Celsa Albert

La editora nacional fue propuesta desde la Dirección General de Cultura, incluso está programada para el 1997, pendiente de ser aprobada en el presupuesto.

Un tema muy importante que quisiéramos comentar es el foro de ministros de cultura de América Latina y el Caribe. Ya se ha conformado en un equipo internacional; ese foro de ministros de cultura ?del que participamos hace cuatro años como coordinadora nacional? ha creado el sistema de información cultural para América Latina y el Caribe. Este proyecto incluye un inventario, por lo que nosotros hemos tomado un inventario. El último de los inventarios que tenemos ya ha sido redactado en un proyecto de orden departamental para contabilizar todos los grupos culturales ?nótese que no les hemos llamado artísticos, sino culturales, partiendo de que cultura no son sólo los aspectos artísticos más generales.

La UNESCO y la ORCALC nos han brindado apoyo técnico para el sistema nacional de información cultural dominicano, del cual ya tenemos unos cuantos instrumentos y sobre el cual hemos tenido algunas reuniones con las instituciones culturales. El primer levantamiento hecho fue en cumplimiento de los requerimientos del CICLAD que había solicitado un plan piloto; nosotros, sin embargo, continuamos con el inventario de modo que tenemos un directorio de todas las instituciones culturales y afines en la Dirección General de Cultura. Creemos que un inventario de esta naturaleza es un paso previo importantísimo para un programa de desarrollo cultural.

En cuanto a la política cultural, todos sabemos que el presidente Leonel Fernández está de acuerdo con que se celebrara este encuentro, lo cual evidencia voluntad política en el proyecto en discusión. Además del hecho de que legalmente el estado está en la obligación de prestar su apoyo y es consciente de que sin apoyo económico no se puede invertir en la cultura. En nuestra opinión ?más bien la de la institución que representamos? el que se defina una política cultural estatal no implica manejo ni administración de la cultura por parte del Estado, sino facilidades para su desarrollo. Lo importante es determinar cómo se apoya a las instituciones que trabajan con la cultura: una vez tomado el inventario de los grupos culturales podrán establecerse cuáles son sus necesidades y definirse los subsidios que se les otorge en el marco de una política de Estado.
 

Rafael Villalona

Sentimos que si no buscamos la manera de agenciarnos nuestros propios recuros no vamos a tener movimiento cultural. Nos referimos a que todo el mundo se ha amparado en una definición de lo que es cultura para poder apoyar sus alegatos. En nuestra opinión cultura no es solamente identidad, sino también innovación, pero innovación en dar respuestas a necesidades, en la consecución de recursos para materializar nuestro movimiento, por lo que quisiéramos que Germán Carnero nos informe sobre el rol desempeñado en este sentido por la UNESCO.
 

Germán Carnero

Efectivamente, es necesario aclarar el rol de la UNESCO. Para empezar, la UNESCO no es una agencia financiera, no somos un fondo de financiamiento como es el PNUD, o el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, el Banco Mundial o el BID. La UNESCO es un organismo de carácter técnico que, por sus características, se ocupa prácticamente de todo lo que hace la humanidad en los campos de la educación, la ciencia y la cultura. Siempre señalamos lo que dice el Director General en el sentido que la UNESCO lo que busca ser es un poco la levadura en el pan; es decir, nuestro rol es estar detrás o motivar las capacidades de la gente para reflexionar en sus problemas, y para ver cómo nosotros podemos de alguna manera vincular y potenciar ideas. En este caso concreto, a propósito del cambio de gobierno que se produce en República Dominicana, lo que la UNESCO puede ofrecer es la posibilidad de convocar a un foro para que los intelectuales y los artistas, la gente encargada de la cultura en República Dominicana, pueda hacer una serie de planteamientos que lleven a la elaboración de un programa que tendría que ser luego planteado, y esto con el acuerdo del presidente Leonel Fernández, a unos foros a nivel nacional, de tal manera que se convierta en un programa movilizador de la sociedad dominicana, que tendría que buscar fuentes de financiamiento ahí donde los hubiera.

