Germán Carnero señalaba muy eufemísticamente, como le corresponde, que la idea de este proyecto había sido pensada para otro contexto, y por lo tanto, la posibilidad del ejercicio de este proyecto en la República Dominicana era la posibilidad de hacer un ejercicio piloto, que permitiera luego la genera-ción de políticas de este tipo para toda la región.
El contexto para el cual fue inicialmente pensado este proyecto es el contexto peruano, donde había la posibilidad, dada su peculiar situación —cuando les mencione algunas notas de esa peculiaridad tal vez perciban cierta semejanza con otras situaciones— que es una situación en la cual ha habido una fuerte escisión étnico-cultural entre un Estado más bien criollo y una amplia población de origen quechua-aymara andina. Esa escisión étnico-cultural entre una mayoritaria población andina y un Estado criollo generó durante muchos años un fuerte divorcio de las instituciones del Estado de esa población. En ese contexto se genera un gran espacio de discusión; en los últimos veinte, treinta años, los procesos migratorios, la urbanización, etc., fueron produciendo una paulatina recuperación de identidades largo tiempo soterradas. Los fenómenos de Sendero Luminoso, la crisis de los partidos políticos y el propio surgimiento de liderazgos extrapartidarios como el de Alberto Fujimori son expresión de ese gran proceso, y eso configuró una determinada situación política, liderazgos que habían surgido como tablistas en esa gran ola étnico-cultural, y que entonces enfrentaban a instituciones políticas aparentemente muy consolidadas, incluida la Iglesia Católica.
En ese contexto nos pareció que era posible aprovechar esa situación para producir un proyecto, una movilización cultural que permitiera en el fondo redefinir relaciones de poder en la sociedad peruana, porque finalmente de eso se trata. Pero no todos los presidentes escuchan, y no todos los presidentes pueden escuchar, y creemos que es importante entonces señalar aquello para remarcar un elemento que nos parece importante y que en todo caso quisiéramos decírselos como un amigo de dominicanos: hay una circunstancia particular, y los dominicanos tienen una importancia frente al conjunto de la región, venimos coordinando para la UNESCO como consul-tor externo un proyecto de política latinoamericana que debe concluir en una cumbre regional en el Brasil en el 1997; hemos reunido un conjunto de políticos, actores políticos y líderes sociales de la región; este proyecto se ha hecho cargo del tema de la crisis de la política, hemos estado desarrollando esta discusión donde se ha tratado una serie de temas; no les contaremos el proyecto, pero queremos transmitirles que la experiencia que está ocurriendo en República Dominicana es realmente muy importante para la región, por todas las cosas que ustedes han dicho, por todas las cosas que hoy han añadido los expertos internacionales, pero además porque, tengan en cuenta que, y esto lo entenderán quizás los más jóvenes, hay un reto generacional en la política latinoamericana, y eso es importante asumirlo; las experiencias recientes de esa nueva generación que hoy ingresa a la política han sido frustrantes y fracasadas, y no debemos permitir otra vez que esas situaciones vuelvan a ocurrir, porque entonces puede haber un retorno de aquello que queremos precisamente superar. Queríamos mencionarles esto porque nos parece importante.
En relación a la discusión, quisiéramos mencionar tres o cuatro temas que nos parecen importantes para que ustedes los tengan en cuenta en relación con la formulación de este proyecto. Nos ha parecido, en primer lugar, percibir una aparente escisión en la discusión entre lo estatal y lo privado, la desconfianza de la que hablaba Juan Alfonseca; las inter-venciones en relación a este punto han sido reiteradas, impor-tantes. Nos parece importante distinguir lo estatal de lo público, que se trata de generar un proyecto en el cual lo público, que es lo estatal, pero que es más que lo estatal, sea el espacio en el cual se desarrolle, eso es fundamental para la convocatoria del proyecto y para la viabilidad del proyecto; en el fondo se trata de un proyecto que quiere hacerse cargo de la creación de eso que llamamos “lo público”, el ámbito en el cual pueden producirse consensos nacionales, que puede movilizarse el conjunto de los actores significativos en relación a los problemas, y que, por ello mismo, puede diseñar políticas de largo plazo, políticas que trasciendan la gestión de un gobierno, políticas que al incorporar demandas de actores diversos puedan perpetuarse, desarrollarse como políticas de Estado, y es importante diferenciar aquí, entonces, la posi-bilidad de que este proyecto promueva la decisión, el inicio de un espacio en el cual puedan diseñarse políticas de Estado que trasciendan a los gobiernos, a éste y a los otros, porque si no se logra resolver el problema de la estabilidad de las políticas a través del consenso amplio, plural, participativo, se resuelve, lo hemos visto en toda la región, de manera autoritaria, porque el problema está allí. De modo tal, entonces, que cons-truir ese espacio de lo público como espacio de concertación, de pluralidad, que permite el diseño de políticas estatales, en el fondo es un examen de madurez de la propia sociedad que se lo propone. De lo contrario, vendrán los padres buenos, o los padres malos, que por sí mismos decidirán lo que los otros no pueden decidir. En ese sentido, creo que es importante tomar en cuenta que ni lo público se agota en lo estatal ni lo contrario, lo privado se reduce al mercado; lo privado es mucho más que el mercado, aunque el mercado sea parte también de lo privado.
