Intervenciones de los invitados nacionales y extranjeros a la reunión "Hacia un Programa de Desarrollo Cultural para la República Dominicana"

 

 
 

Germán Carnero

Quisiéramos decir unas cuantas palabras lo menos solemnes posibles y más en el espíritu de lo que esperamos de esta reunión. Primeramente agradecerles, desde luego, la presencia de todos ustedes aquí, tanto a la gente que ha llegado del extranjero para acompañarnos, como a los dominicanos que han accedido a participar en este taller de reflexión que, por definición, es un taller que no tiene un punto, un objetivo muy definido desde el principio, sino que busca intercambiar ideas alrededor de lo que pudiera ser, o pudiera convertirse en el futuro, en un proyecto de políticas culturales. Vamos a hacer una reflexión y a dar información sobre el origen de este taller, para que ustedes tengan mayores elementos de juicio.

Desde luego, esta convocatoria de la UNESCO está ligada al hecho de que en República Dominicana se produjo un cambio de gobierno. El hecho de que exista un nuevo gobierno ahora conlleva a la posibilidad de que pueda intentarse poner en marcha un proyecto de movilización a través de la participación cultural. Dicho así, parece muy simple, pero como todos ustedes saben, siendo especialistas muchos de ustedes en temas culturales, no es fácil de poner en práctica; sin embargo, nosotros estamos convencidos de que existiendo una voluntad política de hacerlo, pudiera lograrse este objetivo. Este objetivo está, como seguramente no se les escapa a ustedes tampoco, muy vinculado no solamente a aspectos de la cultura que tengan que ver con las bellas artes, sino fundamentalmente a aspectos de la cultura que tienen que ver incluso con la marcha de la democracia misma, y que es un viejo anhelo, también de la UNESCO, el poder poner en práctica un experimento de este tipo. Afortunadamente, creo que contamos con voluntades políticas muy explícitas, tanto del actual Presidente dominicano como del Director General de la UNESCO, que confluyen para que iniciemos este ejercicio.

Nosotros no quisiéramos partir con ningún tipo de idea preconcebida, y sobre todo quisiéramos, y así lo hemos conversado incluso con el señor Presidente, escuchar las posiciones de todos los dominicanos que deseen expresarse sobre esto. Es por ello que la reunión está planteada en términos en los cuales el día de hoy habrá una serie de exposiciones, con algún tipo de preguntas de la gente que gentilmente ha accedido a venir a República Dominicana, y mañana ver si se puede hacer un resumen con el objeto de que de esta reunión surjan algunas ideas fuerza que puedan estructurar lo que vendría a ser después un documento de proyecto que trabajará un grupo pequeño de gente, documento que será llevado a un proceso de consulta a nivel nacional. Más adelante se hará una serie de foros nacionales de tal manera que este proyecto, y ese es el espíritu en el cual arrancamos este proceso, pudiera ser un proyecto más bien de movilización nacional, más allá de ser un proyecto de tal o cual grupo político o de tal o cual partido; ésta es una de las cosas que nosotros quisiéramos que así se realizara, porque es evidente que un proyecto de estas características puede tener dimensiones muy limitadas o muy precisas, hasta dimensiones muy ambiciosas, dependiendo de la movilización que se logre hacer de la sociedad dominicana.

Es obvio que si nosotros, la UNESCO, junto con los dominicanos, logramos poner en marcha algo que se acercara a esta antigua aspiración de la UNESCO, cual es que la cultura esté en el centro de las acciones del desarrollo, esto pudiera proyectarse formidablemente para otros países de América Latina. De modo que nosotros lo vemos como un proceso, y es así como quisiéramos que lo viéramos todos; en este momento estamos iniciando el primer acto de un proceso que, como todo proceso, podrá tener correcciones y fallas, y que depende de todos nosotros, si actuamos en el mejor espíritu, de irlo perfeccionando en el camino. Este proceso que pretende llegar, repito, a este gran proyecto de movilización nacional alrededor de los temas de participación cultural, que por definición es una cosa también muy amplia, y que iremos nosotros encontrando en el camino las formas de cómo podría ponerse en práctica. Desde luego, no tenemos que insistir en que venimos aquí con un criterio sumamente humilde, porque creo que en este proceso estamos todos para aprender, nosotros de los dominicanos, como los dominicanos de quienes vengamos de afuera, en el ánimo de construir algo que, insisto, puede desbordar las fronteras mismas de República Dominicana.

