Angela Hernández
La noción de cultura global nos genera una profunda inquietud ya que es precisamente la ausencia de una mentalidad democrática acerca de la cultura una de las causas que afectan la posibilidad de un trabajo cultural. No es posible hablar por grupos y sectores que están haciendo cultura; por demás, las culturas tienen muchísimas vertientes, tendríamos que delimitar entonces lo que querríamos trabajar en un programa. Hay lenguajes, percepciones, visiones distintas. Hay una identidad nacional, pero hay muchas identidades, hay una identidad de género, la mujer se percibe y percibe la vida y las relaciones de manera diferenciada; por ejemplo, una campesina tiene una noción del trabajo distinta a su marido, ella hace diez actividades simultáneamente cuando su marido hace una; de igual manera, para él el ocio significa jugar billar o jugar gallo mientras que para ella significa visitar a la comadre enferma o ir a un velatorio.
Evidentemente, si queremos hacer algo realmente democrático y participativo, tenemos que partir de que no tenemos la visión de los demás, de que si hablamos de identidad es una identidad con múltiples identidades, y que esa identidad implica simbologías, lenguajes expresivos, formas creativas, formas de producción y relacionamiento distintas. Algo interesante que se ha planteado aquí es la posibilidad de iniciar este programa con foros, eso sería novedoso, sería crear primero vasos comunicantes entre todas esas vertientes de cultura, entre las formales y las menos formales, entre las artísticas y las otras maneras de creatividad.
Segundo, no se trata de asimilar oficialmente, sería un error, porque como creadora, no nos vemos envuelta en nada burocrático ni oficial. Pero la oficial es un área de trabajo importante, y que en la medida en que las personas que trabajan en ese nivel tienen una visión democrática, reconocen y estimulan la expresión de los otros, entonces un programa como éste lo percibimos como potenciador de las múltiples expresiones de creatividad, de percepciones, de visiones de vida. Hay que brindar apoyo a lo que existe; la institución con la cual he trabajado viene celebrando festivales anuales, desde hace siete años, en los que participan más de cien grupos de campesinas, donde exponen desde cómo bailan y cantan, las plantas medicinales que utilizan y las formas de procesarlas hasta las técnicas productivas que conocen. Hay muchas experiencias de este tipo, y somos de opinión que potenciar, apoyar y reconocer lo que exixte crea la posibilidad de que la gente se identifique, porque la única manera en que la gente participa y se identifica es en la medida en que está expresada, no a través de quienes representamos la cultura, sino a través de sí misma.
Primero tenemos que partir de desarrollar
dentro de nosotros mismos una mentalidad participativa y democrática,
de reconocer las diferencias, de reconocer lo diferente y de apreciarlo.
Segundo, es importante para un proyecto como éste, que al mismo
tiempo que va propiciando este tipo de espacios, que va concretizando planes,
aunque sea en pequeña escala, desarrolle ese tercer nivel que es
el de expresión, el de los foros, el de todo tipo de actividades
que facilite la circulación de ideas, expresiones y creatividades
de los distintos sectores.
Jorge Cela
Indudablemente que cultura tiene que ver con identidad, la cultura tiene que ver con las expresiones simbólicas de la identidad colectiva de esas expresiones que nos hacen sentirnos nosotros o nosotras en un ambiente de identidad. Nosotros hemos sufrido la promoción de un concepto de identidad excluyente, en que la identidad se definía por lo que no somos, y eso que ha sido a nivel nacional, ha afectado a todos los niveles. Angela Hernández planteaba la cuestión de género, pero en la cuestión regional, en todos los niveles de nuestra cultura, hemos definido la identidad como excluyente. Algo que tendríamos que trabajar es la identidad incluyente, es decir la identidad que no se define por la separación, por la distinción, por el rechazo del otro, por el yo no soy el otro, sino por la identidad que se define por cómo yo me relaciono con el otro. El otro no es el que no soy yo sino es el que se relaciona conmigo, y por lo tanto hay una definición de identidad que no necesariamente tiene que excluir al otro, sino que lo puede incluir.
En el problema de la identidad hay también otro elemento que tenemos que trabajar, el elemento de la autoestima. Las identidades no necesariamente suponen un respeto de la propia identidad. Vivimos, hemos sufrido un proceso en que hay identidades que se han convertido en identidades vergonzantes, y que en público no se quisiera pertenecer a esa identidad. Por lo tanto tenemos que reconstruir, facilitar los procesos de reconstrucción de la autoestima de identidades culturales dentro de nuestro medio.
Con esta pequeña introducción quisiéramos pasar al problema que nos preocupa, en el marco de enfrentar el problema de la pobreza. Con frecuencia hemos reducido este problema, como mencionaba Laura Faxas en la introducción, al elemento económico, y no hemos incluido el elemento cultural. Tenemos que recuperar aquel concepto viejo de cultura de la pobreza. Si la cultura de un grupo social tiene que ver con el medio en el que ese grupo se ha relacionado, y con las maneras que ha buscado para sobrevivir en ese medio, quiere decir que los grupos en extrema pobreza han estado en un medio que les ha negado los recursos y que les ha impuesto condiciones de inferioridad y de subordinación que son indignas de la persona humana, y ese grupo ha tenido que aprender a sobrevivir en medio de ese contexto, y por lo tanto ha tenido que desarrollar una cultura que le permite la sobrevivencia a costa de aceptar un contexto de subordinación, de discriminación, de falta de recursos, etc.
