaces de “tenerlo todo sin ser los dueños de nada”, poder tener dinero y bienes y que no nos preocupe en lo mas mínimo si llegamos a perderlos o que la calificación que le demos al valor de nuestra vida no se base en los montos de lo obtenido, si no en el monto de lo cedido a otros; en base a la humildad se llega a la riqueza humana, la riqueza del corazón, la fuente inagotable de felicidad y paz... El amor.

Una vez que has entendido la impermanencia, entenderás que es inútil quererse apegar a las cosas o a las personas ya que por ley natural todo cambia. El hecho de poder perder hasta a seres queridos sin sufrir, no significa que debemos ‘montarnos’ en una frialdad sentimental estéril y seria, o cerrar nuestro corazón a los sentimientos, se trata simplemente de entender que nada es nuestro en realidad, que todo lo material no son más que “utensilios” y que no pueden ser el soporte de nuestra persona. Es decir, que si tengo fortuna o no, eso no debe afectar mis cimientos como persona, ya que cada uno somos lo que nuestra mente, corazón, manos y cerebro pueden crear, no lo que poseemos. Si mañana te quitaran todas tus posesiones ¿qué quedaría de ti? Yo aprendí en mi experiencia en Vallarta que el perderlo todo no significa nada, que el fin de algo es en sí el comienzo de algo nuevo.

Creo que haber estado en las enseñanzas que justamente explicaban estos dos temas, me preparó para poder soportar el hecho de que el día que regresé a mi casa en Pátzcuaro –a la que de por sí llegaba sin mi mujercita– al abrir la puerta me doy cuenta de que la familia de Lucero había vaciado la casa, se habían llevado todo... Y me refiero a todo. Mi primer reacción fue pensar en demandarlos, la segunda, “no eres bienvenido ni en tu casa”, el tercer pensamiento fue la voz del Dalai Lama diciendo: “Desapego e impermanencia, a ver si aprendiste algo”. ¡Examen final! A ver si lo pasas...

¿Saben qué pensé después de reflexionar?: “Vaya, ahora tengo menos cosas que cargar, el día que me quiera cambiar de casa no necesitaré mudanza ni pagarle a nadie, ahora todo es más sencillo”. Así que sin duda la vida nos va poniendo a todos ante situaciones difíciles para enseñarnos “en vivo” lo que son las enseñanzas más profundas del budismo tibetano. Pero ¿cuántos nos damos cuenta? ¿Cómo reaccionamos normalmente? ¿Pasaríamos el examen?

Una de las enseñanzas de Buda que más me impactó cuando la conocí fue la que dice que “La base de todo el sufrimiento es el deseo” y después de analizar mi pasado les puedo decir que esto es muy cierto. Esta sociedad de consumo se la pasa ofreciéndote una felicidad basada en la compra de sus productos y te educa y programa para que ciegamente y sin cuestionar te dediques a “desear” todo lo que supuestamente te hará feliz, pero una vez que consigas todo lo que según tú te hará más feliz en tu vida, dos cosas pasan: Primero, al adquirir todos esos objetos materiales costosos y pagados con pedacitos de tu vida que dejas en una oficina o una fábrica, lo único que logras es apegarte más a “tus cosas” y en caso de perderlas te dolerá mucho más; además, para poderlas mantener funcionando se requiere de mantenimiento, refacciones, pagar impuestos, un seguro... o pagarás una renta mensual por su servicio y todos estos gastos sólo te crean más responsabilidades, cargas económicas y presiones mentales. Por si fuera poco, te encadenas más a tu escritorio de trabajo ya que tienes que ganar más para poder mantener este absurdo “mejor nivel de vida”. En segundo término, lo que sucede es que ni eres feliz realmente, ni tienes paz en tu vida, ni disfrutas el ver crecer a tus hijos, ni habrás visto jamás el sentido real de la vida en este planeta y para qué nos crearon. Morirás insípidamente sin haber logrado algún avance “real” en tu evolución como ser humano y hasta morirás ignorando qué gran bendición representa el ser encarnado como humano; piensa, sobre todo, que no te llevarás nada de lo obtenido cuando llegue tu muerte. Si aprendieras toda la asombrosa sabiduría que el budismo tibetano enseña, te darías cuenta de que eso si te lo llevas incluso hasta futuras reencarnaciones, y lo más importante, toda esa sabiduría tibetana es básica al momento de morir.
 

VI. La puerta del sol

Desde mi regreso a México entré en una larga etapa de depresión que no fue fácil sobrellevar, regresar a casa sin mi mujer en realidad resultó insoportable, la casa entera estaba llena de sus risas y recuerdos, de momentos de mucho amor y de alegrías compartidas, así que decidí tomar el poco dinero que me quedaba y dedicarme a seguir viajando. Tomé mi auto y unas cuántas cosas y para comenzar decidí pasar unos días en las soleadas playas de Vallarta, era como un acto que tenía que realizar para cerrar un ciclo del pasado, vencer el miedo de regresar a ese puerto donde tantas cosas me sucedieron. En realidad me la pasé muy bien, de reventón en reventón y no muy sanamente que digamos, así que después de un mes de este ritmito de vida me dirigí a la Ciudad de México a conseguir un boleto para viajar al Perú. Tenía ganas de visitar a una amiga que conocí en la India, Marta Vázquez Sotomayor, esta mujer y mi curiosidad por ver Machupicchu fueron los motivos para escoger el Perú como siguiente destino y nunca imaginé la cantidad de sorpresas que este país me tenía reservadas.

Para octubre de 1999 me encontraba aterrizando en Lima, capital del Perú, el centro de esta ciudad me recordó muchísimo al de la Ciudad de México, me pasé unos cuantos días recorriendo los museos y visitando a la familia de mi amiga Marta. Pero como Lima no tiene mucho más que enseñar, tomé el vuelo de Lan Chile a la maravillosa y mágica ciudad de Cuzco a más de tres mil metros de altura sobre el nivel del mar, el vuelo toma sólo 50 minutos y como Lima esta a nivel del mar, ya se pueden imaginar lo que siente el cuerpo cuando lo suben a esa altura en tan poco tiempo. Al abrirse la puerta del avión, el impacto sobre los oídos y los pulmones es más que evidente, traté de jalar aire varias veces y recordé lo que algún día me enseñó un amigo alpinista, que cuando llegues a un lugar así, no te muevas mucho y cada movimiento que hagas sea muy despacio para consumir el menor oxígeno posible. Así que comencé a caminar lentamente fuera del avión y pasé a recoger mi mochila; fui hacia la calle ‘en cámara lenta’ y tomé el taxi que me llevaría a un lugar llamado “El Grial”, una casa de huéspedes que me habían recomendado unos amigos del Hotel España en Lima. En cuanto llegué, como a las 6:30 de la mañana, toqué a la puerta y fui recibido por un amabilísimo joven peruano de nombre Fernando Chaparro, era el dueño de la casa. De inmediato me dio una sencillísima pero agradable habitación y lo primero que hizo fue darme un mate-coca para que el cuerpo levantara la presión y me acostumbrara a la altura; me sugirió que por ese día no tratara de caminar mucho y que me la llevara despacio, ya que mucha gente había sufrido serios desajustes por el cambio de altura.
Me fui a dormir y a tratar de recuperarme de la desmañanada que significó salir de Lima en el vuelo de las 5:00 a.m., porque déjenme decirles que en Perú hay que llegar al aeropuerto tres horas antes de la salida del vuelo, aunque éste sea nacional. Cuando desperté me sentía muchísimo mejor y con un hambre ‘de los mil demonios’, me sentía como “viajando”, como que todo se movía y parecía irreal. Fernando ya tenía el desayuno listo y amablemente, por ser recién llegado, me invitó de lo suyo y de su familia, comencé a platicar y salió a relucir el tema de los tibetanos. Curiosamente, Fernando comenzó a reír cuando me dijo que en la habitación en la que ahora yo me estaba quedando, se acababan de hospedar un par de monjes tibetanos que habían estado algunos días en Cuzco y que le habían dicho que alguien venido de donde ellos, ocuparía pronto esa habitación.

¡Qué manera de comenzar mi aventura por Cuzco! Aún no había salido ni a la calle y las “coincidencias” comenzaban a pasarme. Terminamos el desayuno con mi anfitrión y le dije que saldría por lo menos a conocer el centro de Cuzco, él, gentil como siempre, me dio las indicaciones necesarias para encontrar la plaza principal. Mi primer contacto con las calles cuzqueñas fue más que mágico, en el aire se respira la antigüedad de su historia y la energía de la cultura Inca que parece salida de un cuento... Al llegar a la plaza principal, o Plaza de Armas, me quedé encantado con el pueblito, muy parecido a algunos que hay en México, pero con la cordillera de los Andes como fondo, con un clima entre cálido y frío y en constante cambio. Pero lo más notable a primera vista, es la gran cantidad de mujeres hermosas que hay en Cuzco, yo no sé si sea el agua con que las bañan o la comida del lugar pero en realidad el 80% de ellas son más que hermosas.

Al ir caminando por la plaza un muy mal humorado joven peruano de vestimenta y rasgos incaicos se quejaba porque la policía acababa de quitarlo a él y a sus hermanos de una esquina donde estaban tocando música peruana. Al pasar a su lado, sacaba un cigarro de mi bolsillo, cuando de pronto volteó y me dijo: “¿Me regalas uno de tus cigarrillos, pata?”. Mi reacción natural fue voltear y decirle: “No son mis cigarros, son los cigarros. Toma, uno para ti y uno más para tu oreja, ya que nunca sobran”. Le puse un cigarro en la boca y otro en la oreja izquierda, él sonrió y me preguntó de dónde provenía. De México –respondí–. ¡Ah Mexicano! –sonrío–. Y me dijo: “Ven acá mano”. A partir de este “casual” encuentro, mi querido “Chimbombo”, de quien sólo sé que se llama así, se convertiría en mi guía, amigo y hermano peruano que no olvido nunca. Curiosamente, según el calendario maya, el día que llegué a Cuzco fue un día “uno caminante del cielo”  y qué sorpresa nos llevaríamos Chimbombo y yo el día que, al final de este viaje al Perú le hiciera su carta astral, donde resultó que su signo era justamente ese: “uno caminante del cielo”.

Él me llevó a recorrer el valle sagrado, Sansahuamán, Aguas Calientes y finalmente Machupicchu, me platicó sobre la palabra de los “Taitas” o abuelos y me enseñó el significado andino del cóndor, el puma y el ápu o montaña; la importancia de mantener vivo el amor a la “jaita” o tierra donde naces, así como el poder y significado de la “Pachamama” o madre tierra, el respeto al conocimiento de los ancianos y su linaje y un profundo respeto a nuestro origen ancestral indígena Americano. Antes de regresar a México Chimbombo me dijo que para mi próximo viaje al Perú me tendría un regalo esperándome; en ese momento hasta me ‘boté’ de risa porque para nada tenía intenciones de volver a Perú, ya que mi querida amiga Martita me había desilusionado al no responder al amor que nos habíamos confesado en India y además se acercaba el fin del milenio y yo quería estar en el ‘super fiestón’ en Puerto Vallarta al que había sido invitado por todos mis amigos en mi visita anterior. De modo que tome mis cosas y con toda la educación recibida en Perú cada vez caía más en cuenta de qué tan parecidas son todas las culturas antiguas.

De regreso en Vallarta, casi todos los días volvían a mi mente las palabras de Chimbo y la fuertísima imagen de los Andes. Parecía que el fin del milenio en el puerto sería magnífico y que todo estaba listo para la fiesta del milenio. Pero un día, fui a revisar mi correo electrónico y me encontré con un mensaje de mi hermana Bellina insistiéndome en que ella también quería ir a Perú y me decía que por qué no nos íbamos al fin del milenio a Machupicchu, que sería maravilloso y una experiencia diferente... Como soy tan difícil de convencer, para el 21 de diciembre de 1999 Chimbombo cumplía su profecía y yo aterrizaba por segunda ocasión en mi vida en Lima, pero esta vez con mi hermana Bellina y su inseparable perro “Boy-toy”. Así que pasamos sólo dos días en Lima y volamos a Cuzco. A nuestra llegada nos instalamos nuevamente en “El Grial”, ese mismo día me enteré de que mi hermano “Chimbo”no estaba en Cuzco sino que se encontraba en Aguas Calientes, punto obligado de paso para ir a Machupicchu, así que al día siguiente tomé el tren para ir a buscarlo y mi hermanita se quedó a disfrutar de Cuzco. Al llegar a Aguascalientes no pasó mucho tiempo antes de encontrarlo, en cuanto me vio comenzó a reírse y me gritó: ¡Mexicano! ¡Te lo dije que ibas a volver, ven acá hermano para darte un abrazo y entregarte el regalo que te prometí!

Me llevó a su cuarto y sacó de abajo de su cama una impresionante espada fabricada por él mismo con partes de diferentes animales, la hoja de la espada es la punta de un pez espada, los omóplatos de no sé qué animal son la base de la empuñadura, esta es rematada por una cabeza que es el cráneo de un “Cuyo”, todo adornado con cuarzos, piedras de lapizlazuli y ojo de tigre. Cuando me la entregó me dijo: “Toma guerrero maya, un guerrero no puede andar desarmado en tierras incas”. ¿Cómo sabía Chimbombo que en el calendario maya yo soy el 13 guerrero? No lo sé, pero el regalo me impactó y lo guardo con mucho cariño en México. Acto seguido, me llevó a comprar una bolsa de hoja de coca para preparar un mate y así poder soportar el frío, la lluvia y la altitud. Cuando regresamos a su cuarto abrí la bolsa y lo primero que salió fue una semilla. “¡Caramba –dijo Chimbombo–, ésta es una muy buena señal! Tienes que comer de esta bolsa y más tarde te voy a leer la hoja de coca para saber tu futuro”. Comimos hoja hasta casi el amanecer, cosa que me hacía sentir ya como un caballo. De pronto Chimbo tomó un puño de hojas y los aventó sobre la mesa, después tomó otros tres y les dio tres pequeños soplidos y comenzó a hablar... “Pese a todo lo que te pase vivirás larga vida, estás a punto de vivir una etapa de transformación que no será voluntaria, alguien o algo te forzará, tendrás una nueva esposa y una hija que llamarás “Inti Chaska” y así siguió por unos veinte minutos, después, cayó en su cama profundamente dormido y yo decidí salir a caminar a la montaña y ver el amanecer. Llegué a la parte alta de la montaña Huainapicchu que se localiza justo frente a Machupicchu. Desde ahí pude observar toda la ciudad, completamente construida de piedra por los Incas hace ya bastante tiempo, me quedé dormido y soñé algo que me dejó helado, soñé que después de un tremendo temblor de tierra, de las entrañas de Machupicchu surgían los textos con toda la explicación sobre los Incas y su historia. En la tarde, cuando desperté, me sentía completamente lleno de energía y bajé corriendo la empinadísima cara de la montaña de Huainapicchu con una habilidad y a una velocidad increíble... Como si conociera el camino a ciegas. Una certeza me invadía y supe que pronto iba a descubrir algo que le daría sentido a mis dos viajes a Perú. Regresé al cuarto y Chimbo aún dormía, agarré mi espada y mi mochila y agradeciendo infinitamente al lugar por todo lo recibido y dada mi urgencia de volver al hotel con mi hermana, decidí tomar el costoso, pero incomparable vuelo en helicóptero de regreso a Cuzco.

Después de dormir casi 20 horas enlazado en un profundo abrazo con “Boy-toy” y Morfeo, tomé un baño y salí calendario maya en mano, a tratar de encontrar un lugar bonito donde se reuniera gente interesante que quisiera que le hiciera su “Carta Astral Maya”, o mejor dicho, su “Firma Galáctica Solar”. Total que esa noche descubrí el “Eko Bar & Restaurante”, al entrar al bellísimo bar decorado con espejos, sillones muy confortables, incienso y velas dije... ¡Bingo! Este es el lugar. Y sí, durante varias noches entre tres y siete personas se me sentaban enfrente interesadas en los mayas y su calendario y cada una de ellas salió transformada del lugar, por todo aquello que descubrían en sus sellos y por todo lo que veían reflejado de ellos mismos y sus vidas.

La segunda noche que fui, me levanté de la mesa para ver un librero que estaba del otro lado del bar frente a mi, desde lejos un libro de color verde llamó mi atención pero no fue el primero que tomé, sino que vi la guía turística de Cuzco y después de un rato y antes de regresar a mi asiento fue que leí el nombre del libro verde que estaba en el estante y que inicialmente había llamado mi atención: “La profecía celestina”... ¡Que coincidencia! –pensé–. El libro habla de una historia que curiosamente se lleva a cabo en Perú.

Así devoré, digo, leí el libro en dos noches de no salir ni a la esquina, y a la tercera noche por ahí de las 4 a.m. cuando terminé de leer la novena revelación del libro me quedé en un profundo silencio dada la conmoción de entender a fondo lo que dice. Así que para no dejar las cosas en mera ilusión mental, tomé la decisión de subirme al tren que salía a Aguascalientes en dos horas –sin haber dormido más que una–; estaba decidido a comprobar si lo que decía el libro era realidad o no, me refiero a que podemos crear coincidencias si es que nos hacemos conscientes de ello.

Llegué a Aguascalientes, me subí a un autobús para llegar en primer lugar al momento en que las ruinas se estuvieran abriendo al público; con tal de tener la menor cantidad de gente alrededor, me fui hasta el fondo del parque y subí hacia Huainapicchu, pero a la mitad de mi camino decidí no subir hasta la cima, sino mejor darle la vuelta a la montaña y dirigirme a la Cueva de la Luna, lugar al que casi nadie se atreve a ir por lo lejos que está. Al llegar al  sitio tomé agua y descansé por unos minutos, desde ahí la vista de todo el cañón frente a uno es imponente, dan ganas simplemente de brincar al abismo. Me senté a realizar los ejercicios que se explican en el libro y me puse a “meditar admirando la naturaleza”.
Después de unos treinta minutos con los ojos cerrados, estando en profundo silencio y concentración pidiendo una muestra de que el libro era cierto, de pronto escuché a alguien con una cámara fotográfica tomándome fotos... El enojo creció dentro de mí por la acción tan poco amigable del intruso y cuando abrí los ojos qué sorpresa me llevé al ver que eran dos amigos de Los Ángeles que había conocido en mi primer viaje a Perú... ¿Dos amigos míos en medio de Machupicchu? ¿En la Cueva de la Luna? ¿Después de tanto tiempo de habernos visto?... ¡Pero si ellos debían haberse ido hace semanas! –pensé– ¿Y a esta hora en que casi nadie está todavía en el parque?... No me quedó otra opción más que comenzar a reírme como un loco que perdió el juicio, no podía creerlo, es cierto todo lo que Redfield dice en su libro y me mandaron la comprobación al instante “coincidentemente” y gracias a que el aeropuerto de Cuzco había permanecido cerrado por niebla los últimos días, estos amigos habían perdido su vuelo de regreso a EUA y en lo que les llegaban unos nuevos boletos decidieron “darse una vueltecita” por Machupicchu.

En este evento confirmé que el conocimiento que poseían las culturas antiguas era mucho más poderoso y profundo que lo que la ciencia-ficción puede imaginar y que en la actualidad nos encontramos tan dormidos en nuestro sistema y tan controlados por la sociedad moderna que no podríamos creer lo que los ancianos indígenas nos pueden contar si tan sólo tenemos un poquito de humildad ante ellos. Pero como no lo podríamos creer, mucho menos podríamos entenderlo o aplicarlo a nuestra vida diaria, pero no se duerman hermanos... ¡Despierten! El conocimiento de las culturas antiguas es inmenso e invaluable, por eso la mayoría de ellas lo escondieron antes de “desaparecer misteriosamente”... ¿Se imaginan si los españoles ignorantes que invadieron América hubieran entendido todas las matemáticas y los complejos ciclos calendarios que los Mayas  manejaban?

Créanme, la medicina alópata moderna no tiene el remedio contra el SIDA, la medicina tradicional sí, ya que además de atender al efecto físico de la enfermedad, también cura el origen que casi siempre es “espiritual”. Llámese enfermedad espiritual a la que se puede curar si cambias tu espiritualidad, sin importar el camino que elijas seguir, y en el caso del SIDA, sabiendo que en realidad estas luchando contra una enfermedad tóxica NO UN VIRUS

Recordé una audiencia en el monasterio tibetano de Sherabling donde tuve la oportunidad de ser recibido por el gran maestro Tai Si Tun Rimpoché, él dijo en esa ocasión una frase muy curiosa: “La medicina occidental, cuando ve un insecto en una flor, trata de matar al insecto usando DDT”... Esa misma ocasión, le pregunté cuál era la mejor práctica tibetana par poderse curar: “¿Qué?” –respondió– no puedes practicar Dharma (las enseñanzas de Buda) para curarte, el Dharma es para iluminarte. Si el budismo curara no existirían enfermos en el mundo”... Total que no fue nada amable y mucho menos cariñosa su respuesta, pero gracias él, tiempo después entendí que a través de la práctica del Dharma en tu vida diaria y en cada acción lograrás tu iluminación y por ende te curarás... Gracias a mis maestros, a mi trabajo y dedicación en aplicar el Dharma en mi vida diaria, no sé si ya alcancé la iluminación, pero de lo que sí estoy seguro es de que tengo mi salud, por eso digamos que en mi caso, el “VIH” (un fantasma creado por intereses económicos) fue mi puerta a la iluminación, gracias a ésta vivencia pude realmente transformar mi vida y mi realidad de una manera feliz y tranquila, y sobre todo gracias a mi médico tibetano

Pero no quiero hacer este libro “tibetanizado”, no, para nada, éste fue el camino que a mí me toco caminar y tu puedes encontrar en muchas otras tradiciones tu propio camino. Lo que sí quiero a través de éstas líneas es despertar en ti, estés enfermo o no, no sólo la esperanza, sino la seguridad de que puedes tener una vida feliz y sana, y si tienes alguna enfermedad “terminal”, la solución no es difícil, nada más no dejes influir tu mente por todo lo que te dicen. Hay una historia que dice que alguien repitió tantas veces una mentira hasta que se volvió realidad... Jamás repitas hasta el cansancio “me estoy muriendo, me estoy muriendo”, porque así nadie se cura.

Y también agradeceré siempre todo el mágico y maravilloso conocimiento que las tierras Incas me regalaron y que tanto me ayudaron en mi proceso de aprendizaje, pude experimentar la enorme libertad que da la sabiduría bien utilizada, la seguridad y confianza con la que puedes vivir la vida cuando la aplicas con respeto, amor y la actitud correcta. Digamos que por primera vez en mi vida pude gritar desde lo alto de los Andes: “Soy libre”. Por eso te invito a que cambies tu vida, para que puedas ser libre, liberarte del miedo con el que este sistema te educa a vivir y liberarte de la inseguridad que te autocreas sólo por seguir como borrego lo que “hacen los demás”, yo he dicho aquí lo que me hace decir mi conciencia, la elección de tus acciones futuras son solo de ti.
 

