Algunas ideas en torno a la Bienal Ortiz-Gurdián
Lecciones de un certamen que puede seguir mejorando
Raúl Quintanilla Armijo
Managua

Algún día expresé mis reservas acerca de esta Bienal. Fue poco después de la primera edición y por lo visto allí, y me refiero no solo al cuadrerío infumable sino a la concepción misma tradicionalista y conservadora de la bienal y los miopes intereses del jurado, no se podía auspiciar un mejor futuro. Y así a pesar de que Denis Núñez, un artefacto, ganara el primer lugar con un buen cuadro, no dudé en anunciar (o desear) la muerte de la bienal.

Y entonces. ¿Qué pachoooó? Bueno pasó que ya para la segunda edición la perspectiva era otra. Si bien es cierto que aún prevalecía el criterio ortodogmático de realizar una bienal de pintura a finales del siglo XX, el hecho de contratar a un jurado internacional, ajeno a las virtudes y desvirtudes del amiguismo-leninismo imperante en la Siberia nicaragüense, fue un acierto estremecedor.

El jurado, compuesto por figuras reconocidas en el mundo del arte contemporáneo se saltó las trancas y premió una pintura de Patricia Belli, que por su soporte no tradicional y por su audacia conceptual confundió y enardeció a muchos de la familia plástica nicaragüense. Snif.

Muchos aún creen que esa pintura es una instalación. Aparte de premiar a una mujer no tradicional con una obra no tradicional, no se le perdonó al jurado, compuesto por 4 mujeres (además), el hecho de haber eliminado a más del 80 % de los artistas que se sometieron a la preselección.

Jamás había pasado aca algo igual. Hasta entonces se practicaba la crítica guatusera que permitía a algunos promover la mediocridad para salirse siempre con las suyas. Y entre los eliminados, no solo habían amas de casa y pintores de domingo, a como maliciosamente pretendió insinuar algún plumífero, no, habían también grandes y pequeños, aunque también medianos maestros de nuestra plástica.

El debate, digámoslo así para ser eufemistas, que se dio con posterioridad a la premiación, tanto en los encuentros con el jurado como a nivel de los medios de comunicación fue, a pesar de su bajo nivel (la mayoría de la gente sencillamente estaba disgustada de haber sido eliminada y querían desquitarse con la Patricia y punto), conducido hacia un intercambio de concepciones plásticas.

Lamentablemente en este confrontamiento de posiciones los más jóvenes, es decir los alumnos de artes plásticas, se apertrecharon del lado de la endémica pseudo-academia criolla. Paz a sus restos. La mayor parte de esa polémica fue posteriormente recogida y publicada sin permiso de sus autores como apéndice del catalogote de la II Bienal.

Por unas semanas el arte nacional, o lo que no era y pretendía ser el arte nacional estuvo en las planas de los periódicos. Todo mundo tuvo que ver, desde los artistas mismos, hasta los filósofos nacionales, pasando por los periodistas, escritores y críticos de arte. Fueron los 15 minutos de fama de los que habló Warhol.

Después dos años más de silencio y otra vez la bienal. En Artefacto estábamos listos. Mucho más organizados y capacitados para la polémica. Y nel. No pasó nada.

Pasó que la Bienal esta vez fue convocada como Bienal de Artes Visuales. Aplausos para los organizadores. ¡Al fin despertaron! Con este sencillo hecho se abrieron las puertas para una nueva visión del arte nacional. Pón pón la ecuación ArteNacional= Pintura=Praxis. Lo sentimos. Pero no tanto. Con la entrega de dos premios sin diferenciación genérica (de hecho deberían ser de igual monto), lo cual democratiza todas las categorías, incluso aquellas preconcebidas como la de pintura, la Bienal Ortiz Gurdián se está convirtiendo en el principal promotor del arte contemporáneo de Nicaragua.