Sea como sea, en este país se ha producido un proceso político interesante, hay un cambio político, este cambio implica una renovación, debe implicar una renovación; renovación que está siendo vista con mucho interés en toda América Latina; y desde el punto de vista de la UNESCO, lograr un movimiento cultural, llamémoslo así, por eso ni siquiera el título está planteado, porque es una cosa muy abierta, un movimiento cultural de este tipo, que implique criterios consensuales, criterios de búsqueda de la sociedad en su conjunto, puede resultar sumamente interesante en lo que viene siendo desde hace algunos años el corazón de la acción de la UNESCO que es el de la cultura de la paz, la cultura de la tolerancia.

Estamos entre amigos, finalmente esa es la idea, la idea es que nosotros trabajemos sin solemnidades, con mucho espíritu de crítica, con mucha franqueza, la franqueza profundiza la amistad y hace nuevos amigos, y ver si es posible echar adelante un proceso de estas características. Ayer hemos tenido una reunión con el Presidente de la República, quien nos ha reiterado su absoluta concordancia con estos planteamientos, y será entonces éste el sentido de esta reunión. Les reiteramos nuestro agradecimiento. De aquí, como insistimos, saldrán algunas ideas básicas que nos permitirán elaborar un documento que luego será sometido a la más amplia consulta nacional, de tal manera que todos los dominicanos implicados en este movimiento sientan este proceso como propio.

Es un reto, es un desafío; un desafío civilizatorio, diríamos. Si nosotros logramos hacer una cosa así en República Dominicana, creo que habremos dado un paso muy importante no solamente para República Dominicana, sino para América Latina. Ese es, digamos, el espíritu de la convocatoria.

Finalmente les reiteramos nuestro agradecimiento, y pongámonos a caminar. Gracias.
 

Laura Faxas

Queremos agradecer la presencia de todos ustedes aquí, y esperamos que esta reunión sea el inicio de una coordinación de trabajo entre la delegación de la UNESCO en París y la gente que hace cultura y educación es este país. Esto lo decimos en el sentido de que hay que crear las condiciones para que todo lo que puede ofrecer la UNESCO a nivel cultural, a nivel de educación, sea potenciado al máximo; y que los artistas, los agentes culturales dominicanos puedan aprovechar todas las posibilidades que ofrece la UNESCO, sobre todo a partir de sus nuevas orientaciones, que tocan áreas de educación para la democracia, cultura política, participación ciudadana; todo lo cual va más allá de los tradicionales trabajos en el área de educación, que es donde fundamentalmente la UNESCO ha desarrollado su trabajo aquí en el país.

La cultura es parte integral del desarrollo humano, no podemos seguir limitando éste solamente a lucha contra la pobreza, en el sentido económico. La cultura tiene que integrarse, nosotros tenemos que hacer el esfuerzo de integrarla, a los planes de gobierno como parte fundamental del desarrollo humano y como un elemento que garantice el elevamiento sustancial de la calidad de vida. Pero también, y fundamentalmente, la cultura es un espacio donde se refuerzan las bases de una identidad nacional, los valores democráticos y la participación ciudadana; y en un contexto internacional marcado por la globalización económica, la crisis de los estados-nación, las crisis de valores y de identidades, la cultura es el espacio privilegiado de cohesión social. Decimos que es el espacio privilegiado, paradójicamente, porque también es el espacio de los integrismos y de los particularismos, pero es a la vez, desde nuestro punto de vista, la única posibilidad de integración y creación de mecanismos de cohesión en términos positivos. Ese es uno de los desafíos que nosotros tenemos hoy día en República Dominicana, cómo utilizar la cultura para favorecer y consolidar una cultura democrática y una cultura participativa.

El objetivo de este encuentro, como dice Germán Carnero, es sentar las bases para definir un proyecto de desarrollo cultural de contenido nacional. Existe una diversidad de propuestas culturales que han de ser discutidas e integradas; en ese sentido, una propuesta de este tipo es una concertación, es juntarnos para hacer de este proyecto cultural un proyecto nacional. Este programa debe definir y tener como apoyo a la gente que hace cultura, debe de contar con apoyo institucional, evidentemente, pero la garantía de que funcione es dar el apoyo a la gente que hace cultura, y que la gente que hace cultura nos dé el suyo.