Una segunda cuestión que nos parece importante, lo he percibido en la discusión, tiene que ver con el hecho de que se ha oscilado permanentemente entre la tentación de la defi-nición de una gran política cultural y el desarrollo de este proyecto como un proyecto de movilización cultural; me parece que sería importante regresar sobre el punto, tomarlo en consideración, decidir conscientemente sobre este tema. No decimos que no sea necesaria una gran política cultural, lo que hay que preguntarse es: cómo se liga este proyecto con aquello, de qué manera lo propicia, de qué manera llama la atención para hacer aquello que Evangelina García Prince decía en el sentido de que lo cultural sea un elemento que, así como las políticas de género, atraviesen el conjunto de la política del Estado; pero entonces hay que pensar la temática, me parece que la confusión puede ser nociva para el éxito del proyecto. Puede optarse por una o por otra, no importa, pero lo importante es que la opción sea consciente, y que entonces se establezca esa relación entre este proyecto, que original-mente estaba diseñado como un proyecto de movilización cultural, y en ese sentido de creación de espacios de participación, como ustedes lo han dicho, de afirmación, de diver-sidad y de creatividad, no sólo artística ciertamente, pero es importante entonces tomar en cuenta esta temática y decidir conscientemente sobre ella, porque si no las dinámicas pueden ser disrruptivas para el éxito de este proyecto.
Nos parece que hay dos temas que han atravesado la discusión y que son centrales: uno, cómo este proyecto piensa la relación entre cultura y desarrollo, me parece que es funda-mental, que esa relación tiene que ser pensada, que en ese sen-tido el ritmo de los cambios, del que hablaba Sergio Zermeño, el tiempo a través del que ocurren las cosas, es un elemento central, y muchas veces, por andar rápido no se anda, y ter-mina regresándose al mismo punto, y aquí la relación entre cultura y desarrollo es central, a veces un pequeño paso que signifique efectivamente modificaciones de prácticas de cultura y de costumbres es un gran paso, efectivo, real, consistente. En relación con este punto, cultura y desarrollo, señalaríamos que se tomen en consideración al momento de la formulación de la propuesta, dos cosas: una, coincidimos con la afirmación de Zermeño, una reflexión mayor sobre el contexto interna-cional en el cual se está desenvolviendo este proyecto; el tema de la globalización y de la globalidad, de la globalización como proceso, que es indetenible, que está ahí, que es una presión, que supone presiones no solamente sobre todos aquellos factores que ustedes han mencionado, que supone presiones y límites para los gobiernos, y que tienen que ser razonados, porque si no razonamos esos límites y no actuamos sobre esos límites, nuestras formulaciones pueden ser muy buenas, pero son ineficaces, entonces tiene que plantearse ese problema dentro de la formulación del proyecto.
En relación con este tema global de la cultura y el desa-rrollo hay una segunda cuestión que nos parece importante y es que hay que evitar un sesgo que nos parece haber percibido por lo menos en la discusión mexicana, hay que evitar esta aparente disyuntiva entre si tenemos identidad o si somos modernos; aparentemente nos sentimos encajonados, o se tiene identidad y por tanto renuncia a todas las conquistas de la modernidad, o se es moderno y tiende a ser un sujeto cosmopolita sin raíces; creemos que hay que evitar precisa-mente esta escisión entre modernidad e identidad, e inventar otro camino a la modernidad, un camino nuestro a la modernidad. Nos parece que ese es un tema que también está presente en la discusión, que es una tentación, y que tiene que ver con temas como la relación entre cultura y mercado, que es una cuestión importante, que no podemos omitir; y que no podemos omitirla no porque sea un problema de gusto intelectual solamente, como se ha dicho bien, sino porque es un problema que tiene que ver con la propia subsistencia de los actores de la cultura, y porque además es la única manera de hacer de la cultura un hecho que sea parte de la vida cotidiana de la gente; cultura y productividad, cultura y nuevas tecnologías, cultura y medios de comunicación; un proyecto de movilización cultural que no piense esos temas, y que vea la manera en la cual se inserta con estas grandes temáticas, corre el riesgo de no ser eficaz.