VII. En busca de la luz

Para el seis de enero del 2000 y apenas digiriendo todo lo aprendido en el Perú, estaba de regreso en México. Luego de unos días en la Ciudad de México salí rumbo a Pátzcuaro, a la misma casa donde los recuerdos de Lucerito y toda la historia sobre esa etapa de mi vida seguían atrapados. Después de unos días de tratar de sentirme cómodo, decidí dejarlo todo ya que simplemente la energía de la familia de Lucero y las constantes preguntas que todo el pueblo me hacía a diario terminaron por cansarme, así que cedí los derechos de la casa que Lucerito y yo habitábamos a su familia que tan hostilmente me había tratado y no quise saber nada más de ellos ni de la herencia de Lucero, tomé mis poquísimas pertenencias y me mudé a vivir a la capital del Estado, Morelia. Aquí, durante los meses de mayo a octubre, regresé a trabajar como productor y conductor de un programa de televisión para niños que de nuevo contaba con la dirección de Jaime Rodríguez, mi hermano de renacimiento en aquel accidente en 1992. En esta edición del programa, Jaime y yo nos dedicamos en seis meses a mostrarles a los niños la historia de la creación según los Incas, Mayas, Griegos, Vedas, Egipcios, Hopis, Aztecas y demás. ¿Para qué? Pues sencillamente porque Jaimito y yo planeamos cómo poderles enseñar a los niños la verdadera historia de la humanidad, o la otra parte que no se nos ha contado. Así que entre juego y juego, en ese programa transmitíamos a los niños toda la información que podíamos encontrar sobre las increíbles creaciones de estas culturas, así como sus libros sagrados y sus historias sobre la creación de vida en el planeta, obviamente esto significó que Jaimito y yo tuviéramos que ponernos a estudiar a fondo toda la información relacionada con estas culturas antiguas y casi siempre consultábamos a Tata Joel sobre el contenido de lo que íbamos a decir y cómo decirlo “medio disfrazado” para que los papás no se fueran a espantar. En una ocasión un amigo mío que sabe mucho sobre los Mayas y demás culturas, al terminar de ver el programa me dijo: “¿Cómo te dejan decir todo eso en este canal? ¿No ven que estás criticando a todo el sistema que los mantiene?”. Sólo le respondí que todo se lo debíamos a Tata Joel... ¿Y quién es Tata Joel?... Este programa me dejó mil satisfacciones que sin duda nunca olvidaré, pero sobre todo me sirvió para conocer a un ser formidable, a un sabio y encantador maestro, a alguien que me vino a confirmar que nuestros ancianos indígenas son realmente quienes deberían explicar la importancia de lo que aquí sucedió desde 1492 hasta ahora, y de recordarnos lo importante que es mantener la tradición oral viva y todo lo que estos pueblos aportaron al enorme caudal de conocimientos y cultura de México.
El gran regalo que la vida me dio en el año 2000 fue sin duda el haber conocido al Profesor Joel Torres Sánchez, Premio Nacional de Narrativa Indígena en 1995. Él es a quien, amorosa y respetuosamente llamo Tata Joel. Este gran viejo de puro origen indígena michoacano, a lo largo de cuatro meses me platicó y me enseñó la historia de su gente, el pueblo P’urhépecha, me contó casi todo, desde sus fábulas hasta su cosmogonía, pasando por sus tradiciones y su historia. Un día me llevó a la oficina, en ‘Tele Michoacán’, unas copias fotostáticas de un documento P’urhépecha y me las entregó, diciéndome: “Mira Carlos, acabo de terminar de traducirlo del P’urhépecha al español... es inédito”. Lo que Tata Joel me entregó fue realmente único, se trataba de la historia de la creación según los abuelitos Phurépechas. Más que una historia, es el más hermoso poema que jamás haya leído; narra como “Tata Juriata” el sol y “Nána Cútsi” la luna, al ser creados giraban uno en torno del otro y de tanto girar y girar de frente y de estarse viendo se enamoraron... y eso que el creador supremo “Curicaveri” les había prohibido su unión, así que sin importarles nada de esto, durante un eclipse, el amor los unió dejando encinta a la Luna, la cual después de algún tiempo dio nacimiento a la más hermosa de las mujeres que había nunca existido, la Tierra, su belleza era tal que el mismísimo Curicaveri se enamoró de ella y decidió que para hacerla aún más bella y única en el universo, la dotaría de variadísima vida animal y de todo un paraíso vegetal.

Así de bellas e ilustradoras eran las enseñanzas de Tata Joel, un día por ejemplo me preguntó: “¿Tú sabes quiénes han sido los más grandes mentirosos en la historia de la humanidad?”. No –respondí–. “Los supuestos traductores indígenas que los españoles usaban cuando trataban de entender los códices que teníamos guardados ¿tú crees que esos traductores les iban a decir la verdad a los españoles de lo que sabemos sobre cómo funciona esta pelotita que llamamos tierra? ¡No Carlitos, eso nunca! Entiende que a punta de espada cualquiera se convierte al cristianismo o trabaja para ellos, por eso la historia que cuentan los libros que tú leíste en la escuela, o con los que enseñan en universidades, carecen de veracidad o fundamento... Por todo el mundo de conocimientos que compartió conmigo, quiero agradecer a Tata Joel todo lo que tuvo a bien transmitirme a través de sus enseñanzas, que algún día compartiré con todos ustedes en otro libro (pues son demasiado amplias, profundas y extensas). El motivo por el cuál lo menciono en este libro es porque la principal enseñanza que este hermoso ser me dejó y que deseo compartir con ustedes, es que sí es posible que la sencillez y la humildad generen a un gran hombre, a un gran ser humano con una presencia imponente, capaz de hacer surgir el respeto de los demás y que esto se crea con la sabiduría y el buen juicio, no según el monto de tu cuenta de banco o el poder que ejerces sobre los demás seres. El conocimiento verdadero da la seguridad y la confianza que ningún puesto político o ejecutivo puede darnos.

Sin duda que el año 2000 me dejó varias cosas hermosas que hasta hoy sigo agradeciendo. Por ejemplo, por ahí del mes de febrero, sucedió algo que parecía imposible, que jamás imaginé y que sería uno de los momentos más felices de mi vida, sólo comparable con el día en que nació mi hijo. Resulta que vía correo electrónico conocí a la amiga de unos chicos que conocí en Dharamsala en mi viaje anterior a la India, estos dos amigos la conectaron conmigo, ya que esta chica de nombre Shiori iba a viajar al Perú y requería de unos ‘tips’ para saber a dónde llegar en Lima y cosas por el estilo. Shiori se mantuvo en contacto vía mail antes, durante y después de su viaje, pasaron casi cinco meses sin que nos conociéramos en persona pero con un intenso intercambio de correos que poco a poco fueron creando una amistad y luego una profunda confianza recíproca. Después de  que nos conocimos en persona nació él más bello amor que jamás había vivido y llegaba a mi vida justo en el momento en que por mi situación de salud pensaba imposible que me pudiera llegar un amor y una mujer tan lindos únicamente con el fin de ayudarme a salir del fondo de mi cueva y creer que el amor sí existe. Aunque tiempo más tarde este amor me abandonaría sin una explicación, de la manera más cobarde se negó a darme la cara y mirarme a los ojos, dejándome el corazón hecho trizas.

Cuando Lucerito falleció, yo sabía, o creía saber que con esta enfermedad en mi, iba a ser casi imposible tener en mi futuro una mujer que me amara, me aceptara y que realmente no había posibilidades de que una mujer tan bella, dulce, compasiva, amorosa y femenina como Shiori se fijara en mí. Desde que la conocí y después de tratarla más y más, llegue a amarla tanto que en más de una ocasión pensé en ponerle fin a nuestra amistad antes de encariñarme demasiado con ella, ya que de seguro al enterarse de mi situación económica y de salud su huída me dolería más entonces que al comienzo de nuestra amistad, así que tomé valor y le platiqué absolutamente toda la historia de mi pasado y del SIDA que podría yo tener... ¿Saben cuál fue su reacción? Me abrazo y me dijo las mismas palabras que tiempo antes yo le había enseñado: “Para que el amor funcione debe ser incondicional”. No lo podía creer, la misma reacción que años antes yo tuve con Lucero cuando me confesó su seropositividad, ahora Shiori la tenía conmigo, ella me demostraba que la teoría que había utilizado con Lucero, esa de amar sin que te importe el estado del ser amado y que hasta pensé en momentos que había sido mi más grande error, no era tal, pues alguien más en este planeta reaccionaba igual que yo lo hice años atrás, así que el libro del I-ching tiene la razón cuando en uno de sus exagramas dice que: “Si tú haces las cosas con constancia, desinteresadamente y de corazón la vida te regresará lo mismo”.

Como les he contado ya, dada la posición económica de Lucero, en varias ocasiones ya cuando se encontraba muy malita al final de su vida, me decía que de seguro yo me había unido a ella para quedarme con su dinero. Un día en Pátzcuaro, ya que había fallecido, su madre me llegó a casa a decirme a gritos: “Tal vez te llevaste a mi hija a la India para matarla allá y quedarte con todo”... Mi querida  Doña Consuelo, que a usted también la perdone Dios por haberlo pensado así. Lo que hice con Lucero, lo hice por amor y por tener fe en que mi amor por ella la podía curar, pensé que si entendía que pese a su estado de salud había alguien que la amaba, ella pelearía por su vida y por nuestro amor, pero creo que “realmente” no fui capaz de hacérselo sentir en su corazón, esto, unido a su tremendo apego por el dinero fueron los detonadores de su partida y no hay más, ésta es mi humilde opinión.

Así que cuando escuché de labios de Shiori que me amaba, que se quedaría a mi lado y que me ayudaría incluso a vencer el SIDA si al hacerme los análisis estos salían positivos, (les recuerdo que hasta ese momento de mi vida yo seguía pensando erróneamente que me encontraba luchando contra un virus y que podría incluso llega a “contagiar” a esta persona.) Entendí que no debía cometer los mismos errores que Lucero cometió conmigo, supe que debía amar a esta mujer como a nada en el mundo y que no tendría otro objetivo en mi vida que hacerla feliz, ya que sé que se necesita ser una “gran mujer” para decirle te amo a alguien en mi situación, se requiere creer en el amor ciegamente y en su magia, se requiere de un total desapego y el aniquilamiento del ego para vencer el miedo con que han vestido a este virus-espectro y decirle a alguien “me entrego a ti basado en el amor que hay entre los dos”. Así que a Shiori, que es la mujer a la que dedico este libro al decir que transformó mi vida en luz, ojalá entienda algún día que no me importa su carácter, sus reacciones, sus arranques, sus furias, su físico, ni nada por el estilo, la amé por ser quien es, no por cómo sea. Creí y creo ciegamente en su amor y le agradezco por él, ya que fue en gran parte lo que me curó, la felicidad y la energía que Shiori inyectó a mi vida durará por muchas encarnaciones, así como mi amor por ella. Estaré contigo “siempre” Shiori.

Y en nombre de ese amor y ante la insistencia de Shiori, en noviembre del 2000 decidí finalmente realizarme unos estudios de sangre en el Consejo Estatal del SIDA (Coesida) de la ciudad de Morelia; el resultado: Positivo, y gracias a que desde los años ochentas los medios de comunicación se han encargado de difundir una mentira de dimensiones diabólicas argumentando que el virus del VIH si existe y que se transmite por contacto sexual y toda esa bola enorme de excremento e intereses financieros con las que se ha cubierto a la verdad, solo lograron que en ese momento mi vida se fuera por un escusado al ver el resultado positivo en mi boleta, y pensar que los mismos laboratorios que producen lo necesario para realizar las pruebas de sangre indican con letras muy pequeñas en sus empaques que no deben de ser tomadas como prueba definitoria de que alguien tiene el VIH, NINGUNA DE LAS TRES PRUEBAS QUE SE REALIZAN EN LA ACTUALIDAD LO ES y pese a todo lo que había pensado en los años anteriores mientras vivía con Lucero, sobre cómo sería mi reacción en caso de que los resultados salieran positivos, todo lo que hubiera podido imaginarme de cómo sería mi reacción se quedó, muy pero muy corto, respecto de lo que realmente viví los siguientes doce días; después de recibir la noticia de que era seropositivo, y estando aún engañado con la idea de que las pruebas de detección eran validas y de que el virus existía les hago responsables a las compañías de laboratorios y a los médicos creadores de esta mentira por el infierno que me hicieron vivir, y te pido perdón una y mil veces mi querida Shiori por el dolor y sufrimiento que te causé con tan horrible noticia, tu llanto en el teléfono jamás se borrará de mi memoria y por lo menos me queda la tranquilidad de poderte decir que la tristeza que te causé queda compensada ahora con la buena noticia de decirte que estoy curado y que lo único malo es que decidiste apartarte de mí  y no estás aquí para disfrutarlo juntos, que gracias a ti ahora me puedo dedicar a difundir la enorme mentira que es el origen del SIDA sin tener miedo a que nada me pase, por que a fin de cuentas yo ya morí y regrese para servir a los demás y para hacer del conocimiento publico la verdad que salvará la vida de otros.

Los doce días que siguieron a la noticia de que “oficialmente” era seropositivo fueron el mismísimo infierno en la tierra. Durante todo este tiempo, 288 horas, mi cerebro no dejó de repetir constantemente “Estás muerto”, “Es el fin”, “No hay más”, “Es el fin”, “Estás muerto”, “Se acabó”. Imagínense, sin dinero, el programa no se vendía, ya no tenía la casa en Pátzcuaro, ni muebles, ni coche, ni nada y ahora, debido a que me dejé engañar por las pruebas y según la opinión de los médicos expertos del COASIDA ¿con SIDA? ¡No! ¡Qué infierno!... Pero en ese momento surgió la gran mujer que es Shiori, primero me calmó durante varios días por teléfono y pasaba incontables horas escuchándome y dándome aliento, me decía cosas tiernas y llenas de cariño, además de ir a visitarme a Morelia tan seguido como podía, repito, se requiere de una gran mujer y de un enorme corazón para poder hacer lo que Shiori hizo por mi, y no me extraña, porque sus padres son los dos seres más maravillosos del mundo y antes que a nadie a ellos agradezco la felicidad de los meses que viví junto a su hija, ya que sin ellos, ella jamás habría nacido y sin ella, sin su apoyo, sus palabras y su amor jamás me habría curado. En una de mis visitas a la Ciudad de México para ver a mi ángel-novia, me concertó una cita para visitar al médico de su familia, el Dr. Ricardo Munguía. Según Shiori y toda su familia “que muy bueno el tal doctor” y no sé qué tantas maravillas hablaban de él.

Honestamente, pensé que en ese momento iba a comenzar mi danza y martirio por los consultorios de no sé qué tanto médico que me llenarían de cochinada y media medicinal, así que a decir verdad llegué a la consulta con la no más óptima actitud y ánimo. Pero, después de charlar durante unos 10 o 15 minutos con el médico, mi opinión era la misma que la de todas la personas que había yo escuchado hablar de él. Sencillamente este señor es “una maravilla de la ciencia médica” y su máxima habilidad es la forma en que toma los conceptos de “salud” y “medicina”. En particular, me encantó la forma en que tomó las cosas, de entrada cuando le conté mi caso, su rostro no tuvo reacción alguna, ni lástima, ni preocupación, ni nada que significara para él algo terminal o final en mi vida. Una de las cosas que más recuerdo de esa primera visita al Dr. Munguía es una pregunta que me hiciera sobre cuál es la diferencia entre el virus del SIDA y el de la gripe; al responderle que lo ignoraba, me dijo muy calmadamente: “Son idénticos, es más, se podría decir que son primos, así que lo que te mata en el caso del sida es toda la información que te han metido en la cabeza”... ¿Saben una cosa? En ese momento pensé que tenía razón. Pero indiscutiblemente el virus de la gripa de ninguna manera se parece a algo que no existe, como el tal virus del VIH, de todas maneras esas palabras dichas por él sirvieron como para tranquilizarme y al ver su tranquilidad también me ayudo a sentir que alguien más pensaba que el SIDA era curable.  Durante esa visita también me comentó sobre el trabajo que actualmente está realizando con lo que llamó “Terapia Celular”; éste tipo de tratamiento se está desarrollando en un hospital de la Ciudad de México y parece que la razón para que esto sea en mi país se debe a que está prohibida en otros países a los que no les conviene que la industria farmacéutica se hunda en un hoyo.

Déjenme decirles que el día que entré por vez primera en el consultorio de este médico tenía sobre mi 12 días de no dormir, de llorar como un recién nacido, de no comer y además, con una terrible diarrea sumada a la debilidad física que ésta causa y todo únicamente por el miedo que generó en mi el resultado positivo del laboratorio. ¿Se dan cuenta? Con sólo el resultado de un papel de laboratorio, sin saber que sus pruebas NO SON VALIDAS y creyendo todo lo que la medicina moderna tiene casi 20 años diciendo sobre el VIH en televisión y demás, bastaron para hacerme pasar 12 días de enfermedades psicológicas y por si fuera poco toda su mentira médica me dejo sin fe y mucho menos esperanza. Y eso que durante el tiempo de la enfermedad de Lucero había estudiado, entendido y aplicado en mi vida una “realidad alternativa” y la seguridad que siempre dije tener acerca de que el SIDA si se puede curar, esto desde que conocí a Lucero fue algo que siempre sostuve... Hasta que me tocó vivir toda la historia de ve y recoge tus análisis positivos y cómo te miran todos los empleados del laboratorio desde que entras por la puerta, la reacción de la psicóloga que atiende el centro y el nerviosismo evidente en todas las caras por ver cómo vas a reaccionar al enterarte de algo que ellos mismos ya te dejaron saber con sus caras y actitudes.

Todas estas ideas que tenía de que el SIDA es curable se las expuse al Dr. Munguía y él me contestó que ese tipo de actitud y convicción ayudaba mucho a curar cualquier enfermedad, pero él también ignoraba que el origen del SIDA no es un virus, en ese momento me auscultó de pies a cabeza y centímetro a centímetro, decidió que, para detener mi diarrea debía dejar de tomar leche, comer pan y hacer ayuno una vez a la semana. Me recetó arcilla disuelta en agua para limpiar todo el sistema digestivo y así, sin una sola pastilla y en menos de 5 días mi sistema digestivo estaba de maravilla y lo más importante que este médico me había curado eran el ánimo, la fe, la esperanza y la motivación para seguir adelante. ¿Cómo ven? En vez de atiborrarme de químicos, él se dedicó primero a darme una desintoxicada mayor y limpieza interna, y no se equivocó, gracias a él me recuperé anímicamente y esto me hizo sentir mejor y me permitió poder dormir en paz.

En esos días de noviembre del 2000 dos queridísimas personas a quienes les debo mi salud y mi vida se lucieron conmigo apoyándome en una idea que me surgió: ¿Por qué no viajar a la India a ver al doctor Tenzin Pechok que había atendido a Lucero? Pero, como podrán recordar, yo no tenía ni medio peso para comer, así que ¿cómo ir hasta allá a limpiarte a fondo entre tibetanos, mantras, magia, el aire de los Himalayas, la comida tibetana, el bellísimo paisaje y la medicina del Instituto “Men Tsee Khan”?. Ahí fue cuando le planteé la idea a Norm Hacker, un australiano simpatiquísimo que conocí en la India en 1999 y que en ese mismo año visitara mi casa en Pátzcuaro para quedarse una larga temporada. Norm fue una de las primeras personas con las que hice contacto en la India mientras Lucerito convalecía, así que él llegó a conocerla bien y sabía toda la historia, siempre le he llamado “Big Bro”. Cuando le platiqué mi idea, su impresionante respuesta siempre será más que valorada y recordada por mi... Me mandó un correo diciéndome que él pagaría mi boleto para viajar a la India y que no me preocupara. Es por esto y mucho más que estás en la dedicatoria de éste libro mi querido amigo, recuerda que fue idea tuya el que se escribiera el libro.

Una vez con el boleto en la mano apareció en escena la segunda persona que me ayudaría a llegar a mi destino, una amiga de Morelia, Yuritzi Parra, a quien considero mi esposa espiritual, ya que estoy seguro de que en otra vida fuimos un gran amor. Llegue a contarle sobre mi problemita y le dije que ya tenía un médico y hasta el boleto de avión... ¿Saben qué hizo? Abrió su bolsa y me donó el salario que había ganado en un trabajo para una revista que como diseñadora gráfica acababa de cobrar. Mi amadísima amiga... ¡Nadie como tú!

Días antes de partir, fui por segunda ocasión a consulta con el Dr. Munguía. Me comentó que tendría todo listo para comenzar con la “terapia celular” a mi regreso de la India, en caso de que fuera necesario y ese mismo día me puso cuatro inyecciones en el plexo solar. Así, el 1 de diciembre de 2000 salí rumbo a la India con toda la felicidad de volver a ese mágico país y sobre todo, de volver a encontrarme con el Dr. Pechok a quien yo le tenía toda la confianza de que podía ayudarme a sanar, por todo lo que vi que hizo y las cosas que le decía a Lucero el tiempo que la atendió; además de que este doctor es uno de los más reconocidos entre los médicos tibetanos. Y con esto no quiero decir que solo a través de la medicina tibetana se puede uno curar, o que solo él sabe como hacerlo, recuerda que hay varios caminos para llegar a Roma.

Pero mi felicidad de regresar a India se veía opacada constantemente al saber que dejaba en México a la mujer que hasta ese momento representaba en mi vida la palabra amor y que sin ella jamás me sentiría completo; esta partida que significaba dejar de ver por una larga temporada a Shiori fue sin duda una lección más de desapego que tuve que pasar con tal de conseguir mi salud, ya que en ese momento jamás imaginé que meses más tarde ella y todo mi amor por ella desaparecerían por una decisión de su parte. Se llevó el amor que yo creí estaría conmigo para festejar la victoria y ser felices por muchos años, además, dejándome sin la familia tan hermosa de la que alguna vez me hizo sentir parte, la familia Pérez Ando. Pero doy gracias a mi vida por haber tenido en el momento en que más lo necesité a los mejores amigos, a la mejor mujer, y a los mejores suegros que puede uno necesitar para poder contar con el impulso para curarse...

Aunque por desgracia mi verdadera familia no movió ni un dedo, no me cabe la menor duda de que el haber tenido esto alrededor mío en ese momento de mi vida fue la mejor ayuda que puede uno necesitar ¡Así quién no se cura! ¡Gracias a todos! Los amo.

Pero sin duda el viaje a la India, que salió no se cómo, ni de dónde, me tendría muchas sorpresas preparadas, y a decir verdad, yo estaba seguro de que encontraría mi recuperación allá y que no tenía mucho por qué preocuparme. Pensé que ya saldría la manera de regresar a México y que lo más importante que tenía que hacer era dedicarme en cuerpo y alma a mi curación, a transformar mis hábitos y costumbres y principalmente a estudiar a fondo el budismo tibetano, ya que el hecho de poder pasar tanto tiempo en un retiro prácticamente, rodeado de monjes y grandes maestros, no se le da a muchos seres en esta vida.
 

VIII. Como en casa

A mi llegada a Delhi, me esperaba en el aeropuerto el chofer de mi ángel de la guarda en India, la Srita. Rani Jethmalani, a ésta elegante y refinadísima dama hindú, como ustedes podrán recordar, la conocí en el último viaje de Lucero a la India en 1999. Resultó un día que me encontraba realizando una lectura del calendario Maya para una chica inglesa justo en el jardín del “Chinar Lodge” lugar donde Lucero y yo nos hospedábamos, cuando de pronto se acercó a la mesa muy interesada y con curiosidad una elegantísima mujer que portaba un imponente ‘Saree’ de seda de lo más bello que jamás había visto en todo el tiempo que había estado en India. Después de observar en silencio por unos minutos la forma en que hacía mi trabajo, se atrevió a hablar:
- Disculpen la intromisión, pero mi curiosidad me mata ¿qué está usted haciendo joven? Tengo unos minutos observando desde mi mesa las reacciones en la cara de ésta chica por las cosas que usted le ha estado diciendo y me interesa saber de qué se trata.
- ¡Ah! ¿Esto? Es un calendario maya señora, con él podemos hacer algo así como una “carta astral”  según su fecha de nacimiento.
- ¿Ah si? Y ¿cuánto cobras?
- No Señora, yo no cobro, pero si alguien desea donar algo por mi trabajo, humildemente lo acepto.
- Y... ¿Podrías hacer la mía?
- Claro que sí, cuando usted guste.

A la mañana siguiente hicimos su lectura y todo lo que salió de ella le impresionó tanto que al finalizar simplemente me dijo: “¿Sabes que esto es increíble? Todo lo que me dijiste ha sido lo más impresionante que alguien me ha podido platicar sobre mi vida y lo más importante es que ahora entiendo el por qué de muchas cosas que me han pasado. Desde hoy quiero apoyarte en tu trabajo y todo lo que necesites mientras estés en la India solo dímelo”. En ese momento se me ocurrió comentarle sobre el estado de salud de Lucero; Rani se interesó mucho en verla y me pidió conocerla. Y sin más, Rani me comenzó a platicar que ella es uno de los milagros médicos más grandes del doctor Ayurvedico Deeprak Chopra; me contó que estuvo al borde de la muerte y que se sanó cuando todo parecía perdido y por esto le había impresionado que cuando yo le había hecho su lectura del calendario Maya las palabras iniciales que utilicé para describirla fueron: “Usted ha sobrevivido a las cosas mas impresionantes de ésta vida” y esto se lo dije porque dentro del calendario Maya ella es una “once serpiente” (el número once representa la disolución y liberación, es el número “disonante”), la gente con este número en su “signo” suele tener una vida difícil y la serpiente significa la supervivencia y la fuerza vital, así que unidos el número once y la serpiente se entiende que esta persona siempre tendrá problemas justamente con la salud.