Este proyecto tiene que tener como base la movilización y la participación de amplios sectores de la población, tiene que tener un carácter popular. Estamos conscientes de que el tema cultural ha sido muy debatido, que se han hecho miles de propuestas, pero en este contexto hay una voluntad política de favorecer el trabajo en el área de la cultura. En ese marco, creemos que la posibilidad de organizar un proyecto es a fin de concretizar algo, hacerlo proyecto, con presupuesto, con áreas establecidas como prioritarias; es la posibilidad de pasar de una discusión que se ha hecho más general a una propuesta concreta de implementación.

El gran desafío es cómo generar una dinámica cultural con capacidad de propiciar canales de participación y movilización de amplios sectores de la población, y que favorezcan un proceso de democratización. Cómo el Estado puede convertirse en un motor que promueva la cultura, y cómo la gente que hace cultura puede tener los espacios para hacer su trabajo. Cómo ese proyecto cultural, que es un proyecto de una nueva cultura para el siglo XXI, es capaz de crear espacios de concertación; creemos que en este momento hay un espacio político abierto que es propicio para eso.

Tenemos que hacer una propuesta y lanzarnos en ese propósito, y son ustedes los que tienen la palabra, más allá de los programas, que sabemos existen, de las propuestas. Se trata de armar una propuesta concreta y que sea, como señalaba Germán Carnero, una propuesta nacional.
 
 

Rubén Silié

Las ideas que plantearemos a continuación, sobre lo que podría ser la línea de una política cultural, han sido elaboradas sobre la marcha, de modo que su carácter es provisional y su fin único es servir a la discusión.

El sentido histórico de la cultura dominicana

La cultura es la máxima expresión de la identidad y realización de los pueblos, pues en ella se condensan los aspectos esenciales de su constitución e historia. La cultura nacional se construye con el aporte de cada uno de los sectores del país, sean ricos o pobres, rurales o urbanos, pues la dominicanidad ha logrado su realización histórica gracias a las vigencias de formas de ser y hacer de cada uno de los sectores sociales nacionales. La cultura de la nación dominicana adopta su fisonomía propia con el proyecto político duartiano y es afianzada a partir de las gestas restauradoras en contra del colonialismo.

Sin embargo, la cultura no es algo acabado y referido únicamente a los momentos fundacionales de la nación; éste es un proceso constante que se construye día por día. Así adquiere autenticidad la cultura dominicana, que ha logrado imponerse frente a intereses exógenos que en más de una oportunidad intentaron establecer diversas formas de control político y cultural sobre la nación. En cada momento, el sentimiento nacionalista supo poner en alto la soberanía y autonomía de decisión sobre nuestros recursos, tanto naturales como de orden social, materiales, intelectuales, simbólicos y emotivos.

Se impone el rescate de los aspectos tradicionales de la cultura dominicana, pues va en ellos los fundamentos de nuestra cotidianidad, que han sobrepasado un proceso incesante de ajustes e innovaciones para posibilitar la sobrevivencia de nuestro pueblo. Nuestra condición de sociedad culturalmente diferenciada no debe ser asumida como un factor que conduzca hacia políticas que refuercen nuestra condición de insularidad, sino que debe servir para discernir sobre todos aquellos aspectos universales que contribuyan al reforzamiento de nuestros valores originarios.

Autenticidad sin etnocentrismo

Debemos luchar por la preservación de nuestra autenticidad cultural, creando conciencia de que la nación dominicana, a diferencia de otras en la región, no está integrada por una multiplicidad étnica, algo que sólo fue válido en sus orígenes; hoy el país responde a una noción cultural global de la que participan de igual manera negros, mulatos y blancos. Naturalmente que ello es así, a pesar de las diferencias regionales o de clase social, que necesariamente se producen en todo tipo de sociedad. Esta última noción podría orientar un trabajo de educación cultural sin etnocentrismos, definiendo los rasgos de la dominicanidad en sentido positivo y no por oposición a la de otros pueblos, ello así por la convicción de que los valores propios adquiridos en el proceso de la formación social dominicana son lo suficientemente válidos y sólidos para encontrarnos con nuestra verdadera identidad nacional y cultural.

Canales de política cultural

Los principales instrumentos para la divulgación de nuestras esencias culturales deben ser la familia, el barrio, los grupos locales y las comunidades, que junto a la educación serían los canales de socialización más adecuados para reforzar la asunción de nuestro sistema de valores. El objetivo de una política cultural que reclame el desarrollo pleno de las personas, tomará muy en cuenta a los niños y jóvenes, tradicionalmente muy excluidos de las actividades culturales. Se deben desarrollar programas formativos de contenido estético y artístico que eleven sus capacidades creativas y de producción en ese orden. En otras palabras, asegurar la participación en todos los planos de estos sectores.