El PNUD se ha comprometido a financiar el costo de los foros. Esto es un proceso, nosotros en el caso específico del libro, lo hemos hecho en otros países, hay una política del libro desde luego en la UNESCO, y nosotros podríamos enviar un técnico para que discuta con el gobierno dominicano la forma de viabilizar la posibilidad de crear una editorial en República Dominicana; de ninguna manera la UNESCO puede financiar la editorial de la República Dominicana. Repetimos que la UNESCO no es una agencia financiera, su rol es un poco fungir como agencia intelectual del sistema y estamos en la base de las preocupaciones que tienen que generar acciones para resolver esto.

Aquí lo importante es que hay una voluntad política del gobierno dominicano actual para abrir un espacio de reflexión que conduzca a la elaboración de un programa de desarrollo cultural y que además, en esta reunión, se dan confluencias absolutamente auspiciosas, porque hay sectores representativos de toda la sociedad que, por lo que he podido observar, coinciden en planteamientos que son preocupaciones de la sociedad.

Lo anterior significa que es posible sacar de aquí una serie de ideas fuerzas que nos posibiliten desarrollar o establecer un programa de prioridades, teniendo en cuenta todo lo que ha sido discutido, y elevarlo al gobierno para que se ejecute este programa; y que no sea un programa que responda al sector gubernamental o al partido en el gobierno, sino que en lo posible sea un programa de toda la sociedad dominicana.

Y desarrollo cultural son muchas cosas, es desde el establecimiento de una editorial hasta privilegiar la cultura popular. Es decir, lo que la UNESCO está haciendo con esta acción, y a raíz de las entrevistas que hemos tenido con el sector gubernamental y particularmente con el Presidente de la República, es potencializar o crear el espacio de reflexión que es éste que hemos creado, para que estas ideas surjan, para que sea un lugar de encuentro de los diferentes sectores, y que emanen las ideas claves que nos van a permitir elaborar este documento que es de desear, que sea discutido a nivel de foros nacionales, en donde todo el mundo participe y que este programa de desarrollo cultural, que es imposible de definir en este momento, pero que va a tener una variable muy grande, se convierta en un gran proyecto movilizador de la sociedad dominicana.

La cultura, entendida en su acepción más amplia, va desde la política del libro hasta la participación democrática. Eso es lo que genera la diferencia de lo que ha pasado en República Dominicana, también genera la diferencia con respecto a otras realidades de la propia América Latina; porque esta oportunidad que la UNESCO encuentra ahora en República Dominicana no es tan fácil, no queremos citar nombres de gobernantes, pero estamos seguros que si este mismo planteamiento se lo hubiéramos hecho a otros presidentes de la región, probablemente no lo entenderían o no lo querrían, eso es lo que marca la diferencia, y lo importante no es tanto el hacer un listado de las necesidades precisas, como una editorial, sino lo que importa es crear este proceso, participar en este proceso y hacer que este proceso sea lo más masivo posible, lo más representativo de toda la sociedad dominicana; eso es lo que entendemos es la levadura en el pan, y ese es el rol de la UNESCO, porque recursos nosotros no tenemos para solucionar, pero sí la UNESCO puede ser un vehículo para conseguir recursos de otras fuentes de financiamiento, sean estatales o de otros organismos internacionales, como es el caso concreto del PNUD.

La siguiente etapa de este proceso ya estaría entonces financiada de esa manera. Si de ese proceso surge un proyecto el gobierno dominicano y todos aquellos que participemos tendremos que encontrar la forma de financiarlo para potencializar todo lo que podría ser un gran proyecto de movilización y participación en el desarrollo cultural de la sociedad dominicana.
 

Roldán Mármol

Nos parece importante homogeneizar algunos criterios básicos, particularmente a la luz de la diversidad de personas que participan de estas reuniones, cada una proviniente de un área diferente, cada una con experiencias, prácticas, posiciones e intereses propios. Por eso es importante una confrontación, un cruce de ideas y reflexiones.