Si unimos esto a la labor, si bien es cierto truncada, del Centro de Artes Visuales de León, tenemos que admitir que algo anda mal. Es decir ¿qué les pasa a los Ortiz-Gurdián? y ¿porqué se comportan tan extrañamente? Debían de ser como el resto de los ricos y neo-ricos del país. Es decir insensibles y monetarizados. Anoréxicos culturales. Bulímicos artísticos. Pedidores de rebaja. En fin... hay que pedirle, cada quien a sus dioses, que otros poderosos se contagien del mal de los Ortiz-Gurdián. Es necesario.

Pero retorno a lo de la polémica ausente. Volvió a suceder lo mismo. El jurado esta vez compuesto por cuatro hombres volvió a eliminar a casi el 80 % de la obra presentada. De nuevo la mayoría de esta obra eliminada fue pintura. De nuevo las obras premiadas fueron las atípicas. De nuevo (¡jodido hombre!) volvió a salir premiada la Patricia. De nuevo en los encuentros con el jurado se volvió a caer en el mismo nivel de resentimiento y mediocridad.

En vez de aprovechar la presencia de cuatro figuras internacionales vinculadas a las artes plásticas en diferentes estratos, se les atosigó de reclamos y de solicitudes inverosímiles como por ejemplo «mándennos revistas de arte para ver qué hacer y poder así participar y ganar en las bienales».

Por supuesto la pregunta de «¿cómo cuatro extranjeros pueden venir a decirnos qué vale en nuestro arte?» no faltó. Fue realizada con un tono adecuado a la ocasión. Es decir uno chauvisnita. De hecho y lo vuelvo a repetir, el haber contratado un jurado de nivel internacional es una garantía para el prestigio de esta Bienal. La mirada de nuestros críticos y afines está contaminada, quiérase o no reconocer.

Rodrigo González, uno de los premiados en esta edición de la bienal, había sido eliminado en las dos anteriores. Lo traigo a la memoria pues me parece admirable su tezón y pertinacidad. Ganó con una pintura, igual que había sido descalificado anteriormente con dos pinturas. Relato la anécdota pues me parece peligroso el hecho que esta bienal sea percibida como la Bienal de las Instalciones. Percepción errada totalmente, pero percepción existente en todo caso.

Digo errada pues nunca se ha presentado ninguna instalación a concurso y por lo tanto nunca ha sido ni seleccionada, ni premiada ninguna. Y digo percepción existente pues así la perciben cada vez más los artistas. De hecho para muchos ese fue el problema. Es decir, decidieron hacer «instalaciones» para ganar en la bienal. Grave y doble error, por un lado con respecto a la supuesta facilidad de hacer instalaciones («y quién no puede hacer eso») y por otro lado errado con respecto a la concepción de la bienal.

No se trata de premiar obras «raras». Como no se trata de desconocer el valor de las obras pictóricas. Se trata de premiar las mejores obras posibles. El mismo jurado fue cuidadoso al decir que el arte nicaragüense estaba en una etapa de transición. Pero igual se puede deducir fácilmente que algo malo pasa con nuestra pintura.

La complacencia, la araganería y la sumisión inaudita ante el mal gusto imperante la han hecho una pintura digna del peor de los aeropuertos. Nada tiene que ver el arte nacional con esta mala pintura que se hace ahora en Nicaragua.

Creo que hay que seguir participando en las bienales. Hay que seguir trabajando y hay que seguir arriesgándonos. La participación de Luis Urbina es aleccionadora en ese respecto. No tiene miedo de medirse y lo hace con su obra. También creo que hay que afrontar la eliminación de un certamen como lo que es. Una experiencia dolorosa a la cual hay que sacarle provecho.

Una vez pasado el enojo hay que reflexionar por qué uno ha sido eliminado. Lo último que se me ocurre pensar es sugerir la marginación o la búsqueda de la creación de Otro Gheto. El Gheto de los pintores ajenos a cualquier contaminación internacionalista.