Democracia y cultura

Se deben hacer esfuerzos para estimular la definición de programas educativos que rescaten los rasgos más sobresalientes de nuestras tradiciones democráticas, a fin de crear conciencia sobre los atributos autoritarios que perturban nuestra cultura política. En este sentido, debemos tratar de acortar las distancias entre Estado y sociedad a fin de que ambas categorías se refuercen mutuamente en beneficio de la consolidación cultural nacional. Esta práctica contribuiría a evitar la imposición tradicionalista de las nociones culturales prevalecientes, pues se darían espacios para la participación social que despejen el peso de las figuras autoritarias sobre la cultura política dominicana. Esto último iría unido a los esfuerzos por garantizar la descentralización del poder, a fin de apoyar al pluralismo y la autonomía de las fuerzas sociales y políticas, las cuales deben preservar todo su vigor para presentar, en forma clara y libre, sus propuestas e intereses en los espacios de concertación. La práctica cultural, redefinida y fundamentada sobre estos principios, se vería reforzada en la consecución de objetivos de interés social global que no respondan a mecanismos clientelistas, manipuladores, de los esfuerzos del pueblo para beneficio de intereses particularistas.
 

Cultura y cotidianidad

Siendo ésta una de las principales tareas del gobierno, se debe proponer una valorización de la cultura como algo imprescindible para la vida cotidiana y elevación espiritual de la nación; mientras más sólida sea la cultura, mayores recursos tendrá el país para afrontar los cambios que nos impone la época del nuevo orden mundial, sin riesgos de perder los rasgos esenciales que nos definen como sociedad soberana. En esa perspectiva, vemos la cultura como uno de los principales factores del desarrollo social, pues ella es la base que nos permitirá aceptar los cambios e introducir las modificaciones en función de nuestra naturaleza sociocultural, evitando la asimilación acrítica de modelos ajenos que perturben la idiosincrasia nacional.
 

Cultura y relaciones exteriores

Hasta el momento, el rol internacional que han jugado las glorias dominicanas del arte, la ciencia y el deporte, poniendo en alto el nombre del país, no obedece a una política concertada, sino al esfuerzo individual de esas personalidades. El gobierno debe proponerse ofrecer respaldo a esos talentos nacionales, a fin de que su acción reciba el apoyo oficial por vía de las representaciones diplomáticas en el exterior. El servicio diplomático debe recibir instrucciones y recursos para apoyar aquellas acciones en el plano de la cultura, que refuercen el reconocimiento internacional de la República Dominicana.

Quisiéramos ampliar la idea de algo ya planteado anteriormente con respecto a la naturaleza étnica de la cultura nacional dominicana. Al plantear que República Dominicana responde a una noción global, y que no tenemos como otros países del Caribe o de América Latina esas diferencias étnicas marcadas, no dejamos de reconocer la presencia de grupos que pueden ser caracterizados como étnicos, como es el caso de los dominicanos de origen haitiano, como fue el caso, hasta cierto momento, de los cocolos, etc.; y quisiéramos plantearlo sobre todo en el sentido de que en América Latina y en otros países del Caribe, la condición de negro, de mulato, de hindú, de chino, plantea niveles de participación cultural diferenciada. En el caso de la República Dominicana, en realidad, hay una cultura nacional dominicana de la que todos participamos, con esas diferencias que manifestamos de clase y de región, pero negros, mulatos y blancos, participan de la misma cultura.
 
 

