Si los Beatles no se hubieran separado
por Guilletek
Capítulo 12
Pete nunca fue alguien que destacara. Era tímido, uno de
esos tímidos que saben que lo son y no hacen nada por remediarlo. Había sido
uno de ellos, eso nadie podría quitárselo, rozó la gloria y eso es más de lo
que muchos podían decir. El resentimiento estaba allí, no podía negarlo, pero
con el tiempo había conseguido aparcarlo y ver el lado positivo del asunto.
Y allí estaba él, el eslabón perdido del mundo Beatle, preparando el té en
la que había sido casa de sus padres. Su tranquilidad se vio turbada por el
insistente timbre de la puerta. Posó la tetera sobre la alacena de su ordenada
cocina y caminó con paso cansino hacia la puerta. John.
-”Hmmmm…”, dijo mientras olisqueaba
el ambiente, “¿té?, supongo que tendrás
una taza para los viejos amigos”, inquirió John forzando su ahora
matizado acento de Liverpool.
Best quedó paralizado, hacía casi diez años que no lo veía en persona.
-”Clarro, claro…, pasa”, contestó
sin saber demasiado bien qué hacía y terminando de abrir la puerta.
John entró en la casa. La sorpresa de Pete pasó a convertirse en pasmo cuando
vio que John no venía solo…, Ringo, George y Paul estaban detrás de él,
sonrientes…
-”¿Y nnosotros, y nosotros?”,
dijeron los tres restantes imitando sonidos infantiles.
Una vez todos hubieron pasado al interior, Pete cerró y, durante unos segundos
apoyó la espalda en la puerta y cerró los ojos. ¿Era aquello un sueño?, ¿qué
hacían allí?, cuando volvió a abrir los ojos no vio a nadie. Suspiró. Pero
entonces escuchó a John gritando desde la cocina…
-No mee digas que no tienes unas pastas…
Sentados en la mesa, Pete repasó sus caras. John había cambiado mucho, estaba
mucho más delgado y su otrora cuidado cabello había dado paso a una melena
descuidada de aspecto grasiento; sus redondas gafas le daban un aspecto amable y
cercano.
-“Bueno, Sr. Best, ¿qué ha sido de su
vida?”
-“Ya sabes, cuando ocurrió “aquello” inntenté seguir con la música…,
pero no terminó de cuajar. Ahora estoy pensando en abrir un negocio, quizás
una panadería…”
Paul, también había cambiado. Su cara aniñada le acercaba, en mayor medida
que al resto, a la imagen que Pete conservaba de él, pero algo en su mirada le
decía que no era el mismo.
-“¿Una panadería?”, dijo Paul, ”No
sabía que te interesaba…”
-“Ni yo…”, contestó Pete con unaa forzada sonrisa.
George parecía otra persona, Pete lo conoció cuando era apenas un niño. El
bigote añadía unos cuando años a sus veintinueve primaveras.
-“¿Sabes que vamos a tocar en “The
Cavern” de nuevo?”
-“¿Cómo no saberlo?, ¡la jodida ciudad está empapelada!”
Ringo no había compartido banda con Pete, era su sustituto. Se conocían de
Hamburgo, Ringo militaba por aquel entonces en la banda de Rory y, aunque habían
compartido, juergas nocturnas nunca habían llegado a intimar.
-“Bueno…¿Y tú que tal estás?,
dijo Ringo ante la absorta mirada de Pete Best, que no dejaba de sorprenderse de
que fuera la persona con quien menos compartió la que más se interesara por su
situación personal.
-“Sobrevivimos como podemos, ya sabes, la
gente de Liverpool somos duros de roer…”
Llevaban una media hora charlando sobre anécdotas de antaño cuando Paul,
mirando su reloj, interrumpió la conversación.
-“Chicos, es hora de irse. Deberíamos
ensayar un poco”
-“Veo que sigues siendo igual de pesadoo con el trabajo, Paul, bromeó
Pete
-“Supoongo que sí…, pero va a ser la última
vez y queremos que sea memorable”
-“¿La última?”
-“Sí, después de esto los Beatles dejarrán de existir”, cortó
John.
De alguna forma aunque sin maldad, Pete se alegraba de escuchar aquella noticia.
-”Iguaal te pedimos trabajo en tu panadería”,
bromeó Ringo.
-”¡Ni hablar!” dijo John, ”Seguro
que nos echaba antes de hacerse famoso en el mundo de los panaderos”
Tras tres segundos de silencio, la habitación estalló en carcajadas. Pete se
despidió de todos con abrazos y rechazó la invitación de George para asistir
al concierto…”Sería demasiado doloroso”.
Best cerró la puerta una vez hubieron salido. Caminó con paso cansino hacia la
cocina. Recogió los restos de pastas que habían quedado en su mantel. Limpió
las tazas y la tetera.
La cocina estaba limpia.
Arrastró los pies hasta el cuarto de baño y se miró en el espejo. Sus ojos
claros estaban enrojecidos. Cogió un peine e intentó posar su flequillo sobre
la frente. Se resistía. Metió la cabeza bajo el grifo y consiguió un perfecto
peinado Beatle. Con el pelo chorreando se dirigió al salón y puso un disco que
llevaba una década sin sacar del cajón… “Tony Sheridan and The Beatles”
Cerró los ojos…, una sonrisa asomó a su siempre seria cara.
-“No lo hacía tan mal”, susurró
| Indice | Siguiente capítulo |