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¿ABANDONA LA IGLESIA A LOS HOMOSEXUALES?
Nota: Antes de juzgar este artículo debe leerlo completo.
El
porque de este folleto Durante
cerca de veinte años escribí en
la hoja dominical “El Católico
Mexicano”, breves articulitos con el titulo de “charlas”. Esos artículos
ya de matiz apologético, ya de orientación doctrinal, o bien de
comentario sobre temas de actualidad, fueron acogidos con general
simpatía por parte de los lectores
y no fueron pocas las cartas que con ese motivo recibí, algunas de
consulta, otras de felicitación y no faltó alguna agresiva y casi
insultante, cuyo autor acabó al fin por ser muy amigo mío. Pero hay una de ellas que equivale para mi al aguijón del
remordimiento. Voy a transcribirla en toda su integridad, porque pienso
que será la mejor introducción y explicación a la vez, de la finalidad
de este folleto:
“Rev. Padre: Prácticamente no le conozco. He seguido con
verdadero interés sus charlas en “El Católico Mexicano”
y me complace sobremanera rendirle
mi más sincera admiración y profundo agradecimiento por la forma tan
eficaz y decidida como
orienta usted a la juventud, observando, escuchando, comprendiendo, y
tratando de resolver todos y cada uno de sus problemas, aún los mas difíciles;
sin embargo, mucho me temo, querido amigo, que haya usted olvidado
algunos, que por razón de su importancia, debieron ser tratados en primer
término; o tal vez no me equivoque al
sospechar que con usted ocurre lo que con muchos otros sacerdotes cuya
capacidad no está en cuestión: ¿Es
que son tan pocos los afectados por el problema, que no amerite ser
tratado, o es que pesa demasiado como para volverle la cara y huir
cobardemente? ¿Es acaso el pavor de enfrentarse
a una carne y a un espíritu proscritos que luchan y mueren
separados porque jamás nadie se ha atrevido a levantarlos, orientarlos,
purificarlos? “Es que dan asco, es la verdad...” Son tan miserables,
tan dignos de desprecio que ... "Es que resulta imposible
aceptarlos..." ”Es tan complejo y turbio el problema que ...”
"¿Qué podemos hacer nosotros?". Y yo respondo: ¡Nada, nada
absolutamente! Nada, por que los ... “prudentes” no saben más que dar
la espalda y esconderse... ¡Cuántas
veces he sido ignorado, remolcado como un mueble sucio y roto inútil;
pisoteado y despojado muchas veces y llevado al escarnio más cruel! ¡Cuántas
más habré sido víctima del robo, la persecución salvaje y chantaje más
vil, oprimido, discriminado siempre. ¿Tengo derecho acaso a erguir la
cabeza si llevo la espalda puesta al cuello? Si estoy condenado de
antemano, ¿puedo anhelar siquiera a ser oído? ¿A quién y qué pueden
importar mis ansias, luchas, éxitos y derrotas? ¿Podré darme a mí
mismo aunque sea una frase de aliento, duradera, que sobreviva a los
violentos estragos de la soledad? ¿Es que dan asco, ¡pobrecitos! “Esa
lástima maldita que revienta en los labios de la “caridad” más
profunda ... ¡Vaya caridad! ¡Qué manera más hipócrita y cobarde de
aborrecer y condenar!. Mi
grito es desesperado, mas no es un grito de violencia, es un grito que
espera pacientemente; no es un reto ni una amenaza ..., es un ruego hecho
con los ojos en el polvo. ¡Cuántos jóvenes se envilecen porque nadie ha
sabido trazarles un camino! ¡Cuántos acuden a la muerte como testigo
final de su tragedia! ¡Cuántos
acaban por huir, buscando un escape salvador en la autodestrucción,
maldiciéndolo todo, hastiados de sí mismos, abandonados, despreciados,
vejados incluso por aquellos a quienes más se ama! ¿Es que los
perjuicios están por encima del respeto y del amor al prójimo? ¡Cuántos
criminales son tratados con más clemencia! Y no pido libertades ni
derechos que fuesen opuestos a la razón y a la conciencia, quiero sólo
un alma paciente que me escuche, me comprenda, me estimule a ser algo útil;
algo semejante al barro en manos del alfarero. Toda
buena semilla crecerá en un corazón fecundado por lágrimas. Hace falta
un camino y una guía... ¿No es acaso ésto la Iglesia Católica, ¿Por
qué temer entonces proyectar un rayo de luz a través de los densos
nubarrones de la miseria, la incomprensión y la estupidez humana? ¿o lo
puede hacer y no lo quiere? ¡Cuántas veces hasta en los mismos
sacramentos existe la discriminación plagada de perjuicios, siempre
prejuicios: el penitente acosado, zaherido, humillado! ¡Esta no es la voz
de Cristo! El perdonó siempre, enseñó, amó incondicionalmente. Ruégole,
Padre, me perdone si mis palabras resultaron hirientes; no fue esta la
intención. Espero que el fruto venga muy pronto.