Al día siguiente, recibimos con Lucero la visita de Rani, por desgracia la salud de Lucero ya era muy precaria y no pudo mantener la plática con Rani ya que se quedó dormida, pero a partir de ese día la visitó diariamente y se hicieron buenas amigas, ya que ella entendía a la perfección el proceso que Lucero estaba viviendo. Al salir, Rani me dijo que recordara que cualquier cosa que llegara a necesitar sólo le llamara, me entregó su tarjeta y hasta ese momento me enteré que la señora que yo tan confianzudamente había estado tratando aquellos últimos días era nada más y nada menos que la Presidenta del Supremo Tribunal de Justicia de la India. Después, y gracias a una tibetana que la acompañaba siempre, me enteré que ella era la hija de el Sr. Ram Jethmalani, uno de los más prominentes abogados en la historia de la India y ministro del gobierno Hindú. Rani y su padre, como mencioné antes en otro capítulo, fueron quienes me auxiliaron en todo momento tras el deceso de Lucero... ¡Qué “casualidad” que conocí a Rani  días antes de que Lucero falleciera! ¿No?

Jamás imaginé que aquellas palabras que le dije a Rani (“usted ha sobrevivido a las cosas más impresionantes de esta vida”), se las estaba diciendo a alguien que dos años atrás había estado en una cama de hospital convertida en huesos y desangrándose por cada orificio que el cuerpo tiene debido a un problema en el hígado y que se complicó con otros varios males más. A Rani un médico ya le había dado 24 horas de vida y hasta a la familia tenían reunida esperando sólo el momento de comenzar el sepelio, pero la increíble aparición de un donador de último momento que era compatible con el organismo de Rani le salvó la vida. Aunque esta serie de coincidencias ayudaron, el más impresionante resultado lo obtuvo el Dr. Chopra por el milagro Ayurvedico que fue la recuperación del organismo de Rani al 100%.
Así que ahora me encontraba de vuelta en la India y mientras el chofer de Rani me llevaba hasta la lujosa y bella residencia del Sr. Ram, sentado en el asiento trasero del auto y cobijado por la oscuridad absoluta de la noche de Nueva Delhi, recordaba aquel día que conocí a Rani e inevitablemente regresaban a mi cabeza todas las escenas del fallecimiento de Lucerito casi 2 años atrás, sin embargo en ese momento pensé: “Qué mejor guía puedo tener en India para sanarme que alguien como Rani, que conoce a todos los médicos y todas la terapias que hay en este país, pues ella ya lo hizo, ella sabe el camino hacia una recuperación cuando parecía el fin”. Como decimos en México, “el que a buen árbol se arrima...”.

Al día siguiente de mi llegada a Delhi y tan pronto como se pudo, tuve la oportunidad de estar cinco minutos con Rani, que es una mujer sumamente ocupada, brevemente le platiqué el motivo de mi visita a India y le pedí guía y consejo sobre qué era lo mejor que podía hacer. Lo primero que me dijo fue que lo más importante era nunca perder la convicción de que te vas a sanar, me dijo que el poder de los mantras y la oración son impresionantes y que antes que nada tenía que aprender meditación o yoga, ya que no se puede sanar un cuerpo que no ha sanado primero su mente y espíritu, también me hizo entender que una mente educada, clara y bien entrenada es indispensable en el proceso de curación.

Rani me recomendó una “terapia de regresión” y apoyó con entusiasmo mi idea de utilizar la medicina y el sistema de meditación tibetanos para curarme. En el acto me dio el nombre del secretario general del monasterio de Sherabling y una recomendación para ser entregada al secretario del gran maestro Tai Si Tun Rimpoché, este secretario sería quien me facilitaría alojamiento y una audiencia privada con el venerable Tai Si Tun Rimpoché para preguntarle sobre quién me podría guiar mejor en mi camino espiritual y posterior sanción. Con toda esta información, dos días después salí de Delhi rumbo a Dharamsala. Durante todo el trayecto en el tren, las palabras que Rani me dijo en casa de su papá producían resonancia en mi cabeza y después de meditarlo muy bien tuve la certeza de que el venir hasta India con un boleto ‘one way’ y con el poquito dinero que traía, de todas formas había sido una buena decisión... ¡No fue nada fácil! Se requiere tener una confianza ciega en que “Dios proveerá” y entender claramente que tu “estabilidad” y “seguridad” en un futuro lo obtendrás gracias a lo que tú mismo seas y a tú capacidad para resolver situaciones o adaptarte a ellas, y no en relación a cuánto tienes de dinero en la bolsa para que respalde económicamente ese futuro. Imagínate que mañana se cayera todo el sistema monetario mundial... ¿Qué te quedaría? ¿Y, si tu dinero no valiera? o ¿Qué pasaría si tu tarjeta de crédito no te sirviera ni para un jitomate? ¿No serían esa “bola de campesinos ignorantes” los únicos que tendrían que comer? Ojalá y te des cuenta de qué tan “amarrados” al dinero nos tiene esta cárcel “autoconstruida”.

Luego de un viaje de más de 10 horas en tren y otras cuatro en minivan llegué por fin a Mc Leod Gang. Tan pronto como estuve instalado decidí ir inmediatamente al Instituto “Men Tsee Khan” a buscar al Dr. Pechok, por fortuna ahí estaba, toqué a su puerta y escuché su voz en tibetano que entendí era algo como “Paseeen”, al verme como que no me reconocía, pero me miró fijamente y de pronto sonrió, me abrazó, salió de su habitación y fue a buscar quién pudiera traducir del inglés al tibetano, llegó entonces un joven médico y comenzó a traducir las palabras del doctor:
- Hola, bienvenido, creo reconocerte pero no estoy seguro, ya soy viejo y a veces la memoria ya me engaña, ¿Acaso no eras tú la pareja de una chica que atendí de un desorden en su sangre?
- Sí doctor, soy yo.
- Veo que vienes sin ella.
- Si doctor, Lucero falleció.
- Eso quiere decir que el presentimiento que tuve si fue cierto.
- Si doctor, ella falleció el 4 de abril del año pasado.
- Qué lástima, pero se lo advertí, que no se podía ir y que su tratamiento sería por lo menos de un año, pero bueno. ¿Tú cómo estás?
Mejor no me lo hubiera preguntado, me solté llorando como loco y no podía contenerme, ni mucho menos hablar, me arrodillé frente a él y le tomé la mano para contarle todo, al escuchar el relato y la milagrosa forma en que había podido pagar todo para estar ahí me dijo:
- ¿A poco vienes desde el otro lado del mundo solamente para verme y para que yo te atienda?
- Si doctor, así es –respondí–.
- Bueno, no se diga nada más, yo te voy a curar, soy el único médico que puede curarte porque para hacer lo que tú has hecho creyendo en mí, en mis conocimientos y experiencia, eso me compromete a no fallarte, tengo años pidiendo a la dirección de este instituto recursos para más investigación para dar solución a ese desorden que tienes tú pero nunca me han hecho caso. Es más, muchos médicos jóvenes de ésta institución se niegan a creer que yo sé cómo curar esto, pero contigo les vamos a demostrar que sí sé cómo y que tú puedes hacerlo ¿aceptas?
- ¡Pero claro doctor, cuente conmigo!
- Necesito que sigas mis instrucciones al pie de la letra y no tengo que decirte que creas en mí porque evidentemente ya lo haces, pero, para que veas qué tan comprometido estaré contigo, voy a poner tú enfermedad dentro de mi cuerpo para darte las medicinas que me daría a mí mismo y además quiero que todo lo que pase por tu cabeza y por tu mente, es decir tu corazón, me lo cuentes absolutamente todo ¿aceptas?
- ¡Por supuesto que sí doctor!
Acto seguido puso su mano derecha sobre mi antebrazo derecho y comenzó con sus dedos a tocar diversos puntos, era como si mi antebrazo fuera tocado como una flauta. Luego me dio una llavecita y un pequeña taza de porcelana y el traductor me pidió que fuera al baño (para eso la llave) y que trajera una muestra de orina; así que fui, preparé mi muestra y se la entregué al doctor. Él sacó una escobetilla de bambú y comenzó a batir la muestra, la analizó y luego la olió, meditó por unos minutos y se quedó mirando un pequeño cilindro de madera (como del tamaño de una lata de puré de tomate de un kilo) que dentro tenía una pequeña ventanilla, en un costado se encontraba otro cilindro más pequeño y con un eje metálico en el centro que sobresalía por la parte superior del cilindro mayor que al girar hacia que el cilindro interno girara; al detenerse dejaba ver diferentes dibujos por la ventanilla del cilindro exterior, de pronto el doctor giró el eje metálico y al detenerse una imagen de algo que yo creo era un dragón apareció, el doctor sonrió y me dijo: “Nos van a salir muy bien las cosas. Primero debes dejar de tomar leche y evita comer papas, come mucho jengibre y lleva una dieta balanceada. Me entregó en un papel una receta escrita en tibetano, de la que no entendí ‘ni jota’ qué decía; me pidió que regresara en 7 días. Salí de su humildísimo cuarto lleno de alegría y con el ánimo más que reconstituido, realmente esa entrevista fue para mí como una escena de película, ese anciano sabio y con la tranquilidad que los años dan, su altar, la atmósfera oscura y con olor a incienso en su habitación, su sonrisa y sus bromas, su amor y compasión incondicionales hacia mí... Fue simplemente un momento mágico en mi vida que no puedo ni quiero olvidar.

Acto seguido, bajé al dispensario del Instituto y después de pagar la suntuosa cantidad de 50 rupias, un dólar, me entregaron la medicina en sobrecitos. Por fortuna para mí, una muy bella mujer tibetana hablaba un poco de inglés y me explicó perfectamente cómo debía tomar mi medicina y cuál a qué hora. La medicina tibetana son unas esferitas de color café como de .75 cm de circunferencia que saben horrorosamente y no huelen mejor que el lomo de un yak; están hechas de combinaciones de plantas, metales y hasta piedras preciosas, polvo de rubí, diamante, zafiro, en fin, nadie más que los médicos tibetanos saben exactamente cuánto y de qué combinaciones de metales y plantas usar. Por lo que sé, es tan vasto el estudiar medicina tibetana que por lo menos toma unos 12 años aprenderla. Para tomarse éstas esferitas algunos médicos te dicen que las mastiques y acto seguido te las pases con agua caliente, pero a mi, el doctor me sugirió que primero las moliera y las vaciara en una tacita con agua caliente, una vez ahí me pidió que me pusiera a repetirles encima el mantra del Buda de la salud y una vez “energetizadas” me las tomara y después bebiera una taza más de agua caliente.

Durante el tiempo que Lucero recibió tratamiento de éste mismo doctor yo aprendí varias cosas que un paciente de médico tibetano debe tener para lograr restablecerse. Lo primero es una confianza inmutable en tu médico; si andas brincando de un médico tibetano en otro es porque tienes las expectativas incorrectas en lo que debe de ser un proceso de desintoxicación. Un buen médico tibetano va a ser en ocasiones muy duro contigo con tal de que entiendas qué cambios debes hacer en tu vida para sobreponerte a los daños que tú mismo te has causado; la medicina y la meditación  tibetana curan el alma y el cuerpo, el corazón y la mente. Una vez conseguida ésta confianza en tu médico y una fe casi ciega en él, lo que sigue es disciplina y constancia en tomar tu medicina cuando es y a la hora que te toca. Pero yo creo que lo más difícil del proceso y de la relación entre mi médico y yo fue llegar a entender que en realidad éste señor no es nada menos que una reencarnación del mismísimo Buda de la salud y cada vez que lo veía y me tocaba consulta yo tenía que ser consciente de lo que significaba tener la oportunidad única en la vida de estar junto a una reencarnación suya, y mucho más, el honor de ser atendido por él y que se dignara darme un poco de su tiempo, es decir, humildad ante él. Por esto, cada vez que lo visitaba me daba tanto gusto y alegría, ese día era feliz y estaba lleno de buenas cosas; como tenía que caminar unos cuántos kilómetros para ir a su casa, siempre iba cantando y viendo el paisaje, algunas veces con incienso y fruta para él, aunque esto no le gustaba mucho, decía que no quería que yo estuviera gastando mi dinero en él y que mejor comprara cosas para mi.

Ahora que todo esto ha pasado me doy cuenta de qué diferencia tan enorme hay entre las cosas que yo sentía y pensaba en mi camino a las visitas que hacía a mi médico, a las de otros intoxicados con SIDA que tienen que ir a un hospital a encontrarse con un médico “moderno” en medio del ruido y el caos que se genera dentro de una ciudad que solo logra seguir estresándonos y no ayuda en nada a la recuperación de un paciente.. Otra cosa que ayudó muchísimo en mi proceso de recuperación, fue haber aprendido el mantra del Buda de la salud, éste me fue enseñado por Lobsang Paldem, el monje tibetano que durante toda la convalecencia de Lucero no se movió de nuestro lado y fue siempre un gran apoyo para que pudiera sobrellevar y entender mejor el proceso que ella estaba viviendo. Gracias Lama Paldem por haberme enseñado este mantra que ayudo muchísimo en mi objetivo de recuperar la salud. El mantra en español suena así: “DEATA OM BEKANTZÉ BEKANTZÉ MAA BEKANTZÉ RANZA SAMÚ KATÉ YÉ SÓ JÁ.
Desde entonces, todas las mañanas, como a las 5:00 a.m. dedico unos minutos de mi meditación a repetir éste mantra, cuando lo hago, imagino que cada una de las partes del mantra elimina tóxicos mi sangre; en ocasiones imagino pequeñas escobitas que van barriendo mis células una a una. Es más, una vez de plano imaginé una aspiradora limpiando mi cuerpo por dentro, esto se me ocurrió para “facilitar el trabajo”... También la práctica de repetirle este mantra al vaso que contenía el medicamento ayudó a incrementar la potencia de las medicinas, visualizaba a mi médico dándomelas amorosamente y lo veía repitiendo el mantra conmigo haciendo que se activaran y llenaran de energía sanadora. Sé que todo esto puede sonar ridículo pero ¿saben qué?... ¡Funciona! El recuperar la salud está en nuestras mentes, palabras y actitudes. Cada vez que dudes de lo que aquí expongo ó cada vez que digas: “Eso es ridículo”, “eso no puede ser”, “yo no podría”, “es muy difícil”, “si, pero ¿cómo?”, etcétera, etcétera, me estarás dando la razón de que vivimos y somos producto de la “sociedad de la negación, la prohibición, el miedo y la incredulidad”. Nuestra autoconfianza ha sido diluida por el sistema que hemos dejado crecer sin control, con una iglesia que te dice que sólo el Papa y los sacerdotes son el contacto entre Dios y los hombres; con gobiernos que son rehenes de intereses multimillonarios y un sistema económico y social que disminuye tu valor humano si no logras obtener todos lo bienes materiales que “te dan una mejor vida”, y lo único que hemos logrado con todas estas creaciones de la “civilización moderna” es que sólo te dejan a la deriva, sin rumbo, fe o idea del para qué sirve esta vida. Requerimos siempre de confirmaciones de un psicólogo, gurú, maestro, chamán o lo que sea dada nuestra inseguridad, y cuando surge un momento de iluminación real, decidimos mejor creer en lo divino o en lo sagrado, lo milagroso o lo santo antes de creer en nosotros mismos.

Repetiré unas palabras que dijo el gran maestro Buda: “No creas en nada ni en nadie, ni siquiera en lo que yo he dicho... Busca dentro de ti, ahí están las repuestas”... ¿Por qué decía esto Buda? Ahora que he podido estudiar un poco de la filosofía y la medicina tibetana, encontré dos datos que me parecen interesantes y que tienen que ver con esto de que “todos sabemos todo, pero no nos acordamos de nada”. La primera viene de mi médico tibetano, quién me platicó que en la parte inferior izquierda de nuestro corazón existe una molécula de antimateria que contiene lo que llaman los “registros akashicos”, es decir, un gran almacén de información que contiene toda la historia desde el origen del cosmos hasta el día de hoy. La segunda, viene de la idea tibetana de que “todos sin excepción, somos un Buda en potencia”, esto significa que dentro de nosotros están almacenadas todas las bondades de un Buda: El amor, la compasión, el desapego, la impermanencia, etcétera... Y que por ende, somos “potencialmente” seres iluminados, que no lo sabemos por nunca mirar dentro de nosotros mismos mediante la meditación y la reflexión... O como dirían los Mayas “In La kéch”, que significa, como recordarás, “yo soy otro tu”... Si acaso yo te diera una bofetada ¿en realidad a quién le estaría pegando?

Una hermosa historia Inca cuenta que un día los Dioses decidieron ocultar el conocimiento al hombre porque éste comenzaba a creerse superior a ellos y porque tenía la tendencia de utilizar las cosas positivas en acciones violentas o destructivas. Así que se reunieron en gran consejo para decidir el lugar donde esconderían el conocimiento. Uno de ellos proclamó: “Escondámoslo en el fondo del mar, ahí estará los suficientemente lejos de ellos”. “¡No! –dijeron los demás–, algún día van a crear una máquina capaz de llegar hasta el fondo del mar y podrían encontrarlo”. El Dios de las montañas dijo: “Yo lo ocultaré debajo de las piedras y en la montaña más alta que encuentre, ahí jamás podrán llegar”. Tampoco ésta idea convenció a los demás dioses ya que sabían que algún día la curiosidad del hombre lo podría hacer llegar hasta ahí. También les surgió la idea de ponerlo en otro planeta, pero aún ahí el conocimiento corría el riesgo de ser reencontrado por las personas equivocadas y usarlo para hacer el mal, así que de pronto una diosa, la Diosa del Amor, tomó el conocimiento en sus manos y comenzó a destruirlo en millones de pequeños pedazos. “¡Noooo! –gritaron los demás– Pero ¿qué haces? ¿Estás loca?”. “Calma –pidió la Diosa del Amor–. Qué les parece si escondemos un pedacito del conocimiento dentro de los corazones de cada uno de ellos, así, hasta que no llegue el día en que se unan todos y se comporten como un panal de abejas, es decir, como una sola mente, no podrán entender nada, ni siquiera la razón por la que están aquí... Después de escuchar ésta historia de boca de un ´taita’ peruano entendí cuál es el interés del sistema en que vivimos por mantenernos divididos como humanos, porque el día que seamos uno su poder económico y control sobre nosotros se desmoronaría. Esto sólo quiere decir que somos 6 000´000,000 de Budas en potencia que estamos bajo el control de la televisión, el Internet, visa electrón, etcétera... Y todo para mantenernos sin saber quienes somos en realidad.

¿Sabías que hay un plan para que desaparezca el dinero en efectivo, es decir el ‘cash’? Sí, el objetivo final de las tarjetas electrónicas es nada más y nada menos que desaparecer el flujo de efectivo, así cuando tú usas tu tarjetita, quienes manejan este planeta saben exactamente cuánto ganas, dónde lo gastas, qué compras, dónde estuviste en vacaciones y no importa el lugar, ya que “hay cobertura mundial y las facilidades para que pagues donde quieras”. Luego, gracias a tu teléfono celular saben a quién llamas y cuándo, quién te llama y de dónde, y pueden escuchar todo lo que digas; esto sin contar con que desde Internet saben a quién le escribes, dónde compras, qué te gusta y qué no, a quién conoces, tus tendencias y preferencias. En fin, todo sobre ti. Les estamos dando lo más valioso que pueden tener estas gentes:
Información, la base del nuevo desarrollo.

¿Que pasará cuando todos entremos en la red de Mr. Gates y éste la cierre con todos nosotros adentro como pescaditos? Ahora mismo en Inglaterra les están poniendo brazaletes geoposicionadores (GPS) vía satélite a los niños para “saber si sus hijos están en la escuela”... ¿Y luego qué? ¿Al nacer nos van a poner un chip de computadora en el cerebro? o ¿Que tal mejor la manipulación genética? Esto que aquí expongo son sólo más motivos para que si tienes o no cualquier enfermedad, ¡cambies por el amor de Dios!

Poder comprender estas verdades y esa convicción, a veces terca, de que es posible encontrar una solución si se es seropositivo  me llevo a aprender que es muy importante dejar claro que como dice el Dr. Roberto Giraldo “El fenómeno conocido como VIH, es una suma de anticuerpos y proteínas del estrés acumulados durante muchos anos de exposición a agentes estresantes químicos, físicos, biológicos, mentales y nutricionales. Una vez se es VIH positivo, la condición permanece toda la vida e indica cierto grado de intoxicación de órganos y tejidos. Por esto las precauciones para evitar el desarrollo del SIDA deben ser tomadas toda la vida.”, destruir el miedo que me habían generado los medios, estar en manos de un médico tibetano que sabía que no estaba trabajando con un virus sino con una enfermedad tóxica, y confirmar todo lo que suponía, con la opinión de cientos de médicos que ahora proclaman el replanteamiento sobre el origen del SIDA como enfermedad tóxica y no viral, es lo que me sanó a mi y te puede sanar a ti. No necesitas viajar a la India y hacer todo lo que yo hice, ni tener los mismos médicos que yo tuve, lo que sí se requiere es que creas que es posible curarte con todo tu corazón y convicción, y que le pidas a Dios, Buda, Mahoma, al ratón Miguelito o a quien gustes, su ayuda. Pero si en tu proceso de curación, por causa del miedo, dudas aunque sea por tres segundos, todo se desmorona y tendrás que comenzar de nuevo; pero te aseguro que si tú lo pides, lo crees y luego lo dices (es importantísimo el decretar las cosas), los hechos que te llevarán a tu curación comenzarán a suceder, y si no lo crees ¿por qué tienes este libro en tus manos? Que “casualidad” que entre millones de libros, de alguna manera u otra éste llegó a tus manos... Insisto en que el “VIH” no existe y que el SIDA es curable y no sólo eso, afirmo que el llegar a ser seropositivo puede ser transformado en una magnifica oportunidad para evolucionar como humano mientras te desintoxicas, y si tu estado es ya muy avanzado, fíjate que también es una magnifica oportunidad para que te ilumines. Según “El libro tibetano de los muertos”, el objetivo de esta vida es crear acciones y karma positivo porque al momento de la muerte se abren “puertas dimensiónales” que, si sabes como pasar y conoces el proceso del “bardo” te pueden llevar a los reinos de Buda.

Pero como no soy autoridad en ésta ni en muchas otras materias mejor te recomiendo que leas “El libro tibetano de la vida y de la muerte” o en inglés “Living & Dying” del gran maestro tibetano Sogyal Rimpoché. Este libro, si yo pudiera, se lo regalaría a toda la humanidad, es una obra maestra que sin duda alguna, a todos quienes lo han leído, les ha cambiado en algo sus vidas, así que mejor dejo que sea el maestro Sogyal quien explique las cosas, pero sin duda éste libro debe ser leído por personas que tengan una enfermedad terminal ya que da soluciones para cualquiera de las dos cosas que te pueden pasar, vivir o morir, y cualquiera de las dos cosas que te llegaran a pasar, entiende que en ambos casos saldrás ganando y ambas son grandiosas oportunidades para verdaderamente llegar a una mejor vida o hasta poder evitar tu próxima reencarnación liberándote del ciclo de muerte y renacimiento, pero si esto no es posible por lo menos podrás escoger una mejor encarnación en tu próxima vida para ayudar a la humanidad, en este texto descubrirás el poder de tu oración y el poder de tu mente, si unes todo ese conocimiento con las terapias naturales adecuadas... ¡Seguro te curas!