Otra cuestión que nos parece importante ha sido mencio-nada también por Evangelina García Prince, es el tema de cultura y democracia, o cultura y ciudadanía, si quieren po-nerlo así, y ahí creemos que hay que evitar otra vez quedar atrapados entre una visión que considera que la cultura sólo preserva, cuando la cultura también es construcción; las tradiciones hoy día se construyen, no solamente son una herencia inmutable, no solamente es un modo de ser que existe de una vez y para siempre, sino que son construcciones cotidianas. En ese sentido hay cosas de nuestra tradición, se los decimos como peruano, que no nos gustan, y que por tanto tenemos que actuar sobre ellas para producir trans-formaciones y cambios. Evitar, entonces, quedar atrapados en una mirada para la cual la cultura es solamente recoger tradiciones inmutables, eternas, y ver la manera en la cual en esa compleja cosa que es el alma de la gente, en donde se mezclan al mismo tiempo autoritarismo y democracia, im-pulsos autónomos e impulsos subordinados, ver de qué ma-nera un proyecto como éste puede fortalecer identidad, afirmación, autoestima, que permita finalmente construir lo que son los sujetos de la ciudadanía, y esto razonarlo en un contexto, creemos que República Dominicana no es distinta en ese sentido a Perú, en el cual los procesos económicos de los últimos años han generado tales niveles de pobreza y de pauperización, que actuar sobre ellos no sólo es urgente, sino que es muy complicado. Que el proyecto perfile muy bien el público, el objetivo, porque los recursos son escasos y entonces tenemos que actuar en un proceso global de afirmación de la ciudadanía y de la democracia sobre aquellos sectores que han sido más golpeados, que han sido más debilitados en todo el proceso reciente.
Para concluir, quisiéramos
decir que todo esto nos permitiría, de un modo o de otro, afirmar
este proyecto como un pequeño espacio, que si sabe tener sentido
histórico y conciencia de largo plazo, puede operar transformaciones,
puede producir procesos que cambien efectivamente la relación entre
la cultura, la sociedad y el Estado.
Juan Alfonseca
Hemos percibido tres núcleos, quizá centrales, en las pro-puestas de reflexión sobre políticas y acciones culturales. El principal, el rescate cultural; el rescate de formas, espacios, prácticas culturales, digamos en vías de extinción probable con esta globalización que en el fondo también nos amenaza; el rescate, la investigación y el fomento al conocimiento de identidades excluidas, deterioradas y todo lo planteado sobre el género, los descendientes de ilegales inmigrados haitianos, etc.; estos temas han sido recogidos en la relatoría de Carlos Andújar; ahora bien, ese nivel de rescate, un nivel de demo-cratización de la cultura, la relatoría hecha no le hizo justicia.
Creemos que estos temas contienen
las líneas para una consulta nacional sobre cultura definida como
un área donde todo lo que no es instrucción empieza a ser
cultura, que es parte del diseño institucional; o quizás
se deba constituir este núcleo, este proceso que se empieza a institucionalizar
entre las gentes como un elemento progresivo que invierta y revo-lucione
los términos de la percepción de lo que es cultura para la
gran mayoría de la sociedad que se va a consultar. Queríamos
llamar la atención sobre el hecho de que aunque en esa relatoría
se mencionan todos estos temas, creemos que los temas epocales, los temas
que circulan en las discusiones en los organismos internacionales, donde
muchos de estos proyectos encontrarán apoyo financiero, quedaron
fuera en algu-na medida; al igual que —como muy atinadamente señalaba
Evangelina García Prince— el tema de la ciudadanía, la cons-trucción
de actores, el tema general de la globalización y cómo este
proceso de destrucción que hemos vivido en Latinoamérica
nos está afectando culturalmente y produce —como comentaba Joge
Cela— la cultura de la pobreza, las identidades deterioradas. Se tocó
el tema de cómo todo esto se va a relacionar con una coyuntura de
reforma y de modernización estatal, pero éste es un tema
para reflexionar, porque quizás encuentra sentido o solución
en el tema general de la reforma. Hubo posiciones donde el gobierno es
visto como un actor a recelársele; creemos importante entender que
la participación no es una motivación sino que en los hechos
es una forma de gobierno, y que lo que se pretendería, es pugnar
por un constructo de participación sobre la cultura que se inserte
en el seno del Estado, que no sea una coyuntura o un estilo de gobierno,
que haya proyectos más orgánicos en torno a la cultura.