Mi carta carece de nombre.
Hace
más de diez años que recibí esta carta. Los discretos esfuerzos que
hice por atraer a su autor y moverlo a que tuviese una entrevista, o al
menos una mayor correspondencia epistolar conmigo no tuvieron éxito. ¡Me
hubiera gustado tanto consolarle, comprenderle, orientarle!, pues todo en
sus expresiones revelaba tanto nobleza e inteligencia a la par que
desgarramiento y amargura interior... Jamás he dejado de encomendarle en
mis oraciones y con él, a todos los que agonizan en su misma tragedia. Pero
he dicho que esa carta es para mí el aguijón de un remordimiento,
porque, desgraciadamente, no respondí a sus imploraciones. Tenía pocos años
de ordenado, escaso conocimiento de la vida y de las almas. Y no supe cómo
abordar el tema y lo fui dejando, indefinidamente, para luego ... Han
sido necesarios veinte años de sacerdocio, veinte años de estudio más
en los corazones que en
libros, para comprender que sí: la homosexualidad es una herida en la
sociedad y en la familia; una herida que no por ser convencionalmente
encubierta e ignorada, deja de ser extendida y sangrante... Y necesitamos
orientación sobre ella todos: el hombre de la calle que cree reafirmar su
propia virilidad escupiendo sobre sus víctimas toda una gama de epítetos
viles e infamantes; la misma víctima que se ve condenada a vivir muriendo
en una dantesca pesadilla; el adolescente que se pasma al advertir en sí
las primeras señales de que no es como los demás y que, falto de ayuda y
comprensión, siente el vértigo del abismo...; los padres de familia que
con vergüenza y con horror notan en alguno de sus hijos actitudes extrañas;
los maestros que ven puesto en la picota a algunos de sus alumnos; los
sacerdotes que fulminamos sobre los penitentes de esta clase los rayos del
Sinaí y lo despachamos desesperados y amargados.
¡Todos! Es
necesario que todos sepamos que la fe cristiana y la ciencia verdadera
tienen para el homosexual una palabra que, si no es inmediatamente un
grito de triunfo, es por lo menos serena y de esperanza. Y que todos
sepamos mirar en él no al maldito de Dios, escoria de la sociedad y vergüenza
de la familia, sino al hermano herido que tiene imperiosa necesidad de
nuestra comprensión y nuestra ayuda. Las
nociones que exponemos en este folleto de divulgación popular no pueden
tener la pretensión de trabajo científico. Pero sí reproducen, aunque
no multipliquemos las referencias, lo más sólido y sano que los
especialistas en esta materia y la doctrina católica pueden ofrecer a
este respecto. Ojalá
que este sencillo escrito contribuyera en algo a hacer menos agobiante la
situación de una de las minorías más extendidas y sangrantes de nuestra
sociedad. “La Iglesia -
dice el Vaticano II – reprueba como ajena al espíritu de Cristo
cualquier discriminación o vejación realizada por motivos de raza o
color, de condición o religión”, (Declaración “Nostra etate”, No.
