| Hoy, los ciudadanos del País Vasco votan en unas cruciales elecciones que pueden suponer la profundización de la democracia en una Euskadi autónoma, pero encuadrada en España, o que puede precipitar a esa región en una aventura independentista de consecuencias desconocidas. Una pequeña reflexión nos permite comprobar que el independentismo vasco es un fenómeno relativamente reciente. Muchos historiadores han descrito a nuestra oligarquía colonial como la “aristocracia castellano-vasca”. A ella se debe la profusión de apellidos vascos que hay en nuestro país. En su mayoría proceden de militares que vinieron a servir a Chile, donde la belicosidad de los mapuches hizo que España se viera obligada a mantener importantes fuerzas militares durante 300 años. ¿Habría encomendado un rey la conducción de sus ejércitos a un militar procedente de un pueblo con veleidades separatistas?. La respuesta es obvia: no. De hecho, los militares vascos que vinieron a Chile se contaban entre los más leales, fieles y eficientes servidores de España. Esa es una de las pruebas de la blancura a las que hay que someter las tesis independentistas del nacionalismo vasco y demuestra como en apenas un centenar de años se puede forjar un mito que, interpretado por los fanáticos, tiene sangrientas consecuencias. El Partido Nacionalista Vasco (PNV) es un partido fundado en Bilbao en 1895. Formalmente dice que su ideología es el socialcristianismo, pero lo que lo caracteriza es su fuerte nacionalismo. Su fundador fue Sabino Arana, un político vasco que escribió una serie de obras con en las que pretendía justificar la existencia de una raza y un pueblo diferenciado: Euskalherria. Su obra es contemporánea con “Raza Chilena” de Nicolás Palacios y la preocupación etnológica de ambos permite pensar que en ese momento existía una sintonía intelectual en ambos continentes. El pensamiento de Arana es reivindicativo: busca revertir la abolición de los llamados derechos forales vascos ocurrida parcialmente en 1839 y definitivamente en 1876 cuando los vascos pierden la última Guerra Carlista. Los derechos forales son leyes consuetudinarias locales que los señores feudales o los reyes juraban respetar y hacer cumplir (tenían que ver con asuntos como los impuestos, la moneda, el comercio, el servicio militar o la defensa) y son una forma de contrato social previa a la Revolución Francesa. Cuando los Reyes Católicos dan forma al Estado español por la vía de unir sus reinos y dominios en 1492, los soberanos juran respetar estos derechos forales. Y así ocurrió hasta que la monarquía absoluta comienza a debilitarse y los reyes son sustituidos por el pueblo soberano de la Revolución Francesa. Un texto del propio PNV describe la situación: "Tras el triunfo de las ideas que sustentaron la Revolución Francesa, y su enorme influencia en España, se pretendió imponer a los vascos sistemas constitucionales ajenos a sus propias leyes. En nombre de la ‘igualdad’ se trataba de hacer ‘tabla rasa’ de la situación precedente para convertir a los vascos en unos súbditos más del sistema constitucional. Se hacían ‘incompatibles’ las viejas ideas con la exigencia de igualdad y libertad que ‘la modernidad’, amparada por el corpus ideológico de la Revolución Francesa, imponía.” Los nacionalistas vascos antiliberales se alinearon con el Carlismo tradicionalista y conservador, la facción más retrógrada de las que se enfrentaron en las luchas dinásticas españolas del siglo XIX. Fue precisamente su rechazo al contrato social surgido de la Revolución Francesa y su creencia en que la monarquía absoluta preservaba mejor sus privilegios, el que les llevó a enfrentarse al resto de España. La derrota militar en tres guerras sucesivas fue el terreno abonado para que creciera la ideología racista de Sabino Arana que define al ciudadano vasco como "de cráneo dolicocéfalo y Rh negativo", con una fuerte inclinación hacia la organización "matriarcal". Arana y sus sucesores consideran, además, que los inmigrantes de otras zonas de España son seres inferiores que han invadido silenciosamente el País Vasco y que, al tener derecho a voto, impiden la independencia de su grupo racial. "Las características -dice un documento del PNV- que distinguen a los vascos comenzaron a desarrollarse en el mismo lugar que actualmente habitan, las vertientes norte y sur de los Pirineos occidentales. Fue un resultado de la adaptación del hombre de Cro-Magnon en esta zona a los grandes cambios ambientales que se produjeron tras el final de la última glaciación, hace