Diómedes Nuñez
Quisiéramos hacer una simple observación a los comen-tarios de Dagoberto Tejeda con relación al sector empresarial. El sector empresarial del país está involucrado en este proyecto, es y debe ser nuestro aliado en este gran proyecto, porque es un proyecto de la nación dominicana, en el que también está involucrado el Estado. El sector empresarial se siente amenazado por la globalización y la penetración extranjera lo cual lo empuja a abrazar la identidad nacional como refugio contra lo externo y en este sentido es un gran aliado de este proyecto de reforma.
Otro tema que quisiéramos
tocar es el de los inmigrantes. Hay que tomar en cuenta y señalar
de manera especial que los dominicanos que residen en el extranjero son
pieza clave en este proceso; en el país habitan siete millones de
dominicanos y en el extranjero millón y medio; es decir, el 30%
de los dominicanos vive fuera del país. A estas personas hay que
tomarlas muy en cuenta porque con el proceso de globalización se
pierden rasgos de nuestra identidad debido a la influencia externa, y son
ellas quienes conservan, podría decirse a veces que de manera intacta,
nuestra identidad debido a la discriminación a que se ven sometidas
en los países de destino. Desde el extranjero estas personas nos
trasmiten y ayudan a recobrar la identidad dominicana. En este sentido
hay que tomar muy en cuenta este aspecto como un factor de rescate de lo
nacional, desde el extranjero, y propiciar el establecimiento de una relación
estrecha entre lo nacional, entre los dominicanos que estamos aquí
y los que están fuera.
Mateo Morrison
Quisiéramos señalar
dos cosas como aspectos centrales: una gran política cultural, se
preguntaba Jorge Nieto Monte-sinos, una política cultural o una
movilización de un programa o un proyecto cultural. Lo que sucede
es que ni siquiera somos nosotros quienes le estamos planteando al gobierno
central que tenga una política cultural coherente, planificada,
que supere las experiencias del pasado, pues son muchos años de
deficiencias. Se trata de que los dos partidos principales que se disputaron
el poder ofrecieron una transformación de esa política cultural,
e hicieron planteamientos bien concretos; eso entusiasmó a la comunidad
nacional y hay toda una inquietud sumamente importante. Tenemos que entender
que el gobierno central, ni éste ni ningún otro, no debe
de dirigir todo el proceso cultural de un país. Lo que se está
planteando es que el gobierno central tenga organizada, planificada, su
política cultural, porque no hay sólo una política
cultural, ni debe haber, debe haber muchas políticas culturales.
Cada vez que una organización popular en un barrio hace un plan,
organiza su política cultural, tiene que haber una política
cultural global y muchas políticas culturales que, interac-tuando,
den una visión de un proceso cultural de desarrollo. Una experiencia
importante a señalar es un plan a desarrollarse en el curso de 1984
en el plan D en que cada grupo tenía que hacer una investigación,
y en la nuestra fuimos a una zona rural de Venezuela e hicimos un plan
para crear una casa de la cultura en una zona rural. Después de
dos meses de trabajo, al hacer la encuesta resultó que a la comunidad
no le interesaba una casa de la cultura, lo que quería era resolver
el problema de un río que había sido desviado por terratenientes
y había afectado la agricultura en lo esencial. Consultando con
la población nos dimos cuenta que era posible hacer un centro de
usos múltiples, del que el aspecto cultural fuera una parte. No
separemos la cuestión cultural porque estaríamos nosotros
mismos suicidándonos.
