Relatoría de la reunión "Hacia un Programa de Desarrollo Cultural para la República Dominicana"

 Se advierten tres líneas de discusión a lo largo de esta reunión: rol del gobierno en la definición y desarrollo de planes culturales, ideas sobre cómo realizar un trabajo coordinado en el plano cultural, estrategias para desarrollar ese trabajo.
 

1. Rol del gobierno en la definición y desarrollo de planes culturales

El rol del gobierno en la elaboración de planes y políticas culturales, así como la relación entre éste y los demás sectores de la vida nacional de cara a lo cultural fue uno de los temas más discutidos en esta reunión.
Se debatió sobre si existe en el presente una voluntad política del gobierno dominicano para desarrollar lo cultural, sobre si vivimos actualmente una coyuntura de cambio. Se afirmó que éste es un momento histórico propicio que puede y debe ser aprovechado por el gobierno para realizar un trabajo coordinado en esta área, a partir de la definición de un plan nacional de desarrollo cultural que sea un proyecto nacional, no un proyecto del gobierno. Un plan encaminado a transformar la política cultural gubernamental centralizada en la capital, elitista y burocratizada que ha prevalecido durante décadas.

Se indica la gravedad de la situación cultural ante la falta de una política cultural orgánica, ante la relativa desarticulación entre el Estado y la sociedad civil cultural organizada, dada la insuficiencia de espacios y capacidades para la concertación, y porque los/as actores/as culturales no están suficientemente formados/as como para hacer intervención cultural eficiente a nivel político. Así mismo, a nivel de las estructuras gubernamentales se advierte la falta de integración entre las mismas, la falta de organización, de coherencia entre los distintos programas existentes, de coordinación; la existencia, por otra parte, de instituciones con duplicidad de funciones, y el hecho de que los recursos no llegan al área cultural. Algunos, además, agregaron que no basta con tener vocación política si no se sustituye la gente ineficaz dentro de las instancias gubernamentales de cultura por personas competentes en esta área.

Se entiende prioritario elaborar un diagnóstico para poder organizar e integrar todo lo que existe a nivel estatal y lograr que las instancias culturales del Estado trasciendan en su marco de comprensión de lo cultural que algunos afirman sólo refiere a un sector de la cultura: las bellas artes.

Hubo acuerdo en cuanto a que la cultura debe ser parte de los planes de gobierno, entendida como un derecho de todos/as los/as ciudadanos/as, como un área fundamental del desarrollo humano y base del desarrollo social, como un espacio vital para el reforzamiento de las bases de una identidad nacional y de valores democráticos.
Una idea sostenida por algunos/as participantes es que el gobierno debe definir una política cultural que signifique una asunción de responsabilidad en esta área en el sentido de promover y apoyar el trabajo cultural en el país. En este sentido se indicó que se debe acortar la distancia entre Estado y sociedad facilitando espacios para la participación social, apoyando el pluralismo y la diversidad cultural.

La definición de políticas culturales se sugirió debe hacerse por vía de procesos democráticos y con participación multisectorial. Se defendió la idea de elaborar un proyecto de desarrollo cultural a partir de una movilización popular, de un proceso amplio de consulta y concertación. Afirman que no basta con que exista una voluntad política, debe existir además una claridad política. Se insiste en la importancia de que exista una política cultural estatal definida de cara al fortalecimiento de la conciencia, la autoestima y la identidad nacional.

Se entiende que la coincidencia en los planes de gobierno del PRD y del PLD en cuanto a cultura es un elemento que favorece la coordinación entre diversos sectores. Así mismo se señalan como otras fortalezas para desarrollar un plan nacional de desarrollo cultural: el compromiso y voluntad de trabajo de mucha gente, la existencia de estudios y diagnósticos en materia de cultura, y la existencia de un trabajo en esta área por parte de la sociedad civil.

