Objet :
Leanlo por fas'.
Date :
Mon, 17 Feb 2003 05:16:20 +0000
Esta carta salio ayer en un diario de la Cd. de México.
De una futura madre a un hombre peligroso
SEÑOR GEORGE W. BUSH: No debe ser fácil estar en su posición,
presionado por inmensos intereses políticos y económicos y,
al mismo
tiempo creer que tiene los argumentos suficientes para bombardear a
una población empobrecida, desgastada por las guerras y por las
injusticias de su propio gobernante.
¿Sabe usted, señor, que 63% de los iraquíes no saben
leer ni
escribir; 71% carecen de agua potable y 88% de los niños menores
de
6
años están desnutridos y asolados por diarreas permanentes,
difteria,
sarampión y diversos males pulmonares? ¿Sabe usted que Irak
cuenta
tan sólo con un poco más de 18 millones de habitantes, en
tanto EU
llega a 290 millones de seres humanos?
¿Ignora usted que, durante la invasión que causó su padre en febrero
de 1991, los muertos con que colaboró Irak, rebasaron los 70 mil;
las
pérdidas de su país, señor Bush, fueron sólo
77?
El consumo per cápita de energía en Estados Unidos es dos
mil 652
veces mayor a lo que consume un individuo en Irak. La agricultura es
paupérrima y para efectos oficiales en cuatro de las más importantes
organizaciones mundiales como la UNESCO, la FAO, la OCDE y OCM, la
economía de Irak no existe, es nula. ¿Considera, en el fondo
de
usted, que ese pequeño, degradado país es una amenaza para
el suyo y
para el llamado "mundo libre"?
Le escribo para contarle que voy a ser madre y me preocupa cómo
voy
a
contarle al ser que llevo en las entrañas, el que la nación
más
poderosa, capaz de llevar hombres a la Luna, curar el cáncer, la
tuberculosis y frenar al sida, con el mayor número de científicos,
poetas, músicos y escritores que ha dado la humanidad, se halla
volcado sobre un territorio tan desamparado para humillarlo y
aniquilarlo. ¿Cómo explicarle a ese bebé que muchos
como él no verán
la luz o quedarán mutilados de por vida porque las verdaderas
razones
de la masacre que viene se encuentran en el subsuelo de Irak?
Si usted fuera iraquí, señor Bush, ante lo que viene, ¿bajo
qué
piedra o en qué cueva se escondería? Las historias del fracaso
de
los
hombres son numerosas, como también las hay de seres alegres,
nobles,
generosos; lamentablemente son los viles y ruines los que llegan al
poder y deciden por todos. ¿Por qué insiste usted en buscar
un sitio
entre los más crueles, ciegos y obstinados? ¿Acaso la fuerza
demoniaca del petróleo es mayor que la de su conciencia?
Recuerde, señor Bush, que no se trata de lo que usted y su grupo
de
militares e industriales puedan ganar en lo inmediato, sino de la
deuda inmensa que deja usted para el futuro. ¿Se sentirán
los
estadounidenses más seguros, aceptados y queridos en el mundo con
acciones de tal envergadura? ¿Cuál será su legado?
Como yo, debe haber muchas mujeres embarazadas por vez primera,
ilusionadas con traer a este mundo seres que puedan recibir amor,
educación, belleza; niños que sean capaces de gozar de la
música, el
viento y las matemáticas. Como yo debe haber muchas en Estados
Unidos
y en Irak que deseen llenarlos de paz, seguridad, armonía y verlos
crecer y desarrollarse. Como yo, ha habido mujeres, entre otras su
madre, que se llenaron de gozo al ver nacer a hijos que pensaron
mejorarían el mundo. ¿Su madre, señor Bush, no vivirá
angustiada con
el esposo que le tocó? No continúe usted su calvario. Piense
en
ello.
Sepa usted, señor Presidente de la nación dorada, que sus consejeros
han fracasado, pues ninguno le ha dicho cerca de la oreja que el
odio
jamás extinguió al odio. Lo rodean fariseos y mentirosos;
lo
impulsan
empresarios que jamás estarán satisfechos con sus multimillonarias
ganancias. ¿Por qué, señor Bush, no se hecho usted
aconsejar de
filósofos, teólogos, astrónomos, y de uno que otro
hombre humilde?
Sé lo difícil que en la vorágine que vive pueda
usted leer esta
misiva. A pesar de haber nacido en Texas, rodeado de sirvientas
mexicanas, tan próximo a nosotros, usted no lee el español;
tampoco
creo que la embajada de su país en el mío le haga llegar el
recorte;
no obstante le escribo porque usted bien podría ayudarme para
que
cuando mi hijo nazca, el mundo fuera más seguro, alegre, prometedor.
Le escribo porque si usted se equivoca y desata la lluvia de fuego
en
Irak, todos, absolutamente todos, de modo indirecto saldremos
salpicados. Le escribo porque sería un milagro que usted leyera mi
carta y más milagroso aún, sería que tuviera un mínimo
de
influencia.
No obstante lo hago henchida de fe y esperanza en poder contarle a
mi
futuro hijo que la vida sobre este planeta no es otra cosa que una
cadena de milagros concedidas de tanto en tanto por el ser al que
llamamos Dios.
Mil gracias por su atención.
Daniela.