Jorge Cela
Quisiéramos empezar por manifestar nuestra preocupación con la idea de una Secretaría de la Cultura, pues no nos resulta evidente, en este proceso de revisión de la reforma del Estado, que multiplicando las secretarías estemos caminando hacia una modernización del Estado; y sobre todo, que lo logremos construyendo superestructuras sin tener la base de lo que queremos organizar. Nos parece mucho más interesante que tomaramos los elementos para una reforma nacional, que son fundamentalmente los elementos de descentralización y participación, y sobre esa base organizaramos una política cul-tural lo cual requeriría de un grupo, de un organismo de promoción. Pero la idea no es promover la creación de una nueva secretaría sino la promoción de la descentralización y participación en la cultura.
Sobre la base de esos dos conceptos
habría que promover, si fuera posible a nivel municipal, y si no
a nivel provincial, la presencia de organismos que podemos llamar casas
de la cultura o como queramos, que sean espacios donde se pueda reforzar
e integrar el trabajo que ya existe, y desde donde se propongan políticas,
a través de comisiones o grupos, que a nivel nacional estén
pensando cómo este trabajo cultural puede contribuir a la reafirmación
de la identidad, al aumento de la autoestima, a la creación de mecanismos
de parti-cipación, a la integración, por ejemplo, de necesidades
como el problema del río, con lo que es la experiencia cultural
de la población. Porque a veces hay una separación que no
debe de existir, la cultura es lo que hacemos, y lo que hacemos es tener
relación con los problemas que tenemos, y alrededor de eso trabajamos,
alrededor de eso nos peleamos, y alrededor de eso cantamos, es esa vida
la que nos integra. Entonces hay que crear esos espacios, llegar a nivel
municipal a crear esos espacios y que hubiera entonces un grupo de gente
que son los que ya están pensando, los que ya están haciendo,
que se puedan reunir, y acompañar ese proceso.
Bruno Rosario Candelier
En primer lugar, debemos ir dándole
seguimiento a lo que hemos estado haciendo aquí, procurar vincular
lo que es la acción cultural a lo que son los planes de desarrollo
del gobierno. En lo que son los planes del gobierno, actualmente, en algunos
aspectos hay ciertas líneas de definición de política
cultural. El Presidente de la República ha reiterado claramente
su intención de que la cultura sea accesible a la mayor parte de
la población. Esto constituye una cierta definición de política
cultural, un elemento que implica, de hecho también, democratización;
porque se quiere que los bienes de la cultura sean disfrutados por la mayoría.
Eso nos da ya una pauta; lo que falta es, en el caso por ejemplo de las
instituciones del Estado, que haya una cierta coordinación. Los
peledistas, por su misma actividad partidaria, tienen una forma de actuar
en conjunto, de discutir, de unificar criterios; ahora que se está
en el gobierno, esa práctica debe mantenerse, es decir, no se debe
actuar ahora como isla, uno en la Biblioteca, otro en Bellas Artes, actuando
aisladamente, sino que debe haber una coor-dinación entre las instituciones
del Estado para que sus acciones vayan en beneficio de esas líneas
culturales que de hecho están presentes en los planes del gobierno.
Lo mismo puede suceder con las instituciones no gubernamentales, hay líneas
generales que se pueden vincular a ese proceso y de esa manera estamos
actuando políticamente, vinculándonos a lo que es ese proceso
en grande, una manera de no aislarnos sino de empezar a presionar, pero
en la acción, en el trabajo, porque a lo mejor lo que necesita el
gobierno es que le demos una ayuda, a lo mejor lo que necesita el gobierno
es que nosotros, que se supone entendemos este asunto, empecemos a hacer
cosas, a planificar cosas, a orientar.
Zenaida Jansen
Quisiéramos replantear la relación entre cultura y desa-rrollo, porque evidentemente ¿cultura para qué?; estamos, supuestamente, a la búsqueda no solamente de un mejoramiento de nuestras condiciones de vida, sino del desarrollo, y se maneja mucho el tema de desarrollo integral del ser humano. En esa medida, anteriormente se planteaba una pers-pectiva de género y que la cultura atravesara todas las ins-tancias, todos los estamentos sociales. Eso es un punto que debe priorizarse en una reunión de este tipo, es importante aclarar que todo proceso de desarrollo busca una transfor-mación, en el sentido que sea, pero una transformación.
Es muy difícil en estos momentos en que llevamos ya varias décadas hablando de desarrollo con perspectiva de género, desligar lo que puede ser una opción de trabajo cultural sin connotar eso con una función de género; y aunque esto ha sido planteado, lo ha sido a nivel muy superficial. Angel Mejía hablaba de las identidades femeninas y de las identidades masculinas, pero tengo el sentimiento de que en esta jornada vamos a seguir hablando de cultura y el aspecto género va a terminar siendo una coletilla que será añadida más adelante.