Lo que a mi me tocó vivir para nada quiere decir que “es el camino a seguir”, hay miles de alternativas de curación para ésta y muchas más enfermedades, lo que trato de hacer en este libro es únicamente darte unas pistas y la seguridad de que sí se puede y que sólo tienes que buscar un poco para encontrar tu sistema natural y de desintoxicación, puedes visitar si lo deseas el sitio www.vivoysanomexico.com para que veas los avances de un médico mexicano que tiene 200 casos curados bajo protocolo médico, o también puedes ver la pagina del Instituto de Salud Natural de Chile www.oocities.com/iesnchile/


IX. El tratamiento

Durante las primeras cuatro semanas del tratamiento, con sus respectivas visitas cada jueves a las 2:00 p.m. al humildísimo cuartito del Instituto “Men Tsee Khan” en donde vivía el Dr. Tentzin Pechok, fue doloroso para mi ver en qué condiciones tan difíciles viven estos médicos, que además de haber desarrollado la maravilla que ahora es la medicina tibetana y ser realmente sabios, tienen los secretos para curar cualquier enfermedad y es increíble que no vivan en la opulencia que “los buenos médicos” tienen en occidente gracias al lucro que hacen con los enfermos que atienden. Pero en fin, en esas cuatro semanas iniciales, el doctor se concentró en corregir los daños que tenía mi sistema digestivo y en optimizar mi alimentación, así que durante la segunda visita me insistió mucho en no consumir leche y papas; en cambio, me pidió que consumiera jengibre ya que es un purificador muy bueno para la sangre, pero me indicó que no lo hiciera en exceso ya que los occidentales solemos sobrepasarnos siempre que sabemos que algo nos ayuda a recuperar la salud.
Un día se sentó frente a mí y viéndome a los ojos comenzó a hablar en tibetano, un joven médico del Instituto fue quien tradujo del tibetano al inglés. Después de escuchar atentamente, me dijo: “Dice el doctor Pechok que quiere que entiendas lo más claramente posible que cualquier cosa que pase por tu mente se la cuentes, absolutamente todo, tus miedos, tus dudas, tu sentimientos, tus alegrías, tus pensamientos y absolutamente cualquier cosa que le quieras decir. También me pidió que te preguntara qué tipo de alimentación has llevado en tu vida, es decir, qué es más o menos lo que comes a diario y qué tipo comidas se tienen por costumbre en tu país”. Le respondí que en México comemos mucho chile y grasas, que somos carnívoros a morir y que las porciones casi siempre son abundantes, en fin, que somos bastante tragones y con un gran promedio de obesidad. De pronto, pensando en la dieta mexicana, se me ocurrió preguntarle si es más sano o si nos hace mejores y más “puros”el ser vegetarianos... ¿Saben como reaccionó?: “¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! No me hagas reír, yo conozco a muchos vegetarianos y te diré que en lo personal nunca fui vegetariano, pero muchísimos de los vegetarianos que he conocido, dicen, piensan y actúan mucho más mal que yo, que no soy vegetariano. Lo importante no es qué te metes por la boca, sino qué tipo de pensamientos y palabras salen por ella, o qué tan positiva o negativamente hablas siempre de ti y de quienes te rodean. Sólo hay que balancear bien lo que comes... No comas comida sintética, como todo ese montón de productos nuevos que comen ustedes en occidente. Lo malo es que muchas de sus cadenas de restaurantes hacen crecer al ganado que usan para producir lo que venden, con hormonas y alimentos “balanceados” que terminan en tu torrente sanguíneo, en tu cerebro y casi todas las partes de tu cuerpo, y en cada una de esas partes causan desordenes a los que ustedes les llaman enfermedades y que sus médicos tratan de curar con más químicos. El origen de las enfermedades son casi siempre psíquicos o químicos, para mi, éstas enfermedades son  producidas por lo que comen y piensan el 99% del tiempo que duran sus vidas, así que si realmente quieres estar sano, solamente come y vive natural, piensa amorosamente, y auxilia a los demás cada día de tu vida, eso es todo”.

Fue durante mi cuarta visita, que el Dr. Pechok comenzó a relatarme una historia sobre una especie de SIDA en el Tibet. En un capítulo anterior prometí que encontrarías una gran revelación en este libro, esa revelación es esta historia que me contó mi doctor-maestro-guía y que comenzó diciéndome así: “Hace ya bastantes años, cuando yo apenas era un estudiante en etapa inicial que por fortuna vivía en el Castillo Pótala, residencia de S.S. el Dalai Lama hasta antes de la invasión china en Lhasa, capital del ahora casi extinto Tibet, mis maestros de medicina y varios médicos más que formaban parte del original Instituto “Men Tsee Khan” fuimos testigos de cómo algo parecido a ese tipo de “desorden” que presentas tú comenzó a propagarse por todo el país, de inmediato parte del equipo de astromédicos del Instituto comenzaron el estudio de esa manifestación, por eso al ver tu caso me acorde de este desorden como “un viejo enemigo de batalla” que conocí hace ya muchos años en Tibet. Para que puedas visualizar mejor contra qué estamos peleando y así podamos sanarte, te contaré que este desorden es como un espíritu. Si, digamos que este es una energía que va de cuerpo en cuerpo alimentándose de la vida y vitalidad de las personas y las seca lentamente hasta matarlas... ¿Pero sabes de qué parte de las personas se alimenta una vez que entra en ti? Se alimenta del miedo, de tus malos pensamientos, de tus palabras nocivas, de tus negatividades, de tus malas tendencias y tus adicciones nocivas, de tus miedos internos y de tus rencores, es decir, de cualquier cosa negativa que generes. Así que lo primero que tenemos que hacer para que te puedas curar es dejarle de dar de comer para que se salga por donde entró, y es ahí donde yo no puedo curarte si no tú, y tu trabajo diario en dejarle de dar de comer a esa energía que traes dentro, para que se sienta incómoda y se quiera salir de ti. Más o menos así también funciona lo que ustedes llaman Cáncer. Pero, una vez que esta energía o espíritu salió de ti, el riesgo que seguirá latente puede ser que regrese en unos años, si vuelves a abrirle la puerta retomando tus actitudes y acciones nocivas. Por eso el incremento tan rápido de casos en el mundo, por el miedo y la tensión en la que viven ustedes actualmente, el medio de transmisión de esta energía es el miedo nada mas que eso.

En aquel entonces lo que hicimos para poder contener a esta energía una vez fuera del cuerpo de los afectados, para que no volvieran a retomar dichas acciones nocivas, fue que descubrimos que si construíamos cientos de “estupas” pequeñas por todo el territorio del Tibet podíamos realizar con el afectado una ceremonia para encerrar ahí a esos hábitos nocivos que generan  lo que ustedes llaman SIDA y cáncer, el problema mundial es porque durante la invasión China a Tibet, los chinos destruyeron todas esas estupas liberando así de nuevo a estas dos energías”.

¡Caracoles! ¿Se imaginan lo que esto significa? Yo, honestamente quedé atónito ante esta historia y no sé por qué algo dentro de mi me decía y me dice que sí, que es cierta y que hasta cierto punto y después de haber conocido de cerca la magia y la cultura tibetana me suena “lógica”. Días más tarde, durante una meditación me pregunté ¿si estas stupas contenían a esas energías, entonces qué contendrán dentro las pirámides de Egipto?... ¿Qué tantas “energías” y “fuerzas mágicas” circulan en este planeta que nosotros somos incapaces de percibir por mantenernos hundidos en la ignorancia que nos provocan los “científicos” y su tecnología, apartándonos de nuestra esencia natural y humana? Vivir una vida mecanizada y químicamente alterada por lo que comemos sólo nos enferma, nos atrofia la mente y no nos dejará entender, ni creer en todo lo que por necios no podemos, o más bien, no queremos ver. Pero existe una verdad que llega mucho más allá que cualquier “realidad” que tus sentidos actuales, que se encuentran bloqueados, te permitan percibir. La única manera de recobrarte como ser humano y a tu salud, es que te conviertas nuevamente en ese ser sensible y protector de esta su tierra, lleno de poder que su mente genera a voluntad y seguro de la igualdad que existe en todo lo que vive, lleno de la sabiduría que está contenida dentro de ti mismo, en tu ADN. El día que descubras esto, descubrirás también que el único camino en esta vida es el dar amor incondicional, el desapego total a las cosas y la meditación. Por tu naturaleza humana, eres un ser con poderes increíbles, ocultos dentro de tu mente, tienes un instructor interno que en el momento en que aquietas tu mente comienza a hablar y a darte el conocimiento más puro y cierto del cosmos, y en cuanto lo recibas, seguramente te darán ganas de llorar durante tu meditación por el sentimiento de certeza que desde ese momento tienes al saber que la “verdad” de tu visión de la realidad que es cierta y válida, y que todos tenemos una pequeña parte de esa verdad. Lo más importante de todas estas verdades es que son ciertas y válidas, absolutamente todas. En resumen: ”TODOS SABEMOS TODO, PERO NO RECORDAMOS NADA”. Así que, de los conocimientos que recibas durante tu meditación no tienes porque tener la confirmación de nadie, esa información es sólo para ti, pero es universal, en diferente “receta” para cada uno, así aprenderás “tolerancia”.

¿Qué tan mágica y maravillosa debe de ser entonces la verdad sobre el motivo y la forma para la que se creó este hermosísimo planeta? Una creación que funciona a base de energía mental y luz... ¿Cuánto podríamos aprender de los escasos médicos que quedan como el Dr. Pechok?... Creo que hasta que no nos bajemos de nuestra prepotente, escéptica y orgullosa maquinaria mental-mecánica que hemos autocreado y autoaceptado como la jaula cuyos barrotes están hechos con el sacrificio de nuestras vidas, felicidades, autonomías, espiritualidades e increíbles y poderosas capacidades, no podremos entender “la verdad” de nuestra creación... ¿Acaso se requiere que todo mundo viva una experiencia como la mía para entender las respuestas a todas estas preguntas?

En fin, ahí les dejo esta historia del desorden parecido al SIDA en Tibet para que cada quién piense y saque sus conclusiones. Sólo como nota, les diré que gracias a esta seropositividad pude aprender cómo vivir y realizar todo lo que arriba escribo,  y que pienso deberíamos hacer todos.

He aprendido el desapego, la impermanencia, la tolerancia, el amor incondicional, la igualdad de todo lo que vive, la naturaleza de las cosas y muchos conocimientos más que gracias a mis maestros Tibetanos y a mi maestro interno me hacen feliz y saludable. Por esto el título de este libro “VIH la puerta a la iluminación”, por que cuando enfrentas en tu vida a algo así, o cambias a buscar un camino espiritual y aprendes a dejar todo lo humanamente nocivo, o te mueres. Y si te mueres, puedes guiar esa muerte y si la guías bien, te puede llevar a tu iluminación y para esto puede llegar a servirte la mentira del “VIH”, para iluminarte de una u otra forma. Si vives, tendrás que vivir la vida casi como un iluminado, si mueres, puedes aprovechar el proceso para obtener una mejor reencarnación o hasta tu liberación del ciclo de reencarnaciones. Obviamente es mejor que no te enfermes, ni te mueras, ni que nada malo te pase, para detener la marcha por unos días y sentarte a meditar sobre tu vida.

Poderte hacer entender mis palabras para cambiar tu vida hoy, es la intención de todo este libro, así que tú decides. Por otra parte, y sólo a manera de comentario, les diré que ya que me había enterado de cómo en Tibet se habían encerrado estas actitudes nocivas, por si las dudas, un buen día caminé hacia el lugar donde se encuentra la residencia de S.S. el Dalaí Lama y en una ladera de la montaña que rodea la residencia me puse a construir con pequeñísimas piedritas un “chutop” (pequeño montículo de piedrecillas que se ofrenda). Con cada pequeña piedrita que coloqué, repetí un mantra “Om Mani Padme Hum” y visualicé que cada una de ellas era una acción negativa de mi pasado que estaba purificando al colocarla en su sitio. Una vez terminada, después de dos días, compré cal blanca y llevé agua conmigo para pintarla como dicta la tradición Tibetana. Esto lo hice sólo porque sentí muy lógico que la historia del SIDA en Tibet es cierta.

Fue por ahí de la quinta o sexta visita al médico que estaba absolutamente seguro de que saldría adelante, entre la lectura del libro del maestro Sogyal Rimpoché y lo que el doctor Pechok me dijo en esa visita ya no había dudas en mi cabeza, corazón y mente. Sus palabras fueron: “Sin duda alguna nos esta ayudando mucho tu actitud mental, tu fe en mí y la confianza que me tienes, tus meditaciones y la devoción y seriedad con que tomas tus medicamentos, así que te puedo decir hoy que en unos cinco meses sacáremos de raíz ese desorden que traes y una vez que te sanes jamás tendrás que volverte a preocupar por esta enfermedad mientras mantengas una vida recta, y quiero que olvides toda esta historia y que seas feliz ¿de acuerdo?”.

Una vez más, este amoroso monje tibetano me hacia llorar de alegría con las noticias que me daba, pero yo tenía varias dudas, así que le dije que había algo en mi cabeza que no me dejaba en paz. Le comenté que si había algo que me aterraba por las noches o durante mis meditaciones, era la posibilidad de transmitirle esta enfermedad a Shiori ya que se afirmaba por la medicina accidental que esto era posible –le mostré una fotografía de un día en que bailamos juntos en una boda, como pensé que sería para siempre en ese entonces– y le expliqué que ella era mi novia, que yo la amaba y que la posibilidad de hacerle daño era lo que causaba un enorme miedo y culpabilidad en mi. El doctor sonrió, me vio y dijo: “Que bonita y simpática se ve la mujer de los ojitos jalados ¡parece Tibetana! Y se ve que te hace muy feliz por las sonrisas en las caras de los dos, ahora sé por qué cuando tomo tus pulsos tu corazón siempre está feliz, tienes lo más preciado que la vida da, el amor de una bella mujer, pero ni te preocupes por ella, yo sé que está bien y si algo negativo se llegara a presentar yo me encargo de ella y la atendería con todo mi amor, pero no te preocupes yo se que nada le puede pasar”. Para variar, se me salieron las lágrimas. Jamás olvidaré todas las veces que salí envuelto en amor y lágrimas de ese cuartito del “Men Tsee Khan”... Teniendo ese corazonzote cómo no quieren que cuando pienso en el doctor Tenzin Pechok, lo vea como a la mismísima reencarnación del Buda de la Salud. Su amor y compasión hacia mi fueron inmensos y constantes, su habitual forma de ridiculizar mis más hondos miedos y temores me enseñaban siempre lo ignorante que soy y lo que las palabras “hombre sabio” significan.
Nunca imaginé que en mi vida algún día estaría tan cerca de conocer y de sentir lo que es estar junto a seres iluminados; recordar mis audiencias con S.S. el Dalaí Lama, los nervios mientras lo esperaba sentado en un sofá de su despacho y esa energía con la que se llenaba el ambiente cuando él entraba: Todo el amor, toda la paz y toda la sabiduría del mundo que te hace sentir, así como una profunda seguridad que emana de él –esa seguridad que sólo has sentido en brazos de tu mamá cuando tienes miedo- sólo te dejaban una salida: soltar en llanto. Puedo asegurar que más o menos así de intensas resultaban las visitas a mi médico, cada una fueron experiencias realmente iluminadoras y llenas de amor, siempre con una lección que aprender y un nuevo reto interno por superar, siempre enriquecedoras y de utilidad para poder ir dando forma a una nueva manera de aceptar la vida, de vivirla y hasta de morirla. Cada una de las palabras que Pechok me decía, aunque algunas veces eran muy duras, críticas y hasta demoledoras, sin duda tenían como objetivo último hacerme aprender para dejar de “sufrir” la vida en vez de vivirla y darme las herramientas para ser “realmente” feliz, con una felicidad duradera que trascenderá esta vida y que no me abandonará cuando muera. Sin duda que todo lo que Pechok me enseño tuvo por objetivo quitarme lo ignorante.
El jueves cuatro de enero del 2001, me dijo al final de la cita que quería verme el próximo martes, en vez de esperar hasta el jueves siguiente. No pregunté el por qué pero sentí que había algo importante llevándose a cabo en mi vida y que debería dejar todas las dudas y hacer lo que él me pidiera sin cuestionarlo. También ese día me dijo que no tenía mucho más que platicarme y que de ahora en adelante mis sesiones serían más cortas. Podría decir que hasta me entristeció oírlo decir eso y que ese día sentí mucha frialdad de parte de mi médico. Pero en fin, regresé al martes siguiente en que por “casualidad” fue el día de un eclipse muy visto en todo Asia –por cierto, ese día fui sin traductor, el Dr. Dorjee–, entré en la habitación y Pechok me recibió con una sonrisa, me indicó dónde sentarme y comenzó a cantar “OM MANI PEMME HUM”... A manera de alumno comencé a seguirlo, él se sorprendió mucho y pude ver en su rostro que le dio gusto ese detalle, acto seguido sacó de debajo de su cama una serie de papeles que se veían muy muy viejos, de entre ellos escogió uno que presentaba el templo Pótala en Lhasa (actualmente semidestruido por lo chinos que invadieron Tibet). Comenzó a explicarme en tibetano y con señas dónde vivía dentro del templo y dónde quedaba el Instituto original; fue algo raro y curioso pero yo podía entender todo lo que decía el Dr. Pechok y él entendía mis preguntas. Sacó también una foto de él con no sé qué paciente, y junto con el dibujo me los regaló. Para proseguir con la rutina de cada cita le expliqué como pude que había olvidado mi libreta donde me apuntaban las recetas para luego ir a comprar las medicinas al dispensario, la había dejado en mi cuarto. Él me calmó y me indicó que no había problema, se levantó de su cama y una vez más de debajo sacó un viejísimo costal de gamuza, comenzó a sacar unos costalitos más pequeños de adentro, por lo menos eran 50 diferentes, todos tenían una pequeña etiqueta escrita en tibetano; buscó tres sobrecitos de papel y comenzó a poner en cada uno diferentes envoltorios, tanto de polvitos como de pequeñas esferitas. Me indicó con señas cuáles eran para la mañana, tarde y noche, y me explicó que estas medicinas habían sido elaboradas en su totalidad por él, ahí en su habitación y que era muy importante que no se me olvidara tomarlas justo a las horas que ya sabía. Tiempo después entendí que a partir de esa sexta semana comenzaba el ataque sobre el enemigo o el desorden como el le llamaba, pero ahora con las “armas secretas” del Dr. Pechok.

Fue también en esa sexta semana que tuve por vez primera la oportunidad de ir a una audiencia pública con S.S. el XVI Karmapa, este joven tibetano es reconocido por su gente como la reencarnación actual de uno de los más grandes maestros y líder de una de las familias del budismo tibetano. Para esta visita llevé conmigo mi calendario Maya para que me lo bendijera, dos fotografías de él mismo y mis medicinas. Al estar frente a él le ofrecí la caja del calendario y lo demás, su santidad el Karmapa las tocó con una mano y puso sobre ellas una cinta roja que representa su bendición, acto seguido nos sentaron a todos los presentes y comenzó Su Santidad a hablar en Tibetano.

Curiosamente, por esas mismas fechas había perfeccionado mi técnica en pintura tibetana y me encontraba en esos días coloreando una ”tangka” de Avalokiteshvara, el buda del amor y la compasión... ¿Saben de qué habló ese día su santidad el Karmapa? Curiosamente, dio una iniciación de Avalokiteshvara, es decir, dio enseñanzas sobre la importancia del amor y la compasión, y una transmisión del mantra de Avalokiteshvara: “OM MANI PADME HUM”. En otras palabras, a todos los presentes nos transmitió el poder de este mantra y nos dijo que desde ese momento cada vez que nosotros lo repitiéramos, él estaría presente junto a nosotros. Habló sobre qué tan importante es despertar en nosotros el deseo de bienestar para todo lo que tiene vida, a este sentimiento compasivo y amoroso que todos deberíamos alcanzar un día, el budismo tibetano le llama el “bodhichita” o corazón iluminado. Despertar este “bodhichita” en nuestra vida diaria es uno de los objetivos del budismo Tibetano y un paso indispensable para poder realmente ser felices, en mi humilde opinión, es la llave que abre la puerta a la curación de enfermedades terminales. Si no abres tu corazón no te sanarás, así de fácil.

Durante mi entrevista con S.S. el Dalaí Lama, en marzo de 1999, le pregunté cuál es la forma más sencilla de obtener la iluminación. Su respuesta, como siempre acompañada por una carcajada, fue: “De las 84 mil formas y métodos sobre los cuales Buda enseñó, el método más sencillo, accesible para todos, rápido y que no requiere de maestro alguno es el camino del amor y la compasión, siempre y cuando esto sea sincero, honesto y de corazón”. En la enseñanza que ese día recibiera de Su Santidad el Karmapa, él apuntó que es muy importante la atención, la sinceridad, la honestidad, la seriedad y devoción que debe uno tener al realizar cualquier práctica espiritual, y dijo que se sentía admirado del profundo respeto y gran devoción que veía reflejados en las caras y en los corazones de los extranjeros que ahí nos encontrábamos, y que aunque nunca antes nos había visto o conocido, sentía el amor y respeto que emanaba de nosotros hacia él. Indicó que esto le hacia entender lo que representaba ser quien era y que lo hacía comprometerse consigo mismo y con el pueblo tibetano para trabajar más arduamente por la paz y la liberación no solamente del Tibet, sino de toda la humanidad.

Sin duda alguna todo el tiempo que tomé en el viaje de regreso a Dharamsala desde el monasterio de S.S. Karmapa fue como un sueño, sus palabras resonaban una y otra vez en mi cabeza y me sentía muy muy raro. Esa noche tuve un sueño en el que vi al Karmapa parado frente a mi muy sonriente y me decía: ”Ya estas curado y no debes preocuparte, pero piensa bien para qué vas a utilizar tu salud y la oportunidad que ella representa”. Acto seguido, me hizo una señal con su mano izquierda, una posición de mudra muy especial. Durante los siguientes días me dediqué a meditar mucho sobre ese sueño y, a decir verdad, no me fue difícil encontrar la respuesta a la pregunta que me hiciera el Karmapa. Mi salud, mis pocos conocimientos y el tiempo que me quedara de vida lo dedicaría a tres cosas: 1) Escribir este libro; 2) Ayudarte a ti y a cuantos pueda a sanarse, ser felices y vivir en paz a través de difundir la falsedad de las enfermedades que nos han inventado los científicos; y 3) Amar a mi novia Shiori.

A los pocos días de mi visita al Karmapa, del sueño con él y de llegar a la conclusión de para qué iba a usar mi “nueva vida”, estaba sentado meditando, cuando de pronto se me ocurrió pedir a mi guía que me diera una señal de que todo lo que estaba pensando era lo correcto y que tanto el sueño como todo lo demás no era una locura mía. Increíblemente, al día siguiente fui invitado por mi amigo Joe a comer a casa de alguien muy cerca de Mc Leod Ganj. Fuimos en un taxi al sitio que resultó ser la casa de Adhytia Katoch, un mahará del norte de India cuya familia se remonta a 2000 años atrás. Este señor amable, sencillo y de buen humor fue nuestro anfitrión esa tarde y en realidad comimos como ‘maharás’. Fue ahí también donde conocí a una guapísima mujer holandesa de nombre Alejandra, esta dama fue secretaria y asistente del gran Sogyal Rimpoché, autor del libro que cambió mi vida... ¿Coincidencias una vez más? Por si esto no fuera suficiente señal, de regreso a casa y debido a lo angosto del camino, nuestro taxi quedó atorado entre varios otros en una angostísima saliente del camino, de pronto Joe me dice: “Mira, en ese auto va Tai Si Tún Rimpoché (maestro del Karmapa) ¡Abre la ventana!”. Abrí la ventana y saludamos a Tai Si Tun Rimpoché, pero después de que este pasó frente a nosotros, se detuvo el auto que venía detrás justo en la ventanilla de nuestro taxi, de pronto me di cuenta de que en ese segundo auto venía nada más y nada menos que Su Santidad el Karmapa. Junté mis manos para saludarlo y su santidad volteó, al ver que yo aún traía en mi cuello la cinta roja que días atrás me había regalado, me miró, hizo el mismo gesto que yo para saludarme con las manos unidas, y de pronto hizo la misma mudra de mi sueño con la mano izquierda... ¡Wow! ¿Qué más puede uno pedir?... La medicina secreta de mi médico, las bendiciones de Su Santidad el Dalaí Lama y el Karmapa y todo un mundo de mágicas “coincidencias”, hermosas todas ellas y llenas de amor. Sí, sin duda fue una buena decisión haber tomado el riesgo de irme a India a buscar mi salud, mi vida y a mi mismo.