Esto quiere decir que, a más extrema la pobreza, la reacción cultural que se ha desarrollado, mientras más le permite la sobrevivencia al individuo, más lo incapacita para sobrevivir en otro medio; es una norma cultural, y por lo tanto, el que ha vivido en la extrema pobreza ha desarrollado una cultura que le incapacita para incorporarse al resto de la sociedad. Hay que crear las condiciones para que esa persona pueda entrar en un proceso de afirmación de su identidad y de autoestima de esa identidad. Y el medio más válido, el único para lograrlo, es el de la participación.
Y no una participación idealista,
no basta con decir ahí hay grandes valores culturales, sino una
participación realista, admitiendo que se han destruido valores
culturales, que no se trata de incapacidades personales, sino del contexto
que les ha sido impuesto a los grupos en extrema pobreza. Por lo tanto
hay que crear espacios a esos grupos —aunque no todos los pobres en extrema
pobreza participan en la cultura de la pobreza— a los que sí participan,
para ayudarles a salir de la pobreza, hay que crearles los espacios de
creatividad, los espacios de creación de una propia cultura en la
que tengan autoestima, los espacios en que tengan libertad. Y, para tener
libertad hacen falta dos cosas fundamentales en la creación cultural:
primero, acceso a los recursos; y segundo, estímulos para utilizarlos.
Si estas condiciones están presentes estos individuos tendrán
los caminos de salida de su situación y, entonces sí, serán
creativos de sus propias salidas. Tenemos que empezar a hablar de esta
cultura de la pobreza como una manera de enfrentar el problema de la pobreza
en el país.
Juan Freddy Armando
Nos parece que si este diálogo hubiera tenido lugar, por ejemplo, en los años sesenta, nos habría resultado muy difícil encontrar los puntos que permitieran saber dónde está la identidad cultural del pueblo dominicano, dónde están los elementos que la caracterizan. Sin embargo, hoy día, con la evolución que han tenido los acontecimientos, con las investigaciones que se han hecho y con lo que hasta ahora conocemos los que estudiamos sobre el tema y por el hecho de que el pueblo dominicano ha encontrado mucho de lo que es su definición, la situación es diferente.
Hay tres elementos claves en torno al tema que nos ocupa. En primer lugar la investigación; debemos investigar, a pesar de ya conocer buena parte de lo que es la identidad de nuestro pueblo, la dominicanidad, necesitamos continuar hurgando mucho en eso para integrar otros elementos. Debemos presentarle al gobierno un programa de investigación cultural que implique una inversión, porque, evidentemente, el papel principal del gobierno en relación a cultura, más que definirla, es de carácter económico, debe invertir en el campo cultural al igual que en el campo médico, en el de la salud, o en el de la educación.
En segundo lugar la integración. Se ha hablado de como la gente puede conocer su identidad y al mismo tiempo avergonzarse de ella y, precisamente, una forma de solucionar esto es la integración, la integración de nuestro pueblo con la cultura de otros pueblos, que le permita apreciar los elementos que nos son típicos a nosotros y que tal vez no valoramos. Cuando conocemos los elementos típicos de otros países nos damos cuenta de que los nuestros también son válidos: una forma de bailar, una forma de música, de literatura, una forma de hacer cuentos populares, muchas de las cuales subvaluamos porque no conocemos suficientemente los de otros países. Ejemplo de esto son los cuentos populares dominicanos que recopiló el señor Manuel Andrade en 1990 a instancias de la Asociación Americana de Folclor. En la medida en que conocemos nos integramos a la cultura de otros pueblos, y al mismo tiempo conocemos bien la nuestra, nos damos cuenta de que es válida, y este conocimiento nos permite ser orgullosos de las cosas que nos caracterizan sin que eso vaya en desmedro del valor que tienen las cosas de otros pueblos.
El tercer elemento clave es el concepto de identificación. Para lograr identificarnos primero tenemos que conocernos a nosotros mismos, porque un pueblo que no conoce su propia historia tiene el problema de que no puede aprender de los hechos que le han ocurrido y por lo tanto es fácilmente seducido por otros pueblos dado que al no conocerse, no tiene elevada su autoestima, no conoce que su cultura tiene elementos tan valiosos como la de otros pueblos. De manera que, dicho en el lenguaje de mi oficio, es decir la publicidad, nuestro país necesita reforzar su imagen de marca como nación, y esto se hace de igual manera que se refuerza la imagen de marca de un producto; primero, hay que conocer los valores principales de ese producto para poder venderlo, tanto los negativos como los positivos, y claro, destacar los positivos, aunque eso no significa ignorar los negativos.
En resumen, opinamos que el papel principal
del Estado no debe ser definir qué es la cultura sino invertir en
la cultura y que el papel de los técnicos, de quienes conocemos
sobre cultura, es mostrarle al Estado cuáles son los campos de la
cultura en los que éste debe invertir. Igualmente debemos integrar
la participación de los sectores privados en la promoción
de un programa de desarrollo cultural.
Marcio Veloz Maggiolo
Quisiéramos volver sobre el tema de la política cultural estatal, porque nos parece que existe cierta confusión. El Estado tiene en sus manos una serie de mecanismos que en este momento funcionan de manera anárquica debido a que no hay una integración de los mismos; los planes y proyectos no están dados de manera coherente, y por lo tanto el Estado está en la obligación de integrar, canalizar y crear una política del Estado. Esto no significa que el Estado tenga que manejar o definir la cultura popular o los otros tipos de expresiones culturales, como tampoco puede definir la identidad dominicana.
