No le falta razón a Alexander Kauffmann cuando defiende sus vacas Jersey ante la decisión extrema y poco razonable del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG)  de  sacrificarlas para  evitar que en Chile aparezca el mal de las "vacas locas".  En Europa, donde realmente se lucha contra la enfermedad, sólo se han eliminado las ganaderías en que han aparecido casos confirmados de Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB). La actitud del SAG es un exceso. Es como si un médico le extirpara un pulmón a alguien porque algún día sufrirá un enfisema.

El ministro de Agricultura, Jaime Campos, se ha pasado de revoluciones con esta decisión tomada al albur de una sospecha poco menos que instintiva. La crisis europea demuestra que los ganaderos son los principales responsables de la extensión del "mal de las vacas locas", pero también se ha aceptado que los gobiernos comparten una parte de esa culpa. Por eso, Campos tiene una larga lista de tareas que cumplir antes de venir a sacarle el cuchillo a las vacas Jersey de Río Bueno. Y lo mejor sería que se aplicara a realizarlas.

Primero debe prohibir totalmente las harinas de carne o hueso que, según todos los indicios conocidos, son las causantes del mal. No basta con prohibir por ley, que es lo que hicieron los países europeos en 1996, sino que hay que fiscalizar las ganaderías para que cumplan con la norma, porque, tal como se comprobó en España, ésta fue burlada por los ganaderos sistemáticamente hasta el año pasado.

En segundo lugar, el SAG debe realizar test prionics para detectar la enfermedad allí donde se sitúan los grupos de mayor riesgo, o sea, en las vacas lecheras de más de 30 meses que se convierten en el reservorio de esta patología. Sólo una vez que haya localizado un caso, debe proceder a liquidar esa ganadería. Una postura científica no acepta el sacrificio sin análisis, porque si eliminamos todo el ganado sospechoso, sin estudiarlo, Chile podrá decir al mundo que no tiene casos de "vaca loca", simplemente porque se ha quedado sin vacas. Por último, se debe buscar una forma de eliminar las vacas enfermas, porque no sirve enterrarlas en cualquier sitio ya que el prión contaminante sigue activo. Quizás los Altos Hornos de Huachipato le valgan para esta tarea.

El ganadero que sabe lo que han comido sus animales no tiene de qué preocuparse. La EEB no se infecta de compañera a compañera. Se transmite, en un 90% de los casos, por el consumo de harinas cárnicas y sólo en un 10% por vía placentaria (de madre a hija). La única razón para matar todo el rebaño es el supuesto de que han comido lo mismo.

Esta semana, el Ministerio de Agricultura español entregó a los ganaderos de la península el primer informe sobre "Medidas para la erradicación de la Encefalopatía Espongiforme Bovina en España". El documento es muy interesante, porque sitúa a Osorno, dadas sus características, entre las regiones que más atención deben prestar al hecho. Resumo sus aspectos principales:

-La principal causa de infección es la presencia de harinas de carne y hueso en los piensos para rumiantes. Pese a estar prohibidas desde 1996, se siguieron utilizando.

-En relación a los tipos de producción, los rebaños más afectados son los destinados a la producción lechera. Es el nicho natural de la enfermedad debido -según el informe- a la búsqueda, por parte de los productores, de altas rentabilidades en la producción lechera y a la adición de harinas de carne a las harinas de pescado para mejorar su digestión por parte de los animales.

-También se detectaron harinas cárnicas en los llamados piensos de arranque que se dan a los terneros tras el destete. Esta práctica es tremendamente dañina pues es el momento de mayor vulnerabilidad de la res frente a la enfermedad. De hecho, la mayoría de las infecciones se han producido en el primer año de vida de un animal.

-La raza Frisona (la típica vaca lechera) es la más afectada. Un 52% de los casos detectados en España corresponden a estas reses. El resto de los casos corresponden a animales de uso mixto (carne y leche):  Parda Alpina, Fleckvieh, Rubia Gallega, Pirenaica y cruces.

-Respecto a la edad, la mayoría de los casos se presenta en vacas de entre 4 y 6 años. Hay casos excepcionales con 13 años y otro con tres años.

-La experiencia de Gran Bretaña prueba que la enfermedad declina tras 4 ó 5 años de la prohibición efectiva de los piensos cárnicos. Esto significa que el mal evoluciona gráficamente como una campana de Gauss (sombrero).  También demuestra que en cada explotación en que aparezca un caso hay por los menos otros cinco animales infectados.

-El informe recomienda una política similar a la seguida por Suiza: prohibición efectiva de los piensos cárnicos, elevado número de test prionics para detectar el mayor volumen posible de casos en poco tiempo y el sacrificio de todas las explotaciones donde se presente un caso para sanear la cabaña bovina.

-Por último, la EEB tiene una incidencia notablemente menor que la fiebre aftosa o la brucelosis. Pero, dado que existe la fundada sospecha de que se transmite al hombre por el consumo, ocupa un lugar de primer orden entre los asuntos de seguridad alimentaria.

No se puede minimizar la gravedad del problema, pero tampoco se puede proceder con ligereza, entrando a sacrificar a diestro y siniestro, sin contar con un estudio científico sobre la cabaña chilena, sin haber analizado los animales muertos y sin haberse molestado en localizar los posibles nichos o focos de la enfermedad.

Por eso parece excesivo pasar a cuchillo a toda la ganadería Jersey importada a Chile el 8 de enero de 1998, sin haber detectado la enfermedad. Se pueden establecer controles menos traumáticos, como los test prionics a los animales que mueran o un seguimiento detallado de cada res y su descendencia, que son igualmente eficientes. Obviamente, si una de las Jersey muere y el examen de EEB da positivo, al propietario no le quedará otra opción que afrontar responsablmente el sacrificio del ganado.

La medida de cortar la pierna enferma le puede parecer buena a mucha gente. Pero es un error. Es una reacción primaria, sin base científica, es una medida absurda y hasta xenófoba. Es la reacción esperada en quien piensa que lo que viene de fuera nos contamina, sin reflexionar o reclamar más información. Casi se puede garantizar al ministro Campos que antes de encontrar un caso de EEB en estas vacas Jersey, mimadas por su criador, aparecerá otro en vacas perfectamente chilenas desde hace 20 generaciones que han sido alimentadas con piensos cárnicos o que han sido contagiadas por la flojera, el descuido, la ignorancia o la avaricia de algún ganadero.

Homenaje.- Me cuentan que la voz familiar de Lotty Wach ya no se oye en la radio Sago. Me dicen que se ha jubilado con sus poemas y sus consejos. Como dice el tango, a todos nos toca emprender la retirada. Pero siempre es más dulce si lo hacemos en medio del reconocimiento de aquellos con que hemos trabajado o a quienes hemos servido. Desde aquí va mi modesto homenaje para ella que me enseñó tantas cosas importantes.
Una decisión apresurada