Una semana después de mi primer visita al Karmapa decidí atender de nuevo a una audiencia, en esta ocasión tuve además la oportunidad de ir acompañado por dos guapísimas mujeres que había conocido días antes en circunstancias diferentes cada una. La primera de ellas, neocelandesa de profesión, periodista y de nombre Header; la otra, una chica holandesa que se dedicaba al entrenamiento de personal para industrias, su nombre, Marike. Habíamos estado platicando toda la mañana sobre diversos temas, pero tres de estos fueron la base de la mayoría de nuestra charla: i. Quién es el Karmapa, su historia y lo que él representa; ii. La era en que vivimos, su vacío espiritual y la incapacidad que tiene el “orden” mundial para ser justo y hacernos felices; iii. El poder de la fe y la convicción que se requiere para que ésta funcione...

Entramos a la audiencia, recibimos nuestra cinta roja a manera de bendición, pero esta vez se me ocurrió llevarme la fotografía que me había dado mi doctor de él mismo y mi dotación de medicinas para esa semana. Cuando estuve frente a S.S. el Karmapa, me puso mi cinta roja en el cuello, pero en ese momento, en vez de caminar para seguir la fila, me quedé parado frente a S.S., levanté la mirada, le señalé la foto de mi médico junto con mis medicinas y él amorosamente las bendijo y me dio una cinta más para que se la llevara a mi doctor. Agradecí con una sonrisa su noble gesto y él me sonrió de vuelta. Pasé a sentarme con los demás y en pocos minutos S.S. el Karmapa comenzó a dar su enseñanza de ese día. Cuál fue mi asombro al escuchar al traductor que comenzó diciendo que ese día, debido a que había una gran cantidad de niños tibetanos que venían de diversas escuelas a visitarlo, nos explicaría que representa su persona y a qué tradición o familia budista pertenece. Así comenzó a dar la explicación para todos los presentes, acto seguido les dijo a los niños ahí reunidos que jamás olvidaran su origen y lo que representan, que amen a su patria original y que entiendan que su fe, aunada a la convicción y a una buena educación del cuerpo y de la mente pueden lograr cualquier cosa, hasta la paz e independencia del Tibet. Por último S.S. advirtió a los chicos que el mundo que les tocará vivir no es sencillo y que por esto mismo es aún más importante que estudien las enseñanzas de Buda, ya que son una gran herramienta que se puede usar para crear un nuevo y más justo orden mundial.
En ese momento recordé la pregunta que Su Santidad me hiciera en mi sueño: “¿Qué vas a hacer con esta oportunidad que se te está dando a través de tu salud?”. Me quedé pensando en eso cuando de pronto sentí como si me hubieran regresado al salón del monasterio sólo para escuchar de labios de S.S. el Karmapa: “Una vez que alguien logra un avance hacia la iluminación, por pequeño que este sea, lo debe utilizar para ayudar a los demás a que lleguen por lo menos a su mismo nivel”... ¡Ándale! En menos de 25 minutos, S.S. había hablado sobre todo lo que mis amigas y yo habíamos estado platicando toda la mañana y me confirmaba que tenía que utilizar mi salud para ayudar a otros a sanarse y a encontrar el camino de vuelta a su vida “normal”. Esto me alentó aún más a escribir este libro y prometí en ese templo y ante la imagen de Buda que dedicaría mi tiempo y vida a recolectar fondos para el Instituto “Men Tsee Khan” y a trabajar para crear una institución seria que asista a seropositivos y enfermos de SIDA, donde se apliquen nuevas terapias que utilicen lo poco o mucho que he aprendido uniéndolo con diversas corrientes no tibetanas –pero análogas–. Si se fusiona esto con lo más moderno en ciencia y tecnología médica puede crearse una nueva terapia que tenga como soporte una profunda transformación mental y espiritual de los pacientes. Se trata de crear una terapia humana que tenga el poder de demoler la serie de mentiras sobre el “VIH”, que ponga fin al miedo, a los tóxicos y la ignorancia que son el origen de esta desastrosa enfermedad y que ofrezca la certeza a las victimas de los médicos inventores de toda esta desgracia, de que ésta es una gran oportunidad para que cambien su vida. Ese fue el compromiso que poco a poco pienso cumplir cueste lo que cueste, pues recientemente me he encontrado con “intereses” creados para que este tipo de centros no se realicen. Pero de esto hablaré más adelante.



X. Reflexiones y otras historias

Desde el día que siguió a la muerte de Lucero, mi atención tuvo que volver a la vida cotidiana y hasta cierto punto volver a la “realidad”, ya que los dos años anteriores el estado de salud de mi chaparrita requirió de toda mi atención día y noche. El hecho de volver a la realidad y de ignorar la verdad sobre como se origina el SIDA, me llevó a tener que pensar más a fondo lo que cualquier persona promedio pensaría si su mujer murió de SIDA, la posibilidad de que yo también podía ser portador del  “VIH” y contagiar a otros, ésta idea comenzó a meterse en mi cabeza y a devorarlo todo, fue como si una tenebrosa sombra fuera cubriendo con su tétrica oscuridad cada parte de mi vida y sobre todo de mi corazón y mis sentimientos. Ahora que puedo ver más claramente todo el pasado, me doy cuenta de la sincronicidad de cada uno de los eventos de estos últimos años; por ejemplo, qué curioso que por “casualidad” en mi segundo viaje a India haya comprado una caja con esferitas de una medicina tibetana que se llama “rinchen manjor”. Ésta medicina es un depurador de la sangre y se debe tomar en luna llena y con ciertas restricciones en cuanto a dieta y reposo; desde 1999, y sin saber si yo era seropositivo o no, comencé a tomarlas porque un monje me había dicho que “eran buenas para todo” y como yo quería fortalecer mi cuerpo, ya que estaba sometido a un gran stress y drogas, quería algo que me ayudara a reacomodar todo mi metabolismo. Sin duda, mi tratamiento comenzó en ese viaje, ya que todo lo que viví ese año en India me cambió por completo y me hizo replantearme toda mi vida al tener que enfrentar la muerte de mi pareja.
En este viaje, también me tocó conocer a viajeros de todo el mundo que obviamente al ver a Lucero sabían de qué estaba enferma y por ende el tema del SIDA fue más que repetitivo en nuestras conversaciones. Y lo más triste de todo fue encontrar que el 100% de las personas creían que el SIDA es un virus. Después, en mi tercer viaje a India, cuando fui a recibir mi tratamiento, conocí cada día a personas que al enterarse de mi tratamiento me platicaron todo tipo de historias y anécdotas sobre el asunto, así que al decidir escribir este libro me dediqué a buscar mucha más información entre la gente, que son quienes creía yo que tienen la verdad, ya que los medios sólo dicen lo que les conviene y la ciencia trata de ignorar lo que no puede entender en relación a lo que llaman SIDA y su origen. Por otra parte también por fortuna encontré que varios médicos modernos y renombrados científicos afirman que el virus del “VIH NO EXISTE”, y si eres lo que los doctores dicen ignorantemente un “portador” de ese “virus”, te sugiero que busques en Internet todo lo que existe sobre este grupo de científicos y médicos, (www.robertogiraldo.com  www.visoynomexico.com ) como por ejemplo la opinión del Dr. Kary B. Mullis, Premio Nobel de Química que aparece en el sitio de Internet propiedad del Instituto de Estudios Salud Natural de Chile. www.oocities.com/iesnchile/

Total que hablé con cuanta gente pude, gente de los más diversos orígenes, culturas, credos y edades. En varias ocasiones me encontré con la versión que tiene cierto grupo de gente, de que el virus del sida fue creado en un laboratorio auspiciado por la CIA para control de población masivo. Es decir, un sistema para “deshacerse” de ciertos núcleos de población que son “molestos” o “improductivos” para el sistema, por ejemplo, la población gay del mundo, o los drogadictos, o los africanos o... lo que ustedes quieran imaginarse. Otra versión afirma que es un virus que viene de África y que se originó entre la población de gorilas. La versión de mi médico ya la conocen ustedes; y por otra parte, hay la versión de que es una enfermedad que se transmite “electromagnéticamente” y que si dos personas con los mismos “miedos” se unen eso es lo que genera el contagio.

El asunto es que, es normal que su servidor, dada la falta de información y su ignorancia, no tenga la respuesta para saber el origen del SIDA... pero que jóvenes de Alemania, India, Tailandia, Holanda, Israel, Canadá, Estados Unidos, Corea, Argentina, Malasia, Francia, Grecia, Perú, España y México –que son la gente con la que platiqué sobre el tema en los últimos tres años– tampoco sepan la respuesta... Se me hace raro que siendo casi todos gente con educación y una cultura a veces admirable no tengan esta información, es decir, que nadie sabe con certeza de dónde diablos salió este fantasma de fin del siglo XX que ahora yo le llamo el Virus Inventado por el Hombre, VIH.

En una ocasión alguien, por ahí, me contó sobre supuestas atrocidades que nos hacen ciertas compañías multinacionales de alimentos y sus cadenas de restaurantes, quienes “energetizan” con mantras negativos la comida que nos venden, desde salchichas, hamburguesas, bebidas artificiales y comida de microondas que para acabarla de ‘fregar’ llaman “tv dinner”. Es decir, te idiotizan vía los cinco sentidos, mientras tu cerebro es “programado para vivir bajo el miedo” con todo lo que ves por TV; por tu boca te dan alimentos que son “manipulados” para que produzcan reacciones en tu química y subconsciente para que te mantengan dormido, y así jamás te cuestiones tu paso por este planeta, y no puedas, o no quieras quitarte de encima el dominio que estas empresas tienen sobre ti y sobre la humanidad. A manera de novela de terror, digamos que, mientras ves la tele, te estás comiendo tu dosis de “Soylent Verde”... ¿Dónde he visto esto?... Recuerda que todo lo aquí dicho no es mi opinión si no lo que “la gente dice en las calles de este planeta”.

Si a esta forma de manipulación humana que acabo de describir, le sumo el nuevo control de la vida que tiene el sistema sobre ti a través de tu dirección de Internet, tu correo electrónico, tu número de tarjeta de crédito –válida en todo el mundo–, tu pager o localizador y demás artefactos... ¿A dónde te lleva todo esto? ¿Qué sigue? ¿Control absoluto de la humanidad? ¿Y el genoma humano? ¿Y la clonación alimenticia?... ¡¡Auxiliooo!! En ese caso prefiero morir de “VIH” fantasma y reencarnar en un futuro mejor,  prefiero la muerte a ser parte de todo esto como testigo inmóvil que no hace nada por cambiarlo... ¿Salvar mi pellejo al liberarme de esta moustrocidad y quedarme callado sin decir nada de lo que me contó la gente, sin difundir lo que me dejaron las enseñanzas de Buda, y sin hablar de lo que me enseñó mi médico y mis maestros? ¿Qué motivo tendría seguir vivo?

La respuesta a ésta última pregunta es el libro que estás sosteniendo en tus manos y que mágicamente, en estos instantes en que tú lees, se está creando un puente en el tiempo entre mis manos que están escribiendo, y tus ojos y mente que leerán mis palabras, así de fácil estamos tú y yo rompiendo la falsa barrera del tiempo y el espacio, ya que a fin de cuentas esto que estás leyendo no es otra cosa más que el reflejo a través de mi mente y manos, de la mente infinita y creadora que algunos llaman Dios. Esto no lo digo porque yo me haga llamar escribano de Dios, ¡eso jamás!, lo intuyo porque el maestro Sogyal Rimpoché dice que en uno de sus libros, que desde su punto de vista toda idea o creación surge del “Rigpa” o “naturaleza de la mente”, es decir, del vacío infinito, puro y multiopcional de la mente donde cualquier cosa puede ser creada... En mi muy humilde entendimiento concluí que toda creación artística tiene su origen en la mente de Dios, son inspiraciones divinas, y si esto es así, concluiría citando algo que no recuerdo bien donde leí: “Nosotros no somos otra cosa que el flujo constante materializado de los pensamientos de Dios”.
Pero entonces, si nosotros somos la creación de los pensamientos constantes de Dios ¿Qué o quién crea la “realidad” que percibimos?¿Hasta donde la realidad es “real”? ¿Quién tiene la razón en cuanto a la realidad? ¿Quién puede decirme que la realidad era que yo tenía que morir de “VIH”? Basado en lo que aprendí en Dharamsala puedo decir que la respuesta a estas preguntas es muy simple en esencia, pero muy profunda cada vez que medita uno en ella, una buena manera de exponerla es esta:

“Son nuestras mentes, a través de nuestros cinco sentidos los que perciben esos pensamientos generados colectivamente; a través de los sentidos puedes percibir eso que llamamos realidad”. O para decirlo de manera más sencilla, con la ayuda de la mente de todos creamos este planeta, la luna, las montañas y todo lo demás, y son nuestros sentidos o “censores” los que la perciben, pero, como cada quién percibe las cosas de manera única, por nuestras diferencias naturales, resulta que “la realidad” tiene tantas verdades como seres humanos existen, ya que la realidad no es más que una percepción. ¿Será por eso que los soñadores somos tan felices? ¿Para qué tratar de imponer toda tu vida tu punto de vista de la realidad a otros? ¿A dónde has llegado haciéndolo? ¿Has conseguido que las cosas cambien? Acepta que todo mundo está en lo correcto cuando da su opinión, jamás trates de imponer tu visión de los hechos a otros, nadie esta mal y nadie está equivocado, es sólo “su percepción de la realidad” y si logras entender esto y puedes aplicarlo en tu  vida diaria, habrás aprendido un concepto que India me enseño en sus calles y trenes: “la tolerancia”.

¿Para qué las peleas entre esposos, entre gobiernos, entre culturas y religiones? Si se dan cuenta, todo el conflicto en este planeta es porque unos quieren imponer su visión de la realidad a otros. Así como los españoles, al no poder entender lo que habían encontrado en América, impusieron su visión de la realidad para hacerle más daño a la humanidad que todas las guerras de la historia. Pero esto ya estaba previsto, y los mayas, artífices de las realidades y de las dimensiones,  pronto darán su sorpresa.

Cambia tu visión de la realidad. Eso ayuda muchísimo a recuperar la salud y si acaso te han dicho que eres portador, te puedo asegurar que SÓLO DEPENDE DE TI decidir en qué realidad quieres creer: En la que te han formado la televisión y la prensa, que te han dicho hasta hartarse que te vas a morir porque eres un sidoso y que es tu fin; o, en la realidad que tú quieras crear con tu mente, tus palabras, tus acciones, tu autoconfianza y hasta con tus sueños entendiendo que si te puedes curara y que eres victima de una mentira. Si esto lo juntas con un profundo cambio en tu vida cotidiana y con una nueva forma de darte a los demás, no habrá manera de que no te sanes.

Las puertas de estas dos realidades están frente a ti y ahora las conoces, es tú elección, eso es lo más difícil, entender que no está en manos de nadie tu sanación, que ésta se dará cuando desde el fondo de tu corazón le pidas a Dios, Buda, Shiva, Mahoma o como quieras llamarle, que te dé ayuda y la fuerza para poder cambiar y ser útil a los demás. Entiende que esa fuerza divina “en realidad” SI existe, que está dentro de ti y que eres parte de ella, eres todo un Buda en esencia, pero como no lo sabías y ahora que lo sabes no lo puedes creer, pues por eso justamente es que no hemos evolucionado como especie en el aspecto mental y seguimos con solo 5 sentidos.   Pero, si puedes cambiar esta simple idea sobre la realidad, o digamos, aceptar este concepto aunque sea por un instante, te darás cuenta de la grandeza interna que todos poseemos.
Tus ideas, si las diriges bien, pueden un día llegar a cambiar “la realidad” de tu vida y la de otros, e incluso hasta ayudar a que los que han muerto tengan una mejor reencarnación y liberación. Así que, lo primero que hay que vencer en esta vida para poder realmente transformarnos, cambiar al mundo y ser felices es vencer al miedo. Él es el verdadero enemigo, está en nuestras mentes y en la forma en que nos preprogramamos para percibir la realidad y sus acontecimientos, pasamos la vida aterrados por la idea de que algo malo nos pase sin razón o motivo alguno. Esta sencillísima verdad, la verdad de que todo es manejado por nuestras mentes, que el día que las manejemos colectivamente tendremos un poder increíble y de que si entrenas tu mente podrás dominar tu entorno,  es lo que la hace tan difícil de creer.
Pero me pregunto... ¿Si tomara a medio millón de Incas y los sentara al mismo tiempo a meditar y a canalizar su energía mental en mover y moldear una piedra de 8 toneladas, sería posible construir una ciudad como Machupicchu a tres mil y ‘pico’ metros de altura?... ¿Y si en vez de Incas, tomo a un millón de Nazis y los pongo a crear pensamientos destructivos?... ¡Podríamos hasta volar el planeta en mil pedazos sin disparar un sólo misil! ¿Será por esto que ante las invasiones que sufrieron todas las grandes culturas de la historia ocultaron el conocimiento? ¿Por qué si los grandes imperios Inca y Maya eran tan avanzados se dejaron conquistar por unos cuantos españoles? Parece que en la historia hay un hueco o un retroceso inexplicable, por ejemplo, en Egipto se construyeron las impresionantes e inexplicables pirámides. Curiosamente, menos de mil años después de su construcción, los egipcios no tenían ni idea de como construir una... Los indígenas mexicanos actuales no tienen ni idea de cómo se construyó Palenque y mucho menos saben cómo domar a la selva para que no se trague cualquier construcción en una temporada de lluvias típica de la zona Maya. ¿Por qué lo primero que sacan los tibetanos de sus monasterios ante la invasión china fueron “unos extraños rollos de papel y librillos escritos en tibetano”? ¿No será que –como indica la práctica tibetana llamada Dzogchen– todas estas culturas decidieron “absorber la derrota” militar con tal de salvaguardar el poder de ese conocimiento sagrado y tan superior a la “tecnología de punta” de los invasores que por ambiciosos y violentos solo se autodestruirían con él, y los viejos lo ocultan con tal de que no cayera en manos de personas ignorantes que utilizarían todo este poder para “conquistar” violentamente todo a su alrededor? Precisamente por el poder que genera ese conocimiento, es que en Tibet se requieren muchos años de monasterios, prácticas, meditaciones y demás, si se quiere llegar a los niveles superiores de sabiduría, ya que ningún maestro te dará esa enseñanza que abre la puerta a grandes poderes a alguien, hasta que no esté absolutamente seguro de que ni tu ego ni tu ignorancia te harán usarlo para algo que afecte a los demás... Bueno, esto es sólo lo que yo creo, o mejor dicho, lo que siento. Una vez más, aclaro que todo lo que aquí escribo no es más que mi opinión, análisis y reflexión, sabiendo que puedo estar equivocado, pero con la certeza, de que la mente que habita en mi corazón dice la verdad... ¿Y la tuya? ¿Qué dice?

A través de mi trabajo con el calendario Maya, he conocido a gente de todo el planeta. Y, por qué será que cada vez que hablo sobre la posibilidad de que se dé un gran cambio a nivel planetario, que se está gestando en este mismo momento, la gran mayoría, por no decir que todos, me dicen que piensan o sienten que sí, que presienten o intuyen algo similar dentro de ellos? ¿Será –como dice James Redfield en su libro “La Profecía Celestina”– que somos una “masa crítica” que en cuanto sea consciente se despertará conjuntamente? ¿Por qué al oír la palabra Apocalipsis nos da frío e inmediatamente la relacionamos con destrucción y muerte masivas?... En la Biblia lo dice muy claro “Apocalipsis o Revelación”, para los Mayas según José Argüelles, Apocalipsis significa “Revelación de la verdad” y en el Budismo existe una rama de enseñanzas que se llama el “Vehículo Apocalíptico”, vehículo que te lleva a la iluminación y no creo que te ilumine destruyéndote o matándote, sino más bien es un vehículo que te ilumina revelándote la verdad. En conclusión ¿no será que estamos viviendo la “era de la revelación de la verdad”? Pero entonces ¿quién nos ha metido en la cabeza la idea de que la palabra Apocalipsis es igual a destrucción y muerte? ¡Bingo!

Las religiones, los medios y un montón de locos que sólo pretenden distorsionar la verdad e infundir miedo en la humanidad para obtener algunos privilegios. ¿No será que detrás de esto hay alguien interesado en sembrar el miedo y la ignorancia entre nosotros para que nunca lleguemos a ser una “masa crítica consciente”?... Pero decíamos que incluso en la Biblia jamás se habla de “destrucción y exterminio de la raza humana”. ¿Qué acaso no dice que después del Apocalipsis vendrán en la tierra miles de años de Amor, Paz y Luz, y que todo será purificado por el poder del fuego? Para entender esta parte de la “purificación a través del fuego” citaré algo que me dijo un gran monje tibetano: “Si te digo toda la verdad de lo que estamos viviendo, mi lengua ardería en llamas y tus oídos volarían en mil pedazos”. ¿No será que las verdades queman más que el mismo fuego? ¿Qué pasaría con nuestra vida si se nos revelara la verdad sobre nuestra creación? Tal vez, vivir este tipo de experiencia nos volaría el cerebro en mil pedazos a más de uno. ¿Quién soportaría tal verdad?

En las Profecías de varias culturas antiguas se habla de una purificación o catástrofe planetaria que envolverá en fuego a esta tierra. Curiosamente todas estas culturas tenían calendarios solares y el culto al sol; el fuego era sagrado y según la versión de los españoles hasta sacrificios se le hacían. Esto obviamente, no es más que la versión de un puñado de ignorantes españoles, pero en fin, en otro libro les hablaré sobre las mentiras de la historia. En cuanto al culto solar tan generalizado en las culturas antiguas, resulta que últimamente nuestros científicos han “descubierto” que la luz también es información... ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! Pobrecitos, ni se imaginan lo que la luz es en realidad, pero pronto lo sabrán, y no es que yo lo sepa.

Para cerrar este capítulo expondré una conclusión “loca”: La razón que he encontrado para la existencia del uso de los calendarios solares y el culto al sol en la antigüedad, basado en los estudios que he realizado los últimos 9 años, es que todos los días el Sol, a través de la luz y las radiofrecuencias que envía a la Tierra –a manera de un tono musical–, hacen resonar un cuarzo gigantesco de veinte caras (que describe José Argüelles en su libro “El Factor Maya”) y la Tierra comienza a resonar como un diapasón. Esta vibración es de una altísima frecuencia y comienza a recorrer todo lo que sobre la tierra existe. Todos los seres de todos los reinos vibramos bajo esa frecuencia al mismo tiempo y al unísono, el destino final de esas vibraciones es nuestro ADN. Éstas resonancias, que varían de tono y de frecuencia cada día, se encuentran decodificadas en los calendarios solares de todas esas culturas antiguas, e indican qué tipo de información circula en la Tierra y en todo este sector del cosmos cada día, según el tipo de información que emite el sol, debe de ser la actitud mental con la que se vive cada día.