5).
1.-
¿Qué es un homosexual? Homosexual
es la persona –varón o mujer– que está incapacitada para sentir
atracción sexual hacia una persona del otro sexo y que sólo siente y
puede satisfacer esa tendencia con individuos de su mismo sexo. 2.-
¿Existen falsos homosexuales? Sí:
no son propiamente homosexuales las personas con tendencias normales que
de una manera ocasional, por no haber personas del otro sexo, han tenido
relaciones con individuos de su propio sexo.
Ni lo son tampoco las personas normales que por libertinaje y
refinamiento de lujuria buscan relaciones homosexuales. 3.-
¿Se puede considerar la homosexualidad como una simple variedad natural y
normal del instinto sexual? El
sentido común, la ciencia y
la religión están acuerdo en afirmar que habiendo sido hechos los dos
sexos para unirse, completarse y perfeccionarse el uno al otro, la
homosexualidad no puede ser sino una anomalía cuyas raíces, sean las que
fueren, exigen ser profundamente investigadas. 4.-
¿Cuáles son las causas de la homosexualidad? La
ciencia no ha logrado todavía una conclusión definitiva.
Algunos opinan que es hereditaria; otros piensan que es el
resultado de un ambiente familiar desfavorable o de una prematura iniciación
homosexual. Lo más probable
es que se requieran dos cosas: una predisposición innata y una influencia
ambiental, puesto que con frecuencia se ven hermanos criados en el mismo
ambiente y de los cuales uno resulta homosexual y el otro no.
Incluso no todos los jovencitos que han sido iniciados
homosexualmente llegan a convertirse en homosexuales. 5.-
¿ Está muy extendida la homosexualidad? Estadísticas
de reconocida seriedad y la experiencia de médicos, sacerdotes, etc.,
acreditan que es un problema muy extendido.
Se calcula que un 5% de la población masculina está afectada por
esta desviación. La
homosexualidad femenina se considera menos frecuente, o tal vez sea menos
notoria que la del hombre. 6.-
¿ Es fácil descubrir si una persona es homosexual? No
es tan fácil como parece. El
vulgo suele imaginar que todo homosexual pertenece al grupo, relativamente
pequeño, de los homosexuales que se pintan el rostro, se visten de mujer
y se contonean de un modo exagerado.
Pero la verdad es que la inmensa mayoría de los homosexuales no
son fácilmente reconocibles. Algunos podrán quizá delatarse por algún “tic” y hay
muchísimos de tal manera viriles en su aspecto, maneras, aficiones y
actividades, que a no ser por su falta de interés por el otro sexo, no
podrían inspirar sospecha alguna.
7.-
¿Se puede corregir la homosexualidad? Parece
ser que, hablando en general, la medicina y la psiquiatría no se
muestran, hasta el presente, muy optimistas.
Sin embargo, no todos los casos de homosexualidad son igualmente
serios y se han conseguido algunas curaciones.
Pero aún en aquellos
casos en que la tendencia homosexual en sí no se corrija, no por eso deja
de ser muy valiosa la ayuda del médico o del psiquiatra, quienes pueden
aliviar e incluso suprimir la casi inevitable neurosis del homosexual, si
logran que éste llegue a aceptarse a sí mismo. 8.-
¿Qué es una neurosis? La
neurosis es un trastorno más o menos grave del equilibrio emocional de una
persona, es decir, sus sentimientos y emociones se ven perturbados por
angustia, ansiedad, resentimiento, etc.
Y es casi imposible que un homosexual no sea neurótico si se toman
en cuenta las gravísimas presiones internas a que le sujeta su situación.