Rafael Villalona

No es que en República Dominicana no se hayan generado prácticas racistas sino que éstas se han establecido sobre el color de piel, no sobre grupos de color, por lo que las políticas culturales a ser lanzadas deben ser muy cuidadosas de no crear un problema que de hecho no existe: confundir las diferenciaciones étnicas con el problema del racismo por el color de la piel. Esto es también muy importante porque en algún momento se tendió a pensar ­sobre todo entre la gente que ha trabajado en el rescate de la cultura popular­que había una identificación exclusiva de sectores con ciertas tradiciones, cuando en realidad éstas son aceptadas sin ningún tipo de cuestionamiento por la totalidad de la sociedad. Aun más, incluso algunas tradiciones artísticas lograron la misma aceptación que otras; es decir, tan pronto pasaron por los órganos oficiales ­que son los que designan la calidad de cultura a una actividad tradicional­ fueron aceptadas, como fue el caso de los palos al ser presentados en el Teatro Nacional. No hay que escatimar esfuerzos para garantizar la descentralización del poder, el apoyo al pluralismo y la autonomía de las fuerzas sociales y políticas; es necesario, sobre todo en este programa que de todas maneras tendrá un cierto sello oficial, garantizar la no oficialización de los sectores populares de las ONGs, porque si se llega a pensar en un proyecto de desarrollo cultural, que en vez de llegar a esos sectores los lleve a la oficialización, esto podría atentar contra la creatividad y la espontaneidad que requiere el trabajo cultural para que tenga mayor éxito y mejores resultados.

Finalmente, en cuanto al apoyo a la cultura en el exterior, referido, por supuesto, al éxito de algunos de nuestros artistas, somos de opinión que la cultura no es la difusión en el exterior, pero sí que la difusión en el exterior puede contribuir al reforzamiento interno y que la presencia de estos valores nacionales en el exterior también puede servir de canal para atraer aportes culturales hacia la nación dominicana. Es éste uno de los canales más espontáneos, porque los mismos artistas son portadores de influencias externas que pueden introducir de manera más natural, sin que tengan que pasar por programas oficiales; por lo tanto, opinamos que el programa de cultura debe incluir también a la cancillería y al cuerpo diplomático como factores de promoción cultural.
 
 

Marcio Veloz Maggiolo

Quisiéramos referirnos a algunos puntos básicos. Primero, como ya lo ha planteado la UNESCO, creemos que el derecho a la cultura es un derecho de los pueblos latinoamericanos, por lo tanto la cultura hay que discutirla al nivel en que se discute la salud, la educación, el deporte; es un derecho, por lo tanto una obligación de los gobiernos. Aunque no las ejecuten, algunos gobiernos han tenido políticas culturales, mientras que otros han tenido como política cultural no tener política. Desde el 1974 se ha estado tratando este tema; en 1978 vinieron al país Jorge Elías Ruiz y Gabriela Candanela a trabajar con nosotros en un proyecto de instituto. La situación se ha complicado porque se han creado cada vez más estructuras culturales y las leyes son cada vez más contradictorias; existen, por ejemplo, tres instituciones con la misma función asignada mientras otras instituciones se dedican a labores que no les corresponden.

El problema es, entonces, complejo; no se trata solamente de las estructuras del Estado, también tenemos una serie de estructuras paraestatales, como la Academia de las Ciencias o la Academia de la Historia, cuya subvención no funciona. Hay que partir de un proceso de diagnóstico, hay que empezar por lo que hay, ver si lo que se ha hecho y está archivado y sobre lo cual se ha trabajado mucho, todavía tiene vigencia. Y entonces hay que rescatarlo, y si hay posibilidades, integrarlo al trabajo que nos proponemos hoy. Este ha de ser un trabajo de equipo.

Hay una serie de puntos clave. Los cambios mundiales hoy son fundamentales para establecer la visión nueva de la cultura dominicana; los procesos transnacionales, fundamentalmente el millón de dominicanos residente en Nueva York que, como señalara Rubén Silié, está de alguna manera asimilado y, a la vez, ha transformado Manhattan, lo cual es indicativo de la existencia de una identidad. Por otra parte, el problema de la identidad nacional, pero de la identidad regional. Es muy probable que para una persona de un campo en Santo Domingo sea más importante el alcalde pedáneo que Duarte, porque no conoce a Duarte pero tiene un recuerdo muy placentero de ese alcalde, por lo tanto el Museo debe tener a Duarte y al alcalde.

La cultura es creativa, no es solamente divulgación, difusión; debe tener feedback, retroalimentación, si se le proporciona un coro a una comunidad, la comunidad tiene que hacer su coro, si se le proporciona teatro tiene que hacer su teatro, ese es el nivel creativo fundamental en una actividad.