Por esto, resulta lógico que tanto Mayas, Incas, Egipcios y demás tuvieran un calendario solar y uno lunar, el primero indica la resonancias solares que rigen la vida consiente de los seres (energía masculina), y el segundo, regula el ciclo de trece meses con veintiocho días cada uno, que suman 364 días, más un día “verde”, o año nuevo, dan los 365 días. Este calendario lunar es el que calibra el cuarzo interno de la tierra y su ciclo alrededor del sol, además de controlar la vida subconsciente de los seres (energía femenina). Pero a toda esta maravilla de la ingeniería bionatural, nosotros, los humanos, con nuestras señales de satélite, microondas, televisión, teléfonos celulares, radios, etcétera, le estamos creando una gran “disonancia” a este planeta. Y es esta disonancia la que nos mantiene encerrados en esta cárcel tridimensional, dormidos sin poder realmente evolucionar; esto, sumado al hecho de que vivimos bajo un calendario asincrónico de doce meses (con diferente cantidad de días cada uno). Eliminando por completo el uso del calendario lunar, hemos provocado que la mujer pierda su control y su poder, y todo porque hace algunos miles de años los “falsos sacerdotes hombres” transformaron el calendario lunar y crearon uno de 12 meses con diferente cantidad de días cada uno. Si tienen dudas, analicen la historia de la mujer en los últimos miles de años... ¿No habrá sido esto hecho intencionalmente por los hombres para tener el poder? ¿Por qué vivimos en un patriarcado cuando es la mujer la que tiene el poder de la concepción? ¿No será que el famoso “fin de los tiempos” se refiere al fin del tiempo erróneo y mecanizado en que vivimos? ¿O tal vez, en realidad se refiere al fin del sistema económico y tecnológico en que vivimos?¿Podría ser que sea esto justamente lo que todos sentimos que está pasando? ¿Sentimos que se nos esta cayendo el sistema? Y sí, así es, todos tenemos un gran motivo por el cual decidimos reencarnarnos en este tiempo y en este lugar, al fin de un ciclo de 26,000 años del calendario Maya, o como se conoce en la India, al fin del Kali Yuga o era obscura de la humanidad. Si nada de esto es cierto, dicho sea de paso, me reservo todos los derechos de esta historia para hacer de ella la mejor película de todos los tiempos, una película que ni Steven Spilberg ha sido capaz de poder imaginar. Pero ¿si esto es cierto? Si todo lo que he narrado es cierto, entonces vivamos en amor, paz, compasión y armonía, dediquémonos a transformar nuestra vida hoy y eduquemos a nuestros hijos sin miedos y de forma diferente. En fin, estemos preparados para un mágico y maravilloso cambio que obviamente tendrá también dolorosas consecuencias para una buena parte de esta humanidad... ¡Pero por Dios! ¡Qué falta hace que algo así suceda en este planeta!
¿Por qué me atrevo a aseverar que hace falta que algo así suceda? Simplemente porque tenemos que terminar con las atrocidades que el sistema actual y su manejo del materialismo genera en las personas, cegándolas con la avaricia y el apego hacia lo material, aunque para lograr lo que se desea, se tenga que pasar por encima de otros, aunque conseguirlo sea a costa de las vidas de seres enfermos y con quienes además se lucra. Considero inhumano que una serie de laboratorios que están ganando millones de dólares vendiendo “medicamentos contra el SIDA”, bloqueen toda la información que se genera en contra de la teoría que sostiene que no es un virus, porque se demostraría el enorme fraude que están cometiendo y todo lo que nos han mentido en vano. En la reunión mundial sobre el sida que hubo en España en el 2002, donde no se le permitió el acceso al Dr. Giraldo y su grupo por no ser “invitados” ¿Se dieron cuenta quién patrocinaba el evento? ¡Si! ¡Los laboratorios transnacionales! ¿Qué decentes, no?... Mientras se siga permitiendo que los intereses económicos de unos cuántos se sostengan sin importar los medios que se utilicen para mantenerlos generando riqueza, y mientras continúe esta humanidad empecinada en degradar todo el planeta hasta sus últimas consecuencias, estoy y estaré más que contento de saber que tal vez, en un futuro no muy lejano, se les caiga todo su teatrito... Que Dios los agarre confesados y libres de karmas, porque lo que están haciendo no solamente es inhumano, es más que diabólico.
 

XI. De vuelta a mi caso

Ya para el mes de febrero de 2001 los avances en mi recuperación no dejaban de asombrarme día a día. Mi médico y yo teníamos una excelente relación y cada vez que me tocaba ir a visitarlo, ya sabía que de seguro el doctor Pechok me tenía preparada una nueva lección.  Sin duda que con cada visita a su casa y con cada lección que me daba, fui entendiendo y asimilando a fondo la idea que tienen los tibetanos acerca de que estos médicos son en realidad encarnaciones del Buda de la salud. El amor, los consejos y principalmente la compasión con la que me atendía, su interés en que aprendiera meditación para obtener a través de ella el control de mi mente y mis emociones, todo esto y sus ganas de hacerme estudiar Dharma, sin duda me hacen tenerle muchísimo amor y respeto.
Haber tenido la oportunidad de ser paciente de un médico como éste y recibir todo su amor y compasión, sin duda me enseñaron perfectamente bien el ejemplo de hasta dónde quería llevar mi vida para poder ser un poco como él, y hasta dónde tendría que llevar mis estudios sobre Dharma, para continuar con mi aprendizaje y mi camino espiritual. Sin  duda, el haber estado junto a este gran sabio por tanto tiempo, me hizo ver el motivo de mi vida de una forma diferente y con sentido. Gracias a su constante ejemplo, ahora sé muy bien cómo se debe dar amor y compasión, porque me tocó recibirlos de él; su tolerancia hacia mi y su paciencia me enseñaron a ser tolerante y paciente con todos y con todo, es por esto que sigo y seguiré mis estudios sobre Dharma porque quiero llegar a ser alguien tan sabio, amoroso y compasivo como él. Cuando lo consiga, podré estar satisfecho con esta encarnación. Aún así, creo que lo más importante que aprendí fue a entender un refrán que decimos en México: “Hay que pregonar con el ejemplo”.

Faltaban pocos días para festejar lo que los tibetanos llaman “Lossar”, o año nuevo tibetano, que esta vez caía a principios de marzo, las calles se notaban con más movimiento de lo usual y todo mundo hacía los preparativos para la gran fiesta. Durante este tiempo el doctor Pechock se dedicó únicamente a tomar mis pulsos y checar mi orina, no más pláticas agradables y no más consejos sobre qué comer y qué no comer, es decir, parecía que íbamos bien en cuanto al tratamiento. Sentí que la emoción inicial de nuestra relación había entrado en una segunda etapa, una etapa de acercamiento y estudio, él no hablaba mucho pero con una o dos cosas sencillas que me decía, me daba claves que yo interpretaba bastante bien, creo. En una ocasión me preguntaba sobre cómo estaba manejando el miedo. Con lo que había estudiado hasta ese momento ya podía responder acertadamente que gracias a la disminución paulatina de mi ignorancia, cada vez lo controlaba mejor, y que gracias a que él estaba a mi lado sabía que nada me podía pasar, pues estaba en las mejores manos que se podría. Le platiqué que había comenzado a pintar una tangka de Gurú Rimpoché y que también me había aprendido su mantra, para que su imagen y su poder me ayudara a transformar en luz cualquier tipo de miedo que me pudiera nacer; pero sobre todo, le contesté que sabía perfectamente que tenía que seguir al pie de la letra sus indicaciones y que con todo esto resultaba imposible que siguiera teniendo miedo. Así que sonrió y me comentó: “Por hoy es todo y nos veremos la semana que entra”. Me seguía dando la misma medicina que elaboraba en su cuarto e invariablemente me preguntaba por mi digestión y mi apetito.

Fue el 26 de febrero, durante mi consulta semanal, que me invitó a estar en su casa para el tercer día del Losar. Les contaré que los festejos del fin de año Tibetano duran cinco días y en vez de ser cinco días de ‘reventón’ y alcohol como en occidente, acá son cinco días de meditación y retiro silencioso. Así que se podrán imaginar al montón de turistas que vienen de todo el mundo a festejar el año nuevo tibetano, la tremenda desilusión que se llevan todos cuando salen a las calles y se dan cuenta que no hay grandes fiestas, ni danzas todo el día y que no hay folklore qué ver... A mi, cuando pude ver sus caras, la verdad me dio risa. Pero en fin, para el citado día acudí a la invitación y por mi madre ¡qué bien la pasamos! Comimos unas enormes empanadas de carnero hechas al vapor, llamadas ‘momos’, y que obviamente por la grasa del carnero y el tamaño de cada pieza, son bastante pesaditos para el estomago. Además, bebimos durante horas té de mantequilla con sal que acentuaba aún más esa sensación de querer reventar de tantas calorías, de tanta grasa y de tanta comida. Pero fue más que inolvidable, una experiencia única que parecería una escena sacada de alguna película.
Al terminar nuestro manjar, en el que estuvimos él y yo completamente solos y sin traductor alguno, la pasamos entre señales y risas. Era indudable que teníamos una comunicación más allá de toda lengua, sin embargo, mandó llamar a su nieta para que me tradujera algo importante que me tenía que decir. Entró su nieta al cuarto y después de limpiar la mesa y servirme la enésima taza del espeso y caliente té, se sentó y su tío abuelo comenzó a hablar: “Estoy muy muy contento por ver que estás mejorando semana a semana, eres joven y lleno de alegría, sé que te espera un brillante futuro y ahora te puedo decir que sé que tendrás una larga vida, en unos dos meses no tendrás que volver a tomar medicina alguna pero te tengo que explicar lo siguiente, quiero que te olvides por completo de este desorden que tuviste y que no pienses más en él, haz con tu vida lo que quieras. Ahora que tenemos tanto tiempo de conocernos te confieso que aún recuerdo bien el amor con que cargabas hasta mi cuarto a tu novia... Sin duda fue duro para ti, pero ahora te toca vivir, hazlo feliz y sé un buen hombre, realiza a diario tus prácticas y oraciones. Por último, te voy a decir que eres parte de ésta familia y por eso estás aquí compartiendo con nosotros, sé que no tienes dinero, pero no te faltará; me preocupa mi sobrina Amye, ella es joven y quiero que el día que puedas la ayudes, no te preocupes por lo económico que ya trataremos de ver como lo solucionamos con el tiempo, pero mi tranquilidad depende de saber que tendrá un mejor futuro, te conozco más de lo que tú crees y por eso me atrevo a hablarte así ¿me comprendes?”...

¡Claro que le entiendo! Respondí, y prometí que haría lo posible por ayudarla mientras tenga vida, y que si él me pedía que yo no me preocupara nunca jamás del SIDA, yo le pedía humildemente que no se preocupara por su sobrina, él únicamente sonrió y una vez más llenó hasta el tope mi taza con té de mantequilla, digamos que fue la onceava o doceava taza de la tarde, sonreí, tome la taza entre mis manos y con bastantes trabajos me la tomé. Así que ese día salí con una tremenda barriga y una capa de mantequilla en la garganta, pero feliz, muy feliz de haber compartido con mi familia tibetana tan bella festividad. Por si fuera poco, antes de salir de casa de mi médico, me dio un último regalo: Resulta que mi nombre, Carlos, siempre fue un poco difícil de pronunciar para él, y me dijo: “Para facilitar las cosas y para que seas una parte más integral de esta familia, si no te molesta, desde hoy tu nombre tibetano será Tenzin Karma, o simplemente Karma”. ¿Queeé? ¡Buuuaa! Se me salieron las lágrimas por todos lados y no me quedó más que darle un gran abrazo a mi viejo adorado, fue claro que a él también se le salieron las lágrimas aunque trató de ocultarlo. Tiempo después me enteré que mi nombre, “Tenzin Karma” significa “el tenedor de la acción”... Y vaya que sí he tenido que transformar tremendo karma en mi vida. Por lo demás, resultó curioso para mi que desde la primera vez que visité a Su Santidad el XVI Karmapa, me haya identificado tanto con él.

Para mi consulta del 4 de marzo, una vez más el doctor Pechok realizó su rutina de siempre, analizar orina, pulsos y digestión, pero esta vez al darme mi dotación de medicinas para la semana me dijo: “Felicidades, estamos a punto de terminar todo nuestro trabajo”. Le di las gracias como siempre, me miró y dijo: “¿Qué pasa en tu vida que te veo más feliz que nunca?”... ¡Ah! –-suspiré–, es que mi novia Shiori, la más noble, más linda y más amorosa de las mujeres que he tenido en mi vida viene a India y eso me hace el hombre más feliz del planeta ya que su vida ilumina la mía y es el amor encarnado en mujer, el decir que la amo sería poco para poder describir lo que esta mujer significa para mi”. “¡Qué bueno! –respondió–, recuerda traerla conmigo para poder revisarla”. Le di las gracias y le prometí que así sería. Le platiqué que mi siempre amada Shiori sufría mucho de su piel y que a veces ella sentía una mano muy fría y otra muy caliente, a esto inmediatamente contestó: “De seguro se debe esto a un shock que sufrió de pequeña”. Curiosamente, ella recibió un fuerte golpe cuando era bebé y esto le causó un paro respiratorio que casi le cuesta la vida. Por último, antes de salir de la habitación el Dr. Pechok me dijo: “Aún no entiendo para qué necesitan los médicos occidentales sacarle sangre a alguien para diagnosticar ciertas enfermedades, pero deberías de ir a que te hagan unos análisis”.

La sangre se me bajó hasta el piso nada más de pensar en ir de nuevo a hacerme análisis. Para mi, la palabra del Dr. Pechok de que ya estaba curado era más que suficiente, así que le expuse esto y además le expliqué el miedo que me daba tener que ir a enfrentar de nuevo la frialdad de los médicos y la medicina ‘mata-humanos’ occidental. Él no hizo más que lo que siempre hacia con mis más grandes miedos, echó a reír y me dijo: “¿Qué te preocupa? Aquí estoy yo, y si algo sale mal pues lo remediamos y punto, pero tienes que ir para que tu familia y la de Shiori estén tranquilas”. En fin, que salí de ahí con grandes dudas en mi cabeza pero con la certeza en mi corazón de que todo lo que me pedía mi médico era lo que más me convenía hacer.

Y por fin llegó el diez de marzo y el amor más grande que había tenido en mi vida arribó a India, su visita relámpago tuvo a cada minuto algo mágico y maravilloso.

Primeramente, el día 12 me acompañó a mi consulta semanal con el Dr. Pechok y en cuanto entramos acompañados por Dorma, nuestra traductora, una enorme sonrisa salió del rostro de aquel sabio anciano, nos recibió y de inmediato le pidió a Shiori que se sentara a su lado. Le tomó sus pulsos y le mandó al baño para traer una muestra de orina, la analizó para después indicarle que comiera menos picante y cosas agrias, acto seguido dijo que no era muy claro si Shiori tenía el mismo desorden o no y le dio una receta con la que se le daría tratamiento para su piel y sus manos, luego tomó mis pulsos y checo mi orina para una vez más sonreír y decir: “Vamos muy muy bien, en unas semanas más terminaremos tu tratamiento y jamás volverás a tomar medicina de ningún tipo”. Miró a Shiori y continuó: “Quiero que olvides todo y que estés segura de que todo esta bien, así que ni te preocupes por él o por ti ¿Entiendes lo que digo? Y cuida mucho ese mal que tienes en tu piel porque a futuro se puede complicar; eso es todo por hoy, se pueden retirar y gracias por venir. Se ve que se aman mucho y el amor es algo muy pero muy valioso en este mundo... Es lo que mantiene a todas las cosas unidas, así como la tierra sostiene a los árboles”. Shiori y yo salimos de ese cuarto completamente felices y emocionados a la vez, nos abrazamos y nos felicitamos por el éxito casi alcanzado y digo “casi” porque aún faltaba la prueba final, los análisis clínicos que confirmaran los hechos, y para realizarme dichos análisis, tardé algún tiempo en poder vencer el miedo.

Parecería que con esta visita al médico ya habían sido muchas emociones para un solo día, pero esa misma noche como a las 10:00 llegó hasta mi cuarto el dueño del “Tak-Ten Guest House” –la casa de huéspedes donde vivía en ese momento–, con gran apuro llegó a tocar a la puerta y cuando abrí me dijo con ojos desorbitados:
- Carlos, habló Tenzin Takla, sobrino de Su Santidad el Dalaí Lama, para avisarte que debido a la solicitud que hiciste desde hace meses, tendrás una audiencia junto con un pequeño grupo de latinos, los que puedas reunir esta noche, para visitar a S.S. mañana como al medio día, diles que tienen que estar ahí con su pasaporte como a las 9:00 a.m. ¿Entiendes?
- ¿Queeeeeé?
- ¡Si! Mañana a las nueve.
- ¡Wow!
En ese momento mi corazón brincó de alegría y caí de rodillas frente al altar que tenía instalado en mi cuarto. Shiori no entendía bien la magnitud de la noticia que me acababan de dar, pero veía mi reacción ante la noticia y sonreía con esa sonrisa de perlas que dios le dio y que tan bellamente adorna su cara. Sólo le dije: “Chaparrita de mi vida, mañana conocerás al Dalaí Lama”. Tomé una chamarra y salí corriendo a la calle para tratar de encontrar a tantos latinos como pudiera, pero como eran ya casi las 10:30 de la noche y en ese pueblito todo mundo se acuesta temprano, fue únicamente a mi amigo Javi, un chico de origen vasco, a quién le pude avisar del encuentro, por fortuna también le pude dejar un mensaje a mi amiga Marta en su hotel para que llevara a la audiencia a los 10 peruanos y ecuatorianos que viajaban con ella.
Así que, por increíble que parezca, al tercer día de su llegada, el amor de mi vida y yo tuvimos dicha audiencia. Curiosamente fue un martes trece, asistimos trece personas de origen latinoamericano, entre los que había peruanos, colombianos, ecuatorianos y un gallego, que por cierto en el calendario maya era tono trece, igual que yo. Con todos estos treces como señal, nos encontrábamos en el ingreso a la residencia de Su Santidad El Dalaí Lama... ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!... Y dicen que las sincronicidades numéricas no existen... Treces por todos lados. Fue realmente un momento mágico en las vidas de todos nosotros, pasamos uno por uno a recibir su bendición y pudimos cruzar unas palabras con él. Primero pasó Shiori y no sé qué le habrá dicho a Su Santidad, pero lo que si sé es que él le preguntó que de dónde era, y cuando ella le respondió que de México se sorprendió muchísimo ya que los rasgos de Shiori son totalmente tibetanos. Cuando llegó mi turno –siendo esta la tercer audiencia privada, además de las otras dos públicas a las que había atendido en el pasado–, al llegar a estar frente a Su Santidad le repetí la frase que siempre dije en cada una de las ocasiones que tuve audiencias con él, al entregarle la tradicional ‘katak’ (un lienzo de seda blanca) dije en inglés: “Éste es un gran beso de todo México para usted”. Al oír esta frase que después de cinco veces ya se le hacia familiar, sonrió, me vio a los ojos y se dispuso a escucharme, tan rápido como pude le explique de mi tratamiento y de las maravillas que el Dr. Pechok estaba realizando en mi, él me puso la mano en la cabeza y me dijo que eso le daba muchísimo gusto. Acto seguido saqué un pequeño estuche que contenía tres fotografías de su santidad en diferentes años de su vida y le pedí que me firmara una; al ver que las tres fotos eran de años bastante distantes entre si me dijo: “¿Cuál quieres que te firme?”. Y yo contesté: “¿Cuál le gusta más a usted maestro?” Me vio y como que le extrañó que le dijera maestro... “Me parece que la más reciente” –dijo–, la firmó y le di las gracias en tibetano: “Tuchiché”. Esto lo hizo sonreír de nuevo, pero, en ese momento, fui “carrereado” por los elementos de seguridad de Su Santidad y él amablemente se ofreció a tomarse una foto con todos los presentes país por país. Cuando llegó el turno de Shiori y mío parecía que tendríamos una foto muy personal ya que éramos los únicos dos mexicanos de la audiencia, y cuando yo pensé que tendría la foto del año, mi chica, Su Santidad y yo, se le ocurrió al gallego meterse... Y bueno, por eso aparece en la foto que marcó mi ultima audiencia con Su Santidad en ese viaje... ¡Tenía que ser un gallego!... Cuando terminó la visita y salimos todos juntos de la residencia no había duda que aunque fuera por ese instante nuestras vidas se sentían transformadas y llenas de amor, una gran felicidad nos invadía a todos y decidimos irnos ‘en bola’,  a tomar un té y comentar los sucesos.

Quedaban ya pocos días para que mi amor partiera y parecían esfumarse. Para el lunes diecinueve de marzo fuimos de nuevo a consulta en compañía de Dorma, como siempre fuimos recibidos por el doctor Pechok con una sonrisa, sin perder tiempo pidió a Shiori su muestra de orina y tomó sus pulsos, meditó un poco los resultados, y comenzó por preguntarle:
- ¿Has tomado tus medicamentos?
- Si, pero una noche olvidé tomarlos –respondió ella–.
- ¿Cómo te has sentido?
- Bien, bastante tranquila.
- Déjame decirte que ahora si es más claro para mi que no tienes el mismo desorden que Carlos ¿entiendes?
- ¡Si! Claro que lo entiendo doctor, gracias, mil gracias.
En ese momento ocurrió algo que me gustaría contar. Cuando Shiori asintió con la cabeza para agradecerle al doctor por las noticias tan agradables, él comenzó a hablar en un tono mucho más severo de lo normal y más enérgico. Esto sucedió cuando el doctor comenzó a decirle a Dorma que no estaba nada bien que Shiori olvidará tomar sus medicinas por quedarse dormida. Este comentario en tono enojado, hizo que Shiori me dijera al oído y en español que parecía que se había enojado con ella, su comentario fue: “Huy, parece que se enojó conmigo”. A los pocos segundos de que Shiori me dijera esto, Pechok le dijo a Dorma algo que tradujo así: “Dice el doctor que entiendas, Shiori, que él nunca se enoja, y que así habla con tono fuerte, que es parte de su temperamento y que jamás se enojaría contigo porque eres su paciente, pero que no olvides tomar tu medicina por quedarte dormida, tienes que entender esto”... ¡Andále! ¿Cómo le hizo el viejo para saber lo que Shiori me había dicho al oído? Tiempo después, cuando Shiori me preguntó acerca de esto, no me quedó otra respuesta más que decirle: “Sólo nos demostró una vez más quién es”.

Así, después de la partida de Shiori a México me quedé de nuevo solo en India, regresé a concentrarme de lleno en mi tratamiento y semana a semana visité a mi médico, medité, monté un bellísimo altar con una estatuilla del buda de la salud, la foto firmada por S.S. y otra foto bendecida por el Karmapa, puedo decir que me sentía en completa armonía. En ese mes de marzo del 2001, realmente llegué a estar muy cerca de lo que la gente llama “ser completamente feliz”. Tenía el amor de una hermosa y talentosa mujer, mi salud mejoraba y gracias a una socia tibetana que conseguí, se planeó la apertura de un restaurante 100% mexicano en Mc Leod Gang de nombre “La Lupita”.

Parecía que por fin mi vida iba sobre rieles, pero todo esto, a lo único que me llevaría, no sería a otra cosa si no a la demostración una vez más de lo que significa la palabra “impermanencia” y lo difícil que es aprender a aplicar correctamente “el desapego”,  ya que estaba a punto de recibir una nueva lección de que nada permanece estable y que por esto mismo tienes que estar toda tu vida sin generar expectativas ni de nadie ni de nada.

Nunca pienses que tú tienes mucho que ver en el cómo se va a llevar a cabo tu vida, no trates de resistirte a tu destino y a tu karma porque lo único que lograrás será generarte dolor y sufrimiento. Recuerda que todo lo que hoy vives es el resultado de tus acciones pasadas, y si quieres un futuro bello, comienza por construirlo HOY. Como dijera un maestro pintor que vive en Pátzcuaro: “Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”.
 