El sentirse diferente de los demás, el creerse culpable de ello,
el saberse objeto del odio, la incomprensión, el desprecio y el escarnio
de la mayoría. El estar
expuesto y ser muchas veces víctima del chantage, de la discriminación,
etc., etc. Estas crisis
emocionales le sumen con frecuencia en hondísima depresión y si no hay
un alma caritativa que le sostenga, le inyecte optimismo, confianza en
Dios, espíritu de superación y de sublimación de sus tendencias, no es
raro que el homosexual termine en el suicidio.
Muchas de esas trágicas muertes sin causa aparente que leemos en
los periódicos, han tenido su origen en una crisis neurótica de un homosexual.
9.-
¿ Que quiere decir que “ el homosexual se acepte a si mismo”? No
quiere decir, desde luego que dé rienda suelta a sus tendencias
desviadas; eso no haría si no agravar las causas profundas de su
neurosis; sino que, una vez convencido de que el no tiene la culpa de ser
como es, y por consiguiente, de que nadie tiene derecho a despreciarle
como no lo tendría si hubiera
nacido albino o paralítico, se dedique a darle a su vida afectiva una
orientación sana en provecho de sus prójimos, como lo deben hacer y lo
hacen muchas personas – aun no siendo homosexuales- que por razones
diversas han de renunciar al matrimonio.
10.-
¿Quiere decir que el homosexual no debe pensar nunca en casarse? Conste
de que muchos homosexuales son casados, algunos se casan para evitar
sospechas sobre su condición o
en un esfuerzo desesperado por llegar a corregir sus tendencias. Incluso
muchos tienen hijos. Pero hay razones y experiencias
suficientes para pensar que la mayor parte de esos matrimonios son
un fracaso que labra la infelicidad del marido y de la mujer. Hay, sin
embargo, homosexuales cuyas tendencias están extrañamente divididas, por
así decirlo hacia los dos sexos. Puede ser posible que estos últimos
puedan llegar a tener un matrimonio con mayores probabilidades de
felicidad.
11.-¿Se
puede esperar que algún día la Iglesia Católica autorice y bendiga el
matrimonio entre dos homosexuales? La
Iglesia no a inventado el matrimonio. Lo ha recibido tal como salió de
las manos de Dios. Y Dios lo ha hecho precisamente la unión indisoluble y
monogámica de un varón con una mujer en orden al
mutuo complemento y a la propagación de la especie.
Este fue también el matrimonio que Jesucristo elevó a la dignidad
de Sacramento. Sería, pues, un delirio imaginar que la Iglesia podría alguna vez autorizar y bendecir una unión que se opone a la
esencia misma del matrimonio. Los casos que tan escandalosamente explota
la prensa de uniones civiles y aun religiosas(?) entre homosexuales son
simplemente indicio de la confusión de ideas y de valores que caracteriza
la hora actual.
12.-¿Como
puede un dios infinitamente bueno permitir que un hombre se vea en una
situación como la de los homosexuales, que hace tan difícil llevar una
vida conforme a la Ley Divina? La homosexualidad es, sin duda, uno de los casos particulares más dramáticos que plantea el problema general de la existencia del mal en el mundo. Sabemos que la Revelación que la naturaleza humana perdió, por el pecado original, su equilibrio moral y quedó sujeta a mil miserias agravadas en el curso de los siglos por la herencia y por la perversidad del ambiente.
La homosexualidad es uno de los frutos más amargos de esta solidaridad humana. Pero es también enseñanza cierta de la Fe que ningún hombre, por difícil que sea su situación, queda desprovisto de los auxilios necesarios para encauzar su vida rectamente.
13.-
¿La sociedad actual hace especialmente difícil
la vida de los homosexuales? Si;
y ello por dos actitudes que, no por ser diametralmente opuestas, dejan de
ser igualmente equivocadas y anticristianas . La
primera, hondamente arraigada y convertida en prejuicio ya ancestral,
consiste en fomentar hacia el homosexual una postura de odio, desprecio,
asco, burla y escarnio, como si se tratara de un criminal y no, como es en
realidad, de una pobre víctima de influencias hereditarias o ambientales
que el jamás deseó ni buscó. La
segunda, reacción contra la anterior, consiste en glorificar al homosexual como
un super-hombre, negando que su desviación se otra cosa que
una “variedad” aristocrática y envidiable del instituto
sexual. Esta segunda actitud tiende a ganar terreno merced a cierta
literatura, cine y teatro por desgracia muy en boga en nuestros días.