Es fundamental la inversión económica en la cultura; si el Estado no invierte, no es posible un proceso bien organizado, de modo que se trata de un paso político que el Estado tiene que dar, que el Presidente de la República y su gabinete tiene que aprobar. Tenemos, por ejemplo, que ver cómo es nuestro ocio, cómo son nuestras diversiones, cómo son nuestros espacios para la diversión, cómo son nuestras plazas; para qué sirven los espacios culturales y cómo se planifican. A la gente le gustaba ir a las retretas, a los parques, ahora ya no hay retretas. Hay una serie de espacios que son también la cultura, el deporte, la salud pública, todo eso es la cultura. Como dice Rubén Silié, la cultura se imbrica en todo, porque cultura es todo lo que es naturaleza, como dicen los antropólogos, aquello que el hombre ha hecho, desde una piedra en el Paleolítico hasta un cohete, es cultura; se puede catalogar como tecnología, como ciencia, como lo que se quiera, pero es la cultura, y los ministerios de educación son los canales básicos de esa cultura.

Por último, es importante reunirse ya; recabar lo que se ha hecho. Hay dos leyes, trabajamos en 1990 con el PLD en un proyecto de cultura y ahora con el PRD, y dos visiones. Ya se han hecho muchos análisis; es hora de ver cómo se puede imbricar e implantar todo esto, y sobre esa base, entonces, se puede planificar, ejecutar, y luego, algo muy importante, evaluar.
 
 

Víctor Víctor

Vamos a intervenir como miembro de la base del quehacer cultural. Como artista escuchamos los planteamientos hechos por ustedes y nosotros no tenemos esa capacidad de hacer abstracciones y escribir artículos sobre cultura, porque nos hemos pasado la vida trabajando, desde el 1973 hemos andado el país de arriba a abajo, quizás junto a Manuel Jiménez y Dagoberto Tejeda, hayamos sido las personas que más hemos recorrido este país, escuchando a la gente cómo habla, cómo dice, lo que sueña, y lo que no sueña también. Desde ese punto de vista venimos a darnos cuenta muy rápidamente, así como se le solicitó a Rubén Silié que hiciera el documento, que realmente todo sobre la concepción cultural dominicana y sobre el trabajo y sobre los métodos está escrito en una gran cantidad de documentos. No queremos significar con esto que esta actividad no debió realizarse, creemos que es el inicio para empezar a juntar puntos de vista que en un principio tuvimos muy unificados en el quehacer; quizás porque no hacíamos muchas reflexiones, y que al cabo del tiempo y con la práctica política empezaron a diferenciarse en documentos sumamente refinados donde se ha resumido todo ese quehacer, que son los dos programas de gobierno del PRD y del PLD. Es decir, al cabo del tiempo hemos visto, en toda la práctica, que al final, en esos dos documentos refinados, donde hemos trabajado unos y otros, han aparecido diferencias, matices; pero en el fondo en lo que estamos de acuerdo es en que realmente hay que iniciar un trabajo.

Quisiéramos, en nombre de los artistas, solicitarle a la UNESCO, que patrocina este evento, que obligue al gobierno a definir una política cultural, en base a los programas de trabajo del PRD y el PLD.

Esta reunión debe brindarnos apoyo a los miembros de la base, del quehacer cultural, para que se creen las condiciones que permitan elegir los proyectos que deben apoyarse a través de la UNESCO y cuáles no. Mientras tanto, en lo que esto se define, se pudiera comenzar por proyectos de tipo folclórico, o por un archivo oficial, ya que lo que existen son archivos particulares, o por brindarle apoyo a un proyecto de investigación sobre qué es lo que hay en el país realmente. Aquí tenemos a uno de los principales investigadores en ese sentido, Dagoberto Tejeda, quien ha dedicado su vida a este tipo de investigación, pero los que venimos atrás no tenemos a dónde ir a buscar información, tenemos que buscarlo a él. Es necesario, en primer lugar, un proyecto de investigación folclórica que sea inventario general, son muy importantes los inventarios. En segundo lugar, relacionado a cuestiones de actividades propiamente dichas, hay muchísimas entidades gubernamentales y no gubernamentales, algunas orientadas a la superación de artistas, escritores, artesanos; otras dirigidas a extenderse en el pueblo, en los diferentes sectores populares que realizan trabajos. Es decir, unas son proyectos de trabajo para nosotros mismos y proyectos de trabajo que son extensiones culturales. Debemos elegir entre esas dos. Esto es lo único que podemos hacer entre tanto el gobierno defina y ponga en ejecución una política cultural.
 