XII. Una duda lo acaba todo.

Lo que sucedió en los días posteriores a la partida de Shiori sólo me demostró una vez más lo que la ignorancia y su producto final, el miedo, pueden generar en nuestras vidas. Es decir, como nuestra mente mal entrenada y débil, una mente sin control y que siempre reacciona como niño berrinchudo, nos puede arrastrar a tener actitudes negativas y nocivas, que únicamente nos hacen sufrir, nos hunden en el pánico y la inseguridad, y todo, absolutamente todo lo que pensamos que parecía ya dominado o bajo control en nuestras vidas se puede desbocar en unos cuantos minutos y nos puede arrastrar a los lugares más obscuros de nuestras conciencias y de nuestros sentimientos.
Todo comenzó cuando a finales de abril fui como siempre a mi consulta. Ese día, el doctor se veía más alegre de lo usual, sonreía mucho y cantaba alegremente su “OM MANI PEMME HUM”. Tomó mis pulsos y checó mi orina, me miro a los ojos y supuse que me estaba indicando que una vez más sacara los sobres donde ponía mi medicina cada semana, pero al comenzar a sacarlos, Dorma, la traductora me dijo que el doctor decía que ni los sacara, que no iban a ser necesarios... “¿Queeeé? ¿Cómo de que no? ¿Por qué no?” –pregunté–. En ese momento el doctor comenzó a hablar: “Hay algo que es muy importante decirte, creo que te dará mucho gusto enterarte, la noticia es que hoy terminamos tu tratamiento. Todos estos meses que hemos pasado trabajando juntos por fin han dado sus frutos, tu entrega por completo a tus estudios, la seriedad y aplicación con las que haz realizado tus prácticas, tu fe clara en mi y la profunda transformación que has realizado en tu forma de ver el sentido de la vida, sin duda han sido de muchísima ayuda. Sólo me queda decirte que ésta de hoy es tu última visita conmigo, estás curado y no hay más trabajo para nosotros juntos”. Yo no entendía: “¿Qué? ¿Pero cómo? ¡Nooo! Quiero seguir viniendo a verlo, no puede ser ¿está usted seguro? ¡Buuuaaa!”... Me solté chillando como niño chiquito, era una mezcla entre alegría por haber terminado el tratamiento y tristeza porque ya no vería a mi amado doctor, sabía que esto significaba el fin de mis visitas semanales a ese hogar tibetano que tanto amaba y a dejar de recibir mi dosis de amor y conocimiento que él me daba, así que pedí a Dorma que le preguntara de nuevo y que fuera más específica.

Ella preguntó y con una sonrisa dijo:
- Si, dice que ya terminaste tu trabajo con él y que no es necesario que vengas más.
- Pero si no quiero dejar de verlo –¡Buuuaaa!– Mi querida Dorma, dile por favor al doctor que no deseo dejarlo de ver, que necesito mucho de sus sabias palabras y de sus consejos, dile que para mi él se ha convertido casi como en un padre y también en un maestro, dile que sé que debo vivir desapegado de todos y de todo, pero en este momento de mi vida no se si soy capaz de seguir adelante por mi solo; me siento como un bebé que justo cuando acaba de aprender a caminar, lo quieren dejar que camine solo y honestamente me da miedo, o más bien no es precisamente miedo, sino inseguridad de si estoy listo o no para caminar alejado de él y además me gustaría seguir tomando mis medicamentos para poder reforzar mi salud.
Mientras hablé con Dorma, el doctor Pechok miraba intrigado a la traductora como tratando de entender toda mi palabrería. Ella comenzó a traducirle al doctor mis palabras y después de escuchar todo lo que había dicho sonrió y comenzó a decirme con una cara de amor infinito lo siguiente:
- No Karma, no te preocupes, siempre que tú quieras puedes venir a visitarme y estar conmigo, pero  tienes muchísimo que hacer y decir, además creo que estás listo para seguir con tu vida y con tus estudios. Te diré también que por dos razones ya no te daré más medicamentos, la primera es porque sencillamente ya estás curado y la segunda porque darte más te haría daño.
- ¿O sea que estoy recuperado al 100%? –pregunté–.
- Si, al 100%, y digamos que hemos sacado de raíz el desorden que traías, también pienso que lo mejor que podrías hacer es olvidar toda esta historia y lo que has vivido desde la muerte de tu mujer hasta el día de hoy. Se feliz, tienes juventud y salud, además casi siempre estas de buen humor y eso ayuda mucho a no envejecer prematuramente –y comenzó a reír–.
Me quedé petrificado por unos momentos, mil y una veces di las gracias a Dorma y al Doctor y salí una vez más llorando de aquel cuartito del Instituto “Men Tsee Khan”, con una mezcla entre felicidad, euforia, melancolía y tristeza.
Dejé pasar unos días antes de avisar a mi amada Shiorita y su familia sobre el fin del tratamiento, pero una vez que me animé a informarles a todos mis seres queridos y amigos, ella se empeñó en que me tenía que ir a hacer unos estudios que comprobaran los hechos... Ojalá nunca le hubiese hecho caso, ya que para mi bastaba la palabra de mi médico para saber que estaba bien, pero mi amor por Shiori pudo más que todo lo que pensaba y fui a realizarme los dichosos análisis; el resultado: Positivo otra ves. No lo podía creer, regresé a mi casa y lloré por horas, a partir de ese momento una vez más me desmoroné física, moral y mentalmente, dejé de meditar y me sumí en el dolor, angustia y sufrimiento más hondo de mi vida entera, a tal grado, que decidí mentirle a Shiori al decirle que me tenía cansado y que mejor me dejara, que yo no le convenía y que sería mejor para ella alejarse de mi, inventé miles de excusas para terminar nuestra relación ya que recordaba muy claramente aún su llanto el día que por primera vez me salieron positivos los resultados de los análisis que me había hecho en Morelia y no quería que el amor de mi vida viviera de nuevo algo así.

En este momento, más que nunca me dejé llevar de la mano de la ignorancia al fondo del inframundo y tal vez más allá. Todo esto impulsado por la reacción de Shiori y mi familia ante la noticia de que los resultados habían salido positivos de nuevo, esa reacción que tuvieron por desgracia no fue la mejor, ya que cada vez que les llamaba por teléfono me hablaban con ese dolor escondido en la voz, con ese tono de ”pobrecito Charlie, hablémosle bonito, que se va a morir”. El dolor y la pena fueron tales que no tenía ni siquiera el valor o las ganas de ir a ver a Pechok... Y sobre todo mi mente ¡ay dios, cómo sufrió mi mente y mi corazón! Todas las preguntas me asaltaban, se me agolpaban en la cabeza y sólo me llevaban hacia un punto: ¡Todo esto para nada! ¡Que se vayan a la mierda la meditación, la espiritualidad, el amor y la medicina tibetana!

¡Idiota! ¿Realmente creíste que te podías curar? Eso no es posible y menos para alguien como tú que vales tan poco y que a nadie realmente le importas? ¡A la mierda la vida, ni para qué seguir!... Y así fue el infierno que me autoconstruí por dos semanas, dos semanas que no tendría yo que haber vivido si en aquel entonces hubiera sabido que todas las pruebas para la detección del VIH son falsas y sus laboratorios lo reconocen, que el virus es un espejismo creado en una conferencia de prensa en 1984, que no hay forma de que yo pueda contagiar a nadie, pero POR IGNORANTE como dirían mis maestros, seguí de necio autodestructivo hasta que decidí ir de nuevo a ver al doctor Pechok. Esta vez, en cuanto entré, se dio cuenta de que algo grave me pasaba, así que fui al grano y le conté toda la historia ‘con pelos y señales’ –como decimos en México–. Al terminar de contarle toda mi tragedia romana, su reacción fue la misma de siempre: “¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¡Pero que necio eres!”.

Esta vez, su risa no me hizo la menor gracia y la verdad me molesté muchísimo y le reclamé airadamente que no se me hacía nada gracioso lo que me estaba pasando y que creía que merecía un poco más de seriedad y respeto de su parte. En ese momento, toda esa dulzura y tranquilidad que Pechok siempre había tenido conmigo se transformó y me dejó ver a alguien que no conocía y que no había visto jamás. Salió el médico con 60 años de experiencia y 84 de edad, salió su temperamento de hombre sabio, su profesionalismo y el carácter fuerte y templado que le han dado los años.

Con toda su autoridad y energía comenzó por hacer pedazos mi ignorancia a base de preguntas:
- ¿Dónde te hicieron los estudios?
- En un Laboratorio en Dharamsala, un laboratorista.
- ¿Quién o qué decidió que estás enfermo?
- Una máquina –respondí–.
- ¿Cuánta sangre te sacaron y de dónde?
- Un tubito así de chiquito y me la sacaron de aquí del brazo –le mostré–.
- ¿Cuántos kilos has subido en estos meses?
- Como cinco o seis.
- ¿Cómo está tu digestión?
- Hasta hace unos días bien, muy bien.
- ¿Y acaso no te sentías con fuerza?
- Si, me sentía bastante bien y sano.
- ¿Tú sabes cómo se desarrolla esta enfermedad en el cuerpo?
- No, no sé.
- ¿En qué te basas para dudar de mi palabra al decirte que ya estás curado?
- En los resultados del laboratorio doctor.
- Bien, primeramente déjame explicarte algo, cuando yo te reviso, lo hago de pies a cabeza, es decir, casi te reviso hasta la última célula de tu cuerpo. Entiende que en tu torrente sanguíneo quedan aún pequeños niveles de lo que fue el desorden que tenías y si la cantidad que detecta tu maquina esta ajustada a un nivel erróneo cuando te sacaron sangre, pues obvio que saliera positivo el resultado. Pero eso si, escúchame claramente, RETO A CUALQUIERA DE TUS MÁQUINAS Y A TU MEDICINA MODERNA A QUE ME DEMUESTREN QUE ESTÁS ENFERMO, RETO A TODA TU TECNOLOGÍA Y A TODO TU SISTEMA PARA QUE ME DEMUESTREN QUE HEMOS FALLADO. NO ES POSIBLE QUE SEAS TAN DÉBIL E IGNORANTE PARA QUE A TRAVÉS DE TU MIEDO E INSEGURIDAD PIERDAS TODO LO QUE HABÍAMOS LOGRADO... ¿En qué crees más, en tus máquinas o en mis 60 años como médico y fundador de este Instituto?
Fue en ese momento, en el que yo también comencé a reírme de mi situación, y me dio una enorme pena siquiera mirar a los ojos a mi médico. Sin duda me estaba dando una lección de cómo los occidentales nos hundimos siempre en el pánico por ignorantes e inseguros; así que sólo me quedó mirarlo y decirle que me disculpara por irrespetuoso y que esta vez, parecía que lo que necesitaba de él, era que me diera medicina para mi mente y no para mi cuerpo, que disculpara mi ignorancia y el haber dudado así de él.
- Mira Karma –me dijo–, te voy a explicar cómo es que actúa este desorden cuando ataca. Lo primero es que cuando esta energía entra en tu cuerpo, invade tu sistema digestivo, es decir, tu estómago, intestinos y riñones. Es por ahí que te comienza a debilitar y a ganar su batalla, ya que tu cuerpo no es capaz de absorber los nutrientes que la comida te debería dar y si lo juntas con las tremendas diarreas y las deshidrataciones te manda al suelo. Ya que te tiene hecho pedazos por ahí, luego se pasa a tu masa muscular, grasas y tejidos para inmovilizarte, y como una boa, comienza a apretarte lentamente, o sea que imagínate, si ya no llegan los nutrientes a tu cuerpo, cosa que te debilita en extremo, este desorden comienza a comerse tus músculos y cada gota de grasa o fuente de energía que te pueda quedar. Una vez que lo consigue, pasa a tus huesos y devora todo el calcio que encuentra; por último, se dedica a consumir todos los metales que contiene tu cuerpo y así te mata y termina disolviéndote ganando así la guerra ¿entiendes lo que quiero decirte?
- Si, claro que si doctor.
- Y perdóname, pero no veo en ti ninguno de los síntomas que te acabo de describir, o ¿si?
- No doctor, para nada, disculpe mi ignorancia y gracias por su explicación.

Medité por unos segundos lo que me acababa de decir el doctor y no tardé en darme cuenta de qué era lo que él realmente me estaba diciendo y lo que yo estaba enfrentando al haber vencido la seropositividad. No se trataba únicamente de vencer a una enfermedad, no, esto iba mucho más allá de lo que entendía en ese momento, ahora tiempo después puedo ver que al ser un caso curado de SIDA que quería decir la verdad e informar al mundo que si es posible curarse, estaba enfrentando a todo un planeta, a su sistema, a su visión de “la realidad”, a su medicina y sus médicos, a los medios de información y por supuesto a la opinión pública que estos manipulan, me gane una guerra personal contra los intereses de millones de dólares de compañías que se tragaron el anzuelo del gobierno norteamericano y su mentira sobre el virus que genera el SIDA, y que ahora estos laboratorios envenenan a personas EN TODOS LOS PAISES DEL MUNDO con medicinas que ELLOS SABEN QUE NO CURARÁN A NADIE por que no se puede curar una enfermedad tóxica con más químicos, expuse y expongo mi vida y mi historia a los demás por que a mi ya me mataron una ves y mataron a mi Lucero con sus mentiras,  yo... no les tengo miedo.

Además entendí que yo era el típico producto de una gran mentira mundial que se llama “sistema” y que iba a ser más difícil vencer a todos estos factores que a la enfermedad en si... Seguí mirando a mi médico en profundo silencio mientras me daba cuenta de la forma tan retrograda, ignorante y débil en que había reaccionado a todos estos eventos desencadenados desde el análisis clínico. Con un simple pedazo de papel firmado por un laboratorista en el que decía que mis resultados eran positivos, todo el poder y la magia del budismo tibetano, todas mis meditaciones y oraciones, todo el trabajo de meses, los mantras recitados y los constantes esfuerzos de este adorable anciano, los había puesto en duda en los últimos días, cuestionando, odiando y hasta maldiciendo, llegando al punto de no saber si todo había sido real o inventado por mi... ¿Todo esto por un resultado dado por una maldita máquina?... ¡Ja!¡Ja!¡Ja! También terminé riéndome.

Una vez más no quedaba sino llorar y pedirle perdón por mi inseguridad, por dudar de mi fe clara en él y por estúpido e ignorante, pero principalmente por débil y ante todo, por haberle quedado mal a él que tanto había transformado mi vida y mi mente. Pensé entonces: “¿Cómo me atrevo a dudar de este amoroso y sabio hombre? ¿Qué acaso no lo veía como al buda de la salud? ¿Dudarías de Buda si te dijera algo? ¡Ay pero que idiota eres Carlitos, no cabe duda! ¿Realmente necesitas de un laboratorio para saber si estás sano o no? Porque si es así, mejor regrésate a tu hoyo en México y prepárate a morir, y sobre todo, deja de quitarle tiempo y energías a este monje que son dos cosas que no le sobran, y recuerda además que él no tiene porque soportar tus ridiculeces y berrinches de niño tonto”... Al verme llorar me dijo con un tono más que paternal que entendiera que tenía que olvidar todo y que lo único a lo que me debería dedicar de ahora en adelante para mantener mi salud era lo siguiente: Primero, profundizar más en mis estudios y prácticas de lo que enseñó Buda; segundo, reforzar mi mente por medio de la práctica del Dharma; y tercero, meditar y aplicar en mi vida diaria lo que iba aprendiendo... “Si haces esto –me explicó–, no te preocupes más por tu enfermedad, pues las enseñanzas te darán los medios para salir siempre adelante, de aquí te llevarás además de tu salud algo que también es invaluable, sabiduría discerniente”.
Para finalizar, le pregunté cómo podía hacer para cambiar mi actitud antes de sentarme a meditar, ya que según dicen las enseñanzas, si no tienes la actitud correcta antes de sentarte a meditar, mejor no lo hagas, y en las últimas semanas mi actitud no me había ayudado a sentarme a meditar. Me dio como siempre un palo con su respuesta: “¿Por qué no te sientas a meditar con la actitud de cambiar tu actitud?”.

Gracias a tan nobles y sabias palabras, esa noche por fin pude recuperar el sueño y al día siguiente conseguí meditar de nuevo y cambiar mi actitud, para, como dicen los maestros “meditar con la actitud correcta”. A partir de ese momento decidí que no seguiría tratando de demostrarme a mi o a nadie a través de análisis clínicos que me encuentro sano, más sano que nunca. Con esto no quiero decir que para casi concluir este libro no tengo a la mano la “prueba científica” de mi salud, claro que la tengo, reto a los científicos de los laboratorios de todo el mundo a que me muestren un tubo de ensayo el virus VIH, y digo en cultivo en un tubo de ensayo, no la imagen de una computadora.

Lo que entendí con todo lo vivido en esos días es que ya no me hace falta a mi demostrarle a la “ciencia médica” y a las organizaciones “coludidas” en esta mafia absolutamente nada, de todas maneras, si tuviera “las suficientes pruebas científicas” no faltaría el típico médico retrógrada que me diría que esos resultados negativos que demostrarán que estoy curado no serían válidos porque tal vez los anteriores habían salido equivocados y que en realidad nunca tuve nada.
No es mi intención decretar que la medicina tibetana es la solución mundial para el problema del SIDA. Mucho menos pretendo crear una estampida de enfermos al norte de la India en busca de curación, ya que de todas maneras el Instituto “Men Tsee Khan” no cuenta ni con los recursos ni con las instalaciones necesarias para atender sino a unos pocos. Pero lo que si deseo hacer con todo mi corazón a través de este libro es destruir en mil pedazos la mayor y más temiblemente asesina de las mentiras del extinto siglo XX, eso de que el VIH es un virus y que el SIDA es incurable. Quisiera lograr, aunque sea de manera modesta, ayudar a cualquier persona que se vea amenazada por este mal, ese es el objetivo de este libro, y si ‘de paso’ se puede también hacer que la gente afectada salga adelante y viva, que aprenda a abrir su corazón y hacerles entender que sí se pueden curar, que existen muchas terapias alternativas que si se siguen junto con un buen entrenamiento mental y espiritual, de seguro curan a cualquiera que así lo desee y crea firmemente en ello.

Por supuesto que tu entrenamiento mental y espiritual no tiene que ser Budista o Tibetano, eso me tocó a mi sin buscarlo. Ten cuidado de que la disciplina, religión o técnica que decidas utilizar para educar y entrenar tu mente sea impartida por un grupo serio, con honestidad comprobable y que no te pidan que hagas cosas que no te nace hacer. Hay mucha charlatanería y comercialización de la espiritualidad y las emociones. Dicen en Tibet que para saber quién es un buen maestro hay que saber quién fue su maestro. Vence al miedo y a la ignorancia y verás que todo es posible, el descubrir las verdades del poder de tu mente, de tu espíritu y de tus ganas de vivir para ayudar a los demás te sacaran de cualquier asunto difícil que tengas en tu vida, incluso el ser etiquetado como seropositivo por una sociedad que vive bajo las órdenes y lineamientos de científicos y economistas que desconocen o tratan de ocultarnos a todos la esencia del poderío individual que tenemos los seres humanos dentro de nuestras mentes y corazones.

El día que todos descubramos ese poder y nos unamos, ellos estarán acabados y su dominio caerá por los suelos siendo éste el verdadero fin del mundo. Como recordarán ya he dicho que en cada uno de nosotros, según el budismo tibetano, reside un Buda, un ser compasivo y amoroso, un ser sabio y poderoso que todo lo puede lograr, pero esta dormido, se encuentra narcotizado por sus propias creaciones y se pasa su vida deseando, acumulando bienes y haciendo todo lo posible por mantenerse “entretenido”, comiendo alimentos sintéticos y artificiales que obviamente dañan su salud y su vida, y por si esto fuera poco, no soporta ni por un segundo el silencio...

Despierta a ese maravilloso ser que llevas dentro, abre tu corazón y tu vida a los demás, dedícate constantemente a velar por el bien de los demás seres y transforma tu mundo. Total, la realidad no es más que una percepción y si aprendes a cambiar tu forma de percibir la vida y cambias la forma como actúas en ella, transformarás tu realidad. De acuerdo a la ley del karma “todo lo que vives hoy es el resultado de tus acciones pasadas”. Entonces, como habíamos dicho ya ¿qué te preocupa el futuro? Actúa bien hoy, habla bien hoy, ama a todo y a todos hoy, y mañana de seguro nada ni nadie podrá hacerte daño. Piénsalo. Eres único, eres necesario para esta humanidad, hay mucha gente que necesitamos de ti, y si en vez de preocuparte por tu salud te dedicas mejor a ocuparte de tus palabras, acciones, sentimientos y deseos, seguramente sanas y ‘de pasada’ sanarás a otros muchos en diversas dimensiones, ayudarás a sanar a este planeta y lograrás el fin último de esta humanidad: ”Sembrar la semilla del amor”. ¡Así sea!
 

XIII. “VIH” la puerta a la iluminación

El nombre de este libro es lo que yo pienso que toda ésta vivencia ha sido para mi, una puerta a la luz y al entendimiento que me llevó a abrir mi corazón a los demás y a comprender el maravilloso potencial que tenemos como especie. Por supuesto que esta puerta me abrió los ojos a la verdad de que todos los seres que hemos encarnado como humanos somos un milagro de la creación y valemos muchísimo sólo por el simple hecho de estar vivos. Aprendí gracias a esta “enfermedad”, el tremendo potencial que tenemos si aprendemos a canalizar bien nuestras mentes y corazones en ayudar a que todo lo que vive lo haga en felicidad. Para mi, realmente ésta historia fue la puerta a la iluminación, y no es que me considere iluminado, no, para nada, pero si me considero mucho más útil a esta humanidad, más feliz y con una mayor tranquilidad y seguridad en mi vida cotidiana. Pero también sé que esta enfermedad ha sido para millones la puerta al miedo, al abandono, a la soledad y finalmente a la muerte.
Lo peor de todo es que mueren sin estar preparadas sus mentes para hacerlo y sin conocer lo que los tibetanos llaman el proceso del “bardo”, que es según la sabiduría antigua tibetana lo que vas a ver, sentir y experimentar después de tu muerte y el camino que recorrerás hasta tu siguiente reencarnación. Millones de seres mueren porque hay médicos y laboratorios interesados en que se sigan vendiendo sus porquerías de medicamentos y serán los responsables de las pilas de ataúdes que hay y habrá en sus conciencias, lo malo es que las personas mueren sin saber que este proceso, el de la muerte es básico para futuras vidas. Si no sabes esto y mueres de una enfermedad tan triste como el SIDA que devora a los seres poco a poco, puedes hasta llegar a afectar tu futura encarnación.
Meses después de mi regreso a México, por ahí de finales de mayo del 2002, estuve tratando de ayudar a pacientes con SIDA en la ciudad de Cuernavaca, capital del estado de Morelos. Fui invitado a dar una plática al grupo de enfermos o “detectados” –como insultantemente les llaman– que atiende el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), les conté a los presentes mi historia y cómo me pude recuperar, les dije la opinión del doctor Roberto Giraldo acerca de lo que los medicamentos antiretrovirales hacen en el cuerpo y en la salud de los enfermos; les mostré toda la información que tengo acerca de las opiniones de personajes de la medicina que aceptan la teoría del doctor Giraldo y hasta la opinión de un premio Nóbel de Química que afirma que el VIH no es un virus. En fin, hice lo mejor que pude para demostrarles que SI SE PODÍAN CURAR, pero ¿saben qué sucedió? Resultó que, días después de mi visita, uno de los jóvenes que había estado presente me contó que en cuanto salí de ahí, una doctora –auxiliar del director de Inmunología, un tal doctor de apellido Oaxaca– se puso a decirle a los enfermos que mi historia no era cierta, que no era posible curarse de SIDA y que no creyeran todas las mentiras que yo había dicho. Se burló de toda esta historia, hizo que una tanatóloga los asustara de nuevo y hasta les dijo que si dejaban de tomar sus medicamentos antiretrovirales se morirían más rápidamente, que todos tenían el mismo diagnóstico (es decir, que todos se iban a morir) y los hundió en el miedo y los atiborró de ignorancia hasta los huesos.

Pero quién se iba a imaginar que días más tarde me enteraría de que, este mismo doctor Oaxaca, gracias a su “honesta y capaz” ayuda a los enfermos, acababa de recibir un auto del año “cortesía” de los laboratorios que le venden los antiretrovirales al IMSS. También me enteré de que otra persona más (que había estado el día de la plática), se había dedicado a decir que no creyeran lo que había dicho y que ninguno de estos enfermos debería dejar sus medicamentos porque sin ellos no sobrevivirían. Por “casualidad” me enteré que ésta persona es quien les vende a los enfermos medicamentos antiretrovirales del “mercado negro”, tan negro como su conciencia... Que a estas dos personas Dios las perdone por los seres que están matando sólo por dinero y por proteger sus infrahumanos intereses económicos; y que no se preocupen, yo ya entendí que no debo ir a dar pláticas a enfermos cuando éstas se realicen en sus instalaciones, comprendí que a las personas que podré ayudar será únicamente a las que se acerquen a mi, ya que ellos siempre tratarán de desvirtuar el trabajo de personas como el Dr. Pechok o el Dr. Roberto Giraldo y eso no se los voy a permitir.