14.-¿Cómo
puede ser prevenida la difusión de la homosexualidad? Es
un hecho comprobado por los especialistas que la homosexualidad encuentra
su campo de cultivo predilecto en los hogares desequilibrados, desunidos,
frustrados y destruidos. Todo lo que contribuya a que los jóvenes lleguen
al matrimonio con la debida madurez física, psicológica, moral y
espiritual, contribuirá a que se multipliquen los hogares equilibrados y
felices y disminuyan los campos de cultivo de las desviaciones sexuales de
los hijos.
15.-¿Cuál
a de ser la actitud de los padres de la familia que notan en alguno de sus
hijos algún síntoma de homosexualidad? Si hablando en general los padres de familia suelen sentirse mal preparados, incómodos y desorientados en cuanto se trata de dar a sus hijos la debida educación sexual en términos normales, estas desorientación llega a lo sumo cuando sospechan o descubren que alguno de sus vástagos muestran tendencias homosexuales.
He sabido de algunos padres que en tales casos expulsan al hijo del hogar, o bien o abruman a reproches e improperios; y no faltan quienes “confían” al muchacho a algún sujeto libertino para que éste, llevándole a centros de vicio, lo “enderece” de su anormalidad. No se portarían así con un hijo que hubiera nacido raquítico o baldado y, sin embargo, la situación del muchacho homosexual es inmensamente más compleja y delicada. Ningún padre inteligente y cristiano debe jamás adoptar esta actitud.
Lo debido es que se le ponga en contacto con un director
espiritual capacitado y con un psiquiatra de confianza; que se le rodee de
un ambiente familiar cálido y comprensivo sin ser empalagoso; y si la
situación se prolonga y el niño llega a joven y a adulto sin mostrar
inclinación a casarse, no abrumarle con insinuaciones, recomendaciones y
mucho menos presiones para que lo haga. Eso no serviría sino para agravar
y hacer insoportable el problema del hijo. Si no puede formar un hogar
propio, que disfrute de tranquilidad en el hogar de sus padres.
16.-
¿Se puede “curar” a un homosexual sujetándole a estímulos eróticos,
sumergiéndolo en un ambiente pornográfico y llevándole a centros de
vicio?. Aparte de que esos medios son intrínsecamente inmorales y, como dice San Pablo, “no podemos hacer un mal para que venga un bien” (Rom. 3,8), son también inútiles y contraproducentes.
El problema del homosexual radica
precisamente en su capacidad para que su instinto sexual responda a los
estímulos normales y esa incapacidad no se remedia con multiplicar esos
estímulos. El muchacho homosexual a quien
se obligara a tener contacto con una prostituta, saldría asqueado
del ambiente, decepcionado de sí mismo, tal vez con una enfermedad venérea,
y más homosexual que antes. Si su instinto
ha de rectificarse, será a base de procedimientos siquiátricos de
muy distinta naturaleza.
17.-
¿Cuáles son los resultados de una actitud no comprensiva, asediante y
hostil para con el adolescente homosexual? Esta
actitud no haría sino hacer más aguda la crisis neurótica del chico,
encerrarle dentro de sí mismo, y empujarle a que se echara
definitivamente en brazos de un bajo ambiente homosexual, turbio,
inmisericorde, explotador, que poco a poco lo iría encadenando en sus
viscosos anillos de seducción, amenazas, compromisos, y que tantas veces
lleva a sus víctimas al crimen, a las drogas, al suicidio.