Parte del esfuerzo de la Fundación Cultural Bayahonda está dirigido a propiciar la articulación entre personas que trabajan las áreas artísticas y el trabajo directo con las comunidades, con la cultura popular. Esta última es una práctica que parte, fundamentalmente, de las experiencias concretas de trabajo con las comunidades en diferentes regiones del país, trabajo éste que nos ha permitido apreciar la extraordinaria diversidad al interior de nuestra cultura. Cada región del país representa una realidad histórica cultural completamente distinta, y en el caso particular de Santo Domingo, la diversidad existente es significativa, especialmente a partir de los sesenta, con las olas migratorias y la conjugación de lo rural urbano, con los trasnacionales, esa conexión con las poblaciones no solamente de los Estados Unidos, sino también de Venezuela y España. Este es un punto sumamente trascendente que debemos seguir profundizando, discutiendo y trabajando.

Nosotros tenemos los congos, una manifestación mágico-religiosa muy particular de la zona de Villa Mella, tenemos la sarandunga, el gagá, el bambulá, manifestaciones culturales que muchos desconocemos y que debemos de conocer y propiciar la forma de producir los niveles de socialización, de complementariedad, al igual que los espacios de expresión, que permitan el reconocimiento de las identidades que producen estas manifestaciones. Este es un punto a discutir en la propuesta de política cultural, especialmente, cuando consideramos el gran peso que se le da a lo occidental, como planteaba Dagoberto Tejeda, en la formación de los intelectuales y en la mayoría de las prácticas desde los espacios de poder.

Podemos tomar como ejemplo de lo anterior al cimarronaje, un proceso de tanta trascendencia como la colonización en la conformación nuestra a nivel histórico y sociocultural, que sin embargo no se estudia ni siquiera a nivel de maestría en el área de sociología política en el país. No obstante el cimarronaje permear la identidad cultural dominicana a nivel nacional; definir las caracterísiticas de asentamientos regionales de las distintas poblaciones; explicar por qué el comportamiento, la conformación étnica y la diversidad de expresiones culturales dominicanas, éste no se menciona. Existen dos realidades culturales diferentes: la visible, oficial, reconocida y permitida y la soterrada, oculta, que no obstante permanece viva.

Otra discusión importante ?y complejísima? es la concerniente al problema de la relación de lo tradicional y lo moderno, especialmente lo contemporáneo; que es un punto de debate al interior de la Fundación Cultural Bayahonda. Actualmente la Fundación graba un CD sobre música autóctona dominicana que incluye palo, salve, congo y gagá, y que ilustra e integra esa parte tradicional con los aportes de esta generación a nivel contemporáneo.

Es importante visibilizar las grandes dimensiones de la cultura: una es la estructura simbólica, sobre la cual Dagoberto Tejeda hizo bastante énfasis, la parte de los símbolos, tan determinantes para los procesos de identidades. Otra es esa parte de la estructura simbólica y de los valores, que es tan básica en los procesos de educación, formación, modificación de prácticas, etc., como en el caso de la relación género-cultura, donde no se ha tenido la visión de articular una propuesta que integre el género y la cultura, lo que abriría la posibilidad de cambiar una serie de patrones de comportamiento. Otras son las socioculturales, a nivel mágico-religioso, al que corresponden, por ejemplo, los carnavales. Aún otra manifestación es la relación entre cultura y mercado, tema que sigue siendo tabú y que es importantísimo que se incorpore a la discusión no solamente por la coyuntura internacional actual y por motivos de la globalización sino por la necesidad que de ello tienen los artistas.

El turismo sirve para ilustrar lo recién expuesto: en República Dominicana nunca se ha vinculado el turismo a la cultura nacional, y esto está relacionado a esa negación de la cultura popular, ya que si se articula a qué se va a relacionar, con qué, tendría que haber un grado de reconocimiento hacia esa cultura. Algo similar sucede en el caso de la artesanía, en el país no hay una propuesta de artesanía, aquí se tiene que importar artesanía de Haití y de Suramérica, y es esto lo que se está vendiendo en el Mercado Modelo porque no hay una propuesta de calidad que además sea representativa a nivel simbólico de lo que somos que se pueda conectar con el turismo y como consumo nacional e internacional.

Caso similar es el de las producciones artísticas en el sentido de que se espera que ese tipo de producción no sea comercial a la vez que se entiende que no tiene trascendencia ni validez. Esto sucede con todas las producciones artísticas con una visión distinta, que vayan más allá del simple consumismo. En este sentido es que nos parece importante que se profundice una reflexión lo más amplia posible sobre la relación entre cultura y mercado y la problemática del desarrollo.
 

