
Nacido
en Santiago, fue uno de los hombres más ilustrados del Reino de Chile.
Durante su juventud estuvo en el ejército.
Llegó a ser teniente del regimiento de la Nobleza.
Viajó más tarde a Europa y quedó impresionado de los cambios políticos
y del progreso material que estaba experimentando el Viejo Mundo.
El llamado movimiento de la Ilustración penetró finalmente en el espíritu. Observó, estudió y meditó en torno a las nuevas ideas y al regresar a Chile trajo en sus baúles muchas obras que reflejaban el pensamiento del siglo XVIII. Entre ellas, la Historia Natural de Buffon, la Enciclopedia, textos de física, matemáticas, geografía e historia. Pero ninguna de esas obras despertó en él mayor interés que la 'Historia de América" de Robertson, donde se hacía una severa crítica a la acción colonial de España en América. Apenas llegado a Santiago, Rojas se vio mezclado en la conspiración de los franceses Gramusset y Berney, que no le causó mayores molestias. Después de las preocupaciones que esta aventura a la cual el historiador Ricardo Donoso llama 'grotesca" provocó en su espíritu, Rojas se refugió en su hacienda de Polpaico, donde, en el silencio de sus lecturas, se limitó a esperar la llegada de la revolución independentista. Esta actitud se refleja muy bien en una carta que dirigió a su cuñado Manuel de Salas, donde le dice: "Está bueno aquello de conducirse con cuidado y aún con hipocresía" Las autoridades realistas, sin embargo, algo sabían de las ideas avanzadas de Rojas, prueba de ello es que en 1810 el. gobernador García Carrasco lo obligó a salir del país. Fue enviado al Perú junto con Bernardo Vera y Pintado y Juan Antonio Ovalle, acusado de permitir en su casa tertulias en las cuales se conversaba la conveniencia de un cambio de gobierno. La aristocracia santiaguina protestó airadamente ante el gobernador, exigiéndole la libertad de los presos. Como no hubiera una decisión inmediata y como se pensara que García Carrasco no quería aceptar tal presión, la aristocracia consiguió que la Real Audiencia solicitara la renuncia del gobernador, la que se produjo el 16 de julio de 1810. De regreso a Chile, Rojas sufrió más tarde arbitrarias persecuciones y hasta la prisión en el año 1814 durante el gobierno de Mariano Osorio. San Bruno lo hizo encarcelar y lo envió deportado a la isla de Juan Fernández, junto con otros patriotas. Como estaba muy anciano y enfermo, se permitió su regreso. Murió en Valparaíso pocos días después de desembarcar.