18.-
¿La homosexualidad es “contagiosa”? Aunque
no hubiera jovencitos con predisposición innata a la homosexualidad, es
generalmente admitido que el instinto sexual en los adolescentes no ha
llagado todavía a definirse y a fijarse en su debida dirección. De lo
cual resulta que si en esa edad la primera experiencia sexual se realiza
con una persona desviada, es muy probable que el muchacho se convierta en
homosexual; pues según la ley de los “reflejos condicionados”, cuando
un instinto se satisface, por vez primera sobre todo, de un modo
determinado, queda poderosamente inclinado a seguirse satisfaciendo de la
misma manera. Por esta razón debe evitarse a toda costa que los
adolescentes se asocien con homosexuales reconocidos, sobre todo si se
trata de adultos – caso muy frecuente- que los persiguen sistemáticamente.
19.-
¿La iglesia excluye a los homosexuales de los sacramentos? Ningún
católico, homosexual o no, que está sinceramente arrepentido de sus
pecados y está verdaderamente dispuesto a poner los medios para
enmendarse es excluido jamás de los sacramentos. Claro está que si un
homosexual sostiene relaciones con alguien que fatalmente lo lleva al
pecado, el confesor debe exigirle, que ponga los medios eficaces para que
esa amistad no le lleve a ofender a Dios y, si no hay otro remedio, que la
termine. Y si el homosexual pudiendo hacerlo se niega a ello, el confesor
no puede absolverlo. Pero esto mismo se exige a una persona no homosexual
que se encuentre en situación semejante.
20.-
¿Qué pensar de las agrupaciones de homosexuales? Estas agrupaciones, si tal pueden llamarse, suelen desenvolverse en un ambiente sórdido; el vicio es el “lazo de unión”, no infrecuentemente roto por el crimen. En un nivel quizá más selecto se dan agrupaciones de homosexuales que toman por base el falso supuesto de que la homosexualidad es un timbre de gloria. No hay duda de que todo esto ha de ser necesariamente pernicioso para sus miembros y para la sociedad en general. Pero si llegaran a darse agrupaciones de homosexuales que enfocaran su problema desde el verdadero punto de vista y dirigieran sus esfuerzos a una genuina superación, como hacen los “Alcohólicos Anónimos”, sin duda que merecerían ser ayudadas y fomentadas.
21.-¿En
qué medida es un homosexual responsable de su actividad sexual? Hemos
dicho que ningún genuino homosexual es responsable de serlo. Y hemos
dicho también que la homosexualidad lleva casi siempre consigo un estado
neurótico. Ahora bien, es evidente que todo trastorno emocional puede
estorbar en alguna medida el libre ejercicio de la voluntad; sin embargo,
a no ser en casos extremos, ésta conserva siempre la facultad de imponer
sus decisiones. Por eso no puede afirmarse que todo homosexual, por el sólo
hecho de serlo, pierda el control y la responsabilidad de sus impulsos.
Y
si él advirtiera que le es difícil o casi imposible controlarse, estaría
en la obligación, como cualquier otra persona neurótica, de buscar la
ayuda psiquiátrica necesaria.
22.-
Si el matrimonio es prácticamente imposible para la mayoría de los
homosexuales y la moral cristiana condena toda actividad sexual fuera del
matrimonio, se sigue que el homosexual se verá obligado a reprimir toda
la vida sus impulsos y esta represión ¿no agravará muchísimo su
neurosis?. Toda
la aparente fuerza de esta objeción se basa en que se confunde
lamentablemente represión con autocontrol. Y se trata de dos realidades
completamente opuestas, como lo afirma hoy toda sana y sólida psicología. La
represión consiste en impedir el último desahogo de una tendencia que
por otra parte se está alimentando y estimulando constantemente. Claro
que esto tiene que resultar terriblemente dañoso para el equilibrio
emocional. Es como quien inyecta gas constantemente en un globo sin
permitirle ningún escape: el globo acaba por estallar. El
autocontrol no procede así: evita todo estímulo deliberado de la
tendencia y canaliza inteligentemente el dinamismo de la tendencia misma
hacia otras actividades constructivas. Esto exige aplicación, esfuerzo y
constancia es cierto; pero no es imposible y lo demuestra el ejemplo de
incontables personas que habiendo renunciado al matrimonio por cualquiera
motivación noble, llevan una vida, no reprimida, sino auto controlada. “Es
necesario colocar lo genital en su debido lugar (relativamente pequeño,
pero importante) dentro de la sexualidad humana.