Narciso Sosa Barragán

Arriesgo una propuesta, un par de razones metodológicas y una bien fundada esperanza en la cultura dominicana como un auténtico proceso educativo de toda la población. Lo primero, concretamente, sugerir que la cultura se inscriba como política y estrategia en el concepto de la educación permanente, que haga posible caracterizar la participación como un proceso de autogestión y adquisición de poder, enfatizando la dimensión política que tiene tal participación y que significa tener acceso real a los procesos de toma de decisión en los recursos para administrar el proyecto diseñado y elegido participativamente hacia objetivos y metas definidos grupalmente. La otra razón, es aplicar la metodología prospectiva; de hecho, el peso de la inercia y la muchas veces engañosa fidelidad al pasado nos impiden con frecuencia vislumbrar el futuro de nuestras instituciones en un mundo de acelerados cambios; el futuro es incierto para todos, pero más para quienes no piensan en él y no se orientan por él, futuro que habremos de cercar si somos capaces de romper nuestros esquemas obsoletos, de superar nuestras debilidades y utilizar nuestras riquezas. El futuro, ciertamente, no es predecible, pero sí es determinable en la medida en que la conciencia humana actúa sobre ese futuro, y deja de ser incierto cuando conscientemente lo determinamos, lo transformamos en un actuar presente, que nos transforma y nos permite vislumbrar un nuevo futuro gracias al cambio en nuestro ser persona, que experimentamos con nuestro actuar. La prospectiva se sustenta en la esperanza como fortaleza, que hace hoy realidad el futuro deseado y posible, porque genera estrategias y mecanismos que permiten comenzarlo a vivir, transformando así la realidad presente, llevando a cabo cambios estructurales y evitando que crecer sea sinónimo de llevar a cabo decisiones y acciones que significan más de lo mismo.

En el marco de esas consideraciones habría entonces que pensar en un proyecto participativo y prospectivo de la cultura dominicana al año 2020, que le dé pertinencia y coherencia a la inversión y gasto, como quiera que el vigor de la cultura que va a la identidad y a la autoestima enriquecidas también elevan la productividad económica y social al abatir el costo de las conductas antisociales. En síntesis, sostenemos que un proyecto educativo comunitario consiste en desatar un movimiento educativo a través de la participación, buscar la colaboración de los diversos agentes sociales en las diversas localidades, asumir propósitos educativos propios, establecer metas y conjuntamente comprometerse a lograrlas, y vincular las acciones de las instancias gubernamentales. Un proyecto educativo se formula en las siguientes fases: estructuración histórica del desarrollo de la comunidad, con especial dedicatoria al señor Veloz Maggiolo, y establecimiento cronológico de hechos relevantes; establecimiento de criterios referenciales de interpretación histórica, valoración pragmática referida a los fines del desarrollo, y hasta una elaboración de gráficas del desarrollo; diagnóstico situacional, descubrimiento de los problemas comunitarios vinculados con la cultura, ubicación de los recursos para el desarrollo con que cuenta la comunidad, análisis de necesidades de desarrollo locales, conexión entre necesidades, problemas y recursos; conocimiento de la vocación cultural de cada localidad, grupo, etc.; manejo de información ya elaborada y creación de bancos de información local; delimitación de fuerzas y debilidades, generación de propuestas de solución; desarrollo de visiones prospectivas del desarrollo de la comunidad, la localidad, el mundo, municipio, estado; escenarios prospectivos, lógicos, utópicos; potencialidades y posibilidades; dinámicas de transformación, decisiones estratégicas, líneas de acción, proposición de actividades, cruzamientos, interacción, vinculación e incidencia de actividades, ponderación y selección de actividades estratégicas, prioritarias, de impacto, de apoyo; vinculación con los compromisos de desarrollo del gobierno y de elección comunitaria del proyecto cultural; el consenso y el compromiso; participación social en la puesta en marcha del proyecto cultural; clarificación terminológica; acciones en las diversas instancias, vinculación entre diversos agentes, los protagonistas de la cultura y sus proyectos; diseño y formación de redes de apoyo al desarrollo, estrategias de participación, canales de comunicación, aplicación de instrumentos de organización e interacción.