La identidad es un elemento variable
históricamente, el dominicano del siglo XIX no es el de hoy, indudablemente
los valores van transformándose y es muy difícil ponerle
etiqueta al dominicano mediante algún mecanismo, como pretende Freddy
Armando, cuando éste puede cambiar de un día a otro. Lo que
está él planteando es una vuelta a una identidad diferente
a la de la cultura de la pobreza, que permita salir de la pobreza; de modo
que estamos hablando de política cultural. Pero, eso realmente es
ayuda del Estado a un proceso, no dirección del Estado al proceso
mismo; el Estado puede promover y generar creatividad pero hay que tener
cuidado de que no participe del proceso privado, del de las ONGs, del de
la cultura popular. García Márquez, en una declaración
hace ya un año, decía que no creía en las secretarías
de cultura, porque no eran funcionales y además querían tomar
para ellas el proceso de la cultura de un país, y eso es precisamente
lo que pasó en la Unión Soviética, en la Alemania
nazi y en la Era de Trujillo, que la cultura pasó a ser un elemento
planificado por el Estado, al que había que responder de acuerdo
con las prerrogativas del Estado.
Celsa Albert
Para dar respuesta a la solicitud hecha en ese sentido, vamos a describir brevemente el organigrama de la Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos. Tradicionalmente, la Secretaría es la responsable de accionar en relación a cultura, todos los aspectos relacionados con la memoria histórica, con el perfil, con efemérides en el marco amplio de la cultura. Sin embargo, muchos de esos accionares son fundamentales, puntuales, no dependen de la Secretaría de Estado de Educación, sino que dependen de la Presidencia de la República. En lo tocante al Ministerio, que está estructurado en tres subsecretarías: Administrativa, Técnico Docente y de Educación Encargada de Asuntos Culturales, tenemos un acercamiento más cotidiano con lo relacionado al desarrollo de la cultura.
En la Subsecretaría, por ejemplo, dedicada a asuntos culturales, hay una estructura que está compuesta por la Dirección General de Bellas Artes, por la Dirección General de Cultos, y por la Dirección General de Cultura; esta última, creada en los primeros años de la década de los setenta. La Subsecretaría, como tal, no ejerce la parte operativa, pero sí tiene y ha tenido, por el espacio de tiempo que llevamos trabajando ahí, desde propiamente enero de 1992, una vinculación directa con lo que es el perfil de una política cultural, ya que muchas de las acciones relacionadas con el perfil de la educación y la formación, desde la perspectiva de los diferentes equipos de gobierno, se originan ahí y por lo tanto la Subsecretaría de Educación encargada de Asuntos Culturales es el primer organismo en cuanto a ejecución, para luego pasar a las direcciones generales de Bellas Artes y de Cultura. Esto, claro está, partiendo de que la cultura no solamente puede medirse por lo que hemos nombrado en relación a la Dirección de Bellas Artes y la Dirección de Cultos, ya que la cultura es mucho más amplia y compleja, es una y son muchas, y hay algunas que están inéditas, como la de la mujer.
Se encuentran presentes ex Subsecretarios de Educación, especialmente para el área de la cultura, y ex Directores Generales de Cultura, de modo que este vínculo del equipo de gobierno con la Subsecretaría de Educación Encargada de Asuntos Culturales se pondrá de manifiesto para una planificación de acciones culturales donde, claro está, se evidenciará a cuáles renglones o vertientes dentro del ámbito de la cultura, se les proporcione apoyo.
Tendríamos que mencionar también como la Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos se encuentra en necesidad de un plan global de investigación y de un presupuesto mayor, ya que todo lo que amerita el accionar para dar apoyo al fomento y desarrollo de la cultura necesitaría de un presupuesto similar al de la Secretaría de Estado de Educación. Claro está, para trabajar la cultura, no sólo la cultura de las aulas, sino también la educación no formal, para apoyar el fomento y desarrollo de la cultura. Esto ha sido, grosso modo, lo que hemos podido decidir: que la Secretaría de Estado de Educación, con sus tres Subsecretarías, trabaje directamente con el equipo de gobierno, para perfilar el accionar cultural, fomentar y desarrollar la cultura, para entonces proceder a operar por los canales establecidos, es decir, las unidades operativas en el marco de apoyo a asesoría y desarrollo.
Hace unos años asistimos a la Conferencia Mundial Educación para Todos. Dentro de los temas de la Conferencia estaba el Plan Decenal, en el marco de escuela-comunidad e incluía educación cultural; ya en educación cultural se hizo un diagnóstico a través de una investigación y un trabajo a nivel regional de lo que eran no solamente los elementos generales que conforman la cultura, sino aquellos elementos regionales particulares. Todas las informaciones obtenidas más el diagnóstico permitió la preparación del Congreso del Plan Decenal de Educación el cual incluía una conferencia sobre cultura o educación cultural, cuya ponencia tuvimos la oportunidad de hacer, conjuntamente a dos personas de cada una de las regionales. Es decir, no hubo discriminación hacia las regionales, el diagnóstico tuvo la oportunidad de ser presentado a nivel de consenso nacional, puesto que todos participaron exponiendo cuáles eran sus necesidades y sus principales problemas de accionar en el término de cultura en sentido general. Cada una de las regiones y el Congreso estuvo acompañado dentro del Plan Decenal por ciudadanos de las diferentes regionales de educación para hacer su exposición.