 

Manuel Jiménez

Nos preocupa que en esta reunión no se encuentre presente el asesor cultural del poder ejecutivo en señal del interés del Estado en la cultura. Siempre hemos pensado que la cultura, término que empezamos a cuestionar seriamente, no es algo que se planifica; la cultura existe, lo que podría planificarse de alguna manera es el apoyo al desarrollo de esa cultura. Incluso la palabra apoyo resulta cuestionable, habría que hablar más bien de la inversión que le corresponde hacer al estado en ese área, al igual que en áreas tal como salud, educación. Es decir, la cultura no se apoya, se patrocina, se promueve. Siempre se ha solicitado el "apoyo" estatal del trabajo cultural, mas la cultura es una necesidad, al igual que la salud, la educación, la necesidad de vivir en sentido general, porque eso es en última instancia la cultura de un país, su existencia.

La cultura, generalmente, no cae en crisis, cae en crisis el apoyo, la inversión en ella. Cuando comenzamos a estudiar música había una academia en nuestro pueblo, y éste estaba lleno de músicos. Es penoso que hoy día la mayoría de nosotros, para poder grabar un disco, tengamos que importar músicos, a un país que exporta música. Con esto significamos que potencialmente somos un país culturalmente rico, al que ha faltado planificación del apoyo.
 
 

Soledad Alvarez

No conocemos en detalle los proyectos del PRD y del PLD, pero sabemos, por gente que ha trabajado en uno y otro, que no existe mucha diferencia entre ambos. Sin embargo, esos son proyectos que han sido hechos a partir de una visión de cultura que ha ido cambiando con el paso de los años; la noción de cultura hoy no es la misma de los años sesenta. Según Pérez Cuéllar es la manera de convivir; pero es más que eso, es la manera de convivir con algunas otras especificidades; es decir, se corre el riesgo de ampliar tanto el término que se termine con nada; por ejemplo, cuando Rubén Silié presentaba su trabajo pensábamos, como escritora, que faltaba un peso mayor para la creatividad popular. En otras palabras, la cultura es un campo tan amplio, que nunca está de más volver a repensarla.

Pero retornamos a lo que vemos como la diferencia entre los programas del PRD y del PLD con respecto a todo lo que habíamos hecho antes, que hemos hecho nosotros pero no la gente. La gran oportunidad la creamos todos nosotros. Estamos aquí únicamente por la posibilidad de que exista un proyecto cultural no hecho por nosotros, sino por la gente que hace la cultura, que es la gente común. Debemos repensar nuestra labor de política cultural a la luz del concepto de movilización popular, no a la luz de lo que nosotros hemos pensado que queremos darle a los demás.
 
 

Angel Mejía

Cultura es todo, todas las respuestas que da la gente en sus diferentes situaciones a los problemas que se le presentan, la salida que da cada cual a la existencia misma; todo es cultura, en todos los órdenes, es por eso tan difícil crear un organismo cultural, porque cultura es un término demasiado amplio. Sí creemos que en este proceso en el que el mundo se aboca a una integración generalizada a través de la globalización es importante que pueblos pequeños, subdesarrollados y dependientes como el nuestro afinen un poco el reforzamiento de la identidad. Cuando un país pequeño se integra a un proceso donde participan países grandes con mecanismos y vehículos de cultura inmensos, éste corre el riesgo de perderse en esa integración, de perder toda noción de pueblo, y cuando se pierde la noción de pueblo se entra en un proceso degenerativo.

En ese sentido, el Estado como tal está en la obligación de crear mecanismos, instrumentos que permitan un aprovechamiento de los recursos disponibles para ponerlos al servicio de lo que sería esa labor de reforzamiento de la identidad. Pero también las instituciones independientes, no somos de opinión que sea el Estado el que deba ser el rector de la cultura, el Estado debe organizar su sector cultural, debe organizar sus instituciones para que sean más eficientes, pero es imposible que el Estado pueda controlar la cultura porque la cultura es todo, la cultura la hace el pueblo. Cuando un campesino baja a un manantial a buscar agua luego de recorrer diez kilómetros, el instrumento que utiliza para buscar agua es parte de su respuesta a su realidad, por tanto es cultura.

No es necesario cambiar la cultura y hay que ser muy cuidadosos con su desarrollo, porque en nombre del desarrollo de la cultura se hacen barbaridades, se tumban los bosques para hacer madera; existe una cierta contradicción entre desarrollo y cultura, porque en la medida que nos desarrollamos destruimos la cultura. Si ahora estamos entrando a una época donde las escuelas deben tener computadoras, pero tenemos problemas tan serios como el de la identidad, y empezamos a navegar en Internet, cuando nos demos cuenta vamos a perder toda identidad. La creatividad tampoco es un fenómeno intelectual, es un fenómeno cotidiano de la gente en la medida en que da respuestas efectivas a problemas que se presentan; no es un problema intelectual.

