| Llegó la Semana Santa, el gran negocio de la fe y de los dueños de hoteles, bares y restaurantes en España. Este año, como ningún otro, los españoles se lanzaron a las carreteras para disfrutar de los cuatro días feriados de la cristiandad. Un invierno demasiado lluvioso y un pronóstico del tiempo benévolo hizo que desde el mismo lunes, Madrid y las demás grandes ciudades comenzaran a quedarse deshabitadas. El miércoles hubo grandes atascos en las carreteras, pero nada comparado con el jueves en que hubo hasta 400 kilómetros de retenciones en las principales autovías españolas. Una fila de coches que podía ir de Santiago a Talca, sin moverse. Horas y horas de procesión para miles y miles de coches atascados, intentando comerse los kilómetros que les quedaban hasta la playa o la montaña. Nadie reparó en que el martes se anunciaron pésimos datos de crecimiento e inflación en el país. Da igual, en España, la Semana Santa es un acontecimiento donde se mezcla el turismo que es espectador de la tradición y la fe, con unas merecidas vacaciones. Es también una magnífica ocasión de hacerle una foto a este país. El recogimiento no va con el carácter español. En Semana Santa, las calles del país se llenan de procesiones y de gente bulliciosa. Hasta la parroquia más chica, con el cristo más modesto, saca su imagen de paseo por el pueblo. Los que las cargan son los costaleros, un equipo de mozos que entre varios se echan una imagen de cristo o una virgen al hombro (normalmente unos mil kilos) y la cargan por la ciudad. Habitualmente pertenecen a una cofradía que lleva el nombre de la imagen de su iglesia: Jesús del Gran Poder, el Cristo de Medinacelli, la Hermandad de Triana, El Silencio, La Macarena, etc... Las imágenes salen a pasear por la noche del jueves. Las procesiones más famosas son las de la "madrugá" del viernes en Sevilla. La procesión, con sus saetas lastimeras y sus cofrades vestidos con capirotes morados o blancos, tiene su ciencia y esa ciencia es el "paso", nombre que recibe la travesía de una imagen por un sitio estrecho o complicado. El "paso" requiere técnica y habilidad, porque todos los costaleros se tienen que mover coordinadamente al unísono para que la imagen "pase" por una puerta demasiado baja, por debajo de un pequeño puente o por un callejón estrecho. Ayer, los costaleros de Jesús del Gran Poder, se metieron por una calle de Madrid donde apenas quedaban unos pocos centímetros entre sus hombros y las paredes. Un tropezón, las fuerzas que le fallen a un costalero y la imagen y sus adornos se pueden ir al suelo y la ignominia pesará sobre esos cofrades como si hubieran cometido un pecado mortal. En todo caso, los "pasos" de Madrid no son tan famosos como los de Sevilla y Cádiz. Los andaluces combinan un espíritu dicharachero con el fervor religioso y han conseguido que su Semana Santa sea un atractivo para los turistas que llegan a miles en estos días. Cada región tiene, además, sus tradiciones. En Madrid se comen "torrijas" que son rebanadas de pan duro, remojadas en leche y huevo y posteriormente fritas y sazonadas con azúcar. Un plato muy adecuado para un sábado en que todo el pan está duro después de un Viernes Santo en que los panaderos cierran. En Cataluña, en cambio, hay una costumbre que se asemeja a la tradición de los huevos de pascua de chocolate que viene de la órbita germana (y que también celebramos en el sur de Chile) y que es la "mona" de pascua, una figura de chocolate que reciben los niños en domingo. Poco a poco se ha introducido el huevo pascual, pero al mismo ritmo que Santa Claus o el Halloween, o sea, despacio. Junto a la "madrugá" sevillana, hay en Valladolid otro rito importante: el sermón de las siete palabras. Dicen que se basa en las siete últimas palabras que pronunció Cristo en la cruz antes de morir. Cada año, un importante dignatario religioso pronuncia el famoso sermón que es el momento más importante de la Semana Santa en Castilla. Hay tantas actividades en estos días que así la gente se quita de reflexionar un poco, cosa en la que se empeñan sin ningún éxito los obispos y los cardenales. Es curioso que mientras más aparentemente secularizada está la sociedad española, más proliferan los actos religiosos, aunque la mayoría ya sólo cumplan la función de ser atracciones turísticas para aquellos que no participan como cofrades o costaleros. La televisión nos muestra, además, la otra cara de la Semana Santa, la de las playas del Mediterráneo llenas de gente que quiere tomar el primer sol de la temporada. Esos son los auténticos penitentes, unos 11 millones de automovilistas que el domingo o el lunes a primera hora querrán volver a sus lugares de trabajo y se lanzarán a tomar las carreteras por asalto. Será la procesión de vuelta, sin cargar ningún cristo y sin ocultar el rostro en los capirotes morados. Les espera una mala noticia: la gasolina volverá a subir la próxima semana. |
| La foto de Semana Santa |