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"De diálogo en diálogo"
Entre aquellos jovencitos el ambiente era alegre y festivo. Y es que no podía ser de otra manera, faltaban unos cuantos días para Navidad. Y así, fraternalmente, hombro con hombro, todos juntitos se encontraban aquellos adolescentes. Como buenos hermanos de comunidad procurándose unos a otros un poco de calor.
Y así, en aquel fraternal ambiente después de la oración y de algunas
animadas alabanzas, le tocó el turno a Juan, el tema de esa ocasión era
graciosamente controvertido. Más la elección del mismo no había sido
idea de él. Juan recordaba como había sido Carmen la coordinadora de
aquel grupo quien le solicitó: "¿Recuerdas un tema sobre Santo Clos que nos diste cuando yo
estaba más chica, en el grupo del Padre Maldonado y que estábamos al
igual que hoy en época de Navidad?, pues ese tema me gustaría que le
dieras ahora al grupo que coordino".
Juan había aceptado, los días habían pasado y ahora estaba ahí
y el tema estaba por iniciar. La intención de Juan no era la de molestar.
Total, pensaba él si alguien quiere creer en Santa Clos toda su vida,
pues es su decisión. Más para él, lo importante era compartir con quien
quisiera escucharlo que el verdadero significado de la Navidad es que nace
el Niño Jesús, que eso significaba Navidad, natividad, nacimiento. Juan
sabía que para muchos, esto estaba muy claro, muchos lo sabían desde hacía
tiempo y a ellos no era necesario explicárselos, pero, por experiencia
también sabía que por increíble que parezca hay aún mucha gente que no
lo sabe. Que hay muchas personas incluso católicas, que aún creen que lo
único importante que acontece en Navidad es que viene Santa Clos. Más aún,
hay muchos católicos que prefieren hacerse los desentendidos y escogen
rendirle culto a la venida del Santa Clos en lugar de celebrar la
verdadera Navidad.
Cuando Carmen le solicitó aquel tema, Juan por experiencia sabía
lo que iba a suceder: se verían algunas caras tristes, algunas otras incrédulas
y más aún, algunas otras estarían molestas. Pero bueno, alguien tenía
que decirle a aquellos jóvenes que el verdadero valor de la Navidad
estaba mucho más allá de un simple intercambio de regalos.
La plática dio inicio, y todo lo previsto por Juan empezó a
cumplirse, caras largas, caras tristes, incluso hasta alguna lágrima
distinguió Juan por ahí. Carmen complacida veía las reacciones de sus
jóvenes, quizás porque en ella, aquellas mismas palabras uno o dos años
antes habían significado un descubrimiento importante.
El tema continuó, pero para su sorpresa ese día, ante este tema
una reacción nueva fue observada por Juan en uno de los jóvenes. Pudo
darse cuenta perfectamente del instante en que algo de lo que él dijo
aguijoneó el corazón de uno de los muchachos que se encontraban en
aquel salón. Juan pudo ver como el rostro de aquel joven cambiaba de
color, pudo ver claramente como sus pómulos se hundían y sus ojos se
clavaban en él conteniendo la ira. Pudo observar como su boca se abrió
para protestar y también como él luchó para contenerse.
Y es que Juan acababa de decir: "El adviento, es un tiempo para prepararnos espiritualmente para celebrar
el nacimiento de Jesús, (1)
dependiendo de la preparación que tengamos a través de la oración, de
la reconciliación con Dios y con nuestras familias, así será nuestra
Navidad. ¿Cuál Navidad queremos vivir?, ¿La verdadera o la otra, que
nos invita sólo a comprar regalos y a juntarnos con el pretexto de unas
mal llamadas posadas, en las que nos reunimos tan sólo para
emborracharnos?...
Fue ahí, precisamente en el instante en que Juan pronunció estas
últimas palabras, cuando aquel joven se sintió herido, más no habló,
quiso, pero no lo hizo. Se hubiera puesto en evidencia.
A partir de ese momento, Juan pudo observar como aquellos ojos lo
estaban cazando, sentía como era observado muy atentamente en espera de
cualquier error. "Esto no se
queda así" -pensó Juan-, y no se equivocaba.