Lo que sí se evidencia claramente es la necesidad de crear un espacio de discusión teórica. Un espacio que permita entablar diálogos. Allí quizá habrá que trabajar más la cuestión de la Bienal. Me parece que en esta próxima edición habrá que pensarse en un evento teórico que acompañe a la Bienal en si. Cada uno de los jurados debería ser invitado y pagado para dar una o dos conferencias.

No basta con tener un encuentro con los artistas. Hay que programarlo. Estas conferencias y las discusiones posteriores podrían a su vez ser publicadas como parte del catálogo de la bienal, dándole así un carácter más serio y de herramienta de trabajo al mismo. Igual se podría y debería invitar y contratar a los críticos nacionales para que presenten sus ponencias e investigaciones. Publicar también sus trabajos.

Unos cuantos miles de dólares más, o de menos en los net profits y se hacen las cosas mucho mejor.

Igual deberá mejorar la Bienal en sí misma. Creo que el artista a que esté dedicada cada edición deberá ser tratado con más respeto e inteligencia, no solo utilizar su figura. Quiero decir, hubiese sido una excelente oportunidad para ver una muestra restrospectiva del trabajo de Alejandro Arostegui. Muchas cosas se hubiesen visto y aclarado en esa exposición. Y acompañando esa exposición se podría presentar un pequeño pero serio catálogo de la misma.

Es necesario hacer que la Bienal salga del teatro y penetre en la ciudad. Como ya vamos viendo la tendencia a seleccionar entre 25 y 20 artistas en cada edición, habrá que planificar eventos paralelos que amplíen la visión y la visibilidad del arte nacional. De hecho habría que considerar reunirse y ponerse de acuerdo para trabajar durante el mes de agosto con todas las galeriistas y gestores artísticos. Darles un lugar en la Bienal. Complementar esfuerzos.

Es fácil imaginarse, si hubiese presupuesto, una muestra del trabajo de Rodrigo Peñalba, otra muestra del trabajo de la primera época del grupo Praxis, una muestra de arte primitivista de Solentiname, una muestra de la gráfica de Armando Morales, una muestra colectiva de la gráfica de los 80s, una muestra de arte joven nicaragüense, una muestra del trabajo reciente de los artistas anteriormente premiados en la Bienal, etc, etc.

De esta forma la Bienal se integraría más a la ciudad y al tejido social del pueblo mismo. Pareciera haber el interés y los medios. Nuestros ruegos por el banpro.

Por otro lado la FOG no puede contentarse con la edición de la Bienal y con la publicación de un catálogo cada dos años. Creo que debería involucrarse más a fondo con el arte nacional. No quedarse en la superficie. En el transcurso de los dos años entre Bienal y Bienal la FOG podría promover a nivel internacional no sólo a los artistas premiados sino también, en casos específicos, a los artistas seleccionados.

Que la Bienal sirva como pasaporte a las bienales internacionales. De hecho es la única manera de promover nuestro arte. Del gobierno y su ineptud no se puede esperar absolutamente nada. Y promover internacionalmente el arte de un país por pequeño que sea cuesta algo de dinero. Aunque no tanto. Estamos hablando básicamente del transporte de la obra ida y vuelta a las bienales, de la edición de un catálogo digno para cada evento, y del pasaje y estadía del artista y de la persona responsable de montar y organizar la exposición.

Por último es necesario hacer eco del llamado del jurado de esta Bienal para que se abra de una sola vez por todas el Museo de Arte Contemporaneo Julio Cortázar. No hay motivo como nunca lo hubo para que la obra de este museo esté destruyéndose en las húmedas bodegas del INC. Si se mostrase esta obra periódicamente en el Teatro Rubén Darío, como se hacía antes, otra sería la percepción de las artes en nuestros artistas y alumnos. Es la mejor colección de arte latinoamericano en todo Centroamérica.

La colección de arte nicaragüense del Banic podría anexársele, para eventualmente hacer la depuración y selección necesaria. No se puede seguir esperando hasta que no haya nada. De nuevo esperar algo del gobierno sería absolutamente inútil. Deberá ser la empresa privada la que saque la cara esta vez. Ya era hora.