Nadie sabe para quién trabaja. Uno piensa que el gran enemigo de Harry Potter en el colegio Hogwarts es el profesor Snape, pero resulta que no, que el malo es el profesor Quirrell, quien desea apoderarse de la piedra filosofal para mayor gloria del malvado Voldemort. Más o menos parecida es la situación en nuestra inestable intendencia: todo el mundo creía que Carlos Tudela era un "tapado" del senador Sergio Paéz, pero ha sido éste mismo quien ha indicado al suelo con su pulgar para sacarlo de allí.

Patricio Vallespín será en enero el tercer intendente de la Décima región en dos años, una muestra palpable de lo difícil que es para el gobierno de Santiago entender la realidad de nuestra zona.

Como en la historia de Harry Potter, el gobierno se ha topado con la piedra electoral. Carlos Tudela llegó hace cinco meses con el cometido de evitar un descalabro del oficialismo en la región. En cierta medida lo consiguió, pero su metodología de trabajo molestó a sus correligionarios de la Democracia Cristiana.

Una de las consecuencias de las recientes elecciones ha sido la pérdida de poder de la DC al interior de la Concertación en favor del bloque que forman los partidos del área socialista (PS, PPD y PRSD). En nuestra región es donde ese vuelco se produjo de una manera muy marcada: dos distritos, Puerto Varas y Puerto Montt salieron de manos DC y pasaron a diputados del PS y del PR respectivamente.

Resultado inmediato: una dura arremetida de la DC contra el intendente, al que se consideraba "secuestrado" por el alcalde de Puerto Montt, Rabindranath Quinteros (factótum regional y jefe de campaña de los candidatos de los dos distritos ganados por socialistas y radicales en desmedro de la DC)  y presiones de todo tipo para que fuera relevado. Todo ello sazonado con la histeria que se ha apoderado de la DC al ver que perdía la condición de partido más poderoso de Chile.

Un par de episodios más ensombrecen la marcha de Tudela. Uno es netamente político: la difusión de una encuesta que dejaba mal a los candidatos de la DC. El otro puede terminar en los tribunales: la entrega, a escasos días de la elección, de fardos de pasto con propaganda electoral a agricultores de Purranque.

El relevo de Tudela en la intendencia así como la insólita batalla verbal entre el diputado Sergio Ojeda y el alcalde de Osorno, son muestras claras de la "caza de brujas" que se ha desatado en la DC en busca de chivos expiatorios que justifiquen su bajada electoral. Ojeda ha obtenido un resultado magnífico, revalidando por cuarta vez la lealtad de un tercio del electorado osornino. Sin embargo, en vez de alegrarse por ello y celebrar, se muestra molesto y enfurruñado, y ataca a Saint-Jean de manera inopinada.

Al margen de la mayor disciplina partidaria de las personas, la DC lo venía haciendo todo mal de cara a estas elecciones. No sólo por el vergonzoso episodio de la inscripción de candidaturas y la aprobación en tiempo récord de la "Ley Hormazábal", sino por la mala negociación del pacto parlamentario y la forma en que nominó a sus candidatos. Todo ello debido a una directiva débil que cedió ante diputados y senadores que expresaban sus legítimas ambiciones de ascender en política.

No ocurrió lo mismo en partidos como la UDI, el PPD o el PR que dejaron la configuración de las candidaturas en manos de un poder centralizado que buscó la máxima eficiencia electoral.

El resultado fue que este caos, unido a los efectos del sistema binominal, provocó -como señala oportunamente un análisis de Genaro Arriagada- que la DC bajara un 17% en votos populares y perdiera el 38% de su bancada parlamentaria, mientras que partidos como el PPD que apenas aumentaron un 0,2% en votos, incrementaran en un 31% su representación.

La contrapartida de este descalabro democristiano es el triunfo sin paliativos de la UDI que se ha convertido en el partido más votado del país. Una maquinaria electoral eficiente y la abundancia de recursos económicos, la existencia de una mística partidaria y un intenso trabajo en las poblaciones han dado frutos. A ello se une la reingeniería que Lavín ha promovido, podándolo de sus aspectos de "partido militar" y alejándose de la figura de Pinochet. Todo ello contribuyó a que Javier Hernández, un perfecto desconocido en la zona, pero un consumado experto en lides electorales, obtuviera la segunda mayoría relativa.

Con todo, los efectos a nivel gubernamental de los resultados parecen ser notables. No tanto porque la Concertación haya bajado su votación (para 12 años en el poder, la caída es mínima), sino porque el hundimiento de la DC está moviendo las placas tectónicas del pacto. Sólo así se explica la amplia remodelación de todos los estamentos gubernamentales: 10 intendentes se van a sus casas, 25 gobernadores de "treintaitantos"  vienen a remozar la cara del Ejecutivo y se dice que en enero las novedades alcanzaran al gabinete. Ya veremos.
Harry Potter y la piedra electoral