It's Only Love

por Sadie

"Capítulo 19: Not A Second Time"


You know you made me cry

I see no use in wondering why

I cry for you

And now you’ve changed your mind

I see no reason to change mine

I cry the fool oh oh

You’re giving me the same old line

I’m wondering why

You hurt me then, you’re back again

No, no, no Not a second time...

Cuando me desperté a la mañana siguiente, me encontré con una sorpresa grandísima. Esta vez, había decidido no perderme el desayuno que ofrecía el hotel, y bajé al restaurante a desayunar. Había unas cuantas personas sentadas en las mesas y la cabeza de una de ellas me resultaba bastante familiar. Aquellos rizos color del oro me eran bastante familiares a la vista. ¡Pete! Me acerqué casi corriendo hacia él y le tapé los ojos con las manos. Él me las cogió y sin girarse hacia mí las besó.

Las aparté y me puse delante de él. Me cogió en brazos y miré escandalizada al resto de las personas del hotel. A él le dio igual y me dio un sonoro beso en la boca. Me pilló desprevenida, si no se le hubiera ofrecido mi mejilla.

No me dejé convencer. Quería ver a John y hablar con él. ¿A qué se debía este cambió de planes? John era imprevisible, eso lo sabía, pero los dos estabamos muy ilusionados el uno con el otro, como para dejar pasar un posible día juntos en kenwood ahora que Cynthia no estaba. Pete me cogió de un brazo y me obligó a que le mirar a los ojos:

No entendía a qué se refería Pete con eso. Me había dicho varias veces que me amaba, pero eso de "cualquier cosa que pase hoy" no entendía lo que significaba.

Me cogió de una mano y me llevó hasta el Ferrari que John le dejaba siempre que bajaba a Liverpool. ¡Cada día me gustaba más subir en ese trasto! Trasto era una forma de hablar, era una pasada. ¡Qué lástima que a John no le gustara mucho conducir! Subirme al lado de un hombre tan atractivo, en un coche tan espectacular, era más de lo que una chica podía desear.

Pete estaba usualmente poco hablador durante el camino a Kenwood. Apenas me miró durante el trayecto, y yo cantaba "Norwegian Wood" y las canciones de "Rubber Soul" con todas mis fuerzas. Estaba especialmente feliz. Amaba a John con todas mis fuerzas, a él le gustaba yo. Hacíamos el amor cada vez con más pasión, y además, uno de sus mejores discos hasta el momento estaba lleno de referencias a nuestra historia en común. ¿Qué más podía desear?

Cuando llegamos a Kenwood, Pete abrió con su propia llave. LA casa estaba en silencio. No era muy tarde. Cynthia ya no estaba y suponía que John todavía no se había levantado. No era un gran madrugador, y se quedaba en la cama hasta bien avanzada la mañana. Así que le dije a Pete:

Me volvió a coger del brazo.

Subí las escaleras en silencio para no despertar a John y Pete me siguió. Le miré. Su expresión era realmente preocupada. ¿Qué diablos pasaría? Le sonreí para infundirle confianza cualquiera que fuera lo que estaba ocurriendo entre ellos dos. Llegué frente a la puerta y durante un momento dudé entre si llamar o no. Seguro que no estaba Cynthia porque ni Les ni el Rolls estaban y Cynthia siempre usaba el Rolls cuando John no lo necesitaba. Así que por ese lado no habría problemas en entrar. Por fin, y a raíz de un impulso, abrí la puerta.

El corazón me dio un vuelco. Había dos bultos en la cama. John se sentó de un salto en la cama.

"Bloody bastard!", le oí gritarle. Pero ya nada me importaba, sólo quería salir de allí, olvidarme de John, de los Beatles, de todo. Me solté de Pete y bajé corriendo las escaleras, hecha un mar de lágrimas. John y Pete habían bajado corriendo detrás de mí. John llevaba la sabana enrollada por la cintura. Ana bajaba detrás de él. Tenía tanto dolor que no me salían palabras de odio ni hacia Ana ni hacía John. Pete me cogió de un brazo y se giró hacia John: "You bloody son of a bitch, Lennon. She’s the loveliest creature on Earth and you’ve hurt her so bad. I love her madly and she loves you. And you’ve never been able to appreciate true love."

Vi a John abalanzarse hacia Pete con el puño cerrado pero yo me interpuse entre los dos. Ahora sí, hecha una furia.

Ahora ya no, ya no me valían sus excusas de hombre desesperado. John siempre sería mi amor, el hombre que siempre quise tener. El único hombre que podría ocupar mi corazón, pero esto era demasiado humillante como para aguantarlo.

Ahora sí que quería perderle de vista para siempre. Pete salió detrás de mí y me abrazó fuertemente antes de entrar en el coche.

â â â â

Ya no volví a ver a John hasta muchísimo tiempo después. Los días que siguieron a aquella pesadilla son prácticamente una nube. Apenas recuerdo nada, sólo sé que Pete quiso que me fuera con él a Liverpool pero no lo hice. Insistió entonces en que me quedara un poco más en Londres, con él. Él cuidó de mí. Yo apenas comía, ni me apetecía levantarme por la mañana. Pete se encargaba de traerme el desayuno y las comidas. Porque solo quería morirme. ¡Era demasiado fuerte! Mi mejor amiga y el hombre de mi vida acostándose juntos ante mis propias narices.

Cuando me fui reponiendo del mal trago, Pete me pidió que me fuera a vivir con él. No pude aceptar. Tenía que acabar mi ultimo año en la Universidad, así que le dije que cuando terminara, quizá podríamos seguir viéndonos, pero que de momento, no era posible.