La finalidad de un proyecto cultural comunitario se descubre cuando se ubica en el tiempo y el espacio, y se vincula con los problemas reales de la comunidad; por tanto, conviene reflexionar comunitariamente sobre cómo en la globalización generalizada existe planificación globalizadora, planificación comprometida de toda la sociedad, formular en un contexto de educación permanente que garantice un cambio estructural con dirección propia, coincidente con los propósitos del gobierno de la nación. Un proyecto prospectivo de esta naturaleza asegura, pretendemos, la interacción de los diversos sectores de la sociedad y el gobierno en todos los niveles, propone perfiles de desempeño social definidos, como proyecto de acción, para que se asuman como futuro que pueda tener presencia en los niños, jóvenes y ciudadanos, a través de la educación permanente, hace realidad la construcción de la historia del futuro desde la localidad y el municipio, promoviendo en el comportamiento hábitos de identidad, justicia, democracia y soberanía para la mejor convivencia humana en el constante mejoramiento del bienestar económico, social y cultural de los ciudadanos.

Evangelina García Prince

Por una deformación profesional terrible, se nos ocurrió ayer tratar de hacer un análisis estratégico de los puntos conversados aquí y convertir eso en una especie de diagnóstico estratégico en relación con el proyecto. Sacamos como conclusión, que este proyecto tiene las siguientes oportunidades:

Primero, la coyuntura de cambio, a la cual se refirió ampliamente Dagoberto Tejeda, es una oportunidad, que está dada por un gobierno reciente; la segunda oportunidad, valiosísima, que ha sido reiterada por ustedes, es la voluntad política del Presidente de la República de abrir un espacio de reflexión dentro del marco de los hechos culturales.

Segundo, a este proyecto también le vemos, estratégicamente, amenazas. Quizás nos equivocamos, pero que aparecieron como posibles amenazas para el alcance de un proyecto tal: uno sería, con todo respeto, la aprobación de una ley que puede crear una institución de tal nivel político-administrativo que impida, por los recursos de carácter legal y de carácter administrativo, el desarrollo a plazo medio de los elementos centrales de este proyecto. Y esto es una amenaza porque no depende del proyecto, de esta gente, sino que depende de un factor externo. Dos, pensamos que otra amenaza podría ser que se vea desde algunas posturas político-partidistas, al ser latinoamericana sabemos dónde nos estamos moviendo, en torno al tema, el proyecto es un proyecto de gobierno, es un proyecto integralista, que puede ser instrumentado a los fines de gobierno y que no se vea como un proyecto nacional. Es obvio que hay un deseo de todos los sectores de marchar sobre iniciativas transformadoras.

Otra fortaleza que tenemos a favor de nuestro proyecto es que hay numerosos estudios y diagnósticos anteriores. En tercer lugar, otra fortaleza que tiene este proyecto es que hay iniciativas culturales concretas desde las ONGs, desde los grupos culturales que son proclives, que crean un piso, una cuna para un cambio en la naturaleza que el proyecto, por lo que hemos hablado, podría inducir. Aún otra fortaleza es que hay coincidencia en los programas de los partidos políticos. También en las acciones desde el Estado hay ciertos aspectos preliminares que son importantes para un proyecto, como lo es el Plan Decenal. Pero ahí tenemos unas cuantas debilidades; tenemos oportunidades, amenazas, fortalezas y debilidades.

La principal debilidad que tendríamos que superar es la ausencia de una política cultural orgánica que responda a un propósito de democratización de la cultura, y que nos pueda servir de base para un arranque con una cierta facilidad. Otra debilidad son las limitaciones de financiamiento para un proyecto de este alcance; también, hay una relativa desarticulación Estado-sociedad civil-cultural organizada; otra debilidad podría ser el que los actores culturales no están suficientemente conformados para una intervención política eficiente desde una perspectiva de liderazgo cultural; es necesario una estrategia en ese sentido. Por otro lado, pensamos que una debilidad importante es la insuficiencia, hasta el momento, de espacios y capacidades para la concertación de un proyecto de esta naturaleza.