Realmente estos dos personajes que trabajan para el IMSS de Cuernavaca me dan lástima, porque ni se imaginan el karma que se están generando y que algún día tendrán que pagar, eso sí, estoy seguro que no se salvarán. Así que, imagínense si así se manejan las cosas a este nivel en un hospital pequeño ¿qué no estará pasando mundialmente?
Para poderse curar, se necesita entrenar a nuestra mente para que no reaccione automática o instintivamente. Si no lo creen, miren este ejemplo: Cierto día alguien me preguntó:
- “¿Quién te puede hacer enojar?”:
-¡Uff! Muchísima gente me puede hacer enojar –respondí–.
- Mentiroso... Sólo tú te puedes hacer enojar, sólo tú decides qué acciones de otros catalogas como enojo; todo el tiempo esa decisión está en tus manos, pero como te la vives “dormido”, en cuanto suceden los acontecimientos ya ni piensas tu reacción, ésta sale impulsada como un resorte y como no sabes controlar las emociones que surgen de tu mente, pasas tu vida a merced de los acontecimientos externos de tu existencia.

Esto te da por clara conclusión, que en realidad sólo tú te puedes hacer enojar. Entonces, querido lector, una vez que entendí esto, pude concluir con otra pregunta similar ¿Quién me puede hacer feliz? ¿Quién me puede regresar mi salud?... Y a ti querido amigo ¿Quién te puede hacer feliz?... Creo que la respuesta es más que obvia.

Apego, aversión, negatividad, resentimiento, envidia, ego, inseguridad, ignorancia y miedo son los alimentos de cualquier enfermedad en este planeta, y en el caso del SIDA es mayor y mucho más importante la relación entre estos tipos de conductas y pensamientos negativos con la enfermedad en si. En el más puro español, la idea es que si tú puedes cambiar todas esas formas de negatividad por desapego, impermanencia, positividad, amor, aprecio, perdón, tolerancia, admiración, compasión, servicio y los mezclas con sabiduría, espiritualidad y meditación, verás si cambian o no tu vida, tu salud, tu realidad y el mundo en el que vives. Recuerda lo que dice Su Santidad el Dalaí Lama: “Tú no puedes cambiar al planeta, pero tú, si te puedes cambiar a ti y con eso cambiará toda tu realidad y el mundo que te rodea”.

Entiende que sí puedes modificar la realidad en la que vives, y nadar entre toda la cochinada del sistema en que nos hacen vivir sin que te afecte lo que ves, lo que escuchas y todas las cosas absurdas que trae la gente en su cabeza, así como las cosas infantiles que las hacen sufrir. Puedes vivir en Nueva York y que no te afecte su entorno en absoluto, lo único que necesitas es aprender a controlar tu mente. Y si hablo acerca de que hay que cambiar sentimientos negativos por positivos, es que he vivido constantemente con el ejemplo de lo mucho que se logra cuando cambias tu forma de pensar. Justo cuando estaba terminando de escribir este libro, me tocó de nuevo “presentar examen” en mi vida con otra experiencia, que sería, de nuevo, una demoledora prueba en la que el desapego y la impermanencia me demostrarían qué tanto aplicaba en mi vida lo que aprendí con los tibetanos.

Resulta que, si recuerdan, a lo largo de este libro les hable del amor de mi vida, de todo lo sensacional que siempre era conmigo mi novia Shiori, esa belleza de ojitos jalados a la que también le dedico este libro, y que fue el motivo por el cual abrí el restaurante en la India. La mujer a la que le compuse canciones y que mil y una veces me dijo que me amaba y me quería más que a nada en el mundo. La única mujer que realmente me hizo sentir amado, que me atendía con un amor de esos bien honestos, invaluables y bonitos, hasta que decidió terminar nuestra relación vía telefónica y por correo electrónico tomando refugio en el pretexto de que la distancia había matado nuestra relación y que yo no veía las cosas como ella quería... O tal vez como ella las veía. Cuando regresé a México, jamás me abrió la puerta para que pudiéramos hablar cara a cara y la única vez que la pude ver estaba tan nervioso que no pude hablar y ella sólo me dijo de manera no muy amable: “Y tú ¿qué haces aquí?”. A lo que yo estúpidamente respondí: “Vengo por mis cosas” –en lugar de haber contestado “vine por ti mi amor” –. Jamás obtuve explicación alguna sobre el fin de nuestro amor, sólo el supuesto de que no veíamos las cosas igual; cosa que no acepto ya que el verdadero amor para mi, soporta la distancia, las diferencias y mucho más que eso, así que tal vez ese amor que ella proclamaba nunca existió. O tal vez esto quiere decir que cuando alguien se te entrega haciendo el amor contigo, no quiere decir que está contigo, o que te ama, porque el amor es incondicional según me enseñó la propia Shiori, así que aclarando las cosas te diré amada mía, que ya han pasado dos años desde que me cerraste la puerta en la cara y sin embargo, mi amor por ti sigue intacto hoy y “siempre”.
Por si fuera poco la pérdida del amor, resultó que mi socia tibetana comenzó a tener una serie de actitudes no muy amables y generosas, así que decidí regalarle mi parte del restaurante para ni pelear con ella por algo que, en lo personal alucino, eso que se llama dinero. Estos dos acontecimientos se unieron al hecho de que se vencería mi visa para estar en la India pronto y tenía que salir del país. Así que en pocos días, me volví a quedar sin casa, sin amor, sin negocio y sin dinero, todos estos eventos juntos fueron sin duda un examen, y ¿saben qué? Aunque he llorado y sigo llorando a veces a Shiori y al restaurante... ¡PASÉ EL EXAMEN! La gran diferencia entre este ‘trancazo’ y el de Puerto Vallarta años atrás, fue que esta vez estuve armado con el conocimiento y la seguridad que éste da. No fue ni ha sido fácil, pero me ha costado muchísimo menos trabajo el sobreponerme y salir adelante que en cualquier otra ocasión de mi vida. Con sólo estudiar mucho, y aplicar correctamente lo aprendido a través del budismo tibetano, entendí que no tiene nada de espiritual todo este conocimiento, es decir, que todo el budismo tibetano trabaja más lo mental que lo espiritual. El mejorar tu mente, utilizando la meditación para ello, te llevará eventualmente a un camino espiritual por todos los cambios de actitud que la meditación te genera, eso entiendo yo.

Estas enseñanzas me hicieron aprender y aceptar que mi novia no era en realidad mía, que si lo del restaurante y la novia se terminó, fue porque tenía algo más importante qué hacer para beneficio de otros y que vendría una mejor mujer para mi con el amor que deseo si constantemente me preocupo por el bien de todos los seres que viven. Cada vez que algo termina en nuestras vidas, hay que entender que esto no significa un fin como tal, sino el comienzo de algo nuevo y positivo que nos hará evolucionar y ser mejores. Y como dice Su Santidad: “Never give up”. Pase lo que pase en tu vida, jamás te des por vencido, jamás pierdas el buen humor, recuerda que tus tristezas y alegrías no son nada más que estados de ánimo creados por tu mente, así que son controlables.

Recuerda que siempre que algo te pase no debes reaccionar preprogramadamente, ya que si sigues así no podrás ni respirar en este tecnologizado y mecanizado planeta en el que te guste o no, nos tocó vivir.

Dejé Dharamsala y a mis queridos tibetanos, dejé esas hermosas e imponentes montañas que son los Himalayas y a mi respetado Dr. Tenzin Pechock. Una vez más, la impermanencia y el desapego tuvieron que ser utilizados para seguir adelante. De estas tierras me llevé seis años de historias, recuerdos, amigos y enemigos, risas, llanto, amor y desamor, enseñanzas que transformaron mi vida y las bendiciones doradas de Su Santidad el XIV Dalaí Lama. Y sobre todo me llevé mi salud, misma que de ahora en adelante cuidaré y pondré al servicio de otros enfermos de SIDA y a difundir la mentira trágica que fue creada por un grupo de médicos sobre el origen real del SIDA, ya sea en mi país o donde quiera que mi destino y mi karma quieran llevarme.

No sé si fue por casualidad, pero en este capítulo en el que tenía pensado únicamente agradecer a todos, resulta que antes de salir de India me llegó por correo electrónico una entrevista realizada por el periodista mexicano Sergio Sarmiento con el Dr. Roberto Giraldo, ésta fue transmitida por canal 13 de Televisión Azteca, una de las cadenas televisoras más importantes de México. El Dr. Giraldo trabaja, como dije antes, en el New York Presbyterian Hospital , Weill Cornell Medical Center de New York, específicamente en el Departamento de Inmunología. En ésta entrevista el Dr. Giraldo declara que el virus del “VIH” en realidad NO EXISTE, que jamás se ha podido aislar en un laboratorio y que no se cuenta en la actualidad con una sola fotografía de microscopio de tal virus, también declara que hay más de cinco mil casos de gente con SIDA que obtiene resultados negativos de laboratorio; él no niega la existencia del SIDA, pero la identifica como una enfermedad tóxica y no como viral. En palabras del propio doctor: “El sida es el máximo estado de deterioro al que puede llegar el sistema inmunológico del cuerpo humano por exposición a agentes tóxicos”. Esto para mi, no es otra cosa, sino la más grande verdad del mundo. Si analizo mi vida, sin duda que yo estuve expuesto a agentes tóxicos por largo tiempo, ahora, el Doctor Giraldo menciona que hay cinco tipos de agentes tóxicos que nos pueden llevar a tal grado de desgaste, según él son:
- Agentes Químicos. Alcohol, cigarros, drogas, bebidas sintéticas, aire contaminado, etcétera.
- Agentes Biológicos. Los desechos industriales y todo lo que destruye y contamina al medio ambiente.
- Agentes Mentales. Televisión, ruido, stress, actitud mental diaria, etcétera.
- Agentes Físicos. Las grandes urbes con su vida mecanizada y con ciudadanos bajo constante presión.
- Agentes Nutricionales. Todas las ‘cochinadas’ sintéticas con las que nos alimentan las empresas multinacionales y los alimentos transgénicos.
Así que ya hay médicos serios, como el Dr. Roberto Giraldo, que están reuniendo cada vez a más miembros de la comunidad médica mundial para oponerse a la teoría del SIDA como un “virus”. Ellos, en unión de miles de pacientes curados que habremos algún día se encargarán en pocos años de hacerle entender al mundo que el SIDA ha sido la más grande mentira del siglo XX, una mentira que ha costado miles, que digo miles, millones de vidas ya que se ha estado tratando de atacar a una enfermedad virulenta cuando en realidad es tóxica. Por eso y por el miedo que rodea a este mito, se mueren los pacientes, no por el famoso“virus”.

¿No será que los responsables de todas éstas enfermedades son las empresas transnacionales que nos venden porquería y que generan ésta alta toxicidad en el cuerpo humano? ¿Y el uso masivo de drogas? ¿Quién estará realmente atrás de todo esto? ¿Cuántos millones de dólares habrá en juego entre laboratorios y científicos para, según esto, encontrar una vacuna contra un virus que no existe? ¿Y si se demuestra que no existe tal virus, se resignarán a perder los millones de dólares que han invertido por años?¿Qué sucedería si se demostrara que las compañías de refrescos, de hamburguesas y los productores de alimentos de microondas son los responsables de parte de estos agentes tóxicos? O que, por culpa de quienes tiran desechos químicos todos los días en mares y ríos, se generan en el ADN humano enfermedades como el cáncer y el SIDA. Obviamente que, aunque saliera a la luz esa información no se haría mucho al respecto y quien la diga puede ser “eliminado” del panorama. Pero eso no debe hacernos callar, no debe hacernos partícipes de su juego y no debe influir en nuestra manera de querer vivir. Nosotros podemos aún tener una vida feliz, relajada y plena, ya que pese a todo lo que intenten, jamás te podrán quitar tu libertad de decidir. Eres tú quién decide qué comes, dónde vives, cómo piensas y cómo hablas, así de fácil es poderte liberar. En caso de que los doctores Pechok y Giraldo estén en lo cierto, eso quiere decir que modificando y eliminando los cinco agentes tóxicos mencionados y si aunado a esto sigues algún tipo de terapia natural para purificar tu sangre y reforzar tu sistema inmunológico, te puedes curar ya que no hay ningún virus que te pueda matar, simplemente NO EXISTE.
Ahora que veo todo mi proceso de curación, me doy cuenta que, exactamente lo que hicimos el doctor Pechok y yo, es lo que recomienda el Dr. Giraldo, primero el doctor Pechock me desintoxicó el cuerpo, el budismo tibetano me desintoxicó el corazón, la mente y el espíritu; los Himalayas son un lugar muy muy sano para vivir, así como los alimentos que ahí se consumen y como se vive en contacto con la naturaleza, constantemente se desintoxican los cinco sentidos; no hay ruidos de aviones ni demasiados motores, los paisajes son bellísimos y el aire y el agua son limpios, así que se puede vivir en armonía y paz. En conclusión, si puedes vivir por algún tiempo en un lugar así, y llevar una vida sana y tranquila, lo único extra que se requiere para poderse recuperar es desapego y renunciación. También sería excelente que la persona seropositiva deje por un tiempo a todos y a todo, el retiro a un lugar tranquilo donde reine el silencio y pueda uno meditar sin interrupciones, un lugar que te guste y que tengas algún pasatiempo creativo... Sé que para muchos afectados por la toxicidad  esto es más que impensable, ya que la mayoría de nosotros tenemos compromisos y responsabilidades, pero honestamente pienso que la familia de un seropositivo debe unir esfuerzos y organizarse para facilitar que el miembro de la familia pueda vivir prácticamente en retiro por un período de más o menos un año. Creo que esto no es mucho pedir cuando lo que se busca es salvar una vida.

Aunque suene irónico o absurdo para algunos, doy gracias a mi vida por esta experiencia, ya que sin ella jamás habría descubierto toda la magia y las maravillas del mundo tibetano, gracias a ella pude iniciarme en el aprendizaje del Dharma, las enseñanzas de Lord Buda. Y no por esto me considero budista, no, yo sigo siendo el mismo ser de antes pero redefinido y replanteado por los preceptos de la palabra del maestro Shakyamuni Buda; como diría Su Santidad el Dalaí Lama: “Cambia tu mente, deja lo demás como está”. He visto muchas diferentes “doctrinas” o “caminos” espirituales en el mundo y todos para mi son buenos y válidos, pero en ellos, por desgracia, siempre he visto gente que “actúa” lo que aprende en sus clases...

Gente que es vegetariana porque creen que se harán más puros, pero que no cambian un ápice en la manera en que ven a un indígena, a un enfermo o a un pobre. Gracias a este desorden tóxico, a mis maestros y médicos, entendí el sentido de esta vida, que para mi no es más que utilizar mi mente y mi cuerpo en ayudar TODOS los días a TODOS los seres que viven en este hermoso planeta a ser felices. Aprendí lo que los tibetanos llaman el “Bodhichita”, que significa tener el “corazón despierto”. Aprendí la “compasión” que se traduce como el tener todos los días la intención y el deseo de que todos los seres vivan en felicidad y sin dolor alguno, sin penas y sin sufrimientos, trabajando constantemente en hacer lo posible para que así sea sin esperar ABSOLUTAMENTE nada a cambio. Como dice una enseñanza tibetana: “Levántate todos los días con el profundo deseo de no querer nada, de no llegar a ser nadie y de no obtener nada”. La más importante de las enseñanzas, la recibí de Su Santidad el Dalaí Lama en mi segunda audiencia, le pregunté cuál era el camino más sencillo para obtener la iluminación. Él dijo algo que desde ese momento es para mi la línea que dirige mi vida: “El camino más sencillo, que además no requiere de maestro alguno y esta siempre a la mano para todos, es el camino del amor y la compasión sincera y honesta”.

Gracias mil a todo el pueblo tibetano, gracias a la gente de la India y a todos aquellos que me han dado su amor y apoyo. En verdad que sin gente como ustedes alrededor no habría sido posible escribir este libro, que significa una victoria de la luz sobre la mentira y ojalá dé esperanza y fuerza a muchos para que juntos podamos despertar a este nuevo siglo como una especie realmente evolucionada y sin límites.

Seamos parte de la historia, transformando como nunca la realidad y vivamos en amor y armonía unos con otros, que los tiempos actuales no están para menos.

Muy en especial, gracias a tí, mi mujer espiritual, mi amada Isabel, tú sabes que eres parte importantísima de esta historia y que al igual que yo has sufrido, porque la vida nos quiere hacer más fuertes, seguiremos juntos por esta y muchas vidas, el amor que nos tenemos sobrevive al tiempo y al espacio porque no tiene nada que ver con lo que en ésta tierra llaman dos enamorados. Tu y yo casi nunca hemos estado juntos físicamente pero sabemos que contamos el uno con el otro y que tanto yo soy importante en tu vida como tú eres indispensable para la mía, que nuestras auras están mezcladas desde hace muchos eones y que por azares del destino, en esta vida tenemos siempre que estar separados por la distancia. Pero ya que he terminado mi tratamiento y este libro, volviste a aparecer desde la distancia en mi vida y doy gracias porque así ha sido, te amo y que este libro sea un tributo a tu corazón amoroso, protector y compasivo.

Si acaso tú, que lees este libro, eres una más de las personas INTOXICADAS con SIDA, estás ante un gran reto que además de ser complejo, requiere de muchos cambios. Pero a la vez, estás frente a una gran oportunidad, o digámosle un buen pretexto, para refundamentar y replantear tu vida y lo que haces día a día con ella.
Para aquellos que no tienen ninguna enfermedad y han leído este libro, para qué esperar a que algo negativo les haga cambiar sus vidas por la fuerza, háganlo ahora mismo, tienen hoy para comenzar a utilizar su cuerpo, habla y mente en ayudar a que este planeta sea cada día un poquito mejor... Y no es utopía.

Que la luz y el amor cubran toda la tierra con su poder compasivo. Que la conciencia de todos los seres evolucione y alcance el nivel que marca nuestro destino y nuestro tiempo. Que la humanidad completa se ilumine y así podamos cumplir con el motivo que originó la creación de vida en este planeta, y que todos alcancemos la siguiente etapa evolutiva que por destino nos tocará vivir para renacer a las estrellas. Y que así, todo el daño causado, todo el sufrimiento y las atrocidades humanas, toda la destrucción insensible que le hemos provocado a la tierra y las muertes de niños inocentes en nuestras guerras, todo el dolor de nuestras madres, hermanos e hijos que durante incontables encarnaciones hemos vivido, no sea más que un vano recuerdo perdido en el tiempo, en un lejano tiempo...

ACTUALIZACION AL 6 DE ENERO DE 2003

Más que doloroso me resulta tener que escribir estas líneas, el día de hoy me he enterado que el pasado 18 de octubre de 2002 el doctor y maestro Tenzin Pechok falleció en Dharamsala, India. Con él se ha ido sin duda uno de los más grandes médicos que este planeta ha tenido y un maestro excepcional, por desgracia con él se ha ido el secreto de qué tipo de medicinas me dio, ya que sólo él sabía qué tipo de tratamiento y qué dosis se usan para tratar este desorden. En más de una ocasión el doctor Pechok me comentó que los médicos más jóvenes del propio Instituto “Men Tsee Khan” no creían que es posible curar el SIDA, así que, quedaré como constancia de su sabiduría y trabajo que demuestre al mundo que SI SE PUEDE CURAR EL SIDA. Que tu bardo sea bello y simple, que tu luz te lleve a la reencarnación que mereces, y le ruego a mi karma que en otra vida nos volvamos a encontrar amado maestro.
 

Carlos Escudero Albarrán (Tenzin Karma)
Cuernavaca, Morelos, México, “casualmente” a 04 de Abril de 2000
–tercer aniversario de la muerte de Lucerito–.

Re-edición, Pátzcuaro, Michoacán, México.
10 de junio de 2003

Om Mani Pemme Hum
 


GLOSARIO



ADN. Ácido desoxirribonucleico.
Agentes estresantes. Agentes externos o internos capaces de introducir en el organismo una respuesta de estrés.
Ashram. Lugar de residencia del Gurú, centro de retiro espiritual y lugar donde se enseñan los secretos del yoga y la meditación.
Ayurveda. Medicina Tradicional antigua de la cultura Veda.
Bardo. El proceso que sufre un ser entre la muerte de una vida y la reencarnación a otra.
Dharma. La doctrina de Buda, que incorpora ambas tradiciones, la escrita y oral que nos alejan de la no deseada experiencia del sufrimiento.
Ego. El impulso ignorante relacionado con la idea de que el YO tiene en si una existencia inherente.
Enfermedad. solo puede halar de enfermedad como tal (SIDA) cuando existen ya síntomas y signos de infecciones oportunistas, tumores y enfermedades metabólicas, esto es lo que se conoce como manifestaciones clínicas.
Estrés. También se le llama respuesta al estrés. Es el conjunto de reacciones bioquímicas y metabólicas que ocurren en un ser vivo como respuesta a la exposición voluntaria o involuntaria a agentes estresantes de origen químico, físico, biológico, mental o nutricional.
Estresantes biológicos.  Agentes de origen biológico capaces de introducir una respuesta de estés. Por ejemplo sangre, infecciones, parásitos, gérmenes, bacterias y vacunas.
Estresantes físicos. Agentes de origen físico capaces de introducir una respuesta de estrés. Por ejemplo ruido, radiaciones ionizantes o no ionizantes, eléctricas, electrónicas y magnéticas.
Estresantes mentales. Agentes de origen mental  psíquico capaces de inducir una respuesta de estrés. Por ejemplo ansiedad, depresión y pánico.
Estresantes nutricionales. Agentes de origen nutricional capaces de inducir una respuesta de estrés. Por ejemplo desnutrición, avitaminosis, exceso de grasas saturadas en la dieta.
Estresantes químicos. Agentes de origen químico capaces de inducir una respuesta de estrés. Por ejemplo cocaína, heroína, poppers.
Gurú. Maestro espiritual, guía en el camino espiritual el que debemos total respeto y confianza.
Iluminación. El despertar total, la budeidad que nos revelará la verdad ultima del origen de las cosas,
Karma. Acción: los resultados de causa y efecto, donde las acciones positivas producen felicidad y las acciones no virtuosas generan sufrimiento
Mantra. Sílabas en sánscrito recitadas en conjunción con la práctica de una deidad meditacionál.
Medicina tibetana. Sistema tradicional de curación creado en Tibet que basa sus conocimientos en el estudio de la astrología, la botánica, la metalurgia en mircodosís, la meditación y la visualización. Se dice que un rey de Tibet mando a 2000 médicos a recorrer los reinos de Siam, China, Mongolia, India y el Medio Oriente para que, de lo mejor de cada una se tomarán los conocimientos que fundaron la medicina tibetana.
Meditación. Técnica de respiración y concentración mental utilizada en la generación de energía y transformación de negatividad, auxiliar en el control de las emociones generadas por la mente ordinaria.
Mudra. Gesticulación: posición de la mano de un ser iluminado simbolizando una actividad, como puede ser, enseñanza, protección, purificación etc.
Pruebas para VIH. Tres maneras erróneas de querer detectar un virus que no existe, incluso los mismos laboratorios que producen los reactivos indican en sus empaques que no pueden ser tomadas como pruebas definitorias de la existencia del virus en las personas.
Seropositivo. Persona con altos índices de intoxicación u oxidación.
SIDA. Síndrome de inmunodeficiencia adquirida, estado máximo de deterioro del sistema inmunológico casado por agentes estresantes.
VIH positivo. Persona “supuestamente” contagiada con el virus VIH, pero sin haber desarrollado síntomas físicos, por lo cual no tiene SIDA. Pero en realidad alguien “VIH positivo” es una persona con un alto índice de toxicidad en el cuerpo que si no se atiende puede llegar a desarrollar SIDA y sus manifestaciones físicas, si no hay todavía manifestaciones físicas y se es solo "VIH positivo" es mejor hablar simplemente de "seropositivo" lo cual no es sinónimo de enfermedad.
VIH. Nombre dado al supuesto Virus de la inmunodeficiencia humana, o como ahora le llamo, el Virus de Invención Humana.
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