Esta conferencia, que real y efectivamente se hizo partiendo de lo que había arrojado el diagnóstico, tenía posteriormente que elaborar un plan de trabajo a nivel nacional para el desarrollo y el fomento de la cultura. Dentro del Plan Decenal, uno de los temas, el tema cinco, era la educación cultural; teníamos también posteriormente la animación sociocultural, que fue otro tema en el marco decenal de educación y, en lo que tiene que ver con educación y comunidad, va también a aportar, dentro del Plan Decenal, un aspecto sumamente importante si se llega a una socialización de lo que es la animación sociocultural. En ese sentido, la Subsecretaría Encargada de Asuntos Culturales, a través de la Dirección General de Cultura y la Dirección General de Bellas Artes, ha tenido una serie de acciones que han propiciado otra imagen de la Dirección General de Cultura dentro de su plan de trabajo anual, que incluye no sólo la conservación de la memoria histórica, el perfil de las efemérides, que era lo tradicionalmente hecho, como si la cultura fuera algo ritual, y no algo tan viviente, tan real, tan de la persona y de las personas que la hacen desarrollar, que la paren, que la crean y que luego la van desarrollando, pero que real y efectivamente necesita de un organismo que le dé el apoyo; porque la cultura no se puede administrar, ni se puede dirigir, sino apoyar, orientar, asesorar; es lo que ha hecho la Dirección General de Cultura, de acuerdo con las posibilidades presupuestales que hasta ahora ha tenido, tanto desde el punto de vista de la educación formal como de la no formal, que son dos atenciones puntuales, en las que tiene la Secretaría de Estado de Educación que trabajar.
Como todos sabemos, la educación tiene dos funciones —aunque es un elemento de la cultura, la educación como tal ayuda a la conservación, al desarrollo de la cultura— que se pueden aprovechar en el marco de lo que son los objetivos de este encuentro.
Otro elemento importante en ese accionar, como lo es una evaluación, y aquí no es necesario dar muchas ideas, sino más bien, referirme al balance de los últimos años en que hemos estado al frente de la Secretaría. Ha sido una experiencia sumamente interesante y que pone de manifiesto que se puede aspirar a una estructura amplia en el marco del fomento y desarrollo de la cultura que, sin dirigirla y administrarla, la apoye, oriente y asesore. Uno de los proyectos fundamentales implementados por la Dirección General de Cultura es las casas de cultura provinciales y municipales a nivel nacional, uno de los proyectos propuestos en el marco del Plan Decenal que incluyen museo, biblioteca, taller y sala de lectura. Se trata de una especie de, por qué no decirlo, miniplaza de la cultura, factible de ser ejecutada en todas las provincias y los municipios, para poder, a partir de ahí, llegar a los campos, que son los más olvidados en este respecto, a los municipios, que más bien son campos. Se han montado talleres —que es otro elemento, el cual, además de ser una de las tareas propias de las casas de la cultura provinciales y municipales— son motivadores para formar los comités gestores de las casas de la cultura. Han sido, además, conformados ya los Consejos Municipales de Cultura, en cada una de las dieciséis regionales.
Es importante comentar que el Plan Decenal en acción también ha permitido estructurar una infraestructura a nivel de las dieciséis regionales de educación que tienen un encargado de cultura en cada una de las regionales del país, y a su vez, que ciento y tantos distritos tengan un encargado de cultura en esos distritos, lo que quiere decir que ahora sólo faltaría formar verdaderas unidades y equipos para poder irradiar como se necesita a nivel nacional, el apoyo al fomento y desarrollo de la cultura.
Falta mucho camino por andar, pero hemos andado en ese sentido, que es lo que a nivel general ha hecho dentro de esos grandes proyectos la Secretaría de Educación a través de la Dirección General de Cultura, en los que hemos tenido el apoyo de Bellas Artes. Hemos, por ejemplo, formado períodos itinerantes que son motivacionales, para luego formar los Consejos Municipales de Cultura, y que cada región, pueblo o municipio, ellos mismos formen su consejo y su comité gestor de cultura. El caso de Azua es ilustrativo: en Azua ya la regional formó su Consejo Municipal de Cultura y su comité gestor de cultura y ya tienen los tres municipios escolares, de manera que se ha formado una gran cadena como parte de un proceso, que evidentemente no ha sido dictado pues nos faltarían amplios recursos para poder dar atención a todo esto.
Otra de las acciones fundamentales que desde la Subsecretaría y a través de la Dirección General se ha llevado a cabo es el apoyo a la evaluación de los profesionales, con los concursos anuales de literatura. Estos concursos se han hecho extensivos a niños y niñas, a través de diferentes vertientes de la cultura. Adicional a los concursos se brinda apoyo a autores en la publicación de materiales.
Nuestra ambición es una editora nacional, la cual ha sido solicitada para el presupuesto de 1997, porque no solamente serviría de apoyo a la investigación sino que serviría para fines de divulgación y promoción, además de brindar apoyo a nuevos autores, luego de un proceso de revisión.
Esto es lo existente al día de
hoy en cuanto a fomento y desarrollo de la cultura, pero nuestras miradas
están puestas además en Samaná, la zona fronteriza,
Puerto Plata y La Romana. Hay proyectos específicos para Sámana
y Puerto Plata, por ser zonas vulnerables a la invasión cultural.
Los polos de desarrollo turístico deben ser atendidos con cuidado
particular debido a que, como señalaran tanto Rubén Silié
como Jorge Cela los dominicanos sufren, en ocasiones, de una identidad
cultural débil.
León David
Apenas vamos a añadir unas pocas cosas a lo ya dicho por Celsa Albert. Estamos muy contentos de ver que todos estamos de acuerdo en todo o casi todo de lo que se ha planteado, especialmente en algo que es muy importante, y es en que la cultura, como hecho humano esencial, no es ni hipotecable ni confiscable, nadie la puede hipotecar ni confiscar para su propio provecho. En consecuencia, cuando hablamos de cultura, hablamos realmente de qué dirección queremos darle a la cultura en determinada área, o considerada en su conjunto. Considerada en su conjunto es bastante difícil, porque ya sabemos todo lo que esto implica.