Debe quedar claro que cualquiera que sea el proyecto que se esté planeando, si se proyecta trabajar una perspectiva cultural que trascienda todo, ésta debe ir acompañada de una perspectiva de género que también trascienda todo y ambas además han de articularse efectivamente, dado que es evidente que si se plantea que las mujeres tengan un desarrollo integral y que haya relaciones más equilibradas, equitativas, entre seres humanos, no es posible seguir hablando de cultura y no tocar el aspecto género.
Quisiéramos referirnos a algo que comentaba Sergio Zermeño sobre la insularidad: el asunto de los ritmos. El problema es que los ritmos nuestros con relación a las relaciones inter-nacionales han sido muy lentos, República Dominicana es de los países del Caribe que tiene menos integración con sus países vecinos, para no ir muy lejos, con Haití, por ejemplo. Para nosotros el asunto de ritmo es fundamental, pero no lo podemos enfocar solamente en el sentido en que lo planteaba Zermeño, porque en República Dominicana tenemos otro ritmo, que es diferente al de México por ejemplo.
En relación a lo de los estudios, pareciera que Evangelina García Prince se lleva la impresión de que en el país se han hecho muchos estudios, debemos señalar que sí hay muchos estudios socioeconómicos y sociodemográficos, pero en el área cultural hay más bien una deficiencia de estudios. Algunas personas hemos estado trabajando de manera más o menos articulada, pero de manera individual. Al visitar países como Haití u otros países centroamericanos nos damos cuenta de que verdaderamente tenemos pocos estudios. Por eso queremos informar que hay un conjunto de organizaciones, tanto no gubernamentales como gubernamentales, que está trabajando en el diseño de un foro llamado “Género, cultura y desarrollo”, donde el tema del medio ambiente es un eje central. Este foro se prevee para el año próximo, y estamos trabajando en el diseño, porque justamente queremos que se dé una articulación entre lo teórico y lo práctico.
Finalmente quisiera añadir que
el programa de género y cultura está motivando un foro en
el cual participan alrededor de diez instituciones de las cuales algunas
son coordinaciones nacionales, otras regionales, e instituciones gubernamentales.
Una vez definido su diseño, este foro será abierto con idea
de elaborar una agenda y lograr, sino un consenso, claridad res-pecto al
tema que tenemos entre manos, ya que cuando en una reunión como
ésta se habla de cultura, no estamos todos hablando de lo mismo.
Rubén Silié
Estamos de acuerdo con lo planteado
por Jorge Cela, es más, estamos absolutamente en desacuerdo con
la Secretaría de Cultura, por lo argumentado por Cela y porque entendemos
que el gobierno debe definir su política, pero creemos que ésta
debe funcionar como un organismo autónomo y descentralizado, al
que el gobierno le dé participación real dentro del consejo
de gobierno. La reflexión hecha por Cela en relación a lo
estatal y lo público debe ser retomada por nosotros en el sentido
más positivo, conscientes de que se trata de un organismo público,
que no tiene que ser necesa-riamente orgánico del gobierno, de manera
que haya realmente un gran participación.
Juan Freddy Armando
Primero, estamos plenamente de acuerdo con que debe formarse una Secretaría de Cultura por parte del gobierno, lo cual, lógicamente, no va a significar que ésta se vaya a convertir en un mecanismo rector de la cultura. Aun cuando el gobierno lo pretendiese, nadie puede convertirse en rector de la cultura; incluso en los países más totalitarios ha sido imposible controlar eso que brota por doquier. Además, la naturaleza pluralista y abierta del gobierno actual lo impediría. En lo inmediato no es posible formar una Secretaría de Cultura, pero se debe de crear el embrión que conduzca a ello, que sería la Comisión de Cultura que el gobierno habrá de oficializar. Esa comisión sería transitoria y tendría como pro-pósito la elaboración de un proyecto coherente y sopesado para presentarle al Congreso y al gobierno a fin de que se forme la Secretaría de Cultura.
Estamos de acuerdo con Dagoberto Tejeda
cuando plantea la necesidad de una coordinadora. Esta debe ser independiente
del gobierno y provisional y transformarse, a la larga, en el conjunto
de organizaciones e individuos que en nuestro país se dedican a
la investigación y a la difusión cultural. Esta coordinadora
trabajaría a la par con la comisión del gobierno o la Secretaría
de Cultura y ninguna sería rectora una de la otra.
