| Hace ya unos cuantos años estábamos en un restaurante de Aguas Calientes, en el Parque Nacional Puyehue, sentados a la mesa, esperando que nos atendieran. A lo lejos se oyó un ruido como de cuchillos, tenedores y cucharas que entrechocaban y que se acercaban a la mesa cubierta con su mantel de cuadraditos rojos. Estaba de espaldas, así que no veía a la supuesta camarera que venía a poner la mesa y traernos unas sopaipillas. De pronto, los chuchillos, tenedores y cucharas dejaron de chocar con un golpe seco, sonó una guitarra y un vozarrón de canciones chilenas inundó todo el local. Cuando me giré, me quedé de piedra. Ahí estaba, a un par de metros, Guido Andrade, el "Huaso" Andrade, sacándole chispas a las cuerdas de la guitarra. No eran cuchillos ni tenedores los que sonaban, eran sus espuelas. El no se acordaba de mí y no conocía a los turistas que andaban conmigo, así que me dediqué un buen rato a escrutarlo con discreción y disfrutar de sus canciones. Lo miraba y lo comparaba con las imágenes de mi niñez, con aquella portada de su disco single de 45 con el "Adiós Osorno" en la que aparecía vestido de huaso, con su infaltable guitarra, con la Plaza de Armas y el Edificio Consistorial al fondo. Recordaba fugazmente también una vez que lo fuimos a buscar a su casa, por allá por los años 70, y él bajaba de un segundo piso con cara de haber estado cantando hasta la madrugada. Creo que a Guido Andrade nunca lo he visto vestido de otra cosa que no sea de huaso. Conozco a pocas personas que puedan sentir tanto cariño por el pantalón oscuro a rayas, el cinturón de cuero, la manta tricolor y el sombrero. Incluso cuando se los quita, no se los quita. Estoy seguro que Andrade lleva el traje de huaso pintado en la piel. Como el disimulo no podía durar mucho tiempo tuve que presentarme y el "Huaso", contento, me trajo de regalo algunos de sus últimos cassettes, con composiciones igual de folclóricas que hace 20 años, pero con temáticas bien distintas. Lamentablemente, lo que debía haberse convertido en una larga entrevista, fue un breve saludo porque Andrade tenía que seguir cantando para ganarse la vida y agasajar a los comensales del restaurante. Al final, la larga conversación que me hubiera gustado tener con él, se convirtió en un recital porque esa tarde se esmeró en cantarnos con especial cariño, como si en cada canción pudiéramos concretar el diálogo que hacía falta después de tantos años. Por lo que vi en los últimos cassettes que me regaló, a Guido le ha dado por temáticas castrenses. Me imagino que como buen "huaso" se sentía "Huaso de Bueras", aquel escuadrón reclutado a la rápida para un guerra que afortunadamente nunca se produjo. El artista -como también el periodista- es libre de elegir sus temas porque al final es el público el que decide atender o no a su obra, lo suyo es una propuesta y no una imposición. Desconozco con detalle como anda el folclore en Osorno, pero sea como sea, el "Huaso" Andrade debe ocupar un lugar en la corte de sus santos. Le ha cantado a Osorno, a Bahía Mansa, a Pucatrihue, proporcionando un contrapunto de chilenidad a la sempiterna cultura alemana de nuestra zona. Es verdad que, visto desde fuera, lo raro en el sur de Chile es encontrar tanta cultura teutona del kuchen y el kochkäse, pero desde allí las cosas se ven de otro modo. Y Andrade ha sido un fiel recopilador de sonidos y temáticas creadas por el pueblo y un eficiente artesano de la música chilena en nuestra zona. Sorprende la fuerza con que la tipología colonial del huaso ha sido capaz de asimilar y asimilarse con otras culturas. Nuestros alemanes del sur en vez de vestir Lederhosen llevan mantas de huaso. Nuestros árabes, en su mayoría de origen sirio o palestino, no le hacen asco a las espuelas. Y hasta un inglés preferiría llevar en el sur un sombrero huaso antes que la gorra de Sherlock Holmes. Esa fuerza asimiladora es la que hace que despues de tantos años el "Huaso" Andrade siga estando vigente, aunque sea en sus cassettes artesanales, y siga reuniendo fuerzas para seguir componiéndole tonadas a nuestra región. Como no lo vi rico ni apoltronado, pienso que su vida de folclorista no habrá sido fácil, y entonces habría que valorar si la nuestra habría sido tan rica si él no se hubiera dedicado a cantar. Por mi parte, nunca olvido aquellas estrofas aprendidas en mi niñez: "Adiós Osorno, adiós mi valle, mi barrio Rahue que lindo está. Quiero cantarte, tierra querida, que cada día te quiero más..." Flexibilidad y reflejos del alcalde.- Me dicen que el alcalde Mauricio Saint-Jean ha iniciado conversaciones con el Club de Ajedrez de Osorno para facilitarles un nuevo local y brindarles apoyo a sus actividades. Los ajedrecistas no están muy contentos con el lugar ofrecido, pero tienen que reconocer que de una situación de desahucio en toda regla han pasado a una de diálogo y búsqueda de arreglos. La situación ha cambiado. Era lo único que sugeríamos aquí, que la Municipalidad no sólo fuera parte del problema, sino también de la solución. El alcalde ha demostrado flexibilidad y reflejos políticos. Ahora los ajedrecistas quizás debieran plantearse una nueva etapa de actividad porque no pueden olvidar que se les transferirán nuevamente recursos públicos y eso les obliga a seguir trabajando por popularizar aún más este deporte en Osorno. |
| El "Huaso" Andrade |