De ahí surgirá que
la continencia (el autocontrol) es la norma verdadera de
la sexualidad. El principal órgano sexual es el cerebro. El órgano
propio del psiquismo lo es también de la sexualidad. El cerebro tiene
poder tanto para desencadenar como para refrenar el sexo” (Dr. Pablo
Chauchard, Equilibrio y dominio sexual, pp. 18 y 37).
La
experiencia y la psicología, la medicina y la religión
están acordes en afirmar que la castidad (autocontrol) no sólo no
son dañosas a la salud y al equilibrio humano, sino que lleva a éste a
su más alto grado de superación. 23.-Si
la Iglesia, según el espíritu de Cristo, ha de acoger y alentar al
homosexual. ¿Por qué hay a veces sacerdotes que los tratan con poca o
ninguna caridad? Los
sacerdotes somos hombres de nuestro tiempo y no estamos inmunizados a
dejarnos influenciar por los perjuicios de todo hijo de vecino. Por eso
hay que lamentar que a veces algunos sacerdotes se imaginen que la manera
adecuada de tratar al pobre homosexual que llega al confesionario, quizá
después de haber realizado un acto de vencimiento heroico, es colmarle de
reproches de este tipo: “
Si viene a que le demos pan y recibe una
piedra, no es extraño que muchos no vuelvan ya jamás, o por largo tiempo
a acercarse al confesionario. Afortunadamente la formación pastoral de
nuestros días, que toma muy en cuenta la realidad humana del homosexual a
la luz de la psicología, está capacitando mucho mejor a los sacerdotes
para darle la ayuda que con toda razón espera de nosotros.
24.-
¿Puede soñar el homosexual con llegar alguna vez a un alto grado de
superación moral y
espiritual? Indudablemente
que sí. Y
no dudamos en afirmar que el homosexual puede hallar a la luz del
Evangelio lo que podemos llamar - sin asomo de ironía- “Su propia mística”. “Hay
incapacitados para el matrimonio que nacieron así del seno materno; y hay
incapacitados a quienes así los hicieron los hombres; y hay incapacitados
que ellos mismos se hicieron así por el reino de los cielos. El
que sea capaz de aceptar esto, que lo acepte” (Mat. 19:12). Hermano
que llevas sobre tus hombros la cruz pesadísima de la homosexualidad: ¡anímate!
El
padre celestial que a otros les dejó escoger, en una decisión generosa y
valiente, el renunciar al matrimonio, a ti no te dejó escoger. ¡El
escogió para ti! Sí, ¡El Porque, al fin y al cabo, no hay circunstancia
de la vida del hombre que se escape al amor y a la
sabiduría infinita de su Providencia omnipotente. A
otros, Dios les permite escoger, entre el heroísmo y la abyección, la vía
ancha y cómoda de la mediocridad. Para
ti no hay esa cobarde escapatoria: no te queda otra alternativa sino
encanallarte o ... ¡sublimarte! ¡Anímate,
pues! “Escribe,
lee, canta, suspira, calla, ora, sufre con buen corazón lo adverso: que
la vida eterna digna es de ésta y de otras mayores peleas” (Imit. L.
III, Cap.53) El
padre, que conoce tu arcilla, no va a contar el número de tropiezos; lo
que El espera de ti es un corazón humilde, confiado y porfiado, que no se
canse de luchar.
Padre
Silvio
Pellico
Extractado del Folleto E.V.C. No.610 ¿Abandona la Iglesia a los homosexuales? Imprimatur: Mons. Octaviano Valdés. Pro-Vicario General Curia del Arzobispado de México
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