Dicho lo anterior diríamos, muy puntualmente, que hay ciertas cosas con las que es necesario trabajar este proyecto: primero, tenemos que adoptar una metodología estratégica, es decir, esto hay que trabajarlo como una estrategia de cambio y no como un plan, como un proyecto, sino realmente como ha dicho Germán Carnero, como un proceso; y como proceso, con una metodología eminentemente estratégica, dadas las condiciones de este diagnóstico y del que probablemente puede surgir de la relatoría. Si se va a trabajar un proyecto de esta naturaleza, éste debe tender a un concepto amplio de cultura; es decir, cultura en la corriente principal de todas las decisiones públicas, económicas y sociales, no es solamente cultura el sector convencional, sino lo cultural se encuentra presente en todas las decisiones del Estado, de otra manera no tiene el alcance global de un proyecto cultural político. En tercer lugar, para las particularidades del proyecto, uno de sus principios esenciales tiene que estar dirigido a hacer de lo cultural una decisión esencial de la democracia, y por eso veíamos ayer que las dos corrientes de conceptos y de experiencias que se virtieron en este foro estaban dirigidas a dos planos: uno, el de la política cultural, y el otro el de la cultura política; política cultural y cultura política. En cuarto lugar, diríamos que hay que centralizar en este proyecto el concepto de desarrollo de la ciudadanía cultural. Por ciudadanía cultural entendemos, entre otras cosas, la formación de los actores a través de la construcción de las capacidades que esos actores en algunos casos no tienen completamente para el ejercicio de sus funciones culturales.

Por eso solicitamos la Constitución, porque de donde tenemos que partir es del proyecto nacional para hacer un proyecto cultural, ¿y dónde está el proyecto nacional?, pues en la Constitución, hay que remitirse a ella y ver cuáles son los derechos culturales en ella definidos; y si no están, ello tiene que formar parte de la estrategia, para que tenga sentido global, abarcante, holístico, etc. Esa es una lucha que hay que dar; no es cuestión de lanzarse a cambiar la Constitución, todo a su tiempo, pero hay que tener eso presente, porque ahí están las claves de arranque de un proyecto grande en el cual estamos hablando de derecho, un ejercicio de la dimensión cultural de la ciudadanía como le llamamos. Para el desarrollo de la ciudadanía cultural, que para un proyecto de cultura política de participación masiva, hay que atender muchísimo el tema de los liderazgos culturales; porque reflexionemos a ver si el sector de la cultura tiene presencia en la discusión nacional de los procesos económicos, de los procesos sociales y de los procesos políticos, ¿hay una opinión de este sector sobre la vida nacional?, ¿o es que todavía estamos en la posición de aislamiento, como ocurre en muchos países?, no digo que en éste, o ¿tenemos realmente liderazgos?

Respecto de la concertación, que es para esta época y estas sociedades una búsqueda de cultura como elemento de paz, porque estamos hartos de las guerras, de las contradicciones, vivimos en sociedades que no tienen procesos de resolución pacífica de los conflictos incorporados en su cotidianidad; nosotros tenemos que crear entonces los espacios y los mecanismos de la concertación, de la negociación; esta experiencia es maravillosa porque tiene ese sentido de ser una experiencia de concertación. Venimos de una sociedad donde estamos en un proceso de construcción de la paz después de un conflicto de guerra de más de diez años, trabajamos en Centroamérica y en Nicaragua, donde hemos partido de estos esquemas, de la formación construcción de los actores y de la creación de los espacios de concertación, así como de la dotación a los actores del ejercicio de ciertos elementos de derecho que tienen que ver con la ciudadanía.

Algo que nos llama la atención es que es importante para ustedes, y lo han demostrado, el cambio en la cultura política tradicional, y eso no se da sino a través del ejercicio de la ciudadanía. Diríamos, para terminar, que aparte de la ciudadanía como ejercicio de derechos individuales y colectivos, como capacidad para presentar intereses y demandas culturales de la población, como capacidad para representar intereses, como autonomía y como participación en la toma de decisiones, pareciera que ustedes están apenas en el segundo espacio, y que tienen que progresar hacia los otros tres en el ejercicio de una ciudadanía integral desde el punto de vista cultural. Pareciera que estamos aquí, y nos interesó muchísimo el tema de la identidad, pero quisiéramos advertir que no caigamos en la trampa de asumir el tema de la identidad como un repliegue sobre lo nuestro exclusivamente, sino como un protagonismo basado en la identidad que se proyecta a la globalidad, porque el mundo de hoy es un mundo de tensiones, entre la globalidad y lo local, por mucho que afirmemos la identidad no vamos a liquidar los procesos de globalización.