Yo volví a España y en un ataque de furia, quité todos los pósters de mi habitación y regalé todos mis discos en la facultad. Para no ver a Ana, me pasé al turno de la noche. Me sentía sola y humillada, pero al menos conseguí sacarme el ultimo curso de Filología y me gradué. Ya estaba lista para ser profesora de inglés.

Seguía teniendo noticias de los Beatles por la radio y por la televisión. Era imposible ignorarlos aunque quisiera. En el verano siguiente a mi relación con John, es decir en 1966, unas declaraciones de John a la periodista del Evening Estándar, salieron en una revista americana y se armó la de San Quintín. John había dicho que los Beatles eran más populares que Jesucristo, y aquello no fue bien aceptado en el cinturón Bíblico de los estados unidos. Se comenzó una quema de discos y de recuerdos de los Beatles, que parecía más un acto de exorcismo que otra cosa. No me alegraba, aunque John me hubiera hecho sufrir tanto, no puedo decir que me alegraba de que John estuviera pasando por aquello. Pero las cosas no le fueron bien aquel año. ¿Justicia divina? Quizá, pero tras eso, llegaron las Filipinas, en las que prácticamente tuvieron que correr para salvar sus vidas, después de que no asistieran a una cena preparada por la esposa del dictador Marcos.

A finales de Septiembre y principios de Octubre, John volvió a España a rodar parte de una película anti-belica llamada "How I won the war". No estaba cerca de donde yo vivía, porque Almería se encuentra lo mas al sur de España, pero decidí hacer un viaje y verle. Con la distancia temporal que mediaba entre lo que había pasado entre nosotros, las cosas se habían enfriado, al menos por mi parte, así que quizá los dos debíamos hablar para aclarar las cosas.

Pero cuando llegué a Almería, me encontré con un John que no era el que yo había conocido. Tenía el pelo mucho más corto, prácticamente al rape, y llevaba una gafas tipo abuelita de la seguridad social que eran de los más antiestético posible. John siempre había odiado esas gafas, ¿por qué las llevaba ahora? Además estaba bastante más delgado. Ese no era el John que yo había conocido y con el que me había acostado. Ese no era el John del 65. Había cambiado. Decidí no encontrarme con él cara a cara. Conforme llegué a Almería y lo vi, di media vuelta y regresé a Valencia.

En 1967, Pete y yo comenzamos una relación. Estuvimos juntos durante bastante tiempo, pero me seguía recordando a John. Entre ellos nada había cambiado, seguían siendo igual de amigos que siempre. Pete seguía visitando con frecuencia Kenwood, y yo no quería nada, nada que me recordara a John o a los Beatles. Ni siquiera había seguido comprando sus discos. Revolver y Sgt. Pepper’s no los compre hasta mucho tiempo después, cuando la herida ya estaba prácticamente cicatrizada del todo. Así que Pete y yo decidimos dejarlo.

El tiempo siguió pasando y cerrando las heridas y a mediados de 1968, inesperadamente, y cuando yo ya pensaba que todo había cambiado y estaba enterrado en lo más profundo de mi mente, recibí una carta de John. Me sorprendió tanto, que con los nervios intentando abrir la carta, casi rompo el contenido. Me la enviaba desde la India, donde estaba estudiando meditación trascendental con el Maharishi Mahesh Yogi, un gurú Indio.

Dear Sadie,

I know it’s been a long time but I owe you an explanation.

I was a bastard, you didn't really deserved what I did to you. I was absolutely in love with you but I never dared to tell you. And Ana just came after me and I kept saying no to her until she fell on my feet begging to sleep with her, and so I did. But she never meant anything to me, and you know it.

Anyway, that’s water under the bridge now.

I just want to tell you that I never ever will make the same mistakes again.

I’ve met another woman called Yoko. Sha’s amazing, Sadie, an artist, and she’s also like a mate to me.

I’m deeply in love with her now, but I’m not gonna make the same mistakes I made with you.

I’m gonna leave Cynthia. I don’t love her any more and I should have done it when I was with you. Too late for that now. But Yoko means the world to me, now. I’m absolutely mad on that woman. I think she’s the woman I’ve been looking for since you went away.

Paul and Pete were not on speaking terms with me for a while after my cheating on you. But they eventually calmed down. Paul told me he also felt something for you, but obviously Jane was his girl. Paul loved you, Sadie. And I’m sorry that your story with Pete didn’t work out in the end. He's a nice guy. And you are lovely.

I think this is the last you’ll heard of me. Take care, and please, remember me with love.

Always, Dr Winston O’Boogie.

P.S.- The Maharishi reminds me of you in so many ways that I’ve nicknamed him with your nick. He’s like you in many many ways. I’m writing a song about you both. You’ll hear it soon.

Y así fue cómo terminó mi relación con John Lennon, el componente de los Beatles. En Noviembre de ese año 1968, salió su álbum doble llamado The Beatles, pero que todo el mundo bautizó como El Album Blanco debido a su portada, y en él estaba la canción que John dedicó al Maharishi, pero que hablaba también de mí, "Sexy Sadie". Es una canción que aun hoy, cuando la oigo, me sigue poniendo los pelos de punta.

Pero además sé que, la historia que viví con John, es más de lo que mucha gente puede desear vivir con este genio de la música.

¡ TE AMO, JOHN WINSTON LENNON !

THE END.

ã Sadie. Dedicado a John Winston Lennon, el hombre de mi vida.

"John, aunque no hubieras existido, te habría amado igual".


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