Cuando hablamos de cultura, desde el punto de vista del Estado, de los instrumentos o recursos e instituciones o grupos que posee el Estado y a los cuales se les ha adjudicado ese título de "culturales", a lo que nos estamos refiriendo es a cierta área de la cultura; por un lado las bellas artes, lo que ha sido tradicionalmente considerado como tal, todo lo que tiene que ver con las artes, la pintura, la escultura, el teatro, el canto, la música, la danza tanto folclórica como clásica, etc. Es esa una de las áreas más importantes que está institucionalizada dentro del Estado, que depende de la Subsecretaría encargada de Asuntos Culturales como bien lo señalara Celsa Albert, y a través fundamentalmente de la Dirección de Cultura, depende la Dirección de Cultos y por otro lado de la Dirección General de Bellas Artes. Aquí es donde encontramos reunidos el mayor número de agentes "culturales", porque ya sabemos a qué aspectos de la cultura nos estamos refiriendo.
Desde el punto de vista de su naturaleza, las acciones culturales desarrolladas por estos organismos o instituciones tienen aproximadamente tres vías, una es la difusión a través de acciones culturales concretas, las presentaciones del coro, del teatro y del ballet folclórico y una serie de actividades de difusión; otra es la motivación y el estímulo en sectores, barrios o comunidades; y otra, la formación, en cuya área están las escuelas de bellas artes, de teatro, de arte dramático, etc. Dentro de esas áreas es que se desarrolla lo que podríamos llamar la cultura institucionalizada, por lo menos dentro de ese gran organismo que es la Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos. Ahora bien, existiendo todos estos recursos e instituciones, no ha habido hasta el momento una política cultural para darle coherencia y sistematicidad al desarrollo de las acciones de todos estos organismos. Y eso es importante tratándose de la cultura institucionalizada, de la cultura del Estado, que debe obedecer a determinadas pautas, a determinadas políticas.
En este sentido, estos organismos, por ejemplo, los de bellas artes, han hecho una labor extraordinaria, pero una labor hasta cierto punto aislada y puntual; muchas veces se hace una actividad porque se invita o porque se produce determinado acontecimiento, o porque se va a celebrar o a conmemorar una efemérides, pero no realmente en función de un programa. Esta es una de las limitaciones existentes que tenemos que empezar a trabajar para modificar y reorientar en la medida de las posibilidades.
La otra limitación es de carácter económico, porque no cabe duda que las necesidades de nuestro país son tales —desde el punto de vista de la educación formal, a nivel de primaria y de secundaria, que es el eje de la Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos— que por más recursos que se asignen éstos siempre serán insuficientes para satisfacer las necesidades básicas a nivel escolar. Entonces, el hecho es que tradicionalmente los recursos que se asignan cubren poco más que la nómina de la institución.
Procurar crear una institución
como una Secretaría de Estado de Cultura es un acierto, mas no es
mucho lo que se puede hacer mientras las actividades culturales en general
se mantengan en la situación en que hasta ahora han estado. Es muy
importante buscar la forma de darle coherencia y homogeneidad, de poder
gestionar planes y proyectos amplios, con sus proyectos. Eso no implica
verticalidad, pero sí que haya la posibilidad de tener una visión
y una coordinación general de todas las actividades culturales,
lo cual resulta muy difícil en la situación en que se encuentran
ahora todas estas entidades, grupos e instituciones culturales que trabajan
aisladas.
Minerva Vincent
El sector educación ha tenido una experiencia que vale la pena compartir con otros grupos que tratan de definir una política nacional, en este caso de cultura. Nuestro proyecto, el Plan Decenal de Educación, lo hemos asumido como una militancia a fin de poderlo promover.
Quisiéramos narrarles un poco qué es lo que hemos hecho, porque las discusiones que teníamos hace dos o tres años —sobre las vinculaciones entre el sector estatal, el sector privado, las ONGs, los organismos internacionales, y cómo podía articularse eso en un plan— tienen mucho en común con lo que se está discutiendo hoy, porque nuestra propuesta, al ser una propuesta educativa era una propuesta cultural también.
Debemos empezar por cómo nace el Plan Decenal de Educación. Frente a la crisis del sistema educativo, y a la necesidad urgente de buscar alternativas de solución, la Secretaría de Educación, Bellas Artes y Cultos, la Asociación Dominicana de Profesores, los empresarios agrupados en la acción para la educación básica, EDUCA, el Plan Educativo, el PNUD, la Coordinadora de Organizaciones no Gubernamentales y las principales universidades del país, tomaron la decisión de unir esfuerzos y recursos para propiciar el cambio sustancial que la educación del país requería.
Los antecedentes de este gran proyecto se remontan a finales de 1989, cuando la Asociación de Empresas Industriales de Herrera, el Instituto Tecnológico de Santo Domingo y la Fundación Friedrich Ebert decidieron crear un espacio para la reflexión sobre los problemas educativos y sus posibles soluciones; de ahí surge el plan educativo, antecedente del Plan Decenal de Educación. Durante más de un año, diferentes representantes de los partidos políticos y sectores de la sociedad civil, junto a la SEEBAC y al PNUD, dejando de lado concepciones ideológicas y por encima de parcelas políticas y/o religiosas, reflexionaron periódicamente sobre los graves problemas de la educación dominicana y sus soluciones; de este reflexionar surge el decálogo educativo, el cual recoge el consenso de los participantes.