Si la UNESCO tuviera dinero con qué reparar el daño, los llevaríamos hasta el vestíbulo para hacerles una demostración viva, una vez ahí le tiraríamos una gran peña al espejo en la entrada y lo trizaramos, y como dice José Joaquín Bruner, un gran maestro de América Latina, les dijeramos veámonos; ahí nos veríamos todos, cada uno vería su cara, pero desde una perspectiva que el espejo trizado, como dice el maestro, nos permitiera. Nuestras culturas son tejidos interculturales de pisos de épocas, de pisos de tradiciones étnicas, la pelea entre lo étnico, lo social y el origen cultural es una pelea que ya no tiene sentido, porque todo está entretejido, somos espejos trizados. Y es sobre esas realidades concretas sobre las que tenemos que trabajar, porque lo que sí es cierto es que tenemos una identidad y somos distintos. Hace dos años el presidente Samper, en una reunión en Cartagena, contaba una anécdota que marca lo que es el sentido de lo latinoamericano, en lo cual no es extraño lo caribeño, lo dominicano o lo venezolano; en un momento de su carrera política le preguntaban si podía él intermediar entre algunos campesinos e indígenas que tenían grandes extensiones de tierra sin cultivar, que era la queja de los terratenientes; entonces Samper fue donde los indígenas y les dijo que el problema era que tenían esas grandes extensiones de tierra sin cultivar, de tierras improductivas; de allí él se fue con una gran enseñanza, porque los campesinos le dijeron que ellos no querían la tierra para producir, sino para mirarse en ella, la tierra es nuestro espejo.

En este tipo de cosas, que conforman la identidad, se juega con la globalidad que impone la competitividad y la producción, la necesidad de producir. La habilidad nuestra está en buscar el punto medio aristotélico en estas tensiones, sin replegarnos sobre la identidad sino insertándonos en ella productivamente.

Sergio Zermeño

Decía Carlos Andújar, comentando a Rubén Silié, que la innovación y tradición son el tema central de esta discusión, de esta búsqueda de proyecto de desarrollo cultural. Aceptar los efectos de los cambios u oponerse a ellos, los patrones culturales no son estáticos, decía, efectivamente. Posteriormente el tema fue tratado en varias ocasiones por Angel Mejía, el Estado tendrá que crear mecanismos para este reforzamiento de la identidad, también las instituciones independientes, decía él. Celsa Albert se interrogaba por el problema y ejemplificaba este mismo tema diciendo que todo polo de desarrollo turístico debe ser atendido porque sabemos de las debilidades que estos polos generan para la cultura. Creemos que ahí está el tema, hay una relación muy difícil entre innovación y tradición, y en esta época, en donde la velocidad y la intemperie globalizadora son tan brutales.

Aquí debemos hacer un paréntesis. Si esta misma discusión hubiera tenido lugar en México, la frecuencia con que los conceptos de globalización, destrucción de la soberanía y todos estos referentes hubieran estado en la conversación, hubiera sido altísima; pienso que la frecuencia de esto en esta conversación fue bastante baja para la época en que estamos viviendo. Eso es muy importante. Términos o referentes que en otro momento eran relegados a segundo plano, en este momento regresan a primer plano, particularmente el referente a la velocidad del cambio; eso que es el referente máximo, digamos, de la modernización, en este momento ha caído en desuso, es decir, los referentes a ir más lento, y los referentes a estar más defendidos, son referentes principales, y caen en desuso los referentes a la velocidad y a la integración como referentes principales. Por eso, cuando aquí se habla de insularidad, en ocasiones lo escuché como no nos aislemos, y en ocasiones como conectémonos más claramente al exterior. Esto de la velocidad y la apertura, que es el tema central, es fundamental.