La cultura es un fenómeno demasiado complejo, y por serlo quisiéramos enfatizar la parte artística, ya que es nuestro campo. Un elemento de la cultura que debemos defender es la democratización de los bienes de la cultura de manera que se garantice el acceso del pueblo a las actividades artísticas, a la producción y el deleite de las actividades artísticas. El Estado tiene mecanismos e instrumentos que funcionan de manera aislada, sin un programa coherente; éste debería hacer acopio de sus recursos, al igual que las ONGs, a fin de lograr una democratización de los bienes culturales. Entendemos que si se creara un mecanismo cultural, éste debería ser un organismo democrático, abierto, en que tanto las instituciones privadas como las estatales confluyan en lo que debe ser la definición de una política cultural. No es recomendable que el Estado actúe solo en este sentido ya que éste, en cierta medida, es una institución vertical, que impone líneas sobre aspectos determinados y burocratiza los procesos.
 
 

Diómedes Nuñez

Quisiéramos empezar por señalar que en este momento que vivimos los dominicanos está dado el escenario propicio para que en este país se lleve a cabo una gran revolución en el área cultural. Estamos en conocimiento de esto en razón de nuestras funciones en el gobierno como director de la Biblioteca Nacional y en el partido de gobierno. Las máximas instancias del partido ­nos referimos, por ejemplo, al líder histórico del partido del gobierno, Juan Bosch, y al Presidente de la República, Leonel Fernández­ están decididas a apoyar totalmente y a participar activamente a favor del desarrollo cultural del país.

Quisiéramos tomarnos unos minutos para narrarles una historia. En 1990 le comentamos un día a don Juan que nos parecía demasiado gasto la creación de un nuevo ministerio ya que implicaba una burocracia grande, y éste se incomodó y nos respondió que sí había que crear la Secretaría de Cultura y que si había que salir del país a buscar financiamiento, él lo haría. En el caso del actual Presidente, hemos conversado mucho, al igual que Laura Faxas, sobre el tema de la cultura, sobre todo lo que hay que hacer, y él se involucra personalmente en los detalles. Entonces, hay que aprovechar este momento y hacer un plan para discutir posteriormente.

Quisiéramos decirles a Víctor Víctor y a Manuel Jiménez que no hay que pedirle al gobierno dominicano que defina políticas culturales; el Estado no está llamado a eso, sino a crear estos espacios con los organismos internacionales, llamados a aportar ideas y experiencias; los intelectuales; los funcionarios del área de la cultura y con las universidades, que son las que están llamadas a definir, junto con el gobierno, los problemas y las metas a realizar. El gobierno no está interesado en imponer un programa; Marcio Veloz Maggiolo y Rubén Silié, pueden perder cuidado, no hay que cuidarse de que el gobierno interfiera en lo cultural. El gobierno sí debe ser parte de todo el proceso, al igual que la UNESCO, el PNUD, las universidades, las ONGs, la sociedad en conjunto; este proyecto es un trabajo de participación de todos los sectores. Se debe tratar de democratizar, que haya participación en todos los niveles, en los barrios, de cada plan que se lleve a cabo.

En el caso de las bibliotecas, que es lo que nos ocupa, esta participación consistiría no en llevar simplemente una biblioteca al barrio y que ésta dependa de la Biblioteca Nacional, sino, en llevar la idea, en que existan los recursos y se involucre la comunidad ­las parroquias, los clubes culturales, las ONGs, todos los sectores­ en ese proyecto. Es la política de concertación, democratización y participación de la sociedad. Hay que elaborar una propuesta para presentársela al gobierno y que éste tome parte, como un sector más, consciente de que estamos en una etapa democrática. Es importante lo que se comentaba a propósito de que nunca se hace nada, de que lo importante son los hechos, por lo que quisiéramos señalar el caso de la Biblioteca, en la cual se ha instalado ­a petición directa del Presidente de la República­ una moderna sala de Internet. Pero no solamente eso, la Biblioteca está totalmente destruida, por lo cual para su restauración se han presupuestado cuatro millones de pesos. Estos datos son importantes porque reflejan la actitud prevaleciente en las altas esferas