En medio de esta reflexión nacional sobre la educación, se celebra en 1990 en Tailandia, la Conferencia Mundial Educación para Todos, a la cual asiste una nutrida delegación compuesta por representantes de los sectores público y privado de la educación. Las deliberaciones y conclusiones de la conferencia terminaron por convencer a todos los integrantes de la delegación dominicana que debía emprender, con carácter de urgencia, un gran esfuerzo nacional para la elaboración de un plan estratégico de desarrollo educativo que permitiera al país enfrentar con éxito sus desafíos tanto del presente como del futuro próximo. Se constituye, de esta manera, el Plan Decenal de Educación, como un conjunto de medios organizados, con el objeto de conocer, en un espíritu de alta participación, la realidad educativa nacional, de formular soluciones, así como de lograr que éstas se ejecuten. Constituye una forma innovadora de realizar la planificación involucrando a los más directamente vinculados a la educación, a las comunidades, y en general a la opinión pública en los planteamientos y en las soluciones que el país debía adoptar.
El objetivo final del Plan es lograr una profunda reforma de todo del sistema educativo, constituyéndose así la educación en la base fundamental del desarrollo nacional y de la promoción humana, lo que nos permitirá entrar al nuevo milenio con posibilidades reales de construir una sociedad más justa, más solidaria y más humana.
¿Cómo se construye el Plan Decenal? El Plan Decenal es una novedosa experiencia de participación sin precedente en la historia de la educación dominicana; es una acción en conjunto de la sociedad civil y el gobierno dominicano en la búsqueda de un consenso nacional para transformar la educación en un eje de construcción de la nueva sociedad del siglo XXI. La elaboración del mismo, y tal vez esto les pueda ser útil, contó con la incorporación de más de cien instituciones de todos los sectores de la vida nacional, con una participación directa superior a las cincuenta mil personas, a través de varios mecanismos de consulta y de construcción democrática del plan. Se organizaron cinco tipos de consulta: una, la abierta, que hizo posible que cualquier persona o institución pudiera hacer llegar sus aportes en torno a los diferentes aspectos de la problemática educativa; dos, la institucional, que permitió a las instituciones y a las personalidades más representativas de la comunidad nacional, con reconocida autoridad profesional en campos específicos, universidades, centros de investigación, asociaciones, etc., aportar sus consideraciones sobre la problemática de la educación y sus posibles soluciones; tres, la consulta nacional, que se convirtió en un proceso técnico de aportes externos a la SEEBAC a través del cual se concitó el apoyo a la formulación del Plan Decenal de Educación de diversos grupos de trabajo que estudiaron los problemas más acuciantes de la educación nacional; cuatro, la consulta interna, que involucró a todas las dependencias de la sede central de la SEEBAC, todo el personal, bajo la coordinación de sus respectivos directivos y desde las perspectivas de las diferentes áreas, y planteó lo que consideraban debía ser la educación para el nuevo milenio; cinco, la consulta regional, que permitió promover la participación de los municipios y provincias en la definición de sus particulares problemáticas educativas y culturales, así como en la formulación de sugerencias de solución a las mismas. En esta consulta se involucraron estudiantes, educadores, padres, madres, empresarios, autoridades, organizaciones campesinas, profesionales, universidades, comunidades religiosas y los representantes del sector privado de la educación de todas las regiones del país. Los aportes de estas consultas se plasmaron en el Plan Decenal, bajo la dirección de la SEEBAC y la Comisión Nacional del Plan Decenal de Educación, con el apoyo técnico del PNUD.
Estos fueron los grandes retos que nos propusimos, a los que teníamos que responder, fundamentándonos en dos indicadores básicos, que eran los actores del proceso educativo y los diferentes componentes del sistema como tal. Creemos que lo que ha posibilitado el éxito de este Plan, con muchísimas altas y bajas, es la voluntad política que expresa la presente gestión, que todas las acciones que fueron planteadas en un gran proyecto, que abarca todos los componentes del sistema, van a ser impulsados, con limitaciones, porque como decía León David, por más que se invierta en la educación ahora, siempre va a ser insuficiente ya que son muchas las demandas.
Se definieron tres grandes programas. El primero, que debemos evaluar ahora en el programa de emergencia, donde uno de los aspectos fundamentales definido como prioritario era la adecuación curricular, el currículum como instrumento que sirve como plataforma político-educativa a un país, veíamos que su reformulación era una necesidad urgente, y con la misma metodología que se siguió para formular el Plan Decenal, se formuló un nuevo currículum, donde todas estas cuestiones que ustedes están discutiendo hoy día, el problema de la autoestima, el problema de la identidad nacional, el problema del respeto a las diferentes culturas que se manifiestan en nuestro país, son muy tomadas en cuenta, no a nivel del discurso, sino a nivel de las mismas estrategias que se están promoviendo para desarrollar las potencialidades y las capacidades humanas; en ese sentido nosotros partimos, metodológicamente, de que en las aulas debemos tomar muy en cuenta los contextos específicos donde se desarrollan las prácticas educativas, que el aprendizaje debe promoverse a partir de los conocimientos previos que traen los estudiantes a la escuela, que debemos promover un diálogo de saberes, donde lo único que tenga validez no sea solamente el conocimiento avalado por la ciencia, la tecnología y las bellas artes, sino que partamos del conocimiento popular, muchas veces basado en puras intuiciones, que traen esos estudiantes.
Por eso estamos promoviendo en las escuelas un diálogo de saberes. Estamos promoviendo nuevas formas de participación en todos los estamentos del sistema, en el sentido que entendemos que una cultura democrática la vamos a lograr si la promovemos desde que somos niños y niñas, porque nosotros mismos muchas veces tenemos un discurso muy democrático y sin embargo, en la cotidianidad no somos tales. Todas estas cosas son las que, desde la educación y a partir de esa acción definida como prioritaria por el Plan Decenal de Educación que es la transformación currricular, hemos ido avanzando; como les decía, con muchas altas y muchas bajas, porque depende de la voluntad política que desde el Estado se exprese.