aproximadamente diez mil años. El Pueblo Vasco, conformado como tal desde entonces, con su propia cultura e idioma, el euskera, posiblemente el más antiguo de Europa, ha logrado sobrevivir manteniendo su propia identidad". Es muy curiosa la relación del nacionalismo vasco con las ideologías contemporáneas ya que está teñida por el oportunismo. Mientras en las Guerras Carlistas rechazaron las ideas republicanas y liberales procedentes de la Revolución Francesa, en 1936 abrazaron la causa de la república rápidamente después de que los dirigentes republicanos españoles les restituyeron sus derechos forales. Al ser derrotado el bando republicano, toda España quedó sometida a la dictadura de Franco y los fueros desaparecieron para todo el mundo. Durante la Segunda Guerra Mundial y la posguerra, los nacionalistas tuvieron lideres preclaros que supieron alinearse con el bando aliado. Sus equipos de propaganda dieron a conocer su causa por todo el mundo (con la colaboración del famoso "Guernica" pintado por Picasso). Formaron un gobierno en el exilio y lucharon valientemente por la democracia, en la esperanza de que los aliados les darían la independencia una vez acabada la guerra. No fue así. La herencia de los luchadores del maquis fue pasando de generación en generación hasta que en los años 70 surgió ETA, como grupo que luchaba contra la dictadura franquista. Muerto Franco y ya en la transición a la democracia los nacionalistas rechazan la Constitución y se abstienen en el referéndum de 1978. Sin embargo, posteriormente el PNV redactará el Estatuto de Guernica destinado a dotarlos de autogobierno. Este estatuto es plebiscitado y aprobado por los vascos que eligen su propio Gobierno Autónomo. Pero, entonces, ya el nacionalismo esta dividido entre el PNV, padre del estatuto de autonomía, y los diversos grupos nacionalistas de inspiración marxista que giraban en torno a ETA y que creían en la lucha armada. ETA es una escición del PNV y este partido siempre ha albergado la esperanza de atraer a su redil a los nacionalistas radicales que son el brazo político de los terroristas. Pero hasta hace tres años, nunca había pactado con ellos debido al rechazo que suponían los asesinatos. Pero en septiembre de 1998, durante una tregua de la banda terrorista, el PNV, en una pirueta indigna de un partido democrático, firmó un pacto con los radicales y apostó por una vía independentista en la que no todos sus militantes creen. Hace más de un año, ETA rompió la tregua y volvió a realizar sus brutales asesinatos y atentados indiscriminados, centrándose en aquellos políticos no nacionalistas del Partido Popular y el Partido Socialista. Muchos tuvieron que huir y exiliarse del país Vasco. Todos tienen que vivir con un escolta a dos metros de distancia. La situación ha adquirido ribetes dramáticos, puesto que la policía autónoma vasca mira para otro lado cuando se produce un atentado en vez de perseguir a los asesinos. El PNV lleva más de 20 años gobernando en el País Vasco. Ha creado en este tiempo un país a su imagen y semejanza controlando desde el sistema educativo hasta los medios de comunicación públicos. Sus actuales líderes han demostrado pocos escrúpulos a la hora de pactar con los partidarios de la violencia y han sido capaces de insultar y humillar a las víctimas en lugar de condenar a sus asesinos. Este fin de semana, por primera vez en la historia de la breve democracia española, existe la posibilidad de que el PNV pierda la mayoría electoral de la que ha usado y abusado en el País Vasco. Se estima que la mitad de los ciudadanos de Euskadi no se sienten nacionalistas. Y un 80% del total no tiene aspiraciones separatistas. Sin embargo, una minoría violenta, amparada intelectual y políticamente por el PNV, pretende imponer sus puntos de vista con la técnica del tiro en la nuca de los que discrepan, sembrando el terror entre los ciudadanos. Así lo hicieron hace un año cuando asesinaron a mi compañero de El Mundo del País Vasco, José Luis López de la Calle, un hombre de izquierdas que había estado preso bajo el franquismo, pero que no comulgaba con el fanatismo nacionalista y racista del PNV y de sus amigos radicales. Su única arma era su pluma que zahería a los delincuentes que creen que la lucha armada puede ser un camino válido en una democracia. El domingo, los vascos tienen la posibilidad de cambiar las cosas y poner en su sitio a aquellos que defienden a tiros la herencia de los cro-magnones de la que se sienten tan orgullosos. |
| La herencia del Cro-magnon |