Para dar ejemplos extremos: los tenderos de París son un referente completamente protegido de la apertura globalizadora, y no son ninguna etnia, de manera que el referente étnico está bien traerlo al caso, pero aquí está claro que hay políticas de gobierno que son fundamentales en la conservación de ciertos referentes que son al mismo tiempo centrales en la cultura de un pueblo. París no sería París sin sus tenderos, Francia no sería Francia sin su campesinado, un campesinado que efectivamente no tiene ninguna competitividad mundial, pero que es la base de la cultura culinaria de ese país, y son un referente central. Están protegidos, naturalmente se va integrando Europa, y poco a poco estos campesinos franceses van encontrando nueva colocación en la velocidad del intercambio, pero entiéndase muy bien que ahí hay un problema de ritmos, hay un problema de velocidad fundamentalmente. Y lo que es la defensa principal de un país como éste, es que tiene por insularidad uno de los elementos de los que comienzan a ser más positivos, que es la capacidad de defenderse de la velocidad globalizadora.

Ahora me voy a ir al otro extremo: el país más abierto y que con mayor velocidad se ha integrado transnacionalmente, que es sin duda México, que ha abierto completamente sus fronteras en ocho años, y que ha dejado entrar prácticamente a todo el capital y las mercancías que han querido transitar por su territorio. En ese país, en este momento hay ocho millones de campesinos maiceros, y se dice rápido maicero, y en realidad es el referente al maíz, es el referente cultural central de la mexicanidad, ocho millones de campesinos maiceros no sirven, no tienen ninguna función en el país ya que el maíz que entra de los Estados Unidos lo hace prácticamente a mitad de precio.

En términos culturales, nada más mencionar esto nos parece que nos lleva al centro del problema que estamos tratando: insularidad y velocidad. En un caso apertura, en el otro caso insularidad y ritmo quizás. Diríamos que éstos son los dos elementos fundamentales que proponemos como resumen de todo lo que hemos platicado. Hoy son positivos insularidad y ritmos bajos de integración; en México nos ha costado doce años darnos cuenta que velocidad y apertura fueron la destrucción total, pero no nada más de esos ocho millones de campesinos maiceros, lo fue también del empresariado mexicano. Carlos Salinas de Gortari logró lo que todos los socialistas en dos siglos se habían propuesto sin lograrlo: eliminar a la burguesía, y lo hizo en seis años con una maestría extraordinaria.

Para otros referentes de cultura, de cultura básica digamos, a países como Corea de Sur o Japón no se entra con una bolsita de arroz ni para regalo, son países perfectamente protegidos en sus referentes básicos, su campesinado está ligado a la tierra, sigue produciendo un arroz carísimo, pero es fundamental mantener a los campesinos en la tierra, de otra manera no hay tierra y no hay cultura. Esto me parece a mí que son los referentes fundamentales. Qué pasa entonces cuando el jinete espolea a tal velocidad a su cabalgadura que ésta se desboca, y en momento de desbocarse, como está encadenado a ella, porque nadie va a invitar al gobierno mexicano a dirigir ningún otro país, como esa clase de política está atada a esa cabalgadura, la única forma de detener esa carrera loca es acuchillando a la cabalgadura. Hoy tenemos una contradicción fundamental en un país así, y es que cada vez que una región trata de recrear su identidad, y trata de defenderse en términos de autonomía indígena, autonomía regional, etc., frente de municipios contra las políticas bestiales de apertura que acabo de mencionar, entra en contradicción brutal con su propio gobierno. Hay que ir despacio en este punto de abrir las cosas si queremos cultura y conservación de la cultura; y hay que protegerse, los nuevos valores son al revés de lo que se está vendiendo, evidentemente. Y qué bueno que hablamos de cultura, porque si estuviéramos entre economistas éste sería un discurso completamente loco, deleznable, el tiempo no está para perderse de esta manera, etc.; qué bueno que aquí entre nosotros entendemos, más despacio y más protegidos; y si este nuevo gobierno con Leonel Fernández está planteando escuchar este punto de vista de la cultura, pues en buena hora; y nos parece que habría que comunicarle tener cuidado con los tiempos y la protección de la insularidad; eso es positivo, no hay por qué avergonzarse para nada de esos dos referentes.