Pero tenemos una gran ventaja y la quisiéramos compartir con ustedes, y es que todo el diagnóstico, toda la formulación de este Plan Decenal para la Educación dominicana partió de las bases del sistema, no fuimos nosotros los especialistas los que nos encerramos a definirlo, sino que las primeras tareas que se realizaron fueron de consulta a lo que son los actores principales de todo proceso educativo, los maestros y las maestras, los técnicos, los mismos estudiantes, las comunidades, padres y madres. Se ha trabajado mucho desde el sector oficial por organizar la participación de las comunidades en apoyo al trabajo de la escuela; tenemos miles de asociaciones de padres, madres y amigos de la escuela que trabajan con las direcciones de los centros educativos; tenemos juntas administrativas distritales donde participan las comunidades para trabajar conjuntamente; que la escuela no sea solamente el espacio físico donde se desarrollan las actividades académicas, sino que el vínculo entre la escuela y la comunidad denote desde la planificación, el desarrollo de las actividades y hasta el mismo sistema de evaluación. Y esto lo hemos podido lograr aun en momentos en que no había un fuerte apoyo, al contrario, muy bajo apoyo desde la misma Secretaría de Educación, porque si bien es un plan coordinado y orientado por la Secretaría, ya tiene una fuerte base dentro de lo que son los diferentes estamentos del sistema, y cuando esa voluntad no se expresa, esas bases son las que demandan que el Plan Decenal de Educación siga ejecutándose.
Es una experiencia que vale la pena
conocer, nosotros tenemos ya decenas de publicaciones sobre cómo
se ha hecho, cómo se ha ido avanzando, hace falta sí una
reflexión crítica de los puntos problemáticos existentes,
contradicciones que se expresan cotidianamente, pero sí creemos
que puede ser una experiencia tomada en cuenta por cualquier sector que
quiere impulsar programas realmente que articulen esfuerzos, que se desarrollan
desde diferentes instancias. En la Secretaría de Educación
estamos a sus órdenes, somos mucha gente, aquí hay compañeras
y compañeros que han participado y que están comprometidos
también con este Plan, y esa experiencia estamos deseosos de compartirla.
Rubén Silié
Quisiéramos hacer unas precisiones muy breves. Primero, con respecto a lo señalado por Marcio Veloz Maggiolo en cuanto a la diáspora dominicana. Estamos de acuerdo en que la diáspora dominicana debe de ser incluida dentro de un programa nacional de cultura; es decir, no debemos establecer ninguna diferenciación, porque se trata de una producción cultural dominicana fuera del territorio nacional. Los dominicanos en la diáspora producen cultura dominicana y por lo tanto deberían formar parte de una reunión como ésta para que sean partícipes, desde el primer momento, de la definición de lo que son sus propios intereses.
En ese sentido, hay que llamar la atención sobre algo que se ha planteado en varias oportunidades sobre el temor a lo extraño, a la cultura extraña, a la injerencia externa. En realidad —por lo que decía Marcio Veloz Maggiolo en el sentido de que la cultura es algo plástico, que se elabora y se va transformando día a día— no podemos estar tan temerosos de lo externo, lo que tenemos que hacer es afirmar nuestra identidad real y a partir de ahí procesar cualquier influencia. El mismo hecho, por ejemplo, de los compañeros dominicanos de la diáspora, ellos no tienen una forma de ser cultural exactamente igual a la nuestra; esas pluralidades tenemos que acostumbrarnos a aceptarlas, por lo que es necesario conducir cualquier razonamiento sobre la base de la aceptación de esas diferencias. De ahí nuestro miedo, cuando hablabamos de la oficialización, de que sustituyamos una visión oficial de la cultura por otra visión oficial de la cultura.
El gran aporte de este gobierno, y nos referíamos antes a los gobiernos, sería precisamente desoficializar una serie de valores tradicionales que han guiado el ejercicio de la actividad cultural, que limitan y excluyen la posibilidad de la participación de algunos sujetos de cultura. Es necesario exigirle al Estado que desoficialice la cultura oficial dominicana para poder dar entrada al escenario cultural, con todo el derecho y toda la fuerza, a los sectores mayoritarios de la nación dominicana.
Finalmente, por lo anteriomente dicho, es necesario establecer algunas diferenciaciones. Una cosa es el apoyo a la creación artística en sí misma, que es lo que clamaban los artistas desde su punto de vista; evidentemente, ellos no necesitan que les tracen pautas, están produciendo cultura y lo están haciendo bien, entonces lo que se necesita es que se les apoye.
En consecuencia, lo que un programa
de desarrollo cultural como éste podría ofrecer como orientación
global a la nación, está dado sobre nuevas nociones que,
por una parte ofrezcan nuevos contenidos, y por la otra apoyen la formación
en lo cultural, es decir, dos niveles. Un tercer nivel, que sería
el aspecto institucional, es un programa de apoyo institucional para integrar
los organismos estatales, privados, paraestatales, etc. Es necesario moverse
entonces en esos tres niveles, sin necesidad de esperar un largo plazo;
por ejemplo, el apoyo a la creación artística se puede hacer
y diferenciar inmediatamente, es decir, por cuáles líneas
vamos a caminar, porque debe incluir esas tres grandes vertientes.
Luis Brea Franco
Provenimos de la filosofía, y decimos esto porque quisiéramos partir de un esquema, muy breve, de lo que para nosotros es la cultura. Cultura es fundamentalmente un proceso, por una parte es un proceso creativo en cuanto crea símbolos, y es a la vez un proceso [...]