La relación del Estado con los grupos populares, las ONGs y las comunidades fue discutida afirmando que el Estado debe respetar los espacios autónomos de estos sectores, lo contrario sería intervenir en un proceso privado. No debe intentar ser rector, administrador, director, ni controlador de la cultura pero debe apoyar, promover y orientar las iniciativas en el campo cultural. Se señaló la importancia de garantizar la no oficialización de los grupos populares y las ONGs porque tal cosa podría atentar contra la espontaneidad y visión crítica de lo oficial que es parte de la riqueza del trabajo de estos sectores.

Hubo consenso en cuanto a que el gobierno debe invertir recursos en cultura y debe dar apoyo institucional a la creación cultural y artística en su sentido más amplio. Hay quien sugiere que un aporte fundamental del gobierno sería el "desoficializar" la participación de distintos elementos de cultura. Se señala que deben crearse instancias que sinteticen y fomenten la cultura en las distintas comunidades.

Se insiste en que no debe supeditarse lo popular a lo gubernamental en cuanto a esperar una definición de política cultural del gobierno para elaborar un plan cultural general; es decir, que no tiene que desarrollarse el proceso de forma lineal. Se señaló incluso que un reordenamiento estatal en esta área no significa que no pueda desarrollarse paralelamente un proyecto de participación popular.

 

II. Visiones sobre lo cultural


Otra línea de discusión que se desarrolló a lo largo de la reunión fue el tratamiento de cuestiones de contenido sobre lo cultural, al parecer en procura de una claridad conceptual y política que sirviera de marco a un plan cultural general.

La definición de cultura y los limites del término fueron tratados aunque de manera somera por varios participantes. Parecieron ser consenso las ideas de la cultura como un derecho, como una parte fundamental del desarrollo humano, como expresión y eje de la identidad nacional. También se definió la cultura como un proceso creativo y a la vez de conservación de los producido.

Muchos/as expresaron favorecer la cultura de la paz, de la tolerancia, la cultura política, democrática y participativa. Defendieron masivamente, como ya se expresó en el punto anterior, la descentralización a nivel cultural, a la vez que un reconocimiento y respeto de la diversidad en esta área.
 
Identidad cultural y nacional dominicana

Un eje temático fundamental al discutir las visiones de lo cultural fue el problema de la identidad cultural y nacional dominicana. La cultura se entiende como un espacio para reforzar la identidad nacional, para promover la cohesión social y la integración en términos positivos. Se defiende la necesidad de una identidad nacional y cultural no definida en oposición, no basada en lo excluyente sino a partir de una autenticidad cultural no etnocéntrica.

Por otra parte se advierte sobre el peligro de una asimilación acrítica de modelos importados que podrían significar un deterioro de la cultura dominicana.

Se sugiere prestar atención a los cambios mundiales, a los procesos transnacionales, y sus efectos en la identidad nacional. Específicamente se mencionaron fenómenos tales como la globalización económica, la migración, las crisis de los estados-nación, las crisis de valores e identidades, la colonización cultural moderna y el etnocentrismo.

Advirtieron sobre las posibles implicaciones de la globalización, pues aunque es importante la innovación en el sentido de aceptar cambios, es crucial el ritmo de integración cultural que se asuma para poder proteger los referentes culturales básicos de una nación. En este sentido algunos/as participantes afirman que el problema de ritmo de integración de la cultura dominicana ha sido el de una lentitud extrema. Se advirtió además sobre la importancia de no entender la identidad como un repliegue sobre lo nuestro y la importancia de tener cuidado con la idea de que la cultura sólo debe preservarse, cuando en realidad la cultura se construye y se reconstruye cada día. Así mismo se afirmó que debemos evitar la trampa de la supuesta disyuntiva entre el tener identidad y el ser moderno/a ­entendida la modernidad como el ser cosmopolita y no tener raíces­ que debemos inventar otro camino hacia la modernidad.

Algunos participantes afirmaron que en la definición de una política de estado a nivel cultural hay que enfrentar fantasmas ideológicos tradicionales de la identidad cultural dominicana, refiriéndose específicamente al racismo y al antihaitianismo, y afirmando que la negación de una realidad multiétnica, y la diversidad cultural que se deriva de la misma, impide el desarrollo de una verdadera identidad nacional.