Roldán Mármol
Los requerimientos fundamentales de esta coyuntura en que estamos se orientan más a impulsar un proceso de movi-lización en los espacios y actores culturales a nivel nacional. La propuesta de la comisión como tal puede jugar un rol importante: primero, partir de unos elementos que se han plan-teado anteriormente que nos parece son centrales; trabajar la descentralización y la participación implica obligatoriamente que esa movilización debe tener como ejes de referencia los espacios locales comunitarios y regionales, no solamente para la aplicación, sino para el momento de consulta, de socialización, de reflexión. Es ahora el momento en que debe co-menzar a trabajarse en esos planos locales y comunitarios, lo cual va a articular los elementos de la pluralidad y de la diversidad.
La inquietud de Evangelina García
Prince es muy impor-tante: es muy evidente la debilidad que existe en el
liderazgo de los actores culturales fundamentalmente, en relación
a los poderes como tal en la práctica política y social dominicana.
Por lo tanto debe priorizarse ese proceso de visión metodológica
estratégica que se ha planteado, que no conforme una comisión
transitoria con ese carácter de autonomía, que dé
al traste con un nivel de coordinación y que no se piense como prioridad
ahora la conformación o no de la secretaría, sino que nos
aboquemos ahora, como prioridad, a ese proceso amplio de discusión,
de reflexión, de consulta y de articulación entre los esfuerzos
locales comunitarios, regionales, nacionales, de propuesta de políticas
culturales desde la sociedad civil, con lo gubernamental.
Carlos Andújar
Como resultado de este seminario debiera surgir una propuesta formal que contemple las distintas temáticas aquí tratadas. No olvidemos que ésta es una convocatoria y el gobierno debe asumir una postura, sea ésta a través de una comisión de trabajo que se articule con este grupo, o bien a través de alguna otra instancia del Estado. Esta reunión se hizo en función de una articulación por una propuesta del Estado, no podemos desarticular la razón de la propuesta.
Segundo, esta articulación debe
culminar con una pro-puesta oficial, para comprometer al Estado. Nosotros
podemos continuar haciendo nuestro trabajo, pero el Estado debe de asumir
una postura, una posición, que permita definir su intervención
a través de una política cultural al tiempo que este organismo
consultivo continúa con cierta independencia. Más que la
creación de organismos burocráticos, es impor-tante definir
desde el Estado las grandes líneas de acción y el reordenamiento
de las instituciones estatales que trabajan con el área cultural.
Evangelina García Prince
Traicionaríamos nuestra
formación y lucha de tantos años si no hiciéramos
esta afirmación de carácter no teórico. Desde el 1978,
cuando celebramos la primera Conferencia Intergubernamental sobre Políticas
Culturales para América Latina y el Caribe —en conexión con
todo el esfuerzo que ha realizado la UNESCO en materia de políticas
culturales, y rematado en la Conferencia Mundial de México— el esfuerzo
de los países ha sido por crear instancias encargadas de la coordinación,
formulación y ejecución de políticas culturales. La
creación de una instancia al más alto nivel no significa
necesariamente burocracia; al contrario, los ministerios de cultura, la
Secre-taría de Cultura, se crean como instancias eminentemente normativas
y desburocratizadas que pueden coordinar el conjunto de las otras instancias
existentes.
Manuel Jiménez
El Estado tiene un conjunto de responsabilidades
con la cultura de los pueblos que no puede declinar. Esto es algo de lo
que hay que concientizar al Estado dominicano, ya que con el paso del tiempo,
éste cada vez más incumple con sus responsabilidades cara
a la cultura. Por ejemplo, por ley cada ayuntamiento tenía que tener
una escuela de música en cada provincia; es más, los domingos
a las ocho de la noche se tocaba una retreta, donde iban a pasear los niños
y los jóvenes; eso ya no existe, tal vez en dos o tres provincias,
pero somos treinta provincias. El Estado no precisa de que le diseñemos
un plan detallado, él conoce cuáles son sus responsabilidades;
lo que habría que decirle es que empiece nuevamente a cumplirlas.
El Estado, dada la oportunidad, tiene que evi-denciar su capacidad de pasar
de la teoría a la acción en el campo de la cultura.