Cuatro años de reforma judicial

 

Andrés Matos Sena

Abogado y Maestro, Rector Universitario

 

En mi doble condición de abogado y de maestro de por vida, me ha correspondido ser espectador del funcionamiento de nuestras instituciones nacionales. En especial he observado con suma preocupación e interés la marcha de nuestro sistema judicial, toda vez que es la instancia civilizada a que recurren los hombres prudentes para llegar a conciliar sus intereses y sus aspiraciones.

No dejo de reconocer que en la democracia, como en todas las instituciones sociales, se le llama calumnias a las verdades que no nos convienen y justicia a las lisonjas de los parciales.

Cuatro años llevamos con una reforma judicial que, por sus resultados, sólo ha servido para acrecentar el volumen de expedientes pendientes de fallo, mientras las personas desfallecen por la inanición de unos jueces retardatarios. Ellos han entendido que es mejor fracasar por no hacer nada, a tener que ser sometido a un cuestionamiento interno, que generalmente termina en una destitución, asumida por una Suprema Corte de Justicia que aplica unas normas disciplinarias tan insólitas que ponen en entredicho su carácter autónomo e independiente.

Igual que Sócrates, creemos que cuatro son las características que corresponden a un buen juez: escuchar cortésmente, responder sabiamente, ponderar prudentemente y decidir imparcialmente.

¿Hemos contado con jueces así? Absolutamente no. Se dice que la justicia es gratuita; lo que cuesta son los medios para llegar a ella.

Esa es la percepción que tristemente tengo de la justicia, ya que como académico, solo oigo de los docentes de la carrera de derecho esta expresión infeliz: "no hay justicia, simples asuntos tienen años y años pendientes de fallo".

Con una justicia así, se para el país. Donde no hay justicia, es grave tener razón.

 

Siguiente: Lupo Hernández Rueda

Volver a la página principal.

Volver a OJEADA a la prensa dominicana.