Un poco de historia
Por que las Misiones Jesuitas progresaron en esta zona del
Continente y no tanto en otras?
Todo fue muy dificultoso al
comienzo, los primeros predicadores debieron actuar por medio de intérpretes y
sólo en 1603 el sínodo convocado por Hernandarias estableció, por primera vez,
la obligación para los clérigos de aprender el guaraní.
Todo habría de cambiar con la
instalación de los padres de la Compañía de Jesús. Los primeros sacerdotes de la
orden habían llegado en 1585 y se habían establecido en Santiago del Estero,
bajo Ramírez de Velasco. En 1605, con la venida de un grupo más numeroso y el
caluroso auspicio de Hernandarias, se fundó la provincia jesuítica del Paraguay
y se emprendieron las tres misiones: la de los guaycurúes al noreste de
Asunción, la de los guaraníes al Sur y la del Guayra. Así se inició en
gran escala un sistema que había sido aplicado en el Extremo Oriente y que
resultaría en América una fórmula nueva y exitosa.
En 1605 se fundó la Villa
Encarnación. A fines de 1609 se instaló la reducción de San Ignacio Guazú, a
doce leguas del Paraná hacia el norte. Pocos años más tarde las de Concepción,
San Nicolás, San Javier y Yapeyú.
Los misioneros no sólo
implantaron definitivamente el cristianismo entre los indígenas, sino que los
organizaron social y políticamente y constituyeron con ellos la frontera
avanzada de la colonización española en la zona de fricción contra el avance de
los portugueses.
Por una cédula real
se les permitió a los guaraníes el uso de arcabuces y mosquetes, con los que
lograron hacer frente victoriosamente a las invasiones.
Fueron la fuerza militar mejor
organizada y la más aguerrida de todo el Río de la Plata, a la que debió
recurrirse, en todos los casos de peligro.
El sistema que se implantó es
uno de los milagros de la historia. Bástenos destacar el hecho de que un puñado
de sacerdotes realizaría la hazaña arrastrando toda suerte de penurias y el
frecuente martirio de reunir y conservar sin coacción ninguna, durante un siglo
y medio, a un centenar de miles de aborígenes, no obstante los ataques de un
enemigo próximo y agresiones periódicas y, como si esto no bastase, los
conflictos permanentes con los funcionarios de la Asunción y sus obispos.
La Verdad es que tuvieron a su
favor el carácter de los aborígenes de esa zona, más maleable que el de otras
regiones del Nuevo Mundo y ya habituados al trato con los españoles debido a que
años atrás Domingo Irala al asentarse en Asunción decidió luego de grandes
penurias y privaciones, socializarse con los aborígenes y pasar de conquistador
a colonizador, autorizando a sus soldados la convivencia poligámica con los
aborígenes, fundiendo de esta manera dos culturas totalmente distintas, Actitud
que molestó mucho a Alvar Nuñes Cabeza de Vaca que había llegado para
reemplazarlo.
Los Misioneros al
llegar contaron también con la verde vegetación
de un territorio fértil, abundante en recursos naturales pero esto no habría
sido suficiente de no mediar el espíritu de martirio de los misioneros y su
capacidad de adaptación.
EL DESPOTISMO ILUSTRADO Y LA
EXPULSIÓN DE LOS JESUITAS
La nueva dinastía Imperial
había introducido un cambio muy importante en la política general de la Corona
española hacia las posesiones del Nuevo Mundo.
El siglo XVII había sido un
siglo de renovación intelectual, social y técnica. Dejaba como herencia el
barómétro, el microscopio, el telescopio, el reloj de bolsillo y el de pared, la
ópera italiana, el champaña y los helados, a lo cual hay que agregar los
productos coloniales: la quinina, el té, el café y el tabaco. Todo ello hacía la
vida más fácil y dulce e impregnaba la atmósfera en que se inició el setecientos
de una fe en las posibilidades del espíritu humano y de un optimismo que
constituye su principal característica y que anima la obra de sus escritores
representativos. Voltaire, Hume, Montesquieu, Quesnay, y luego Rousseau, Adam
Smith, el abate Galiani y Beccaría, tan diversos en sus talentos y sus
vocaciones se unifican en la misma creencia en la capacidad de la mente humana
para transformar benéficamente la sociedad y las costumbres y en la esperanza de
que la sociedad, para felicidad común, ha de ser reformada por los filósofos.
Los "regalistas", en defensa de las
tradiciones de la iglesia nacional española, contra el papado, condenados por la
bula UNIGENITUS, se unieron a los "libertinos" (despreciadores de toda
moral) en su lucha contra los jesuitas, y en forma solapada fueron convenciendo
al rey Carlos III, hasta lograr la expulsión de los jesuitas. No se explica la
persecución de que fueron objeto los Jesuitas, siendo que fueron el valuarte mas
grande del Catolicismo mundial, pero fueron el obstáculo al filosofismo que
intentaba ganar conciencias y dominar el mundo.
Los jesuitas debieron también
soportar confabulaciones en su contra, tales como la acusación del ministro
Pombal del rey de Portugal Juan Manuel 1, de un atentado en su contra
supuestamente en complicidad con los jesuitas.
Otros hechos similares en Francia
confabulados por filosofistas de la época, terminarían con la expulsión de la
orden de ese territorio.
¿Cuáles serían las
consecuencias de la expulsión de los jesuitas?
De esta secuela de
desastres da testimonio años más tarde el editor de "Noticias secretas de
América", cuyas informaciones sobre la conducta de funcionarios y clérigos de
Indias hacen una honorable excepción con los padres de la Compañía de Jesús,
Otra consecuencia de la expulsión de los jesuitas ha sido el engrandecimiento de
los portugueses en el Brasil. Mientras aquéllos ocuparon las Misiones, éstos no
usurparon nada, y cuantas veces lo intentaron por el Marañón, Paraná y Uruguay,
otras veces salieron escarmentados. Pero apenas fueron removidos los jesuitas,
los portugueses avanzaron por el Marañón, abriéndose camino para invadir a Quito
cuando quieran. Poco después con la fundación de Matogroso, se han establecido
casi dentro de Moxos y Chiquito Aún no habían pasado treinta años de la
expulsión cuando se hicieron dueños de casi todos los pueblos de las misiones
guaraníes.
Por lo que se refiere a los
pobladores de las misiones, los testimonios de la época revelan que la expulsión
provocó un sentimiento de estupor y una sensación de desamparo ante el poder
injusto. Ni siquiera quedaron satisfechos los enemigos de la orden, que
aspiraban a gozar de sus campos y sementeras. Las propiedades jesuíticas se
vieron libradas a la rapiña, sin que la corona pudiera obtener los beneficios
que se prometía, enredadas entre las uñas de los administradores ocasionales ---el
gobernador y sus secuaces-- y expuestas a la penetración enemiga que no habría
de tardar. En pocos años, la selva recuperaría su dominio sobre los campos
labrados y de los poblados y templos sólo se alzarían ruinas.
¿Qué fue de los indios? Muchos
cayeron en la degradación, debido sobre todo a la introducción en sus pueblos
del alcohol antes prohibido y retrogradaron a la vida selvática. Muchos en
cambio se incorporaron a la vida civilizada. Queda un testimonio de Azara que
revela el resultado civilizador de la obra de los jesuitas. Afirma que los
indios desertaron de los pueblos y andan libres, mezclados con los españoles,
viviendo de su trabajo". "A esta deserción se debe el haber poblado las
campañas de Montevideo y la mayor parte de los adelantamientos que se admiran en
la agricultura, navegación, comercio y número de ganados mansos".
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