Date :
Mon, 17 Feb 2003 05:52:28 +0000

"Nunca hubo guerra buena ni paz mala."
- Benjamin Franklin

"Se puede engañar poco tiempo a mucha gente,
se puede engañar mucho tiempo a poca gente,
pero no se puede engañar todo el
tiempo a todo el mundo."
- Proverbio Chino

El "presidente del planeta" (Bush) anuncia su próximo
crimen en nombre de Dios y de la democracia. Así
calumnia a Dios. Y calumnia, también, a la democracia,
que a duras penas ha sobrevivido en el mundo a pesar
de las dictaduras que los Estados Unidos vienen
sembrando en todas partes desde hace más de un siglo.

La "crisis de Irak" es una secuencia de hechos cuyo
único actor son los Estados Unidos. Es una crisis
diseñada por estrategas americanos y ejecutada por
gabinetes de propaganda. Ellos han declarado que Irak
es un estado peligrosísimo para el mundo, han
decretado que tiene armas de destrucción masiva, han
aterrorizado a su propia población con amenazas
irracionales, han sembrado el odio, han forzado la
entrada en el país de un grupo de inspectores, han
acumulado un gigantesco aparato de guerra para hacer
lo que van a hacer de cualquier manera.

La visita de los inspectores es una pantomima y una
trampa. Después de casi dos meses de búsquedas
intensivas, Blix y El Baradei no han encontrado nada,
sólo mal humor progresivo y una colaboración en
ocasiones no muy entusiasta de las autoridades
iraquíes. La cosa no es para menos.

El gobierno de Bush, que más que gobierno parece un
oleoducto, necesita apoderarse de la segunda reserva
mundial de petróleo, que yace bajo el suelo de Irak.
Además, necesita justificar el dineral de sus gastos
militares (más de 300.000 millones de dólares anuales)
y necesita exhibir en el campo de batalla los últimos
modelos de su industria armamentista.

Desde que decidieron sus planes bélicos contra Irak,
el gobierno americano presidido por Bush y otras
autoridades de otros países, están repitiendo como un
tópico: «Sadam debe desarmarse». Incluso afirman,
adoptando un benéfico rostro pacifista, que este
desarme es la única manera de evitar la guerra.

Tal exigencia del «desarme» iraquí se refiere a las
llamadas «armas de destrucción masiva», nucleares,
químicas, biológicas. Pero a quienes repiten este
tópico del desarme de Sadam no se les escapa que los
EEUU, cuyo Gobierno ha levantado este clamor por el
desarme, poseen el mayor arsenal de armas de
destrucción que hoy existe, capaz de acabar con toda
la vida del planeta. El único país que ha usado armas
nucleares contra la población civil, el país que
descargó las bombas atómicas que aniquilaron Hiroshima
y Nagasaki, pretende convencernos de que Irak es un
peligro para la humanidad.

Los EEUU ha utilizado la guerra química y biológica en
la contienda de Vietnam. Ha comandado invasiones
múltiples de Estados soberanos. Y que, hoy día, se
opone al Tribunal Penal Internacional y afirma que si
alguno de sus funcionarios fuese llevado ante él, lo
rescataría por la fuerza. En la última Asamblea de las
Naciones Unidas, los representantes de los EEUU han
votado en contra de las propuestas de desarme nuclear.
Es sobradamente claro que la acusación a Irak de
poseer armas de destrucción masiva es sólo un pretexto
para justificar un ataque, movido por intereses
económicos y políticos. Pero produce sorpresa que en
el grave debate sobre tal ataque se acepte
unánimemente, sin crítica, esta desigualdad entre los
pueblos. Irak no debe poseer armas de destrucción
masiva, pero tampoco ningún otro país, entre ellos los
EE.UU. Bush debe desarmarse, no sólo Sadam. Si el
presidente Bush ama tanto a la humanidad, ¿por qué
planifica un nuevo exterminio de pueblos inocentes?

La guerra de 1991 tuvo consecuencias devastadoras en
la economía de Iraq, en el bombardeo murieron unos
100.000 civiles. Pero no fue nada comparado con las
terribles consecuencias del embargo, que ha demostrado
ser un "arma especial de destrucción masiva". Durante
más de una década, se ha sometido a Iraq a un bloqueo
económico que, según la UNICEF, ha sido directamente
responsable de la muerte de más de 500.000 niños
menores de cinco años de edad, principalmente, como
resultado de la pérdida de niños recién nacidos, por
la ausencia de medicinas básicas y también debido a la
malnutrición. El número total de muertes, incluidas
las de población adulta, se sitúa en diferentes
niveles, depende de las instituciones, pero en
general, las cifras oscilan entre 900.000 y 1.200.000
personas.

Salvo que ocurra casi un milagro, dentro de unas
semanas se va a producir un ataque a Irak que los
mandos políticos y militares norteamericanos, anuncian
como "demoledor". Serán bombardeos masivos continuados
sobre las principales ciudades, cirugía de hacha y
espada, decenas de miles de muertos civiles o
militares, miles de animales aniquilados, ecosistemas
arrasados, un país destruido sobre la destrucción
anterior. Niños famélicos del embargo, cancerosos del
uranio empobrecido, contaminados por el agua que no
puede depurarse por humanitaria decisión de los EEUU,
destrozados ahora por las bombas inteligentes que lo
son porque estallan exactamente en donde más duele.

Brutalidad ilimitada y también cobardía infinita
motivadas por la codicia de petróleo. El ejército de
los Estados Unidos, Gran Bretaña y sus aliados
incondicionales, entre ellos España, todos babean
sangre hablando de derechos humanos, asesinará sin
bajas propias, abrasará desde lejos, sembrará
alfombras de fuego, calculará la matanza como se mide
la lluvia: con cantidad de explosivos por metro
cuadrado, reventará edificios y seres humanos desde
parpadeantes cabinas de mando.

El Tratado de Roma sobre la creación del Tribunal
Penal Internacional define los crímenes como el que se
va a cometer en Irak como crimen contra la humanidad.
La caída de la primera bomba sobre Irak debería
conducir al inicio inmediato de un procedimiento penal
contra el presidente de los EEUU, sus ministros, sus
generales, y los máximos responsables de los países
que participen o colaboren en la matanza.

 

"No hay en todo el mundo cavernas que
puedan ocultar a un malvado, para él
toda la Tierra es de vidrio."
- Ralph W. Emerson
Inmensas manifestaciones invadirán las calles del
mundo este 15 de febrero. La humanidad está harta de
que sus asesinos la usen de coartada. Y está harta de
llorar a sus muertos al fin de cada guerra: esta vez
quiere impedir la guerra que los va a matar.


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