El tema continuó, poco a poco algunos rostros empezaban ya a
alegrarse, otros se mostraban felices, ya que ese día Juan les confirmaba
algo que ya sabían, pero que si lo decían en su escuela seguramente se
burlarían de ellos. Otros estaban apenas intentando comprender lo que
estaban escuchando. Más ahí al acecho, estaba otro rostro que no sonreía,
y sus pómulos hundidos y el color aún cenizo de su piel resaltaban aún
más sus vivos ojos negros clavados en Juan.
Juan sabía que aquel joven habría de rebatirlo en algún momento
de su charla, que tan sólo estaba esperando algún motivo para hacerlo,
¿cuándo sería?, no lo sabía, pero de lo que sí estaba seguro es de
que no sería por el verdadero motivo de su enojo.
Y la oportunidad esperada por el joven llegó justo en el
momento en que Juan comentó:" Lo importante en Navidad, es permitirle a Jesús que nazca en
nuestros corazones y que nos cambie en mujeres y hombres nuevos. Es una
gran oportunidad para pedirle que nazca también en los corazones de
quienes no lo conocen. Lo importante es ofrecerle nuestro corazón como
pesebre, para que no sea este un año más en que sólo lo dejamos que
toque a nuestra puerta pero no le abrimos. Es también muy bello compartir
estas fechas con nuestras familias y más que cosas materiales, es una
ocasión ideal para regalarles amor, perdón, comprensión, convivir con
ellos y por qué no, hacer oración...". (2)
En este instante, los ojos de Juan se cruzaron con los de aquel
joven, y pudo observar como éste se enderezaba en su banca, y alzaba su
mano derecha pidiendo permiso para hablar. Juan guardó silencio, había
llegado la hora.
La voz de aquel joven se atropellaba en su garganta, parecía como
si sus quijadas se negaran a moverse. Para tranquilizarse respiró
profundo, se tomó unos instantes y finalmente expresó con tono rudo: "Yo
no estoy de acuerdo con lo que acabas de decir"
Sin sorprenderse, y ante la duda, Juan le preguntó: "¿Específicamente
en qué no estás de acuerdo".
Y con la misma rudeza inicial el joven le contestó: "Con
eso de que lo más importante en Navidad no son los intercambios de
regalos sino regalar amor y comprensión y ponernos a hacer oración. ¿Te
imaginas?, si todos nos ponemos a hacer oración así como tú dices,
!entonces! -exclamó levantando la voz-, ¿quiénes
van a ir a hacer las compras de Navidad?, y si nadie compra regalos
entonces ¿qué van a vender las tiendas?, y si no venden las tiendas,
tampoco las fábricas. ¿Y si cierran?, ¿cuánta gente se quedará sin
trabajo por culpa de lo que tú estás diciendo?. Y no sería cristiano,
que nosotros dejemos a toda esa gente sin trabajo por estar orando."
Una vez que terminó, el joven se relajó aliviado, y se acomodó
nuevamente en su asiento, se le veía ya un mejor color y su rostro
mostraba de nuevo sus naturales líneas juveniles. Juan se sintió
contento por la recién adquirida paz de aquel joven. Más la alegría dio
rápidamente paso a la tristeza, aquello que acababa de escuchar no le
hubiera parecido extraño oírselo decir a alguien de su escuela, de su
trabajo o a alguien de por su casa, pero lo había escuchado en un grupo
de jóvenes de su Parroquia, y además, aquel joven no era de los nuevos,
él había estado creciendo en ese grupo por más de dos años. Juan tuvo
que dejar sus cavilaciones para otro momento, el grupo estaba expectante,
esperaba una respuesta.
"El que tú presentas,
es un razonamiento bastante lógico, -respondió sinceramente Juan-, es
muy típico de la cultura en la que nos ha tocado vivir, y en la que
nuestra sobre vivencia y nuestra comodidad está directamente relacionada
con los bienes materiales que tenemos. Es también lógico pensar que si
una fábrica no vende, mucha gente puede perder su empleo. Pero, ¿Tú
crees que todas las tiendas y todas las fábricas dependen sólo de lo que
venden en Navidad?, no te preocupes, que ya se han inventado multitud de
fechas para que puedas regalar todo el año."