La relación entre lo étnico, la participación cultural y las expresiones culturales específicas fue tema tratado por algunos participantes. Hubo debate sobre la importancia de las diferencias étnicas en la definición de la cultura nacional. Por una parte se afirma que son los grupos sociales y no lo étnico lo fundamental a nivel cultural ­a diferencia de otras sociedades del Caribe­ por lo cual lo étnico no debe ser la base de los movimientos culturales nacionales, sin menospreciar un rescate de lo negro para la cultura nacional. Por otro se argumenta que lo étnico no refiere sólo al color y se afirma que los diversos grupos étnicos (entre los que se señaló a los dominicanos de ascendencia haitiana) participan de la cultura nacional de manera marginal.

Fue señalada la existencia de muchas identidades (étnicas, de género, de sector social, etc.) dentro de la identidad cultural nacional, por lo que se entiende fundamental el pluralismo, la democracia y el respeto a la diversidad cultural, fomentando a la vez canales de comunicación entre los distintos sectores. También se argumentó sobre la importancia de la investigación y la recuperación de identidades.

Se insistió en la importancia del concepto de ciudadanía ligado a la cultura, el potencial político de la recuperación de identidades culturales en la redefinición del poder en una sociedad.

 
Relación entre cultura y elevación de la calidad de vida

Como ya se ha mencionado, se entiende la cultura como parte fundamental del desarrollo humano y social. Se afirma que la cultura de la pobreza crea una cultura de sobrevivencia que incapacita para participar en el resto de la sociedad, por lo cual es vital desarrollar espacios de creatividad y trabajar la autoestima para elevar la calidad de vida.

Se trató la relación entre cultura, autoestima e identidad. Se advirtió sobre la importancia de trabajar la autoestima de identidades marginadas dentro de la identidad cultural dominicana. En el intento de siglos de homogeneizar y occidentalizar la cultura nacional se ha relegado al ocultamiento y a la baja autoestima a sectores sociales mayoritarios y culturalmente de gran diversidad y riqueza.

 
Diferencia entre cultura e instrucción

Se argumentó la importancia de entender los conceptos de cultura e instrucción de manera separada, a partir de consideraciones sobre las implicaciones políticas y sociales de subsumir la noción de cultura a capacidades específicas aprendidas a través de un entrenamiento formal. Se expresó además la importancia de fomentar una cultura creativa, no sólo educativa, donde no se supedite la producción y valorización de lo cultural a normas preestablecidas.
 

Comercialización de la cultura

Un participante planteó que el gobierno debe invertir en el campo cultural con proyección internacional y con un sentido económico, afirma que se debe reforzar la imagen de marca como nación. Otros participantes expresaron que aunque la difusión de valores nacionales en el exterior nos refuerza a nivel interno y trae aportes culturales extranjeros, la venta de la cultura nacional como producto es una idea equivocada. Estos afirman que a nivel cultural tenemos que manifestarnos auténticamente aquí y fuera de aquí, sin tener el mercado como meta y referencia, porque el mercado no puede reproducir todas las manifestaciones sociales y culturales.

Ligado a lo anterior están las consideraciones expresadas sobre los efectos del turismo en la cultura nacional. Se afirmó que los polos de desarrollo turístico deben ser atendidos reforzando la cultura nacional desde lo positivo. Se advirtió además que el turismo no se ha vinculado a la cultura nacional.

Un participante indicó que no se prestó durante la reunión la debida atención a temas que son centrales actualmente como ciudadanía, reforma del estado, globalización, y cómo nos afectan éstos culturalmente. Se llamó la atención sobre como es necesaria una reflexión mayor sobre el contexto internacional, pues esta realidad impone límites que hay que tomar en cuenta para desarrollar un proyecto cultural nacional, así como es necesario reflexionar sobre la relación entre cultura y mercado, cultura y productividad, nuevas tecnologías y medios de comunicación.
 

 III. Estrategias


Desde el principio de la reunión Laura Faxas expresó que la gran preocupación y a la vez el gran desafío está en ¿cómo hacer participativo un proyecto cultural para el siglo XXI?, ¿cómo crear espacios adecuados de concertación para crear una propuesta concreta que sea una propuesta nacional?