[...] de eso que se ha producido, eso es un elemento, es un proceso dialéctico que se mantiene el uno dando respaldo a los otros, y en ese proceso se debe integrar lo diferente en lo propio. Es decir, la cultura en sí es un proceso incluyente, aunque incluyendo también excluye y se constituye así la identidad de un pueblo; entonces, en ese sentido, pensamos que si partimos de ese concepto dinámico de la identidad, cultura debe verse como un proceso que debe fomentar el mismo proceso; es decir, la creación y la conservación de lo que ya tenemos, debe fomentar la integración y debe proyectar, es decir, llevarla a quienes no tienen conciencia o presentarles la posibilidad de que adquieran conciencia de dónde están situados. Al mismo tiempo, debe ser un proceso que contribuya a la formación, de suerte que algunas de esas personas sean llamadas también a convertirse nuevamente en creadores, y así darle vida al proceso mismo.
Partiendo de éste; que sólo es un esquema, está claro que la necesidad de una Secretaría de Cultura es evidente, se impone por la incoherencia y la ineficacia, la incoherencia de los asuntos culturales en este país, y por la ineficiencia del accionar cultural, fundamentalmente del estatal. En ese sentido, se necesita un instrumento estatal, un instrumento de política que brinde asistencia, una asistencia estructural, digamos burocrática, coordinadora; y una asistencia facilitadora y de estímulo; en ese sentido, la Secretaría vendría a integrar como decía Marcio Veloz Maggiolo, las estructuras estatales. Desconocemos, por qué, por ejemplo, el Archivo General de la Nación es manejado por Interior y Policía cuando debería manejarse a nivel de biblioteca.
En ese sentido, creemos que los proyectos del PLD y del PRD concuerdan, no hay dos proyectos, hay un proyecto, porque las personas que trabajamos en el proyecto del PLD en el 1990, luego algunas han trabajado en el del PRD, o sea que es el mismo proyecto visto desde dos vertientes diferentes.
La Secretaría es necesaria no solamente por razones de coherencia, eficacia y asistencia, sino también por hacer más eficiente la inversión pública en el sector. Marcio Veloz Maggiolo mencionaba algo que quisiéramos recalcar, la necesidad de un diagnóstico. Para una Secretaría de Cultura necesitaríamos fundamentalmente hacer un diagnóstico: qué existe, qué podemos hacer, cuál es el papel de cada una de las instituciones, qué debemos fomentar; y para eso se impone una coordinación previa. Hace unos meses un grupo preparó un proyecto en el cual proponíamos la creación de un organismo intermedio entre el caos actual y la Secretaría de Cultura, el cual llamamos Comisión Nacional de Cultura, a ser visto como un organismo de transición para realizar ese diagnóstico y comenzar a crear una coordinación en el sector cultural. Por ejemplo, los patronatos se han convertido en los patrones de las instituciones a las que pertenecen, entonces, si va a haber una política cultural, es necesario ponderar el papel de los patronatos. En esa ocasión se propuso una comisión pensando, además, que el área de cultura no debe de ser manejada inicialmente, en este caos, por una sola persona; por lo tanto en ese proyecto cada uno de los miembros de la comisión se ocuparía de coordinar un área determinada.
Ahora bien, desde nuestro punto de vista se haría necesaria la creación, sea la comisión o lo que fuere, de un organismo intermedio, transitorio, que haga ese diagnóstico, que elabore esa coordinación preliminar, que afine el presupuesto consolidado del sector, porque no sabemos cuánto estamos gastando en el sector cultural. Todo ese tipo de trabajo debe llevarlo a cabo una comisión o un organismo intermedio, un instituto, que sea preferiblemente un organismo colectivo, aunque la ejecución esté en manos de, podría ser un comité ejecutivo, dos o tres personas.
Luego tenemos que ver, también, que hasta ahora sinónimo de cultura en nuestro país ha sido la capital, Santo Domingo. Entonces, tenemos que considerar que no es que de aquí les vamos a llevar la cultura a los pueblos, a las provincias, sino que tenemos que ir a las provincias a escucharlos a ellos y ver qué tipo de cultura y qué organización ellos quieren tener. Por ejemplo, nosotros en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña estamos haciendo una experiencia bellísima con la provincia de Pedernales, estamos dialogando con la comunidad y van saliendo estructuras que ellos mismos están proponiendo, porque ellos mismos son los que le van a dar el calor a esa estructura; si nosotros les imponemos estructuras éstas van a ser falsas, porque las van a abandonar; no es con plazas de la cultura, como el anterior gobierno, que se organiza la cultura; es dejando que la gente diga y que manifieste lo que desea en ese sentido.
Otra labor fundamental, con la cual nos puede ayudar muchísimo la UNESCO, son los inventarios; en el país creemos que hacer inventarios de cultura es contar lo tangible, los cuadros, las piezas de un museo; pero hay personajes que son hechos culturales: la Barajita de nuestra infancia, el Maco Penpen, Cambumbo, son hechos culturales; de nada vale que diseñemos bellísimos programas, somos capaces de eso y de más, lo importante es que ha llegado el momento de poner los pies sobre la tierra, se necesita coherencia y eficacia para poder salir adelante.
Una proyección a nivel regional y local es lo que va a producir la real democratización de la cultura, no es algo que se imponga desde arriba. Es en ese sentido que una secretaría o una institución estatal puede brindar apoyo para el desarrollo de lo cultural; sólo si toma ese marco, llamémosle estructural, podríamos hablar de proyección cultural y de lo que planteaba Soledad Alvarez, de crear los canales adecuados al Estado para una política y una proyección popular