Además, comentas que no estás de acuerdo en que dejemos de
consumir algún producto o servicio pensando en la gente que se quedaría
sin trabajo. ¿Sabías -le
preguntó Juan- que ya hay clínicas
especializadas en abortos?, ¿te imaginas que a partir de este momento ya
nadie se practicara abortos?,¿Cuánta gente de esos hospitales se
quedaría sin trabajo?, o por otro lado, ¿te imaginas si a partir de hoy
ningún adicto consumiera drogas?, ¿Cuánta gente se quedaría sin su
ingreso de dinero?, y ¿qué
piensas de que a partir de mañana se acabaran las guerras para siempre,
¿qué haríamos con esos ejércitos de desempleados?, y que me dices si a
partir de pasado mañana ya nadie robara o asesinara, ¿qué haríamos con
tanto policía sin trabajo?. ¿Te das cuenta que el dejar de comprar y
tener algunos servicios no es tan malo?.
También comentaste, que no estás de acuerdo en que en Navidad
todos debiéramos hacer oración en familia, en lugar de preocuparnos
tanto por la comida o los regalos. Pues yo te aseguro que si lo hiciéramos,
que si todos en la tierra nos preparáramos haciendo oración para recibir
a Jesús en Noche Buena, no habría ni una sola persona en el mundo sin
trabajo y que no faltaría el pan en ninguna mesa." (3)
Con esto, Juan concluyó y guardó silencio. Cada uno de los
presentes cavilaba en sus propios pensamientos. La mirada ahora serena de
aquel joven seguía fija en los ojos de Juan, pero ya no había aquella
sombra de ira en ellos. Pasaron así unos instantes y contrario a lo que
Juan esperaba el joven ya
no hizo ningún comentario, tan sólo sonrió levemente y dirigió a Juan
un ligero gesto de asentimiento con su cabeza.
La charla sobre la verdadera Navidad continuó y en su momento
finalizó. Se cantaron algunas alabanzas, se dieron avisos y se cerró la
reunión con una oración. Ahora todos empezaban a retirarse y Juan se
encaminó hacia el joven.
Cuando estuvo cerca y este le prestó atención, Juan le preguntó
amigablemente:"¿En verdad ya
no hay alguna duda u otro
comentario que quieras hacer?".
"No, la verdad no
-contestó él francamente-, debo
confesarte que el argumento que presenté, yo ya lo había razonado por mí
mismo y llegué a una conclusión que concuerda con lo que tú me
contestaste, por eso al final
estuve de acuerdo contigo".
Divertido por la respuesta Juan se sonrió, palmeó la espalda del
joven y se despidió.
Después de todo Juan sabía el motivo real por el que aquel joven
lo había rebatido, y sabía que no tenía nada que ver con la compra de
los regalos navideños, ni con la verdadera Navidad, ni con defender a
Santa Clos. Juan sabía perfectamente cual había sido la verdadera piedra
en el zapato de aquel joven. Pero en fin, ese sería un secreto entre
ambos.
FIN
(1)
Al
celebrar anualmente la liturgia del Adviento,
la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando
en la larga preparación de la primera venida del Salvador... Catecismo de la Iglesia Católica
No.524 (2)
Por eso la Iglesia,
especialmente durante los tiempos de Adviento, Cuaresma y sobre todo en la noche de pascua, relee y
revive todos estos acontecimientos de la historia de la salvación...
Por eso exige también que la catequesis ayude a los fieles a abrirse a esta inteligencia “espiritual” de la economía de la salvación. Catecismo de la Iglesia Católica
No.1095 (3)
“Y lo que ustedes
pidan en mi Nombre, lo haré yo,
para que el Padre sea glorificado en su Hijo. Y también, si me piden algo
en mi Nombre, yo lo haré.” Juan
14;13-17 Del libro “De diálogo en diálogo” De: José Luis Contreras Sáenz Chihuahua, Chih., Méx. Septiembre 27, 1999. 1,985 palabras.
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