La idea expresada por mayor número de participantes, como lo central para guiar las acciones de un programa cultural, fue la de promover e identificarse con lo popular como estrategia de desarrollo cultural. Se insiste en la necesidad de apoyar la creación artística y popular. Se sugiere como necesario integrar todo lo existente en el plano cultural a nivel estatal y no estatal.

Se discutió sobre la conveniencia de que se creen nuevas instancias gestoras de lo cultural: Secretaría de Cultura, Instituto de Cultura, Comisión de Cultura, Coordinadora Cultural Popular, Comisión Permanente de Desarrollo Cultural. Se propuso la creación de una instancia intermedia, una Comisión de Cultura que maneje los asuntos culturales de manera colectiva, que podría ser una coordinación ejecutiva formada por un número reducido de personas. Por otra parte se sugiere que el gobierno debe apoyar a los sectores populares vía una Coordinadora Cultural Popular con dos instancias: una de planificación y una normativa (ejecutora en cada lugar). Se propuso además la creación de una Comisión Permanente de Desarrollo Cultural que gestione la definición de una política cultural, la elaboración de un plan único de trabajo a corto y mediano plazo, el apoyo oficial y las ejecuciones.
Específicamente sobre la pertinencia de una Secretaría de Cultura se suscitó discusión. Algunos expresaron acuerdo con la idea de que se cree esta Secretaría, otros entienden que un organismo de esta naturaleza no sería el más conveniente para desarrollar un trabajo cultural a nivel nacional y favorecen en cambio espacios de cultura participativos y descentralizados a nivel municipal o provincial.

Se llamó la atención sobre los artículos referidos a cultura contenidos en la Ley de Educación y Cultura sometida al Congreso Nacional y que incluye un artículo que ordena la creación de un Instituto de Cultura que tendría cierta autonomía y del cual dependería la Dirección de Cultura. Muchos/as manifestaron oposición a la creación de este Instituto. Nadie expresó favorecer este organismo y se discutió sobre posibles medidas para dar a conocer al Congreso esta posición. Se advirtió sobre la necesidad de actuar en ese sentido sin obstaculizar la aprobación de la parte de la ley referida a educación, cuya aprobación es necesaria para la implementación del Plan Decenal de Educación.

Desde el principio de la reunión se discutió sobre la conveniencia de impulsar los planes ya elaborados a nivel cultural sin necesidad de mayor discusión previa versus la necesidad también argumentada de dar una nueva mirada más democrática y descentralizada a los planes existentes.

Se insistió sobre la necesidad de realizar diagnósticos, inventarios e investigaciones, de preservar la memoria cultural vía audio, video y documentos escritos, y se argumentó sobre la necesidad de una Editora Nacional.
Se sugirió promover la cultura nacional en el extranjero. A la vez que prestar atención a los dominicanos en el exterior como parte de la cultura dominicana.

Se cuestionó sobre si lo que se visualiza es un proyecto de gran política cultural o un proyecto de movilización.
Los invitados extranjeros recomendaron realizar un proyecto participativo y prospectivo con carácter público, no estatal, de manera que pueda trascender un gobierno concreto. Se sugiere tener un sentido histórico y una conciencia de largo plazo al definir este proyecto.

Se expuso sobre las oportunidades, amenazas, fortalezas, debilidades y características propiamente dichas de un proyecto cultural político. Se sugiere adoptar una metodología estratégica para el proceso con vista a que la cultura está presente en todas las decisiones del Estado, desarrollar liderazgos culturales y crear espacios y mecanismos de concertación.

Se sugirió que el proyecto que se plantea articule tanto una gran política cultural como un plan de movilización cultural. Se recomienda tener clara la relación entre cultura y desarrollo, entre identidad, autoestima y ciudadanía, y definir a quien se dirige el proyecto.

Se explicó el proceso de consulta a seguir para elaborar este proyecto cultural con carácter democrático, participativo y que trascienda lo gubernamental. Este proceso se inició con esta reunión y culminará con la realización de foros nacionales para discutir el anteproyecto.

Para diseñar e implementar un proyecto cultural político Evangelina García Prince sugiere: